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Sé que esto debí subirle el 1ro de Agosto, pero ese día dejé mi lap top en el auto de Husbando y estos días he tenido que empezar el tedioso proceso de matrícula de materias en la Universidad y unos problemas familiares que me han dejado son ganas de nada, así que me disculpo por el atraso. NwN Sin más demoras, espero que lo disfruten.
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Disclaimer I: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima. La historia loca y fumada es mía.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
Narración.
«Pensamientos»
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*ϔ ҉ `~Ƽidera Ɛt Ɖestinatum~ ҉ ϔ*
―Sexto Ϫcto―
*ϔ ҉ ~La Reciprocidad~ ҉ ϔ*
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El amor es en sí, es uno de los mayores sentires de la existencia.
Por el amor las almas se purifican y se ejecutan las más bravías acciones.
Hay sentires similares al amor, pero a diferencia del verdadero, estos se tuercen.
Se contaminan y pudren.
Es debido a esos falsos amores que muchos justifican actos despreciables.
Pero nunca eso sería amor, nunca lo sería.
Porque el amor es puro y es bueno en toda su esencia.
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El Eluchil ni siquiera volteó a mirarlo.
Crawfördus intentó no sentirse desairado por tal hecho.
Desde que descubriese aquel encuentro secreto entre su sobrina y el herrero le era de mayor dificultad el ocultar su sentir y desagrado para con el dios que en ese momento vertía un líquido incandescente en un molde de forma confusa para él.
Solo esperaba que la aguja pronto estuviese reparada.
Y por tanto la sorpresa lo embargo al ver lo que el Eluchil tenía en una de sus manos.
―¿Acaso me engañan mis ojos, mi Señor, o lo que se encuentra en su mano es una perfecta aguja? ―los ojos de Crawfördus brillaron al ver el delgado objeto dorado.
―No le fallan, Crawfördus ―respondió él y le extendió la aguja al hombre―. Es una aguja, aunque no puedo acreditarle el adjetivo que usted tan lleno de amabilidad le ha dado.
Aceptóse pues la aguja el dios creador de los cielos humanos con extrema devoción, sus labios se curvaron en una sonrisa y sus dedos apretaron casi que con avaricia el objeto.
«¡Está reparada!»
«¡Está lista!»
―Oh, mi señor Jeräel, mi sobrina estará extasiada al saber que por fin tendrá su adorada aguja de vuelta en sus delicadas manos. ¡Por fin volverá a su tan amada labor! Sus hermosos tejidos volverán a ser creados.
Jeräel ahogó la diversión que sentía por decir lo que tenía que decir.
―Lamentó tener que decirle que debe guardar su estado jubiloso por el momento, estimado Crawfördus ―el dios lo vio sin entender―. Esa aguja solo es una prueba del molde que preparo, está vacía de poder y no puede servir para la función que usted menciona.
Crawfördus apenas pudo controlar la furia que sintió.
―¿Solo un molde, su Eminencia?
―Solo un molde ―aseguró el Eluchil―. La esencia interior aún no está en mi conocimiento, debo confesarle Crawfördus, esta aguja es uno de los trabajos de Eluchil más complicados que he tenido que afrontar ―Jeräel fingió pena por eso y extendió la mano para que Crawfördus le devolviese la aguja―. Aunque me apena tener que destruir esta aguja de prueba, los materiales que usted tan diligentemente consiguió para que esto sea posible no deberían perderse en solo pruebas.
―En eso… ―Crawfördus de nuevo dio todo de sí para controlarse―, tiene razón.
―Me alegra saber que tenemos pensares similares ―Jeräel lo observó con seriedad―. ¿Le importaría a su señoría si utilizó este material tan precioso en otra creación? ―Crawfördus negó de inmediato, le importaba muy poco en que utilizaría tal cosa.
―Puede considerarse el dueño de cualquier cosa que le haya dado, mi Señor… solo… ―carraspeó para poder volver a su tono halagador―. Preferiría que concentrase su maravilloso don en la tarea prioritaria.
