El Secreto de
Riley W. Terrell
Escrito por:
Airi Melody y EvilChipie
La siguiente historia es original y es ficción.
Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
No representa a ninguna persona ni refleja la cultura de ningún país.
Simplemente es el relato de una historia que nació a partir de un juego de rol entre dos mujeres que se aman.
Este es el resultado de: Mis madrugadas a tu lado.
Capítulo 5:
Riley Terrell se aleja de la habitación de su nueva invitada pensando en el motivo por el cual la dejó cautiva en esa lujosa habitación. No está muy segura de por qué la ha traído hasta su casa, ¿en qué estaba pensando en el momento que decidió aceptarla como si fuera un objeto? Es obvio que esa chica la va a odiar por ser yakuza y ser la persona que ha amenazado a su familia. Lo ideal y lo lógico que debería hacer, es deshacerse de ella cuanto antes. Sería un alivio si al padre de la chica le importase un poco su hija y pague la deuda en lugar de tratar de huir. Tener que matar a esa adolescente sería una pena porque Shinku, además de ser joven y bonita, tiene más carácter de lo que imaginaba. Quién iba a pensar que esa niña llorona podía tener tanto carácter como para luchar, aun sabiendo que no serviría de nada, dañar con sus palabras hasta hacer enojar a su captora. Riley sonríe por lo mucho que le ha agradado esa mocosa; caminando por los pasillos de la casa, cruza el jardín y sube en su auto para irse y ocuparse de su propio trabajo.
Mientras tanto, Shinku Ayame, sola en su cuarto, revisa toda la habitación con la esperanza de encontrar algo que la ayude a salir de aquel encierro forzado, pero para su mala suerte todo alrededor, además de pulcro, a la vez no tiene ningún defecto del cual aprovecharse. La única solución sería tirarse desde la ventana, pero lo descarta por la altura: ahora que está más tranquila y lo ha pensado detenidamente, lo que quiere es escapar, no morir. Aunque le haya pedido a esa mujer que tomase su vida a cambio del pago de la deuda, ella no tiene intención de suicidarse. ¡Encontrará la manera apropiada para huir de ese lugar y ponerse a salvo!, está decidida. Aunque tiene esos pensamientos valientes, ella no puede dejar de llorar. Ella sólo quiere volver a su hogar y no estar en una habitación desconocida, sintiéndose vulnerable y asustada. Vuelve hacia la puerta e intenta de nuevo girar el pomo, con todas sus fuerzas. Al no poder abrir, ella se ofusca y empieza a pegar con la palma de su mano a la puerta.
De repente escucha que están abriendo con llave por fuera. Se aleja, expectante y desconfiada. Quien aparece ante ella, es un hombre joven, de piel clara y cabello oscuro, serio, alto, con una bandeja de comida sostenida en una de sus manos.
– Su comida – ese hombre habla con voz llena de frialdad, pasando a la habitación sin pedirle el derecho a entrar en lo que va a ser su cárcel, como si Shinku no tuviera voz ni voto. Deja la bandeja en una mesita pequeña de madera, rodeada de un sofá de color rojo. Al no recibir respuesta alguna por parte de Shinku, ese hombre sólo la mira como si fuera una molestia y se marcha. Shinku no tiene ninguna intención de comer nada de lo que le den esas personas, por desconfianza. Si la quieren matar, no será porque la envenenen, será una muerte honorable y de frente, mirando a los ojos de quien la vaya a sacrificar. Así, cuando ese hombre vuelve por la bandeja de nuevo, la encuentra intacta en el mismo sitio, pero a esa persona es como si no le importara lo que hace o no Shinku y, simplemente se va.
Cansada de ese horrible día, Shinku se queda todo el tiempo en el rincón de la habitación, como si ahí se sintiera protegida, encogida sobre sí misma con las rodillas contra su pecho; ella sabe que esté donde esté en esa casa, va a ser igual, nada la va a proteger.
La habitación empieza a perder el brillo del día para pasar a la oscuridad de la noche. Shinku Ayame ya no tiene más lágrimas que derramar, se queda sin fuerzas, cansada emocionalmente y físicamente. No se molesta ni en encender la luz, sólo quiere desaparecer, fundirse con la oscuridad y perderse. Pone su rostro entre sus rodillas y poco a poco se va quedando dormida.
Riley regresa a la casa a la hora de la cena. Sus subordinados le informan que su prisionera no ha comido nada en toda la tarde. Ella no se sorprende por tal reacción, pues está en una casa extraña, alejada de su familia, de los que ama. Lo sorprendente sería que esa chica estuviera feliz y obediente.
