Cap. 40: Descubierta (Parte dos)

Miro con horror los papeles y documentos, todos sobre mi. Desde mi partida de nacimiento, hasta todos y cada uno de los pequeños recortes periodísticos donde hablaban de mi desaparición y supuesto asesinato a mi madre.

Se me hace un nudo en la garganta. Siento que el mundo se cae encima.

Sigo sin poder creer que mi secreto, ese que he estado guardando desde que llegué aquí, ha sido revelado.

Y de la peor manera.

Abrí la boca, sin saber que decir exactamente, solo que debía justificar de alguna manera estos documentos… Pero lo único que sale de mis labios es un sollozo entrecortado… y luego rompo a llorar.

Me cubro el rostro con las manos y siento como mi cuerpo se sacude en ruidosos sollozos.

Idiota. ¿Acaso pensaba que podía ocultar mi identidad por tanto tiempo, sobre todo cuando me he hecho tan cercana a ellos? ¡Era de esperarse que sospechen de mi!

¿Edward ya lo sabía?¿Me odiaba? Un horrible dolor apuñaló mi pecho.

Seguro Carlisle ya se lo ha dicho a Edward y a Esme y a Tanya…. Todos deben saber ya mi verdadera identidad. Deben estar pensado lo peor de mi. Seguro todos me odiaban ahora.

Apuesto a que Tanya ahora está saltando de alegría, haciendo una danza de victoria al saber que tenía razón al sospechar de mi.

Se que ahora que lo saben todo, tengo solo dos opciones: Matarlos (Me estremecí con solo pensarlo) O borrarles la memoria con mi medallón, para luego salir huyendo. No me gustaban ninguna de las opciones ¡Y menos regresar a la organización! Mi sollozos se hicieron más fuertes.

¿Ahora que iba a hacer?

Maldije mi mala suerte. ¿Por qué tenían que pasarme estas cosas a mi?

Entonces sentí unos brazos alrededor de mi, abrazándome.

Por unos segundos, me quedé completamente quieta, sin entender la situación.

¿Carlisle me estaba abrazando? ¿Ha descubierto mi farsa, y me estaba abrazando?

¿En que extraño mundo paralelo he entrado?

-Lo siento, Bella, no quise ser tan duro contigo. No llores- dijo, su voz se había suavizado.

Sabía que no merecía sus disculpas o su compasión, pero era demasiado egoísta y cobarde para decirle toda la verdad y apartarle. Así que envolví su torso son los brazos y hundí la cabeza en su hombro, llorando con más fuerza.

Me desfogue en ese momento, salieron todos las lagrimas que no había derramado y había estado deseando hacerlo desde esta tarde.

Era la primera vez que alguien me consolaba mientras lloraba… Y también la primera vez que lloraba tanto frente a alguien.

Y no merecía nada de esto. Yo era la mala aquí, la que llegó a Forks con las peores intenciones. No merecía a Edward. No merecía el cariño de Esme. No merecía la confianza de los Cullen. No merecía que Carlisle me esté consolando en este momento.

Era una traidora, una mentirosa, una farsante.

Después de todo, si merecía que Edward me haya dejado plantada y se haya ido con Tanya.

No se cuanto tiempo pasó hasta que finalmente dejé de llorar y mis sollozos también cesaron.

Tenía miedo de levantar la vista y encontrarme con la mirada de Carlisle, que seguro me haría sentir más culpable.

Además, estaba el hecho de que tenía que explicar esos documentos, mi falsa identidad.

¿Qué haría ahora? ¿Cómo se lo explicaría?

Suspiré largamente, dándome cuenta que debía acabar con este asunto de una vez. No tenía por qué retrasarlo si el resultado era el mismo.

-¿Me das un minuto? - le pregunté mientras me apartaba ligeramente de él- Prometo regresar y … explicarte todo-

Me sorprendí ante la tranquilidad con la que hablé, supongo que era porque ya me había desfogado hace un rato.

Carlisle asintió.

Me levanté de la cama y me dirigí al único lugar disponible ahora donde podía estar sola y pensar

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Llevo más de veinte minutos en el baño y no tengo ni las más mínimas intenciones de salir.

He estado pensando y pensando, pero no encuentro ninguna forma de explicarle a Carlisle por qué me he cambiado el apellido, o por qué mis documentos son falsos, o por qué los periódicos dicen que soy una sospechosa de asesinato, o por que figuro como desaparecida.

¡Maldita sea la persona que dejó esa información en la puerta de mi casa!

Ese era otro tema sobre el cual tenía que pensar ¿Quién habría sido el que dejó el sobre? ¿Y como hizo para conseguir esas cosas? ¡Estaba casi toda mi información! ¡Incluso había fotos mías!