―De eso no tenga duda ―Jeräel aseguró y se volvió al fuelle―. Entiendo que es una prioridad. Y ya que hablamos de ello, debo decir que necesito un par de cosas de manera urgente.
―Soy todo oídos, mi Señor ―en ese momento deseaba largarse o explotaría en rabia. En su mente solo imaginaba escenarios en que ese dios escapaba con su amada tejedora, solo los había visto aquella vez juntos y desde entonces su mente le atormentaba con las posibilidades de perder a la creadora de los tejidos.
No podía permitir tal cosa.
Escuchó la lista de pedido de Jeräel, ésta más larga que la anterior y estaba seguro que habría una próxima más larga que ésta.
«Lo hace para verse con Erzaëlí»
De nuevo su mente se llenaba de preguntas, dudas de si el Eluchil había sido quien había corrompido a su obediente sobrina o si la tenía bajo alguna palabra de poder, interrogantes de cuando Erzaëlí comenzó a monitorear con el hilo en la entrada sus llegadas y salidas y más y más dudas.
¿Cuándo habrían empezado a hablar?
¿De que hablaban?
¿Por qué Erzaëlí le sonreía de esa manera?
¿Su sobrina lo abandonaría?
¿Lo dejaría sin sus tejidos?
¿Acaso ella…?
―Saldré de inmediato por su petición ―Crawfördus se obligó a hablar para dejar de lado ese horrible pensamiento que lo embargó, con un asentimiento de cabeza dejó la habitación.
No podía ser.
…Su sobrina no podía saber de su más grande pecado…
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] J & E [
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El festival había sido sorprendente.
Era la primera vez que tanto Erzaëlí como Jeräel visitaban uno.
Las personas caminaban en calma en medio de la noche mientras otros ofrecían comida y bebidas en pequeños puestos, humanos niños, jóvenes y adultos veían y reían y se deleitaban en la pasividad festiva de la noche.
El conjunto de ese todo era demasiado hermoso.
Erzaëlí comió de los nuevos dulces que le ofrecieron, Jeräel pidió disculpas por ella cuando en una ocasión no era un regalo y debían pagar con dinero que no tenían y del que apenas conocían su uso, de hecho sus vestimentas llamadas kimonos habían sido tomadas de nuevo sin permiso de una lujosa mansión, por suerte para ambos, una amable señora pagó por ellos los dulces y les pidió que disfrutasen de la romántica noche.
Por alguna razón ambos se sonrojaron.
Y es que para ninguno de los dos pasó por alto que muchos de esos humanos caminaban de un lado al otro de la mano de alguien, parejas abrazándose, parejas riéndose juntas, jurándose promesas al oído o compartiendo eso que habían escuchado se llamaban besos en la boca.
Era un acto curioso que atraía la atención de ambos.
Para cuando el bullicio de las personas dio espacio al bullicio en el cielo con estallidos de color, los dos seres divinos se encontraban en una loma lejos del gentilicio, de esa manera tenían una vista espectacular del cielo decorado en luces multicolores.
―Es tan hermoso…―Erzaëlí se tiró de espaldas a la hierba que decoraba el suelo―. Los humanos crean cosas maravillosas, ¿no lo cree, Jeräel?
―Nunca imaginé que ellos fuesen capaces de tanto hasta que usted me trajo a este mundo ―le sonrió sentado junto a ella―. La mayoría de dioses los ven de manera despectiva, pero a muchos de ellos nunca los he visto sonreír como los humanos lo hacen en su tiempo tan limitado. Tienen muchas fallas también ―continuó el herrero―, pero no opacan sus virtudes.
―No, no lo hacen ―aceptó Erzaëlí cuando el cielo se tiñó de azul, rojo y verde.
―Erzaëlí… ―la Vaire supo perfectamente que él estaba dudando de continuar o no con lo que iba a decir, desde hacía un tiempo le pasaba lo mismo, ella sentía algo extraño en su pecho cada vez que lo escuchaba así.