Will, su prometido, aún no está en casa pero debe estar a punto de llegar, y como no tiene nada más que hacer, se dispone a preparar una rica cena, sólo por esta ocasión. Una vez preparada la comida, sirve un plato para Shinku que coloca en una bandeja, junto con cubiertos y otras cosas más. Sube a la habitación. Llama a la puerta, pero al no recibir respuesta, entra sin ningún pudor. Al fin de cuentas es su casa, no tiene que pedir permiso para hacer lo que se le antoje. Encuentra el cuarto oscuro. Enciende la luz y no ve a Ayame Shinku por ninguna parte. Deja la bandeja con comida en la mesita de centro de la pequeña salita. Mira detenidamente cada rincón de la habitación hasta encontrar una pequeña figura en un rincón, encogida y al parecer dormida, detrás del sofá. Se acerca a esa pequeña y frágil chica, comprobando lo profundo que es su sueño. Con cuidado, la carga en brazos y la lleva hasta la cama, recostándola, quedándose de pie al lado de la cama. Es muy bonita durmiendo. Como un impulso, Riley le acaricia el cabello – Oye, Ayame Shinku. Despierta. Te he traído algo – le habla con dulzura, de la misma manera que suele hablar a su hermano pequeño – Te preparé la cena. ¿Tienes hambre? Ey, despierta – vuelve a acariciar su cabeza para despertarla.
Shinku disfruta del tacto de una mano amable que le acaricia, mientras le habla de manera dulce. Le cuesta despertar, está muy cansada – No tengo hambre, onee-chan, tengo sueño – balbucea adormilada. Se remueve un poco y se vuelve a acomodar para seguir durmiendo.
Riley se sorprende al ser llamada "onee-chan", le hace pensar en su hermanito; sabe que no se lo decía a ella, debe haberla confundido por el cansancio, pues aparte de sus padres, Ayame Shinku tiene una hermana mayor. Esta chica sólo tiene diecisiete años, es muy joven y ha pasado mucha tensión este día, asustada y sin saber si en realidad alguien le hará daño o no, incluso ha tenido que sufrir la indiferencia de sus padres que la entregaron a unas personas desconocidas sin dudarlo. En ese momento, para Riley, Shinku hasta le parece tierna. Vuelve a acariciar su cabeza – Tienes que cenar, preciosa. No has comido nada en todo el día. Sólo come un poco, pruébalo al menos –.
Shinku vuelve a sentir en su cabeza unos dedos cálidos, dándole suaves caricias y el sonido de una dulce voz hermosa, hablándole con ternura, como sólo lo hace su hermana. Bosteza y pone sus dedos en los ojos, frotándolos para despejarse – Tuve un mal sueño, onee-chan. Soñé que… –. Abre los ojos repentinamente, recordando que no ha sido un mal sueño, que todo era real y a quien ve enfrente de ella no es su hermana, es a esa mujer, su captora. Se incorpora, sentándose rápidamente, mirando a su alrededor, aun desconcertada al volver a su cruel realidad. Recuerda haberse quedado en el rincón cerca del sofá, pero ella en ningún momento recuerda levantarse de ese pequeño refugio para recostarse en la cama. Hace una mueca de desagrado al imaginar que esa mujer yakuza debió de haberla cargado, le resulta repugnante que la haya tocado. Ve a Riley con severidad a los ojos, frunciendo el ceño – No quiero comer. Gracias – dice con indiferencia.
– Lamento que no sea sólo una pesadilla – le habla Riley con gentileza. Acerca una silla al lado de la cama, va por la bandeja con comida y se sienta en la silla con la charola en las manos. Hay un plato con lasaña a la boloñesa, una jarra con agua, una taza con leche y otra con té. – Pruébalo. Lo he cocinado especialmente para ti. No cocino muy a menudo, no estoy segura de si te gustará, aunque espero que sí. No sé si podría calificarme como una buena cocinera, pero a mi hermano pequeño le gusta mucho que le prepare este platillo. No sé qué te gusta, así que puedes elegir entre agua, té o leche – le ofrece una sonrisa amable a la adolescente, sorprendiendo con su actitud a Shinku.
Pero esta última, sigue fingiendo indiferencia hacia Riley, aunque esa bella sonrisa le ha hecho sentir incómoda porque no quiere ser consciente de lo atractiva que es su captora. Tiene que odiarla. Y a ese plato de comida con un olor exquisito, prefiere no verlo, pero sus tripas rugen por el hambre. Apoya sus rodillas contra su pecho y se abraza a ellas, poniendo su cara en ellas – No, gracias. No tengo ganas de comer – su voz no expresa ningún tipo de sentimiento, sólo una voz apagada.
