Cap. 38: Decepción (Parte tres)
No se como, pero de pronto me encontraba caminando sin rumbo fijo en la acera, sintiéndome terriblemente débil y apenas pudiendo mantenerme en pie.
Tengo que llegar a casa, pensé. No puedo desvanecerme aquí en la calle. Tengo que llegar a casa.
Pero no podía, mis pasos eran cada vez mas lentos y pesados, a tal punto que empecé arrastrar los pies.
Mi vista empezó a oscurecerse de nuevo, viendo todo borroso y gris.
No sabía como había llegado a esto. Lo único que recordaba era a Daniel, el aparcamiento, la repentina oscuridad...
Dios mío, por favor, no permitas que me desmaye sin antes haber llegado a casa. Supliqué mentalmente.
-¿Bella?- escuché vagamente llamarme a una voz conocida.
Pero no pude ver quien era, y mi cerebro estaba demasiado aturdido para reconocer al propietario de la voz.
-¡Bella!-
Mis pies cedieron en ese momento, y mi visión se oscureció.
Lo ultimo que sentí es unos duros brazos sostenerme antes de que todo se pusiera negro de nuevo...
(Narrador)
Minutos antes...
Los ojos de Bella, al igual que sus dientes, habían cambiado, tornándose de ese extraño y aterrador negro.
Porque ya no era Bella.
En un segundo ella estuvo frente a Daniel, cogiéndole de la camisa y lanzándolo por los aires, chocando finalmente con una pared.
Daniel se levantó rápidamente, riéndose de su inútil intento de hacerle daño. Su risa era oscura y llena de malas vibraciones.
-¿Eso es todo?- preguntó, burlón- Vaya, pensé que tenías algo mejor que esto.-
Se sacudió la camisa como si tuviera polvo y se acercó a ella, sus ojos tornándose igual de negros mientras lo hacía. Levantó ligeramente la barbilla en su dirección, haciendo que el cuerpo de Bella se levantara . La mantuvo suspendida en el aire unos segundos antes de mover el dedo índice, indicándole que se acerque. El cuerpo de Bella obedeció las ordenes que le daba y avanzó hasta quedarse frente a él, flotando aun.
-¿Quien eres?- preguntó D, apretando los dientes, intentando liberarse del control de él, sin éxito, era demasiado fuerte para repelerlo.
-¿En serio no lo sabes?- le dijo, ladeando ligeramente, mirándola con un brillo extraño en los ojos.
Ella negó con la cabeza, mirándole fijamente, manteniendo toda la dignidad posible.
D sabía que no era un humano, que no era el idiota de Daniel, ese que acosaba a Bella, ella lo supo desde que le vio aparecer de la nada, pero no tenía ni idea de quien pueda ser.
Lo que sí tenía certeza era que no venía con buenas intenciones.
Y que era lo mismo que ella.
Daniel sonrió, mostrando unos dientes muy parecidos a los que Bella tenía ahora.
-Mi nombre es Astaroth- se presentó formalmente. Su voz es profunda, imperiosa y daba mucho miedo.- Supongo que has oído hablar de mi-
Claro que había oído hablar de él, aun cuando estaba encerrada en el cuerpo de Bella. Todo ser de su clase que se respete sabía de él, incluso los más insignificantes.
Y también es consiente que, si él estaba diciendo la verdad sobre su identidad, lo cual estaba segura puesto que nadie iba por ahí tomando su nombre y sin tener problemas por eso, era alguien muy, muy poderoso.
Entonces él dijo las palabras que menos esperaba oír en ese momento.
-Soy tu padre-
Las palabras flotan en aire, repitiéndose una y otra vez en la cabeza de D.
Él hace una un movimiento con la mano, liberando a D de su control, ella cae de rodillas al suelo.
-Mi pequeña… Cuanto tiempo sin verte- le dice con una voz suave y aterciopelada que, por algún motivo, te pone los pelos de punta .- Llevo siglos buscándote-
Le tiende una mano para ayudarla a levantarse, pero ella no lo acepta.
Él está mintiendo, piensa D. No es posible que eso sea cierto.
Y sin embargo...
Le gustaría poder rebatir sus argumentos, pero no tenía forma de hacerlo. Se quedó callada, anonadada, mientras busca desesperadamente en su memoria algo que me permita demostrar que pretende engañarla, que no era su padre, que de ningún modo puede ser su padre.
¿Cómo rayos voy a ser yo la hija de...?
Simplemente, no podía ser verdad.
Astaroth la mira un momento y después suspira.
