Rompiendo las reglas, abriendo mi corazón (Part 1)

-Evangeline, ¿estas segura que quieres hacer esto?- pregunto él, caminando inseguramente detrás de ella, mirando a los lados con desconfianza.

-Si, si quiero ¿Tu no?- preguntó ella, levantando mas el lamparín y adentrándose en la oscura casa.

-No estoy muy segu…- entonces él tropezó y casi se cae, pero se recompuso rápidamente. Continuó- Yo no estoy muy seguro. Estamos haciendo allanamiento de morada. -

-Esta casa lleva abandonada desde que tengo uso de razón, y nadie sabe de quien es. -

-Si, lo sé, ¿pero no crees que a los dueños les disgustaría que alguien entrara a su casa sin permiso?- le preguntó, aun caminando con duda tras ella.

-Tal vez, pero no tienen que enterarse de nuestra pequeña intrusión , ¿no crees?-

Una rata pasó corriendo, aquello hizo que los dos jóvenes se sobresaltaran un poco, y que el lamparín casi caiga de las manos de la chica.

-Solo es una rata- dijo él, con alivio.

-¿Sabes? Para hacer lo haces eres bastante miedoso- dijo ella-

-No soy miedoso, solo… - el negó con la cabeza- Bueno, dime, ¿qué es lo que estas buscando?-

Ella se encogió de hombros.

-No lo sé-

-¿No lo sabes?- le pregunto con incredulidad.

-No- dijo- yo solo quiero explorar la casa… Dicen que esta encantada-

-Déjame adivinar, ¿quieres ver un fantasma?-

Ella negó con la cabeza.

-No, yo no quiero ver fantasmas-

-Vaya- exclamó él- hasta que por fin le tienes miedo a algo-

-Yo no le temo a los fantasmas- protestó- están muertos ¿Qué te pueden hacer? Además, esas cosas no existen.-

-¿Cómo sabes que no existen?-

-Nunca he visto uno- dice ella- Yo solo creo en las cosas que puedo ver-

-Sin embargo, crees en los vampiros- dijo él-

-De esos si he visto- susurró ella-

Él se detuvo y la miró.

-¿Cómo…?-

-No quiero hablar de eso ahora.- cortó ella.

Él chico asintió en silencio y continuó caminando muy cerca de ella. Seguramente se preguntaba como era que Evangeline había visto un monstruo como ese, y estar sana y salva ahora, pero no le preguntó nada mas, no quería hacerla sentir mal o incomodarla. Además, cuando ella decía que no quería hablar, era porque realmente no quería hablar del tema. Y tampoco quería hacerla enojar, porque, tal vez aquí no habían tomates, pero habían otras cosas que le dolerían mas si ella se los lanzaba, así que no insistió.

Un fuerte chirrido retumbó por toda la estancia, haciendo que los jóvenes se sobresaltasen.

Ella fue la primera en reaccionar y darse cuanta del origen de aquel sonido.

-Aquí- dijo, agachándose y retirando la gran alfombra- hay una pequeña entrada-

Y efectivamente, ahí estaba, una pequeña puerta de madera con una manija de aro, justo debajo de la alfombra.

Ella tiró de la manija y la abrió.

Como era de suponerse, una nube de abundante polvo apareció en cuanto abrieron la pequeña puerta, dificultando su visión un rato y haciendo que tosieran.

Una vez que el polvo se disolvió, se pudo ver la oscura entrada y el principio de una escaleras.

-Parece un sótano- dijo él.

Tomó el lamparín y lo acercó mas a la entrada, para que haya mas luz. Las escaleras no era muy largas.

-Muy bien- dijo decididamente ella- bajemos-

-¿Qué?- musito él-

-Digo que vamos a bajar- repitió-

Él la miró.

-Pero… Evangeline… Hemos venido aquí y exploramos el salón, ¿no es suficiente?-

-No si no entramos aquí-

-¿Por qué?-

-Porque no hemos mirado aquí. En los sótanos casi siempre hay cosas importantes-

Él aun no parecía ceder a entrar.