Dios, era tan aterrador…

Pero en fin, después pensaría en eso, ahora debía encontrar la manera de explicarle a Carlisle todas esas cosas.

Y no tenía ni la menor idea de como hacerlo.

Veamos…

¡Hey, Carlisle! ¡Soy una cazavampiros!

No.

Estuve pensando y he llegado a la conclusión de que Edward aun no lo sabe, porque si lo supiera no le habría pedido a Carlisle que intentara convencerme de que lo perdonara. Y si no lo sabe Edward, dudo que los demás los sepan.

Pero eso no me asegura que no se diga después.

Y no lo culparía si lo hiciera, está en todo su derecho de advertirle a su familia sobre mi.

Ya bastante ha hecho Carlisle viniendo aquí para hablar primero conmigo y exigirme una explicación, cosa que no cualquiera haría y debía estar agradecida.

Y ahora… ¿Qué? ¿Qué iba a decirle cuando salga? Le había prometido una explicación para todo esto. Y debía dársela, es lo menos que puedo hacer pero… ¿Qué iba a decirle? No podía decirle la verdad. El había sido bueno al venir y hablar conmigo, pero no creo que se calle lo que le iba a decir… ¿o si?

No tengo otra opción, pensé.

Suspiré.

Iba a decirle la verdad, era lo menos que podía hacer. Aunque eso signifique marcharme para siempre de Forks.

Que sea lo que Dios quiera, me dije a mi misma mientras abría la puerta del baño.

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Cuando salgo del baño, esperaba lo peor. Me imaginaba los peores escenarios. Que quizás Carlisle se ha cansado de esperarme y se ha ido para contarles a los demás sobre mi falsa identidad. O que tal vez su estado de animo compasivo se ha ido, que ha dejado de tenerme lastima y ahora está tan, o más, enojado que cuando dijo mi verdadero nombre.

Pero todos mis mortificados pensamientos desaparecen cuando veo que Carlisle aun está en mi habitación, y sonríe ligeramente mientras ve una de las fotos que estaban en el sobre.

Bien, pienso, no parece estar molesto… No aparentemente, al menos.

No digo nada, en lugar de eso me acerco lentamente a él, parándome a su lado para mirar la foto que estaba viendo.

Una sonrisa espontanea aparece en mi cara al ver aquella imagen. Recordaba muy bien ese día, fue cuando yo tenía doce años, y me tomaron esa fotografía después que ganara el concurso de ajedrez.

-Parecías feliz- dijo Carlisle, aun mirando la foto.

-Y lo estaba, había ganado el concurso escolar de ajedrez, por cuatro años seguidos-

-Tus padres debieron sentirse orgullos-

Reí con amargura.

No tenía idea.

-No tengo padre.- respondí- Y mi madre…- suspiré- A ella no parecía importarle mucho cuando ganaba premios escolares-

Le arrebaté la foto de las manos y las reuní con las demás, para luego meterlas en el sobre.

-Bien, empieza con las preguntas-

Hacerlo así sería más fácil. Era más sencillo para mi responder a sus preguntas que contarle todo la historia. Primero porque no sabía como empezar y segundo porque soy pésima contando cosas sobre mi.

Carlisle asintió para si mismo y me observó por un largo rato.

-¿Cuántos años tienes?- me preguntó finalmente.

Me reí.

-¿Qué, tan vieja me veo?- inquirí.

-Sinceramente, no pareces una estudiante de instituto-

No entendía por qué siempre la gente decía eso. Tal vez si me veía vieja, o me comportaba como una.

-Aunque no lo creas, si tengo dieciocho años. ¿No leíste los documentos del sobre?-

-Lo hice, solo preguntaba para confirmar-

Asentí.

Hice un movimiento con la mano, animándolo a continuar con las preguntas.

-No quiero entrometerme pero, ¿donde estabas…?

-¿Más de lo que ya lo has hecho al espiar en mi correo? Lo dudo- comenté, algo molesta.

Para su crédito, parecía avergonzado.

-Estuve en la reserva- agregué.

-¿Por qué?- me preguntó.

Suspiré y desvié la vista.

-Necesitaba pensar, estar sola… Y ese era el único lugar donde Edward no iba ir a buscarme… No pasé mucho tiempo allí de todos modos- me encogí de hombros.

-No deberías ir sola a la Push, Bella- dijo Carlisle -Pero estas bien, ¿verdad? Quiero decir, no te habrán hecho daño…-

-No, claro que no- dije rápidamente.