-Sabía que no lo creerías- dijo, bajando su mano.-
Hace ademán de agacharse en el suelo a su lado, pero D se levanta rápidamente y retrocede.
-Aléjate de mi ¡Tu no eres mi padre!- le grita-
- Me temo, mi pequeña, que lo soy... Por mucho que te cueste aceptarlo-
Se recupera lo bastante del shock de la repentina situación para replicar:
-Estás mintiendo. Mi padre, o creador, está muerto- dice firmemente.
Según lo que ella pudo averiguar, todos los que estaban implicados en ese "experimento", o proyecto como lo llamaban algunos, fueron castigados horriblemente, y después destruidos. Así que obviamente, sus creadores estaban muertos ahora, hecho que no le importaba ni lo más mínimo. En realidad, ella estaba contenta de que les hayan hecho pagar.
Daniel… o Astaroth alza una ceja, divertido.
-¿Ah, sí? ¿Quién te dijo eso? Me sorprende mucho que tu madre te dijera una mentira al respecto. Era completamente incapaz de engañar a alguien. Pero... eso tú lo sabes mejor que yo, ¿no es así?
D le miró, sorprendida. ¿Qué quería decir con que su madre era incapaz de mentir? ¡Se supone que era igual de malvada y oscura que él! En caso de que esté diciendo la verdad y en realidad fuera su verdadero padre, claro está.
-¿En serio?- le preguntó cuando vio su expresión confundida- ¿Nunca la conociste?-
D volvió a negar con la cabeza. Ella recordaba vagamente esa parte de su vida. Cuando despertó, ya estaba encerrada en aquel lugar , donde posteriormente la atarían a cierto ser luminoso, A.
-Comprendo- asintió, mirándola con compasión-Te han ocultado tantas cosas... Mi pobre pequeña, lo que has tenido que sufrir todos estos años-
Esto no tenía ningún sentido para D. Él no podía ser su padre. ¿Cómo creerlo? Era imposible que aquel tipo que apareció de repente sea su padre. No podía ser posible que alguien tan poderoso con él lo sea.
-No puedo creerte- espetó- Si eres mi padre y tanto me quieres, ¿por qué me abandonaste con ellos?-
Se ríe, mostrando sus puntiagudos dientes.
-Ah, ¿eso tampoco te lo contaron? Yo no te abandoné, fue tu madre quien se marchó sin decir nada. Y te llevó consigo. Te apartó de mí, para llevarte con esos…- sus ojos echan llamas. Su sonrisa se esfuma. Su voz se ha convertido en un susurro amenazador.
-Tu madre me traicionó, te secuestró y te llevó lejos de mí. No era más que una embustera y una traidora. Jugó conmigo, buscó mi punto débil y logró convencerme para que la aceptara junto a mí. Sin embargo, se acercó a mí con la única intención de seducirme para engendrar un hijo. Lo único que quería tu madre de mí eras tú. Fuiste lo único que le importó, aquello por lo que luchó durante sus últimos años de vida. Y aquello por lo que murió. - se quedó en silencio por unos segundos. - Y he pasado siglos buscándote, enviando a mi gente por todo el mundo. Pero nadie pudo localizarte. Bien jugado se lo tenían cuando les advirtieron que no utilizaran sus poderes… Hasta que tu, por fin, decidiste ponerlos en practica. - sonrió- Pero no pude tener una pista concreta de tu paradero hasta que te pusiste en contacto con uno de los nuestros, tratando de conseguir cierta información-
D solo le miraba, sin poder creer lo que le decía.
¿Sería verdad…?
Se esforzó por recordar, algo, cualquier cosa, pero no pudo. En su mente no había ninguna imagen de sus padres, y tampoco le habían dicho quienes eran.
De hecho, no vio a nadie hasta que ella pudo escapar de donde la tenían y en el camino se encontró con…
Poco después, cuando ella y A fueron designadas, todo se descubrió y el proyecto se vino abajo, solo alcanzando a crear a dos más como ella.
-Encontrarte después de eso fue fácil- continuó cuando vio que ella no decía nada- Pude haber mandado a alguien para que te llevara conmigo, pero preferí hacerlo personalmente- Se miró las manos, primero las palmas y luego el dorso. - Manipular a este humano para que me deje usar su cuerpo fue muy fácil- se rió. - Y lo mismo sucedió con tu humana, Bella. ¿Se sulfura rápido, no?
Eso si tenía sentido para D. Era por eso que se acercó a Bella, la provocó hasta que perdió la paciencia, todo era parte de su plan. Y ella había caído en su juego.
