Fui a la entrada. Tuve un pequeño problema para abrir el pestillo, ya que las manos me siguen temblando. Pero finalmente, pude abrir la puerta. Y allí estaba él. Toda agitación y nerviosismo desapareció y recuperé la calma en cuanto vi su rostro.
No estaba sonriente al principio, sino sombrío, pero su expresión se animó en cuanto se fijó en mí. Si supiera que se estaba dirigiendo hacia una muerte segura...
Se rió entre dientes.
-Buenos días-
-¿Qué ocurre?- le pregunté.
Me eché un vistazo a mi misma, para asegurarme de que no me había olvidado de ponerme nada importante, como los zapatos o los pantalones, lo cual creía muy poco probable. Seguramente D me hubiera avisado, ya que ella parecía aun mas emocionada que yo por esta cita.
-Vamos a juego.
Se volvió a reír. Me di cuenta de que él llevaba un suéter ligero del mismo color que el mío, cuyo cuello dejaba al descubierto el de la camisa blanca que llevaba debajo, y unos vaqueros azules. Aquello me hiso pensar que si D sabía algo de eso, y por ese motivo hiso que me vistiera así. Me uní a sus risas al tiempo que ocultaba una secreta punzada de envidia ¿Por qué tenía él que verse como un modelo de pasarela y yo no?
-Créeme, tu tampoco te ves mal. Al menos, no para él- dijo D.- Recuerda, no hagas cosas de las cuales te puedas arrepentir. Ah, y ya sabes, siempre alerta. Por mas vampiro que sea, aun es un hombre, y de los hombres siempre se tiene que tener cuidado. Nadie sabe el pensamiento de nadie. Pero, de todas maneras, yo voy a estar pendiente e intervendré si es necesario. La verdad es que no creo que nada pase, luce bastante decente… Aunque a veces esos que tienen cara de sonsos son los peores… Ok, ya me callo. Bueno, me voy ¡Suerte!-
Y con eso, D se va.
Me quedo pensativa unos segundos. ¿Qué quiere decir con que no haga cosas de las cuales me pueda arrepentir?¿A que cosas se refiere?¡Argh!¿Por que tiene que decirme esas cosas y luego irse y dejarme en suspenso?
-¿Cómo está tu tobillo?- me pregunta Edward, sacándome de mis pensamientos.
¿Cuál tobillo…?Ah, ya. Seguro se refiere a mi tobillo derecho, el que me lastimé ayer cuando… Si, a eso se refiere.
-Esta bien- dije. Levanto un poco mi pierna, enseñándoselo- ¿Ves?-
No puedo decir lo misma de los moretones que tengo en mi muslo, eso no han mejorado mucho, pero no importa. No es tan malo y no se nota… no mucho, al menos.
Él mira mi tobillo.
-Tenías razón- dice- me alegra que estés mejor- sonríe.
Sonrió de vuelta y aparto la vista antes de que quede deslumbrada por él, otra vez. Me ordeno a mi misma a mantener el control y no caer en sus encantos, no puedo hacerlo. No puedo dejarme llevar por mis sentimientos.
Me conduce hacia su auto y como era de suponerse, abre la puerta para mi.
-Así que…- empiezo-¿vas a decirme ahora donde me vas a llevar?- le pregunto mientras me acomodo en el asiento y me pongo el cinturón de seguridad.
Él niega con la cabeza.
-No, aun no-
-¿Por qué?- le pregunto, sobresaliento mi labio inferior para fingir un puchero-
-Porque así ya no sería una sorpresa-
Cierra la puerta del copiloto y en un segundo, ya está sentándose a mi lado y cerrando su puerta.
Cruzo los brazos a la altura de mi pecho y bajo la vista con una clara expresión triste y resignada.
-Oh, está bien- dije.
Rió.
-Lo veras cuando lleguemos-
Arrancó el auto. Yo descanso los brazos apoyándolos en mis piernas y cruzo las manos. Miro por la ventana de manera distraída.
