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Como dije, quiero terminarlo hoy.
Si ven algún error pido perdón pero estoy escribiendo lo más rápido que puedo y apenas y le doy tiempo de una re lectura xD
Falta un cap más, creo, de cualquier forma me quedan tres horas antes de la fecha cambie de 07 a 08, así que si no logro terminar el otro cap a tiempo lo publicaré hasta el próximo año…
:okno:
xD
Publicaré una nota como cap final y luego lo editaré al terminar el cap.
NwN/
¡Feliz Tanabata!
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Disclaimer I: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima. La historia loca y fumada es mía.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
Narración.
«Pensamientos»
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*ϔ ҉ `~Ƽidera Ɛt Ɖestinatum~ ҉ ϔ*
―Cuarto Ϫcto―
*ϔ ҉ ~La Libertad~ ҉ ϔ*
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Sabiéndose libres los seres son capaces de hacer muchas cosas.
Y entre esas muchas cosas, hacer nada es válido.
Pero la nada raramente crea cosas interesantes.
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Fastuoso.
Fue la palabra que vino a la mente del dios herrero la primera vez que su mirada se posó desde las alturas en el mundo humano.
Nunca lo hubiese imaginado de tal modo ni aunque hubiese tratado de imaginarlo antes.
Por donde su vista recorría un color nuevo hacia acto de presencia, el verde, el celeste, el café, el azul, el blanco y otros miles de colores representados en pequeñas formas según él y la Vaire descendían desde las alturas luego de haber traspasado seis de los cinco cielos creados por el dios Crawfördus.
Fue inmediata su comprensión del porque la diosa que lo llevaba de la mano se escapaba de su encierro en la séptima bóveda en el cielo, y de la misma manera, fue inmediata la manera en que negó ante ella que escaparse para observar ese otro mundo fuese de verdad un pecado.
Si bien era cierto la infinidad del mundo divino era espectacular, pero ver ese macro cosmos reflejado de manera casi diminuta para esos seres llamados humanos era abrumador, aún ahora, cuando sus visitas al mundo humano ya eran tan numerosas que habían hecho que perdiese la cuenta, encontraba encantador cada nuevo detalle.
―Esta flor no la había visto antes ―le señaló la roja flor a la Vaire quien observaba como la brisa creaba olas en una masa de agua que Erzaëlí le enseñó se llamaba lago―. ¿Conoce el nombre?
Erzaëlí asintió.
―Es una rosa silvestre ―sonrió y se acercó a él―. Tienen un delicado aroma, aunque no tanto como las que cultivan en los palacios de las monarquías.
―Tiene un hermoso color.
―Por supuesto que iba a decir eso ―ella rió y él le miró extrañado.
―¿Qué le ha causado gracia?
―Usted, mi señor Jeräel ―le dijo con falsa pena―. Usted me causa gracia, sepa dispensarme si le he ofendido.
Jeräel negó con la cabeza con una sonrisa en los labios.
La formalidad con la que le había hablado formaba parte de la broma y de la familiaridad y confianza que seguía creciendo en ellos gracias a los continuos viajes que Crawfördus tenía que hacer para conseguir los materiales que Jeräel le pedía.
La mayoría de ellos tan difíciles de encontrar como innecesarios.
―¿Acaso puede mi Señora honrarme con una respuesta más detallada? No me avergüenza admitiros que de muchas maneras mi intelecto está muy por debajo del vuestro ―continuó con el tono de la broma.
―Pues no, no lo honraré con esa respuesta ―se negó rotundamente y él soltó un suspiro que hizo a Erzaëlí reír otra vez.
―Es usted cruel con este servidor.
―No es de buena práctica facilitar las cosas al buen entendedor ―le cerró un ojo y luego comenzó su caminata por el pequeño sendero que los llevó del pequeño pueblo cerca del lago.
―Sería una gran muestra de bondad que en esta ocasión si lo hiciese. No peco de humildad al decir que no doy con la razón.
―¿De verdad lo ignora?
―Ignóralo por completo.
Erzaëlí sonrió al ver a los niños del pueblo jugando con una cuerda y saltando, de la manera astral en que se encontraban, los humanos no podían verlo, o al menos no todos, la Vaire había encontrado destacados humanos que podían verla, especialmente los llamados bebés, y por supuesto, los animales.
