Cap. 42: Nuevos amigos (Parte uno)

Parpadee, confundida, sin poder ubicar en dónde me encontraba. ¿Dónde estaba? ¿Era una cama sobre lo que estaba? Me sentía mareada, con la garganta seca y mi cabeza dolía. Poco a poco entreabrí los ojos, pero apenas lo hice volví a cerrarlos, pues la luz me dio justo en ellos. Traté de girar mi cuerpo para poder huir del sol, pero otro cuerpo me lo impidió.

Un brazo, en realidad, que rodeaba posesivamente mi cintura.

Por un momento en donde mi mente aun confundida no funciona y no le da ordenes a mi cuerpo, me dejo llevar por la comodidad que siento y me apego más, suspirando. El brazo se movió lentamente y me acarició con la palma de su mano mi espalda, para finalmente dejarla en la parte baja de misma.

¡Alto ahí! Dijo mi mente en pánico, dándose cuenta de la situación.

Mis ojos se abrieron de par en par.

Solo necesité quince segundos en los que fijé mí vista en mi atuendo, que no era mío.

Solo necesité quince segundos en los que alcé mi vista para observar a mí alrededor.

Solo necesité quince malditos segundos en los que miré lentamente desde mi codo hasta donde desaparecía mi mano, ahí, debajo de un brazo que no era mío.

Debajo de ese pálido brazo el cual estaba unido a un torso, completamente adherido al mío, y ese torso tenía un cuello, el que lógicamente tenía un rostro; un rostro que por primera vez miré con horror.

No.

NO.

¡NO!

Traté de recordar desesperadamente algunos de los sucesos de ayer, pero no pude.

Miré de nuevo horrorizada la escena de la que yo era participe ahora.

Dios. Mío.

Simplemente, Dios mío.

Apoyándome de mi codo levanté la cabeza del pecho de Carlisle, que estaba sin camisa… Porque yo la estaba usando en ese momento, solo eso.

Cerré los ojos por un segundo y suspiré para darme valor, y también para no ponerme a gritar histéricamente, abriéndolos de nuevo para continuar con mi inspección.

Me di cuenta de que debajo de la camisa de Carlisle tenía puesta la ropa interior, pero aquel descubrimiento no me causó ningún alivio.

Recordaba que, justo el día anterior, había decidido ponerme aquel conjunto azul que me regaló Jenny en mi antepasado cumpleaños, aquel que nunca me puse.

Reprimí las ganas de gritar otra vez.

Tenía que seguir con mi inspección, aunque no quisiera hacerlo, debía continuar.

Levanté con suma lentitud y cuidado el edredón con el que estábamos cubiertos. Nuestras piernas estaban enredadas las unas con las otras, pero él tenía puesto los pantalones, aunque pudo habérselos puesto después de… de...

Cerré los ojos de nuevo y tragué ruidosamente.

Jesús, ¿Qué he hecho?

La situación era esta: He despertado al día siguiente, después de haberme emborrachado por primera vez, sobre el pecho desnudo de Carlisle, yo estaba usando su camisa y ambos estábamos en mi cama.

Y lo peor es que no recuerdo absolutamente nada de lo que pasó ayer por la noche.

Siento como el pánico y la desesperación me invaden sin que pueda controlarlo.

¡Santo Dios! ¡¿Qué he hecho?! Pensé, horrorizada y escandalizada.

¡Oh, no! ¡No, no, no, no, no, no, no, no! ¡NO! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Esto no puede ser posible! ¡Dios, por favor, dime que no hice ninguna estupidez! ¡Dime que yo no…!

No puedo creer que haya hecho esto. Todo un historial en limpio con el alcohol, pero el día que me embriago, ¡resulta en esta tontería! Más que una tontería ¡Era una desgracia!

No debí haber bebido, no debí haber nacido, no debí comportarme como idiota al beber solo para demostrar madurez ¡Esto no demostraba mi madurez, demostraba mi estupidez!

Las sabanas no estaban tan desordenadas, y no había signos de haber hecho otra cosa más que dormir, pero aun así…

Dios, ¿ahora que voy a hacer?

Edward me va a matar. Esme me va a matar. Incluso Tanya me va a matar. Todos me van a matar. Van a pensar lo peor de mi. Van a cortarme en pedacitos y quemarme, para luego bailar sobre mis cenizas.

Pero, Dios, soy de lo peor. No recuerdo nada de lo que sucedió anoche, pero no puede dejar mucho a la imaginación haber amanecido así con Carlisle…

Carlisle.

Alcé la vista y lo miré.

Él, mientras que yo entraba en un ataque de pánico interno, seguía plácidamente acostado a mi lado, con los ojos cerrados y una expresión pacifica en su rostro.

-Carlisle- le llamé.

Pero él no se movió, en su lugar murmuró un "Uhm" y luego se revolvió un poco.

Fruncí el ceño, furiosa, completamente segura de que se estaba haciendo el dormido.

¡¿Pero que se cree, que soy idiota?!

-¡Oye, muévete!- le dije, esta vez más fuerte.

-Si, si, ahora me levanto, papá. Solo dame cinco minutos más- murmuró adormecido con los ojos aun cerrados y voz rasposa.

¿Papá?

Le miré otra vez, esta vez con más atención.

Parecía estar realmente dormido.

¿Pero que…?

No. Esto no era posible. Carlisle era un vampiro. Él no podía dormir. No puede estar soñando que le hablaba a su padre.