-Bien- ella cruzó los brazos a la altura de su pecho- ¿Vienes conmigo, o no?-

Él sabía que la discusión estaba perdida, no iba a dejarla entrar sola a ese lugar, y ella lo sabía. Y él la conocía lo suficiente como para saber que, si él se negaba, ella era capas de entrar sola allí.

-Te acompaño- suspiró-

Ella sonrió ampliamente.

-Fantástico. Vamos-

Él asintió.

Decidieron que él iría por delante y ella detrás, solo por seguridad. Ella, ante esto, rodó los ojos en un claro gesto de fastidio y dijo que no era necesario, pero finalmente aceptó.

Bajaron por las escaleras. Ellas eran mas largas de lo que parecía desde allí arriba.

Finalmente, llegaron.

Él lugar no los sorprendió ni siquiera un poco. Estaba como era de suponer. Sucio. Y oscuro. Muy oscuro. Un típico sótano abandonado.

Pero aquello no disminuyó el entusiasmo de explorar a la chica, al contrario, eso pareció incitarla aun mas. Recorrió toda la estancia, mirando curiosamente todo, toqueteando algunas cosas con la yema de los dedos, como si esas cosas viejas fueran nuevas.

-Mira lo que encontré- exclamó entusiasmada, y con la voz un poco alta, tratando de llamar la atención del chico, a pesar de que él se encontraba a centímetros de ella y la miraba, sonriendo.

-Es muy bonito- dijo él-

Ella asintió y limpio el polvo acumulado en la tiara con su pequeño pañuelo, luego, la sostuvo en lo alto para apreciarla mejor.

La delgada diadema no para nada ostentosa, pero aun así era preciosa.

Toco la superficie de la delicada diadema de oro. Miró con curiosidad el extraño diseño que tenía. Al principio piensa que son círculos encadenados, pero no. Si te fijas bien te das cuenta de que son remolinos, remolinos encrucijados para formar la tiara.

Ella se lo lleva a la cabeza.

-Espera- la detiene él-

-¿Qué?- dice ella-

-No me parece correcto que hagas eso, ya bastante es el hecho de haber entrado sin permiso aquí.-

-Nadie se va a enterar.- ella dice- Tu mismo dijiste que es bonito. Solo me llevaré esto ¿Si?-

-¿Qué que te lo lleva…? No. No vas a llevarte nada-

-¿Por que?- volvió a preguntar.

-Porque eso sería robar-

-Pero no le pertenece a nadie, y el que se lo encuentra se lo queda-

-Te recuerdo que estamos en una casa, y esta casa le debe pertenecer a alguien, por mas que no esté aquí-

-Vamos, por favor, solo esta. - ella imploró-

-Evangeline…-

-Te prometo que si alguien la reclama yo se la daré, lo prometo. Pero mientras tanto, deja que me quede con ella ¿Si? Por favor-

Frunció el ceño. Ella lo miró a los ojos y puso una expresión inocente y desvalida. Él no pudo mantener mas el gesto molesto, y se rindió ante los grandes ojos verdes de la chica.

Suspiró.

-Esta bien- aceptó- Pero, si alguien empieza a buscarla, tu se la devolverás inmediatamente- le advirtió-

Ella asintió enérgicamente y se lanzó sobre él para darle un abrazo.

-Oh, gracias, gracias-

-No me agradezcas, eso no es mío-

-Pero dejaras que me quede con ella-

-No es como si hubiese podido hacer algo para evitarlo- dijo

Se abrasaron un poco más y luego se separaron.

-Es mejor que salgamos que aquí- dijo él.

Ella estuvo de acuerdo.

Salieron por el mismo lugar por el que habían entrado. Solo que esta ves, ella fue primero. Cerraron la pequeña entrada y la cubrieron con la alfombra de nuevo, dejando todo exactamente en su lugar. Luego, abandonaron la casa.