Estaba casi segura de que sentía miedo.
Miedo de que la aguja ya estuviese lista y él estuviese por avisarle de su partida.
―Debo decirle algo importante… ―Erzaëlí se tensó al oírle, su corazón humano parecía querer salir de su pecho y decidió no observar los ojos del Eluchil que habían dejado de ver al cielo nocturno para verla a ella―. Yo…
―No sé vaya…―susurró la Vaire quien se levantó de pronto y tomó su mano―. Si es necesario volveré a romper una de mis agujas pero por favor… ―sus ojos se llenaron de un líquido que empañó su vista y por eso no pudo observar la expresión sorprendida él―. Por favor no se vaya…
―¿Ir-irme? ―parpadeó confuso.
―¿Acaso no va a decirme que la aguja ya está lista y debe marcharse? ―lagrimas descendieron por sus mejillas y él la miró preocupado, nunca la había visto de esa manera―. ¿No va a usted a volver a cruzar el Río de Estrellas y a olvidarse de mí? ¿No prometió usted acaso que me llevaría a conocer los lugares que usted ya conoce?
―¿Olvidarme de usted? ―Jeräel no supo si preocuparse, emocionarse o reírse de lo dicho por la Vaire―. Erzaëlí… ―el Eluchil soltó una de sus manos y limpió con ternura las lágrimas en sus ojos―. Jamás podría olvidarme de usted… Ni tampoco estoy despidiéndome, y mi promesa sigue en pie en tanto usted desee que así sea.
―¿De verdad? ―ella le miró esperanzada.
―Por completo ―le sonrió para calmarla―. Lo que le deseaba decir, o más bien confesar ―le miró con seriedad―, tiene que ver con la verdadera razón por la que vine hasta los dominios de su tío.
―¿La verdadera…razón? ―Jeräel asintió y ella sujetó con fuerza la mano de él que aún estaba entre la suya―. Entonces de verdad no vino solo por la aguja…
―No, no vine solo por la aguja ―Erzaëlí vio miedo en sus ojos.
―¿Esto que está por contarme puede ser perjudicial para usted?
Era gracioso, él le había dicho algo similar cuando ella le confesó sobre su forma humana.
―No, a menos que esto… ―el Eluchil miró al cielo un momento y luego volvió a observarla a ella― la aleje a usted de mi… cuando escuche esto tal vez usted desee nunca haberme conocido, o peor aún, usted podría odiarme y expulsarme de su lado…
―Es-eso es imposible, mi Señor ―confesó con húmedas mejillas sonrojadas―, imposible ―repitió―. Eso puedo jurárselo…
Jeräel sonrió con tristeza.
―Pues entonces me aferraré a esa pequeña esperanza que su bondadosa esencia, mi estimadísima Erzaëlí, me está dando ―inhaló hondo antes de hablar―. La verdadera razón de mi llegada a estos lares es una misión que la diosa del tiempo, Ulteäry, me impuso ―ella escuchó atenta cada palabra―. La diosa me encargó investigar a Crawfördus y su posible vínculo con la desaparición y posible muerte de… ―esta vez fue Jeräel quien apretó la mano de la Vaire― la hermana de Crawfördus… su madre, mi apreciadísima Erzaëlí.
Ella negó una y otra vez con la cabeza y se alejó de su toque.
Jeräel sintió dolor en su pecho.
―No. No. No ―Erzaëlí le miró con horror―. ¿¡Cómo puede usted pensar así de mi Tío!? ¿Vio acaso el sufrimiento por el que él pasó cuando sucedió tal cosa? ¡Pues yo sí lo vi y le aseguro que estaba destrozado! ¡Mi Tío adoraba y amaba a mi madre! ―la Vaire se levantó del suelo―. No puedo creer que usted… ―le señaló con vehemencia― ¡USTED DE ENTRE TODOS LOS SERES! ¡USTED QUE HA VISTO COMO ÉL SE DESVIVE POR HACERME FELIZ! ¡USTED!