―Pues bien ―se volteó a él con una sonrisa que a Jeräel se le antojo nerviosa―. Si promete usted no alarmarse ni pensar mal de mí ante mi propuesta por venir prometo darle las pistas para descifrarlo.
―¿Acaso podría ejecutar usted alguna acción para que yo pensase mal de usted? ―dijo divertido e incrédulo, sin embargo, al ver la seriedad en ella entendió que no era ninguna broma lo que le exponía―. ¿Promete que no es algo que podría arriesgar su bienestar?
―Prometo que es algo que no me arriesga por completo ―respondió algo apenada y Jeräel frunció el ceño.
―Entonces no creo que sea adecuado perpetuar tal propuesta.
―Jeräel ―la diosa tomó su mano entre las de ella en forma de súplica―. Es al único al que he contado este gran secreto, ocultarle esta otra parte me resulta doloroso ―sus ojos se elevaron a los de él y el herrero se perdió en el brillo de ellos que parecían competir con el de sus amadas estrellas―. Por favor… Ni siquiera tiene que ser participe, solo puede observar, sí así lo desea.
Jeräel soltó un suspiro y asintió derrotado.
―Solo prometa que su seguridad está por encima de todo.
―Sí, mi Señor ―dijo ella llena de ánimo nuevamente y de inmediato se lo llevó de la mano de nuevo al bosque―. Pero en primera instancia necesitamos primero acercarnos a la granja que vimos al otro lado del lago.
―¿A la granja? ―Jeräel seguía sin entender pero sus dedos estaban entrelazados entre los de ella así que no tenía queja alguna.
―Hoy es día de lavado.
―¿Lavado?
―Es la manera en que los humanos limpian sus ropajes ―explicó apurándolo, si bien podían ir más rápido utilizando sus poderes, Erzaëlí adoraba desplazarse de esa manera, de alguna forma le hacía apreciar el limitado tiempo en el que vivían los humanos.
―¿Es esa una actividad de su interés? ¿Cómo la forja de espadas? ―interrogó, Erzaëlí le había llevado a uno de esos lugares y él se había quedado maravillado de ver a criaturas como los humanos ejecutar un trabaja tan similar al suyo.
―No ―rió―. Pero necesitaremos de ropajes.
―Sigo sin comprender.
―Ya lo comprenderá ―volvió a reír y al llegar a la granja se agachó junto a unos arbustos, algo que al dios Eluchil le pareció extraño puesto que Erzaëlí le había explicado que ellos no podían verlos.
―Erzaëlí…
―Ven… ―le llamó en un susurro y jaló de su mano para que se agachase junto a ella―. Este es la otra parte de mi secreto ―susurró de nuevo aumentando su extrañeza, y esta incrementó más al verla recitar unas palabras de poder y luego mover sus dedos de la misma forma que hacia para deshilvanar la materia, no tardó mucho tiempo entre su accionar y sus palabras para que un brillo la rodease por completo.
―¿Qué es lo qu-? ―se cortó al sentir la mano de ella desaparecer de entre la suya―. ¿¡Erzaëlí!? ―le llamó al no sentirla pero su miedo se frenó al verla frente a él sonriendo con las mejillas rojas―. Oh, Erzaëlí… ¿qué ha sucedido? Por un momento creí que había desaparecido y yo… ―su mano intentó tomar la de ella pero le fue imposible― ¿¡Qué!? ¿¡Por qué!?
Erzaëlí rió al ver su cara contrariada.
―Jeräel , lo que ha sucedido es que he creado un cuerpo físico para mí.
La cara de Jeräel se llenó de pavor.
―¿¡Se ha convertido en humana!?
―No, Jeräel ―el dios se levantó de su lado y se llevó una mano a la cabeza―. Jeräel …
―Si esto lo descubre su Tío podría…
―No lo descubrirá ―negó ella―. Además solo puedo mantener esta forma por pocas horas ―confesó―. No es fácil mantener unidos todos los componentes y elementos que forman un cuerpo humano.
―¿Lo ha hecho uniendo esos componentes?
―Así es.
Le miró horrorizado.
