Cap. 38: Decepción (Parte dos)

Bajé la vista y caminé lentamente hacia las bancas, sentándome en la primera y cruzando los brazos a la altura de mi pecho.

Suspiré.

Estaba en la peor clase de todas, o sea, Educación Física.

Siempre la había odiado. Era aburrida. Ya de por sí era mala porque no la compartía con Edward. Y casi siempre me pasaba algo malo.

Pero esta vez fue peor.

Resulta que hoy teníamos que jugar básquet. Debo aclarar que no tengo nada en contra de ese deporte. No lo adoro, pero tampoco lo odio. Y, aunque no lo crean, soy buena en eso.

Bueno, continuo, el profesor nos dice que vamos a jugar básquet. Ningún problema hasta ahí.

Luego nos dice que primero vamos a practicar un poco antes de jugar un partido de verdad.

Cero problemas.

La practica consistía en hacer una fila, el profesor nos pasaba una pelota, nosotros teníamos que encestar, y ponernos al final de la fila para empezar otra vez.

Todo iba bien.

Hasta que Evelyne, con quien compartía clase de Educación Fisica, aparte de Biología, me dio un empujón a la hora que se situó a mi lado en la fila, justo cuando me tocaba sacar a mi.

Es una humana debilucha, así que su "empujón" no me afectó mucho. Pero si lo suficiente para que golpeara mal la pelota y esta se desviara.

Se desviara y golpeara a alguien.

¿Y adivinen a quien?

¿A la misma Evelyne?

No.

¿A Mike?

Tampoco, ya quisiera.

De toda la cantidad de estudiantes que había aquí… La pelota tenía que pegarle al profesor.

Si, al entrenador Clapp.

Ah, pero no solo lo golpeó, no. Le dio de lleno en la cabeza y al perder el equilibrio, se tropezó con otra pelota que había en el suelo y finalmente se cayó, inerte en el piso.

Por si lo pensaron, no se murió. Solo está inconsciente por el los golpes. Al menos, estaba vivo cuando se lo llevaron los de la ambulancia. Pero no creo que esté muy mal, los golpes no fueron tan fuertes. Los enfermeros dijeron que solo estaría inconsciente por un rato. Lo más probable es que haya despertado de camino al hospital.

Ahora, ustedes seguro pensaran que después de eso nos dejaron salir más temprano. Pues se equivocan. Nos dijeron que podíamos hacer lo que queramos, pero dentro del gimnasio.

Algunos se pusieron a practicar algún deporte de su preferencia, y otros se juntaron para conversar.

Y yo, bueno, estaba allí sentada en la enorme y larga banca. Sola. Como siempre.

No me molestaba, de hecho, disfrutaba estar sola, siempre y cuando tenga algo entretenido que hacer. Estar sola me era fácil. No había que empezar una conversación o soportar los silencios incómodos por falta de la misma, pero aun así me sentí como la marginada.

Antes Mike se me acercaba y trataba de hablar conmigo, pero ahora ya no, y menos desde ese día donde leyó la nota en frente de toda la clase. Lo que es bueno, así dejaba de fastidiar. Esperaba que por fin dejara su interés por mi, así como los demás chicos del instituto lo hicieron cuando se enteraron que estaba Edward.

La puerta del gimnasio se abrió en ese momento, y aunque trataron de ser silenciosos al abrirla, no tuvieron éxito debido a que le faltaba aceite y chirrió horriblemente.

Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo en ese momento, incluyéndome, y miraron fijamente a la puerta.

Una chica estaba allí, aun sujetaba la puerta con la mano derecha y se veía asustada. Su cabello era de color castaño oscuro, muy oscuro, al igual que sus ojos. Usaba unos lentes ligeramente grandes, que no iban con su pequeña cara en forma de corazón. Era delgada y pequeña, un metro cincuenta tal vez, y su piel era de color bronceada.

Todos dejaron de prestarle atención en cuanto la vieron, supongo al no encontrarle nada que les interesase, y regresaron a lo suyo. La chica parecía aliviada de eso, aunque también triste de que la ignoraran por completo.

Miró, aun nerviosa a los lados, seguro en busca del profesor. Pero por supuesto, no lo encontró.

Como que alguien le dio un pelotazo y lo mandó al hospital.

