Estaba que reventaba. Literalmente. Muy literalmente.

¿Por qué? Ahora se los digo. ¿Se acuerdan de que el… profesor nos dijo que fuéramos a detención? Ya, pues de verdad nos mandaron a detención, castigados. ¿Se dan cuenta? ¡¿Cómo va a castigarnos solo por mandar notas?!

-Bella, por favor, cálmate, pareces una fiera enjaulada caminando de un lado a otro- dijo Edward, levantándose de la silla donde estaba sentado y rodeándome con los brazos, deteniendo mi ir y venir por la sala.

Es que estaba demasiado enojada, furiosa, y me sentía como una fiera enjaulada.

-¿Calmarme?- inquirí- ¡Nos han castigado por pasarnos notas!¡Esto es injusto!- me quejé-

Deshice su abrazo y seguí caminando de un lado a otro.

-No. Nos han castigado por faltarle al respeto verbalmente al profesor- me contradijo con calma-

Me detuve. Cierto. Y lo peor es que era mi culpa, yo fui la que insultó al señor Banner diciéndole… cosas.

-Tienes razón, esto es culpa mía- bajé la vista y suspiré.

-No, Bella, tu no tienes la culpa. En todo caso, soy yo el que la tiene, fui yo quien pasó primero la nota- se acercó de nuevo a mi y me abrazó, no sin antes darme un cariñoso beso en la frente.

-Pero yo insulté al profesor, estamos aquí por eso, es mi culpa- bajé la vista otra vez.

Edward iba a replicar, pero entonces la puerta se abrió de golpe y la cabeza del profesor Banner se asomó por la puerta. Me dieron ganas de volverlo a insultar, pero me contuve. Le dijo a Edward que, ya que él no había sido el que lo insultó, podía retirarse, pero él no quiso.

-No pienso dejarte sola aquí- me respondió cuando se lo pregunté.

-¿Por qué?- le pregunté- Ya estoy acostumbrada- me encogí de hombros.

Me miró con cara de shock.

-¿Acostumbrada? - musitó-

-Y muy acostumbrada- reí, aunque no de diversión- Pero tu no, apuesto a que nunca te han castigado-

-No, nunca, esta es la primera vez me mandan a detención-

- Y por mi culpa. Soy una mala influencia para ti.- Bajé la vista, avergonzada, y sintiéndome culpable.

-Bella, cariño, tu no eres una mala influencia para mi, no tienes por qué sentirte culpable- él también bajó la vista, intentando ponerse a la misma altura que la mía-

Negué con la cabeza y evité su mirada.

-Edward, hice que nos castigaran- dije.

-Mira el lado bueno de esto: No asistirás a clase de Educación Física- me sonrió de manera vacilante-

Correspondí a su sonrisa, pero sin sentirme mejor, dudo mucho que lo hiciera en bastante rato. ¡Diablos! ¿Por qué tenía que ser tan problemática? Y lo peor es que esta vez hice que castigaran a Edward también. Ahora sus padres me verán como la novia conflictiva de su hijo, que lo está corrompiendo, que hace que lo castiguen y lo mete en problemas. Quizás me corran de su casa cuando vaya, o le digan a Edward que me deje...

-Y estamos juntos.- continuó -

-Bueno, estar castigada contigo no es tan malo- sonreí- Y tampoco lo de no ir a E.F-

Su sonrisa se hizo más amplia.

-¿Lo ves? Estar castigados no es tan malo si lo piensas. Tu no irás a E.F, y yo no iré a clase de Lenguaje, en lugar de eso pasaremos una larga hora juntos, y después de eso seremos libres para marcharnos a casa, juntos también-

Vale, viéndolo de esa forma, estar castigados sonaba fantástico.

-Tienes razón- coincidí. Una gran sonrisa se formó en mi rostro, esta vez era verdadera-

-Claro que la tengo, como siempre- dijo-

Fruncí un poco el ceño por su jactancia, pero rápidamente la olvidé cuando sus labios tocaron suavemente los míos. Aun me desconcertaba un poco como hacía que me olvide de todo cuando me besaba. Como hacía que mi corazón latiera a mil por hora cuando decía que me amaba o alguna otra cosa bonita, o que el siempre hecho de acariciar mi mejilla hiciera que me sintiera la persona más feliz y afortunada del mundo.