―¿Y cómo ha descubierto su composición?
Erzaëlí parpadeó sin entender porque su horror y luego reaccionó molesta.
―¿¡Acaso cree usted que descompuse un humano para hacerlo!?
―¿¡De qué otra manera podría usted haber logrado tal cosa!?
―¡Por supuesto que no descomponiendo seres vivos! ―reclamó con fuerza y luego intentó calmarse, no debía actuar de ese modo, era de obviedad conocida que él pensaría eso, esa era la forma de entender las cosas de los dioses creadores― Jeräel … ―intentó calmarlo pero él parecía ahora más asustado que horrorizado, le dolió pensar que él la llegase a aborrecer―. Jeräel …
―Erzaëlí… ―finalmente el acudió a su llamado y se puso de rodillas frente a ella―. Le pido perdón por haber pensado eso de usted, lo siento, no debí…
―No ―le interrumpió y con un par de palabras secretas y un nuevo brillo sus manos fueron de nuevo capaces de hacer contacto con él al aposentarse en el rostro del dios―. Era mi deber el explicarle las cosas primero ―acarició con su pulgar la mejilla del herrero y él cerró los ojos aliviado de poder sentirla de nuevo―. Pude lograrlo sin descomponer humanos, solo imitó lo que ellos llaman piel, es como una coraza, es simple de descifrar, solo descompuse monturas y objetos hecho con pieles de animales que ellos mismos fabrican y observé a los sanadores humanos abrir y curar cuerpos hasta dar con la forma más cercana a un cuerpo físico. Puedo degustar sus comidas, oler y tocar, mas respirar como ellos lo hacen no es algo que entienda o pueda hacer aunque lo aprendí a imitar.
―Eso es asombroso ―respondió después de un largo silencio tratando de entender lo sucedido―. Es usted asombrosa.
―No es que me alegre de que me llame asombrosa ―dijo aliviada―, pero me es reconfortante saber que no me aborrece.
―Jamás podría aborrecerla ―respondió él colocando una de sus manos sobre las de ella.
―Me tiene usted demasiada fe ―él negó con una sonrisa y ella dejó brotar un bufido―. Es usted incorregible… ―él rió.
―Lo digo con sinceridad.
―Y eso es lo que más me asusta… ―respondió ella y antes de que él la interrogase sobre lo dicho cambió de tema―. Y ahora que lo sabe vuestra eminencia ―sonrió traviesa―. ¿Se uniría a mí en una aventura?
―¿Yo?
―Como lo ha oído ―extendió sus manos a él―. Nunca lo he intentado pero sé que puede hacerse.
―¿Me dará un cuerpo físico? ―incrédulo continuó.
―Le ayudaré a que usted cree uno ―le corrigió―. Usted es un dios creador como yo, puede hacerlo ―continuó con las manos extendidas―. Aunque la verdadera pregunta aquí es ¿quiere usted hacerlo?
Jeräel tomó las manos de ella.
―Esto es una locura… ―dijo cuando ella comenzó sonrió más emocionada.
―¿Y por eso está sonriendo?
―Sonrío porque su sonrisa es contagiosa, Erzaëlí ―aclaró mientras ella reía al escucharlo.
―¿Listo? ―él asintió―. Repita lo que me escuche decir, luego imagine la creación de sus herramientas pero pensando en los componentes que le voy a explicar, lo demás déjemelo a mí.
―Entendido.
Erzaëlí comenzó a explicarle.
…El herrero nunca soltó la mano de la Vaire…
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] J & E [
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Probada la aventura no fue difícil adquirirle el gusto.
Los viajes al mundo humano cada vez eran más seguidos, Crawfördus continuaba viajando consiguiendo las cosas cada vez más extrañas que le pedía el dios herrero y los dos jóvenes dioses aprovechaban cada lapso de tiempo entre sus idas y venidas.
―Listo ―la luz dejó la figura de Jeräel y enseguida su cuerpo físico se hizo presente―. Se ha vuelto usted todo un experto, mi Señor ―felicitó la Vaire.
―Alabe pues a mi maestra ―dijo él tomando la mano de ella y llevándosela a los labios, el toque, aunque similar, se sentía más íntimo cuando usaban esos cuerpos, tal vez fuese eso a lo cual Erzaëlí había llamado calor humano.
