-Tengo algo para ti- dijo con una gran sonrisa-

Ella frunce el ceño, confundida.

-¿Que?-

Él busca dentro de su bolsillo y saca una caja plateada.

-Es un regalo de cumpleaños retrasado. No fui capaz de conseguirlo hasta ahora. Además, no te lo di antes porque nos conocimos cuando tu cumpleaños ya había pasado y...- Su voz se va apagando torpemente.

Ella lo toma suavemente.

-Esto no era necesario-

-Pero yo quise darte un regalo-

Se veía muy emocionado, con los ojos puestos en la caja, animándola a abrirla.

-Al menos debiste habérmelo dicho, yo no he traído nada para ti-

-No quiero que me des nada, y no te lo dije para que fuera una sorpresa-

-Pero…-

-¡Vamos, ábrelo! - le anima, riendo.

-Esta bien, esta bien- acepta-

Levanta la tapa.

-Oh, Dios…-

-¿Te gusta?- Parece estar a punto de brincar sobre sus pies, sonriendo con alegría. Un destello de triunfo brillando en los ojos- Es de plata maciza- dice con orgullo- Debe encajarte perfectamente, tomé las medidas de tu pulsera, que se calló cuando nos tropezamos ese día en el mercado y que olvidaste. -

La pulsera fue un buen pretexto para buscarla y volverla a ver, con la excusa de devolvérsela.

Ella continua con la vista fija en el brazalete y no ha dicho nada por varios minutos. El hermoso brazalete yace allí, brillando con la luz del sol, y estando sobre el terciopelo negro hace que se vea aun mejor. Está compuesta por remolinos y lazos intrincados.

-¿Cómo has pagado esto?- pregunta en un susurro conmocionado.

-¿Eso importa?-

-¡Si!-

Él duda, su resplandor se desvanece y baja la vista.

-He estado ahorrando, tuve varios trabajos extras… Al principio solo era para dinero adicional, ya sabes, para el hogar. Pero luego pensé en ti y… Es por eso que no te he visitado últimamente, quería…

-Tenemos que regresar esto inmediatamente y hacer que te devuelvan tu dinero- dice ella rápidamente.

-No podemos- dice, su voz flaquea-

-¿Por qué?-

Él se acerca a ella y gira el brazalete, mostrando el interior.

"Evangeline, te amaré por siempre. C."

Se queda mirando el gravado. Un largo silencio invade el lugar, que solo es interrumpido por él canto de una bandada de pájaros que pasó por allí.

-Tal vez no debería ser tan holgada, así no podrían ver el grabado- dice él en voz baja- Bueno, si eso te molesta, puedes tenerla escondida en casa. Como un… amuleto de buena suerte o algo así… solo si tu quieres…- su voz se desvanece en silencio otra vez.

Ella aun no dice nada.

-Probablemente esta no fue una buena idea- empieza a decir rápidamente y tropezándose con sus propias palabras. - Es… probable que no lo hubieras escogido para ti. Debí haber dejado que tu eligieras, o darte algo mas útil como… como…-

Ella levanta la mirada del brazalete hacia él, las mejillas de él se ven sonrojadas.

-Realmente no importa, no tienes que usarlo si no quieres. Tu simplemente puedes tenerlo escondido en casa… por el gravado…- sonríe de manera vacilante.

Ella se lanzó a sus brazos en ese momento, interrumpiéndolo.

-No, no, es perfecto. El regalo mas hermoso que me hayan dado. Y el gravado… siempre lo usaré y tendré conmigo. Gracias-

Él suspiró con alivio.

Después de unas cuantas palabras mas, él le ayudó a ponerse la pulsera. La plata vivió a brillar con algunos rayos de sol que le enfocaron.

Se sentaron al pie del árbol, acurrucados uno junto al otro, viendo las nubes pasar.

-Vendrás esta noche, ¿cierto?- pregunta ella.

Los labios de él besan su cuello, eso le produce cosquillas y ríe.

-No, lo siento. Hoy voy a…-

-Ya se a donde vas a ir- corta ella, alejándose visiblemente de él, cruzando los brazos. Él intenta acercársele pero ella lo aleja.

-¿Estas molesta?-le preguntó

-No- dijo, pero su ceño estaba fruncido y no lo miraba-

-¿Entonces porque estas actuando como si lo estuvieras?-

Ella no respondió, simplemente se limito a darle la espalda completamente y apoyar la cabeza en el árbol. Él intento acercarse nuevamente a ella, esta vez lo dejó, pero no se giró ni relajó su postura enojada.

-Se que te prometí que iría hoy, pero…-

-No es necesario que me des explicaciones, ya se a donde vas a ir- interrumpió ella.

-Y sabes también que si por mi fuera escogería ir a verte y estar contigo- continuó

-Si, ya se. Esto es por tu padre, no quieres defraudarlo.- suspiró.

-¿Entonces porque…?-

-No estoy molesta, estoy asustada- dijo, girándose y haciéndole frente.

-¿Asustada?- inquirió.

-Si, asustada. Tengo miedo a que un día no regreses y no volver a verte más, que te pueda pasar algo. Cada noche que tu sales de cacería yo no puedo dormir, preguntándome si estas bien, si tal vez te han herido o peor, si estas... - ella no pudo continuar, su voz se rompió y un entrecortado sollozo salió de su garganta.