-Estaba pensando…- comienza-
-¿En que finalmente me vas a decir donde me llevaras?- pregunto, girándome hacia él y mirándole esperanzadamente.
-No…-
Chasqueo la lengua.
Edward continúa.
-Estaba pensando en algunas preguntas que quería hacerte-
Me tensé. Traté de tranquilizarme y controlar mis latidos, pero no puede evitar el gran vuelco que me dio el corazón cuando mencionó lo de las preguntas, y que seguro él notó. ¿Qué querría preguntarme?
Me abrigué a mi misma a mantener la calma y sonreír.
-¿Qué quieres saber?-
Mantén la calma, Bella, mantén la calma. Sospechará si te pones nerviosa. Me dije a mi misma.
-¿Cuál es tu color favorito?- me preguntó.
¿Qué?
-¿Cómo?- dije, aun sorprendida.
-¿Cuál es tu color favorito?- me volvió a preguntar.
Ok… ¿En serio me estaba preguntando… por mi color favorito?¿En serio?¿De todo…mi color favorito?
-Depende del día- me las arregle para decir.
Disculpen, pero aun estaba en estado catatónico. Digo, nunca imaginé que me iba a hacer aquella pregunta tan simple… además, nadie se interesa por eso, que yo recuerde solo algunas personas me han preguntado por mi color favorito: Jenny, Max, Alejandro, y mi abuela. Ah, y mi mamá, pero solo lo hiso porque … la verdad es que no recuerdo porque, lo único que recuerdo es a mamá preguntándome por mi color favorito y apuntándolo en una libreta para que no se le olvide.
-¿Cuál es tu color favorito hoy? - seguía muy solemne.
-El marrón, creo-
-¿El marrón?- inquirió, escéptico.
-Si, el marrón significa calor. Echo de menos el marrón. Aquí, una sustancia verde, blanda y mullida cubre todo lo que se suponía que debía ser marrón, los troncos de los árboles, las rocas, la tierra.-
Aquello que dije pareció fascinarle. Lo estuvo pensando un momento sin dejar de
mirarme a los ojos. Seguro debe estar pensando en lo rara que soy y en lo extraño que sonó eso. ¿Por qué no podía ser una adolecente normal? ¿O fingir que lo soy, al menos?
-Tienes razón - dijo, serio de nuevo- El marrón significa calor.-
Con cierta vacilación, extendió la mano y me apartó el cabello del hombro.
El resto del viaje siguió igual. Me estuvo preguntando cada insignificante
detalle de mi existencia. Las películas que me gustaban y las que aborrecía. Los lugares que había visitado, los muchos mas sitios que deseaba visitar, y libros, libros sin descanso.
No recordaba la última vez que había hablado tanto, no desde que salí del castillo. La mayoría de las veces me sentía cohibida, con la certeza de resultarle aburrida, pero el completo ensimismamiento de su rostro y el interminable diluvio de preguntas me apremiaban a continuar. La mayoría eran fáciles, sólo unas pocas provocaron que me sonrojara y me pusiera algo nerviosa, pero cuando esto ocurría, se iniciaba toda una nueva ronda de preguntas. Me sentía como si estuviera completando uno de esos test de Psiquiatría en los que tienes que contestar con la primera palabra que acude a tu mente. Estoy segura de que habría seguido con esa lista, cualquiera que fuera, que tenía en la cabeza de no ser porque se percató de mi repentino rubor.
Cuando me preguntó cuál era mi gema predilecta, sin pensar, me precipité a contestarle que el topacio. Enrojecí porque, hasta hacia poco, mi favorita era el granate. Era imposible olvidar la razón del cambio mientras sus ojos me devolvían la mirada y, naturalmente, no descansaría hasta que me hiciera admitir la razón de mi sonrojo.