-Te amo- susurró cuando nos separamos. Sonreí- Aunque seas terca y … un poco problemática-

-¡Oye!- le di una golpe juguetón en su hombro. Él se rió, y yo también- Te amo también- sonrió- Aunque seas presumido y muy celoso-

-¡No soy presumido… y tampoco celoso!- se quejó-

-¿Ah ,no?- inquirí- Te acabas de lucir diciendo que siempre tienes la razón, y la semana pasada tuviste celos del hermanito de Lauren. Si eso no es ser celoso, no se que lo es-

-Bueno, pero tuve una razón de peso para estarlo; el te dijo que eras hermosa y simpática, e insinuó que si fuera mayor te pediría que fueras su novia- se defendió-

-¡Vamos! Es un niño de diez años-

-Un niño de diez años con un gusto por las chicas mayores y comprometidas- replicó-

Lo miré, arqueando una ceja.

-Bien, tienes razón, creo que me excedí un poco-

-No hay problema- sonreí- ¿Sabes? Te ves adorable cuando te pones celoso- dije-

Sonrío, algo avergonzado.

Luego de eso, no volvimos a discutir, al contrario, nos la pasamos riéndonos de Mike Newton. Edward me contó todo lo que sucedió ayer por la noche en la casa de los Stanley, cuando Mike se quiso colar en la habitación de Jessica, pero terminó entrando en la habitación de sus padres por equivocación. Mike se dio cuenta de que era la habitación equivocada cuando le dio un beso a la señora Stanley, esta abrió los ojos y al verlo empezó a gritar. Jessica pudo calmar a sus padres e hizo que no llamaran a la policía, pero aun están enfadados con Mike y le prohibieron poner un pie en su casa, de hecho, me extraña que dejen a Jess salir con él.

-Lo peor no ha sido que la leyeran, no. Lo peor es que ahora todas las chicas saben lo tierno que eres y se morirán de amor por ti- dije dramáticamente-

-Me da igual, a la única que quiero y a la que podré ver con otros ojos que no sean los de la indiferencia es a ti, Bella.- dijo acariciando mi mejilla.

¿Ven? ¡Terriblemente adorable! Y ahora las demás lo saben.

Guapo, tierno, amable, gentil, inteligente….. ¡No lo dejarán en paz!

Él profesor Banner vino otra vez, preguntándole a Edward si había cambiado de opinión y quería irse, pero se negó de nuevo. Así que no tuvo más remedio que irse, diciendo que el director vendría en cualquier momento para hablar con nosotros. Lo ultimo parecía causarle gracia. Viejo estúpido.

-¿Bella?- me preguntó Edward después de un corto silencio. Yo lo miré- ¿Cuántas veces te han castigado?-

Bajé la vista y sonreí con tristeza.

-Lo suficiente para aprender- dije-

-¿Aprender… que?- inquirió-

-Que, hagas lo que hagas por alguien, cuando te odia, nunca te lo va agradecer. Y que siendo buena… no sacas nada más que meterte en problemas- Pestañee, intentando eliminar el repentino escozor en los ojos.

Edward me rodeo con un brazo.

Me aclaré la garganta para deshacer el nudo que se me había hecho.

-Solo me han castigado dos veces, y con esta serían tres- dije-

-Vaya, es mucho menos de lo que pensé- parecía sorprendido y aliviado.

Yo me reí. Supongo que, conociendo el carácter que tengo, asumió que me habían castigado un montón de veces.

-¿Me dirás por qué te castigaron?- preguntó- O mejor dicho ¿Por quien te castigaron?-

Alcé la vista y le miré, sorprendida.

-¿Cómo…?-

-Lo que dijiste hace un rato me hace suponer que te castigaron por alguien- acarició suavemente mi mejilla con el dorso de su mano. Yo ladee el rostro en dirección de su mano y sonreí.

-Eso aun me desconcierta- comentó-

-¿Qué cosa?- Pregunté-

Él giró su mano y acarició mi pómulo con la yema de los dedos.

