La mente de Bella aun seguía bloqueada, definitivamente había entrado en un estado de completo shock. Claro ¿y quien no? Estuvo a punto de matar a alguien. Si, ustedes dirán que ella ya había matado a muchos vampiros antes, y que es ilógico que se sintiera así ahora por casi haber matado a Tanya. Pero justamente era eso lo estaba pasando, por alguna razón, Bella se sentía horrorizada por lo que estuvo a punto de hacer, por lo que había hecho. Quizás era porque, en todos estos años, ella nunca se había puesto a pensar en eso. No desde la primera vez que asesinó a un vampiro. Aquella vez también entró en un ataque de pánico. Aparentemente, no lo había superado aun.

Pero había un problema mayor, Bella había mostrado lo que podía hacer delante de la familia de Edward, Tanya incluida, y eso era malo. Para Bella, al menos. Ya se lo había mostrado a Edward, por error, pero bueno. Él había guardado su secreto y no se lo había dicho a nadie. Y al final para nada, porque ella terminó delatándose a si misma. Los demás exigirían una explicación cuando regresaran.

¡¿Y que diablos iba a decirles?! ¿Los mismo que ha Edward, que es algún bicho raro que tiene fuerza sobrenatural y no sabe lo que es?

Era una buena opción, la única que tenía. A no ser que les contara toda la verdad, y eso no iba a suceder. Ni loca les iba a decir que era una cazavampiros.

Además, esa respuesta no era del todo falsa.

Ella era una chica rara, que le pasaban cosas raras, que tenía poderes sobrenaturales, y que no sabía lo que era.

Sip, bastante cerca a la verdad.

(Bella)

Soy una idiota. ¿Cómo se me ocurre atacar a Tanya, perder el control?

¿Qué pasaba con los Cullen? ¿Qué pensarían ellos? En un día, había pasado de ser una humana anormal, a convertirme en un extraño ser sobrenatural y en una casi asesina. Bueno, asesina ya era, solo que ellos no lo sabían.

¿Me tendrían miedo también? Entendería si ellos salieran corriendo ahora. Yo era una amenaza para ellos después de todo.

Pero Edward… ¿Él también me temería?¿Pensaría que soy una asesina por lo que estuve a punto de hacer?

Mi corazón dolió ante su posible rechazo. Aunque, tal vez era mejor así. Yo no iba a poder estar con el por siempre, tarde o temprano iba a tener que irme y regresar a la organización, o ellos vendrían por mi, y yo no podía dejar que eso pase. No iba a arriesgar a Edward ni a su familia.

En ese momento, fui consiente de que un par de brazos fríos me abrazaban por la cintura. Me congele, pero luego su esencia me golpeo, y seguí sollozado. Edward.

-¿Bella? ¿Puedes oírme?- me preguntó-

No estaba segura como, pero me encontré en sus brazos, y apoye mi cabeza en su cuello. Aun sabiendo que no merecía que me consolaran. Yo era un monstruo. Nada más que eso.

-Lo siento…. Solo que… no puedo creer que… sea… sea… un monstruo- murmure sobre su pecho, sollozando.-

-Bella, amor, eres lo más lejano a un monstruo- dijo dulcemente, acariciando mi cabello suavemente.-

-Pero perdí el control, Edward, casi la mato. Soy una asesina- dije, sintiendo como la vergüenza pesaba sobre mis hombros.

-No eres una asesina, Bella. Nunca podrías serlo-

Negué con la cabeza. Unas lagrimas se me escaparon. Si tan solo supiera…

-Además, los monstruos no tienen conciencia- murmuro sobre mi cabello-

Sabia que él tenia razón, pero no aliviaba mi dolor, ni mi cargo de conciencia.

-Espera…- murmuré, levantando la vista, dándome cuanta de algo- ¿Me llamaste "amor"?-

-Si, lo hice- Sonrió.