―Erzaëlí… ―Jeräel no se levantó pero bajó la mirada―. Lamento haberle causado el dolor que ahora veo en su mirada, pero debía decírselo, por todo el aprecio que le tengo, mi Señora.
Sabía que eso iba a pasar.
Y por eso había callado por tanto tiempo, porque sabía que cuando se lo dijese ella estaría del lado de su Tío, él solo era un extraño para ella si se comparaba con ese hombre que la crió y protegió por casi toda su existencia.
Sabía que ella se alejaría de él.
Erzaëlí sollozó en el momento en que el cielo se tiñó de azul y dorado.
―Erzaëlí ―el Eluchil continuó―, dispénseme por causarle este dolor. Nunca fue mi intención hacerlo, ni tampoco nunca creí que la razón por la que llegué a su lado fuese la misma que al parecer nos separa ahora. Lo callé, y podría haberlo callado, aún dentro mío hay una parte egoísta que me dice que debí hacerlo, pero no puedo ser deshonesto con usted. Erzaëlí, mi queridísima señora, desearía que solo la aguja hubiese sido el motivo de nuestro encuentro…
El sonido y la luz dejaron de llenar el ambiente.
―¿De verdad usted cree eso de mi Tío? ―Erzaëlí trató de sonar calmada luego de escuchar la pena con la que él le hablaba, no importaba lo que le acababa de decir, ella no quería verle de esa manera a él.
―Confío en la diosa Ulteäry ―respondió con firmeza pero su pesar aún era evidente―.Cuando Crawfördus le ofreció una de sus prendas en agradecimiento, la diosa Ulteäry tuvo una visión del pasado.
―¿Una visión? ―preguntó ella limpiando sus lágrimas, su mano aún se sentía cálida al haber tenido la de él rodeándola―. ¿Podría decirme sobre esa visión?
―Usted puede pedirme lo que desee ―le miró con sinceridad y ella sintió su corazón latir desbocado, los cuerpos humanos a veces le parecían más complejos y vivos que su esencia divina―. La diosa Ulteäry vio la daga de Dagnir en las manos de su Tío, y una súplica por usted en medio del dolor de una diosa del viento.
―¿La daga de Dagnir? ―el horror volvió a su rostro―. Esa es…
―El único objeto capaz de acabar con una existencia inmortal ―terminó Jeräel por ella―. No es una leyenda como la mayoría cree.
―Lo sé… ―susurró ella―.
―¿Lo sabe? ―Erzaëlí dejó brotar más lágrimas.
―Mi Tío me habló de ella, él siempre… ―intentó negar ese pensamiento pero lo expresó―. Él siempre habló con temor y reverencia de ella, como si supiese que era… real… ―la tejedora miró a Jeräel con miedo―, pero él jamás… él no…
―Yo desearía que no fuese así, pero una visión de la diosa del tiempo es…
―Legitima… ―volvió a susurrar y de nuevo el silencio los envolvió.
Todo entre ellos pareció terminar ahí.
―Terminaré vuestra aguja lo antes posible, mi señora ―rompió el silencio con una formalidad que no era para nada la que solían usar en juego―. No he podido encontrar prueba alguna en contra de Crawfördus pero varios de los objetos que me ha traído son drenadores de energía, cuando él los carga absorben partes ínfimas de su esencia y cuando él me los entrega la energía la almaceno en el orbe que la diosa me entregó, se lo llevaré a la diosa Ulteäry para que ella pueda recrear la visión y encerrarla en otro orbe para usarlo como prueba de ese pecado al presentarlo ante los demás dioses antiguos. Lamento llegar a entristeceros con esto, mas aunque me odiéis por ello lo hago porque es justo y porque imaginaros a vos corriendo el mismo riesgo se me hace impensable.
Erzaëlí se acercó a él y Jeräel esperó recibir las palabras que quebrarían su corazón.
