Cap. 41: Bajo el cuidado de una niñera (Parte uno)

Me despierto de repente, sin razón y con la mente súper despejada, lo que es normal para mi, pero extraño para las personas que me han visto despertar de esa manera, abriendo los ojos de momento a otro.

Bostezo sonoramente, me estiro, y me restriego los ojos mientras giro lentamente la cabeza para ver la hora. El despertador aun no ha sonado así que quiere decir que es temprano.

Cierro los ojos un momento y luego vuelvo a abrirlos. Instintivamente, estiro un brazo al otro lado de la cama. Vació. Los recuerdos del día anterior vuelven y siento mi corazón doler.

Era la primera vez que despertaba sola desde que Edward y yo decidimos estar juntos, y aunque quisiera, no pude evitar sentirme triste desolada.

Quien sabe cuando tiempo más despertaría sin sus brazos alrededor de mi, o recostado a mi lado.

Tal vez nunca.

Mi corazón se rompe con solo pensarlo, y a la vez, me digo que esto tarde o temprano iba a ocurrir, solo que él adelantó las cosas.

Estúpida. ¿Pensaste que podrías tener un futuro con él? Me recriminé mentalmente.

De nuevo cerré los ojos y suspiré con desaliento.

El despertador suena en ese momento, indicándome que es la hora de levantarme. Estiro el brazo y lo apago, sin embargo, no me levanto. Dejo caer la cabeza en la almohada y cierro los ojos, pensando seriamente en faltar hoy a clases. No quería ver a Edward allí. De hecho, no tenía ganas de ver a nadie.

-Buenos días, Bella-

-Buenos días, Carlisle.- replico.

Espera… ¿Qué?

Me incorporo de un salto en la cama y me giro hacia donde provenía su voz.

Efectivamente, allí estaba Carlisle, sentado en el sillón que estaba al lado de la ventana.

-¿Qué haces aquí?- le pregunté, yo misma pude notar el pánico con que sonó mi voz.

Instintivamente me cubrí con las mantas hasta el cuello.

-Anoche te dije que me quedaría contigo- me respondió tranquilamente.

Oh, claro que lo hizo. Básicamente porque yo se lo pedí en medio de mi crisis. Y hablo en serio cuando digo la palabra crisis, porque eso es exactamente lo que me dio ayer en la noche cuando llegamos del restaurante. No suelo llorar o deprimirme, así que cuando lo hago, lo hago de verdad. Pero yo pensé que se iría en cuando me quede dormida, creí que se había ido cuando me quedé dormida.

-¿Te quedaste toda la noche?- le pregunté con voz un poco estrangulada. No se si por el impacto que tuvo en mi la situación o solo por el hecho de que recién me había levantado y tenía la garganta seca.

-Por supuesto, Bella. Solo me fui un momento para dejar mi auto en casa y cambiarme de ropa.-sonrió- Ahora entiendo por qué a Edward le gusta verte dormir. ¿Sabes? Tuve una pequeña conversación contigo hace unas horas, luego me di cuenta que aun estabas dormida-

Tragué, a la vez que rogaba al cielo que yo no haya hablado o hecho algo estúpido.

-Uhm, yo no quiero ser un problema. Podrías haber ido a casa-murmuré, desviando la vista.

-¿Quieres que me vaya?- me preguntó.

-No, no quise decir eso.- dije rápidamente, alzando la vista- Simplemente no quiero que te sientas responsable de mi. Puedo cuidar de mí misma.-

Aparté la vista otra vez, recordando que lo de ayer negaba mis actuales palabras. ¿Él aun lo recordaría?

-Bella, te dije que no tienes que sufrir sola. Prometí estar aquí para ti, ¿no?-

Si, aun lo recordaba.

Me tapé la cara con las manos, sintiéndome avergonzada.

-Me siento tan estúpida haciendo todo este drama.- negué con la cabeza, recordando una vez más lo de ayer.- Tiene que haber algo mal en mí.-

Ahora debía ser ante sus ojos una adolecente llorona y dramática que hacía todo un show solo porque le vienen recuerdos malos a la mente o porque su novio la dejó plantada. Eso era ante mis propios ojos.

Lo sentí acercarse a mi cama y sentarse a mi lado.

-Es mejor llorar y desahogarse que mantener todo adentro- dijo Carlisle en voz baja.

Sonreí un poco. La gente siempre decía eso. Quizás tengan razón.

Me acerqué a él y apoyé la cabeza en su pecho.

-Gracias.- susurré.

Carlisle me miró confundido.

