Rompiendo las reglas, abriendo mi corazón (Parte tres)
Cerré los ojos, sintiendo la suave brisa acariciar y revolver levemente mis cabellos. El sol había salido lo suficiente para calentar mi piel también. Que bien se sentía estar aquí, en este hermoso prado, junto a la persona que, estúpidamente, amaba.
-¿Vienes aquí frecuentemente?- le pregunto.
-Si- asintió.
-¿Por qué?-
-Vengo aquí mayormente cuando quiero estar solo. Este lugar me da paz. Me da esperanza. Cuando sale el sol, es hermoso aquí. Silencia el ruido que está constantemente en mi cabeza…-
-Y cuando quieres escapar de Tanya- agrego.
Él se ríe, con esa risa tan encantadora que tiene.
-Si, también.-
Ya me gustaría tener un lugar como este, donde poder estar sola y en paz. Tengo mi propia casa, claro, pero no se compara con este hermoso lugar. ¿Por qué yo no puedo tener un lugar así, especial? Nunca he tenido uno. Cuando era pequeña el único lugar donde podía estar sola era mi habitación (No siempre ya que cuando vivíamos en la casa de la abuela compartía cuarto con mamá) Y bueno, el baño, que era donde casi siempre me encerraba cuando quería llorar. Y tenía que ser silenciosa si no quería que alguien me escuche. Ahora en la organización también es igual, mi único lugar privado es mi habitación. Tal vez ya era hora de buscarme un sitio para mi también.
Miro alrededor, tratando de imaginarle a él aquí, solo.
-¿No te asusto?- me preguntó Edward.
A pesar de un tenue rubor, producido de su reciente salida de caza , su piel centelleaba literalmente como si tuviera miles de nimios diamantes incrustados en ella. Estaba con la camiseta abierta sobre su escultural pecho incandescente y los brazos desnudos centelleando al sol. Mantenía cerrados los deslumbrantes párpados de suave azul lavanda, aunque no dormía, por supuesto. Parecía una estatua perfecta, tallada en algún tipo de piedra ignota, lisa como el mármol, reluciente como el cristal.
-No- dije-
Extendí un dedo con indecisión y acaricié el dorso de su mano reluciente, que descansaba sobre el césped al alcance de la mía. Otra vez me maravillé de la
textura perfecta de suave satén, fría como la piedra. Cuando alcé la vista, había abierto los ojos y me miraba. Una rápida sonrisa curvó las comisuras de sus labios.
-Siento mucho defraudarte, pero no te vez tan aterrador como piensas-
En realidad, se ve todo lo opuesto a lo aterrador.
Su sonrisa se hizo más amplia y sus dientes refulgieron al sol. Poco a poco, me acerqué más y extendí toda la mano para trazar los contornos de su antebrazo con las yemas de los dedos.
- ¿Te molesta? - pregunté, ya que había vuelto a cerrar los ojos.
-No-respondió, aun sin abrirlos -no te puedes imaginar cómo se siente eso-
Suspiró.
Creo que si puedo imaginarlo, pensé.
Si él sentía lo mismo que yo sentía cuando él me tocaba...
Siguiendo el suave trazado de las venas azules del pliegue de su codo, mi mano avanzó con suavidad sobre los perfectos músculos de su brazo. Estiré la otra mano para darle la vuelta a la de Edward. Al comprender mi pretensión, dio la vuelta a su mano con uno de esos desconcertantes y fulgurantes movimientos suyos. Esto me sobresaltó un poco, mis dedos se paralizaron en su brazo por un breve segundo.
-Lo siento - murmuró. Le busqué con la vista a tiempo de verle cerrar los ojos de nuevo -. Contigo resulta demasiado fácil ser yo mismo.-
-Si, a mi también me pasa-
-¿Si?-
-Si- asentí.
Y eso, no estaba bien. Quererlo tampoco estaba bien. Un nudo se formó en mi garganta. ¿Como pude haber sido tan estúpida para enamorarme de él? ¿Cómo es que fui tan débil, ilusa, para caer en esto?¿Por que tengo sentir esas cosas, y justo por él?
Muy típico de mi, querer siempre a las personas equivocadas.
-Eso no parece agradarte- dijo él, observando la expresión triste y afligida que seguro debí haber puesto.
Sonrío y sigo acariciándole.
-No es eso, solo que…-
Me callo. No puedo continuar, principalmente porque no se que decir.