Suerte que no me castigaron.

Se quedó parada un rato donde estaba, pensando, y luego se acercó lentamente a la banca donde yo me encontraba, apenas haciendo contacto visual conmigo.

La chica me recordaba a mi cuando era más joven. Probablemente siguiera siendo así si no me hubiera unido a la organización. Siempre tuve carácter, pero era callada y tímida por fuera casi todo el tiempo.

Es esa la razón por la que decidí hablarle. Ser la nueva y que todos estén en grupo, con amigos, conversando entre ellos, y tu estar sola, es horrible.

-Hola- le saludé cuando estaba a punto de sentarse lo más lejos de mi.

Ella alzó la vista del suelo y me miró, parecía asombrada de que le hablara.

-¿Eres nueva en el instituto?-pregunté, cuando solo se quedó mirándome.

-Si- dijo de manera temblorosa.

-¿Y como te llamas?-

Iba a pararme y acercármele, pero supe que si lo hacía probablemente la pusiera nerviosa, así que esperé a que ella misma se acercara.

-Daniela- caminó hacia mi, aunque de manera dudosa- ¿Y tu?-

-Me llamo Isabella, pero prefiero que me llamen Bella-

-¿Por qué?- preguntó, sentándose a mi lado.- Es un nombre bonito-

-No lo sé.- me encogí de hombros- Es largo y… me hace sentir como una modelo italiana- hice una mueca.

Daniela se rió, revelando sus brackets.

-Bueno, luces como una- me señaló con la mano-.

-Así que… ¿Eres nueva en el pueblo?-pregunté, cambiando de tema-

Asintió.

-Soy de Arizona, si- volvió a asentir-

Eso explicaba la piel bronceada.

Nos la pasamos hablando durante el resto de la clase. Me contó que sus padres se habían separado y que vino a vivir junto a su mamá con su abuela, en Forks. Me reí cuando exclamó "¡¿Estas bromeando?! Yo también soy de Phoenix!" Luego pareció avergonzada por su efusividad, pero dejó de sentirla cuando yo reaccioné de forma similar. Le conté mi supuesta historia, también, de como había terminado en este frio lugar. Ella susurró un "Lo siento" cuando mencioné la muerte de mi madre. Casi grito de la emoción cuando me dijo que compartía la misma afección por los libros que yo. Ya saben, cualquiera que le guste la lectura siempre será mi amigo.

Ella me dijo que no recordaba haber hablado tanto con alguien de su edad, y yo le dije lo mismo, porque era cierto.

Cuando la hora de E.F acabó, salimos como las mejores amigas.

Me gané miradas extrañadas de todos, por supuesto. Bella Swan ha entablado una amistad con la nueva. Con una nueva que, según ellos, no era para nada interesante.

Estuvimos charlando animadamente en la acera del aparcamiento hasta que su madre vino por ella en su auto, ya que ella aun no contaba con uno.

Su mamá se parecía mucho a Daniela, solo que sin los lentes y los aparatos dentales. Y sus ojos, que los tenía más claros. Ella me dijo que su madre podría dejarme en mi casa, pero le dije que ya había alguien quien me llevara.

-De seguro es su novio- dijo la señora Amelia, dándome una mirada divertida-

-Claro que no, mamá, seguro es alguna otra amiga-dice Daniela rápidamente.

Me reí internamente. No es que me estuviese burlando de ella, no. Me causaba gracia el hecho de que esa probablemente hubiese sido mi respuesta si estuviera en su lugar.

-En realidad… Si, es a quien espero- dije.

Su madre le dio una mirada de "Te lo dije"

-Oh- musitó. Me sentí un poco culpable al no habérselo mencionado antes- Pero nos veremos mañana ¿verdad?- me preguntó.

-Claro- sonreí ante su emoción. Conocía ese sentimiento de alegría al por fin tener al menos una amiga- Nos vemos mañana, ojalá compartamos alguna otra clase-

Después de eso nos despedimos, ella subió al auto y se fue.

Miré a los lados, notando como los alumnos iban disminuyendo con forme pasaban los segundos.

Fue cuando noté la ausencia de Edward. Volví a mirar, pero no lo veía por ninguna parte.

