Cap. 36: Inesperado descubrimiento (Parte uno)
Apenas podía sentir el auto avanzando, pero estaba completamente segura de que Edward conducía a toda velocidad como de costumbre. Ya casi me había acostumbrado a su acelerada conducción… Bueno, lo que en realidad hacía que me sintiera mejor era el hecho de que siendo un vampiro, las probabilidades de chocar eran nulas. Pero aun así me sentía nerviosa. Sobre todo si no puedo ver por donde se dirige, o a donde se dirige.
Si, no puedo ver. Nada.
¿Por qué?
Edward me ha vuelto a vendar los ojos.
No me pregunten como terminé aceptando de nuevo, ni yo misma lo sé.
-¿Y dices que soy yo la manipuladora?- comenté luego que me cubriera los ojos en el estacionamiento del Instituto, diciéndome que me iba a llevar a un lugar.
Él se rió.
-Solo quiero darte una sorpresa, Bella- tomó mi mano y la apretó ligeramente- De seguro te encantará- pude notar una sonrisa en su voz.
-Con tal de que no me estés llevando otra vez al prado- bromee. No es que me molestase, me encantaba ir al prado con Edward, a lo que me refería era eso de vendarme los ojos.
-No, esta vez no vamos allí- dijo-
-¿Entonces?-
-Lo verás cuando lleguemos- me respondió- Y ni se te ocurra quitarte esa venda-
Yo hice una mueca ante su advertencia.
Me daban ganas de quitarme la venda, y no solo para poder ver, no. Quería quitármela y luego sacarle la lengua.
Infantil, lo sé. Últimamente tenía esa extraña tendencia.
El camino fue un poquito largo, y la impaciencia fue creciendo dentro de mi. Edward no reveló nada en todo el camino, por más que yo insistía y trataba de hacerle hablar a donde nos dirigíamos, siempre cambiaba de tema cuando se lo preguntaba. Yo gruñía cuando eso pasaba, pero aquello solo parecía divertirle. Me daban ganas de arrancar la venda de un buena vez y ver a donde íbamos. En serio, odiaba las sorpresas. Hacían que me sienta impaciente y frustrada, causándome un molesto revoloteo en el estomago.
Finalmente, Edward detuvo el auto. No pude evitar sonreír como tonta cuando él, en vez de tomar mi mano para ayudarme a bajar o guiarme hasta el lugar a donde íbamos, simplemente me sacó del auto en brazos, cargándome al estilo novia y así me llevó todo el tiempo.
Supe que habíamos llegado cuando me depositó suavemente en el suelo y se colocó detrás de mi para quitar la tela oscura con la que me había vendado.
Lo que vi ante mis ojos me dejó helada.
De todos los sitios, jamás imaginé que me iba a traer aquí. Creo que el prado hubiese sido lo más probable.
-Una vez me dijiste que nunca habías ido a una playa-dijo Edward, colocándose a mi lado- Así que decidí hacerte conocer una, aunque sea esta- señaló con la mano-
El agua era de un color gris oscuro, coronada de espuma blanca mientras se mecía pesadamente hacia la rocosa orilla gris. Las paredes de los escarpados acantilados de las islas se alzaban sobre las aguas del malecón metálico. Estos alcanzaban alturas desiguales y estaban coronados por austeros abetos que se elevaban hacia
el cielo. La playa sólo tenía una estrecha franja de auténtica arena al borde del agua, detrás de la cual se acumulaban miles y miles de rocas grandes y lisas que, a lo lejos, parecían de un gris uniforme, pero de cerca tenían todos los matices posibles de una piedra: terracota, verdemar, lavanda, celeste grisáceo, dorado mate. La marca que dejaba la marea en la playa estaba sembrada de árboles de color ahuesado, a causa de la salinidad marina, arrojados a la costa por las olas.
Una fuerte brisa soplaba desde el mar, frío y salado. Los pelícanos flotaban sobre las ondulaciones de la marea mientras las gaviotas y un águila solitaria las sobrevolaban en círculos.