-¿Qué?¿Que es lo que te preocupa?-
Tu, eso es lo que me preocupa. Me preocupa lo que siento por ti. Que no debería sentir, pero lo siento, y ya no se que hacer. Si yo fuera una humana común y corriente… si él no fuera un vampiro… ¿Por qué tenía que ser él, justamente él, un vampiro?¡Dios, ¿Por qué tenias que ponerlo en mi camino?¿Por que, cuando todo estaba bien, tenía que aparecer él y volcar de cabeza mi mundo, el mundo tranquilo que yo había formado finalmente y donde, sea como se, estaba bien?!
-Es por lo que soy, ¿cierto?- dice él, de pronto.
Alzo la vista y le miro con los ojos un poco abiertos de la sorpresa y miedo, por un momento pienso que me ha leído la mente y que ya sabe toda la verdad. Pero, después de unos segundos, mi cabeza desecha esa idea. Si supiera ya la verdad, habría reaccionado de una manera muy diferente.
Las cosas serian muy diferentes también si él no fuera lo que es. Si yo no fuera lo que soy.
-Si, en parte si.. ¡Pero no es por lo que tu crees!- dije rápidamente, viendo como su rostro decae comprobando su suposición.
-Eso es normal - dice. Retira su brazo y mi mano se queda en el aire.- No tienes que seguir haciendo esto, seguro te da repulsión tocarme-
-¡No, no! ¡No digas eso, me gusta tocarte!- siento como me sonrojo furiosamente al decir eso. Aun así, continuo- Quiero decir, yo… No me das repulsión. Nunca podrías darme repulsión-
Estiro nuevamente mi mano y toco suavemente la suya. Poco a poco, voy subiendo hasta su antebrazo, él vuelve a cerrar los ojos y suspira.
-No haría esto si fuera así, no soy tan buena actriz, ¿sabes?-
No, no lo soy. Normalmente, como ya he dicho antes, me da asco tocar a los de su especie.
Subo hasta su cuello. Su nuca. Siento la suavidad de su cabello, era tan suave como parecía, enredo mis dedos en el por unos segundos, aun cuando me ordené a mi misma no hacerlo.
Instintivamente, me acerqué unos milímetros a él.
Estaba tan cerca, solo tenía que… No. No podía permitirme llegar tan lejos.
Retrocedí lo que había avanzado. Mis dedos abandonaron su cabello y volvieron a su mano.
Él abre los ojos, pero yo no le miro, no quiero arriesgarme a perderme en ellos.
-Entonces, ¿qué es lo que está mal?- el saca su mano que está bajo la mía y la toma de nuevo, entrelazando nuestro dedos. Sus ojos buscan los míos- ¿A que le tienes miedo?-
Tengo miedo… tengo miedo a… ¡Ya no sé! Estoy tan confundida, me siento tan desgraciada. Impotente. Querer hacer algo que no puedo hacer. Querer a alguien que no puedo tener.
-Bella, ¿Qué sucede?- me pregunto.
Si supiera todo lo que sucede, lo que le sucederá.
Su preocupación me hace querer llorar aun más.
Con la mano que tenía libre tomó mi barbilla e hiso que lo mirara… Sus ojos… Oh, sus ojos. Me quedé hechizada con ellos, queriendo perderme en sus ojos como piscinas de oro.
Y sé, en algún lugar de mi conciencia, que ha llegado el momento. La hora de la verdad, el adiós definido.
Debo cortar ahora, antes de que las cosas se pongas mas complicadas de lo que ya estaban.
Es hora de decir adiós. Fue bonito, mientras duró. Tener a una persona que, aparentemente, te quiere y se preocupa por ti. Tener a alguien a quien querer. Con quien soñar despierta. Había deseado esto. Lo anhelaba, soñaba con eso. Pero para mí en ese tiempo no había nadie. Nadie. Cualquier chico,
incluso imaginario, sólo se siente como el segundo mejor. ¿El segundo mejor de qué? Ni siquiera tenía una imagen del novio perfecto. Sólo sabía que debía existir. Por ahí, en algún lugar. Porque tengo todos estos sentimientos… de amor, deseo, ganas de ser tocada, y sueños de ser besada y querida… pero enfocados en nadie. Me dan ganas de gritar de frustración. Me hace sentir como un bicho raro. Aunque yo sabía perfectamente que para mi eso no sería posible, y estaba bien.
¿Por qué tuve que encontrar todo eso en él?¿Por que tengo que quererlo a él?
Siento que mi corazón late, fuerte, como no lo había hecho en años, quizás nunca. Ya que siempre, de alguna manera, me he sentido sola. Aun cuando mamá vivía y mi vida era mas o menos normal.
Me duele la garganta y mi corazón. Me estoy desmoronando por dentro y, muy pronto, también lo haré por fuera.