La vivienda quedaba bastante alejada de la ciudad, por lo que no había ninguna casa alrededor, y menos personas.

El cielo ya estaba bastante oscuro. Cuando llegaron era de color celeste gris, ahora era azul oscuro y las primeras estrellas estaban saliendo.

-Anocheció muy deprisa ¿No crees?- pregunto ella, caminando lentamente por el pasto verde.

-Si- coincidió él, caminado al lado de ella - ¿Qué le vas a decir a tus padres?-

Ella encogió un hombro.

-Piensan que estoy con de Vivienne, les diré que se nos pasó la hora-

-¿Y como les explicaras sobre la tiara?-

Ella volvió a encogerse de hombros.

-Les diré que me lo encontré por ahí, o que me lo regaló Vivienne, o simplemente, no se los diré-

Él movió la cabeza y rió.

-¿Y dices que desconfían mucho de ti?-

-Si ellos me dejaran tranquila y no se metieran tanto en mis asuntos, no les mentiría tanto- suspiró- Oye, ¿puedo mudarme a tu casa? No seré ninguna molestia, y puedo atender la casa y a tus hijos.-

-¿Cuáles hijos?-

-Bueno, cuando los tengas-

-¿Para que tu padre aporree mi puerta y me acuse de haberte secuestrado?-

-Ya soy mayor, no puede hacer eso-

-Seriamos la habladuría del pueblo, sobre todo tu-

Ella bajó la cabeza.

-Si, tienes razón- bajó la cabeza con tristeza- Estoy atrapada-

-Hasta que te cases con… alguien- dijo él, con demasiada tristeza para su gusto.

¿Por qué? Se preguntó él. Ella merecía ser feliz, y el debía sentirse feliz si ella era feliz. Algún día ella tenia que contraer matrimonio, y el tenía que estar muy contento por ella. ¿Entonces, porque el simple pensamiento de verla con alguien más le hacia sentir tan molesto y triste?

-No voy a casarme- dijo ella, sorprendiéndolo.

-Lo harás, en un par de años, quizás meses-

-No, no lo haré. ¿Has visto a mis… "supuestos" pretendientes?-

Él negó con la cabeza. No lo los conocía ni quería conocerlos.

-Bueno, pues es mejor que no lo hagas. Ya le dije a mi padre que no me interesa ninguno, y que si me sigue obligando huiré de casa. ¡Por dios! ¡La ultima vez quiso que paseara con Penmore!

No sabía mucho de él, solo que era un viejo viudo con un hijo pequeño . Pero, lo que si sabía, era que quería a Penmore muy, muy lejos de ella.

-¿Te das cuenta? Por eso digo que no me casaré nunca. Y para colmo me dijo que estaba pasando mi fecha para conseguir un marido ¡Me dijo vieja! ¿Te parezco vieja? ¡Si apenas tengo dieciocho años! ¡Parece que él no se ha visto en un espejo!- Ella negó enérgicamente con la cabeza- Bueno, mejor dejo de hablar de eso, me pone de mal humor.- Dejó de caminar- Me voy a probar la tiara entes de llegar a casa, no estaré sola hasta después de la cena, cuando me vaya a mi habitación, además quiero saber tu opinión-

Ella le dio una ultima limpiada con el dobladillo de su falda y se la puso lentamente sobre la cabeza.

-¿Y?¿Que tal me queda?-

-Te ves hermosa- dijo él.

En realidad, ella se veía hermosa con o sin tiara, pensó él.

Ella sonrió y sus ojos verdes- dorados se pusieron mas brillantes de lo que ya eran.

-Siempre lo eres- susurró, acercándose mas a ella-

Suavemente, él tomó la cara de ella entre sus manos, acariciando sus mejillas con los pulgares. La sonrisa de ella se redujo, pero no desaparecía del todo. Él inclinó su rostro hacia el suyo y, lentamente, acercó sus labios a los suyos.