Él la atrajo hacia si y la rodeo con los brazos, tratando de consolarla, a la vez que le prometía que eso no iba a pasar. Una promesa que, ni él mismo estaba seguro si iba a poder cumplir, pero lo intentaría por ella.

Finalmente ella se calmó y dejó de llorar. Se convenció a si misma que él tenia razón y creyó en sus palabras, que él iba a estar bien, que él regresaría, que siempre estarían juntos.

-¿Evangeline?- le preguntó de pronto el joven, dejando de trazar las figuras en la espalada de ella. La chica levanto su cabeza que descansaba en su cuello y lo miró, curiosa.

-¿Qué… que hicieras si yo… fuera convertido?- le preguntó, casi en un susurro-

Ella lo miró, sorprendida por su repentina y extraña pregunta, sobre todo porque hace un rato le había asegurado que nada de eso sucedería.

-Llorar, entrar en depresión, pensar que nunca más te volvería a ver, asustarme, y por ultimo olvidarte- dijo

Él , al escuchar eso, bajó la vista. Sabía que ella tenia razón en pensar eso, ¿Quién no lo haría? Pero, a pesar de eso, su corazón se rompió ante su rechazo.

Ella levantó una mano y acarició su rostro con la yema de los dedos.

-Si, eso haría una persona normal- concluyó- Pero recuerda que yo no soy una persona normal. -

Él levantó abruptamente la cabeza, ella sonreía, sus ojos estaban un vidriosos debido a las lagrimas.

-Pero se supone que eso es lo que deberías hacer-

-Debería, si, pero no. - negó-

-¿Qué harías, entonces?- le pregunto, temiendo a lo que pueda responder, pensando en sus posibles respuestas. ¿Sería capas ella de suicidarse…?

-Vería la forma de … ser como tu, por supuesto-

Eso, definitivamente, no lo esperó

-¡¿Qué?! ¡No! ¡Tu no….!- gritó con horror, no podía ni imaginárselo. Nunca, no. La tierna e inocente Evangeline, convertida en un….

-Haría lo que sea para permanecer a tu lado- dijo ella, interrumpiéndolo.

-¿Aunque eso signifique….?-

-Lo que sea- repitió ella- Cualquier cosa para estar contigo-

Él negó con la cabeza.

-¿Tu familia?¿Tus amigos?¿Has pensado en ellos?-

-No me importa. Me conformaría con saber que ellos están bien, con pensar que están bien.-

Sabía que aquello que ella le estaba diciendo estaba mal, ella no podía sacrificarse de esa manera, no por él. Pero, a pesar de eso, no pudo evitar que su corazón se llenase de alegría al saber que ella lo amaba tanto para querer hacer eso. Para hacer lo que él mismo haría si se tratase del caso contrario. Él también haría cualquier cosa para estar cerca de ella. Pero, por lo mismo, no podía dejar que ella hiciese eso, la amaba demasiado para permitir que ella se transformase en esa cosa tan horrible.

-Sería un monstruo- susurró él- Y tu también lo serias-

-No, no lo seríamos. No si no queremos serlo- contradijo fervientemente.

-Claro que lo seríamos, mataríamos gente y…-

-No necesariamente- volvió a negar-

-Evangeline, no tendríamos otra opción-

-Siempre hay una salida- dijo ella, muy segura de sus palabras- Siempre la hay-

-¿Y cual seria esa?- le preguntó

No dijo nada.

-No lo sé- susurró finalmente, después de un largo silencio- Lo único que se es que siempre hay una opción, una solución. Siempre se puede ir por el camino del bien si tu realmente quieres, si realmente, realmente, quieres ser bueno, puedes. No es lo que eres, sino como eres. Si quieres ser bueno, puedes serlo. Si, por el contario, quieres ser malo, lo serás. Es elección tuya-

-Pues parece que, con respecto a esto, no existe ninguna solución. Todos se vuelven seres horribles-

-Eso es porque no se esforzaron lo suficiente. Porque simplemente prefirieron pensar que ellos no lo habían escogido, y se perdieron por el camino, se perdieron a si mismos.- dijo ella- En cambio- continuó- En cambio, nosotros, tu y yo, podemos marcar la diferencia, demostrar que no es necesario convertirnos en unos asesinos, salir adelante de alguna manera.- ella bajó la cabeza hasta quedar en frente de él- Juntos…- empezó.

Él no dijo nada, solo se limitó a mirarla en silencio.

-…Somos fuertes- susurró finalmente.

-Y nada…-

Ella le sonrió, animándolo a continuar.

-Podrá pararnos- concluyó.

-Exactamente- sonrió aun mas- ¿Ves? Todo es posible-

-Siempre que estemos juntos- acordó él.

-Y aunque no lo estemos…-

-¡¿Qué?!- exclamo, repentinamente horrorizado por la insinuación-

-Solo es una suposición- le tranquilizó rápidamente ella- Si, por algún caso, no estamos…

-¿Qué estas tratando de decirme?-

-Déjame terminar. Si, por algún caso, no podemos estar juntos, o yo no estoy allí para decírtelo, recuerda: Siempre, pase lo que pase, hay una salida, una solución. A todo.-

-Pero… tu… siempre…-

-Siempre estaré contigo- acordó rápidamente-

Haré hasta lo imposible para estarlo, pensó ella.

