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Creo que hoy es un buen día para terminar esta historia.
¡Feliz día de Tanabata!
NwN/
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Disclaimer I: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima. La historia loca y fumada es mía.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
Narración.
«Pensamientos»
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*ϔ ҉ `~Ƽidera Ɛt Ɖestinatum~ ҉ ϔ*
―Tercer Ϫcto―
*ϔ ҉ ~La Fragua~ ҉ ϔ*
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El destino se mueve en una sola dirección, arrastrando consigo designios, creando con ello las historias.
¿Acaso podrían las cosas ser de manera diferente a las que fueron?
Tal vez nadie sepa esa respuesta.
Y ciertamente la diosa tejedora no tenía respuesta para eso en ese momento luego del beso en su mano.
Sorprendióse la Vaire con el contacto, de tal manera que no supo cómo actuar mas que―luego de que el soltase sus manos―, retirarse de manera inmediata de la bóveda celeste en la que el dios herrero estaría aposentado durante lo que tardase en reparar la aguja.
Erzaëlí nunca se había sentido tan aturdida.
Cierto era que ella no había salido nunca de los dominios divinos de su Tío, empero, ella había conocido vastos dioses debido a que Crawfördus solía ser visitado en sus dominios por ellos, ninguno de esos visitantes, aunque amables y atentos con ella, jamás le habían causado la sensación que ese dios herrero de estrellas le había causado.
―Y descubrió mi secreto… ―susurró para sí misma cuando llegó a sus recintos en el séptimo cielo mientras veía sus manos, nadie debía saber eso y mucho menos su Tío, quien tuviese tantos trabajos para lograr la reparación de la herramienta, Erzaëlí nunca había querido ser una carga para él, mas cuando probó la libertad que sus visitas al mundo humano le concedieron no pudo evitar empezar a desear hacer y ser más que una diosa sobreprotegida que tejía como única razón de existir.
Quería saber, ver y hacer más.
Con nerviosismo casi frenético se paseó por las nubes de su bóveda para calmarse, no le cabía duda a la Vaire que su tío le pediría una explicación del por qué había hecho tal atrocidad y ella no tenía nada más razonable que un simple deseo egoísta que de un momento a otro la poseyó y la llevó a romper el recuerdo y regalo de su madre.
Sí, egoísta, eso era lo que era.
Cuando los cielos humanos pasaron de carmesí a la oscuridad, Erzaëlí aún continuaba debatiendo consigo misma.
…No sabía cómo enfrentarlo, así que había huido…
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La duda inundó de nuevo su temple antes de adentrarse al lugar.
Para Erzaëlí nunca había sido problema moverse y entrar entre los siete de los ocho cielos del dominio de su tío, ya que la octava ―la más alta de las bóvedas― era expresamente prohibida para ella; mas ahora, el pensar en entrar al sexto cielo la llenaba de más temor que atreverse a romper otra de las sagradas reglas de su protector.
Porque el Eluchil estaba ahí.
La Vaire había evadido un reencuentro con el dios herrero, lo único que había deseado durante más de veinte amaneceres humanos había sido el que ese encuentro nunca se hubiese realizado, porque cada que su amado tTo entraba a su bóveda ―la sétima― a conocer su porvenir ella temía que el reclamo sobre la aguja viniese sobre ella, pero no había sido así.
Y eso le daba aún más temor.
Dispuesta a encontrar la respuesta del por qué su acción egoísta no le brindaba los frutos de la decepción y tristeza de su Tío que tanto temía, la diosa tejedora dispúsose a encontrar respuestas en la única entidad aparte de protector ―el dios de los cielos humanos― que podría brindarle la respuesta que necesitaba aunque temía.
―Mi señora, bienhallada sea ―la saludó el dios de larga y azulada cabellera atada en una cola de caballo al verla entrar a su recinto por la única entrada existente ahora casi oculta por una hermosa nube iluminada con tenues rayos amarillos―. ¿A qué debo el honor de su visita? ―la sonrisa del dios fue tan sincera que ella no pudo evitar devolvérsela.