-Dímelo - ordenó al final, una vez que la persuasión había fracasado, porque yo había reusado mirarle a los ojos.
-Es el color de tus ojos hoy -musité, rindiéndome y mirándome las manos-Supongo que te diría el ónice si me lo preguntaras dentro de dos semanas.
Hiso una pausa muy corta y lanzó la siguiente pregunta.
-¿Cuáles son tus flores favoritas?-
Suspiré aliviada y prosiguió con el psicoanálisis.
Quería saber cosas sobre la gente, sobre mi madre, sus aficiones, qué hacíamos juntas en nuestro tiempo libre, y luego sobre la única abuela que yo frecuentaba. Mis pocos amigos del colegio y... me puse colorada cuando me preguntó por los chicos con los que había tenido citas. Fue un gran alivio que en realidad nunca hubiera salido con ninguno, por lo que la conversación sobre ese tema no fue demasiado larga. Pareció tan sorprendido como Jessica y Angela por mi escasa vida romántica. ¿Qué le pasa a la gente?¿O sea que porque tengo esta edad quiere decir que he tenido muchas citas? Eh… bueno, creo que si pero… vamos, no todo el mundo tiene un novio a esta edad ¿cierto? Debe de haber alguien por ahí que nunca a tenido un novio o al por el estilo ¿verdad? Si, debe de haber.
-¿De verdad nunca has conocido a alguien que te haya gustado? - me preguntó con seriedad. Eso me hizo preguntarme qué estaría pensando al respecto.
-En Phoenix y en el Internado, no.-
Ni en ningún lugar, quise agregar. Solo aquí.
Entonces, el detuvo el auto y apagó el motor. Mi corazón dio un vuelvo antes de que pudiera controlarlo y hacerlo latir de un ritmo normal.
Le miré. No había nada malo en su expresión pero que parara de repente hiso que me pusiera nerviosa y sintiera desconfianza.
Poco a poco, me doy cuenta. Estoy con un vampiro. Solos. Y nadie sabe donde estoy. Esto podría ser la cosa más estúpida que jamás había hecho.
Calma, Bella. Me digo a mi misma. Él no te hará daño, o eso creo… ¡No! No te hará daño. Además, aunque quisiera, tu puedes defenderte. No tienes nada que temer. Él único que esta en peligro es él, ya que está solo con una caza vampiros sin nadie que le ayude.
Miro alrededor. Se ha acabado el asfalto.
Si fuera una chica inteligente y practica, acabaría con esto ahora. Lo distraería de alguna manera, sacaría el pequeño frasco que tengo el bolsillo y lo adormecería, para luego llevarlo con los de la organización, acabando con esto de una vez por todas. Pero, como soy una completa idiota (Me he enamorado él, ya se pueden imaginar mi grado de idiotez) y quiero retrasar el momento y mi dolor, me quedo quieta y no digo ni hago nada.
-Bueno, aquí se acaba el asfalto.- dice él- Caminaremos de aquí en adelante-
-No me habías dicho que teníamos que caminar- dije. Agradezco mentalmente a D, que me hiso obligatoriamente usar zapatillas muy ligeras.
-¿Supone algún problema?
Lo dijo como si esperara que fuera así.
-No-
Era cierto. No me molestaba caminar, además traía los zapatos adecuados.
-No te preocupes, sólo son unos ocho kilómetros y no iremos deprisa.-
¿Ocho kilómetros?¿Caminando? Claro que eso no sería ningún problema. Lo único que me molestaba era que caminar tomaría un poco de tiempo en llegar a… sea cual sea el lugar al que me pensaba llevar.
Bajamos del auto. Hace un poco de calor por lo que desprendo de mi suéter y lo anudo en mi cintura, contenta de haberme puesto una blusa ligera y sin mangas. Gracias a D, también. Eso hace que me pregunte una cosa ¿Ella sabía a donde Edward tenía planeado llevarme?
La respuesta era muy obvia. Si.
