Un mes.

Un largo, maravilloso, y glorioso mes a pasado desde que Edward y yo estamos juntos. Y puedo decir con toda la seguridad y certeza del mundo que este ha sido el mejor mes de mi triste y solitaria vida.

Desde aquella tarde que Edward me pidió ser su novia, todo a sido perfecto.

Aun me siento culpable por el incidente que pasó en su casa, por supuesto, ¿Cómo no estarlo? Casi asesino a Tanya delante de todos, sin mencionar que mostré mis poderes a su familia. Edward dice que todo está bien, que ni Carlisle ni Esme están enojados conmigo, y que soy bienvenida a su casa cuando quiera, pero aun así… Todavía me siento muy avergonzada. Por lo mismo, ya no he vuelto a ir a la casa de los Cullen.

En cuanto a Tanya, no la he visto desde ese día en el instituto, cuando Edward admitimos abiertamente que estábamos juntos. Se lo pregunté, y él me dijo que había decidido regresar a Denali, con su verdadera familia por un tiempo, partiendo en dos el corazón del chico con quien estaba saliendo.

De ahí que todo fuera tan perfecto, bueno, más de lo que ya era.

Ojalá no regrese nunca.

Pero de verdad, fuera de eso, espero que le esté yendo bien.

Espero.

Bien, solo diré que, extrañamente, el que se mete conmigo se sala y le pasan cosas malas. Siempre es así. En verdad espero no suceda eso con Tanya. A pesar de todo, no es tan mala ¿Saben? Vale, es odiosa, si, pero creo que yo también actuara así si estuviera en su lugar: Hacerle la vida imposible a quien estuviera detrás de Edward. Hay que entenderla un poco.

Giré y lo vi , a mi lado, y no puede evitar sentir aquella sensación en mi estómago que me resultaba algo completamente habitual cada vez que posaba mis ojos en su perfecto rostro. Él me dirigió una dulce mirada, antes de volver a fijar sus ojos en la carretera por la que íbamos, a una descomunal velocidad a la que ya casi me había terminado por acostumbrar.

Lo amaba tanto. Y podría decírselo a todo el mundo, gritarlo a los cuatro vientos o a cualquiera que quisiera oírme. Porque cada vez que sentía sus ojos sobre mí, cada vez que sus labios se curvaban en una sonrisa, cada vez que me abrazaba con sus marmóreos brazos o cada vez que sus labios de hielo rozaban los míos, sentía que mi vida realmente tenía sentido, que realmente estaba viva.

Y no soportaba la idea de tener al reloj jugando en nuestra contra. Porque, a pesar que lo amara con locura, sabía que él y yo éramos de mundos diferentes.

Que no éramos lo mismo.

Si yo fuera una humana común y corriente y él un vampiro, normal.

Si él fuera un humano y yo una cazavampiros, normal.

Pero no.

Él era un inmortal vampiro y yo una cazavampiros.

-¿En que piensas? - preguntó con aquella sonrisa dulce, sacándome de mis trágicos pensamientos.

Le devolví la sonrisa.

-En la eternidad que pasaremos juntos - respondí sin inmutarme.

Entonces, una idea se formó en mi cabeza.

¿Y si…?

Miré a Edward, no parecía muy contento con mi comentario, pero no me importó. Seguí meditando en mi nueva teoría, y en su posible buen resultado.

Definitivamente, por la expresión que puso Edward, no le iba a agradar nada mi idea. Y, sinceramente, a mi tampoco me gustaba mucho, pero si esa era la única forma de quedarme con él… la haría sin pensarlo.

Pero… ¿Funcionaría?

Tenía que hablar con alguien sobre esto, ¿pero con quien?

Inmediatamente, el nombre de quien me podía ayudar en estos momento apareció en mi cabeza.

D.

Si, ella me aconsejaría. Me diría si mi plan es bueno o, por el contrario, es todo un fiasco.