-¿Por qué?-

-Por estar aquí para mí, por apoyarme... por todo- Dije.

Carlisle me besó en la frente y me apretó un poco más contra su cuerpo antes de soltarme.

-Hora de levantarse para ir a la escuela- anunció.

-¿Tenías que arruinar el momento?-

Se rió.

-Pero tienes razón- continué.

Me levanté de la cama y me dirigí al baño caminando perezosamente aunque fuera ya tarde y debía apresurarme.

-Esperaré abajo.- dijo Carlisle levantándose de mi cama también y dirigiéndose a mi puerta- Te llevaré al instituto en cuanto termines de alistarte y desayunar-

Me quedé paralizada con la mano en la perilla del baño.

-Alto ahí, amigo- le detuve cuando él abrió la puerta de mi habitación pretendiendo irse.

Carlisle se detuvo y se volvió hacia mi, con expresión confundida.

-¿Cómo que vas a llevarme al instituto?- le pregunté, soltando la puerta del baño y haciéndole frente.

Asintió.

-Y también pasaré por ti a la hora de salida-

-Tu no puedes hacer eso- repliqué

-¿Por qué no?- inquirió.

Porque no.

-¿Qué hay de tu trabajo?- excusé.

Para mi sorpresa, se encogió de hombros.

-He llegado a un acuerdo con el hospital para salir más temprano unos días y así poder pasar por ti- explicó con tranquilidad.

Le miré, entrecerrando los ojos. Carlisle sabía que yo contaba con un auto y que podía ir yo sola, no había necesidad que alguien me llevara. Y tampoco creía que lo estuviese haciendo por simple amabilidad. Estaba bien dejarme en el instituto hoy por la mañana, pero recogerme también… Y todos los días...

Aquí pasaba algo muy raro y me lo estaba ocultando. Todos me lo estaban ocultando. ¿Por qué?

-Ya ¿Y vas a pasar conmigo toda la tarde?- ironicé.

-Si no te importa…-

-¿Qué hay de tu familia? ¿Y Esme?-

-Todos están de acuerdo con que debo…- se calló abruptamente.

Pero yo no necesitaba más palabras, ya había hablado lo suficiente.

Crucé los brazos y le miré, arqueando las cejas a la espera de una explicación.

Carlisle suspiró.

-Muy bien- se rindió- Ayer no solo vine a hablar contigo sobre el paquete que encontré en la puerta de tu casa, también porque Edward me pidió un favor-

¿Un favor? Al principio pienso que se trata de el hecho de que Carlisle intercediera por él para que yo lo perdonara, pero después desecho la idea al recodar que Carlisle ya había intentado hablar conmigo sobre eso y no podía tratarse de aquel asunto.

-Espera…- digo cuando la comprensión llega a mi- ¿No me digas que él te pidió que me vigilaras?-

-Que te cuidara, en realidad-

-¡Es lo mismo!-

¡No podía creer que él me estuviese haciendo esto!

-Edward se preocupa por ti, Bella, me pidió que te cuidara ya que él no podrá hacerlo-

-¡No necesito protección!- grité.

-"Si la necesitas"-

Me quedé paralizada un rato ante la repentina aparición de D. Y luego mi rabia creció al darme cuenta de que ella también estaba tratándome como una criatura indefensa al querer que me protejan. ¡Y no lo era! ¡Podía defenderme! ¿Es que no se daban cuenta que más me perjudicaban ocultándome la verdad? Porque me estaban ocultando algo, no me darían tanta protección si no fuese así.

-"Bella, por favor, es por tu seguridad. Tranquilízate"

Su voz parecía suplicante y sincera. Una parte de mi me dijo que debía hacerle caso.

Suspiré, derrotada, haciéndole caso a esa parte estúpida.

-Espérame abajo- le indiqué a Carlisle mientras me dirigía nuevamente al baño.

.

.

.

Carlisle esperó pacientemente hasta que yo terminara de alistarme y desayunar, luego salimos de la casa y nos dirigimos al auto. El trayecto al instituto fue tranquilo, ambos íbamos sumidos en nuestros propios pensamientos, disfrutando de un silencio cómodo.

Hoy el día era como cualquier otro en Forks, frio y nublado. Después de estar tanto tiempo aquí ya me había terminado por acostumbrar a este clima, aunque había veces donde extrañaba la luz y el calor del sol.

Carlisle detuvo el auto cuando llegamos al Instituto.

-Gracias- dije mientras me desabrochaba el cinturón de seguridad.

-De nada- sonrió- Recuerda que pasaré por ti a la salida, así que espérame. También…- Puse los ojos en blanco cuando empezó su discurso sobre las cosas que debía y no debía hacer, incluido lo que debía comer y todo eso.