Agarró un puñado de su camisa y lo empujó hacia ella. Presionó sus labios con los suyos, tratando de decirle sin palabras, lo que sentía. Sellando su promesa. Pronto, los labios de él empezaron a moverse en sincronía con los de ella, sus brazos se movieron por su cintura apretándola incluso más.

-Te amo-dijo, soltando su camisa, y apoyándose de nuevo en su pecho.

Él besó su cabeza

-Yo también te amo-

-Siempre- susurraron los dos al mismo tiempo.

-Y ya basta de hacer trágicas suposiciones- sonrió abiertamente, limpiándose las lagrimas no derramadas con el dorso de la mano- ¿Por qué no damos un paseo por allí? Aun tengo dos horas libres, antes de que mis padres vayan a buscarme a la casa de Vivienne-

Él rió.

-¿Aun sigues escudándote con Vivienne?-

-Claro- dijo, como si fuera lo mas obvio- Somos mejores amigas. Además, yo también la cubro a ella cuando sale con Santiago-

Él alzó la vista y la miró, con los ojos muy abiertos.

-Noo…-

-Sii- asintió.

-No-

-Si-

-¡No!-

-¡Si!-

-¡¿En serio?!- preguntó-

-¡Si, en serio!- volvió decir, riendo.

-¡Pero si ellos se peleaban como perros y gatos cuando se veían!-

-¡Lo se, a mi también me sorprendió!-

-Tienes que contarme toda la historia- exigió él-

-Claro que lo haré, no tengo a quien mas contarle el chisme y esto de verdad me está carcomiendo-

Él se levantó y le tendió una mano para ayudarla a ella.

-Bien, todo comenzó cuando, en una de sus discusiones por nada….

Me desperté con la tenue luz, y digo tenue porque como es de suponer, aquí en Forks el sol es todo una rareza. Pestañeo un poco, pero al final mantengo los ojos cerrados. Me sentía muy confusa, otra vez había tenido uno de esos sueños que no podía recordar y que me dejaban agotada mentalmente. Hace un tiempo que los tenía, y también había desistido a tratar de recordarlos.

Levanto la cabeza y abro un poco los ojos para ver la hora, luego, vuelvo a dejar caer la cabeza en la almohada.

-Bueno, supongo que eso responde a mi pregunta.- La profunda voz aterciopelada me asusta. Salto, agarrando mi almohada como si fuera a usarla como un arma.

Edward está ahí, sentado en el sillón de la esquina y que yo usaba para leer.

-¿Qué pregunta?- Le pregunto, sin aliento.

-Que eres tan hermosa en la mañana como lo eres durante el resto del día.-

-Oh- digo estúpidamente, empujando la maraña de pelo lejos de mis hombros, segura de que no luzco nada bien ahora. No es que me esfuerce por mi apariencia durante el día, pero aún así...¿quién luce bien recién salido de la cama?

¡Oh, ya sé! Nadie.

Pero eso dejó de importarme cuando caí en la cuenta de algo.

-¡Edward, te has quedado! - me regocijé y crucé con un rayo el dormitorio para arrojarme a su regazo.

-Por supuesto - contestó, complacido de mi reacción. Me dio frotó la espalda con las manos. Recosté con cuidado la cabeza sobre su hombro, inspirando el olor de su piel. Sonreí.

-¡Te has ido! - le acusé mientras tocaba el cuello de su camiseta nueva.

-Difícilmente podía salir con las ropas que entré. ¿Qué pensarían los vecinos?-

-Cierto- coincidí.

Sonreí otra vez.

Esto de verdad estaba pasando. Todo lo que pasó de ayer no fue un hermoso sueño. Era de verdad.

Estaba demasiado cansada, casi me había quedado dormida en el auto de regreso a mi casa. Mis piernas apenas se movían y Edward estaba soportando casi todo mi peso. Sentí mis piernas rendirse, pero antes de que me golpeara con las escaleras, estaba en los brazos de Edward. Trate de abrir los ojos, para poder mirarlo. Pero no podía, mis ojos no respondían. Suspire contenta, estaría feliz si no me tenía que mover de esta posición nunca más. Voltee mi cabeza para apoyarla en su pecho, respirando su aroma. Su esencia era increíble. Por fin pude hacer lo que quise hacer ese día cuando me desmayé en biología y él me cargó por primera vez.

Sentí el viento chocar contra nosotros mientras Edward corría el resto de las escaleras.

Edward tuvo que bajarme cuando llegamos a mi habitación, aun somnolienta me las arreglé para coger mi pijama y ponérmela en el baño.

En cuanto abrí la puerta, a penas di un paso antes de que me tropezara no se con que. Pero no me llegué a caer, porque de nuevo Edward me estaba cargando. Y de repente estaba acostada en algo suave y grande, mi cabeza apoyada en algo blando. Adivine que se trataba de mi cama y mi almohada. Edward soltó sus brazos de mí alrededor, tratando de alejarse. Pero agarre su camisa, y no lo deje hacerlo.

Lo escuche suspirar, y luego acostarse a mi lado. Deje ir su camisa, pero tenía que estar segura de que no se iba a ir.

Rodé y casi me subo arriba de él, apoye mi cabeza en el medio de su pecho, y mi brazo abrazó su pecho y la otra encima de la almohada. Suspire feliz.

-Duerme mi amor, yo velaré tus sueños- Edward me arropó y me acarició el pelo. Sentí sus labios en mi mejilla. Siguió acariciando mi cabello y dejando besitos en mi rostro durante bastante tiempo, para luego tararear esa hermosa melodía que había compuesto para mi.