¿Todos estos años y no has aprendido nada sobre manipulación? ¡Maldición, tu eres una de ellos! Se recriminó a si misma.
-Seguro que te equivocas- murmuro, desesperada.- ¿Cómo sabes que soy tu hija? No soy la única en mi situación-
-Créeme, tengo mis razones para pensar que eres mi hija- sonrió-
Avanzó de nuevo hacia ella, intentando tomar su mano.
-¡No te acerques!- le advirtió. -¡Estas loco! ¡Tu no eres mi padre!-
Y ella se abalanzó sobre él, con intenciones de atacar, lo cual ella misma habría considerado estúpido si estuviese pensado con claridad y no se hubiera dejado llevar por la furia.
Por un instante tiene la sensación de que le ha dado. Pero ha sido un paso en falso, porque, de repente, él ya no está allí. Lo siente a su lado, como una sombra intangible, y entonces de la nada pierde el equilibrio y cae al suelo, en un charco de lo que espera que sea solo agua. Astaroth camina hacia ella.
-No des un paso más - advirtió.
Él, simplemente, sonríe de esa forma tan escalofriante y después desaparece.
Se levantó de un salto y mira a su alrededor, aturdida. No lo ve por ningún lado.
Pero lo siente. Siente su oscura escencia y sabe que está por algún lado y no se ha marchado como quiere hacerle creer. D sabe que la está acechando y, en el menor descuido, atacaría.
Sonríe internamente cuando logra localizarlo.
Se concentra rápidamente, llamando a la tormenta, intentó conectarse con ella. Siente ese familiar cosquilleo y electricidad.
Iba a lanzarle un rayo, a sabiendas que eso dañaría al humano portador.
Un fuerte rayo cae justo sobre Astaroth… quien con una simple mirada hace que se desvié a un árbol, haciendo que este se caiga y se prenda fuego.
D rápidamente se apresura en apagarlo para no provocar un incendio.
Se siente ligeramente triste por su fracaso, pero no se rinde. Le da una mirada y él vuelve a chocarse contra la pared, solo que esta vez no puede despegarse de ella como la primera vez. Él la mira, sorprendido por primera vez.
-No puedes matarme- declara.
Pasa una filuda uña por un lado de su cara, contándola, haciendo que un hilillo de sangre corriera por su mejilla y le manchara la ropa.
-No puedo hacerlo- sonríe- Pero conozco muchos modos de atormentar a alguien sin matarlo-
Sus últimas palabras son más bien un siseo, un susurro, pero se escuchan con todas claridad y producen un intenso escalofrío.
D se le acerca y hace un movimiento con la mano. Él abre los ojos ampliamente, luego su rostro se contrae en una extraña mueca e intenta liberarse. Se lleva una mano al cuello y abre la boca, como si no pudiese respirar.
D hace otro movimiento con la mano y le devuelve el aire.
-Eres más fuerte de lo que pensé- dijo él, una vez que se hubo recuperado. - Pero- agregó- Tu no eres mucho más fuerte que yo-
Y, sin mucho esfuerzo, se liberó del control de D, dejando estupefacta a esta.
-¿De verdad pensaste que podías conmigo?.
El cuerpo de Bella salió volando por los aires ese momento hasta chocarse contra un árbol, derribándolo. Sin conformarse con eso la levantó del suelo, todo con la mirada, y la estampó en la misma pared donde D lo había pegado antes.
La cara de ella se contrajo de dolor y luchó por liberarse, sin éxito.
Se vio desesperada y asustada cuando él se acercó lenta y amenazadoramente hacia ella, mirándola fijamente.
Ella sabía que no podía matarle tampoco, pero temía por Bella. Su cuerpo humano no iba a soportar mucho. Y si él decidía matarle, ella no iba a poder hacer nada. Nadie podría hacer nada, aun si llegara alguien a ese deshabitado aparcamiento.
Se preguntó que había pasado con los demás, se suponía que al menos el personal de mantenimiento debía seguir allí ¿Dónde estaban? ¿Acaso no escuchaban el estruendo de afuera? Sabía que ellos no podían intervenir en nada, pero aun así … ¿Estarán escondidos en algún lugar, asustados?
-Nadie podrá ayudarte, querida. Aun si quisieran, no podrían- le dijo él cuando se le acercó, poniéndose frente a ella-
-¿Dónde están todos?- le preguntó.-¿Qué les has hecho?-
Él ladeó la cabeza y la miró entrecerrando los ojos, sonriendo divertidamente.