Yo aun no decía nada, estaba demasiado impactada. No por la visión de la playa, no, aunque fuera bonita, no era eso lo que me había dejado sin habla. Era el hecho de Edward me haya traído aquí. Me sorprendió que recordara lo que le había dicho sobre las playas, que nunca había ido a una.
-Se que no es muy soleada pero…- su voz fue perdiendo fuerza.
Yo reaccioné en ese momento y prácticamente me lancé sobre él para abrazarlo.
-¿Entonces… te gusta?- me preguntó.
-¡Si!- dije- ¡Gracias!-
-Me alegra que te guste.- sonrió -Estaba inseguro de traerte aquí al principio, pensando que te desagradaría la ausencia del sol y el calor-
-A mi me parece perfecto. Además, si fuera soleada, tu no podrías venir aquí- dije.
-Tienes razón- coincidió, aunque su sonrisa decayó un poco.
-No me importa eso, ¿sabes? Ojalá pudiera verte a la luz del sol.- dije, acariciando su mejilla.
Suspiró, negando con la cabeza.
-Nunca voy a comprenderte por completo- sonreí cuando le vi recuperar su antiguo buen humor y su sonrisa- No querrás andar con un fenómeno centellando, ¿cierto?-
Me reí y lo besé, sintiéndome más alegre de lo que había estado en todo el día.
-Me encanta que centelles- dije cuando nos separamos- Al igual que a ti te gusta que sea extraña.-
Frunció el ceño.
-Bella, ya te he dicho que te saques de la cabeza esa absurda idea de que eres extraña-
-Esta bien, esta bien. No dije nada.- dije, alzando las manos en señal de aceptación y rendición.
Edward y yo estuvimos paseando un buen rato, hasta que finalmente nos sentamos en la orilla, lo suficientemente alejados del agua para que no nos moje. Él me rodeó con los brazos y yo apoyé la cabeza en su hombro.
La playa era realmente encantadora, aun con la ausencia del sol. No había mucha gente en ella, solo alcanzaba a ver a algunas personas pero estaban bastante alejadas de nosotros. Eso era bueno. No me gusta mucho estar rodeada de gente o las grandes multitudes.
Estuvimos hablando de todo y nada. Nos reímos del particular tono del celular del director.
Nos quedamos unos minutos en silencio apreciando la bella vista que se nos propiciaba, hasta que Edward me dijo:
-No me llegaste a contar por qué te castigaron- me recordó casualmente.
-¿No?- disimulé.
-No- dijo-
-Ahh- me seguí haciendo la desentendida.
-¿Me lo contarás?-me preguntó.
Ya no podía barajarla más, no con la manera tan directa que me lo había preguntado. Claro que podía decirle para contárselo más tarde, u otro día, o tal vez podría fingir tristeza y entonces él me diría que no es necesario contárselo, pero…
-Si- dije finalmente- Por Cassandra-
Edward asintió para si mismo.
-Supongo que no me sorprende- dijo- ¿Por qué fue?-
Por idiota y masoquista, por eso. Es esa la razón por la que siempre me pasan cosas malas.
-Por nada importante- me forcé a mi misma a sonreír.
-Bella…
-En serio-
Edward entrecerró los ojos y acercó su rostro al mío, estudiándome, para luego mirar directamente a mi ojos.
-Estas mintiendo- dijo-
-No- negué-
-Tus ojos se vuelven inexpresivos cuando mientes-
Me congelé ante su afirmación y le miré, asustada. El miedo me invadió y me dieron ganas de salir corriendo.
Una las muchas cosas que la gente no sabía de mi o no se daba cuenta, era de la inexpresividad de mis ojos al mentir. Eso era porque, al hacerlo, yo vaciaba mi mente y bloqueaba cualquier tipo de sentimiento, lo que facilitaba mi actuación. Solo vaciaba mi mente, bloqueaba cualquier sentimiento, me creía la mentira yo misma, hacía los gestos necesarios. ¡ Y ta-dan! Todo el mundo me creía.