-Ah, bueno- se relajó- De todas manera, no creo que debas regresar allí-

Su ultimo comentario me recordó a D, cuando me advirtió seriamente que no debía regresar a la reserva, aunque presentí que las razones de D eran totalmente diferentes.

Asentí, mostrando acuerdo. No tenía opción, aun si quisiera no podría ir. Una voz en mi cabeza me lo prohibía.

-¿Y bien? ¿Cuál es tu siguiente pregunta?-

Carlisle desvió la vista, repentinamente nervioso. ¿Cuál sería su pregunta?

-¿Me dirás qué eres?- me preguntó.

Esta vez fui yo la que desvió la vista. Ahora entendía por qué estaba nervioso. Yo lo estaba ahora.

Suspiré. El momento que tanto temía había llegado.

Carlisle me odiaría cuando se lo dijera, y los demás también lo harían cuando él se los contara. Sin mencionar que estaría en serios problemas si la organización se enteraba que le conté a un vampiro sobre nuestra secreta existencia.

A menos que… No. Sería demasiado si yo hiciera eso, además no creía que él aceptara.

-¿Sería… mucho pedir de mi parte si te pidiera que… me guardaras el secreto?- le pregunté en voz baja, evitando a toda costa su mirada.

Dios, sentía tanta vergüenza que lo único que deseaba ahora era que un agujero gigante se abriera en el suelo y me tragara.

-Se que no tengo ningún derecho a pedirte esto pero… ¿Al menos puedes ocultárselo a Edward? No quiero que me odie…- continué, aun con la vista baja. Sentí que las lagrimas estaban regresando.

-¿Le quieres?- preguntó.

-Se supone que tengo que entregarlo para que lo maten, y no lo he hecho todavía, ni tengo intención de hacerlo. Y no te imaginas la de problemas que me puede acarrear eso ¿Me preguntas si lo quiero? ¿A ti qué te parece?-

-¿Entonces por qué no lo perdonas?-

-Lo haré cuando me de una explicación lógica de lo que pasó-

Nos quedamos en silencio un largo rato, evitando mirarnos a los ojos. Me pregunté que estaría pensando.

-Esta bien- dijo finalmente, rompiendo el silencio.

-¿Qué cosa?- pregunté, sin entender a que se refería.

-Dije que está bien, voy a guardar tu secreto. No voy a decírselo a nadie, y menos a Edward.-

No podía creer lo que escuchaba. Era imposible.

Levanté la vista y lo miré, sus ojos parecían sinceros.

-¿En serio?-musité.

No pude evitar mirarle con desconfianza, aquel sentimiento había sido siempre parte de mi vida, y se incrementó cuando me uní a la organización. Y aunque parecía sincero, no podía confiar plenamente en él.

-Si- asintió.

-¿Y que hay de Edward? Podría leer tu mente- dije cayendo en la cuenta de las altas probabilidades que eso pasara.

A él no parecía preocuparle eso. Carlisle sonrió ligeramente.

-No pensaré en eso cuando Edward ande cerca. Puedes estar tranquila.- me prometió.

Asentí y bajé la vista.

Carlisle parecía decir la verdad, y una parte me decía que podía confiar en él, pero aun así no fui capaz de abrir la boca y contarle el secreto que tanto me atormentaba. Por un lado, me parecía un alivio contarle a alguien mi secreto, deshacerme de ese cargo, pero por el otro estaba la vergüenza, el miedo a su rechazo, al rechazo de todos, sobre todo el de Edward.

Era curioso como, hace unas horas, yo estaba molesta con él por haberme dejando plantada en medio de la lluvia e irse con Tanya, y ahora estaba desesperada por evitar que él se enterara de mi verdadera identidad y me odie.

Y esto es lo que pasa cuando llevamos mucho tiempo en una misión, corres el riesgo de que descubran tu verdadera identidad.

Pero ya era demasiado tarde para ponerse a pensar en eso, me había relacionado demasiado con ellos y este era el resultado. No había vuelta atrás.

Volví a asentir para mi misma y suspiré.

Es la hora, Bella, me dije.

Abrí la boca y empecé a hablar tan rápido que, si Carlisle no fuera un vampiro, no me hubiese entendido ni media palabra.

-Soy Isabella Marie Swan, apellido que adopté cuando me uní a la OCMSS, Organización Caza Monstruos y Seres Sobrenaturales. Pertenezco a la Hermandad Cazavampiros, como cazadora de clase "A" -

La habitación se quedó en un profundo silencio después que terminara a hablar. Yo estaba muerta de los nervios y la impaciencia, queriendo saber que pensaba sobre lo que le había dicho. ¿Me odiaba ya? Carlisle tenía una expresión inescrutable y no ayudaba con mi deducción sobre lo que estaba pensando.