Era extraño, él siempre era el primero en salir del salón.

Entonces recordé que tampoco estaba en la puerta del gimnasio esperándome como de costumbre.

¿Se habría prolongado su clase?

Su auto aun seguía aquí, lo que significa que sigue por los alrededores. Además, él no iba a dejarme, ¿verdad?

Lo más seguro era que su clase se había prolongado y por eso no fue a buscarme ni tampoco lo veía por los alrededores.

Pero mi hipótesis fue desechada cuando vi a un chico de su clase subir a su auto e irse.

Su clase ya había finalizado ¿Entonces donde diablos estaba?

Me paré a esperar bajo el tejado de la cafetería, tratando de protegerme del fuerte viento que últimamente soplaba.

Pasaron los minutos y vi como todos se iban, aun sin rastro de Edward.

El lugar se quedó en completo silencio, solo escuchándose el rugir del viento.

Golpee de manera impaciente el asfalto con mi pie, suspirado.

Era un hecho, ya todo el mundo se había ido. A excepción de los profesores, quizás.

Me giré rápidamente cuando sentí a alguien acercarse, pensando que era Edward, pero no.

-¿Bella?-preguntó el profesor de Trigonometría, seguro sorprendido de verme aquí- ¿Qué haces aquí?-

-Aquí estudio- contesté de manera sarcástica.

Inmediatamente me arrepentí de haberlo hecho, pero aparentemente no lo tomó mal.

Se rió.

-¿Pero que haces a estas horas? Ya deberías haberte ido-

-Si, es que… estoy esperando a alguien- miré mis zapatos.

-Oh- dijo. - ¿Edward Cullen?- inquirió.

No me sorprendió que supiera sobre nuestra relación. Creo que todo Forks lo sabía ya.

Asentí.

-¿Y donde está?-preguntó.

Ya quisiera saberlo.

-No lo sé- me encogí de hombros- Pero su auto sigue aquí- le señalé con la cabeza-

Él asintió. Me miró por unos largos segundos, parecía inseguro si preguntarme algo o no.

-¿Quieres que te lleve?-me preguntó finalmente.

Casi sonreí. Su pregunta me trajo un recuerdo.

-No, voy a esperarlo. Gracias de todas maneras-

-Bueno. Me voy entonces. Hasta mañana, Bella- se despidió-

-Hasta mañana- me esforcé para sonreí de manera convincente.

Se giró y se encaminó hacia su auto, pero luego se detuvo. Se quedó parado allí un rato, luego sacó un papel de su bolsillo y un lapicero, apuntando rápidamente no se que.

Lo vi regresar hacia mi.

-Toma-me dijo tendiéndome el pequeño papelito. Contenía un número celular- Es mi número. Si ese muchacho no aparece… puedes llamarme, yo vendré a recogerte-

No lo tomé.

-Gracias, pero…- iba decirle que no podía hacer eso, pero me interrumpió.

-No puedes regresar caminado a casa. Y para mi no es ninguna molestia, mi casa queda cerca de aquí- me tendió de nuevo el papel-

-Vale- dije, tomando el papel.

-Ya sabes, no dudes en llamar- me dijo mientras se giraba y se iba a su auto. Escuché como se iba mientras miraba el pequeño pedazo de papel.

Obviamente, no iba a llamarle, pero de todas manera lo guardé en mi bolsillo.

No es que le tuviera miedo o que fuera como el anterior profesor de trigonometría, nada de eso, pero no podía aceptarle. Principalmente porque Edward vendría por mi en cualquier momento y no iba a plantarle.

Sonreí cuando un recuerdo vino a mi mente.

No era la primera vez que se ofrecía a llevarme a casa, ya lo había hecho con anterioridad. De hecho, me había llevado a casa antes.

Recordaba bien ese día, yo tenía doce años y la movilidad escolar que me recogía no había venido. No era la primera vez que se olvidaba de mi.

Pero de cobrar no se olvidaba el viejo ese.

En fin, yo pude haberme ido sola a casa, pero mi mamá había dado indicaciones al colegio de que no me dejaran salir sola, no hasta que me vengan a recoger, así que estaba atrapada.

No había comido nada en el refrigerio y me moría de hambre, quería llegar a casa para poder comer.