Pero Edward no. El no se tragaba mi mentira. Por alguna razón, me conocía demasiado bien.
Y lo peor, lo que me causaba terror, era que si él se había dado cuenta de eso, ya no podía mentirle.
Y que se había dado cuenta de mis anteriores mentiras.
-Se cuando mientes, Bella- continuó cuando vio que yo no decía nada- Tal vez puedas engañar a los demás, pero a mi no-
Si, ya me di cuenta.
-Esta bien, te voy a contar...- Suspiré, este recuerdo iba a doler bastante- ¿Cuál quieres que te cuente primero?¿Cuando casi me dan una paliza en la escuela por defenderla, o cuando me llevaron a la estación de policía, por ella también?- pregunté, fingiendo indiferencia, evitando sus ojos para que no detecte mi mentira.
Sus ojos se abrieron en ampliamente por la sorpresa.
Y luego explotó en preguntas.
-¿Te hicieron daño?¿Te golpearon?- empezó a mirarme por todos lados, como si actualmente tuviera una marca o algo de ese día- Espera… ¿Dices que…?-
-Tranquilo, tranquilo, no me arrestaron- aclaré rápidamente.- Y tampoco me hirieron gravemente-
Él hizo una exclamación de horror cuando vio algo en mi nuca. Yo me asusté también por un momento, pensando que tenía algo allí, como una araña o algo parecido, pero veo que no hay nada, y me doy cuenta a que se está refiriendo.
-¿Quién te hizo…?-
-Nadie- corté- es de un accidente que tuve- aclaré- También tengo una aquí-
Me remangué la blusa hasta el hombro para enseñarle la leve cicatriz rosa que tenía por toda la extensión de mi brazo. Ya casi no se notaba. Recuerdo que solía usar ropa que me cubrieran las marcas cada vez que salía. Ahora ya no, como he dicho, las cicatrices ya casi no se ven.
-¿También es de ese accidente?- preguntó, acariciando mi brazo. Sentí un agradable revoloteo en el estomago.
-Si- dije, con las mejillas calientes. Me aclaré la garganta en silencio- Ya estabas pensando en ir a desnucar al que creías causante de esto, seguro- bromee.
-Si…¡Digo, no! ¡Claro que no!- dijo rápidamente. Yo me reí. Edward suspiró- A quien quiero engañar… Si, pensaba ir y hacerle pagar al que te había hecho esto- aceptó-
Por supuesto.
-¿Cómo fue el accidente?- me preguntó-
Suspiré y le conté todo. Le dije que ese día pensábamos ir a la playa, que Cassandra también estaba ahí, que me llené de cortes por protegerla, cubriendo su cuerpo con el mío. Y no solo cortes, estuve inconsciente una semana…
-Es por eso que tienes miedo a…-
-Si- dije- Tampoco suelo dejar que alguien conduzca por mi- agregué. Solo confiaba en mi para manejar un auto.
-Conduciré más despacio de hoy en adelante, si eso te tranquiliza- me prometió.
-Pero tu odias conducir despacio-
-No quiero que te sientas incomoda- insistió.
-No me siento incomoda cuando tu conduces, se que no vas a chocar.-
Su preocupación por mi hizo que mi corazón se hinchara de alegría. Me hizo sentir importante. Él me hacía sentir importante. Especial. Y la sensación de importarle a alguien, ser importante y especial para alguien, era fantástica. Era la primera vez que la sentía.
Sonreí. Edward también me sonrió antes de acercar lentamente sus labios a los míos para besarme de manera suave.
No dijimos nada cuando nos separamos, solo nos contemplamos le uno al otro en silencio, pero sus ojos me decían lo que no dijo con palabras: Que me amaba.
Nos besamos justo cuando alumbraban los últimos, lejanos, y casi nulos, rayos de sol, en ese momento del crepúsculo donde éste estaba en todo su esplendor.
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-Se está haciendo tarde, debería llevarte a casa.- dijo Edward, sacándome de mis cavilaciones internas mientras veíamos como el sol se terminaba a ocultar lentamente y el cielo se tornaba oscuro. Que rápido había pasado el tiempo.
