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Ahora sí, puedo decir que la historia acaba aquí. No me lo creo… QwQ Ha sido una historia complicada de escribir a causa de los diálogos formales, pero lo he disfrutado mucho. NwN Gracias por leerlo. Gracias por sus comentarios. Gracias a Vita, por haberla pedido. xD
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Disclaimer I: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima. La historia loca y fumada es mía.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
Narración.
«Pensamientos»
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*ϔ ҉ `~Ƽidera Ɛt Ɖestinatum~ ҉ ϔ*
―Séptimo Ϫcto―
*ϔ ҉ ~El Tiempo~ ҉ ϔ*
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No hay nada en el Multiverso que no tenga un origen o proveniencia.
De la misma manera, no hay nada en la existencia que pueda dejar de existir realmente.
Lo que fue, será y puede volver a ser.
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Ocurriósele la oportunidad en el segundo ciclo desde la advertencia.
La Vaire sintió la lejanía de su tío gracias al hilo que colocó en él y fue en ese momento que abrió un vórtice hacia la bóveda bajo ella, tal acción la cansó de sobremanera y entendió cuanta esencia había perdido luego de ser atacada por él, sin embargo, apenas pudo lamentarse al darse cuenta de tal hecho porque casi de inmediato a su llegada a la sexta bóveda se vio envuelta en los brazos de Jeräel.
Estaba con él de nuevo.
―Erzaëlí… Erzaëlí… ―su tono desesperado era totalmente diferente a la gentileza de sus brazos y ella no pudo hacer más que envolverlo en los de ella―. Crawfördus me dijo que estaba…
―Estoy bien, Jeräel… ―susurró ella y lo abrazó con más fuerza―. La herida que me hizo no fue mortal… yo… ―se alejó de él para verle el rostro y un grito salió de sus labios―. ¿¡Su rostro!?
Jeräel sonrió y acarició su mejilla para tranquilizarla.
―Tampoco es una herida mortal… ―Erzaëlí sintió una ola de ira y tristeza al observar el corte que corría desde la frente, el ojo y la mejilla del herrero, de ella escapaba su esencia mágica en pequeñas esferas difusas de brillo azul―. Crawfördus me necesita por ahora… la aguja…
―La aguja es lo que menos me importa ―cortó ella, su enojo salió a flote pero sus manos fueron gentiles con la herida de él―. ¿¡Cómo se atrevió a lastimarle!? Le pedí… le pedí que no lo dañase…
―Me hirió cuando intenté ir a buscarla ―comenzó él, su mano sobre la de ella en su rostro herido―. Imaginarla a usted herida… ―los ojos de Jeräel viajaron de su rostro al brazo lastimado―. Deseé tener el poder de eliminar la existencia de Crawfördus… Si yo tuviese esa daga…
―No, no diga eso…―Erzaëlí colocó un dedo en sus labios―. No puede manchar sus manos con tal pecado.
―Por usted haría lo que fuese.
―Entonces haga otra cosa por mí… ―Jeräel le miró sin entender pero asintió―. Siga trabajando en la aguja, aunque la termine antes del tiempo, siga trabajando en la aguja hasta el límite del tiempo que nos dio mi tío…
―Erzaëlí, no… si hago eso…
―Solo hasta el límite… Necesito ese tiempo para recuperar fuerza y poder crear un vórtice que nos permita salir de sus dominios. Mi tío piensa que es usted quien tiene el poder de salir a voluntad, puedo sentir su magia sellando la entrada de esta bóveda, en la mía no tomó tal precaución ―Erzaëlí sonrió y Jeräel se sorprendió por tal hecho―. Algo bueno es que me subestime a tal grado…―Jeräel tuvo que devolverle la sonrisa.
Ella siempre era tan valiente y fuerte.
―Entonces haré lo que me pide, mi amada Erzaëlí ―Jeräel besó su frente―, pero a cambio prométame que de no poder sacarme de aquí usted escapará aún sin mí ―ella negó de inmediato.
―¡Jamás le dejaría a su suerte! ¡Jamás!
―Mi suerte me trajo a usted, no la subestime ―intentó una broma pero ella le miró enojada―. Erzaëlí… ¿no entiende que usted significa para mí más que mi existencia?
―Y usted más que la mía ―declaró ella contundente―. Así que no me iré sin usted.
―Ni yo sin usted…
Erzaëlí soltó un suspiro, rió divertida y se elevó para besar sus labios.
―Entonces tendremos que salir juntos… ―Jeräel asintió y sumergió su mano en el escarlata cabello de ella para atraerla más cerca de sí.
―Jeräel… ―suspiró la Vaire y se alejó de él―. No puedo quedarme más, mi tío debe de estar por volver. No olvide su promesa.
―No lo haré. A la aguja solo le falta su núcleo ―le mostró una esfera dorada con una larga hebra azul de su propio cabello adentro―. La estoy embebiendo en mi poder mágico.
―¿Esa esfera retiene esencia mágica? ―preguntó pensativa.
―Así es.
―¿Podría obsequiarme con una? ―Jeräel levantó una ceja.
―Las que desee, pero ¿para qué les necesita?
―De esa manera podré guardar parte de la esencia mágica que escapa de mi herida y usarla para nuestro escape ―Jeräel le miró admirado.