Amor. Estaba enamorada. Enamorada de un vampiro. No, estaba enamorada de un ángel. Mi ángel. Estaba enamorada de Edward.

Suspiré feliz ante el recuerdo, aunque estaba un poco avergonzada, seguro me habré visto como una borracha cayéndose, a las ultimas.

-¿Bella?- me llamó Edward, aun trazando figuras en mi espalda.

-¿Hum?- musité, aun sonriendo contra su cuello.

-Tenemos que irnos- dijo pesadamente- Hoy es lunes y tenemos escuela-

Maldije internamente en cuando pronunció esas palabras. Él tenía razón, era lunes. Por lo tanto teníamos que ir al instituto.

-Quizás podamos tomarnos el día libre- sugirió.

¡Ja! Si, claro.

-¿Para que Jessica Stanley piense que nos fuimos quien sabe donde y que esparza el cotilleo por toda la escuela? No gracias- me levanté de un salto. Me dieron ganas de regresar inmediatamente a sus brazos. - ¿Me das unos minutos?- le pregunté-

-Claro- también se levantó- Te espero abajo-

Ce acercó a mi para darme un beso en la frente antes de salir de mi habitación.

Estábamos ya de camino al instituto, cuando algo hiso que mis pensamientos llenos de felicidad se esfumaran.

Hoy iríamos al instituto. Juntos. Los demás se darían cuenta de que…

-No tenemos que decírselo a la gente- dije cuando estábamos a punto de llegar- Podemos mantenerlo en secreto-

-Pero yo no quiero mantenerlo en secreto- dijo Edward- Al contrario, quiero que todo el mundo sepa que estamos juntos, y que eres mía-

Yo suspiré, ya podía imaginar lo que dirían.

El camino fue muy corto, viendo que Edward manejaba como loco. Entramos en el estacionamiento y nos quedamos sentados por unos momentos.

-No será tan malo-

Rodee los ojos y respire profundamente.

-Jessica va a odiarme, pensará que no le quise contar la verdad-

-Lo superará- replico, sonriendo ligeramente. -Vamos.-

Estuvo fuera del auto en un segundo y después estaba abriendo mi puerta. Salí del auto y él envolvió un brazo en mi cintura. El estacionamiento todavía no estaba lleno, así que nadie nos vio.

Bien, eso me daba más tiempo para prepararme.

Pero, como siempre, la suerte no estaba de mi lado. Un momento después, el auto de Mike se estaciono a un lado del volvo. Me encogí, temerosa de lo que estaba por venir.

Bien Bella, deja de comportarte como una tonta. No tienes que ponerte nerviosa.

Mike saltó fuera y se giro, viéndome. Y por supuesto, viendo también a Edward.

-Um… hola Bella- dijo, caminando hacia nosotros - Edward.-

-Hola Mike- dije. Edward solo asintió secamente.

-Bueno… um… te veo después.- dijo cuando un silencio incomodo nos invadió.

-Si, adiós- le dije.

Él asintió antes de darse media vuelta e irse, pero sin antes murmurar muy bajito para si mismo :

"-Gracias Cullen, por sacar del mercado a la chica más hermosa de toda la ciudad- "

Apreté los dientes y luche para mantener una expresión neutral. O sea, para no lanzármele encima.

¿Mercando?¿Sacarme del mercado? ¿Que piensa que soy?¿Una camiseta?

-Sus pensamientos son mucho peores.-me dijo con un suspiro.

Ya me imagino.

-No quiero saber- murmure bajando la vista. Por el bien del propio Mike, no debía saberlo.

Él acarició mi mejilla con su pulgar, tranquilizándome.

-Ignóralo, amor. Solo esta celoso de mí, no te odia-

-Me da igual si me odia- dije- ¿Por qué no solo puede seguir con su vida y dejarnos en paz? Golden retriever entrometido- musité-

-¿Goden retriever?- inquirió Edward, arqueando una ceja.

-Ehh… si, bueno, ese es el apodo que le puse…-

Él se rió y comenzamos a caminar hacia las puertas principales. Unas cuantas personas se detenían y nos miraban, sus ojos grandes por nuestra cercana proximidad. Edward y yo habíamos llegado juntos a la escuela antes, pero los estudiantes seguro asumieron que solo éramos amigos. Parecía que nuestra nueva forma de caminar los hacia reconsiderar la situación. Sentí mi rostro caliente y bajé la mirada. Su brazo se apretó en mi cintura un poco más.

-¿Qué piensan?- le pregunté.

En momentos como estos deseaba volver a tener mis poderes telepáticos de cazadora. Lastimosamente nunca regresarían.

-Están confundidos- murmuró en mi oído.-No saben que pensar. Parece que nadie quiere creer que yo podría elegirte.- Su voz sonaba enojada.

-Bueno, yo tampoco lo creo- suspiré.- Si olvidamos el hecho de que tengo fuerza y rapidez sobrenatural, soy absolutamente normal e igual que las otras chicas-

-No eres como las otras chicas. Eres especial- dijo- Si fueras como las otras chicas…- él se ríe irónicamente - Si fueras como las otras chicas yo ni siquiera estaría aquí-

Un calor se arrastra lentamente sobre mis mejillas. Me alegra su confesión. Me alegro de ser tan única para él como él lo es para mí.