―Basta de halagos ―le detuvo ella con un sonrojo―. Hora de conseguir la ropa ―si bien la ropa de ellos también se materializaba no era la apropiada para mezclarse entre los humanos.
―Iré yo ―se ofreció él de inmediato con dos objetivos en mente, la casa de campo de una linda familia les ofrecía una gran selección de ropa y él quería conseguirle a ella un vestido verde en particular porque sabía que contrastaría maravillosamente con el escarlata del cabello de la diosa.
―Vaya, solo tenga cuidado con las gallinas ―se rió ella al recordar que una vez Jeräel había sido perseguido por una horda de esos pájaros al intentar devolver los ropajes que se habían llevado.
―Gracias por el recordatorio, mi Señora ―le dijo él con la cara roja, nunca creyó poder asustarse por esos animalillos que parecían tan indefensos.
―No puede pedirme que no me preocupe ―continuó divertida―. Recuerdo como halaron de su larga cabellera hasta casi arrastrarle, si no hubiese dejado su forma física habría sido dañado severamente.
―¿Está siendo cruel conmigo a propósito porque aquella dama me ofreció pastel de fresas y a usted no?
―Por supuesto que no ―infló las mejillas.
―Eso me parece.
―No podría estar molesta con usted, incluso me permitió a mi comerlo ―y así había sido, sin embargo Erzaëlí no lo pudo disfrutar realmente, aunque no supo por qué, cuando se preguntaba por las razones de su desazón la imagen de Jeräel sonriéndole apenado a esa hermosa y amable dama la hacía pensar que el pastel no había valido la pena.
―¿Jura que no está molesta conmigo por eso? ―se acercó a ella y la observó con cuidado.
―Lo juro ―por supuesto que no estaba molesta con él, de hecho no sabía si era molestia lo que sentía, por alguna razón en el cuerpo humano su mente se volvía más confusa con sus sentires, eso le molestaba y a la vez le hacía admirarse de los humanos que podían lidiar con eso.
―¿Lo dice con sinceridad?
―Lo digo con sinceridad ―Erzaëlí soltó un suspiro y tomó las manos de él―. No podría mentirle a usted ¿Puede creerme? ―elevó las manos de él a su rostro y besó sus nudillos, la acción fue automática, tal vez fuese porque había sido la receptora de tantas acciones como esa de parte del dios Eluchil que inconscientemente lo había hecho―. Oh, yo… ―le miró apenada para disculparse pero él la sorprendió rodeándola con sus brazos y apegándola a su cuerpo.
Erzaëlí nunca se había sentido tan segura en su vida.
―Creo en usted más que en mí… ―susurró él contra su cabello antes de soltarla e ir a por la ropa para la aventura de ese día.
¿Por qué él había hecho eso?
No lo sabía.
…Pero a ella no le había molestado…
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La puerta de la sexta bóveda celeste se abrió.
Jeräel no tuvo que dejar su labor para saber que había sido Crawfördus quien entrase al recinto, Erzaëlí no necesitaba una puerta para hacerlo.
―Mi señor ―Crawfördus intentó sonar tan adulador como siempre pero cada vez que hablaba con el Eluchil y este le mandaba a conseguir algo nuevo para la aguja no podía evitar sentir fastidio―. ¿Me ha mandado a llamar su excelencia? ―se aguantó el desagrado que sentía al saberse a disposición del herrero.
―Gracias por acudir con tal prontitud a mi llamado ―le dijo el herrero sin dejar de observar la fragua ya casi lista.
―Faltaría más, mi Señor. Es a vos a quien agradezco su trabajo para con mi pedido.
―No os hace falta, Crawfördus, es un placer para mí ayudar a vuestra talentosa sobrina a recuperar su herramienta.
―Sin duda ella os agradece tales palabras, recién la he ido a ver y me ha dicho que deseaba hablar con vos, por si podía seros de ayuda ―el dios herrero se volteó ante esas palabras y aunque trató de disimularlo Crawfördus vio el interés en sus ojos.
Sus puños se cerraron con violencia tras su espalda.