-¿Por qué?- pregunté-

-Porque lo eres. Más que mi amor, mi vida, mi todo…- tomó mi barbilla he hizo que le vuelva a mirar, porque me había sonrojado y apartado la vista.- ¿Pensaste que te dejaría de querer por lo que pasó?-

De hecho, eso fue exactamente lo que pensé.

Asentí, aun con mis mejillas sonrojadas.

-Tonta Bella. ¿Cómo podría? Nunca lograría dejar de quererte. Aun si quisiera, no podría.-

-Pero… estuve a punto de matar a Tanya- dije.

-No es para tanto, hasta yo mismo me he planteado hacerlo-

-Si, pero tu no la atacaste-

Hizo que apoyara la cabeza en su pecho otra vez.

-Eso se veía venir. Si no la atacabas tu, lo haría yo, o Esme…-

-¿Esme?- pregunté, alzando la cabeza.

-Si- dijo. -Está molesta con Tanya por traer a sus… amiguitos cuando no hay nadie en casa-

¿Y eso que tenía de malo?

-Pero tu me has traído hoy, ¿no? ¿Por qué ella no puede?-

Si, lo se, era raro que interceda por ella después de lo que pasó esta tarde, pero aun así…

-Si dejamos a un lado el hecho de que nosotros no traemos humanos a casa... Bueno, digamos que… Ella no los traía para charlar o ver una película precisamente.-

Al principio no respondí porque no entendí lo que me quería decir. ¿A que se refería con…?

-Oh- dije cuando comprendí lo que estaba diciendo, ocultando lo más que pude mi rostro en su pecho para que no pueda ver lo roja que me había puesto. ¿Tanya traía hombres a esta casa para…? Me obligué a mi misma a no pensar en… eso, se me estaba revolviendo el estomago y me estaba sonrojando aun más, si eso era posible. Pero, a pesar de todo, me pregunté como habría sido esa escena.

-Deseo concedido- se rió D.

No tuve tiempo ni para ponerme a pensar en las palabras de D, inmediatamente la escena apareció en mi cabeza.

Los vi, ambos sin camisa y en una posición muy comprometedora. Tanya sentada de piernas abiertas sobre la encimera y en medio de sus piernas, un chico, besando insistentemente su cuello y luchando por quitarle el sostén.

Ella se tensó y enterró sus uñas en los hombros de él para detenerlo, justo cuando Esme entraba, pero él sólo lo tomó como un incentivo más .

-Ya, espera... esta cosa me enreda, espera un segundo, ya casi la tengo...-

-¡Tanya!- Gritó Esme.

Y la escena finalizó.

No sabía si sentirme asqueada, o muy por el contrario, debería resultarme gracioso. Creo que ambas.

-Fue Esme quien les encontró en una situación bastante… comprometedora en la cocina- continuó. Bueno, si lo que vi en mi cabeza fue lo que pasó, pues si que fue una situación muy comprometedora - Carlisle, que llegaba del hospital, también presenció la escena. No le hizo nada de gracia, pero se mostró más comprensivo en comparación a Esme-

-¿Y tu donde estabas?- le pregunté, teniendo curiosidad.

-Yo estaba en la habitación de una hermosa chica, viéndola dormir- sonrió-

Entrecerré los ojos al mirarle.

-Humm…¿La conozco?¿Debería sentirme celosa?- pregunté, fingiendo estar molesta-

-No lo se, quizás… Tiene un nombre precioso. Se llama Isabella, pero le gusta que le digan Bella. Es realmente encantadora-

Sonreí mientras rodeaba su cuello con los brazos en un intento de acercarlo más a mi y juntar mis labios a los suyos.

Él me quería. A pesar de todo lo que sucedió esta tarde, de casi haber asesinado Tanya, Edward aun me amaba. Aunque no fuera merecedora de ese amor.

Todo pensamiento coherente que tuviera se disipó, junto con los sentimientos de culpa que tenía por haberle mentido, por estarle mintiendo.