―Usted no deja de sorprenderme, Erzaëlí ―ella sonrió y él materializó dos orbes tan dorados como sus ojos bondadosos―. Supongo que yo debo hacer lo mismo con mi propia esencia. Además… ―le colocó la esfera de la hebra en sus manos junto a una vacía―. Llévese esta también.
―¿Esta? Pero…
―No sé para que pueda servirle, pero si a alguien puede serle de utilidad una hebra embebida en poder mágico, es a usted.
―¿Y qué sucederá con la aguja?
―Sin la hebra no podré perfeccionarla. Es lo que une todos los elementos que la conforman.
―¿Mi tío lo sabe? ¿No le ha preguntado sobre el proceso?
―No, no ha vuelto desde qué… ―su mano se dirigió a la herida de ella y su rostro mostró tanta ira que Erzaëlí pensó que veía a alguien muy diferente a su Jeräel.
―Entiendo… ―la tejedora tomó la mano del Eluchil y entrelazó sus dedos con los de él―. No desperdiciemos tiempo pensando en eso ―él asintió y su rostro volvió a su bondad y cariño usual cuando estaba con ella―. Le amo, Jeräel…
―Y este humilde siervo le ama a vos, mi preciosísima señora ―Erzaëlí rió por sus palabras y él la besó de nuevo.
―Él se acerca… ―separándose de él, Erzaëlí creó otro vórtice y volvió a su presunto encierro.
Ambos sintieron de inmediato la falta del otro.
…Mas ahora la esperanza había vuelto…
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Fue casi al final del tercer ciclo que él se presentó ante ella de nuevo.
Su sonrisa era tan cariñosa que Erzaëlí sintió asco al verle.
―Mi amada sobrina ―se acercó a ella―. Te vez tan encantadora como siempre a pesar de que tu esencia se desperdicia ―los brillos salientes de su brazo lo hicieron sonreír más―. Ese Eluchil solo trajo desgracia con su llegada.
Erzaëlí no respondió.
―Acabo de visitarle, sabes. Me ha dicho que la aguja está por completarse, y pensar que solo necesitaba un pequeño incentivo para acabarla… un pequeño y hermoso incentivo ―Crawfördus acarició su rostro lentamente y Erzaëlí quiso escapar en ese mismo momento―. Cuando me la entregue y pruebes que está verdaderamente terminada, le liberaré.
―¿Le liberarás? ―lo dijo tan ansiosa que Crawfördus se molestó y tomó con violencia su rostro para acercarle a él.
―Hacerle desaparecer también es liberarle… ―murmuró casi contra sus labios―. Piensa en eso mi adorada sobrina ―Crawfördus la lanzó al suelo y Erzaëlí permaneció allí fingiendo debilidad hasta que él se hubo retirado.
―Falta poco… ―dijo ella sacando ambas esferas doradas para continuar llenando una con su esencia―. No permitiré que le dañes, no volverás a dañar a quien amo, Crawfördus… ―Erzaëlí apretó la otra esfera contra su pecho y pudo sentir la bondad de Jeräel en ella, en esa hebra destinada a unir los elementos de la aguja―. Unir… ―dijo de pronto y se sentó para observar atentamente la esfera―. Tal vez si… ―la Vaire arrancó uno de sus cabellos y lo encerró junto a la otra hebra añadiéndole de su propio poder―. Puede que sirva…
La tejedora decidió pensar en su vida cuando escapase.
…Su vida junto al Eluchil…
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La daga brillaba en lo alto y él escuchaba sumiso.
―¿No cree que es muy confiado, mi señor Crawfördus?
―N-no lo soy…
―Solo les hirió superficialmente, si huyen de vuestros dominios algún dios antiguo podría sanarles.
―Ese herrero no huirá sin ella… y cuando me entregue la aguja lo destruiré.
―¿Y si huyen antes?
―Imposible ―Crawfördus sonrió―. Ese Eluchil no ha escapado aún, su poder no es tanto como para dejar por completo mis territorios.
―¿Y ya sabe su eminencia como logró escapar antes de la bóveda en que lo tiene ahora confinado? ―Crawfördus tensó su puño.
―No…
―Entonces aún hay posibilidad de que escape.
―Sellé la puerta de su bóveda por completo. No puede salir.
―No debería subestimar a un dios creador, mi Señor.
―¡Y no lo hago! ―Crawfördus miró con rencor la joya negra en la daga embebida en poder oscuro, el dios del caos le hablaba a través de ella―. Por supuesto que no lo hago.
―A él no… ―la voz comenzó a huirse distorsionada―, mas no es el único dios creador del que usted debería preocuparse.
―¿Qué es lo qué…? ―no pudo terminar su pregunta porque la esencia oscura se esfumó y la daga cayó―. Acaso se refiere a….
Crawfördus rompió a reír.
Su hermosa y delicada Erzaëlí estaba siendo drenada de su poder, ni antes, ni mucho menos ahora era una amenaza.
Era del Eluchil de quien debía encargarse.
…Y para eso tenía la daga…
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Cuando el ciclo estaba por terminarse, decidió que era el momento.
Cuando llegó a la bóveda de Jeräel él apenas pudo llegar hasta ella de lo agotado que se encontraba, a diferencia de a ella, Crawfördus debía de ir a verlo trabajar y eso significaba gastar poder para aparentar tal cosa, además del que salía por su herida aún más grave que la de ella.
