El Secreto de
Riley W. Terrell
Escrito por:
Airi Melody y EvilChipie
La siguiente historia es original y es ficción.
Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
No representa a ninguna persona ni refleja la cultura de ningún país.
Simplemente es el relato de una historia que nació a partir de un juego de rol entre dos mujeres que se aman.
Este es el resultado de: Mis madrugadas a tu lado.
Capítulo 3:
William pone los ojos en blanco y resopla en evidente fastidio – ¡Aash! No entiendo qué le ves a esta niña – le reclama molesto, cerrando la puerta del carro con fuerza. Ve furioso a esa chica que no deja de temblar y llorar, como si quisiera matarla en ese preciso instante. Ve irritado a Riley a los ojos – Haz lo que quieras. Lleva donde quieras a tu juguete. Yo me iré con mis subordinados a hacer lo que queda de trabajo por hoy –. Le desagrada el interés que muestra su novia en esa chica. Sólo llama "juguetes" a las personas que planea hacer sufrir porque atacan a su clan yakuza o les deben fuertes sumas de dinero, pero esa adolescente sólo es la hija de ese patético viejo, William no entiende qué es lo que pretende obtener Riley de ella cuando podrían simplemente matar a la familia y quedarse con sus posesiones materiales en pago por su deuda.
Riley se queda impasible en su lugar, cargando a Shinku en sus brazos, observando a su prometido irse furioso, sube a otra camioneta y se va, junto a su caravana de carros con yakuzas. Lo cierto es que no era su intención molestarlo pero, tampoco se siente mal por eso; a fin de cuentas, se ha salido con la suya. Ya se le pasará el enojo a él, y si no es así, ya lo compensará por la noche.
Riley Terrell lleva a "su nuevo juguete" hasta su camioneta. – Te voy a llevar a tu nuevo hogar temporal – la coloca con cuidado en el asiento de copiloto y le pone el cinturón de seguridad – No me des problemas o será peor para ti –. Sube al asiento de conductor – Vamos a presentarnos de manera adecuada. Buenos días, señorita, mi nombre es Riley Terrell – extiende su mano hacia la adolescente para saludarla.
Shinku Ayame se queda encogida en su lugar, sin saber qué hacer; mira su mano, asustada, sin moverse ni hablar. Cree que en su posición lo mejor es mantenerse callada y tranquila, sólo es una rehén para obtener lo que ellos quieren: el dinero de su padre.
La de ojos esmeralda, la observa seria, al notar que la adolescente ni siquiera se atreve a tomar su mano y no la mira a los ojos. Se inclina hacia ella y la chica parece querer escapar, retrocede pero tan sólo consigue pegar la espalda contra el asiento y la puerta. Riley la toma por la barbilla para que la vea a la cara. Le habla con amabilidad pero igualmente le teme como si fuera un demonio. – Si te digo que no te voy a hacer daño, ¿me creerías? –. Admira sus iris carmesí, son fascinantes. – Tus ojos son muy bonitos, es desconcertante pero… me gusta verlos – acerca un poco más su rostro al de ella y logra percibir un suave aroma femenino que es agradable – No importa si no me dices tu nombre, sólo te lo pregunté por cortesía pero ya sé que te llamas Ayame Shinku y tienes diecisiete años de edad – ve los labios carnosos de esa chica – Vas a ser mi invitada hasta que tu padre pague su deuda. Pero pienso que un hombre que regala a su propia hija con tanta facilidad, no merece ni un mínimo de piedad. Si te soy sincera, sólo te traigo conmigo porque prefiero divertirme yo contigo, mocosa, en lugar de dejar que tu padre te venda con alguien que te lastime de verdad, tan sólo para conseguir dinero o favores. No soy buena persona y tampoco pretendo ser tu salvadora pero, te aseguro que vas a estar mejor conmigo que con cualquier bastardo que te quiera para fines mucho peores que lo que planeo hacer contigo –.
Shinku respira hondo, toma valor y habla lo mejor que le es posible, con firmeza, a pesar de que su cuerpo tiembla por el miedo – Antes dijo que me mataría. ¿Ahora resulta que se apiada de mí? No le creo. Me va a matar. Da igual lo que yo piense porque usted hará lo que quiera –.
Riley le sonríe arrogante – Uunm, ¿tanto miedo me tienes? – de alguna manera, su actitud al responder, intentando sonar valiente, le resulta sexy – Aún no lo decido. Y ese poder entre la vida y la muerte, de decidir si te dejo con vida o no, es lo que me ha ofrecido tu padre al dejarme traerte conmigo. Para mi novio, tú eres inútil e innecesaria. Pero para mí… Quién sabe, tal vez puedas convencerme de dejarte en libertad. Te reto a lograr eso – saca un pañuelo del bolsillo de su chamarra y le seca las lágrimas de las mejillas. Shinku se sorprende por ese gesto.
– No lo voy a hacer – gira su rostro, para alejar su mano – En una cosa estamos de acuerdo… mis padres no merecen la pena. No se resistieron cuando usted me llevó. No voy a rogar por mi vida ni por las suyas, así que le ahorraré problemas con su novio, puede matarme, no me importa, ya no tengo familia – dice llorosa.
Riley Terrell se queda seria – Qué aburrida eres, no es divertido si no te importa morir. ¿No valoras tu vida o sólo es que ya te rendiste y das por hecho que te mataré? Si no juegas mi juego, no me sirves –.