Hasta que al final, Carlisle reaccionó, aunque no de la manera que yo esperaba.

Miré con el ceño fruncido como cierto vampiro se destartalaba de risa frente a mi.

Me invadieron unas fuertes ganas de pegarle.

Él siempre se había reído de mis comentarios, pero esto era pasarse. Esa decir, ¿le cuento mi más profundo secreto, y el se ríe?

-¿Ya?- le pregunté cuando finalmente sus risas comenzaron a apagarse.

-Ah, Bella, siempre me ha gustado tu sentido del humor, pero creo que esta vez te has pasado-

-¿Crees que esto es un chiste?-le pregunté, molesta.

Él se rió y negó con la cabeza.

-Vamos, Bella, lo que me has dicho no es posible- siguió burlándose.

¿Con que no es posible? ¡Pues le iba a demostrar lo contrario!

Me levanté de un salto y me dirigí a mi mesita de noche, cogí las llaves y abrí el cajón donde tenía mis cosas de cazadora.

Me senté de nuevo en la cama y se las di.

-¿Qué es esto?-me preguntó.

Sonreí mientras abría la caja.

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Carlisle se había mostrado tan incrédulo como al principio, pero cuando le conté la historia completa su expresión cambio y se puso seria.

Lo más difícil para mi fue contarle la parte donde mamá murió y yo tuve que escapar… sobre todo lo que hice para poder escapar.

Después, cuando se le pasó su shock al darse cuenta de que lo que le decía era verdad, me hizo un montón de preguntas. Le respondí todas ellas bajo la condición de que no se lo iba a decir a nadie.

Por increíble que parezca, sentí como si me quitara un gran peso de encima. Todo fue muy fácil una vez que empecé a contarle, y el se lo tomó mejor de lo que pensé. No me odia ni nada por el estilo.

-Estoy completamente seguro de que Edward entendería si tu le dijeras la verdad- me dijo Carlisle cuando terminé a responderle su ultima pregunta.

-No lo sé…

-Créeme, te seguiría queriendo así tu le digas que has cometido veinte asesinatos-

-He cometido más, en realidad- dije.

-Sabes a lo que me refiero.-

Suspiré. Tal vez él tenga razón.

-Se lo diré cuando yo crea que es el momento adecuado. Además, se supone que estoy enojada con él por lo de esta tarde-

-Bueno, pero te doy un consejo: Es mejor que se lo digas tu misma a que se entere por otros medios-

Alcé la vista y le miré con pánico.

-¿Tu no se lo pensaras decir, verdad?-

-Claro que no, te prometí que no lo haría- me aseguró- Solo te estoy aconsejando- se sentó más cerca de mi- Edward te ama, y todo lo que hace es por ti. Yo creo que deberías perdonarlo.-

Su ultimo comentario despertó una leve sospecha en mi interior. Algo muy dentro de mí sabía que había algo que me ocultaban. Había un secreto.

-Tú sabes que es lo que sucede- no era una pregunta.

-Sí…- Susurró. Bajó la vista unos segundos- Pero no me corresponde a mi decírtelo. Esto es algo que deben de hablar entre Edward y tú.

O sea que sí sucedía algo, y por la expresión de Carlisle, era algo serio.

De pronto, todo a mi alrededor se hizo más pequeño, el pánico lleno mi cuerpo mientras que mi mente intentaba buscar el significado de mi miedo. ¿Qué era tan terrible para que nadie quisiera decírmelo?

-Tengo miedo, Carlisle- Murmuré mientras una solitaria lágrima se corría por mi mejilla.

-¿Por qué? - Preguntó.

Porque no se si Edward me quiere tanto como lo dice él o los demás, tengo miedo a ese horrible mal presentimiento. Tengo miedo a que la organización descubra todo esto. Miedo a mi misma, a esa parte de mi que no conocía y tenía miedo conocer, porque había algo malo en mi, y no se necesita ser muy inteligente para darse cuenta. Y tenía tanto miedo a perder a la persona que más quería en este mundo.

-Prométeme que siempre estarás aquí. Prométeme que siempre me vas a ayudar- Sollocé mientras abrazaba a Carlisle de nuevo.

Parecía un poco desconcertado por eso, pero correspondió mi abrazo rápidamente.

-Lo prometo- Susurró y sus labios se posaron en mi frente.

Y por un momento me sentí segura.

No supe exactamente cuanto tiempo estuvimos así, hasta que finalmente yo me aparté. Carlisle me alcanzó la caja de pañuelos desechables que estaba encima de mi mesita de noche y yo lo tomé, él parecía estar a punto de decir algo pero el rugido de mi estomago lo interrumpió.