―Jeräel… ―ella lo sostuvo en sus brazos cuando llegó exhausto a su lado―. Es hora de irnos, no podemos esperar más o de lo contrario, usted…
―Por mí no debe preocuparse…
―No vamos a discutir eso de nuevo ―lo silenció ella y lo ayudó a acostarse, colocando su cabeza en su regazo―. Esto se sentirá extraño… ―las manos de la Vaire se dirigieron a su rostro y él apenas fue capaz de ver un hilo rojo ir y venir un par de veces y luego una sensación extraña en la herida.
―Erzaëlí, ¿qué es lo qué…?
―¡Shh! No me distraiga, no sé cuánto tiempo tengo y esto tomará bastante… ―le sonrió y continuó con su labor―. No sé qué tanto durará pero es nuestra mejor opción ―Jeräel asintió y la dejó actuar, después de todo confiaba en ella, para cuando la Vaire continuó él ya se había acostumbrado a la extraña sensación y se sentía un poco menos agotado.
Erzaëlí se inclinó a besar su herida.
―Está listo ―con una sonrisa le ayudó a levantarse―. Ahora debemos irnos.
―¿Listo? ―Jeräel se tocó su rostro y sintió un relieve extraño―. ¿Qué es esto?
Erzaëlí sonrió y le mostró su brazo a través de la rotura en sus vestiduras, Jeräel miró sorprendido como una línea azul sellaba la herida
―¿Eso es… mi hebra de cabello? ―Erzaëlí sonrió y asintió―. ¿La usó para cerrar la herida? Eso quiere decir qué… ―se tocó su herida.
―Embebí ambas hebras en nuestras esencias y las usé para unir lo que la daga separó―explicó―. Cuando estuve observando a los sanadores humanos para crear un cuerpo como el de ellos vi que usaban hilos para cerrar heridas… No sabía que funcionaría, pero debía intentarlo…
Jeräel rompió a reír.
―Usted es definitivamente maravillosa, Erzaëlí ―el Eluchil enredó sus dedos en su cabello y la atrajo hasta sí para depositarle múltiples besos en su rostro―. ¡Sublimemente maravillosa! ―la diosa se sonrojó pero no perdió tiempo y le ayudó a levantarse.
―Eso debería decirlo de los humanos de los que aprendí tal cosa.
―¿Extrañará el mundo humano? ―le miró preocupado.
―Mucho… gracias a ese mundo entendí muchas cosas, aprendí y viví tantas más ―soltó un suspiro pero luego sonrió―. Mas ahora podré viajar y estar con usted, y eso me llena de felicidad. Seguir a su lado es mi único deseo.
―Debo decir que robó mis palabras… ―Jeräel tomó su mano y la besó.
―Es momento de partir ―sonrió haciendo aparecer el orbe que le regalase Jeräel, la diosa liberó la esencia contenida y la hizo adentrarse en ella―. No sé cuánto poder necesitaré para salir de los territorios de Crawfördus, nunca he salido de ellos y usted debería hacer lo mismo con la esencia que ha estado guardando.
―Son extensos debo decirle, pero nuestro objetivo es el Río de Estrellas, una vez lo crucemos estaremos en terrenos protegidos por la diosa Ulteäry, le pediré que nos proteja.
―¿Una diosa antigua interviniendo de esa manera? ―Erzaëlí abrió el primer vórtice mientras el Eluchil recuperaba parte de su esencia encerrada en el orbe que él había estado almacenado, debían bajar hasta el primer cielo para luego escapar de las bóvedas por completo.
―Se lo pediré a cambio del deseo que me daría si terminaba mi misión.
―¿Y su deseo?
―Usted lo sabe, nunca tuve uno hasta que la conocí a usted… ―Erzaëlí apretó su mano y ambos comenzaron a cruzar los vórtices.
Pudieron salir de las bóvedas.
…Mas el camino aún era muy largo…
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La Daga parecía pesada en su mano, pero debía librarse de ella.
Crawfördus había salido de sus dominios con esa misión en su arremolinaba mente, había pasado tanto tiempo encerrado en su bóveda celeste hablando con una daga y consigo mismo sobre el que hacer que estaba perdiéndose en sí mismo, sus pensamientos se veían embargados de imágenes de su hermana, de su sobrina, de la daga, de los tejidos, del Eluchil llevándoselo todo y de él quedándose con nada mientras los demás dioses se burlaban de él, y entonces la cólera lo llenaba pero luego recordaba los últimos momentos de su hermana antes de desaparecer y sus palabras sin rastro de rencor pidiéndole que no dañara a su hija, tan similares a las de su sobrina pidiéndole no dañar a ese herrero.
¿Por qué lo había hecho?
¿Por qué había matado a su hermana si él le amaba tanto?
¿Por qué había hecho una prisionera de su amada sobrina?
¿Por qué se obsesionó con esos tejidos?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
Y entonces solo le quedó una respuesta:
La Daga de Dagnir.
Esa Daga había magnificado sus deseos egoístas y lo había poseído.
La Daga. La Daga. La Daga.
Todo era culpa de la Daga.
Si se deshacía de ella su mente dejaría de ser el caos que era, sin esa daga podría pedir perdón y su sobrina se quedaría con él una vez le ayudase a sanar a ella.
¿Y al Eluchil?