Extrañamente, la temperatura subió, por lo menos varios grados de lo normal y casi se podía sentir calor.
Y no solo eso.
El cielo se despejó por completo, revelando un hermoso cielo oscuro, con una enorme luna llena, y cubierto de…
-¿Desde cuando en Forks se pueden ver las estrellas?-pregunté, sorprendida y un poco asustada.
-No lo sé, estoy tan sorprendido como tu- respondió Edward.- Pero debemos admitir que la vista es hermosa-
-Si- estuve totalmente de acuerdo-
-Aunque no son nada comparandote- me dijo-
-Ya, claro- le dije, restándole importancia, aunque por dentro estaba saltando de la emoción ante sus palabras. Varias veces me habían dicho que era hermosa, pero solo cuando me lo decía él me hacía sentir esa emoción y revoloteo en el estomago.
-Lo digo de verdad- insistió- Eres la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida y no vida- sonreí- ¿Sabes? Luces aun más hermosa cuando estás a la luz de la luna. - acunó y acarició mi mejilla sonrojada-
-Tu también te vez muy bien- dije, sin pensarlo. Me sonrojé más.
Y era cierto. Nunca antes había visto a Edward a la luz de la luna, y se veía demasiado irreal. Parecía un ángel. Un hermoso ángel.
-Bella, en este momento probablemente me veo como un fantasma- se rió.
-Pues entonces eres el fantasma más hermoso que he visto- dije.
Me quedé un buen rato mirándolo, en silencio.
-¿Cómo he tenido tanta suerte?- dije finalmente, sintiéndome culpable.
-¿Suerte?- inquirió-
-Si, de encontrarte-
Edward negó con la cabeza, y me dedicó una sonrisa tan bella que opacaba cualquier estrella.
-Hemos hablado de esto antes, Bella. Soy yo el afortunado-
-No- empecé - Tu eres perfecto y yo...-
-Bella- me interrumpió- nunca he conocido a alguien como tú en mi vida. Nunca conocí a alguien que me hiciera sentir por fin despierto, vivo. A quien pudiera amar- tomó mi mano entre las suyas- Tu eres única. Eres perfecta, hermosa, inteligente, cariñosa, cálida... Puedo seguir y seguir. Tu no eres común, Bella-
Me sonrojé y sonreí, incapaz de pensar en una buena respuesta. Sentí mi corazón acelerarse de nuevo.
Me incliné hacia él y lo besé, presionando suavemente sus labios con los míos. Él me respondió el beso gustosamente, tomando con sus manos mi cintura y acercándome a él.
Nos separamos cuando realmente necesité respirar.
-Podría pasar el resto de mi existencia teniéndote en mis brazos y besándote.- dijo.
-Yo también- coincidí. Edward sonrió y me dio un beso en la frente- Bueno, vayámonos, es tarde-
Nos tomamos de la manos y nos levantamos de un salto, dirigiéndonos a donde había dejado el auto.
Estaba mirando despreocupadamente a las estrellas de nuevo, cuando algo me llamó la atención.
Vi a un grupo de chicos en los acantilados más cercanos, riéndose y preparándose para saltar.
Vaya locos, pensé, saltar de un acantilado. Había escuchado que algunos lo hacían como deporte, ¿pero a estas horas? El agua debía estar helada, por más que la temperatura haya subido un par de centígrados.
Vi como Edward se tensaba ligeramente y fruncía la nariz como si algo oliera mal, pero sin dejar de caminar.
Miré de nuevo a los chicos, uno de ellos saltó justo cuando lo hice.
Ojee a los lados, solo habían una pareja de ancianos en la playa.
Mi corazón se aceleró cuando una idea se formó en mi cabeza.
No, me dije a mi misma, eso no es posible.
Pero cuando Edward me dijo:
-¿Hules eso?-
Todo estuvo claro.
La cara se me desencajó y el corazón se me disparó más que antes y estaba completamente segura que Edward podía escucharlo.
-¿Estas bien?- preguntó, preocupado.