―Yo… ―la Vaire tomó un momento para recabar fuerza para hablar, para ella fue toda una ayuda que el Eluchil volviese su mirada a la labor que realizaba antes de que ella llegase―. Quería saber si vuestra eminencia estaba siendo bien atendido ahora que mi Tío ha salido ―respondió.
―Buen trato no me ha faltado ―el herrero movió un artefacto que Erzaëlí consideró sumamente extraño y lo colocó sobre una moldura de lo que supuso era alguna aleación de metal―. Y aunque aprecio que tengáis tanta consideración con mi bienestar, vos, mi señora, y yo, sabemos que no es a eso a lo que habéis venido aquí ―los dorados ojos de él dejaron de enfocarse en lo que hacía para volver a ella―. ¿Podríais acaso, mi Señora, obsequiarme con la sinceridad y fuerza de carácter de nuestro primer encuentro?
Erzaëlí se mordió el labio pero asintió.
Tenía razón.
―Vos, mi Señor ―su mirada se enfocó con decisión en la de él y Jeräel la animó con una nueva sonrisa que ella agradeció―. ¿Habéis informado sobre… lo ocurrido con la aguja a mi Tío?
―¿Es acaso eso lo que deseabais, mi Señora?
―Por mi comportamiento estoy segura que vuestra eminencia sabe que no es el caso.
―Pues eso pensé acerca del asunto y no comenté nada de esto a vuestro señor protector.
―¿No lo habéis hecho?
―Ni lo haré ―dijo con contundencia para sorpresa de ella.
―¿Podría saber la razón?
―¿Mi Señora quiere que él lo sepa? ―Erzaëlí negó de inmediato algo abochornada
―En lo absoluto, tendríais mi eterno agradecimiento y estaría en deuda por el resto de mi existencia con vos si guardáis mi secreto.
―Pues no me debe nada. No hay más razón que él que no lo deseéis, si vos, mi Señora, no queréis que Crawfördus lo tenga en conocimiento, ciertamente yo no soy quien se lo dirá.
Erzaëlí le miró entre agradecida y perpleja.
―¿Por qué…? ―repitió― ¿Por qué habéis decidido no decirle? Habéis visto mi crueldad al romper un recuerdo valioso de una madre y además habéis sido testigo del esfuerzo y sacrificio que mi Tío ha hecho para resarcir mi acto egoísta, incluso su merced se ha visto involucrado y traído a este lugar desde muy lejos para solucionarlo ¿Por qué vuestra eminencia ha decidido proteger mi secreto?
Jeräel se acercó a ella antes de responder.
―Porque, vos, mi señora, sois la dueña de la aguja y de vuestras decisiones y secretos. Teníais y tenéis la libertad de hacer lo que placieseis con el regalo de vuestra amada madre. No nos debéis explicaciones ni a mí, ni a nadie más.
Ella le miró inquieta.
―¿Acaso no creéis que ha sido egoísta de mi parte?
―¿Odiáis lo que hacéis y creáis con esas agujas? ―la Vaire negó rotundamente―. Entonces no me queda duda de que el motivo que os llevó a romperla no ha sido egoísta.
―¿De verdad no lo creéis?
―Debo decir que el terminó más correcto para definir vuestra acción no es egoísmo, sino, desesperación.
―¿Desesperación? ―frunció el ceño―. Explicaros ―casi que demandó para luego tratar de rectificar su exigencia―. Es decir, puede vuestra…
El Eluchil la interrumpió al reír y ella le miró acongojada.
―No hace falta que me tratéis con tanta formalidad ―le explicó luego de terminar de reír.
―No sería educado de mi parte trataros de otro modo ―respondió la Vaire―. No hay razón para dejar de serlo.
―¿Y puedo acaso yo daros una? ―le dijo levantando una ceja.
―Puede intentarlo ―sonó a reto y esta vez la diosa no se disculpó por el tono lo que le agradó al Eluchil.
Esa era sin duda la verdadera esencia de la Vaire.