Crawfördus se detuvo y apretó la daga con fuerza.
Al Eluchil ella no lo necesitaría una vez que él, su queridísimo Tío, volviese a ser el de antes.
¿Verdad?
«El Eluchil debe desaparecer…»
―¡NO...! ―se gritó a sí mismo―. Ella lo ama… no debo hacerle esto a Erzaëlí… ―Crawfördus cayó de rodillas y sujetó su cabeza―. ¡Él debe irse! Terminará la aguja, buscaré como sanarlo y luego debe irse… ¡Sí, debe irse! ―rió de manera frenética―. Erzaëlí es solo mía, así debió ser siempre… ¡Es solo mía y debo ir a sanarla!
―No es necesario ―la presencia oscura se manifestó frente a él―. Ella está por ser sanada, en cuanto cruce el Río de Estrellas, por supuesto… ―Crawfördus subió la mirada incrédulo.
―¡ELLA ESTÁ EN SU BÓVEDA! ―gritó mientras la daga de la joya oscura y resplandeciente se elevaba a la mano del dios del Caos frente a él.
―Estaba… ―la sonrisa de la entidad oscura se extendió―. Me pareció ver a una hermosa pareja de dioses camino a ese lugar…
―Ella no… ¡Ellos estaban encerrados!
―Entonces me equivoqué… ―el dios comenzó a desvanecerse―. Oh, ¿pero por qué mejor no lo comprobamos…? ―volvió a materializarse y de sus manos surgió un orbe en el que se veía a dos dioses de la mano encaminándose a un cada vez más cercano Río de Estrellas―. ¿Se le hacen familiares, mi estimado Crawfördus?
―Erzaëlí… ―sollozó Crawfördus―. ¿Por qué me traicionas? ¿Por qué? ¿Por qué?
―Porque el Eluchil la hechizó... ―susurró el dios del Caos a su oído―, porque ese herrero vio las maravillas de sus tejidos y los desea para él… ¡Pobre y hermosa Erzaëlí! Si tan solo alguien la amase tanto como para protegerla… ―y entonces el dios del Caos desapareció, dejándole dos cosas cerca al dios lleno de ira.
…La Daga y un vórtice abierto hacia el Río de Estrellas…
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Para cuando llegaron al borde del río, ambos estaban agotados.
A pesar de la esencia mágica que habían estado guardando en los orbes, el esfuerzo de escapar de los dominios de Crawfördus había sido mucho y estaban agotados, mas la esperanza creció en ambos cuando las estrellas llenaron sus ojos en el borde del río.
―Es hermoso… ―susurró ella y sonrió―. Nunca creí que fuese tan hermoso…
―Y es hora de cruzarlo… ―Jeräel usó las palabras de poder necesarias para invocar a la diosa Kyoukáely, cuando la diosa apareció solo rió al verles.
―¿Acaso su eminencia no puede cruzar el puente por sí mismo y requiere la ayuda de esta humilde diosa? ―el resentimiento era obvio en sus palabras.
―Diosa Kyoukáely, necesito su favor para cruzar el puente ―Jeräel se limitó a hacer su petición.
―Me niego a otorgaros mi favor ―con desdén observó a la pareja.
―Diosa Kyoukáely…
―Me habéis humillado una vez, que os tenga bien servido ahora. Me humill…
―¡Está aquí! ―la sorpresa casi horrorizada de la Vaire le interrumpió y enardecida de nuevo por un desplante, Kyoukáely desapareció en un remolino de urracas de poder mágico.
―¿Crawfördus? ―Jeräel observó tras ellos pero no vio nada.
―Pero está… ―Erzaëlí observó el hilo que la conectaba con su tío―. Lo está.
―Debemos cruzar ahora… ―declaró Jeräel resuelto.
―Pero la diosa…
―Cruzaremos sin ella… ―tratando de concentrar su poder mágico, el dios Eluchil invocó la luz de estrellas que pudo, en comparación con el puente que creó cuando viajaba con Crawfördus, esta vez la luz de estrellas apenas pareció materializarse―. Debemos ir rápido…
―¡Está utilizando demasiado poder! ―le miró asustada―. Si continua así…
―Entonces mejor pongamonos en marcha… ―Jeräel hizo todo lo posible por no mostrar su abatimiento pero cada vez era más obvio―. Usted primero, debo ir atrás para mantener la estructura lo mejor posible ―el intento de sonrisa que él trató de darle para tranquilizarle solo la preocupó más pero, depositándole un beso en la mejilla lastimada, la diosa se encaminó al improvisado puente.
No debían perder tiempo.
Para su sorpresa, el puente comenzó a moverse por sí mismo, y cuando volteó a ver a Jeräel, él no estaba.
El Eluchil estaba a una gran distancia de ella concentrando su poder para que ella pudiese llegar al otro lado.
―¿¡Jeräel!? ―gritó exigiéndole una explicación aún a sabiendas de que él lo hacía para protegerla―. ¡JERÄEL! ―gritó de nuevo justo en el momento que él caía al suelo, y el borde, al otro lado del Río de Estrellas se desvanecía.
Y entonces Erzaëlí no pudo ver lo que ocurría.
¿Cómo habría podido ver?
Ni siquiera Jeräel la vio.
…La Daga que había sido lanzada a su espalda…
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No importaron sus gritos.