Esta vez, no me molesto en enojarme y resentirme con ella. Decidí que, como al parecer D no tenía intenciones de irse y dejarme en paz, debía, de alguna manera, acostumbrarme a ella.
No seguimos la senda. En vez de eso, nos adentramos en el sombrío bosque.
Llevaba desabotonada la camiseta blanca sin mangas, por lo que la suave superficie de su piel se veía desde el cuello hasta los marmóreos contornos de su pecho, sin que su perfecta musculatura quedara oculta debajo de la ropa. La desesperación me hirió en lo más hondo al comprender que era demasiado perfecto. No había manera de que aquella criatura celestial estuviera hecha
para mí...
¿Qué criatura celestial?¡¿Que criatura celestial?!¡Es un vampiro, por Dios! ¡No es ninguna criatura celestial! ¡Así que para ya!¡Tienes hasta el final del día para que dejes de sentir esas cosas por él! Me grité a mi misma.
No resultó tan duro como me había temido. El camino era plano la mayor parte del tiempo y estuvo a mi lado para sostenerme al pasar por los húmedos helechos y los mosaicos de musgo. Cuando teníamos que sortear árboles caídos o pedruscos, me ayudaba, levantándome por el codo y soltándome en cuanto la senda se despejaba. Su ayuda era totalmente innecesaria, pero no impedí que lo hiciera. El toque gélido de su piel sobre la mía hacía palpitar mi corazón invariablemente. Las dos veces en que esto sucedió miré de reojo su rostro, estaba segura de que él oía mis latidos.
Intenté mantener los ojos lejos de su cuerpo perfecto tanto como me fue posible, pero a menudo no podía resistir la tentación de mirarle. Recorrimos en silencio la mayor parte del trayecto. De vez en cuando, Edward formulaba una pregunta al azar, una de las que no me había hecho en los dos días anteriores de interrogatorio. Me interrogó sobre mis cumpleaños, los profesores en la escuela primaria y las mascotas de mi infancia... Tuve que admitir que había renunciado a ellas después de que se murieran tres peces de forma seguida. Rompió a reír con más fuerza de lo que me tenía acostumbrada... De los bosques desiertos se levantó un eco similar al tañido de las campanas.
Le conté mis desafortunadas caídas. Las cosas que había visto y me habían contado. Algunos anécdotas de mi infancia. Como esa vez que fuimos a un día de campo con mamá, Cassandra, su abuela y su padre. Terminé tirando a Cassandra al lago, harta de su alardeo de saber nadar. Ella misma aseguró que sabía nadar perfectamente, cuando en realidad no. Tío Oscar tuvo que sacarla cuando empezó a gritar y llorar. Su abuela hiso todo un show, con lagrimas y todo. Cassandra también aportó con el espectáculo, claro. Se hiso la que había tragado agua y que se estaba muriendo y no se que más. Edward se rió aun mas cuando empecé a imitarla.
-Oye…- dije, tratando de llamar la atención de Edward, que aun seguía riéndose por lo ultimo que le conté, cuando le puse cabe a Cassandra, ella se tropezó con mi pie y calló, hundiendo su cara exactamente en el pastel que habíamos llevado para comer.
-Lo ultimo no fue a propósito, yo solo quería que se callera, no que se ensuciara. De verdad, no vi el pastel- aseguré- Pobre.
-¿Ella?- se las arregló para decir.
-No- negué- El pastel. Todo un desperdicio de comida.-
Le dije que había hecho eso porque Cassandra, una vez mas, comenzó a hacer alardes. Esta vez de que era mas alta que yo. Por supuesto que tenía que serlo, yo tenía once y ella catorce, además no eran mas alta que yo por apenas unos centímetros.
-¿Edward?- lo intenté de nuevo.
Él me miró.
-He pensado que no tenemos que seguir caminando- dije.