La primera vez fue solo un rose, tan suave como el revoloteo de las alas de una mariposa.

La segunda vez que sus labios se encontraron, fue muy diferente.

Lentamente, se inclinó de nuevo hacia ella. Primero acarició sus labios con ternura. La lengua de él recorrió la línea de su labio inferior, cálido y húmedo, buscando. Algún instinto se despertó dentro de Evangeline y la joven se abrió para él. Su lengua entró en la boca de ella, incitando, explorando, provocando sensaciones que ella nunca antes había experimentado. Ella le rodeó con sus brazos, entrelazando los dedos con su pelo sedoso. Respiraba con dificultad, al igual que él, pues el sonido de la irregular respiración de ambos llenaba el completo silencio de la noche.

Y, debido a la falta de aire, tuvieron que separarse. Pero solo un poco.

-Te quiero- susurró él contra sus labios.

Ella sonrió .

-Yo también te quiero, mucho-

Él también sonrió.

-Bella, despierta. Es hora de despertar- susurró D.

-¿Hummm?- musito, entreabriendo los ojos.

-Que ya es hora de que te levantes-

-Déjame dormir- dije, girándome y quedando bocabajo.

-Oye, deja de hacerte la chistosa y levántate- insiste- Hoy, es un día muy importante- dice, feliz.

-¿Para ti?- pregunto, somnolienta.

-No tontita, para ti- dice-

No entiendo a que se refiere así que no respondo.

-¿En serio?- me pregunta, su voz llena de incredulidad- Tu. El vampiro. Cita. Hoy. ¿Te suena?-

Me incorporo de un salto.

-¡Es verdad, lo había olvidado!-

Me levanto de la cama y corro hacia ningún lado, yendo de aquí para allá sin saber que hacer. Me debato en lo que voy a hacer primero, tender mi cama o ir a asearme al baño. ¡No puedo creer que me haya olvidado de esto!

-Hey, tranquila, deja de correr de un lado a otro, aun es muy temprano-

¿Aun es temprano? Miro el reloj.

Suspiro con alivio.

D tiene razón, aun es temprano.

-¿Lo vez?- me pregunta- No es necesario ponerte histérica. Te he despertado con mucho tiempo de anticipación para que desayunes, te alistes, y vayas a tu cita-

-Gracias- le digo- No puedo creer que me he quedado dormida- me lamento, sentándome en la cama.

-No te preocupes, yo estoy aquí para eso.-

Asiento. Me levanto de la cama y me dirijo hacia el baño.

Luego de darme un ducha, me voy en busca de algo que ponerme. Eso me toma mas tiempo de lo que pensaba, ya que estoy indecisa entre dos conjuntos. Al final, me decido por uno y desecho el otro, dejándolo en su lugar.

Veo el vestido y los accesorios que usé en el baile.

Recuerdo lo que pasó ayer y suspiro con tristeza.

También pienso en lo que pasará hoy. Mi corazón se hunde.

Cierro los ojos y niego fuertemente con la cabeza, desechando aquellos pensamiento.

No, me digo a mi misma. Deja de ponerte así, hoy todo acabará. Lo entregaré a la organización y entonces seré libre. Me podré ir de aquí y todo terminará. No tendré mas preocupaciones.

Cojo el vestido, lo doblo y lo meto en su bolsa. Hago lo mismo con los demás accesorios. Uno de los zapatos está roto, por lo que los meto en una bolsa negra. Pensaba botarlos a la basura. Podían arreglarlos, pero yo no quería eso.

Me quedo quieta unos segundos, pensando.

Decido que también arrojaré a la basura el vestido y los demás accesorios. Es mejor. No quiero, ni debo, tener nada que me recuerde a Edward, es mejor deshacerme de todas estas cosas.

Meto todo en una gran bolsa negra y la dejo a un lado para botarla mas tarde.

Veo la diadema de oro.