-No sabía que te importasen los humanos… Supongo que pasar tantos años con aquella amiguita tuya te ha ablandado- se rió- Pero si tanto te preocupa… No les hice nada, solo los mandé a dormir una siesta- le guiñó un ojo.
D no pudo evitar sentir una pisca de alivio cuando le dijo eso, pero aun estaba el hecho que la tenía pegada contra la pared y sin poder moverse.
-¿Qué quieres de mi?- le preguntó finalmente, sintiéndose humillada y derrotada.
-Solo quiero hablar- le dijo.
-Ya ¿Atacándome?-
-Te recuerdo que fuiste tu quien atacó primero- le recordó tranquilamente con una sonrisa- Y te recomiendo que dejes de hacerlo, a nuestros humanos no les conviene que tengamos una pelea de verdad.-
D le miró, frunciendo el ceño. Odiaba reconocer que tenía razón.
-¿Te importaría bajarme?- le preguntó.
Él la liberó, esta vez cayó de pie puesto que estaba preparada.
-¿Y bien?- apremió, impaciente. Ella quería poder irse de aquí, alejarse de él lo más que pueda y no volver a verlo jamás.
-Quiero llevarte conmigo- dijo finalmente.
-Eso no es posible, y lo sabes- le respondió rápidamente ella.
Y yo tampoco quiero ir contigo, pensó.
Él sonrió aterradoramente.
-Claro que es posible, como que he venido hasta aquí para hacerlo.- se acercó a ella.
-Estoy lazada a Bella, y no puedo romper ese lazo- le dijo firme.
-Ya lo sé- el chasqueó la lengua.- Me temo que tendré que llevarme a la humana… y a tu luminosa compañera también- frunció en ceño-
-No pienso ir contigo- dijo D. -
-Puedo obligarte- le dijo con tranquilidad-
-No puedes hacerme daño. No puedes matarme- le recordó D.
Astaroth no perdió su sonrisa, al contrario, creció más.
-A ti no- le dijo- Pero a tu Bella si-
La postura firme de D vaciló y en su rostro se notó levemente su terror.
Él había dado justo en su punto débil.
No tenía otra opción. Ella no podía dejar que ese monstruo le haga daño a Bella.
Suspiró, resignada, tragándose su orgullo.
-Por favor, no le hagas daño- le suplicó con voz rota.
Él sonrió, viendo que su plan había funcionado.
-No te preocupes, no le haremos daño si no es estrictamente necesario. Pareces sentir un cierto afecto por ella-
D bajó la vista, sintiéndose humillada por su tonta debilidad. Siendo consiente de que ella no debería sentir eso por Bella.
Aspirando el aire, levanta la cabeza y le mira directamente a los ojos, tratando de recuperar su dignidad.
-No se por qué quieres que vaya contigo, pero no puedo hacerlo- le dijo, deseando poder convencerlo- Estoy lazada a ella, y también a A…
-¿A?- repitió, riéndose- Y tu eres D- hizo una mueca, poniéndose serio de repente.- No puedo creer que mi hija tenga ese apodo tan…-
-No importan los nombres, ¿si?- le cortó- Lo que quiero decir es que estoy lazada a ellas y no puedo ir a ninguna parte sin ir con ellas ¿Quieres eso? -
Él la miró, pensativo.
-Tendrán que venir ellas también, si así estás conmigo- dijo- No hay otra opción.
D le miró. No había dudas, él venía a llevársela, y con ella vendrían Bella y A. Y ella no podría hacer nada.
¡Maldito lazo que las unía! Si no fuera por eso ella se iría con él sin pensarlo dos veces, si así mantenía con vida a Bella.
No tenía otra alternativa más que…
D sonrió de pronto.
-Si, si la hay-
(Bella)
-Está despertando-
Abrí lentamente los ojos y parpadee, tratando de enfocar la vista y que mis ojos se acostumbraran a la luz del fluorescente.
No fue hasta varios segundos después que las borrosas imágenes cobraran sentido para mi y pudiera verlas con claridad.
Me sentía extraña y desorientada, pero no dolorida.
Lo primero que veo es a una enfermera que está al pie de mi cama, pero ella no me veía a mi, la mujer se encontraba inclinada en una pequeña mesa, apoyando su mejilla en una mano y parecía absorta mirando algo.
Es cuando me doy cuenta de que estoy en un hospital. Otra vez.
Genial, pensé. Con esta serían… tres veces que he terminado aquí.