-¿No?- me preguntó-¿Quieres… quieres que te lleve de vuelta a casa?-
-¡No, no!- dije rápidamente cuando vi su semblante decaer y volverse triste- Lo que quiero decir es que no es necesario caminar, podemos correr-
Me miró de manera interrogante por unos segundos, antes de que en su rostro reluciera la comprensión.
-Oh- dijo
-Mira, solo es una sugerencia. Podemos seguir caminando...-
-No, no, esta bien ¿Cómo no se me ocurrió antes? Si tu...- Se detuvo.
-Está bien, puedes decirlo, soy un fenómeno. -
-Bella, no…-
-¿Seguimos caminando, entonces?- corté.
Edward no parecía querer dejar el tema ahí, pero se rindió con un suspiro finalmente.
-Podemos correr, si quieres.- sonrió, de repente divertido por algo- Aunque quizás tengas algunos problemas para igualar mi ritmo-
-¿Así que eres rápido?- le pregunto, dejando de caminar.
Él también deja de caminar.
-Soy el mas rápido de mi familia, hasta ahora- dice. Parece orgulloso de eso.
-Bueno, yo también soy rápida- digo
-¿Mas que yo?-
-No lo se. Quizás-
Me mira y sonríe.
-No te vayas a ofender, pero no lo creo-
-¿Quieres apostar?- erguí la espalda y levanté la barbilla en un clara postura desafiante.
-¿Quieres tu?-
-Claro, solo dime hasta donde-
Acordamos la meta, el que llegase primero, ganaba. Me sorprendió lo mucho que me emocionó esta pequeña carrera. Hace mucho que no tenía una y, la ultima que tuve, una carrera de verdad, no fue buena precisamente.
Cuando tenía catorce años, competí con Antonio, y gané.
Fue durante una carrera grupal y era obligatoria para todo aquel que estaba en proceso de entrenamiento. Antonio había sido arrogante, fanfarrón, y yo no lo pude soportar. Solíamos ser amigos, cuando éramos niños y recién nos conocimos. Antes de que se volviera tan… No podía soportar ver en lo que se había convertido, mirándolo actuar como si fuera un regalo de Dios para nuestra organización.
Antes de darme cuenta, estábamos corriendo a través de la noche, los gritos de ánimo zumbando en mis oídos. Antonio tenía quince años, y era un "Cazador A", uno de los mejores que hay.
Los "Cazadores" se divide en tres grupos : "Cazador A" , "Cazador B" y "Cazador C"
Los A, por supuesto, son los mejores. Primera clase por decirlo así. Cuando eres un "Cazador A", tienes más privilegios, y mas posibilidades de llegar a ser parte del "Consejo" o los "Lideres" .
Los "Cazadores B" no son tan buenos. No tienen tantos privilegios. Pero tampoco son malos haciendo su trabajo. Digamos que están en el medio. Ellos mayormente terminan siendo "Entrenadores" o "Buscadores" , enseñando o ejerciendo alguna otra profesión.
Y los "Cazadores C" bueno, ya se dan una idea ¿no? Una parte de ellos no regresa de las misiones.
No todos somos "Cazadores" en la organización, solo los mas jóvenes y fuertes. Los demás son "Mensajeros", ellos se encargan de comprar las cosas para la Organización y nos dan uno que otro recado. Los Entrenadores, Profesores, Buscadores, y los demás ocupan cargos administrativos.
Ahora, yo también soy una "Cazadora A", pero en ese tiempo no lo era.
Yo probablemente termine siendo parte del Consejo o los Lideres. Y si no llego tan alto, seré una entrenadora o profesora.
Me conformo con ser una profesora de Literatura.
No debería haber ganado, pero lo hice. En la sombra de la luna, me revelé a mí misma a ser más que "La hermosa aprendiz de la organización" Más que la niña que entró en depresión durante un mes luego de la muerte su mamá. Demostrar que yo no solo había escapado de un vampiro por un golpe de suerte. Que ya no era esa niñita que recibió una paliza el primer día de entrenamiento.