―Por el momento no veo manera de que pueda ser de ayuda ―la respuesta desinteresada del Eluchil confundió a Crawfördus y lo hizo pensar que imaginó lo que había visto en el herrero―. Sería una impertinencia de mi parte perturbar la paz de vuestra sobrina con cosas innecesarias. Aparte, prefiero la soledad al trabajar.
Crawfördus por fin sonrió.
―Sois un dios sabio sin duda. Nada es mejor para la perfección que la soledad y el buen trabajo.
―Que no le quepa a vuestra esencia ninguna duda sobre eso ―aceptó Jeräel .
―¿Entonces puedo decirle a mi sobrina que es innecesaria otra reunión con vuestra excelencia?
―Decidle que me honra con su interés, pero prefiero estar trabajando en su pedido. Sin duda si requiero interrogaros sobre algo de la aguja seréis vos, mi Señor, quien escuche mi solicitud para entrevistarme con ella en presencia de ambos como debería de ser, de obvia manera.
Crawfördus asintió maravillado.
Por un momento en su mente había cruzado la idea de que ese dios pudiese interesarse en su sobrina pero no era el caso, ni siquiera quería verla.
Y estaba bien así.
La hermosa Erzaëlí era suya.
Solo suya.
―Y ahora que mencionáis de trabajos, asumo que me ha llamado necesitado de alguna nueva cosa ―Jeräel asintió y volviendo a su faena le habló sobre su nuevo pedido.
Más contento que cuando entró, Crawfördus salió a cumplir con su deber.
La aguja pronto estaría lista.
Eso era lo único que pasaba por su mente.
No tenía ni idea de lo que crecía entre el Eluchil y la Vaire.
…Al menos no aún…
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Acostados en una pequeña loma la luna y las estrellas los observaban.
Para Jeräel el observar como de diminutas se veían las estrellas desde el mundo humano era maravilloso, nunca en su vida había imaginado que estas podían crear patrones y había estudiado entusiasmado cada uno de ellos en cuanto un hombre que conoció le cedió encantado un volumen de un libro que representaba cada patrón con nombre.
―¿Y ese de ahí? ―le señaló Erzaëlí a su lado.
―Esas son las pléyades. ¿No son hermosas?
―Usted ve todas las estrellas hermosas ―rió ella.
―¿Por qué cada vez que digo que algo es hermoso usted se ríe? ―inquirió sin dejar de ver el cielo.
―Hay varias razones sobre ello.
―Quisiese saberlas ―susurró pero Erzaëlí igual escuchó.
―No me sorprende, usted siempre quiere saber.
―¿No cree usted que en eso nos parecemos?
―¡Ala! ―dijo ella elevando los brazos como celebrando algo―. Ha dado con parte de esas razones.
―¿El que nos parezcamos es una de las razones?
―Así es ―soltó un suspiro―. Nunca pensé encontrar a alguien que pudiese maravillarse tanto con este mundo.
―No veo razones para no hacerlo. ¿Quién no se maravillaría?
―La mayoría de los dioses de este lado del rio de estrellas ven en los humanos y su mundo como seres de inferioridad e inmundicia, por eso ninguno desciende aquí y mi Tío lo prohíbe ―soltó otro suspiro, desde que Jeräel le acompañaba en sus escapadas ya no se sentía mal por ellas.
―No me imagino porque pensarían tal cosa.
―Son dioses arrogantes ―Erzaëlí frunció el ceño―. Solo ven belleza en las cosas ostentosas. Piensan igual de las otras criaturas menores, incluso de los Lyranos y los Andromedanos ¡Y eso que están solo dos niveles por debajo de ellos! ―negó con la cabeza―. A veces odiaba verlos usar mis creaciones, pero mi Tío es muy generoso y les obsequia con ellas.
―¿Les obsequia? Juraría que su he visto a su Tío intercambiar sus creaciones por placeres propios.
Erzaëlí no respondió por un rato.
―¿Puedo preguntarle algo, Jeräel ? ―dijo luego de un rato.
―Lo que usted desee, Erzaëlí ―respondió sin duda alguna.
―¿Por qué odia a mi Tío?
Jeräel tuvo que dejar de ver al cielo luego de escucharla.
―¿Odiar a su Tío?