Entonces sentí sus labios en mi cabeza. Las tres personas que estaban frente a nosotros se unieron a los otros para mirar.

Bien, si tenían sus dudas, con esto ya lo confirmaron.

Edward me acompaña hasta la puerta del salón de historia donde tengo mi primera clase.

-Supongo que te veré luego- dije, no pude evitar sentirme triste por la separación.

-Vendré para acompañarte a tu siguiente clase- dijo él.

Asentí antes de ponerme de puntillas para darle un beso rápido. Él rodeó mi cintura con los dos brazos y sonrió.

Alguien carraspeó la garganta.

Cuando nos giramos, vimos al profesor de historia mirándonos con el ceño fruncido. Me preparé para algún tipo de regaño, pero en su lugar, el profe niega con la cabeza y sonríe.

-La clase empieza en cinco minutos- fue lo único que dijo antes de entrar.

Me despedí rápidamente de Edward y entré aun sonrojada al salón.

La clase transcurrió tranquila. Me sorprendió mucho no ver a Lauren sentada allí. Ashley, una chica de mi clase, me dijo que había pedido la primera hora para ir al hospital, solo para hacerse un pequeño chequeo de rutina, no estaba enferma de ni nada.

Bien, una menos, pensé.

Pero aun quedaba Jessica.

Justo como prometió, Edward estaba allí parado esperando por mi cuando la clase finalizó.

Otra vez todos nos miraban cuando caminamos juntos por el pasillo hacia mi próxima clase.

¿Y adivinen que clase?

Si, trigonometría.

¿Y quien estaba en la clase de trigonometría?

Jessica.

-Te veré en el siguiente periodo, Bella- dijo, y después se inclino para presionar sus labios en la punta de mi nariz.

-Adiós-

Él se giro, alejándose.

Me dieron ganas de ir corriendo tras él.

Jessica, igual que la otra vez, estaba prácticamente botando en su asiento, retorciéndose las manos con impaciencia.

Hiso una seña con su mano para que me apresurara en acercarme a ella.

Rodee los ojos y suspiré. Esta clase iba a ser realmente larga.

-Así que, ¿están juntos ahora?- preguntó en cuando me senté, y parecía un poco vacilante de saber la respuesta.

-Si- conteste, asintiendo.

-Eso es realmente asombroso- De hecho parecía como si lo pensará de verdad, sin embargo no podía estar segura hasta que le preguntará a Edward después. Tal vez estaba contenta porque tenía ya asegurado a Mike.

-Supongo que ya pasaron la etapa del primer beso-comentó-

-Si- dije.

-¿Cuándo?-

-Ayer-

Ella asintió para si misma.

-Esto es tan genial- exclamó.-Estas saliendo con Edward Cullen.-

Lo dijo como si estuviese saliendo con una estrella de cine.

Las personas frente a nosotros se giraron en sus asientos.

-¿Quién?-preguntó una chica de la carpeta de adelante, con las cejas levantadas.

-Bella- dijo Jessica sonriendo. - Bella esta saliendo con él.-

Todos, cuando digo todos me refiero a los que no nos habían visto juntos a Edward y a mi, parecían sorprendidos, como si de pronto hubiese dicho que me voy a teñir el pelo de verde.

-Ahora, cuéntamelo todo. ¿Quién besó a quien?- continuó Jessica, retomando el interrogatorio.

-Él me besó- dije, poniéndome rosa.

-¿Dónde?-

-En el prado al que me llevo.-

-¿Te ha dicho que te ama?-

-Si- conteste, y no pude evitar sonreír.

-¿Y se lo has dicho tú?- sonaba algo nerviosa y asustada.

-Por supuesto.- también sonreí-

-¿Han tenido sexo?-

Mis ojos se agrandaron y casi me ahogo y empiezo toser descontroladamente.

-¡No, claro que no!- me apresuré a decir.

Sentí mis mejillas sonrojarse furiosamente. ¿Pero que…?¿Como…? ¡¿No le estaba diciendo acaso que recién ayer nos habíamos besado?! ¡¿esta loca?! ¿Cómo era eso posible? Bueno, hay gente que si pero… ¡Yo no soy esa clase de persona!

-¿Por qué tan a la defensiva, Bella?- me preguntó, mirándome entrecerrando los ojos con expresión especulativa-

Dios. Trágame tierra.

-Es que… no de la forma que piensas- dije rápidamente. - Aun no estamos listos para…mmm… ir tan lejos.-

Sinceramente, la idea de... bueno, hacer eso no había llegado a mi mente hasta ahora. ¿Será porque nunca me ha interesado alguien? ¡Ni siquiera me habían dado la charla! No es que la necesitase o quisiera que me la den. Yo ya sabía , lo básico al menos. Agradezco de todo corazón que mi madre no me haya hecho pasar por ese momento tan vergonzoso. Supongo que ella asumió que, como la chica madura y responsable que era, ya sabía sobre ese tema. Y estaba en lo cierto. Además, yo no necesitaba que me la den. En ese tiempo pensaba que nunca iba a tener un novio, y tampoco soy ese tipo de personas que tienen aventuras de una sola noche. Nunca iba a casarme ni tener hijos. ¿Para que entonces? Tener "la charla" no me iba a servir de nada.

Y ahora, bueno, creo que tampoco.