Todos ya se habían ido. Yo era la única idiota que estaba allí sentada esperando.

Entonces apareció el profesor y me preguntó que hacía allí a esa hora, habiendo sido la salida hace como dos horas. Recuerdo haberle respondido lo mismo que hoy "Aquí estudio"

Esa vez también se ofreció a llevarme a casa, solo que en esa ocasión yo acepté.

Habló con la secretaria del director y pudimos salir.

Si no hubiese sido por él, ese día me hubiera quedado a dormir en el colegio. O hasta que mamá llegara a casa del trabajo y no me encuentre allí.

Que tiempos aquello. Todo era más simple. Tenía mis problemas, si, y que problemas. Pero, sea como sea, era feliz.

Ahora también lo soy, por supuesto, sobre todo después que conocí a Edward. Lo que quiero decir es que las cosas eran más sencillas en aquella época.

Sola era una… No puedo decir que era una simple humana, porque nunca lo fui, pero al menos mi vida lo era. Tenía los problemas que un humano puede tener.

Las cosas se han complicado ahora.

Soy feliz, si, pero no lo seré más si no encuentro una forma de quedarme aquí y abandonar la organización. Y tiene que ser pronto, puesto que se me está acabando el…

Mi pensamientos son interrumpidos cuando veo aparecer a Edward del bosque, ese que está frente al Instituto.

Pero no está solo, estaba con… ¿Tanya?

¿Qué hacía ella aquí?¿No se suponía que estaba en Alaska?

Ella caminaba muy de él, sus brazos casi rosándose mientras le dice rápidamente no se qué. Edward le responde algo. Están bastante lejos de mi así que no puedo escuchar con claridad, solo veo como mueven los labios al hablar.

Se que debería salir para que me viesen, pero no lo hago. En su lugar entro a la cafetería y me escondo, mirando silenciosamente como llegan al auto y se detienen a discutir en voz baja allí.

Tanya parecía tener prisa, veo como le dice enfáticamente algo a Edward y le jala del brazo, arrastrándolo al auto.

Trato de agudizar le oído, intentando oír algo, pero me es imposible. No logro escuchar nada.

Edward se aparta un poco de ella y le dice algo, Tanya se encoge de hombros y le responde no se qué. Ella entra al auto en el lado del copiloto, cerrando la puerta de un portazo. El fuerte golpe resonó por todo el desierto aparcamiento.

Tanya saca la mano por la ventanilla y le hace una seña a Edward para que se apresure en entrar, y no deja de hacerlo hasta que él entra.

Finalmente, veo como encienden el auto y abandonan el aparcamiento a toda velocidad.

Por un momento simplemente me quedo allí, parada, mirando el mismo lugar por donde se fueron. Mi mente hecha un lio, aun tratando de asimilar y entender lo que acaba de pasar, lo que Edward acaba de hacer.

Edward me había dejado .

Edward me había dejado aquí, sola.

Edward se había largado con Tanya y me había dejado plantada.

Siento como, rápidamente, mis ojos empiezan a escocer y el característico nudo en la garganta aparece.

Golpeo la pared con fuerza, tanto que se despostilla ligeramente, mientras gritaba una serie de maldiciones en mi mente.

Llevé una mano al rostro y retiré la primera lágrima que intentó hacer su camino por mi cara.

Ni lo pienses…

Murmuré sintiéndome como una tonta hablándole a sus lágrimas, que caían sin razón, porque Edward no era una razón ¡Para nada!

Negué con la cabeza, intentando convencerme a mi misma que sufrir por esto no valía la pena. Que el hecho de que Edward me haya abandonado aquí en el instituto, justo hoy, y que se haya largado con Tanya, no debía herirme.

Solté un sollozo mientras me sentaba en la vereda, abrazándome el torso en un intento de reconfortarme, y protegerme del frio.

¡Maldita sea, Swan, deja de llorar!

Me hubiera abofeteado de no ser porque habría resultado muy de chifladura.

Dolor, desilusión, decepción, humillación, y por ultimo, rabia. Eso era lo que sentía.

Me recriminé por ser tan estúpida. Porque era una estúpida, mientras yo estaba aquí, triste, seguro él estaba feliz de la vida quien sabe donde, haciendo quien sabe que. Él no merecía mis lagrimas.