Jeräel no los escuchaba.
Erzaëlí sintió que algo se destruía dentro de ella pero antes de caer en la desesperación recordó las palabras de Jeräel para invocar a la diosa del cruce y le llamó, esta apareció de nuevo y le miró con burla.
―Mi respuesta sigue siendo la misma.
―Le daré lo que desee, pero permítame cruzar el puente ―declaró con tanta firmeza de carácter que la diosa Kyoukáely le miró sorprendida.
―No necesito nada ―le respondió intentando no mostrar su sorpresa.
La diosa Erzaëlí la examinó detenidamente y sonrió.
―Las vestiduras que usa las creé yo ―Kyoukáely elevó una ceja―. Si fue un regalo de mi Tío le aseguro que le dio de las más simples creadas por mí, permítame cruzar y volver a este lado y le confeccionaré muchas vestiduras más.
―¿Usted las creo?
―Así es ―Kyoukáely sonrió con avaricia.
―¿Cuento con su palabra?
―Mi palabra es suya, déjeme cruzar y volver.
―Pues bien ―La diosa invocó sus urracas y el puente se creó majestuoso frente a Erzaëlí.
Erzaëlí no perdió tiempo y volvió a cruzar el puente, su inmensidad se le hizo angustiosa y para cuando pudo divisar de nuevo al Eluchil sintió terror al observarlo tendido y a su tío cerca de él.
Pero no era momento de desfallecer.
Aceleró su paso y llegó al fin del puente, corrió hasta Jeräel y detalló la herida en su espalda y como su esencia salía de él sin parar.
―Jeräel… ―sollozó y se arrodilló ante él sin importarle como su Tío les observaba paralizado a unos pasos, la daga estaba en sus manos―. No puede dejarme, prometió viajar conmigo, lo prometió…
―Prometí antes que le liberaría… ―contestó él con voz apenas audible extendiendo su mano al rostro lleno de dolor de ella―. Oh, Erzaëlí… ¿por qué volvió? ¿Cómo puedo protegerle ahora? ¿Cómo?
―Dejándome permanecer a su lado ―replicó ella con una sonrisa, atrapando la mano de él en la suya, apegándola a su rostro―. De esa manera me librará de padecer un dolor más grande que él de desaparecer…
―Erzaëlí…
―Ese es mi deseo, permanecer siempre con usted.
―No puedes traicionarme así, Erzaëlí… ―escuchó la voz de su tío a su espalda―. ¡NO PUEDES!
―El único traidor es usted, Crawfördus ―le cortó ella, dejó la mano de Jeräel con cariño sobre su pecho y enfrentó al viejo dios―. Me traicionó a mí, a mi madre y a usted mismo…
―Erzaëlí… ―Crawfördus cayó de rodillas―. ¡Tú eres mía! ¡Yo te crié! ¡Yo te cuidé! ¡YO TE PROTEGÍ!
―Usted dañó todo lo que amaba, y se dejó poseer por el vicio.
―¡ERZAËLÍ! ―Crawfördus elevó su mirada llena de odio a ella―. ¡ESE HERRERO TE PUSO EN CONTRA MÍA! ¡ESTOY SEGURO QUE SI LO ELIMINO, TÚ… TÚ VOLVERÁS A SER MI ERZAËLÍ… SOLO MÍA!
―Nunca lo fui y nunca lo seré… ―al ver el odio creciendo en su tío temió que arremetiese contra ellos dos, así que la Vaire dejó el lado de Jeräel y se arrodilló frente al viejo dios―, pero alguna vez si fue mi querido Tío ―la mano de la tejedora acarició su rostro.
―¡Quédate conmigo, Erzaëlí! ―la atrapó el dios en sus brazos y Jeräel observó horrorizado como Crawfördus buscaba la daga en el suelo.
―¡Erzaëlí! ―gritó el Eluchil cuando la daga atravesó el costado derecho de la Vaire―. ¡ERZAËLÍ!
―No puedo quedarme usted, Tío… ―susurró la Vaire con gentileza, tomando la daga, sacándola de sí misma―. Yo ya elegí con quien deseo estar hasta que mi esencia se agote… ―Erzaëlí abrazó a su tío― Mas es usted el amado hermano de mi madre, y fue mi amado tío por mucho tiempo, por eso, mi deber es liberarle ―su voz se quebró, y entonces la Vaire clavó la daga en el pecho de su tío.
―¿P-por qué…? ―dijo incrédulo, su esencia, tan plateada como lo había sido la de su hermana, salió sin rumbo fijo y comenzó a volverse oscura y sin forma definida.
―Porque usted se había convertido en algo diferente a mi tío, no lo ha sido desde hace mucho tiempo ―la Vaire se separó de él―. Usted fue corrompido y poseído el día que acabó con mi madre, ahora puedo verlo ―Erzaëlí sacó la daga y cortó el hilo que le unía a él―. Solo lamento no haberme dado cuenta antes, lamento no haber podido ayudarle… Ahora solo puedo hacer esto por usted...
Crawfördus dejó que su vista vagase por el rostro lleno de tristeza de su sobrina y entendió la verdad de sus palabras.
Él se había perdido desde que cometió ese pecado.
―Gracias por liberarme... mi pequeña Erzaëli… ―fue lo último que surgió de los labios de su tío.