―No puedo odiaros… ―sollozó y cayó de rodillas frente a él―. No solo no hay razón para ello, simplemente no hay manera que lo que siento por vos pueda transformarse en tal cosa… ―Erzaëlí sollozó pero en lugar de limpiarse las nuevas lágrimas tomó las manos de él quien no sabía que hacer o decir en ese momento ante la mirada llena de fortaleza y tristeza de ella―. Si mi Tío es culpable por tal atrocidad, por más que le ame debe pagarlo, yo…
―Deberíais odiarme, soy yo quien llevará a vuestro Tío a su fatídico destino ―Erzaëlí negó.
―No. Mi Tío creó su destino con las decisiones que tomó. Vuestra eminencia no tiene nada que ver con eso.
―De verdad lo siento…
―Lo sé… ―ella intentó sonreírle pero esa sonrisa rota hizo doler el corazón Eluchil.
―¿Puedo seguir contando con el precioso regalo de vuestra amistad, Erzaëlí?
―¿Es lo que desea?
―Es lo único que me atrevo a pedir ―ella le miró fijamente.
―¿Y si os atrevieseis a pedir más que pedirías?
Jeräel movió su cabeza de lado a lado.
―No vale la pena enturbiar más nuestra amistad con deseos imposibles ―el herrero llevó una de sus manos a la mejilla de ella y con su pulgar limpió una nueva lágrima que descendía por su suave mejilla, era increíble la diferencia de sensaciones cuando estaban en esos cuerpos falsos.
Eran como regalos inmerecidos.
Erzaëlí cerró los ojos ante su caricia y su sonrisa rota pareció recomponerse un poco.
―Y si yo ―la diosa abrió sus ojos y Jeräel se maravilló en su brillo― os digo que le amo, mi Señor… ―como si hubiesen golpeado su esencia misma, las palabras de ella lo dejaron perplejo―. ¿Eso arruinaría nuestra amistad? Si yo os digo que deseo estar a vuestro lado desde ahora y en adelante ¿Os permitirías el atrevimiento de decir a esta simple Vaire la verdad de vuestros sentimientos? Podríais acas-
Los brazos de Jeräel la rodearon y ella perdió la fuerza para continuar.
Y él la obtuvo.
―Yo le amo, Erzaëlí. Le amo tanto que estoy dispuesto a todo menos a arriesgar su existencia aún si eso significa alejarme de usted o ganar su desprecio. Nunca di verdadera importancia a mi existencia hasta que le conocí a usted ―sus largos dedos se enredaron en su suave cabello y su rostro se hundió en las hermosas hebras mientras respiraba su dulce aroma―. Nunca desee nada, hasta que le conocí, si usted desea permanecer a mi lado, tenga por seguro que me hará el ser más feliz… ―Erzaëlí asintió y él rió de alegría―. ¡Oh, soy tan dichoso! ―la separó un poco de él y besó su cabeza, su sien, su frente y sus húmedas mejillas―. ¿De verdad me ama usted, mi hermosa Erzaëlí? Repítalo para este ser incrédulo…
―Le amo… ―sonrió ella―. Cuando quebré la aguja solo pensé en obtener un poco de libertad, pero obtuve más que eso, obtuve una cruel verdad ―su corazón falso se estrujó al pensar en su Tío y más aún en el destino que corrió su madre, su mente aún no podía imaginar algo tan atroz, pero no podía evadir esa realidad solo por desear que fuese una mentira― y obtuve este sentimiento incontrolable por usted. Jeräel ―ella acunó su apuesto rostro entre sus pequeñas pero habilidosas manos―. Gracias por permitirme conocerle, y amarle…
Jeräel no pudo hacer más que sellar con sus labios los de ella.