Pero, había una pregunta importante… ¿Él me querría si supiera la verdad, lo que yo era? ¿O me odiaría? ¿Pensaría que soy una mentirosa, farsante, que solo jugó con sus sentimientos para conducirle a una muerte segura?

Nunca lo sabría, porque nunca iba a decirle esa verdad.

Aunque, en el fondo, la respuesta a esa pregunta ya la sabía. Y me dolía el corazón con solo pensarlo.

Si él me odiara y rechazara, lo comprendería. Después de todo, eso es lo que soy. Una mentirosa. Una farsante. Mi plan original era hacer que él me quiera, que confíe en mi.

Pero se me volteó la tortilla. Fui yo la que terminó enamorándose.

En el momento menos esperado, de la persona menos esperada.

Tal y como dijo Jenny.

¿Qué diría ella si me viera en este momento?

Que estoy más loca que una cabra. Fijo. Y tendría razón.

-Siento haber querido matar a Tanya esta tarde, de verdad- dije precipitadamente cuando nos separamos- Yo no suelo comportarme así… bueno si pero… no llego a ese extremo… ¡Además ella empezó!... ¿Tu crees que pueda perdonarme?¿Y los demás, crees que me perdonen por…? Eso me recuerda… ¿Dónde están los demás?- le pregunté, mirando a los lados. Por primera vez consiente de que ya no estábamos en la sala de estar.- ¿Y donde estamos?- pregunté finalmente.

-No hay nada que perdonar. Fue accidente, Bella, no era tu intención querer matarla-

-Esa fue mi intención cuando salté sobre ella- dije-

-Pero ella te provocó primero, y fue lógico que explotaras, cualquier persona lo hubiera hecho- justificó- Carlisle y Esme piensan lo mismo que yo. Bueno, quizás a Esme no le agrade mucho ver su piso astillado, pero se le pasará cuando esté reparado.- Acarició cariñosamente mi mejilla y no pude evitar sonreír- En cuanto a los demás- continuó- Ellos fueron en busca de Tanya, que salió corriendo cuando la soltaste.-

Eso no me sorprendió, era lógico que se pintara de aquí en cuanto la solté.

-Y con respecto a tu ultima pregunta- continuó después de unos segundos, al ver que yo no decía nada- Estamos en mi habitación-

Miré a los lados-

-Así que esta es tu habitación…-comenté-

Tenía vistas al sur y una ventana del tamaño de la pared, igual que en el gran recibidor del primer piso. Toda la parte posterior de la casa debía de ser de vidrio. La vista daba al meandro que describía el río antes de cruzar el bosque intacto que llegaba hasta la cordillera. La pared de la cara oeste estaba totalmente cubierta por una sucesión de estantes repletos de CDs.

El cuarto de Edward estaba mejor surtido que una tienda de música.

En el rincón había un sofisticado aparato de música, de un tipo que no me atrevía a tocar por miedo a romperlo. No había ninguna cama, por supuesto, sólo un espacioso y acogedor sofá de cuero negro, que era donde estábamos sentados hace un momento. Una gruesa alfombra de tonos dorados cubría el suelo y las paredes estaban tapizadas de tela de un tono ligeramente más oscuro.

-¿Para conseguir una buena acústica? - aventuré.

Edward rió entre dientes y asintió con la cabeza.

Tomó un mando a distancia y encendió el equipo, la suave música de jazz, pese a estar a un volumen bajo, sonaba como si el grupo estuviera con nosotros en la habitación. Me fui a mirar su alucinante colección de música.

-¿Cómo los clasificas?- pregunté al sentirme incapaz de encontrar un criterio para el orden de los títulos. De verdad, nunca había visto tantos CDs juntos. A este chico de verdad le gustaba la música.

-Esto... Por año, y luego por preferencia personal dentro de ese año - contestó con aire distraído.

Cuando giré me estaba mirando, tenía un peculiar brillo en los ojos.

-¿Qué ocurre?- le pregunté-

-No es nada- me respondió, desviando la vista.