No, no estoy bien. Y si no salimos de aquí pronto, ninguno de los dos lo estaremos. Sobre todo tu.
-Si- dije, cortante- Vámonos de aquí antes de que…- me callé de golpe.
¡Maldición! ¿Por qué seré tan bocazas?
-¿Antes de qué, Bella?¿Que está pasando?-
Miré, asustada, otra vez hacia el grupo de chicos. Uno de ellos giró la cabeza y me miró en ese momento. Me sonrió. Luego sus ojos se posaron en Edward, y su sonrisa decayó.
-Vámonos- le apuré a Edward, tirando de su brazo.
Pero él no se movió, en vez de eso, se giró hacia donde estaban el pequeño grupo de chicos.
El que nos vio rápidamente avisó a otro de nuestra presencia. Seguro pensaban que yo era también como Edward.
De pronto, todo el grupo miraba directamente en nuestra dirección.
Mierda.
-¡Vámonos!- le urgí, tirando de su brazo esta vez con fuerza, haciendo que caminara.
Avanzamos de manera rápida y pasos largos, pero sin llegar a correr. No podíamos correr, si lo hacíamos sospecharían más de nosotros.
Mi mente aún seguía aturdida. ¿Cómo es que habían esas cosas aquí?¿Por que no me lo dijeron? ¡¿Y por que Edward no lo sabía?! ¡Se supone que ellos deben de saberlo!
Repito lo dicho hace un tiempo ¡Este lugar estaba infestado de seres sobrenaturales!
Vi a los lados, una chica y un chico se habían unido a la pareja de ancianos y estaban conversando. Bien, cuanta más gente haya mejor, no se iban a transformar delante de ellos. O eso esperaba. Los miré de nuevo. El que se había lanzado por el acantilado ya estaba reunido los otros de nuevo y parecían estar viniendo hacia nosotros.
-Bella- me llamó Edward.
No le hice caso y seguí caminando, arrastrándolo a él conmigo.
-¡Bella!- insistió-
-¡¿Qué?!- le grité. No era mi intención gritarle, pero estaba muy nerviosa, y creo que cualquiera lo estaría ¡Dios! ¡Podría desencadenarse una lucha a muerte en este mismo momento, si no nos íbamos de aquí!
-Dime qué es lo que está pasando- me exigió-
-¡No hay tiempo!- repliqué-
Felizmente en ese momento llegamos a donde estaba el auto. Abrí la puerta de un tirón, pero Edward la cerró y dejó su mano ahí, impidiéndome abrirla de nuevo.
¡¿Pero que hacía?! ¡Corríamos peligro, sobre todo él!
-¿Qué estas haciendo?¡Vámonos!- le urgí.
Tal era mi desesperación, que estaba a punto de quitar su mano de un tirón, abrir la puerta, cargarlo, ponerlo en el asiento del copiloto, subirme yo y largarnos a todo velocidad.
-No me moveré de aquí hasta que me digas lo que está sucediendo- dijo.
-¡Edward Cullen, hablo en serio, vámonos!- le grité-
-¡No!-
Gruñí de frustración ¡¿Por qué simplemente no se subía al maldito auto?! ¡Vampiro terco y estúpido! ¡¿Es que no se daba cuenta de que su vida corría grave peligro?! ¡¿De que yo lo estaba protegiendo?!
Vi como el grupo de chicos se acercaban, con forma humana… aun.
-¡Licántropos!- dije finalmente- ¡Hay licántropos! ¡¿Contento?! ¡Y mi especialidad no son los licántropos, así que vámonos de aquí ahora!-
Afortunadamente, eso pareció bastarle. Hizo ademan de ir a abrirme la puerta del copiloto pero yo me adelanté y entré, no sin antes de asegurarme que él se haya subido.
Sentí un inmensurable alivio cuando Edward arrancó a toda velocidad, dejando atrás rápidamente al grupo de chicos, que por cierto estaban bastante cerca, y la playa.
Suspiré con alivio y me relajé en el asiento, dejando caer la cabeza hacia atrás en el respaldo.