Lo que sintieron ambos fue indescriptible a pesar de la torpeza al ser su primer beso, sus estómagos sintieron cosquillas que subían y bajaban, sus espaldas sintieron electricidad y sus mejillas se calentaron. Sus labios se separaron un poco y luego volvieron a unirse, sus narices chocaron y ellos rieron pero luego él inclinó su rostro y encontraron el ángulo perfecto para degustar sus bocas, sus besos sabían a los dulces dangos que habían comido y a la sal de sus lágrimas, no fue un beso perfecto como vieron a tantos humanos dárselos, pero fue el beso perfecto para sellar la pureza de sus sentimientos.
Aún había dolor en ella y aún había culpa en él.
…Mas el amor en ambos era mayor a cualquier otra cosa…
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Dos veces llegó tras un encargo y no les encontró.
En ambas ocasiones Crawfördus sintió deseos de hacer caer los cielos creados por él y destruir al Eluchil al verle haciéndose el desinteresado cuando Crawfördus le mencionaba a su sobrina para dejarlo en evidencia.
Maldito fuese.
Mas se controlaba.
Se controlaba porque sabía que no tenía oportunidad contra un dios Eluchil protegido por una diosa como Ulteäry, se controlaba porque no podía levantar sospechas sobre su anterior pecado, se controlaba porque al parecer la aguja estaba por ser terminada, y se controlaba porque su sobrina le habló sobre crearle la más hermosas de las vestiduras a él cuando la aguja estuviese finalizada.
Porque… si ella ofrecía tal cosa era porque no planeaba dejar su lado.
No.
No.
No.
Ella no dejaría el lado de la persona que le amaba.
De la persona que le protegía.
De la perdona que más había hecho por ella en la vida.
No.
No.
No.
Erzaëlí era suya y de nadie más.
Sí.
Por eso debía mantener la calma hasta que el Eluchil terminase su labor y se marchase, por el momento debía concentrarse en encontrar la forma en que ese hombre distorsionaba sus cielos como para poder salir de ellos, aún no entendía como ese herrero podía hacer algo así o a donde se llevaba a su sobrina, siendo el universo tan basto sobraban los sitios y él debía averiguar ese cómo y dónde.
Debía averiguar el por qué.
Empero, esa tarea no era nada fácil, más de una vez movió el hilo de la Vaire con su poder para fingir que aún estaba conectado a la puerta, ahora que sabía de su existencia era sencillo encontrar su esencia y moverlo cuando salía o llegaba de uno de los encargos del herrero, más nunca podía ver el momento en que las bóvedas vacías de pronto albergaban a los dos ocupantes como si nunca hubiesen dejado sus dominios.
El Eluchil era poderoso.
Eso pensaba Crawfördus.
Y por eso había tenido que salir de nuevo en un encargo.
―Crawfördus, ¿cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nuestros caminos se cruzaron?
El mencionado sintió su esencia temblar ante tal voz.
―M-mi venerado Señor ―el dios no se atrevió a elevar su mirada a la alta presencia frente a él―. ¿Quién puede llevar la cuenta del tiempo entre los inmortales?
―¡Ja! Oh, Crawfördus. Vos y yo sabemos que no somos tan inmortales como se dice ―la voz del antiguo dios del caos fue venenosa―. ¿O me equivoco? ―Crawfördus negó―. Sois uno de los pocos que acepta esto.
―Vuestra eminencia me libró de la ignorancia con su sabiduría.
―Os dais poco crédito, yo os hablé de la teoría que circula como leyenda desde tiempos de la creación, vos habéis convertido esa teoría en realidad con… esto ―los ojos de Crawfördus se abrieron a más no poder al ver la daga que creyó perdida.
―E-esa es…
―La misma ―rió el ser antiguo―. No podía dejar que alguien más la encontrase, sabéis lo difícil que es invocarla, se requiere de un ritual casi olvidado y alimentarle con magia constante y es tan difícil saciarla…
―Imagino que lo es, mi Señor.
―Sí, la última vez que estuvo satisfecha fue cuando se deleitó en la esencia de una diosa de los vientos… ¿Vuestra hermana, era?
Crawfördus no respondió.
―¿No necesitáis de deshaceros de alguien más mi Señor? Me ayudarías mucho de ser así, o mejor dicho, nos ayudaríamos mutuamente.