―Entonces he aquí que cobro la deuda que tenéis para conmigo exigiendo que, a cambio del secreto que protejo, mi Señora deje las formalidades de lado ―Erzaëlí iba a refutar pero él la detuvo―. ¿Acaso me habéis mentido con lo de estar en deuda?
La Vaire soltó un bufido antes de contestarle.
―Mi palabra no es endeble, ha ganado pues, Jeräel… ―pronunció casi que con timidez y él sonrió enternecido al verla cruzarse de brazos bajo el pecho no muy feliz por haber perdido― ¿Podemos volver a la línea original de nuestra diatriba?
―Como mi señora lo desee.
―Erzaëlí… ―le corrigió ella―. Si le voy a tratar sin formalismos sería generoso que usted hiciese lo mismo.
―Será todo un honor para mí, Erzaëlí… ―de nuevo ambos no pudieron evitar sonreír y sus miradas se quedaron fijas en el otro por tanto tiempo que incluso en su milenario vivir los hizo sentir como si nunca hubiese habido más tiempo que ese.
―Pues bien ―la Vaire quitó la mirada primero algo abrumada por las sensaciones que la recorrieron en ese lapso―. ¿Desesperación, ha dicho usted?
―Así ha sido ―el herrero tampoco encontró razón de haber quedado embelesado en los ojos de ella―. Si algo que significaba tanto para usted terminó de esa manera a causa suya, significa que la razón debió ser muy grande e importante.
Erzaëlí negó.
―No ha sido así, mi razón ha sido meramente egoísta… ―su mirada descendió hacia la parte inferior de la bóveda.
―Tal vez se juzga usted de la manera incorrecta ―Jeräel alzó su mano y tomó de nuevo entre sus dedos un mechón de cabello haciendo que Erzaëlí subiese de nuevo sus hermosos ojos a él―. Estoy seguro que la razón no es egoísta. Si no es un abuso de su confianza ¿podría decirme la razón?
«No» Negó internamente.
Decirle conllevaba confesar otro de sus secretos y pecados.
No debía.
―Yo… ―sus labios comenzaron la confesión que no debería suceder―. Solo… no quería solo ser esto… ―ella elevó las manos como si allí estuviesen inscritas sus razones―. No he conocido en el mundo divino más que los dominios de mi Tío, mas cuando fue de mi saber ese otro gran mundo… ―la Vaire se detuvo al ver como su dedo índice se movió de arriba abajo― Debo irme… ―con repentina ansiedad la diosa de cabellera escarlata dio un paso atrás y los dedos de Jeräel perdieron la suavidad de las hebras que tenía entre ellos.
―¿Qué le ocurre? ―preocupado observó como ella comenzó a mover los dedos de una manera extraña mientras veía a la parte alta de la bóveda celeste.
―Mi Tío ha llegado y viene para acá… ―informó en tanto sus dedos comenzaron a emitir varios hilos de luz que subieron hasta perderse en el espacio celeste que parecía infinito sobre ellos―. Me pidió no verme con usted sin estar él presente ―admitió algo abochornada―. Si me ve aquí…
―No entiendo, ¿por qué…?
―Debo retirarme ―dijo ella con decisión aunque no hizo nada para dirigirse a la única salida y entrada del lugar.
―Erzaëlí…
―Gracias por guardar mi secreto ―sonrió ella totalmente agradecida mientras los hilos de luz la elevaban hacia la parte alta para luego ser tragada por un pequeño vórtice de luz plateada.
―¿Desenlazó las propiedades? ―admirado se preguntó el mismo al ver como ella había abierto una especie de portal entre sus recintos en el sexto cielo y los de ella en el séptimo, separando los hilos de la materia que lo formaba ―. Más que admirable ―dijo aún viendo hacia el lugar por el que la Vaire se había escapado, había sido testigo de la manera en que ella obtenía los hilos para sus creaciones.