-Que no te moleste mi tacto- respondió-Tu eres tan suave y cálida… En cambio yo soy frio y duro-

Negué con la cabeza. Levanté una mano y acaricié su rostro. Él sonrió. Tomó mi mano con la suya que tenía libre y se la llevó a su boca, depositando un tierno beso.

Ya le había dicho a Edward que no tenía que sentirse mal por eso, a mi no me molestaba en lo más mínimo que sea frio. De hecho, sentía mi piel caliente allí donde me había tocado.

Al parecer, él aun no se convencía. Tal vez siga pensando que me da repulsión.

Iba a decírselo, dejarle en claro que no me daba asco ni nada, pero entonces la puerta se abrió de nuevo y el director entró esta vez. Le dijo a Edward que podía irse, debido a que no había sido él el que insultó a señor Banner, sin embargo, yo si me tenía que quedar. Edward se negó igual que las otras dos veces que se lo preguntaron.

-Vete- le susurré para que solo él me oyera-

-No- replicó, apenas moviendo los labios-

-Señor Cullen...- el director señaló la puerta, obligándolo a irse-

Miré a Edward, me tenía rodeada con un brazo y expresión obstinada.

-¿Señor director, podría por favor darnos unos minutos?- pidió Edward.

El viejo frunció el ceño, pero cuando pensé que iba a coger a Edward y sacarlo a jalones, él solo salió de la sala y juntó la puerta.

-Muy bien, esto es lo que haré: voy a…

-Tu lo único que vas a hacer es irte- le corté-

-Bella, no pienso irme y dejarte sola aquí- insistió-

-Pero yo tampoco pienso quedarme aquí-

-¿Qué?- su ceño se frunció por la confusión-

-No pienso quedarme aquí- repetí- Voy a irme, y tu te irás ahora-

Me miró, confundido por unos segundos, hasta que su boca se curvó en una ligera sonrisa. Había entendido.

-¿Qué estás planeando?- me preguntó-

Solo me limité a sonreír.

-Ya lo veras. Ahora vete- respondí.

Su sonrisa se hizo más amplia.

-En momentos como estos, es cuando más deseo ser capaz de leer tu mente- dijo- Te veo luego, entonces-

-Adiós-

Se acercó rápidamente a mi para depositar un suave beso en mi frente y salió por la puerta.

En cuando se fue, me senté rápidamente y puse mis manos sobre mi regazo. El director entró a la oficina en ese momento y cerró la puerta.

Puse una expresión triste e inocente en mi cara en el mismo instante que el viejo se sentó frente a mi.

-Bien, señorita Swan…. Me han dicho que usted está aquí por causar disturbios en clase e insultar al profesor ¿Qué tiene que decir ante eso?- preguntó, serio, cruzando las manos sobre la mesa.

¡Tengo que decir que el viejo ese es en grandísimo…. Mentiroso! ¡Yo no he causado ningún disturbio en clase! Lo insulté, si, ¡Pero no hice ningún disturbio! ¡Todo es un invento del lentudo ese para hacerme quedar mal!

Eso fue lo que quise decirle, pero algo muy diferente salió de mi boca.

-Lo siento- bajé a vista, fingiendo estar avergonzada- Pero nunca hice un disturbio en clase- no pude evitar decir lo ultimo.

-Pues el señor Banner me dijo claramente que los había traído aquí justamente por eso, causar disturbio en clase e insultarlo. Incluso, hay dos chicos que vinieron aquí para confirmarlo-

Me quedé helada por unos segundos y sin saber que decir.

¿Dice que dos chicos vinieron a hablar con él?

Al principio creo que se trata de Mike y tal vez algún amigo, pero cuando se pregunto, descubro que no es así.

Resulta que los dos chicos que respaldaron al profesor eran Daniel y Evelyne. Ah, y no solo le dijeron que había armado un disturbio en el salón, sino también le dijeron que yo había amenazado a Daniel sin ninguna razón.

-Todo esto me sorprende, señorita Swan, usted siempre a sido una alumna ejemplar y sus calificaciones son perfectas- dijo, inclinándose ligeramente sobre la mesa.

-¿También le dijo que el día del baile puso una sustancia extraña en mi bebida?- inquirí, molesta.