Iba a insistir, pero al final decidí no hacerlo. Probablemente me lo terminaría diciendo más tarde.

-Bueno… ¿Aún está en pie la propuesta de mostrarme la casa?- pregunté, con una sonrisa.

-Si tu quieres, por supuesto-

Me sonrió antes de tomar mi mano y guiarme hasta la salida.

(Narradora)

Luego de que Edward llevara a Bella a un recorrido por toda la casa, terminaron nuevamente en el salón. Bella trató de fingir indiferencia ante el pequeño espacio donde el piso estaba ligeramente astillado, pretendiendo haber olvidado el suceso de esta tarde, pero no tuvo mucho éxito y Edward se dio cuenta. No dijo nada, simplemente se limitó a apretar ligeramente su cintura con el brazo que estaba rodeándola y sonreirle, tratando de reconfortarla. Ella le respondió con una sonrisa también, aunque la felicidad no llegó a sus ojos.

Los ojos Bella se posaron de nuevo hacia el hermoso instrumento que había sobre la tarima al lado de la puerta. Recordó una fantasía de su niñez, según ella, le compraría un gran piano de cola a su madre algún día. No era una buena pianista, sólo tocaba para sí misma en su piano de segunda mano, pero a ella le encantaba verla tocar. Se le veía absorta, feliz. Y a Bella le gustaba verla feliz. A ella también le gustaba tocar de vez en cuando, había tomado unas cuantas clases con su abuela, pero no era tan buena, o eso creía ella. Nunca tocó en publico. En realidad, no tocaba a menos que esté completamente sola, igual que el canto. Cantar, eso si era algo que realmente le gustaba hacer, pero solo cuando estaba sola y lo hacía en voz baja.

-¿Tocas?- le preguntó Edward dándose cuenta de su repentina atención por el precioso instrumento.

Bella salió de su ensoñación justo a tiempo para mentirle. Bueno, no era del todo mentira. Hace años que no tocaba el piano, ni ningún otro instrumento, y no pensaba hacer el ridículo delante de él.

-No- negó con la cabeza- Pero es hermoso, ¿de quien es?-

-Es mío- dijo Edward.-

-Supongo que debería haberlo sabido- asintió para si misma.

Sobre todo después de haber visto su habitación, pensó.

-¿Tocarías algo para mi?- le preguntó en voz baja y sonrojándose al sentirse un poco avergonzada.

De verdad, debo dejar de sonrojarme, pensó ella.

-Bueno, si tu quieres...-

-Me gustaría oírte tocar- insistió, esta vez lo dijo con un poquito más de confianza.

-Entonces, decidido-

Edward tiró de ella y la hizo sentarse a su lado en el banco. Le dedicó una prolongada mirada antes de volverse hacia las teclas. Luego sus dedos revolotearon rápidamente sobre las teclas de marfil y una composición, tan compleja y exuberante que resultaba imposible creer que la interpretara un único par de manos, llenó la habitación. Bella tuvo que hacer un gran esfuerzo para no quedarse boquiabierta del puro asombro. Edward la miró con mientras la música seguía surgiendo a nuestro alrededor sin descanso. Le guiñó un ojo.

-¿En serio? ¿Lo odiabas?- Preguntó Bella, llena de incredulidad, cuando Edward le dijo que cuando era joven y humano odiaba el piano.

-Es muy gracioso ahora, ¿no? Pero si, esa es la verdad.- él se rió y le dio un beso en la mejilla.- Me gustaba escuchar el piano cuando alguien estaba tocando, por ejemplo, mi madre. Ella era excelente en eso, pero yo no era bueno. Tuve que ir a clases de piano y practicar por horas en casa todos los días. No tenía una hermosa chica a mi lado en el banco del piano para encantar con mi música. Si la hubiese tenido, quizás yo no lo habría odiado tanto y hubiera aprendido más rápido, estoy seguro.-

Bella no podía salir de su asombro. Sonaba tan absurdo. No podía imaginar un Edward que no amara tocar el piano, no podía creer que hubo un tiempo donde lo odiara. Trató de imaginarlo, pero era imposible.