―Mis ocho bóvedas lo son, si me permitís decir tal cosa ―la voz orgullosa de Crawfördus llenó el recinto pensando que el Eluchil admiraba su creación, Jeräel bajó la vista, Erzaëlí no se había equivocado, Crawfördus había vuelto―. No solo son hermosas, también protegen el mundo humano, Os aseguro mi señor, nadie se mueve en mis dominios sin que yo sepa de ello.
Jeräel asintió con una sonrisa contenida.
Él acaba de hablar con alguien que había violentado tan afamados cielos con una facilidad abrumadora.
Y mientras Crawfördus le mostraba lo conseguido para crear la tan necesaria fragua con la que repararía la aguja, el herrero llegaba a una conclusión de por qué Erzaëlí se comportaba como lo hacía.
La ansiedad, la desesperación, los secretos, los escapes y la culpa.
…Ella era prisionera y no comprendía su propia situación…
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Sempiternas y llenas de luz, así eran las estrellas para él.
Nunca esperó ser capaz de usar tal definición en algún otro ser.
Pero entonces el misterioso camino del destino y designio le hizo viajar hasta el otro lado del río de estrellas para encontrarla a ella.
―Bien hallada sea, Erzaëlí ―saludó a la joven, quien se colaba con sigilo en su bóveda celeste cuando le placía, dejó de observar el artefacto plateado que tomó entre sus manos al bajar por otro vórtice plateado desde su cielo―. ¿Podría darme ese fuelle?
―Oh, por supuesto ―algo abochornada le pasó la pieza y observó como él la colocó junto a las otras partes de la estructura de la fragua.
Jeräel continuó trabajando en silencio sabedor de que ella observaba atentamente lo que hacía como lo había estado haciendo desde que inició a colarse en su lugar de labor. La Vaire era curiosa y muy interesada en los procesos de creación, su naturaleza estaba más que viva en ella y posiblemente el no tener sus agujas para confeccionar sus creaciones la afectaban en más de una manera, pero puesto a que la diosa no había hablado más del tema de las agujas con él luego de aquella ocasión, él no había continuado interrogándola, era sencillo entender que Erzaëlí no deseaba hablar de ello y que si en aquella ocasión estuvo a punto de confesarle algo sobre el asunto, ahora había cambiado de opinión.
Y él no tenía derecho a insistir.
―¿Puedo inquirir acerca de la aleación de esta construcción?
―Puede, por supuesto ―respondió con una sonrisa, siempre que ella se reunía con él tenía alguna pregunta y eso hacía de su labor algo más entretenido, el Eluchil no tenía problema alguna en admitir que la presencia de Erzaëlí era más que bien recibida de su parte―. Mas estoy seguro de que usted disfrutará más averiguándolo por su cuenta ―le pasó una pieza pequeña de uno de los apoyos laterales y ella la aceptó entre sus manos con una sonrisa de emoción que a él le deleitó ser testigo y responsable de su creación.
―¿Está seguro de permitírmelo? Intentar tal acción podría echar a perder la pieza ―preocupada observó el objeto, para determinar la composición de una creación sus esencias debían ser separadas y no siempre se podían volver a unir de la misma manera.
―Para mí sería un honor el verla hacerlo, estoy seguro que se lo he dicho antes, pero el alcance de su poder me maravilla ―Erzaëlí sonrió con pena por los elogios.
―Es usted un halagador.
―Solo con quien se lo merece.
―¿Entonces me cree merecedora? ―subió una ceja.
―¿Le he elogiado, no? ―él reflejó su gesto y ella rió haciéndolo feliz a él al escucharla.
―Otrora habría continuado esta discusión pero he encontrado en usted un rival difícil de vencer en debates verbales ―aceptó aún sonriendo.
―Me honra su halago.
―No estoy segura si deba considerarlo halago, básicamente le he llamado alguien terco ―a pesar de lo dicho anteriormente ella continuó su ataque.
―Viniendo de alguien con experticia en el adjetivo, sin duda es un halago ―respondió él y Erzaëlí se mordió el labio y frunció el ceño, con esa manera tan educada de llamarle experta en terquedad la había dejado sin respuesta.