Desde un principio, había decidido utilizar la típica expresión de "niña inocente" para convencer al director e irme de aquí. Eso siempre funcionaba. Pero, con todo lo que me había dicho el director, no podía mantener más mi mascara de tranquilidad e inocencia. Aun así, me controlé lo más que pude.

-No, no me ha dicho- parecía sorprendido-

Claro que no se lo había dicho.

-No llegué a beberlo- agregué.

-Afortunadamente ¿Por qué no vino a decírmelo antes?- preguntó-

-No quería meterlo en problemas- bajé la vista, retomando mi papel de niña inocente otra vez.

El resto la conversación fue bastante sencilla. Convencer al director que yo era inocente fue más fácil después de que le contara lo de que hizo Daniel. También le conté sobre ese día, cuando Evelyne casi me hizo chocar contra un árbol apropósito, y cuando Daniel me quiso besar a la fuerza. Inventé cosas, incluso. En otras palabras, destruí sus reputaciones ante el director asegurándome de que consiguieran un fuerte castigo.

Que conste, yo se lo había advertido, le dije que no se metiera conmigo, y no me había hecho, ahora que se atenga a las consecuencias.

Pude también hablar mal del profesor Banner, hacer que lo despidan incluso, pero cuando el director me comentó algo que tenía problemas familiares, no tuve el corazón para hacerlo y en su lugar justifiqué su severidad para con nosotros.

El director me creyó todo, por supuesto. Lo sabía, sabía que mi postura de niña inocente siempre funcionaba. Hacerla no me costaba ningún problema porque, aunque no lo crean, mi cara me ayudaba. Si, tenía cara de inocente, mientras no esté enojada. Una de las pocas cosas que no habían cambiado de mi. Si embargo, mi mirada ya no era tan "inocente" como antes. De hecho, creo que nunca lo fue. Bonita y dulce tal vez, pero no inocente. Mi madre decía que mi mirada siempre tuvo un toque… "astuto y calculador". Me reí cuando me dijo eso, la forma en que lo dijo me pareció graciosa, y también porque era cierto.

Cuando vi la hora, apenas había pasado diez minutos desde que el director y yo empezamos a hablar.

-Bueno, supongo que…-

Pero el hombre fue interrumpido por su celular, que empezó a sonar… de manera muy particular.

Aguanté la carcajada que peligraba con explotar en cualquier momento poniendo una seria neutral en mi cara.

En mi vida… he visto, escuchado y pasado muchas cosas. Tanto así, que he tenido la impresión de haber vivido demasiado para la edad que tengo. Pero nunca, nunca, había experimentado esto. Una de las cosas más raras que me han pasado.

No podía creer que el Director del Instituto de Forks… Tuviera la siguiente canción de tono de su celular.

I'M TOO SEXY

Simplemente, es demasiado impactante, incluso para mi.

Rápidamente, el hombre se apresuró en contestar, supongo que para que la música dejara de sonar.

Yo tosí, disimulando una risa.

Colgó el teléfono cuando terminó de hablar y regresó su atención hacia mi. Vi como su cara seguía roja.

-Bueno, creo que eso es todo. - dijo, levantándose de la silla- Aun te quedan cuarenta y cinco minutos de castigo…

-¿Qué? Pensé que podía irme a casa- musité-

-No, lo siento, insultaste al profesor y…

-Por favor- dije, poniendo mi mejor cara de perrito abandonado- Ya me he disculpado… No sea malo, déjeme ir a casa-

Él me miró por unos segundos, pensativo.

-Está bien- aceptó finalmente- Haré una excepción porque eres una buena alumna-

Sonreí ampliamente.

-¡Gracias! - exclamé-

-Pero no quiero verla involucrada en un problema como este otra vez- me advirtió-

-No se preocupe- dije rápidamente- ¡Gracias de nuevo!- grité por encima de mi hombro, mientras salía a trompicones del salón.

Edward me esperaba afuera, parado junto a su volvo. Sonrió ampliamente cuando me vio, lo que me hizo sonreír a mi también.

Abrió la boca, supuse para empezar a decir un monton de cosas, pero al final no las dijo.

-Que... manipuladora eres- se limitó a decir cuando llegué a su lado, dándome un beso en la frente.

Me reí mientras él abría la puerta para mi y entraba al auto.