Por un momento, pienso arrojarla a la basura también, pero después de pensarlo un momento, lo guardo cuidadosamente en uno de los cajones.

De nuevo, me concentro en escoger algo que ponerme. Ya tenían pensando que ponerme, solo que vi otro conjunto y me puse indecisa otra vez.

-Bonitas camisetas- dice D

Ya estoy acostumbrada a eso, por lo que no me asusta su repentina aparición.

-¿Tu que opinas?- le pregunto- ¿La verde o la azul?-

-Ninguna. Ponte aquella blusa naranja con ese delgado sueter marrón-

-Pero dijiste que eran bonitas- le digo-

-Lo son, pero no hoy. Ponto eso -

-¿Por qué ?

-Porque... te queda bien. Vamos, has lo que te digo- me apresura.

Guardo las dos camisetas que había escogido y cojo lo que me ha indicado.

-Esa no- me dice con voz enojada-

Frunzo en ceño por la confusión.

-¿Entonces cual?- le pregunto.

-La otra camiseta naranja-

-¿Cuál otra?- le vuelvo a preguntar-

-Esa, la de organza, con cinturón delgado y alto y es un poco escotado, pero holgado en la parte abajo.-

Me giro hacia el otro colgador.

-Esa no es una camiseta, es una blusa- le corregí-

-Bueno, lo que sea, póntela-

Dejo la camiseta y voy por la blusa naranja. Después, cojo un short de color negro.

-No, no, ponte uno de color blanco- dijo rápidamente-

-Esta bien- dije-

Me puse lo que D me indicó.

No podía negarlo, me veía muy bien, incluso mejor de que me habría visto si me hubiera puesto lo que yo había escogido. Tal vez debería pedirle mas consejos sobre esto. Me dijo que me dejara el pelo suelto, pero que me sujetara con una delgada diadema oscura para que no se venga el cabello a la cara.

No desayuné, solo tomé un vaso de jugo de naranja, no tenían hambre. D insistió en que debía comer algo, pero no le hice caso y finalmente se rindió.

Después subí de nuevo a mi habitación.

Abro el cajón de mi mesa de noche y saco la caja de madera, y de ella cojo uno de los pequeños frascos color turquesa. Lo examino y jugueteo con él unos minutos, balanceándolo entre mis dedos.

Con esto lo dormiría, y luego, lo llevaría con la organización.

Suspiré.

Me levanto y guardo el pequeño frasco en mi bolsillo.

.

.

.

Jugueteo distraídamente con mi cabello, apoyada contra la pared de la sala de estar, deseando que la llamada se acabe rápido.

-¿Has oído lo que te he dicho, Bella? - me preguntó Jessica, irritada.

-Lo siento, ¿qué?-

-¡Te he dicho que Mike me besó! ¿Te lo puedes creer?-

¿Y a mi que me importa?

Todas las idioteces que tengo que soportar por haber venido aquí.

Me estaba convenciendo cada vez mas que esta no era una misión, era alguna clase de tortura o castigo.

-Eso es estupendo, Jessica.-dije con voz monótona.

-¿Y tú? - me desafió Jessica, todavía molesta por mi falta de atención. O quizás estaba enfadada porque no le había preguntado por los detalles. Como si me importara los asquerosos detalles.- ¿Qué pasó después que Edward Cullen y tu salieran del baile? Te fuiste sin despedirte. ¿Estabas muy apurada por salir de allí, Bella?¿Por que?¿A donde fueron?-

Si, estaba apurada por salir de allí, pero no por lo que su mente calenturienta de adolecente estaba pensando.

-No mucho, en realidad- dije, sin ponerme nerviosa ni nada- Si, estaba un poco apurada por salir del baile porque no me sentía bien y bueno, Edward se ofreció a llevarme a casa-

-Ya, ¿Y?- me animó, aun hambrienta de mas detalles.

-Y, ¿qué?- dije, fingiendo no entender.