Pero aun así, por más que trataba de convencerme de que no valía la pena, que no debía llorar, que no debía sentirme tan dolida como me sentía… No podía evitar no sentir una profunda decepción.

No podía tomar con indiferencia esto. No viniendo de Edward. Nunca creí que él me pudiera hacer esto. Y justo hoy.

Chequee mi celular. Ningún mensaje, ninguna llamada.

¿Esa era acaso la sorpresa? Me pregunté mientras dejaba caer libremente todas las lagrimas que tenía reprimidas desde hace un buen rato, viendo como finalmente después de haberse deslizado por mi cara caían silenciosamente sobre mi pantalón. ¿Su plan consistía en dejarme sola en el aparcamiento?

¡Pues que bonita forma de festejar los aniversarios tiene! Pensé con amargura ¡Dejando a su novia tirada y yéndose con otra, sin ninguna explicación!

Debí haberlo entregado a la organización cuando pude.

Me estremecí y el dolor en mi pecho creció.

A pesar de todo, la idea de él muerto me dolía y horrorizaba.

Me pregunté, una vez más, por qué siempre terminaba queriendo a la gente equivocada, a gente que no me quería o le interesaba.

Y no hablo solo por Edward, también por otras personas.

Mamá, tío Franklin, Cassandra, tía Dora… Y toda esa gente que nunca me apreciaron, que me hicieron daño, o me no quisieron como yo a ellos.

¿Por qué, simplemente, no podía odiarlos?

Lo único que yo odiaba era eso, el hecho de no poder odiarlos. O al menos, dejar de tenerles afecto.

Mi odio hacia alguien era efímero. Siempre ha sido así, y probablemente lo sea por resto que me queda de vida.

Soy tan patética, tan vulnerable. Siempre rompiéndome con facilidad, aunque no lo demuestre.

Quizás sea cierto eso de que las personas que aparentan ser fuertes, son las mas débiles en su interior.

Yo soy la prueba.

Varias veces he pensado en cambiar, mostrarme más abierta con la gente. De verdad, lo he intentado, pero simplemente no puedo. Es como una coraza que he creado para mi misma, asegurándome no abrirla.

Pero ahora creo que eso está bien. Por primera vez le abrí mi corazón a alguien, y mira lo que pasó. Ahora estoy sufriendo por eso.

Y a la vez, siento que me lo merezco. Después de todo, soy yo la farsante que lo engañó, y sigue engañándolo, haciéndose pasar por una simple chica humana. Extraña, pero humana después de todo. Cuando en realidad soy una cazavampiros cuyo único interés al principio era acabar con su vida.

Suspiro, sintiendo un horrible revoltijo de emociones. Todos desagradables. Preguntándome cuanto más voy a tener que soportar.

-"Hola"-

Me enderezo de un salto al escuchar esa voz, esa voz oscura que eché de menos todo este tiempo que estuvo ausente.

¿La escuché de verdad, o solo es mi imaginación?

-"No, no es tu imaginación. Estoy aquí"- pude sentir una sonrisa en su voz.

Una gran sonrisa se dibuja en mi rostro sin poder evitarlo.

¡D había vuelto! ¡En realidad estaba aquí!

-¡Has vuelto!- dije en voz alta, sintiendo repentinamente ganas de reír.

-Si. Al parecer me has extrañado- se rió, aunque no era su risa sarcástica, parecía una real.

Su voz era igual de seseante y oscura como siempre, pero a mi no me importaba. Me sentía feliz de que haya vuelto. Pensé en gritarle y preguntarle a donde había ido, pero no hice. Estaba aquí y es era lo importante.

-¿Dónde estuviste? Pensé que te había ido para siempre- dije, sintiendo un ligero nudo en la garganta.

-"¿Y dejarte sola? Claro que no"- negó- "Además"- se rió-"No es como si pudiera irme de verdad."-

No entendí muy bien su ultimo comentario, pero no dije nada. En vez de eso sonreí, sonreí como no lo había hecho en todo el día.

D me explicó brevemente que estuvo ocupada el mes pasado, es por eso la razón de su ausencia, aunque no me dijo en que estuvo ocupada, lo cual esperaba. Me dijo que me había extrañado también, y que no volvería a desaparecer tanto tiempo.