Se sentía tan raro, mi madre nunca me daba tantas se despedía y listo. Todo lo que tuviera que ver con la escuela era mi problema, ella solo se encargaba en pagarla, ya que era privada, y asistir a la reuniones que habían, y eso porque era obligatorio.

-… Y presta atención a tus profesores- finalizó.

-¿Recuerdas que yo no soy realmente una estudiante?- le pregunté.

-Cierto- coincidió- Pero al menos finge tomar notas-

Eso era lo que siempre hacía.

Suspiré y cogí mi mochila.

-¿Algo más, papá?- bromeé.

Carlisle se rió y estiró el brazo para abrirme la puerta.

-No, eso es todo. Que tengas un buen día- me deseó con una gran sonrisa.

-Gracias. Que tengas un buen día también- sonreí.

Me acerqué a él y le di un rápido abrazo y un beso en la mejilla. Empujé la puerta ya abierta del auto para salir y la cerré cuando estuve afuera. Carlisle se despidió de mi una vez más agitando la mano y luego se fue.

Una risa proveniente de mi cabeza me sobresaltó ligeramente.

-¿Por que te ríes?- le pregunté a D.

-Nada, solo recordaba lo de anoche- su voz sonaba burlona.

-¿Que?- le pregunté dentro de mi cabeza, confundida.

¿Qué había pasado anoche? Hice memoria de todo lo acontecido ayer, pero no pude recordar nada que le hiciera reír.

A menos que… No.

-¿Hice o dije algo cuando estuve dormida?- pregunté, sintiendo como mi corazón se aceleraba y mis mejillas se tornaban rojas.

Mi estomago se revolvió con el solo pensamiento de eso ¡Maldición! ¿Por qué tenía que hablar en sueños?

-Créeme, es mejor que no lo sepas- se rió D- ¡Lo que hubiese dado por una cámara fotográfica, su expresión no tenía precio!

Me estremecí.

-¿Que hice?¿Tan malo es?-

-No, solo… - silenció unos segundos- Tal parece que anoche se te dio por rememorar los viejos tiempos-

Y se volvió a reír. Yo gruñí.

-¡Tranquila, Bella, le gustó lo que hiciste! Le tomó muy por sorpresa, y le confundió, ¡pero le gustó!-

Volví a gruñir y seguí caminando, tratando de ignorar sus carcajadas.

Pero lo que no pude pasar en alto fueron sus palabras. ¿Qué quería decir con eso de "Rememorar los viejos tiempo"? ¿Y que era eso que le gustó? ¿Que hice?

Llegué al salón de historia y entré, aun pensando en sus palabras.

.

.

.

Apoyé mi mejilla en mi mano, fingiendo prestarle atención al profesor. Desde hace casi una hora he estado reprimiendo el impulso de bostezar. Las clases nunca me habían parecido tan aburridas como ahora. Pareciera como si hubiesen pasado cinco horas en vez de una.

Solo dos minutos más… Pienso mirando fijamente el reloj.

Frunzo el ceño al ver como las manecillas del rejos se mueven más lento que un caracol.

¿Por qué siempre pasa eso cuando quieres que el tiempo se vaya rápido? Es como si viera tu desesperación y avanzara lento solo para fastidiarte.

Gracias a Dios, el timbre suena anunciando el final de la clase.

Todos nos levantamos de nuestros asientos y salimos por la pequeña puerta sin molestarnos a escuchar las indicaciones del profesor. Yo siempre me quedaba a escucharlas, pero hoy no me sentía de humor para eso.

Camino por el pasillo rogando para que la clase siguiente pase rápido, al igual que las otras, para poder irme de aquí.

Viendo mi impaciencia, cualquiera diría que tengo planes para esta tarde, pero no, no tenía ninguno. Yo quería que el tiempo pase rápido para poder irme a casa y no tener que estar sonriendo, fingiendo que estoy bien cuando en realidad me siento terrible.

-¡Hey, Bella!-

Gruño al escuchar la molesta voz de Mike Newton.

Sigo caminando y finjo no haberlo escuchado, lo que es creíble ya que el pasillo está abarrotado de estudiantes, llena de risas y conversaciones.

Mike no me sigue ni vuelve a llamarme. Bien.

En eso no puedo quejar, tuve suerte, porque así como a él, me la he pasado todo el día evitando a todos los que conozco. Se que no debía ignorarlos, ellos no tenían la culpa de mis problemas , pero vamos, siempre pasa cuando te sientes con los ánimos por los suelos.