Pero hace mucho que no hablaba con ella. En realidad, la ultima vez que la escuché fue ese día, cuando Edward me llevó a conocer a sus padres, desde ahí no la he vuelto a escuchar. Me preocupa un poco sus desaparición, ella nunca había estado callada tanto tiempo. Incluso la extraño. Si, lo se, esto es muy raro, pero es lo que siento. Es muy curioso si tomamos en cuenta que al principio lo único que quería era que se largue y me deje en paz. Ahora echo de menos sus extrañas conversaciones y su oscura voz.

Esperaba oírla pronto.

¿D?¿Estas ahí? Pregunto dentro de mi cabeza.

Nada. No obtengo ningún tipo de respuesta.

Otra idea aparece en mi cabeza.

¿Y si trama algo? Porque extraño que no me responda. Vamos, que no es un día o una semana ¡Es un mes! Y es muy raro.

¿Y si decidió irse finalmente?

No lo creo, seguro se habría despedido de mi, ¿no? Si, ella no se iría así, sin más.

-¿Bella?- me llama Edward, apretando ligeramente mi mano que tenía sujeta.

-¿Umm?- inquirí-

-Pareces preocupada y has estado callada por mucho tiempo- dijo, se giró y me miró- ¿Pasa algo?-

-No, estoy bien- respondí.

No se como, pero me las arreglé para sonreír.

-¿Segura, amor?- no parecía muy convencido- Sabes que puedes contar conmigo, sea lo que sea-

Detuvo el auto ya que habíamos llegado al instituto.

Apagó el motor y se giró hacia mi, podía ver en sus ojos que estaba preocupado. ¿Qué?¿Tan mal me veía?

-De verdad, Edward, no me pasa nada- dije- Solo que…- Vamos, Bella, piensa rápido. Cualquier cosa. Algo con lo que lo puedas engañar y desviar del tema original.

Edward me miró, a la espera de mi respuesta.

Vamos, Bella…. ¡Piensa!

-Estoy… un poco nerviosa por los exámenes finales y… y… se viene el baile de fin de curso…- bajé la vista, esperando que se creyera mi tan pobre mentira.

En serio, Bella ¿Qué te pasa? Antes eras una mentirosa de primera, ¿Y ahora? ¡Eres todo una vergüenza!

-Bella, no debes preocuparte por eso, de seguro tus calificaciones serán perfectas- Tomó mi mano entre las suyas y luego la besó suavemente- Aunque, si quieres, yo puedo ayudarte- sonrió-

-No creo que eso sea buena idea- dije-

-¿Por qué no?- me preguntó-

Ya, claro, hazte el loco.

-¿Recuerdas esa vez cuando me "ayudaste" con la tarea de trigonometría?-

Esa tarde, yo estaba haciendo la tarea de trigonometría. Cuando empecé a hacer el quinto problema, el se inclino sobre mi y empezó a jugar con mi pelo. Después se acerco más, y paso su nariz por mi cuello, haciendo que me diera escalofríos y mi concentración empezara a perderse. Traté de ser fuerte y seguir. Él a continuación, beso muy suavemente mi cuello.

-Edward…-

-¿Mmm…? - musitó, aun besando mi cuello-

-Tengo que terminar el ejercicio -

No me hizo caso.

Pasó su brazo por mi cintura, acercándome a él, y besando de nuevo mi cuello y el hueco detrás de mi oreja.

-Me estas distrayendo-

-¿Sabes? Es importante que aprendas a mantener tu concentración mientras haya algo que te distraiga - susurro en mi oído.

-Claro, y tu te ofreces como voluntario para eso, ¿verdad?- inquirí.

-Por supuesto- mordisqueo ligeramente el lóbulo de mi oreja. Suspiré entrecortadamente- Ahora, continua resolviendo el problema- me ordenó.

Pero ya no podía ver ni un solo numero, ni ninguna otra cosa. De lo único que era consiente era de sus labios recorriendo mi cuello y mi mandíbula.