-Estaba preocupada, ¿sabes?- le dije cuando nos quedamos un largo tiempo en silencio- Pensé que te finalmente te habías ido y…-

-"Bella"- me cortó- "¿Es que no recuerdas nada de lo que te dicho?"- su voz se había tornado más suave, pero sería- "Un día te prometí que siempre iba a estar ahí, en las malas y en las buenas, protegiéndote."- su voz se tornó aun más suave al decir- "Y aunque no me hables, o yo no te hable, esa promesa quedará guardada"-

Asentí en silencio. Sus palabras causándome una extraña sensación.

-"Así que desecha esa absurda idea. No te desharás de mi tan fácilmente"- se rió, al parecer recobrando su habitual humor.

-"Edward no te ha dejado plantada"- dijo de pronto, sorprendiéndome, haciendo que la tristeza vuelva de nuevo al pronunciar su nombre.

-¿Ah, no?- inquirí-

-"No"- dijo- "Y ya deja de llorar"-

No se que me sorprendía más. El hecho de que estuviera tratando de buscar justificación a algo que obviamente no lo tenía, o que estuviera justificando a Edward. Creo que lo segundo.

Por lo que había podido apreciar, Edward no era precisamente el favorito de D. Se notaba aunque ella quisiese ocultarlo, y su repentina defensa hacia él me desconcertaba.

Y más cuando se ponía de su parte y no de la mía.

-¿Entonces por qué se fue con Tanya?- le pregunté.

Se quedó callada.

-"No puedo decírtelo"-me respondió finalmente- "Créeme, lo hago… Lo hacemos por ti"-

-¿Hacemos?- repetí- ¿Hacer que? Espera, no me lo digas, ya lo sé- le detuve- "No te lo puedo decir, es por tu seguridad"- dije, haciendo una comillas en el aire.

-"Aunque no lo creas, así es. Tienes que comprender, Bella. Nosotros intentamos prote…"-

Entonces, como si tuviera suficiente ya, empieza a llover.

El aguacero me empapa rápidamente, mojando mi ropa en unos segundos.

Gruñí y me levanté de un salto, asegurándome la mochila en el hombro, gritándome a mi misma por no traer un impermeable hoy, o al menos una sudadera con capucha.

Oh, espera, si lo traje. Pero lo dejé en el auto de Edward.

Mi pelo mojado comienza a chorrear por mis espalda.

Por un segundo reconsidero la idea de llamar a mi profesor, pero la desecho inmediatamente. No quiero molestarle, y tampoco que se entere de que Edward me dejó plantada.

-¿Necesitas ayuda?- dice una voz a mis espaldas.

Alzo la vista y descubro que Daniel está de pie allí, sacudiendo en una mano un juego de llaves y un abrigo en la otra.

¿Qué hace este aquí? Me pregunto, a la vez que miro a los lados. Es cuando veo un auto solitario estacionada en una esquina, que seguro es de él.

Genial. Simplemente genial.

Ahora si, creo que las cosas no podrían ponerse peor.

Sacudo la cabeza y aparto la mirada. Sé que no estoy en condiciones de negarme a que me lleve a casa, pero prefiero caminar a gatas sobre brasas ardientes y cristales rotos que subirme a su auto.

-Vamos -me dice -Prometo que no te morderé- me guiña un ojo.

Pero yo si. Te golpearé si no desapareces de mi vista y me dejas en paz.

-Estoy bien - le aseguro.

-¿En serio? - Sonríe, y se acerca tanto que las puntas de nuestros pies casi se tocan- Si te soy sincero, a mí me da la impresión de que no estás tan bien…-

Me doy la vuelta y comienzo a dirigirme hacia la salida sin molestarme en detenerme cuando dice:

-Y eso significa que las cosas no te van muy bien. Mírate: estás desaliñada, mojada, y… parece que tu novio te ha dejado plantada, aunque eso no lo sé con seguridad.-

Respiro hondo, tratando de calmarme, y sigo andando con la esperanza de que se canse pronto de este jueguecito. Quiero que me deje tranquila y siga su camino.