La única respuesta que podía pensar que tendría Edward era no, por que sabía que él podía matarme fácilmente si no prestaba demasiada atención. Tal vez yo sea fuerte y todo, pero si no me concentro lo suficiente, me volvería tan frágil como otra humana común y corriente. Y hacer algo como eso… bueno… hacer eso era peligroso.

Y yo ni loca iba a proponerle que hiciéramos eso. No abiertamente.

Dios, ni siquiera podía decir mentalmente la palabra sin que me sonrojara y me sintiera avergonzada.

-Lo comprendo- dijo con una sonrisa, sorprendentemente, parecía que Jessica no quería presionarme a hablar.

-¿Algo más que quieras saber?- pregunté. Sabía muy bien que todo lo que le había dicho a Jessica ahora, cada palabra, se esparciría por toda la escuela.

-¿Te ha comprado algo? ¿Cómo joyería, ropa o algo así?-

¡Que chica! ¿Es que no ha escuchado que recién desde ayer estamos?

Además se supone que estoy con él porque lo quiero, no por las cosas que pueda regalar. O sea, es bonito y está bien que tengan algún detalle contigo, estaba de acuerdo con eso. No como mamá, que dos de sus novios no le regalaban nada ni en su cumpleaños, y la única ves que uno de ellos le regaló algo, Fernando, era un brazalete que, y no miento, a la semana se oxido y se rompió. Yo le dije lo que tenía que hacer, pero me llamó grosera y se molestó conmigo. Así que por eso yo ya no le decía nada. Su vida. Su problema.

El caso era que:

-Odio los regalos.- dije.

Levanto las cejas, y estaba a punto de hacer otra pregunta cuando el profesor entro en el salón y pidió la atención de la clase. Ya no conseguimos otra oportunidad para hablar, y sentía tranquilidad de finalmente haber revelado mi relación con Edward.

Lo peor ya había pasado y todo estaría mejor ahora.

Debido a que él profesor nos dejó salir antes, los chicos de mi clase están eufóricos y la gran mayoría se iban a la cafetería. Busqué a Edward con la mirada, pero luego me acordé que él no estaba en mi clase por lo que no salió temprano.

Suspiré.

Pensaba hacer hora por ahí hasta que todas las clases terminen.

Entonces, vi a alguien.

Daniel caminaba tranquilamente por el pasillo.

Decidí que esta podía ser una buena forma de matar el tiempo mientras Edward llegaba. Camino silenciosamente y me acerco a él. Daniel no parece notar mi presencia hasta que es demasiado tarde.

-Así que manipulando mi bebida, ¿no?- inquirí ferozmente, muy cerca de su oído.

Lo cojo del pelo y lo arrincono contra la pared. Sus ojos se amplían por la sorpresa, pero sobre todo por el miedo.

-N-o-o se-e de q-ue esta-a-s ha-bl-ando- Tartamudeó.

Estrellé su cabeza contra la pared, no muy fuerte pero tampoco suave.

-¿Crees que soy idiota, que no me iba a da cuenta?- le pregunté, tirando mas de su cabello.

-No… ¡ah!.. Yo no.. ¡Ow, ow!.. no es lo que ...¡Ay! Crees...-

-Te dije que no te metieras conmigo…-

-Perdón…¡Ay, eso duele! No lo volveré a hacer, te lo aseguro…¡Ay!

-Mas te vale- le dije- Te advierto, no te metas conmigo o te arrepentirás- le amenacé-

Suelto abruptamente su asqueroso cabello y me giro, dejándolo allí, estático, aun asustado.

Me siento mas tranquila de haberme encargado de ese pequeño asunto que no pude encargarme aquella noche. Espero que aprenda la lección y no vuelva a meterse conmigo.

Camino lentamente por el pasillo, mirando a los lados, cuando siento que alguien me rodea con lo brazos. Doy un salto involuntario y me giro.

-Hola- dice Edward. Me da un beso en la coronilla.

-Me has asustado- dije en tono severo, aunque una sonrisa espontanea aparece en mi rostro.

-Lo siento- dice él- ¿Quién pensabas que era?-

-Daniel o… no lo sé. Estuve a punto de darte un empujón y mandarte hasta la otra esquina-

Él hiso una mueca y se disculpó de nuevo.

-Muy bien, te perdono, pero tienes que hacer dos cosas por mi- le dije, tratando de borrar la sonrisita tonta que estaba creciendo mas y mas en mi rostro.

Esta era la oportunidad para hacer lo que quería hacer, claro que seguro él me hubiera ayudado sin recurrir al chantaje.

-¿Cuáles?- me preguntó.

Le hablé sobre lo de Angela y Ben y mi plan para juntarlos, ya que ninguno parecía dispuesto a dar el primer paso. Le expliqué lo que él tenia que hacer.

-Está bien, te ayudaré- aceptó, sin pensárselo mucho- ¿Y cual es la segunda condición?-

Me giro, de manera que quedemos frente a frente.

-Bueno, hoy en la mañana dejamos un beso a medias, así que…- insinué.

Edward sonríe de lado antes de recorrer mi rostro suavemente con sus dedos y besarme. Me alegré de haber puesto mis cosas en mi mochila y no tener nada en las manos. Rodee su cuello, entrelazando mis dedos en su suave cabello. Sus brazos envolvieron mi cintura, atrayéndome hacia él. Poco a poco el beso se fue intensificando, y un jadeo involuntario salió de mi garganta.