―¿No se ha dado cuenta? ―le dijo ella volteando a verlo―. Siempre que habla de él lo hace con cinismo, y su voz es casi cruel. ¿Él le ha ofendido en algo?
Jeräel iba a negarlo pero decidió continuar siendo sincero con ella.
―Desde que conocí a su Tío solo he visto egoísmo, vanidad y avaricia en él, da sus creaciones con tal ligereza que aún antes de tener el honor de conocerla me resultaba odioso la manera en que lo hacía, y luego está el asunto de su libertad.
―¿Mi libertad? ―ella le miró sorprendida.
―Su Tío la tiene en cautiverio.
Ella se sentó de pronto.
―¡No estoy en un cautiverio!
―¿No?
―¡Por supuesto que no!
―¿Entonces por qué se escapa cada vez que puede? ¿Por qué entra a escondidas a mi bóveda? ¿Por qué me pide que me muestre indiferente a usted ante él?
―¡Porque no deseo preocuparlo! ¡Podría desaparecer así como mi madre! ¡Él quedó devastado luego de lo de mi madre y vive con miedo de perderme!
―Esa ha sido lo que él ha usado para mantenerla prisionera. La manipula.
―¡Usted no sabe de lo que habla!
―Claro que lo sé, Erzaëlí ―Jeräel también se levantó―. Crawfördus le coacciona usando a su madre como excusa, él… ―el herrero trató de calmarse al verla alterada―. No deseo ponerla en contra de su Tío, mi único deseo es que usted sea tan libre como finge serlo cuando está en este mundo.
―¡YO NO FINJO SER LIBRE! ¡YO LO SOY! ―su cuerpo humano dejó brotar lágrimas y Jeräel sintió dolor en su pecho.
―Erzaëlí… ―se acercó a ella y limpió sus lágrimas con gentileza infinita―. Le aprecio demasiado como para permitirle que se siga mintiendo de esa manera. Por favor, escúcheme… ―ella negó varias veces pero Jeräel no desistió―. ¿Acaso no confía en mí?
Ella derramó más lágrimas pero asintió y se lanzó en sus brazos.
―Confío más en usted que en mí ―sollozó contra su pecho―. Es por eso que… ―los brazos de Jeräel la rodearon y ella dejó salir sus miedos más profundos―, quiero escapar… No quiero seguir siendo solo una tejedora… amo a mi Tío pero yo… yo quiero ser libre… quiero conocer otros mundos, quiero conocer lo que tus has visto, Jeräel… ¿Soy egoísta por pensar de esa manera?
―No, no lo eres… ―susurró contra su oído―. Yo también deseo lo mismo ―el dios Eluchil enredó sus dedos en el cabello escarlata de la Vaire para calmarla―. Yo también pensaba que era libre, antes de venir aquí nunca había visto más que mi fragua, las estrellas cercanas y mis pedidos, pero ahora… gracias a ti… Erzaëlí…
Erzaëlí rompió a reír y él se congeló ahí.
―Somos más parecidos de lo que creí… ―dijo ella entre lágrimas y risa y el dios Eluchil suspiró aliviado y rompió a reír con ella.
Ya no cabía duda en lo que sentía por ella.
…Era eso, ese sentimiento al que incluso los humanos llamaban amor…
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¿Reviews?
Gracias por tomarse un momentito para comentar sobre la historia.
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Disclaimer II: Basada levemente en la "Leyenda Del Tanabata"
Aclaraciones:
Dagnir: (Élfico) La daga se llamaría Daga de la ruina y/o asesinato.
Vaire: (Élfico) Tejedora.
Eluchil: (Élfico) Herrero.
Erzaëlíëlí: Erzaëlí.
Jeräel : Jeräel .
Ulteäry: Ulteäry.
Kyoukáely: Kyouka.
Crawfördus: Crawfördus.
Andromedanos: Se les llama así a una especulada especie humana superior que existe cerca de la galaxia de Andrómeda.
Lyranos: Se les llama así a una especulada especie humana superior que existe cerca de las estrellas de Vega y el conjunto de las Pléyades.
Agradecimientos:
Gracias por el review. QwQ
AAA Mit-Su-KI
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Espero les haya gustado.
Gracias por comentar
¡Adieu!
.o./
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