Oh ¡Al diablo la tarea!

Edward tomo el cuaderno y lo dejo a un lado, abrazándome y atrayéndome más hacia él. Beso mis parpados, mis mejillas y la punta de mi nariz. Mi respiración se volvió entrecortada y estaba teniendo dificultades para respirar.

Él acerco mi cara a la suya, y me miro con sus hermosos ojos dorados. Me beso. Un beso tierno y lleno de amor…

El sonido de mi celular rompió nuestra burbuja. Bufando y a regañadientes, me levanté para cogerlo.

En serio, estaba empezando a odiar a esos aparatos.

Edward se rió.

-Bueno, pero recuerda que eso fue para reforzar tu concentración- se defendió.

-Si, claro- reí- Y luego me quitaste el cuaderno-

-Aun era muy temprano y te merecías un descanso-

Ajá.

-Es mejor que nos pongamos en marcha, vamos a llegar tarde- dije.

-Tienes razón- concordó. Me dio un suave beso en los labios y luego en la frente. - Vámonos- besó mi mano que tenía entre las suyas y salió del auto para, como siempre, abrirme la puerta.

.

.

.

En vez de ir a nuestras respectivas clases, tuvimos que ir al gimnasio. ¿Para que? Resulta que hoy teníamos una pequeña visita del párroco de la iglesia.

Si, si, a mi también me tomó muy por sorpresa.

No recordaba la ultima vez que fui a una iglesia, vi o escuché a un sacerdote. Creo en Dios, por supuesto, pero no soy de ninguna religión.

El servicio fue silencioso, tradicional... e increíblemente largo. El pastor, desafortunadamente, no estaba bendecido con la brevedad, ni ingenio, y su sermón se alargaba mientras el tedio del salón aumentaba.

No tengo nada en contra los sacerdotes ni con sus sermones, pero lo único que quería ahora era irme de aquí.

-¿Aun falta mucho?- le pregunté a Edward muy bajito para que solo él me oyera.

-Unos treinta o cuarenta minutos, mas o menos- susurró.

Asentí. Bien, treinta minutos, podía soportarlo.

Crucé las manos sobre mi regazo y suspiré.

Pero fui torturada al sentarme lo suficientemente cerca de Edward como para sentir el extraño magnetismo radiando de su cuerpo. El firme muslo de Edward tocaba ligeramente el mío y noté que apretaba fuertemente las manos. Mi corazón se aceleró y mi respiración se hizo superficial por el contacto eléctrico.

Contrólate, Bella. Me ordené a mi misma.

Tenía tantas ganas de estirar el brazo hasta él que mis dedos se retorcieron. Afortunadamente, mi cerebro todavía funcionaba lo bastante bien como para obligar a mis manos que se agarraran entre ellas y no a Edward. Mis dedos entrelazados se apretaron fuertemente en mi regazo, intentado no pensar en…

-¡Pecado!- gritó el predicador de repente, interrumpiendo mis no inocentes pensamientos.

Mis ojos fueron de golpe al sacerdote y sus ojos se enfocaron en mí.

¡Maldición! ¿Podía leer mi mente?

¡Rápido! piensa en mascotas, si animalitos adorables. Piensa en esos gatitos tiernos que viste ayer en la televisión. ¡Oh, ya sé! Canta una canción mentalmente. O piensa en los problemas de trigonometría, si, eso, trigonometría.

Pero pensar en eso fue un grave error, porque inmediatamente recordé la tarde pasada, cuando Edward me estaba ayudando con mi tarea.

-Deja de removerte-dijo Edward en voz baja, moviendo apenas los labios.

-¿Qué?- pregunté. Mi voz salió un poco más alta de lo que hubiera querido.

-Él cree que te sientes culpable, y no va a dejar de mirarte si aparentas estar nerviosa- murmuró sin quitar la vista del frente.