-Bella…-
Ladee lentamente la cabeza para mirar a la persona que dijo mi nombre, aunque le había reconocido la voz y sabía quien era.
Los ojos dorados de Carlisle me miraban con preocupación, parado al lado de mi cama.
-Hola - contesté con una voz similar al croar de una rana. Me aclaré la garganta en silencio.
Lo vi suspirar con alivio.
Una pequeña sonrisa se extendió por mi rostro, me alegraba que él estuviera aquí. Por más tonto que parezca, la idea de despertar sola en el hospital me asustaba.
-¿Carlisle?-pregunté, dándole una breve mirada a la enfermera que aun parecía ajena al hecho de que yo haya despertado.
-Dime- dijo rápidamente.
Me demoré en responder para crear algo de suspenso.
-¿Estas seguro de que no quieres que te abra un club de fans?- pregunté.
Rompió a reír en el acto, provocando que yo me riera también, solo que mi risa sonó débil y cansada.
-Bien, tu sentido del humor sigue intacto- dijo. Parecía más relajado.-¿Susan?- llamó a la enfermera, quien en ese momento recién salió de su ensoñación, pareció desorientada durante unos segundos y luego se sonrojó. Carlisle le dio unas cuantas indicaciones antes de que se fuera.
-Has tenido mucha suerte de que el doctor anduviera cerca de la entrada y te sostuviera antes de que cayeras- me dijo- Nunca había visto correr a alguien tan rápido-
Me dedicó una amable sonrisa antes de salir por la puerta.
Susan me caía bien… a diferencia de Diana. Felizmente no me la he encontrado. Y esperaba no hacerlo, no estaba de humor.
Le di una mirada rápida a los lados, viendo por primera vez el lugar donde me encontraba.
No estaba en el pabellón de emergencia, al parecer me habían designado un cuarto únicamente para mi.
Hice una mueca cuando vi que tenía conectado el suero.
-Bueno, Bella, ¿Cómo te sientes?-me preguntó, sentándose en la silla que estaba al lado de mi cama, mirándome de nuevo con ojos preocupados.
-Estoy bien- dije sinceramente- Un poco confundida, pero bien.- miré con repulsión la aguja que prendía de mi brazo derecho- ¿Qué fue lo que pasó?-le pregunté.
Miré de nuevo la aguja de nuevo, teniendo ganas de sacármela de un tirón.
-No lo sé, dímelo tu- me respondió- Estaba pasando por la entrada del hospital y te vi afuera caminando, parecías aturdida y débil. -
Me lo imaginaba. Lo que no imaginaba era que justamente yo estuviera pasando por el hospital, y que Carlisle me viera y sostuviera.
Él me hizo un rápido y ultimo chequeo. Posteriormente me quitó la guja ya que el suero se había agotado, y porque yo prácticamente le supliqué que lo hiciera. No soportaba más verme insertada con esa aguja. Le dije que tanto cuidado no era necesario, pero el insistió en que debía comprobar que realmente estaba bien como yo aseguraba. Me dijo que la razón de mi desmayo era debilidad. Por supuesto, me preguntó si me estaba alimentando correctamente y bla, bla, bla, a lo que le tuve que mentir diciéndole que si. Sinceramente, dudaba que mi falta de comida haya causado el desmayo.
Al final, pudo comprobar que yo tenía razón.
-Me alegra que estés mejor -dijo. Su voz sonaba contenta.- Cuando te vi caer...-
-Pensaste: "Vaya, de que cantina habrá salido"...-
Sonrió al responder:
-Eso no se me pasó por la cabeza ni por asomo.- su voz se tornó más seria- Pero me diste un buen susto . Felizmente pude llegar a tu lado lo suficientemente rápido antes que cayeras y te golpearas la cabeza-
-Lo siento, yo…- me callé, sin saber que decir.
-¿Qué fue lo que sucedió, Bella? ¿Y por qué Edward no está contigo?- me preguntó.
Sentí un horrible dolor en el pecho cuando mencionó el nombre de Edward.
El escozor en los ojos y el nudo en la garganta no tardaron en hacerse presentes.
¿Por qué tenía que recordármelo?
Suspiré con desaliento y bajé la vista.
-¿Bella?- me llamó. Bajó la cabeza hasta la altura de la mía, tratando de ver mis ojos.- ¿Qué ha pasado?-
Suspiré con desaliento.
-Edward me dejó plantada- musité finalmente, aun con la vista baja.
Me sentía tan humillada en ese momento.