– Por si acaso cambias de opinión, dejaré la bandeja aquí – le responde Riley, seria; se pone de pie y vuelve a colocar la cena sobre la mesa. La mujer de ojos esmeralda, sale de la habitación. Y Shinku no puede dejar de ver esa maldita bandeja que la hace desearla. Tiene mucha hambre, pero antes de moverse de su lugar o conseguir decidir si probar o no esa comida… Riley regresa a la habitación con una maleta en mano – Te he traído algo más, preciosa. Compré algo de ropa para ti, puedes mirarla en cuanto te sientas más animada –. Deja la maleta cerca de la cama, se vuelve a sentar de nuevo en la silla. Riley se da cuenta que Shinku sigue asustada y que le debe parecer la persona más horrible del mundo, pero tampoco quiere que la odie más de lo que ya lo hace – Esta mañana me preguntaste si tenía personas importantes para mí y qué sentiría si alguien le tratara de la manera que yo te he tratado antes. He pensado en tus palabras mientras estuve fuera. La respuesta es sí, haría lo que fuera por cuidar de mi familia y amigos. El punto es que son importantes para mí y si alguien les maltratara, mataría a esa persona. Te traje aquí y ahora eres mi responsabilidad, por eso voy a tratarte con la misma consideración que lo haría si tú fueras parte de mi familia –.
Shinku levanta un poco su rostro, mirando por encima de su brazo a Riley, sorprendida. Al verla ahora, de la manera que la está tratando en este momento, con una dulce voz y ojos llenos de gentileza, sin rastro en su actitud de esa yakuza que la asusta… No le parece mala persona, al menos no como lo fue en su primer encuentro. Sacude su cabeza desvaneciendo esos pensamientos incorrectos. Toda su familia está en peligro de morir, en manos de esa cruel yakuza, por una orden suya. Y ella es su prisionera, no su familia. – Gracias – esconde de nuevo su rostro en sus rodillas. No se siente con ánimos ni con fuerzas para volver a pelear con esta mujer yakuza. No le serviría de nada volver a discutir con ella. Riley es muy fuerte, sólo sería una pérdida de energía. Tampoco había caído en sus provocaciones para que pusiera fin a su vida y que todo acabara. Suspira profundamente, agobiada, triste asustada, resignada. Shinku sólo quiere volver a su casa, a su hogar. ¿Hogar?, se reprende a sí misma. Sus padres la dejaron ir sin luchar, la ofrecieron al novio de esta criminal para casarla y solventar la deuda. Ni aunque llamó a gritos a su padre para que no la alejaran de su hogar, él no hizo nada, sólo agachó su rostro y la dejó ir en manos de personas que bien podrían hacerle lo peor. Vuelve a tener sentimientos de enojo contra sus padres, quiere ir con su hermana. Frota sus ojos en su brazo porque se le volvieron a llenar de lágrimas. Su hermana no hubiera permitido que todo eso hubiera pasado. Mira hacia el lado de la cama y, nota de reojo que Riley sigue aún ahí, observándola con seriedad. – ¿Qué podría hacer yo para que olvides la deuda de mi padre y me dejes libre? – su voz sale de sus labios, llena de amargura, al dirigirse a esa persona que es dueña de su vida en estos momentos.
– Nada. Lo lamento pero no tienes nada que me interese. Sólo te traje aquí para que no termines en malas manos de verdad, porque si te ofreció a un jefe yakuza, a mi prometido… Entonces, seguramente tu padre no hubiera tenido reparos en ofrecerte después a cualquier patán sólo por dinero para resolver su problema económico – responde la imponente mujer yakuza. Se levanta de la silla sin dejar de mirar a Shinku. – Tu padre es un hombre adulto, si no es capaz de hacerse cargo de sus propias responsabilidades o de las consecuencias de sus acciones y decisiones, no creo que se merezca que le tengas ni un poco de consideración. Él te regaló sin miramientos. Y no pretendo que una adolescente de diecisiete años cargue con las consecuencias de la irresponsabilidad de su padre. Incluso con el estilo de vida que he elegido, no consentiría que mis hijos sufran por mi estupidez. Por eso, el comportamiento de tus padres me parece inaceptable, tanto tu padre al ofrecerte como pago y agachar su rostro mientras te llevábamos, como tu madre al agachar la cabeza y no oponerse. Él será el que tenga que pagar por su deuda y no tú, mientras, sólo quédate aquí por un tiempo. Nadie te hará daño, te lo prometo –.
Esta historia continuará…
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