Antonio cambió después de eso. De repente, él no estaba enfocado en ser el mejor, sino en ganar lo mejor. Me convertí en el premio. Durante años me arrepentí de ganar esa carrera, odié la atención adicional que esta me trajo.
Pero ahora, quiero correr. Quiero demostrarle que de lo soy capaz. Que puedo ser mas rápida que él.
Contamos hasta tres… y despegamos, por decirlo así.
Y corrí sintiéndome bien. Quiero decir, no era sólo el placer de ganar y demostrarle lo rápida que era. Si no que este acto físico de correr me gustaba, lo disfrutaba. Mis pies aceleraban raídamente sobre suelo. Era como si mis pies apenas hicieran contacto con el suelo y quisieran volar hacia el cielo. Mi corazón latía, con fuerza pero no con sensación de malestar sino cómodamente. Era más bien como si sintiera alegría. Podría correr así para siempre.
-¡Si!- grito, eufórica, levantando un puño en el aire- ¡Gané!
-No estaba corriendo en serio, además la meta era mas allá- dice Edward, apareciendo atrás de mi.
-Ah, vamos, no me vengas con eso- le digo.
Él suspira.
-Esta bien, esta bien. Has ganado. Me has ganado. Eres mas rápida que yo.- admite, con las dos manos en lo alto.
-¿Ves? Te lo dije. Nadie puede ganarme en rapidez- dije, muy pagada de mi misma-
-Bueno, quizás me hayas ganado en rapidez, pero…-
-Pero ¿Qué?- inquirí.
-Dudo mucho que puedas ganarme en fuerza-
Ajá ¿Otro reto? Listo, ya he ganado, amigo.
-¿Quieres ver?- le pregunto, dando un paso hacia él.
-No… Mejor lo dejamos así.- dice.
-Bien- dije, encogiéndome de hombros.
¡Rayos! De verdad quería…
Él se me abalanzó. Así, de repente. Sin avisar.
Seguro pensaba que, contando el factor sorpresa, podría ganarme, pensando en que no lo vería venir.
¡Ja! ¡Que equivocado estaba!
Mi cuerpo se mueve casi por si solo, como si tuviera vida propia, le miro y empujo su pecho con una mano, sale volando y termina estrellándose contra un árbol y rompiendo este.
Él no se levantó, solo se quedó allí, probablemente sorprendido por mi fuerza.
Primero me siento contenta de haber contrarrestado su ataque y haberle demostrado cuan fuerte podía ser, pero, después de unos segundos, esa alegría se esfumó y se convirtió en preocupación.
¿Cómo pude haber hecho esto?
Camino rápidamente hacia él.
-¿E-estas bien?- le pregunté, con voz un poco temblorosa.
-¿No vas a matarme?- ríe.
Por su tono de voz, es obvio que es una broma, pero no puedo evitar que mi corazón de un fuerte latido y que mi mente viaje hasta el momento en donde de verdad tenga que hacerlo.
-De verdad, tienes que dejar de atacarme por sorpresa, vas a salir lastimado- digo.
-Voy a tomarlo muy en cuenta de hoy en adelante- dice muy solemne, aunque sigue sonriendo.
-Si- asiento
Le tiendo una mano para ayudarlo a levantarse.
Él la toma, pero en vez de levantarse, tira de mi, pierdo el equilibrio y caigo encima de él.
-¡Oye!- exclamo, dándole un empujón. Quiero parecer seria y trato de mantener una expresión enojada, pero una estúpida sonrisa está apareciendo en mi rostro sin que pueda evitarlo.
Mi empujón y mi reclamo solo le hace reír.
-Te ríes de mi, ¿eh?- digo.
Me caigo de espaldas, arrastrándolo a él conmigo, luego giro de manera que yo quede sobre él. De pronto, él hace que nos giremos, quedando esta vez sobre mi. Lo empujo y hago los mismo.