La joya oscura de la daga de Dagnir se volvió plateada y junto con la daga, desapareció apenas dejó la mano de la Vaire.
Todo había acabado.
Con dificultad, la tejedora volvió con el Eluchil, lo ayudó a ponerse en pie y en silencio ambos caminaron hacia el Puente de Urracas, al ver al Eluchil, Kyoukáely volvió a negarles el paso pero Erzaëlí le ofreció el dorado adorno de su cabello ―el hermoso adorno que Jeräel le regalase a ella―, y la diosa accedió.
Erzaëlí ya solo pensaba en salvarlo.
Para cuando terminaron de cruzar el puente, sus esencias se habían drenado casi que por completo.
Erzaëlí se sentó con Jeräel en su regazo cerca del borde del Río de Estrellas y ambos se maravillaron con la vista.
―Fuiste muy valiente… ―susurró él, las manos de ella acariciaron sus cabellos azules, así como los dedos de él hacia un rato acariciaban uno de sus mechones escarlatas.
―Lo aprendí de usted, mi Señor ―sonrió ella―. Yo no era la única que necesitaba ser liberada… Mi tío estaba prisionero, sin darse cuenta…
―Cuando llegue la diosa Ulteäry, entréguele esto… ―manifestó una esfera dorada―. Debo completar su pedido ―Erzaëlí solo asintió―. Este lugar me recuerda aquel día luego del festival… en el mundo humano.
―¿A usted también? ―sonrió y descendió a besar la frente del Eluchil―. Es bueno partir con buenos recuerdos… ―Jeräel asintió.
―Entonces recuerde que le amo…
―Solo si usted recuerda que yo también.
―Es lo único que me hace sonreír en este momento… eso, y lo hermosa que es su esencia… ―los brillos rojos robaron su atención un momento―. Es el color más hermoso…
―Sabía que diría eso… ―rió ella queriendo poder expresar lo que de verdad sentía con las lágrimas que le eran permitidas a los humanos pero a ellos no, pero en su lugar arrancó una de sus hebras escarlatas y la enredó en el dedo meñique de él y en el dedo meñique de ella―. Si unió nuestras heridas, nos unirá también a nosotros ―explicó con una sonrisa sincera al ver que él no entendía lo que hacía― De esta manera estaremos siempre unidos. No dejaré que se libre de la promesa que me hizo, Jeräel…
―Usted y su maravilloso ingenio, Erzaëli…
Jeräel rió, acarició su mejilla con amor infinito y desapareció en una estela de brillos azules.
―No llegué a tiempo… ―la voz a su lado ni siquiera perturbó a Erzaëlí.
―Los humanos valoran el poco tiempo que tienen ―respondió la Vaire―. Ahora agradezco más que nunca haber aprendido a hacer eso…
―Jeräel ganó un deseo de los Antiguos, quiere usted…
―Mi deseo ya está cumplido… ―Erzaëlí sonrió y desapareció en una estela de brillos rojos que se unió a la de Jeräel.
La Diosa Ulteäry tomó el orbe dorado.
…No dejó el lugar hasta que ambas esencias desaparecieron…
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Aunque una nueva existencia no sea igual a la anterior que fue.
Su esencia siempre se mantiene.
En especial si se trata de la primordial,
la esencia del Amor.
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El festival estaba acabando y ella quedó separada de los demás.
La mujer suspiró y miró al cielo, los fuegos artificiales habían iniciado y si sus amigos no actuaban contrarios a su usual manera de ser, en ese momento probablemente estarían en la parte más bulliciosa del festival observando como los colores inundaban los cielos.
Soltó otro suspiro.
No entendía por qué los fuegos artificiales y el cielo estrellado siempre la ponían melancólica.
Los estallidos inundaron el lugar y ella decidió que era mejor volver a casa, sin embargo, en ese momento, una pequeña luz azul llamó su atención; curiosa, pensando que era una especie de luciérnaga la siguió. Su kimono le dificultó pasar entre algunos de los árboles y subir la pequeña loma a la que, de manera zigzagueante, la peculiar luciérnaga le guiaba. Cuando llegó a la cima se maravilló en la vista del cielo nocturno siendo decorado con las luces de colores y saltó del susto cuando una voz se unió a su deleite.
―Lo siento, no sabía que había alguien aquí… ―la mujer parpadeó para recomponerse y negó.
―No, yo… acabo de llegar, seguía a una curiosa luciérnaga color…
―Escarlata.
―Azul.
Hablaron al mismo tiempo y se miraron incrédulos.
―¿Azul? ¿Lo dice en serio? ―dijo él con una sonrisa.
―Escarlata me suena menos creíble… ―rió ella.
―Pero le aseguro que lo era ―continuó el hombre de yukata verde―. Al parecer no son comunes aquí.
―No, no lo son ―le aseguró ella―. ¿No es usted de por aquí?
―No, llegué hoy. Estoy en… ―se cruzó de brazos y miró al cielo, era difícil concentrarse en hablar cuando tenía a una mujer tan hermosa al frente―, un viaje de trabajo.
―Entiendo… ―ella aprovechó que el apuesto hombre miraba al cielo para permitirse la indiscreción de mirar el tatuaje en su rostro, él pareció notarlo porque volteó a verla y sonrió cuando ella se sonrojó al ser descubierta y bajó la mirada al suelo.