Es que me siento culpable. Y estoy nerviosa.

Vamos, cualquiera lo estaría, el viejo acaba de gritar "¡Pecado!" Justo cuando yo estaba pensando en…

La mirada del padre se hizo más intensa.

Vale, esto se estaba poniendo aterrador. ¿Y si de verdad leía mi mente?

No es que estuviese pensando en cosas demasiado malas, o sea, no eran inocentes pero tampoco…

Relájate. Me dije. Tímida e inocente.

Me relajé en mi asiento, obligándome a no removerme. Puse una sonrisa tímida en mi cara y coloqué un mechón de pelo detrás de mi oreja, para luego volver a cruzar las manos sobre mi regazo. Dudaba que pudiera leer mi mente, eso solo lo hacía Edward y ni él podía, pero por si acaso me obligué a pensar en cosas tranquilas e inocentes.

El sacerdote tosió y apartó rápidamente la mirada.

-Ahora piensa que intentaste coquetear con él- dijo Edward. Eso parecía hacerle gracia.

Me giré hacia él, con los ojos ampliados por la sorpresa. Él asintió.

El cura piensa que me gusta y que coquetee con él. Genial. Fantástico.

¿En serio? ¿Solo porque sonreí? ¡Esta loco!

Viejo mal pensado. ¿No se supone que ellos no deben tener ese tipo de pensamientos?

Volví a mirar al sacerdote. Él se encontró con mi mirada y desvió la suya inmediatamente.

Eso confirmaba lo que dijo Edward. El vejestorio pensaba que me gustaba, y que le sonreí en un intento de flirteo.

Bueno, al menos él no correspondió a mi "coqueteo". Eso habría sido demasiado traumático, incluso para mi.

Aparté la vista del improvisado pulpito que habían armado al centro y miré a los lados, en un intento de distraerme y de no pensar en el raro incidente, o en Edward. Sobre todo en Edward.

Un chico que estaba en el banco de adelante de nosotros movía extrañamente la cabeza, y me di cuenta de que luchaba por mantenerse despierto.

¡Bien! Justamente era esa la distracción que necesitaba.

Me mordí el labio en un intento de contener mi risa mientras veía su cabeza caer hacia delante y luego levantarse abruptamente mientras pestañeaba frenéticamente. Escuché una risita baja a mi lado. De reojo vi a Edward sonreír.

Estaba mirando al mismo chico.

Un momento. ¡El chico era Mike! Una pequeña risita se me escapó.

Finalmente, el sueño le ganó y su barbilla cayó a su pecho y se quedó ahí. Un momento más tarde, el inconfundible sonido de los ronquidos llegaron a nosotros, y cada vez se hacían más altos.

Intenté con todas mis fuerzas contener la carcajada que amenazaba con explotar en cualquier momento.

Pero no podía. Una de las cosas que no podía aguantar era la risa.

Miré a Edward, en busca de algo de ayuda, pero él no estaba mejor que yo, también luchaba contra la risa, con la cabeza bajada mientras sus hombros se sacudían ligeramente.

Otra risita se me escapó.

-Shh- me advirtió, aunque inmediatamente después, a él se le escapó otra risa, lo que provocó otra risita mía también.

Por muy increíble que parezca, la voz del sacerdote superó a los potentes ronquidos de Mike, mientras decía enérgicamente no se qué, no lo sabía ya que no estaba prestando atención, y con una exclamación final, golpeó la mesa con la mano.

Mike se levantó de repente con un fuerte resoplido, despertándose por el susto.

Jessica Stanley, quien estaba sentada a su costado, le dio un codazo y lo fulminó con la mirada. Mike se puso rojo y se encogió en el asiento.

Edward y yo nos levantamos de un salto cuando todo terminó y nos dirigimos a la salida del gimnasio.