-¿Te gusta?- le preguntó.

-¿Tú has escrito esto? - preguntó Bella entrecortadamente al comprenderlo.

Asintió.

-Es la favorita de Esme.-

Cerró los ojos al tiempo que sacudía la cabeza. ¿Había acaso algo que él no pudiera hacer bien? ¿Existía algún ser más perfecto que Edward?

No, no lo había. Se respondió Bella a si misma.

-¿Qué ocurre?-

-Me siento extremadamente insignificante.- dijo, pensando otra vez que ella no se merecía todo esto.

El ritmo de la música se hizo más pausado hasta transformarse en algo más suave.

-Tú inspiraste ésta - dijo Edward en voz baja. La música se convirtió en algo de desbordante dulzura.

Se quedó sin palabras.

No, pensó, definitivamente no me merezco esto.

Trató de alejar sus pensamientos y sentimientos de culpa y apartó la vista, recorriendo nuevamente con sus ojos la espaciosa estancia. Él siguió la dirección de su mirada.

-No es lo que esperabas, ¿verdad? -inquirió muy ufano.

-No- admitió-

-No hay ataúdes ni cráneos apilados en los rincones. Ni siquiera creo que tengamos telarañas... ¡Qué decepción debe de ser para ti! - prosiguió con malicia.

-Que bueno, porque le tengo miedo a las arañas- dijo, con un pequeño estremecimiento.

Esa fobia se la debe a Cassandra, que cuando era pequeña le puso una araña en el hombro, desde ahí se quedó traumada con las arañas.

-¿Le tienes miedo a las… arañas?- le preguntó, arqueando una ceja.

-Si, y a las cucarachas- continuó- Son marrones y asquerosas- Bella se estremeció- con esas antenitas que parecen saludarte, pero que en realidad te estaban analizando.… ¿Qué?- le peguntó cuando Edward la seguía mirando extrañado.

-Nada- negó con risita.

Bella dejó pasar eso.

-Es tan luminoso y despejado.- comentó

Él se puso más serio al responder.

-Es el único lugar que tenemos para escondernos.-

Edward seguía tocando la canción, su canción, que siguió fluyendo libremente hasta su conclusión, las notas finales habían cambiado, eran más melancólicas y la última revoloteó en el silencio de forma conmovedora.

Entonces se dio cuenta de que tenía los ojos llenos de lágrimas. Se las enjuagó con las manos, avergonzada.

Él rozó la comisura de sus ojos para atrapar una lágrima que se había escapado. Alzó el dedo y examinó la gota con ademán inquietante. Entonces, a una velocidad que Bella no pudo estar segura de que realmente lo hiciera, se llevó el dedo a la boca para saborearla.

Le miró de manera intuitiva, y Edward sostuvo su mirada por un largo momento antes de esbozar una sonrisa finalmente.

-Gracias - susurró ella.

Gracias por quererme a pesar de que soy una criatura rara, a pesar de ser una farsante. Pensó.

-No, soy yo el que debería agradecerte- dijo él, rodeando con un brazo su cintura y acariciando suavemente su mejilla con la otra mano.

-¿Por qué?- preguntó. Él no debería agradecerle nada. ¿Qué podía agradecer?¿El hecho de que le esté mintiendo, o complicando su vida?

-Por darle sentido a mi existencia.-

Bella sonrió y una lagrima se le escapó, esta vez era de felicidad, aunque con una pizca de culpa, y rodeo su cuello con lo brazos antes de besarlo, aun pensando en que fue lo que hizo para merecer tanta felicidad.

Ella nunca había amado a nadie y, en un principio, temía que aquello fuera una locura, pero ahora no había nada que agradeciera más que la llegada de Edward a su vida. Porque, él era el único que había sabido juntar cada parte de ella y ponerla en su lugar.

Y había traído con él la pieza que le faltaba a su rompecabezas.

El amor.