―¿Discutía usted mucho en sus antiguos dominios? ―dijo en lugar de continuar el anterior tema.
―Créame, es usted por mucho mejor rival que mis anteriores compañeros de trabajo, mas sin embargo con usted es un deleite el ejecutar la batalla verbal, con ellos, si me permite la sinceridad, podría ser bastante cansado y fastidioso.
―¿Solían ganarle? ―se burló ella, debido a sus constantes visitas ahora se sentía bastante libre para expresarse estando con él.
―No, simplemente no sabían cuando retirarse ―respondió divertido y le cerró un ojo―. Tampoco sabían cuando cambiar de tema para no admitir que habían perdido, aprenderían mucho de usted.
Erzaëlí infló las mejillas.
La había descubierto.
―Habrase visto… ―susurró ella antes de retomar fuerza para iniciar lo que el Eluchil supo iba a ser otro debate verbal―. Ahora mi pensar es qu- ―cortó sus palabras cuando su dedo índice comenzó a moverse―. Debo retirarme ―frunció el ceño e hizo ademán de devolverle la pequeña pieza pero el negó con un gesto de su mano.
―Puede llevársela y descomponerla, no me es necesaria aún.
―No quiero que atrase su trabajo por mi causa, no me agrada ser una molestia ―estiró su mano con la palma abierta hacia él ofreciéndole el objeto, pero Jeräel solo tomó su mano para cerrar sus delicados dedos sobre la pieza y llevar su mano ahora cerrada sobre el objeto hacia sus labios.
―Eso es epíteto que jamás la definiría a usted ―le dijo luego de besar con gentileza los nudillos de su mano―. Además, de esta manera me aseguro de que volverá a visitarme.
Erzaëlí no supo que responder así que en lugar de hacerlo solo sonrió abochornada y ejecutó su salida del lugar.
…Ella no necesitaba de esa pieza para volver a él…
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Convirtióse pronto la presencia de ella en su mayor disfrute.
El dios Eluchil no se cansaba de sus pláticas ni de sus ocurrencias, tampoco de su viva curiosidad y admirable inteligencia y sabiduría, era admirable para él que para una diosa que había pasado su vida recluida tuviese dentro de ella tanta inmensidad de conocimientos.
―El mythril sin duda es indispensable para evitar que el calor de la estrella que usa en su fragua se salga de control, pero no termino de entender porque las demás piezas intercambian su composición entre mythril y luz de pulsar.
―¿Desea la respuesta o prefiere meditarlo? ―preguntó con una sonrisa al ver como ella sostenía su barbilla con una mano, en cada una de sus visitas ella analizaba una de las tantas piezas de la fragua que aún estaba en proceso de construcción, en otro tiempo la fragua ya habría estado más que lista, pero el herrero tenía una misión aparte de la de arreglar la aguja y aún no tenía idea de cómo cumplirla así que atrasaba lo más posible su trabajo.
Agradecía que Erzaëlí ni Crawfördus sospecharan de él.
―Creo que usted sabe que elegiré lo segundo.
―Es de esperarse de usted ―ella le sonrió y él le dejó meditar durante un rato prolongado mientras fingía tallar en las piezas unas runas de poder que en realidad no eran necesarias porque estaban talladas en el interior de todas las piezas, mas el fingir tan detallada labor le hacía ganar el tiempo que necesitaba.
La misión de la diosa Ulteäry necesitaba del don de la misma.
―El mythril sería demasiado frío para utilizarle en piezas de moldeo fuera del horno de la fragua ―dijo ella de pronto con entusiasmo―, por eso utilizas algo con un nivel de frío inferior. ¿He dado con la respuesta correcta?
―Ha tardado menos de lo que he creído, no deja de sorprenderme, Erzaëlí ―Jeräel volvió a enfocar su atención en ella.
―Solo porque me ha permitido la audacia de descomponerle en varias ocasiones ―expresó atenuando el halago de él―. Además no ha dudado en responder mis dudas cuando lo he necesitado.