– No me sirve valorar mi vida en este momento porque no depende de mí si usted me mata. No tengo que ser agradable con usted. No me interesa participar en su juego – responde esa chica, con lágrimas escapando de sus ojos y empapando sus mejillas; tensa y temblorosa, pero con una voz llena de carácter.
Riley permanece inexpresiva, mirando el camino, al conducir su camioneta para llevarse a esa chica, parece no darle importancia a sus palabras. – Háblame de ti. Qué te gusta y qué no. ¿Tienes novio? ¿Qué planeas para tu futuro? –.
Shinku la mira molesta. No entiende a esa mujer: quiere matarla o no, dependiendo de qué tanto le agrade a ella. Eso la enoja mucho, la trata como un objeto para su diversión. Se cruza de brazos, furiosa – Me niego a contestarle. Usted es mi captora. Me va a encerrar hasta que mi padre pague o simplemente va a matarme. Usted no me agrada, es una asesina a la que no le importa la vida de los demás. Sólo se quiere divertir conmigo para luego darse el gusto de matarme, pero no voy a darle el placer de caer en su juego. Además, si sabe mi nombre, debe saber qué hago, con quién estoy y qué voy a hacer. Los asesinos como usted, conocen bien a sus víctimas antes de matarlas –.
– Puedo averiguar todo lo que quiera de ti, eso es verdad. Pero es más interesante si me lo dices tú – responde Riley.
Shinku ignora su petición, otra vez. No quiere entablar conversaciones sobre su vida personal con una desconocida que, además, la va a retener como prisionera hasta que se canse de tenerla como juguete. Aún no consigue entender la actitud de sus padres, que la entregaron sin rechistar, sólo se quedaron quietos y mirando cómo era secuestrada.
El resto del camino, ambas permanecen en silencio. Riley la lleva con todo el descaro del mundo hasta su casa, ni siquiera le importa que ella vea el camino que ha seguido. No es secreto para nadie que es una casa de yakuzas o, al menos, es un secreto a voces; pero sus negocios y trabajos son altamente profesionales, eso implica que no hay forma de que termine en la cárcel. De cara al mundo, ella y su prometido son empresarios honestos.
Al llegar al portón, los yakuzas que custodian la casa, abren para que estacione el carro. Las lágrimas vuelven a empapar los ojos de la adolescente al ver aquella mansión, ese hermoso hogar de apariencia acogedora, que ahora se convertirá en su prisión.
En el momento que Riley baja de la camioneta, sus subordinados, hombres y mujeres yakuza, le dan la bienvenida a su jefa, reverenciándola. Riley va hasta la puerta de copiloto para abrirla – Ven conmigo, preciosa. Bienvenida a tu nuevo hogar. Eres mi más honorable invitada – le ofrece su mano para ayudarla a salir – Puedes llamarme Riley – le guiña el ojo.
Shinku le dirige una mirada de desconfianza. – Puedo hacerlo yo misma – le dice severa. Baja del coche sin su ayuda, rechazando su mano. Observa a su alrededor y la única salida que hay a la vista, es por donde entraron, vigilada por numerosas personas de apariencia imponente. Alrededor hay un muro muy alto que sería imposible de escalar. Sólo puede llorar en silencio, pues no es una persona que pelee. Sus padres la criaron para ser una perfecta señorita de la alta sociedad. Tener actitudes agresivas para defenderse o luchar, no fue algo que le enseñaran.
– Pobrecilla – se burla Riley al verla mirando alrededor, como si buscara una salida. La toma por la muñeca, atrayéndola hacia ella – Aunque te niegues a tomarme por la mano, yo puedo hacer lo que quiera contigo. Y por más que mires, no encontrarás una manera de escaparte de mí – besa su mano – Ahora me perteneces, preciosa. Es mejor que te acostumbres –.
Shinku retira su mano de la suya, al sentir su beso. – Yo no le pertenezco ni a usted ni a nadie. Aunque me tenga retenida a la fuerza, eso no significa que yo le pertenezca – le grita severa. Cuando ella levanta la voz de esa manera, los yakuzas se acercan amenazantes, su jefa les hace un gesto con la mano para detenerlos y que no se acerquen, sonriéndole a ella como si todo lo sucedido fuera algo divertido. Esos yakuzas las rodean, y vigilan a Shinku como si aquella indefensa adolescente pudiera ser un peligro para la integridad de su jefa. Shinku tiembla aterrada, temiendo que todos le hagan daño, pero se mantiene de pie en su lugar, mirando a su captora a los ojos con rencor.
Riley le habla a Shinku con arrogancia – Te equivocas, preciosa. Ahora eres mía, aunque te resistas, vas a ser completamente mía –. Se dirige hacia sus yakuzas con imponente actitud – Escúchenme bien todos, a partir de ahora esta señorita es mi invitada especial, deben mantenerla vigilada, tiene prohibido salir de la casa sin mi compañía. Y nadie puede tocarla más que yo. Trátenla con amabilidad. Que quede claro que me pertenece. ¿Entendido? – les grita, y los yakuzas responden en coro: Sí, señora.
– No se lo pondré fácil – protesta Shinku, aunque esa mujer criminal les haya gritado a sus subordinados que es suya.
Esta historia continuará…
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