El silencio se volvió incómodo y él sintió la necesidad de evitar que ese silencio mutase en la despedida de ella y en el fin de su encuentro.
Algo dentro de él le dio la respuesta.
―No se preocupe por mirar la extraña marca en el rostro de este humilde siervo, mi Señora ―le dijo en tono jocoso y ella no pudo evitar reír por eso, lo que lo hizo tranquilizarse a él―. Suele ocurrir a menudo.
―Eso no quita que haya sido indiscreta, mi Señor ―el hombre rió al escucharle seguirle la broma con las palabras formales.
―Me hice el tatuaje para cubrir una marca de nacimiento, esa marca atraía más atención que esto ―se señaló el rojo tatuaje.
―Yo también tengo una ―respondió ella―. También la cubrí. Aunque no de manera tan llamativa como usted.
―¿Tan llamativa? ―le miró de manera juguetona y ella sintió sus mejillas arder―. Esto es una vieja runa.
―Bueno, soy una persona simple, yo me tatué una sencilla hada azul.
―La simpleza es relativa ―respondió él―. Y desde aquí usted no me parece una persona simple. De hecho, en solo esta pequeña conversación, usted me parece bastante ingeniosa.
―¿Ingeniosa? Mi madre dice lo mismo ―dijo divertida―. Aunque tal vez sea porque no dejo de inventar cosas y guardarlas en el sótano ―él rió― ¿Se quedará a ver los fuegos artificiales?
―Bueno, la luciérnaga que seguía se transformó en una hermosa mujer con una impresionante e inusual cabellera escarlata―la respuesta de él hizo a la mujer sentir su cara arder, nunca nadie había dicho algo así de su cabello rojo―. Eso es una señal para que me quede a observar. ¿Se quedará usted, mi Señora…?
Dejó la pregunta al aire y ella soltó un suspiro.
―¿El señor no esperará que le dé mi nombre sin saber primero el suyo?
―Ciertamente ―aunque estaba a un par de metros de ella extendió su mano―. Mi nombre es Jellal, Jellal Fernandes. Es un placer conocerla y sepa que estoy a su servicio.
―El placer es mío, Jellal Fernandes ―la mujer se acercó y tomó su mano con firmeza, ambos se asombraron del cosquilleo que sintieron al hacerlo―. M-mi nom-nombre es… ―tartamudeó por la oleada de sensaciones, fue como si la nostalgia que siempre sentía al ver los fuegos artificiales y el cielo estrellado se hubiese multiplicado y cuando sintió que se ahogaba en esa melancolía extraña, una felicidad inaudita la invadió hasta hacerla sentir ganas de llorar―. Erza Scarlet… ―apenas pudo decir y sin poder evitarlo cayó de rodillas al suelo mientras lagrimas se derramaban por sus mejillas.
―¿¡Está usted bien!? ―Jellal se hincó junto a ella y le miró preocupado, no se había dado cuenta que él también lloraba.
―Lo estoy… ―susurró ella, luego de un momento rompió a reír y se limpió las lágrimas mientras se sentaba en el césped―. Lo siento, no sé qué me pasó…
―Sabía que usted no era nada simple… ―sonrió él y se sentó de espaldas a ella, en ese momento fue consciente de sus propias lágrimas, se las limpió y se cruzó de brazos―. Tal vez bebimos mucho de esa bebida sagrada del templo ―propuso él y ambos rompieron a reír.
―La verdad el amesake estaba algo fuerte este año ―continuó ella la broma―. Los dioses querían celebrar hoy a lo grande.
―¿Y qué celebraban hoy los dioses?
―¿No conoce usted la leyenda de Tanabata?
―Me haría un favor muy grande si usted me la informa, hoy solo fui arrastrado aquí, obligado a usar esta vestimenta y luego perdí de vista a mis amigos.
Erza se divirtió con la similitud de sus situaciones y comenzó a contarla.
Cuando luces rojas irrumpieron el cielo con fuerza, Jellal la interrumpió sin quererlo.
―Es el color más hermoso que existe… ―suspiró él, observando atento el hermoso cielo estrellado impregnado de brillos rojos.
―Sabía que diría eso… ―suspiró ella, con la mirada en el mismo cielo.
Ambos rieron y no se preguntaron porque ella había dicho tal cosa.
Se sintió natural.
…Tal vez porque muchas veces antes, en otra vida, ella le había dicho eso mismo…
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] J & E [
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Bostezó, y sus ojos se cerraron.
Aún así continuó preguntando.
―¿Y la Diosa del Tiempo no hizo nada? ―su voz sonó triste.
―Ella exigió de vuelta el adorno de cabello de la Vaire que pidió la diosa Urraca a cambio de cruzar el puente, gracias al adorno tuvo visiones de los recuerdos de ellos. Luego de castigar a la diosa del Puente quitándole sus poderes, decretó que el puente de urracas apareciese cada día en que el calendario humano llegase a esa fecha.
―¿Por qué el calendario humano?
―Porque la Vaire y el Eluchil amaban el mundo humano y la diosa del Tiempo lo vio en sus visiones. Por eso consagró esa fecha humana a ellos cuando tomó posesión de los antiguos dominios del dios del Cielo, el mundo humano incluído.
―¿Y la Daga de Dagnir? ―bostezó de nuevo y se acomodó contra su pecho.