Edward me miró profundamente a los ojos mientras se alejaba ligeramente de mi.

-Entonces, ¿me has perdonado?- pregunta

-Por supuesto- dije, aun sonrojada y con el corazón latiéndome erráticamente.- Siempre que me beses así.- agregué-

-¿Debería entonces hacerte enojar y disculparme mas seguido?- rió.

-No necesariamente, puedes besarme cuando quieras-

-¿Cómo ahora, por ejemplo?-

-Uh-hum- dije-

Nos besamos una vez más. Suave y tiernamente al principio, luego, como la vez anterior, el beso se intensifica. Saboreo sus labios, su lengua, los bordes afilados de sus dientes delanteros. Él me jala mas contra él. Entonces lo oigo, el ronroneo en la parte posterior de su garganta. Definitivamente no era humano. Me arriesgo un poco más, robando unos momentos más, olvidando el por qué había iniciado este beso, olvidando todo, menos la sensación de su boca en la mía, el sabor de él, tan dulce. La fuerte prensa de sus manos que me atraen contra él como si quisiera fusionarnos, para siempre.

Para siempre, pienso. Aquello me hace sentir alegría y tristeza a la vez. Alegría porque la sola idea de estar con él para siempre hace que quiera bailar y saltar y cantar de felicidad. Y tristeza porque, quiera o no, se que lo nuestro no será para siempre. Yo, tarde o temprano, voy a tener que irme y dejarlo.

No se como, pero mi espalda toca la pared. Me aprieto más contra él, desechando y olvidando aquello que me afligía hace unos segundos. No quiero dejarlo ir, nunca.

Nos separamos. Jadeaba como yo, aunque él no tenía la necesidad de respirar. Era increíble saber que yo era la razón de ello. Aun estoy aferrada a él y sus fuertes brazos aun me aprietan contra si.

Cuando me recupero después de unos cortos segundos, lo vuelvo a atraer hacia mi.

-Bella…- susurra contra mis labios antes de besarme de nuevo, de manera exigente esta vez.

-¡Hey, chicos!¿Que hacen? Aparte de besarse como dos adolecentes calenturientos en pleno pasillo, claro está. - dice una voz femenina, una voz femenina que estoy deseando nunca haber escuchado y que odio.

Nos separamos al unísono.

Tanya está allí, con los brazos cruzados y sonriendo, a pensar de que sus ojos no tienen ni una pisca de diversión.

No la había visto desde que… bueno, desde ayer en la tarde. No sabía que había regresado, cuando se lo pregunté a Edward hoy en la mañana mientras desayunaba solo me dijo que no tenía que preocuparme por ese asunto y que todo estaba arreglado.

Edward se pone ligeramente mas adelante que yo y toma mi mano.

-¿Qué es lo que quieres esta vez, Tanya?- pregunta Edward, con el ceño fruncido.

Ella avanza hacia nosotros. Su sonrisa no decae.

-Creo que no es necesario que te lo diga, ya lo sabes, ¿no?.-

Él me da una mirada de soslayo.

-Deja esto de una vez, ¿si?- le dice Edward.

-Esto no es asunto tuyo- ella se gira hacia mi- Quiero hablar contigo- dice de manera cortante-

-¿Conmigo?- pregunto.

¿Sobre que querría hablar conmigo? ¿Sobre lo que pasó ayer?

-Si, a solas- agrega- a menos que tengas miedo y necesites a tu guardaespaldas personal- dice ella con desdén y burla-

¿Miedo?¿Yo?¿De ella? Le encanta provocarme y hacerme enojar, ¿no? ¿Esta no aprende?

Edward aprieta ligeramente mi mano y me da una mirada de advertencia. Se lo que me quiere decir, que no caiga en su juego. Pero se me hace tan difícil...

-Bien-

Edward me mira, interrogante.

-Bella, no tienes que hacerlo -

-Pero yo quiero- le dije rápidamente.

Levanto la mano que tengo libre y acaricio suavemente su rostro.

-¿Segura de que no quieres que te acompañe?- me preguntó

Negué con la cabeza.

-No, estaré bien- dije

Él miró a Tanya por unos segundos y luego volvió su atención a mi.

-Está bien, ve con ella- aceptó con un suspiro. - Pero si no regresas en…

Le silencie con un beso. Al principio, solo lo hago para que él se calle y para que Tanya nos vea, pero luego, cuando siento sus labios sobre los míos, me olvido de Tanya y la idea darle celos.

Tanya carraspea la garganta.

-¿Vienes, o no?- pregunta, en voz demasiado alta y molesta.

Nos separamos de mala gana.

-Ya regreso- le digo, soltando su mano y caminando hacia el lado contrario del pasillo, siguiendo a Tanya.

-No tardes- responde él, girándose hacia mi y sin perderme de vista.

-No lo haré-

Le sonreí por ultima vez y me giré hacia Tanya.

Ella le dio una mirada de advertencia a Edward antes de girarse y seguir caminando.

Caminamos en silencio. De vez en cuando ella me lanzaba una mirada de odio, yo solo me limitaba a sonreír. Parece que mi truquito para darle celos había funcionado.

Finalmente nos detuvimos en uno de los pasillo vacios, que estaban así debido que era la hora del almuerzo y la mayoría de estudiantes estaba en la cafetería. Estábamos separadas por tres metros de distancia que ella parecía haber impuesto, ya que cada vez que yo avanzaba un paso hacia ella, esta retrocedía otro paso.