El dios del cielo clavó su vista en la daga e imaginó las mil y una maneras en las que podría usarla para deshacerse del Eluchil, su gesto asustado fue mutando a una sonrisa ansiosa.
Podía hacerlo.
Podía eliminarlo.
Erzaëlí era suya.
Su mano se cerró en la empuñadura de la daga ofrecida y cuando la razón volvió a él y quiso devolverla, no pudo.
No había nada.
Ese ser se había desvanecido.
…Y la daga de Dagnir estaba de nuevo en su poder…
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Ella le miró emocionada y él se sonrojó.
Era un maravilloso regalo.
Con los materiales extra que Crawfördus le trajo y la aguja de prueba que había hecho, Jeräel había creado un hermoso adorno de cabello para Erzaëlí quien lo veía entusiasmada, el dorado del obsequio parecía resplandecer sus ojos color ámbar y el intrincado diseño maravillaba a la joven quien lo deleitaba a él con la sonrisa que sus labios formaban.
Tan hermosa.
―Es maravilloso… ―dijo ella una vez más―. Nunca tuve nada igual
―Sus tejidos son más maravillosos que esto, mi amada Erzaëlí ―ella se sonrojó como siempre sucedía cuando él la llamada de esa manera.
―Usted no es parcial nunca conmigo, para mí esto es más maravilloso que cualquiera de mis tejidos ―tomó la mano de Jeräel y le colocó el adorno―. Sé que no podré llevármelo aún, pero deseo que sea usted quien me lo coloque por primera vez.
Jeräel sonrió y con delicadeza tomó mechones de su cabello para poder colocárselo, atravesando la aguja en medio del adorno que parecía una pequeña corona.
Perfecta.
El dorado enmarcado en el escarlata de su cabello se veía perfecto.
―¿M-me veo bien?
―Perfecta ―dijo él y besó su frente, ella se abrazó a su cintura y elevó su rostro a él.
Jeräel comprendió y descendió hasta ella.
Besarse con su forma divina no era lo mismo que hacerlo con su forma humana, pero, a pesar de ser diferente, la forma en que sus esencias reaccionaban a ese accionar los hacía sentirse extremadamente dichoso.
―Es una lástima que no lo pueda usar más que en este momento...
―¿Podría enviárselo con Crawfördus? Le diré que lo confeccioné en agradecimiento por el brocado que usted creó para mí ―sugirió él y ella frunció el ceño un momento pero luego aceptó.
―Solo tenga cuidado, mi Tío parece un poco extraño últimamente.
―Sí, lo he notado nervioso.
―Temo que haya descubierto la misión que la diosa Ulteäry le encargo, mi señor ―Jeräel besó su mejilla y enredó sus dedos en su cabello para tranquilizarla.
―No creo que sea esa la razón.
―¿Sospechará de la demora de la aguja?
―Eso es más factible ―soltó un suspiro―. Descubrí lo último que necesitaba saber sobre ella, de verdad es más magnifica de lo que imaginé al principio.
―¿Por qué lo dice?
―Su centro de poder es la esencia que depositó su madre en ella ―ella le miró sin entender―. Ella impregnó mucho poder en una hebra de su cabello que luego fue utilizada como núcleo, y gracias a ello la aguja mantiene estable todas las esencias que la conforman.
―Esa técnica suena a la manera en que yo hilo… ―sonrió―. Mi madre hizo eso por mi… ¿puedo ver esa hebra?
―Puede, pero debo decirle que ahora está rota ―Jeräel hizo aparecer una hebra dorada y se la mostró―. Es casi―hizo énfasis en esa palabra― tan escarlata como su cabello ―volvió a acariciar el cabello de la Vaire―. Es un color tan hermoso…
Erzaëlí tomó la cálida esfera en su mano y rió.
Jeräel abrió los ojos con sorpresa al entender algo.
―Es de mi gusto por ese color que usted, mi amada Erzaëlí, se ríe de mí siempre, cierto?