No se como, o por que hice lo siguiente, me volví loca, creo que era producto de la reciente vivencia, la risas contenidas, lo de Mike…

Sonreí y le guiñé un ojo al cura cuando pasé por su lado. La cara que puso era de fotografía.

Después de eso, Edward y yo salimos corriendo.

Nos detuvimos cuando estuvimos cerca a la cafetería y no había nadie cerca.

Él y yo nos miramos en silencio unos segundos, antes de explotar en risas.

.

.

.

Caminábamos por el pasillo hacia el salón de biología, y yo aun seguía riéndome cada vez que me acordaba del incidente de esta mañana.

-No puedo creer que hayas hecho eso- dijo Edward cuando entramos al salón-

-Oh, vamos, ¡fue divertido!- me excusé mientras me sentada y acomodaba mis libros en la mesa-

-Pero eso no quita el hecho de que estuvo mal-

-Pues no pensaste que estaba mal en ese momento- dije.

¿Él que hablaba? ¡Si muy bien se había reído cuando le hice el guiño al cura!

-Lo sé, y estoy muy avergonzado. No debimos habernos burlado de esa manera-

-No fue tan malo- me defendí.

-Bella, ahora el sacerdote piensa que le gustas-

-A nadie le hace daño una pequeña broma. Además, le subí un poco el autoestima, ¿no?- me reí.

En ese momento el profesor entró al salón y no pudimos hablar más. Vi de reojo como Edward movía la cabeza y sonreía, aunque trataba de disimularlo.

Él profesor pidió atención a todos ya que algunos seguían hablando y empezó con la clase. El tema de hoy ya lo había visto, como siempre, así que no me preocupé en prestar atención. Estar más adelantada que todos aquí era bueno y tenía sus ventajas, pero aburrido en cierta manera. La verdad es que no entendía como Edward soportaba esto, era tan aburrido. Yo, en su lugar, estaría viajando por el mundo, conociendo nuevos lugares, aprendiendo cosas nuevas… en fin, divirtiéndome. Si estoy aquí ahora en este pequeño y aburrido pueblo es porque me mandaron en una misión, no por gusto propio. Bueno, ahora si estaba aquí por una razón y por voluntad.

Otra vez sentí esa punzada en el corazón al recordar que mi tiempo con él se estaba agotando y terminaría por acabarse por completo si no hacía algo. Y pronto.

Hasta ahora solo tenía un plan y no estaba segura si funcionaría.

Vale, veamos… ¿Cuánto tiempo me queda? El plazo máximo que nos dan en cada misión es un año. Ya habían pasado nueve meses, hasta la fecha.

Me quedaban tres meses. Tenía tres meses para que se me ocurra algo realmente bueno y pueda quedarme con Edward.

Debo reconocerlo, D me vendría de mucha ayuda ahora.

¡¿Por qué tenía que irse justo cuando más la necesitaba?!

Necesitaba ayuda profesional, y ella era la única con quien podía contar. Con quien podía hablar de esto y pedirle un consejo. ¡Ella era tan aterradoramente lista! Seguro sabría que hacer en estos momentos.

-¿Cuál era la pregunta, profesor?- pregunté, alzando la vista hacia él.

Estaba tan metida en mis cavilaciones que no escuché la pregunta del profe.

-Uhm… Usted ya respondió a la pregunta, y correctamente, señorita Swan- respondió, mirándome extrañado.

Murmuré un "Oh" y bajé la vista.

Vi como el profesor seguía mirándome extrañado, y también lo hacía Edward.

Yo disimulé mirando las paredes y el techo.

Hace unos…. Diez u ocho años atrás me hubiese sorprendido por lo que pasó, pero ahora solo siento tristeza y vergüenza de que mi extraña costumbre no haya desaparecido. Sigo respondiendo y hablando cosas sin que me de cuenta de que lo hice. Como ahora, por ejemplo, no recordaba hacer respondido a la pregunta del profesor. Y lo más extraño era que, en algunas ocasiones, yo no sabía nada referente al tema, sin embargo respondía asertivamente.