-Tengo hambre- dije, un poco sorprendida.

-Si, ya me di cuenta- se rió.

Me levanté de la cama y arrogué los pañuelos desechables en la pequeña cesta de basura que había al lado de mi escritorio.

-Voy a…- me callé.

Iba a decirle que iría a la cocina en busca de algo para comer, pero me interrumpí a mi misma cuando se me ocurrió una idea aun mejor.

-Iré a cenar fuera, ¿me acompañas?-le pregunté.

Él me miró, extrañado.

-¿Fuera?¿Por qué?-

Me encogí de hombros.

-Quiero salir y despejarme un poco- eso era cierto- Puedo ir sola. Tal vez tengas algo más importante hacer- agregué rápidamente al ver su silencio.

Era desconsiderado de mi parte pedirle que me acompañe a cenar, ya suficiente había hecho por mi esta noche.

-No, está bien. Puedo acompañarte- dijo.

-¿En serio?-pregunté- ¿No tienes que regresar con Esme y los demás?-

-Esme no está en casa... De hecho, no hay nadie en casa ahora-

-¿Dónde están entonces?- le pregunté, frunciendo el ceño por la confusión.

-Ellos…- vaciló- Se han ido de caza. Solo por esta noche.-

Parece que yo no era la única mentirosa en decadencia.

Preferí dejarlo pasar, después de todo él ya me había dejado claro que no me iba a decir lo que pasaba.

-No me crees- dijo.

-No-

-Lo sabía- suspiró.

-¿Y si fingimos que te he creído?- le pregunté, sonriendo ligeramente.- Al menos por esta noche-

Una amplia sonrisa apareció en su rostro.

-Me parece una buena idea- coincidió.- Te esperaré abajo- me dijo antes de salir de mi habitación, aun sonriendo.

(Narrador)

Una ráfaga de viento revolvió las hojas de los arboles, produciendo un ligero crujido. Era apenas las siete de la noche pero la calle estaba completamente desierta y libre de peatones.

La Sra. Anderson miraba otra vez silenciosamente por su ventana. Específicamente, en dirección a la casa de la "Chica Swan" como ella la había apodado después de ver el espectáculo que ella y su novio, o eso supuso, dieron en plena calle. El asunto no era para exagerar tanto, pero ella lo consideraba de lo más bochornoso.

"En mis tiempos, los chicos de su edad no hacíamos esas cosas. " Pensó con molestia.

Así que, como se podrán dar cuenta, la reputación de Bella estaba por lo suelos a los ojos de esta señora.

Y cayó aun más cuando vio un auto estacionado a estas horas de la noche. Quiso saber de quien era, así que estaba parada frente a su ventana mirando con mucha atención a ver si salía alguien.

Ella estaba a punto de darse por vencida e irse, pensando que tal vez ese auto era de Bella, que se lo había comprado y lo había dejado estacionado afuera por falta de espacio en la cochera, cuando la puerta principal se abre de repente y Bella Swan aparece tras ella.

Ah, pero no estaba sola.

"¡Lo sabía!" Pensó. Se acomodó los anteojos y se acercó más a la ventana para que pudiera ver mejor.

Casi le da un ataque al ver que no era su novio el que salía con ella, y quien era realmente su acompañante.

Reconoció con rapidez al Dr. Cullen, que salió detrás de Bella y caminó a su lado guiándola al auto.

"¡Desvergonzada!" pensó cuando le vio acercársele para susurrarle algo al oído, hecho que el doctor tomó con naturalidad y se rió de lo que fuera que le dijo. Él le abrió la puerta del auto y ella le sonrió antes de entrar, finalmente se subió él y arrancaron el auto. Los miró hasta que el auto se perdió de vista al final de la calle.

La pobre mujer no salía de su asombro, estaba horrorizada con lo que acababa de ver. Según ella, Isabella Swan, la nueva, engañaba a su novio con su propio padre, que era un hombre casado.

Sus pensamientos calumniosos hacia Bella fueron interrumpidos por un extraño gruñido proveniente del bosque.

Acto reflejo, giró la cabeza en dirección de aquel sonido para ver de que se trataba, pero solo alcanzó a ver un borrón oscuro.

"Me habrá parecido" Pensó mientras cerraba la ventana y se alejaba de ella.

Y aunque solo lo vio unos segundos, tanto que creyó que había sido solo una ilusión óptica o se lo había imaginado, no pudo quitarse de la cabeza ese extraño cabello…. Ese intenso cabello rojo siendo ondeado por el viento.