Estaba aliviada de que no hubiera ninguna pelea. No es que fuera una cobarde, no. Lo que pasa es que, como dije, los licántropos no son mi especialidad. Lo mío son los vampiros. Y el entrenamiento obligatorio que he recibido para enfrentarlos es bastante básico, para no decir escaso, no me iba a servir de nada. Sin mencionar que nos superaban en número.
-Ya puedes bajar la velocidad- le dije a Edward una vez que nos alejamos lo suficiente- Dudo que nos estén siguiendo-
Él redujo la velocidad sin decir nada. Pero lo que más me sorprendió fue que después detuviera el auto.
Sabía lo que se venía, y no tenía un buen presentimiento de esto.
Había llegado la hora del interrogatorio.
-Supongo que me harás preguntas- dije, rompiendo el silencio.
-Supones bien- me respondió.
Apagó el motor y se giró hacia mi, mirándome de manera interrogante.
-Bueno ¿A que esperas?- inquirí. Se había quedado en silencio de nuevo y eso me ponía peor de nerviosa.
-No se por donde empezar…- comentó-
Yo empecé a juguetear nerviosamente con el medallón de la organización que tenía colgado en el cuello. Normalmente lo tengo escondido en mi bolsillo o dentro del suéter, pero lo había sacado cuando vi que se nos acercaban los licántropos.
-¿Qué es eso?- me preguntó Edward, mirando fijamente al collar.
Solté el collar abruptamente y puse mis manos sobre mi regazo.
-¿Esto?- pregunté, restándole importancia- Es solo un collar-
Edward ladeó la cabeza y me miró de forma especulativa por bastante rato.
-¿Me lo prestarías?- me preguntó finalmente-
Me obligué a mi misma a no entrar en pánico. No tenía por qué ponerme nerviosa. Solo yo sabía usarlo. Si se lo daba, no pasaría nada.
-Claro- dije, quitándomelo- Toma- se lo di-
Él tomó el collar con mucho cuidado y lo examinó, como si esperase encontrar algo extraño. No pude evitar sonreír ante eso, él no iba a encontrar nada.
-Supongo que "I.S"… Significa Isabella Swan- dijo, agarrando solo el dije y dejando caer suelto la cadena- Pero H.C.V …. ¿Qué significa?-
Sentí como si el estomago se me cayera a los pies. ¡Rayos! Había olvidado las iniciales del medallón.
-Eh… No lo sé- mentí descaradamente- Me lo dieron mis tíos cuando era pequeña- corté antes de que me preguntara algo más-
-¿Y nunca les preguntaste qué significaban las iniciales?- inquirió-
-No- negué- Quedé tan impactada con el collar que… no pensé en las iniciales- reí-
En realidad, las iniciales eran muy importantes también. Eran como nuestra identificación.
-Si, es muy… interesante- murmuró.
Me devolvió en collar y yo me lo puse rápidamente. Iba a guardarlo en mi bolsillo, pero eso sería muy sospechoso.
Era obvio que Edward no me había creído nada, pero como no encontró nada extraño en el collar, aparte de las iniciales, no tenía ninguna prueba con que acusarme.
¿Qué me estaba pasando? ¡Con mirada inexpresiva o sin ella podía mentir mejor que esto!
Simulé un bostezo.
-¿Sabes? Es tarde, es mejor que me lleves a…-
-¿Conocías a eso tipos?- me preguntó, interrumpiéndome.
Parecía que se había cansado de lo rodeos y las evasivas. Me sorprendí antes su manera cortante de preguntarme. Era claro que estaba molesto.
Ahora si empezó el verdadero interrogatorio.
-No- respondí de manera resignada, dejándome caer en el asiento.
-¿Entonces como supiste que eran licántropos?-
-Por el olor- dije-
-¿Tu también lo notaste?-
-No, pero lo hiciste tu, eso me lo confirmó-
Edward asintió para si mismo.