-¿Cómo?-
-Lo que oíste- dije, alzando la vista. La rabia estaba ganándole a la tristeza- Me dejó plantada. Tirada en el instituto como si fuese cualquier cosa. ¡Se largó con Tanya en mis narices y a mi me dejó ahí, sabiendo muy bien que no tenía un auto con que regresar a casa!-
-Espera… ¿Dices Tanya?- preguntó.
-¡Si!- casi grité.
-Pero si ella no está en Forks-
-¡Si está! ¡Yo la vi!¡Estaba con ella!-
Estaba empezando a perder la calma y a gritar. No tan fuerte para que la gente de fuera me escuchara, pero lo bastante para que alguien que pasara muy cerca de aquí me oyera. Después de todo, aun seguía algo débil.
Carlisle trató de calmarme, sin mucho éxito. Solo pudo lograr que bajara un poco la voz.
Le conté todo, desde que vi Edward irse con Tanya, hasta que perdí el conocimiento.
Narrar esto ultimo me dio un escalofrió. Me pregunté que habrá pasado con Daniel.
Me estremecí aun más cuando Carlisle me dijo que Daniel Wright estaba internado en el hospital, también, solo que él seguía aun inconsciente, y parecía haber sido fuertemente golpeado. No pudo darme más detalles puesto que él no le había atendido.
Me preguntó si éramos amigos, por supuesto yo le dije que no.
Me sorprendí al ver una mirada no muy Carlisle cuando le conté la historia que compartíamos.
-No puedo creerlo- dijo cuando terminé con mi relato.
-Yo tampoco.- dije- Y justo hoy, se suponía que haríamos algo especial por cumplir nuestro primer mes juntos- bajé la vista de nuevo. La rabia se había ido ahora y me sentía triste otra vez.
-Quizás todo esto sea un malentendido, Bella. Edward no sería capaz de hacer eso, y menos a ti-
Llevó una mano a mi rostro, sorprendiéndome al ver que retiraba con su pulgar una pequeña lagrima que se me había escapado sin darme cuenta. Me sonrojé, avergonzada.
Genial. Ahora debe pensar que soy una llorona.
-Lo siento- susurré.
Y no solo lo decía por lo de la lagrima, sino por todo.
-¿Por qué?- inquirió - ¿Por llorar?-
-Por eso, y por escucharme. Te debo estar aburriendo con mis tonterías y dramas-
Sobre todo cuando está trabajando, seguro le estaba quitando el tiempo con mi estúpido drama adolescente.
-No tienes que disculparte por eso, Bella. Y tampoco me estás aburriendo. Debo admitir que me agrada más la Bella alegre y divertida, pero sé que no puede ser así todo el tiempo- hizo que levantara la cabeza.- Nunca te había visto llorar, y hoy he descubierto que no me gusta-
Sonreí.
-Genial. Es bueno saber que no esperas que sea tu payasa personal todo el tiempo- comenté.- Y que la bufona-Bella está fuera de servicio en ciertas ocasiones, por ejemplo cuando se olvidan de ella y la dejan tirada como una zapatilla vieja-
Sonrió ampliamente.
-¿Ves? Esa es la Bella a la que conozco, aquella que se ríe de sus propios problemas-
¿Tenía otra opción? Aparte de seguir deprimida, me refiero.
Suspiré, de repente sintiéndome mejor.
-Gracias por escucharme- le agradecí.
-Siempre es un placer para mi escucharte, Bella-
-Claro, como te paras riendo de todo lo que te digo- me froté los ojos, limpiando cualquier rastro de lagrimas- En serio, estoy pensando en cobrarte-
Se rió antes de decir que gustosamente me pagaría por eso. Después, me dijo que tenía que irse, pero regresaría dentro de un rato para saber como estaba.
Se volvió a reír cuando le dije que pensara en lo del club de fans.
Estuve pensando un buen rato sobre lo que pasó hoy, y no se en que momento de mis cavilaciones, me quedé dormida.
Bien, aquí está el capitulo, tal como se los prometí. Espero les haya gustado ^^
El "padre" de D apareció. No será taaan importante en la historia, o eso creo hasta el momento, pero si aparecerá en algunos de los siguientes capítulos.
Seguro que algunos reconocerán el nombre del personaje, y también sabrán de donde lo saqué. De hecho,ese libro donde saqué el personaje, fue donde me inspiré un poco para crear la historia, aunque muy diferente.
Gracias por leerme y dejar sus comentarios, me hacen sonreír como tonta. xDD
El próximo capitulo lo subiré el miércoles. Besos!
~Xime~