Ella volvió a reír y luego lo atrajo hasta sí para besarlo.
Eran tan felices en esos momentos.
…¿Serían los momentos de felicidad también inmortales?…
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Ese regalo fue el principio del fin.
Cuando el dios Eluchil le presentó a él un hermoso adorno de cabello para Erzaëlí y fue testigo del brillo en los ojos de ella al recibirlo, Crawfördus supo que ese dios herrero se la había robado de la peor forma posible.
Ella le amaba.
Erzaëlí que era solo suya amaba a alguien más.
Y fue por eso que confrontó a su sobrina.
Y no quiso hacerlo, no quiso hacer lo que hizo.
De verdad no quiso.
Pero ya estaba hecho.
Cuando su hermosa Erzaëlí le confesó que era cierta esa sospecha y le expresó su deseo de viajar con el Eluchil cuando este volviese a su lugar de origen, la rabia lo cegó, cuando ella posó su mano en su hombro, Crawfördus estaba inundado de ira y de un sentimiento de traición tan grande que su mano se movió sola y la daga apuñaló a la Vaire en la parte alta de uno de sus brazos.
―Tío… ―sollozó Erzaëlí, su vestidura desgarrada por la daga dejaba ver como esferas de brillantes tonos rojos brotaban de la herida.
Oh, su hermana había desaparecido en brillos plateados.
―No me vas a dejar, Erzaëlí ―se arrodilló ante ella y acarició su rostro tan suavemente que Erzaëlí sintió asco con su toque―. Eres mía…
―No le dañes a él ―sollozó ella―. No me iré de su lado, tejeré todo lo que desee, pero no lo dañe a él…
―Aún debe terminar la aguja… ―el dedo de Crawfördus se paseó de su mandíbula, bajó por su cuello y delineó su clavícula expuesta―, pero si tarda más de tres ciclos en terminarla, tú, mi amada, desaparecerás…
―Promete que no lo dañarás ―pidió de nuevo y Crawfördus haló con fuerza de su cabello.
―Deja de pedir por él porque… ―el hombre contuvo su furia y sonrió como el Tío amoroso que ella siempre creyó conocer―. Ya Erzaëlí, confía en tu tío… ―ella asintió, colocó una mano sobre la de él fingiendo cariño, tratando de contener su propio miedo y enojo.
―Confió en ti, querido Tío.
―Esa es mi sobrina ―Crawfördus acarició su cabello y se levantó―. La herida que tienes no te matará aún, todavía puedo sellarla, pero todo depende de ese hombre. Iré a avisarle pues, deséame suerte, mi hermosa Erzaëlí.
Crawfördus selló la bóveda de su cielo y no se dio cuenta del hilo que ella puso en él cuando le tocó.
Tenía que ayudar a Jeräel escapar de alguna manera.
…Y si para eso ella debía desaparecer, entonces desaparecería…
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¿Reviews?
Gracias por tomarse un momentito para comentar sobre la historia.
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Disclaimer II: Basada levemente en la "Leyenda Del Tanabata"
Aclaraciones:
Regalo: El adorno que le da Jellal a Erza es como el que Erza usa en la foto de portada del fic.
Dagnir: (Élfico) La daga se llamaría Daga de la ruina y/o asesinato.
Vaire: (Élfico) Tejedora.
Eluchil: (Élfico) Herrero.
Erzaëlí: Erza.
Jeräel : Jeräel.
Ulteäry: Ultear.
Kyoukáely: Kyouka.
Crawfördus: Crawford.
Hildary: Hilda.
Rincón De La Escritora En Proceso:
De nuevo, lamento la tardanza. QwQ Espero les gustase el cap. :D
7 de Agosto: Capítulo 07.
Agradecimientos:
Vosotras adorables reviewistas con cuenta os contesto por PM:
Bluewater14
Tsubomi Scarlet
MinSul6011
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Espero les haya gustado.
Gracias por comentar
¡Adieu!
.o./
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