Pero no me preocupo por eso. Ya me he acostumbrado a saber cosas, sin saber que yo las sabía.

Como me salió esa frase…

Estaba mirando por la ventana que estaba a mi lado, pero dejé de hacerlo cuando vi a una araña construyendo tranquilamente una telaraña, ya saben el miedo que les tengo, y ver sus patas moverse me daban nervios… Me estremecí involuntariamente.

-¿Qué pasa, Bella?- me preguntó Edward al oído. No lo había sentido acercárseme, por lo que eso me provocó otro temblor.

Edward siguió la dirección de mi mirada. Se rió ligeramente.

-¿Eso era, amor?¿La araña?- se rió.

-Cállate- musité. Él rió otra vez.

Él profesor se giró hacia nosotros para darnos una breve mirada de reprobación y luego se concentró en su clase.

Estaba segura de que no había oído nuestra conversación, solo que estábamos hablando. Eso era bueno, no quería que nadie se enterase de mi tonta fobia.

Miré a otro lado esta vez, tratando de distraerme de alguna manera, no quería que pasase lo mismo que con el sacerdote. Dudaba mucho que el señor Banner se girara y gritara "¡Pecado!" de momento a otro, pero mejor prevenir.

Estuve mirando y contando las rajaduras de las paredes cuando Edward me pasó una nota disimuladamente, aun con la vista fija en el profesor.

-"¿Sigues molesta conmigo?" Había escrito en el papel, con su siempre perfecta caligrafía. Me hacía preguntarme como podía escribir así de bien tan rápido.

Cogí el papel y escribí un rápido y cortante:

-"Si"

Y se lo pasé.

La verdad es que ya no estaba molesta con él, de hecho, nunca lo estuve. Bien, si, un poco, por reírse, pero ya se me había pasado.

Lo vi escribir y pasarme el papel de nuevo.

-"Lo siento, se que no debí haberme reído de ti, ni de tu miedo a las arañas ¿Me perdonas?"

Lo miré y él sonrió ligeramente, con las disculpas en la cara.

Cogí el lapicero y escribí :

-"No"

Su sonrisa decayó cuando leyó mi respuesta, pero casi inmediatamente se puso a escribir.

Si, quizás sea un poco mala, ¡pero se burló de mi miedo a las arañas! Ahora me tocaba a mi.

-"¿Por qué? ¿Tan malo fue que me riera de ti?"

Escribí, puse una expresión inescrutable en mi cara y deslicé el papel hacia él.

-"Si"

Edward escribió rápidamente y, con la mirada aun en el profesor, me pasó la nota.

-"De verdad, lo siento. No volveré a reírme ni burlarme. Me disculparé cuantas veces quieras. Haré cualquier cosa, pero perdóname ¿si?"-

Luché contra la gran sonrisa espontanea que estaba por extenderse en mi cara al leer lo que escribió.

-"No"

Frunció ligeramente el ceño cuando leyó mi respuesta. Escribió rápidamente y me lo pasó.

-"¿Es que siempre me vas a responder con un sí o un no?"-

-"Si"

Escribí y se lo pasé.

Esta vez se rió cuando leyó mi respuesta, y yo no pude evitar sonreír.

Aun sonriendo escribió una respuesta y me pasó el papel.

-"Tienes una sonrisa preciosa, y adoro ver como brillan tus ojos cuando lo haces"-

Sonreí aun más cuando leí su respuesta. Me giré a mirarlo, él me sonrió. Me dieron ganas de lanzarme sobre él y abrazarlo.

-"No se si te has dado cuenta, pero ya te he perdonado. No necesitas los halagos" - escribí.

Lo leyó y escribió rápidamente. Le dio una breve mirada al profesor antes de pasármelo.