―No podría negarme a una petición de mi Señora.
―Pensé que habíamos dejado esos formalismos atrás ―le regañó con las mejillas rojas y volteó a mirar a otro lado.
―Tiene razón, por favor dispénseme.
―Está dispensado ―contestó ella aún sin verle―. Jeräel, no tiene que ser tan cuidadoso conmigo ―su mirada volvió a él y el herrero le miró en confusión―. Sé que la primera vez que irrumpí en este lugar dije cosas que… pueden causar más interrogantes que las que traté de responder.
―No inquiriré en temas que la vayan a hacer sentir incómoda ―el herrero se acercó a ella―. Aprecio demasiado su compañía como para hacer algo que aleje su presencia de la mía.
―E-eso… ―soltó un suspiro―. ¿Eso significa que sí tiene preguntas que desea hacerme?
―Sería una afrenta a su inteligencia negarle eso.
―¿Y si le doy permiso de preguntar las expondría?
Jeräel tardó un poco en responder, pero luego decidió que con ella era mejor usar siempre la verdad.
―Sí, aunque si usted decidiese no responder alguna de mis interrogantes, yo dejaría esa pregunta en el olvido.
―¿De verdad lo haría?
―Tiene mi palabra y mi honor con ella.
―Pues bien ―Erzaëlí cerró con fuerza los ojos y luego sonrió al abrirlos―. Adelante.
Jeräel la observó un momento con atención pero al ver solo decisión en su mirada ambarina decidió aceptar su propuesta.
―Hay algo que ha ganado el lugar de honor entre mis dudas sobre usted ―Erzaëlí asintió expectante―. Usted me ha dicho que nunca ha salido de los dominios de su tío, ¿me equivoco? ―La Vaire negó―. Y que mucho de su conocimiento fuera de estos dominios viene de lo que ha escuchado de los dioses que visitan a Crawfördus, claro, cuando él le permite salir de su bóveda séptima e interactuar con ellos.
―Así es ―afirmó ella y no le pasó por alto la molestia de él al mencionar esas circunstancias y a su Tío.
―Entonces, cuando usted habló ese día sobre conocer otro "Gran mundo" ¿a qué mundo se refería si nunca ha dejado estos dominios?
Las mejillas de Erzaëlí se colorearon de un vivo rojo para luego palidecer por completo.
Nunca esperó esa pregunta.
Su boca se abrió un par de veces pero se cerraba en negación a contar su mayor secreto.
Nadie debía saber eso.
―Entiendo ―dijo Jeräel con una sonrisa comprensiva al verla de esa manera―. No debí preguntar eso, discúlpeme por favor ―bajó su cabeza ante ella―. Por favor, perdóneme ―repitió al verla aún con esa expresión sin vida que hizo doler algo dentro de él―. Erzaëlí…
―¿Me acompañaría? ―habló ella interrumpiendo su susurro de súplica al decir su nombre―. ¿Me acompañaría a ese mundo aunque estuviese prohibido para los dioses como nosotros? ―temerosa ofreció su mano a él―. ¿Compartiría conmigo este pecado en contra de las reglas de mi Tío?
El Eluchil estuvo seguro de algo en ese momento.
Su mano se cerró sobre la de ella.
…Compartiría con Erzaëlí lo que ella quisiese compartir con él…
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¿Reviews?
Gracias por tomarse un momentito para comentar sobre la historia.
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Disclaimer II: Basada levemente en la "Leyenda Del Tanabata"
Aclaraciones:
Dagnir: (Élfico) La daga se llamaría Daga de la ruina y/o asesinato.
Vaire: (Élfico) Tejedora.
Eluchil: (Élfico) Herrero.
Erzaëlí: Erza.
Jeräel : Jellal.
Ulteäry: Ultear.
Kyoukáely: Kyouka.
Crawfördus: Crawford.
Agradecimientos:
Bluewater14
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Anuko 50 Jerza
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Espero les haya gustado.
Gracias por comentar
¡Adieu!
.o./
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