-Te amo- digo, con voz temblorosa. Una forma de disculparme, de despedirme, de decirle, insuficientemente, en una palabra, lo que siento por él. Lo amaba y se lo había dicho, ahora tenía todo el poder en sus manos, le había dado la llave para hacer con mi corazón lo que quisiera, incluso destrozarlo.
Él parece sorprendido por mis palabras, y estoy segura que yo también porque, aunque ustedes no lo crean, jamás, nunca, le he dicho a alguien que lo quiero. Ni siquiera a mamá, o a mi abuela. O a mis tíos. Nadie. Nunca he sido fanática de las demostraciones de afecto, soy bastante osca a veces. Cuando alguien decía que me quería, yo simplemente asentía con la cabeza o susurraba muy bajito y a las justas un "Yo también" Nunca he dicho un "Te quiero" abiertamente , lo he intentado de verdad. Y no es porque no los quisiera, no. Yo quería mucho a mi familia, pero simplemente, cada vez que quería decir esas palabras, se trababan y se me hacía imposible decirlas.
Pero decírselas a él me resultó tan fácil, agradable de decir…
Sería la primera y ultima vez que las dijera.
Él acaricia suavemente mi mejilla. Cierro los ojos ante su tan agradable caricia. También quiero memorizarla, grabar la maravillosa sensación con fuego en mi memoria. Él toma mi barbilla suavemente otra vez, y me acerca a su rostro. Me encuentro a mi misma inclinándome hacia él, deseando sentir sus labios contra los míos.
Y esta vez, no voy a detenerle, porque esta será la ultima oportunidad que tenga para besarlo, y no quiero perderla. Esta vez estamos solos, sin nadie que nos interrumpa. A menos que uno de los dos se eche para atrás en ultimo momento (O que Tanya aparezca de la nada gritando al estilo "¡Alto! Detengan esta boda", lo cual dudaba mucho) nadie nos iba a detener. Esta vez si iba a besarlo.
Que triste era que, nuestro primer beso, también sería el ultimo.
Disimuladamente, cojo el pequeño frasco para adormecerlo y lo oculto, apretándolo en mi mano, haciéndola un puño.
-Eres lo más importante para mí- susurra, cuando sus labios están milímetros de los míos.- Lo más importante que he tenido nunca.- Mi corazón se encoge ante sus palabras. Las mías tan simples en comparación con las suyas. Pero sobre todo, porque no soy merecedora de ellas- Ahora tu eres mi vida-
Quise responderle, decirle que también él era mi vida, pero no pude. No con lo que iba a hacer.
-Y de ese modo el león se enamoró de la oveja…- murmuró. Sentí como mi garganta se contrajo más.
Oveja. Yo no era ninguna oveja.
Un zorro quizás. Un astuto zorro disfrazado de oveja para engañar al león.
-Qué oveja tan estúpida - musité.
-Qué león tan morboso y masoquista-
Entonces, sus labios presionan suavemente los míos.
Y cuando eso pasa, en ese mismo instante, me doy cuenta que me he estado engañando a mi misma todo este tiempo.
No soy capaz de hacer esto.
No soy capaz de llevarlo con ellos para que lo maten.
No podía ni aunque quisiera porque si lo mataban después me tendría que matar yo.
No puedo hacerle esto a él. A él no.
No después de haberme dicho que me quería también, no después de haber sentido sus labios.
No se que voy a hacer, pero si de algo estoy segura es que no voy a llevarlo con los de la organización.
No voy a dejar que lo maten. No mientras yo esté con vida.
Aprieto fuertemente la mano en donde tenía sujeto el pequeño frasco, haciendo que este se rompa y que el liquido se deslice por mi mano. Los pequeño pedazos del embace me producen un poco de dolor, pero no me lastiman gravemente por lo que no me importa.
No se que pasará ahora, ni lo que voy a hacer. Pensaré en algo, pero no ahora. Se que tiene que haber una manera. Siempre hay una manera.
Así que me quedo por un momento, simplemente a disfrutar de la suavidad de sus labios en movimiento contra los míos, para olvidar un momento todos mis dolores, preocupaciones, temores, y simplemente relajarme en su abrazo. Por un momento, somos uno, tocándonos, amándonos. No hay más humanos o vampiros o cuestiones de convivencia. Sólo dos personas que sienten la innegable necesidad de conectar el uno con el otro, a nivel íntimo.
Te amo, vuelvo a decir, esta vez en mi mente.
Y, sin poder evitarlo, una lagrima se me escapa y se desliza por mi mejilla, cayendo finalmente en nuestras manos que estaban aun unidas.