Nosotros no podemos detectar a un licántropo por el olor, eso solo lo hacen los Cazadores de Licántropos, y tiene que estar muy cerca para hacerlo. Y estar atentos y saber diferenciar, porque apenas se nota.
Los "Lobos" apestan para los vampiros, y viceversa. No se pueden ver ni en pintura. Es por eso que temí tanto por la vida de Edward. Si me veían a mi, no pasaba nada. Yo era humana… aparentemente.
-¿Cómo sabes sobre los licántropos?- me preguntó-
Ahí si me agarró.
-De la misma manera que sé sobre los vampiros- respondí.
Vale, este no era un buen momento para dármela de enigmática, pero fue la única respuesta que encontré.
-Y asumo que tampoco me lo vas a decir- dijo.
Bajé la vista, mirando mis zapatos.
Edward suspiró.
Me dolía esto. El hecho de mentirle… No me gustaba. ¿Pero que puedo hacer? No podía decirle la verdad, mi verdad. Si se lo decía, seguro él me odiaría y no quería eso. No lo soportaría.
Me sobresalté un poco cuando sentí la mano de Edward sobre la mía, acariciándola suavemente con su pulgar.
-Bella- me llamó.
No alcé la vista. No quería encontrarme con su dorada mirada comprensiva y tierna, que hacía que me sintiera más culpable de que ya me sentía y me estrujaba el corazón.
Viendo que no respondía, tomó mi barbilla con la otra mano e hizo que le mirara. Sus ojos me miraban de manera tierna y comprensiva, tal y como supuse.
-No voy a presionarte. No tienes que decirme nada ahora si no quieres. Debes tener una razón para hacerlo, y lo comprendo- me dijo - Solo quiero que sepas que siempre puedes confiar, y contar conmigo- apretó cariñosamente mi mano- Te amo-
Me acerque muy lentamente a él, juntando nuestros labios en un simple beso. Él paso sus manos por mi cintura y me apretaron con dulzura. Yo pase mi mano derecha por su nuca y la mano izquierda la dejé en su cuello. Entreabrí los labios para embriagarme de él. Al ver lo que intentaba hacer sonrío aun contra mí y los entreabrió también. Enrede mis dedos en su pelo y acerque mas, si es que era posible, ganándome un leve gemido de su parte. Con mi lengua toque su labio inferior, pidiéndole permiso para entrar a su boca. Él entendió la indirecta y sonrío de nuevo. Él abrió su boca, dándole la entrada a mi lengua. Al principio, nuestras lenguas empezaron a danzar temerosas, tímidas. Pero después lo hacían como si no se fueran a volver a tocar nunca, como si su vida dependiera de ello, como si no hubiera un mañana.
Cuando me falto el aire, se separo lenta y dulcemente de mí, con esa sonrisa en su hermoso rostro. Yo también sonreí, aunque seguro mi sonrisa era tonta. Apoyé la cabeza en su pecho y el me rodeo con lo brazos, acunándome como si fuera una niña pequeña. Y así me sentía.
-Tenemos que decirle a mi familia lo que vimos hoy- dijo de repente, rompiendo el agradable silencio que se había formado.
-Tienes razón- dije yo. Aunque la idea no me agradara mucho. Uno porque no quería volver a su casa después de lo que pasó con Tanya, y otra porque seguro ellos me harían más preguntas.
-No te preocupes- me tranquilizó, adivinando mis pensamientos- Me aseguraré de que no te presionen haciéndote demasiadas preguntas- prometió.
Yo asentí, con una ligera sonrisa de agradecimiento.
Edward encendió el motor otra vez, y arrancó el auto.
Esta iba a ser una noche muy larga.
Que les pareció el cap? Como ven, han aparecido los licantropos. Apuesto a que no se lo esperaban xDD ¿Que creen que pase en el siguiente capitulo?
Nuevos personajes aparecerán, solo voy a decir eso. Ah, y también que pasará algo que nadie, nadie, se lo espera.
Bella conocerá alguien muy importante. (Y no, no es Jacob)
Y también hará un viaje muy, muy, largo.
Nos leemos pronto! Besos ^^