-"Me alegra que me hayas perdonado, prometo no volver a reírme. Y lo anterior no lo decía por adularte y conseguir una disculpa, lo decía de verdad. Y me encanta cuando te sonrojas, como ahora, te vuelves adorable"-

Vaya, eso era nuevo ¿Mis ojos de verdad brillaban? Pensé que el "brillo" se había ido hace años.

-"Gracias" Escribí."¿Me parece… o Mike se está quedando dormido otra vez?"

Agregué cuando vi la cabeza de Mike caer lentamente hacia atrás.

Sonrió y escribió.

-"Si, se está quedando dormido de nuevo. No vayas a reírte"-

La cabeza de Mike cayó completamente hacia atrás finalmente y abrió la boca, empezando a roncar ligeramente.

Bajé la vista y mis hombros se sacudieron en una risa silenciosa.

-"Creo que ya es tarde para eso. Oye, ¿sabes la causa de su sueño excesivo?"-

Sonrió ampliamente cuando leyó lo que escribí. Rápidamente escribió una respuesta y me la pasó.

-"Digamos que… alguien intentó colarse en la habitación de Jessica Stanley. No tuvo éxito y terminó en la habitación equivocada"-

-"Bueno, no todos pueden ser como tu, un experto en entrar a mi habitación por la noche ¿Qué tan equivocada?"-

-"Entró al cuarto de sus padres"-

Me tapé la boca para evitar una exclamación y una fuerte carcajada.

-"Cuenta. Todos y cada uno de los detalles"-

¿Mike Newton entrando a la habitación de los señores Stanley por error? ¡Este era el chisme del año!

Edward estaba a punto de responder pero de pronto se tensó y escondió el papel.

Supe la razón cuando alcé la vista, y vi al profesor mirándonos y caminar hacia nosotros.

Nos había pillado. Como siempre, mi corazón dio un vuelco antes de que pudiera controlarlo y tranquilizarme.

-¿Pasando notas en mi clase?- inquirió en voz alta-Yo creo que no. Denme ese papel-

-¿Papel?¿Cual papel?- pregunté, con una expresión inocente y confundida-

-Los he visto, no se hagan los que no saben de lo que estoy hablando-

-Disculpe, señor, pero las únicas notas que tenemos son las que tomamos de su clase- intervino Edward que, afortunadamente, había hecho desaparecer el papel.

-Si, señor Banner- secundé-

Pero el viejo no cedió.

-¡Denme ese papel ahora mismo!-exigió, extendiendo la mano hacia nosotros.

-Profesor, yo fui el que mandó la nota - confesó Edward.

-¡Denme la nota! - ordenó, dando un manotazo a la mesa. Eso hizo que Mike se despertara de golpe y casi se cayera de su silla.

Edward no dio ninguna señal de querer entregarle la nota, y yo menos. Aun si quisiera, yo no era la que tenía el papel.

Estaba estupefacta, era la primera vez que veía al señor Banner actuar de esa manera. ¿Habrá tenido un mal día? Bueno pues, esa no es razón para que nos grite así.

-¿Quieren suspender la materia? - instó.

¿Qué?¿Suspendernos?¿Por pasar notas?

-No puede suspendernos por… -comenzó Edward, empleando un tono de voz seco y estudiadamente profesional, pero de pronto su mascara de tranquilidad de cayó. Su mano tembló, supongo por el enfado, al abrirla y entregársela.

-¡Léala!- gritó dándole la nota a Mike, que aun tenía expresión adormilada y confundida. Se restregó los ojos y tomó el pedazo de papel. ¿Es que hasta ahora nadie se había dado cuenta de que se quedó dormido? ¡Eso si no ve el maldito profesor!¡Viejo hijo de…!

Espera ¿dijo que iba a leer….?

Miré a Edward, pidiéndole que haga algo, no podíamos dejar que lea esa nota delante de todos, pero él solo se limito a apretarme la mano.

Dios, quería desaparecer.

Todo el mundo estaba mirando atentamente a Mike, esperando a que leyera la nota. Él se aclaró la garganta antes de comenzar.