No se como, pero estamos enredados y cubiertos de hojas, riéndonos y luchando para ver quien queda sobre quien, cambiando de posición a cada rato.
Al final, yo quedo sobre él, apoyando las manos en su pecho.
-Gané- dije-
- Ganaste- dice él, que no parece verse afectado.
Reímos un poco mas.
Pronto, las risas se van apagando. Ahora, solo nos sonreímos el uno al otro.
Tenía su semblante a escasos centímetros del mío. De hecho, los muslos y el torso de Edward estaban pegados a los míos. Ay, Dios, qué bien olía. Empecé a tener dificultades para respirar, y no era por la carreara o la pelea de hace un rato precisamente. Habría dado cualquier cosa por ser capaz de leerle la mente en ese instante. Él parecía estar observándome del mismo modo que ayer.
Edward levanta una mano y acaricia suavemente mi mejilla.
Tan cerca. Solo tenía que bajar la cabeza y …
-Eh, bueno, creo que si seguimos así nunca llegaremos. Mejor nos ponemos en marcha de una vez, ¿no?-
Y con eso, maté el momento.
Ruedo sobre mi misma, dejando de estar sobre él, y me levanto. Me sacudo y quito una que otra hoja que se haya adherido en mi ropa en la pelea.
Él también hace lo mismo.
-Si, tienes razón- acuerda, aunque no parece muy convencido-
-¿Esta muy lejos?- pregunto, haciéndome la que nada ha pasado.
-No. ¿Ves ese fulgor de ahí delante?
-Humm -miré atentamente a través del denso follaje del bosque - ¿Debería verlo?
Esbozó una sonrisa burlona.
-Puede que sea un poco pronto para tus ojos.-
-Tendré que pedir hora para visitar al oculista -murmuré.
Su sonrisa se hizo más pronunciada.
Pero entonces, después de recorrer otros cien metros, pude ver sin ningún problema una luminosidad en los árboles que se hallaban delante de mí, un brillo que era amarillo en lugar de verde. Caminé mas rápido, mi avidez crecía conforme avanzaba. Edward me dejó que yo fuera delante y me siguió en silencio.
Alcancé el borde de aquel remanso de luz y atravesé la última franja de helecho para entrar en el lugar más maravilloso que había visto en mi vida.
La pradera era un pequeño círculo perfecto lleno de flores silvestres: violetas, amarillas y de tenue blanco. Podía oír el burbujeo musical de un arroyo que fluía en algún lugar cercano. El sol estaba exactamente en lo alto, colmando el redondel de una blanquecina calima luminosa. Pasmada, caminé sobre la mullida hierba en medio de las flores, balanceándose al cálido aire dorado. Me di media vuelta para compartir con él todo aquello, pero Edward no estaba detrás de mí como yo creía. Repentinamente alarmada, giré a mí alrededor en su busca.
Finalmente lo localicé, inmóvil debajo de la densa sombra del dosel de ramas, en el mismo borde del claro, mientras me contemplaba con ojos cautelosos. Sólo entonces recordé lo que la belleza del prado me había hecho olvidar : Edward y el sol. Seguro le preocupaba que lo viera. Sin tan solo supiera que había visto muchas veces a vampiros brillar.
Le sonreí para infundirle valor y le hice señas para que se reuniera conmigo, acercándome un poco más. Alzó una mano en señal de aviso y yo vacilé, y retrocedí un paso.
Edward pareció inspirar hondo antes de salir al brillante resplandor del mediodía.
Bueno, aquí está el capitulo que les prometí. Se que dije que subiría el miércoles y hoy es martes, la razón es que mañana no tendré tiempo para subir. Y como ya tenía el capi listo, pues lo subí.
El proximo capitulo a es será mi favorito, ¿por que será? xD
El sábado subo el siguiente capitulo. ¡Besitos! ^^