―La Daga desapareció, se cree que el dios del Caos se la llevó para continuar corrompiendo esencias, eso es una parte muy injusta de la historia; pero, por otro lado, el deseo que la diosa del Tiempo le debía al Eluchil fue concedido a su favor.
―¿Cómo? ―preguntó con entusiasmo.
―Se les permitió reencarnar en cuerpos humanos, pero como las vidas humanas son cortas comparadas a las inmortales que injustamente perdieron, el consejo de Dioses Antiguos les permitió continuar reencarnando cuantas veces deseasen sus esencias y encontrarse en cada una de esas vidas.
―¿Y fueron felices en cada vida?
―Bueno… eso…
―Lo fueron ―una nueva voz se unió a la conversación y se acostó junto a ellos besando la cabellera de su hija―. Lo fueron, a veces batallaron con más problemas, como todas las personas, pero siempre terminaron encontrando gran felicidad.
―¿De verdad, papá? ―la niña de cabello escarlata como su madre miró al hombre de cabello azul que sonreía a la mujer que abrazaba a la niña.
―Lo es… ―la niña sonrió extasiada y luego un bostezo inmenso salió de sus labios haciendo reír a ambos adultos.
―Es hora de dormir, mi pequeña… ―la mujer besó su frente, la pequeña rió por las cosquillas que el cabello de su madre le causó al caer como una cortina sobre ella y luego se abrazó a su padre quien la cobijó bien y besó su mejilla.
―¿Hoy puedo dormir con ustedes? ¿Puedo? ¿Puedo?―suplicó con un puchero y brillantes ojos color miel ―casi dorados, pensaba Erza a veces― como los de su padre.
―Puedes ―permitió su madre incapaz de resistirse a esa suplica y su hija se levantó y les agradeció con un enorme y sonoro beso en las mejillas.
―Sueña con cosas lindas… ―la niña apenas asintió porque se durmió casi que enseguida al ser cobijada de nuevo, como sucedía siempre que su padre le contaba historias para dormir, además de estar cansada por haber estado jugando toda la tarde y noche en las cercanías del templo.
―¿Le gustó esa historia? ―la mujer acarició la mejilla tatuada del hombre y este sonrió.
―No la cuento tan bien como tú, pero creo que sí le gustó ―ella rió y le dio un beso rápido.
―Siempre fue mi historia favorita ―dijo ella con una sonrisa―. Jellal… ¿de verdad crees que siempre fueron felices o solo lo dijiste para seguirme la corriente? ―elevó una ceja y él rió.
―Lo creo, Erza… ―con cuidado de no despertar a su hija, Jellal extendió su mano hasta enredarse en el cabello escarlata de la mujer que encontró muchos años atrás durante un festival de Tanabata―. Estoy seguro… ―la atrajo hasta sí y la besó con tanto cariño que Erza suspiró encantada.
―Yo también… ―murmuró contra sus labios sonrientes y con amor infinito abrazaron a la niña durmiente en medio de ellos.
El festival de Tanabata de ese año aún no había terminado, y por eso, mientras ellos dormían, los cielos se iluminaban de múltiples colores.
…Ya vendrían muchos festivales nuevos que disfrutar todos juntos…
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¿Reviews?
Aunque ya terminó, agradezco de corazón el tomarse un momentito para comentar sobre la historia.
QwQ
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Disclaimer II: Basada levemente en la "Leyenda Del Tanabata"
Aclaraciones:
Amesake: Es una bebida tradicional japonesa dulce, y ligeramente alcohólica hecha de arroz. Es común su venta en los festivales de templos.
Cabello: Para los japonés, el cabello es una de las cosas más importantes, al menos en la época de las creencias, por ejemplo, se decía que regalar un trozo de cabello para un samurái era una acción increíblemente intima, ya que con el entregaba algo de su estatus y de su propia persona, además también se podía usar para rituales de magia, para acceder a la esencia de esa persona. En muchas otras culturas el cabello se considera mágico y puede ser utilizado para magia, hechizos y alta brujería.
Dagnir: (Élfico) La daga se llamaría Daga de la ruina y/o asesinato.
Vaire: (Élfico) Tejedora.
Eluchil: (Élfico) Herrero.
Erzaëlí: Erza.
Jeräel : Jellal.
Ulteäry: Ultear.
Kyoukáely: Kyouka.
Crawfördus: Crawford.
Hildary: Hilda.
Rincón De La Escritora En Proceso:
Vaya… no puedo creer como terminó creciendo esta historia… a veces no sé qué me pasa por la mente que ocurren estas cosas. xD Ténganme paciencia, algún día aprenderé a tener auto control. Cualquier duda. No duden en preguntar.
Espero que la hayan disfrutado. QwQ/ Gracias mil por leer.
Agradecimientos:
Vosotras adorables reviewistas con cuenta os contesto por PM:
Artemisa Neko Chan
MinSul6011
Bluewater14
Tsubomi Scarlet
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Y a todos los que leyeron esta historia en algún momento:
LightKey27
Noalovegood
BlueMoonDaughter
Lady Werempire
Banana Sama
DanaLovesOhana
IBLWE
FletchS
U-U
Guest
Anuko50Jerza
Stormy Night Of Rain92
LEGNA
KissaYunna
Guest 2
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Espero les haya gustado.
Gracias por comentar
¡Adieu!
.o./
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