-¿Cómo que, qué?¡Pues dime lo que pasó después!-

-Ya te dije lo que pasó, Jess- respondí-

-¿Solo eso?- me preguntó, incrédula- ¡Vamos, tiene que haber pasado algo mas!

-Pues eso fue lo que único que pasó- le dije, con voz inocente.

-Pero… pero ustedes estaban bailando, yo los vi. Le pregunté a Lauren donde estabas y ella no me quería decir, pero finalmente te vi. Luego, en un descuido mío, desaparecieron. ¿A dónde fueron?¿Que pasó?¡Dime la verdad! ¿Él te bes…?-

-Ehh…¿Jessica?- le pregunté, demasiado alto, fingiendo que no la oigo. -¿Jess, estas ahí?-

-¿Bella?¿Que pasa?¡Respóndeme!-

-No te escucho bien, Jessica- dije- Creo que no hay señal-

-¿Cómo que no hay señal?¡yo si puedo escucharte!-

-Jessica, voy a colgar- dije, hablando aun mas fuerte- ¿Aló?¿Me escuchas? Voy a colgar-

-¿Qué?¡No! Espera-

Y colgué.

Suspiré con alivio.

Listo.

Escuché una risa.

-Buena esa- dice D, aun riendo.- Aunque, mañana, te va a preguntar lo que no pudo preguntarte hoy. ¿Lo sabes, no?- rio

Claro que lo sabía, ella nunca dejaría correr un tema como este.

-Si- dije- Pero no tendrá a quien preguntarle porque mañana no iré al instituto, ni tampoco pasado.-

Ya no iría porque hoy se acababa todo. Regresaría a la organización y todo volvería a la normalidad.

-Estas tan equivocada…- dijo D con una risa- Pero bueno, ya veremos como salen las cosas, nada está dicho aun-

No hice caso a sus ultimas palabras y fingí mirarme al espejo de la salón.

-Perfecto- dijo satisfecha D - ahora solo hay esperar a que venga-

-Si es que viene- dije.

-Claro que vendrá- me aseguró- y lo hará exactamente… ahora-

El timbre sonó.

El corazón me dio un vuelco.

Me congelo, sopesando mis opciones. ¿Puedo tirarme al piso y esconderme sin que él se de cuenta de ningún movimiento? No estoy lista para esto. Para él.

Escucho a D reírse.

-¿Y bien?¿No vas a salir?- me pregunta, su voz aun suena divertida.

No me muevo.

-¿Qué? ¿Mala idea?- pregunta-¿A qué le temes?-

Sacudo la cabeza un poco ferozmente.

-A nada.-

Pero eso es mentira. Si, tengo miedo. Miedo a lo que pueda pasar cuando él yo estemos solos. Miedo a que llegue el momento donde lo tenga que llevar con la organización. Miedo lo que sentiré cuando lo maten.

Él me llama a través de la puerta.

-¿Bella?-

-¿Si no tienes miedo por qué te escondes? Él no te lastimaría, o si.-

-No. Él nunca me haría daño-

Por lo menos no creo que lo haría. No lo hizo la primera vez que nos conocimos. Pero ahora, mas tarde….resoplo. Entierro mis manos temblorosas en mi blusa.

-Bueno, ¿entonces qué estas esperando?- pregunta D-

A que todo se vuelva más fácil. A que la vida deje de ser tan difícil. Pienso.

Como nada de eso va a pasar, suspiro y me armo de valor, me peino innecesariamente el cabello con las manos, y camino decididamente hacia la puerta.

-¡Esa es mi chica!- Grita D.-


¡Hola! Si, se que dije que subiría el sábado, lo siento. Pero de verdad no tuve tiempo ayer, y la verdad es que hoy tampoco, sobre todo porque no estoy pasando por un buen momento...

En fin, espero les haya gustado el cap. Ahora si, les prometo que subiré el miércoles el proximo capitulo.

Un beso a tod as los que me leen!