Además, para los amigos que yo tenía. Si se les puede llamar así…

La cafetería está llena cuando llego, algunos sentados ya en sus respectivas mesas y otros haciendo fila para comprar su comida. Me uno a la fila y espero mi turno.

Siento la mirada de todos puesta sobre mi, observándome con curiosidad y sorpresa.

Se la razón de sus miradas interrogantes hacia mi: Edward.

Es la primera vez desde que estamos juntos que él no me ha recogido al finalizar mis clases y tampoco está conmigo ahora.

Aunque probablemente ellos piensen que Edward está enfermo o al así, que esa es la razón por la que faltó hoy a la escuela y no está conmigo. No tienen ni idea de lo que pasó ayer cuando todos se fueron tranquilamente a sus casas.

-Hola-

Cierro abruptamente los ojos cuando escucho su voz. Mi corazón se acelera y estoy segura de que él puede oírlo.

¿Pero que hacía aquí? Cuando llegué y no vi su auto pensé que no vendría hoy ¡Y ahora está aquí, detrás de mi! Eso me pasa por hacer suposiciones rápidas.

-Amor, por favor, tenemos que hablar-

Amor… Ahora si era su amor, pero no lo fui cuando me dejó plantada.

No le hice caso. Mi turno llegó, me apresuré en pedir mi comida y me alejé caminando rápidamente. Podía sentir la mirada confundida de los demás.

Para mi gran desesperación, Edward empezó a seguirme en vez de comprar la comida que iba a fingir comer.

-¿Vas a ignorarme todo el tiempo?- preguntó finalmente, viendo que no respondía a ninguna de sus palabras.

-¿Vas decirme por qué te fuiste con Tanya?- replico, sin dejar de caminar.

No me responde.

Suspiro de manera exasperada y camino más rápido.

A lo lejos, puedo ver a Daniela sentada sola en una mesa de la cafetería, tenía una expresión triste y miraba de forma aburrida por la ventada.

-Bella, por favor, escúchame…-

-¡Hey, Dani!- grito , ignorando de nuevo a Edward.

Ella gira la cabeza algo sorprendida de que la hayan llamado. Sonríe y me saluda tímidamente agitando la mano.

Corro la distancia restante hasta su mesa.

-Hola, ¿puedo sentarme contigo?- le pregunté, señalando a una de las sillas vacías.

Ella estaba sonriendo, pero luego miro algo por encima de mi hombro y su sonrisa decayó un poco.

-Uhm… Yo…- miró atrás de mi otra vez- Yo…

Sabía el por qué de su nerviosismo, así que agregué:

-Yo sola, claro-

-Ah, siéntate, entonces- dijo, aun mirando nerviosamente a Edward que seguro estaba detrás de mi.

-Gracias- sonreí mientras dejaba mi bandeja de comida sobre la mesa. Tiro de la silla y me siento.

Mi mochila la dejo en otra silla que estaba vacía y me giré hacia ella, sonriendo despreocupadamente.

-¿Cómo estas? ¿Cómo te fue en tus clases?- le pregunto.

Sería estúpido preguntarle si ha hecho algún amigo, viendo que está sola, así que desvié el tema hacia las clases.

Daniela mira una vez mas por encima de mi hombro y suspira. Y se que Edward se ha ido.

-Bien, bien- dice. Ella se inclina sobre la mesa para acercarse a mi- ¿Él era tu novio?¿Se han peleado?- me pregunta.

-Si- digo secamente, esperando que ella vea mi incomodidad y deje el tema.

-Uhm… Parecía realmente triste.- dijo.

Me encojo de hombros, como si no me importara, cuando es todo lo contrario.

Es esa, justamente la razón, por la que no me giré a verlo. Me conozco lo suficiente para saber que si le miraba, si le escuchaba…. Iba a caer.

Y yo no quería caer.

-Me agrada el profesor de Trigonometría- agregó antes de tomar sorbo de su botella de agua.

Sonrío, aunque de manera poco convincente, ante su intento por cambiar de tema.

No volvemos a tocar el tema en toda la conversación, lo que agradecí infinitamente. No deseaba hablar de Edward, ni tampoco pensar en él. Ayer ya había tenido suficiente.

El timbre suena y yo siento una sensación horrible en el estomago al pensar que mi siguiente clase la comparto con Edward. Considero saltearme la clase, pero termino yendo de todos modos.

Camino lentamente hacia Biología.

Suspiro pesadamente cuando llego a la puerta, miro y… Su lugar estaba vació.

Él no está allí.