-¿Y bien?- dije, deteniéndome.

Ella miró furtivamente a los lados.

-¿Qué es lo que planeas?- me preguntó, con una voz amenazante, pero a mi no me hiso ni cosquillas.

-¿Qué dices?- le pregunté.

-Quiero saber que es lo que estas planeando.- me exigió.

¿Y esta que se ha creído?

-Mira, no tengo ni la menor idea de lo que te refieres-

Crucé los brazos a la altura de mi pecho y apoyé la espalda en la pared.

-No sirve de nada que sigas fingiendo conmigo, yo no he caído en tu jueguito como todos los demás-

Con que esas tenemos ¿Eh?

-Ok… no se a que se debe esto, pero creo que te estas equivocando de persona- dije-

-¡Oh, vasta ya! Se que ocultas algo, que tramas algo…- alzó la voz-

-¿Y que te da la impresión de que yo te contare algo? Si hubiera algo que decir en primer lugar, tu no tendrías el derecho de saberlo- dije en voz baja y dulcemente.

Mi respuesta la dejo estática

-¿Qué? ¿Piensas que yo te daré esas "respuestas" que quieres?- me reí.

-Tengo… tenemos derecho a saber- dijo fieramente, pero aun en voz baja.

-Oh, y ¿Cuál es ese?-dije, preguntándome que escusa tendría.

-No eres la única cosa sobrenatural aquí, ¿sabes? Estas amenazando con exponernos- dijo

-¿Sobrenatural? ¿Que? Dejemos algo en claro. ¿Que crees que soy?- dije tratando de ocultar mi seriedad al final.

-No lo se, por eso te pregunto. Es obvio que no eres humana- dijo Tanya.

-Me ofendes. Digo, ¿me veo como un duende o un tipo de bruja?-

Silencio.

Yo sabía que ella no tenía nada mas que decir o alegar, no tenía ninguna prueba contra mi. Ella nunca iba a averiguar lo que de verdad era. Nadia lo haría, a menos que yo se lo dijera, y eso nunca iba a suceder.

-Ehh…¿Tanya?- llamó una voz.

Me giro para ver de quien se trata. Es un chico, tiene el pelo rubio y unas bonitas facciones. No recuerdo su nombre, pero creo haberlo visto alguna vez en los pasillos.

Espera, espera… ¿Ese no era el chico con quien la pillaron en la cocina…?

Tanya no le mira, sus ojos aun están fijos en mi.

-Tanya, al parecer te llaman- dije, con una sonrisa amistosa.

Ella no se movió.

Camino y me le acerco, ella dio un respingo. ¡Vaya, hice a un vampiro respingar! O esta vampiresa es muy asustadiza, o yo soy muy aterradora. Bueno, ayer casi la mato, supongo que eso tiene mucho que ver con que me tenga miedo.

-Si fuera tu, iría con él y no le haría esperar, si de verdad te interesa- susurro muy bajo para que solo ella pueda oírme- No vaya a ser que lo pierdas, igual que a Edward- no debería sacar a lucir esto, pero no puedo evitar restregárselo en la cara- ¡Oh! Cierto, tu nunca lo tuviste, así que técnicamente, no lo perdiste- finalmente agregué- Puedo ser muy peligrosa cuando quiero, y tu lo sabes. No te metas conmigo, Tanya, no soy el tipo de persona que simplemente se lo guarda. ¿Entendiste?-

Dicho esto, sonreí ampliamente y sacudí la mano en señal de despedida.

-Bueno, tengo que irme, me están esperando- le dije- Fue un placer hablar contigo, espero que recuerdes lo ultimo que te he dicho-

Giré sobre mis propios pies y me alejé del lugar, aun sonriendo.

¡Ja! Estúpida.

Espera… ¿Qué? ¡Esta no soy yo!

¡No podía creer lo que había hecho! ¿Cuándo me había vuelta tan…? A veces solía intimidar a la gente para que no me moleste pero no tanto. ¡Por Dios, he asustado a dos en un solo día, en menos de una hora! ¡Y mi voz! ¡No podía creer lo mucho que había cambiado mi voz! Se había vuelto baja, seseante, burlona, escalofriante, idéntica a la voz de…

Negué fuertemente con la cabeza. No. No era posible. Solo era una simple coincidencia. Mi voz no podía ser igual a la de…

No. Definitivamente no.

¿O si?


¡Hola!¿Como han estado? A los años xDD No, ahora en serio, perdónenme por abandonar la historia por tanto tiempo. Tenía los capítulos ya listos, pero falta de tiempo y ciertos problemas personales no pude entrar a la pagina para actualizar.

Les prometo que haré lo posible para que eso no pase ^^

Ahora, hablemos del fic.

¿Que piensan sobre los sueños de Bella? ¿Serán simples sueños? ¿Y porqué la voz de Bella cambió?

Quería decirles también que de este cap que viene, al otro, empezaré a subir desde el punto de vista de Jenny. Creo son como dos caps de ella, después seguiré subiendo caps de Bella.

Les agradezco a tod s l s que se toman unos minutos de su tiempo para leerme. Sus comentarios, aunque son pocos, me hacen sonreír.

El siguiente capitulo lo subiré mañana, así que hasta entonces ^^