-"¿Sigues molesta conmigo?"- leyó en voz alta.-"Si"- "Lo siento, se que no debí haberme reído de ti, ni de tu miedo a las arañas ¿Me perdonas?"-

Genial, ahora todos sabían que les tenía miedo a las arañas.

Me miraron, tratando de disimular una risa, excepto Angela, que parecía apenada por la situación. Pero no fue suficiente para hacerme sentir mejor, nada lo haría.

-"No"- Mike parecía contento por mi negativa- "¿Por qué? ¿Tan mal te pareció que me riera de ti?"- citó- "Si"- "De verdad, lo siento. No volveré a reírme ni burlarme. Me disculparé cuantas veces quieras. Haré cualquier cosa, pero perdóname ¿si?"- "No"- Mike sonrió ampliamente. Idiota- "¿Es que siempre me vas a responder con un sí o un no?"-"Si" - Algunos soltaron unas risitas cuando Mike leyó esa parte. Yo misma me hubiese reído si no me sintiera tan avergonzada y con ganas de que la tierra me tragara. -"Tienes una sonrisa preciosa, y adoro ver como brillan tus ojos cuando lo haces"- vi por el rabillo del ojo como las chicas se giraban hacia mi y me lanzaban miradas envidiosas.-"No se si te has dado cuenta, pero ya te he perdonado. No necesitas los halagos" - continuó-Me alegra que me hayas perdonado, prometo no volver a reírme. Y lo anterior, no lo decía por adularte y conseguir una disculpa, lo decía de verdad. Y me encanta cuando te sonrojas, como ahora, te vuelves adorable"- Otra vez me miraron con envidia.-"Gracias. Me parece… o Mike se está quedando dormido otra vez?" a Mike le tembló la voz al leer eso, al parecer no leyó antes lo que se venía y su aparición en nuestra conversación lo dejó frió. -"Si, se está quedando dormido de nuevo. No vayas a reírte"- Ahora, ya no me miraban a mi o a Edward, miraban a Mike, que se estaba poniendo ligeramente rojo, aun así continuó-"Creo que ya es tarde para eso. Oye, ¿sabes la causa de su sueño excesivo?"-"Digamos que… alguien intentó colarse en la habitación de Jessica Stanley. No tuvo éxito y terminó en la habitación equivocada"- A Mike se le quebró la voz por completo cuando leyó esta parte de la nota, y vi como todos estaban que se aguantaban la risa, incluyéndome-"Bueno, no todos pueden ser como tu, un experto en entrar en mi habitación por la noche ¿Qué tan equivocada?"- Y otra vez la atención regresó hacia nosotros. Mi sonrisa desapareció de inmediato. Vi como las chicas me miraban como si quisiesen cortarme la cabeza, y los chicos miraban de la misma forma a Edward. Mike era él único, seguro estaba aun avergonzado. -"Entró en el cuarto de sus padres"-

Y con eso, todo el mundo explotó en carcajadas, menos Edward y yo. Y Mike, por supuesto. Seguro eso estaría en la boca de todos por lo menos unos meses. Igual que el hecho de que Edward se colara en mi habitación todas las noches. Él profesor tuvo que intervenir y decirles que callaran.

-"Cuenta. Todos y cada uno de los detalles"- Finalizó Mike, que parecía a punto de desmayarse, antes de darle la nota al profesor y regresar a su sitio.

El timbre sonó, Edward y yo nos levantamos de un salto y nos dirigimos casi corriendo a la salida.

Pero, cuando estábamos a punto de irnos, con un pie fuera y otro dentro del salón, él profesor dice:

-Ustedes dos, castigados en el salón de detención hasta la hora de salida. Y tu, Newton, te quedas, quiero hablar contigo seriamente-

Un solo pensamiento pasó por mi mente en ese momento. ¡Iba a desmembrar al maldito profesor!