Entro y me dirijo a mi silla, sentándome a la vez que dejo mis libros encima. No me preocupo, porque sé que él no va a venir.

Quiero sentir alivio, quiero alegrarme del hecho de que Edward no esté aquí y no tener que soportarlo toda clase, pero no puedo. Siento un estúpido vació en mi corazón, probablemente porque una parte de mi, deseaba que él llegara, me diera una razón bastante convincente por la cual se fue con Tanya y me dejó botada, y las cosas se arreglaran.

Obviamente, estaba esperando algo que nunca iba a pasar, y era totalmente consiente de ello.

El profesor Banner estaba peor de lo que se creía, así que habían contratado un maestro suplente, que lo reemplazaría hasta que se recuperara. Lo más probable es que no regresa hasta el próximo año escolar. Eso fue a lo único que presté atención, porque me la pasé divagando casi toda la hora.

Cuando las clases terminan, me dirijo a la ultima, que es Educación Física. El profesor, que aun está cubierto por algunos moretones, pasa de mi y no me selecciona para jugar en ninguno de los equipos. Probablemente eso baje mis calificaciones, pero no me importa. Me da igual si repruebo, quizás más adelante me preocupe, ahora lo único que hago es contar los minutos para irme a casa.

Por fin, era hora de salida y yo prácticamente corrí hacia las puertas.

Veo sin dificultad el Mercedes negro de Carlisle estacionado allí y troté hasta el.

También me doy cuenta que el auto de Edward no está.

-Hola, Bella- me saluda mientras yo me acomodo en el asiento del copiloto.

Jessica Stanley pasa muy cerca del auto y sus ojos se amplían cuando me ve en el.

Hago una mueca. Apuesto lo que quieran a que me interrogará en Trigonometría sobre por qué estaba en un auto con el padre de Edward, solos. Quizás debe cambiarme de carpeta.

-Hola- apenas saludo. Me abrocho el cinturón de seguridad.

-¿Cómo estuvo tu día?- me preguntó, ignorando mi desánimo.

-Horrible, ¿y el tuyo?-

-Bastante lento, en realidad- dijo.- ¿Qué te sucedió?-

Suspiré en respuesta. No me preguntó más, supongo que no le hizo falta, él ya sabía por qué estaba así.

-Tengo algo que tal vez te anime- dijo con una sonrisa.

Volví a suspirar.

-¿Qué cosa?-pregunté, no queriéndolo desairar.

-Cierra los ojos- pidió.

Su extraña petición me recordó a la de ayer.

Cerré los ojos.

Escuché algunos ruidos bajos.

-Ábrelos-

Los abrí y lo vi tendiéndome un gran ramo de rosas, tan hermosas con las de ayer, solo que esta vez eran únicamente de color blanco.

Una sonrisa espontanea apareció en mi rostro.

-¿Otra vez?- pregunté.

-Dijiste que te gustaban las rosas blancas- se encogió de hombros.

Tomé el ramo con cuidado.

-Si, gracias-

-De nada- encendió el auto- Lo importante es que pude lograr que esa hermosa sonrisa tuya volviera a aparecer-

Sonreí aun más.

-Claro, claro. Tu lo que quieres es que la "Bufona-Bella" vuelva, ¿verdad?-

Se rió.

-Bueno, me agrada más que la "Melancólica-Bella".-

Mi sonrisa decayó, pero solo un poco. Yo también extrañaba a esa Bella. La que no se preocupa por nada y se ríe de todo. La que no le afectaba casi nada.

Pero parece que, al llegar a Forks, la Bella de antes a vuelto: La que se sonroja, la que se ilusiona y entristece fácilmente, la que se preocupa por los demás, la chica que le pasa de todo y tiene mala suerte...

-Si, a mi también- coincidí con un suspiro.


Bien, aquí está el capitulo, un poco tarde, pero lo subí ^^

Si, la persona que dejó esas cosas en la puerta de Bella es la misma que la está rondando, y es pelirroja. Todo el mundo sabe quien es esa pelirroja, ¿verdad? No, no es un personaje inventado por mi, es una de la saga. Es fácil saber quien es.

Bueno, el siguiente capitulo lo subiré mañana en la noche. Si tengo suerte, no me dejaran tanta tarea en el colegio como hoy y podré subir más temprano :)

El siguiente cap será uno gracioso, o al menos, eso es lo que pretendo. Ya lo tengo listo, pero si se me ocurren más cosas, haré cambios y adiciones a ultima hora, como a veces suelo hacer.

Gracias por leerme y sus comentarios. Besos!

~Xime~