-Pero incluso en ese estado, tengo que admitir que sigues estando buena… y espero que no te moleste que te lo diga.-

Me detengo de inmediato y me doy la vuelta para mirarlo, a pesar de que estaba decidida a seguir adelante. Me siento incómoda cuando sus ojos empiezan a recorrer con un brillo inconfundible mi cuerpo de los pies a la cabeza, deteniéndose en mis piernas, mi cintura y mi pecho.

-No puedo ni imaginar en qué estaría pensando Cullen, porque yo en su lugar…-

-Nadie te lo ha preguntado -lo interrumpo, sintiéndome ligeramente intimidada.

Me recuerdo a mí misma que controlo la situación sin problemas, que no hay razón para sentirme amenazada… Que aunque parezca una chica indefensa, normal y corriente, soy cualquier cosa menos eso. Soy más fuerte de lo que aparentaba, tan fuerte que, si realmente quisiera, podría derribar a Daniel

de un solo golpe. Podría mandarlo volando sobre el aparcamiento hasta el otro lado de la calle. Y no crean que no siento la tentación de demostrárselo.

Él esboza esa sonrisa lánguida que funciona con todo el mundo menos conmigo, y sus gélidos ojos se clavan en los míos.

Tengo el impulso es salir corriendo.

Pero no lo hago.

Porque no debo tenerle miedo.

¿Desde cuando me intimida su mirada?

-No necesito que me lleven a casa - digo al final. Me doy la vuelta para seguir caminando y siento un escalofrío al percibir que me sigue.

-Bella, ¿quieres parar un momento? No pretendía molestarte.-

Sin embargo, no me detengo. Sigo andando. Estoy decidida a poner tanta distancia entre nosotros como me sea posible.

-Vamos… -Se echa a reír- Solo intento ayudar. Todos tus amigos se han marchado, Cullen ha desaparecido, y ya no queda nadie más, lo que significa que soy tu única esperanza.

-Tengo muchas alternativas - murmuro. Lo único que quiero es que se largue de una vez.

-Yo no veo ninguna.-

Yo si, mis pies. Puedo caminar.

Hago un gesto negativo con la cabeza y sigo.

-¿Estás diciendo que prefieres caminar hasta tu casa que subirte en un auto conmigo?-

No le respondo.

-Ya se que hemos empezado mal, está claro que me odias, pero yo intento ser amable ahora- Su voz es suave, incitante, como si de verdad quisiera empezar de nuevo, dejar el pasado atrás, hacer las paces y todo eso.

Sin embargo, yo no quiero empezar de nuevo. Y tampoco quiero hacer las paces. Lo único que quiero es que se dé la vuelta y se largue a cualquier otro sitio. Que me deje sola.

Con todo, no puedo dejar que se vaya así, no puedo permitir que sea él quien diga la última palabra.

Lo miro por encima del hombro y le digo:

-No te creas mucho, Daniel. Para odiar a alguien tiene que importarte, así que es imposible que yo te odie.-

Después cruzo a toda prisa la calle, a pesar de que el semáforo todavía no se ha puesto en verde, pero está vacía así que no me importa.

-¿Qué pasa con el abrigo extra?- grita- Es una pena que no lo uses, estoy seguro de que te quedaría perfecto-

Le digo que se los meta ya saben por donde y sigo andando.

Le escucho reírse a pis espaldas, antes de decir aquella palabra con "P"

Aprieto fuertemente los puños.

Me giré por instinto, pretendiendo gritarle algo. Abrí mi boca pero todo lo que me salió fue un siseo felino. Mi boca se sentía extraña también, como si fuera demasiado pequeña para mis dientes. Pasé mi lengua por la punta y habían… ¿Colmillos? ¿De dónde habían venido?

Veo a Daniel sonreír, satisfecho, como si esa fuera la reacción que esperaba de mi.

Entonces, todo se pone negro.


¡Hola! Espero que les haya gustado ^^

Ahora, seguro se están preguntando por qué subí dos capítulos seguidos, y la razón es esta: ¡No me pude aguantar! Se suponía que este ultimo lo subiría el sábado. ¿Que creen que pase en el siguiente?

¿Y esos sueños, que creen que signifiquen?

Como les dije, D iba a regresar en este capitulo... Y también lo hizo Tanya

Nos leemos el sábado! ^^