Pero también es cierto que Carlisle nunca se haría el dormido para evitarme.

¿Entonces que estaba pasando?

A no ser que…

Giré la cabeza hacia mi mesa de noche, en busca de algún frasco vació de la poción que hace a los vampiros dormir, pero no encontré nada.

-Carlisle, despierta- dije a la vez que lo sacudía, sintiéndome verdaderamente asustada.

Él se removió y se estiró un poco, pero esta vez abrió los ojos.

Pestañeó, pareciendo desorientado. Una sonrisa atontada apareció en su rostro cuando me vio, y desapareció tan rápido como llegó.

-¿Bella?- inquirió. -¿Qué…? ¡Oh!- exclamó.

Se sentó de un salto en la cama, mirando a los lados.

Se miró a si mismo y luego a mi, y sus ojos se ampliaron.

Al parecer había despertado igual de desubicado que yo así que le di tiempo para que ordenara sus pensamiento y entrara en su ataque de pánico personal.

Pero si él estaba así, quería decir que realmente había pasado algo malo.

Sentí las lagrimas devorarse de mis ojos.

Dios, ¿Por qué me pasaban estas cosas a mi? ¿Por qué?

-Tu… Yo… No… No lo… ¿No, verdad? Dime por favor que no paso nada- supliqué sin mirarle.

Su silencio se prolongó mucho, y empecé a llorar de nuevo.

-Shhh, Bella, cálmate…-

-¡¿Calmarme?! ¡¿Quieres que me calme?!- grité apartándome de él.

-Nada de lo que tu crees ha pasado, puedes estar tranquila respecto a eso- dijo rápidamente.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?- le pregunté.

En ese momento recordé nuestra apariencia y me cubrí con las sabanas. Desvié la vista y me sonrojé.

-Recuerdo gran parte de que sucedió anoche…- murmuró pensativamente.

-¿Ah, si? ¿Entonces, dime como terminé usando tu camisa?-

-Eso no lo recuerdo-

Gemí y me cubrí el rostro con las manos otra vez.

Dios, por favor, que no me haya acostado con él, que no me haya desnudado frente a él, por favor, te lo suplico...

-¿Dije algo estúpido?- pregunté, aun tapándome el rostro.

-Dijimos muchas cosas estúpidas-

Asentí y me destapé el rostro. Bien, al menos no había sido la única en hacer el ridículo.

-Espera… ¿Cómo es que terminaste igual de que ebrio que yo?- le pregunté.

Que yo terminara borracha era posible, pero él no. Él era un vampiro y no podía embriagarse tomase lo que tomase.

-Eso tampoco lo sé- respondió- Un momento estaba bien y en el otro…- movió la cabeza.

Eso era tan extraño, tan extraño como imposible. ¿Qué nos había pasado anoche?

-Recuerdo algo más…- murmuró, pensativo. Le miré atentamente- Nosotros estábamos abajo, sentados en el sofá y luego…- abrió ampliamente los ojos.

Eso no era una buena señal.

-¿Qué?¿Que?-

Él se recompuso rápidamente.

-Nada- dijo simplemente- Uhm… Tu me llamaste Carlizzle… Y… Callie-

Gemí de nuevo. Ya me imaginaba las idioteces que habré estado diciendo.

-¿Eso te convierte en Belizzle y Belly, entonces?- preguntó con una sonrisa.

-¡Cállate!-

Se rió, y por alguna extraña razón, yo también lo hice. Esto era tan surrealista. Hasta ahora no entendía como habíamos llegado a esto… Bueno, al menos no había pasado nada, eso me aliviaba enormemente.

-¿Qué hora es?- le pregunté.

Estaba bastante claro, así que debía ser tarde. Era un hecho que había perdido el instituto.

Carlisle confirmó mis pensamientos al decirme la hora.

-¿Qué haremos?- le pregunté.

Se quedó en silencio unos segundos. Suspiró.

-Primero debemos vestirnos, ya luego pensaremos que hacer- dijo al final.

Asentí, mostrando acuerdo.

.

.

.

Mi sala de estar era todo un desastre, en todo el sentido literal de la palabra.

Pude encontrar mi ropa, mi pantalones jeans de color negro estaban tirados en el suelo, y mi blusa azul estaba en uno de los brazos del sofá, faltaban algunos botones.

No quería pensar mucho en eso, me daba más dolor de cabeza del que ya tenía.

La botella, esa maldita causante de todo, estaba también tirada en el suelo, junto a un vaso roto. Vacía, por supuesto.

Le permití usar a Carlisle el baño que estaba en el primer piso, y yo usé el mío. Lamentablemente, habían cosas que no le podía prestar, como la ropa por ejemplo, así que tuve que darle un rápido lavado y secado a la suya.

Ambos evitábamos el contacto visual cuando íbamos de un lado a otro tratando de ponernos presentables.

Él parecía como si nada hubiese pasado ayer, lucía normal, mientras que yo tenía un terrible dolor de cabeza, unas grandes ojeras y estaba más pálida de lo normal.

Cuando estuvimos listos, nos reunimos en el descanso de las escaleras. Ninguno nos atrevimos a mirarnos a los ojos mientras hablábamos. Resulta que, como no era tan tarde, Carlisle iría al hospital. En cuanto a mi, él me dijo que me quedara en casa hoy, y no puse ninguna resistencia a eso.

-He llamado a Esme- dijo, seguía evitando mi mirada y yo hacía lo mismo con la suya- Llegará dentro de un rato, yo me iré cuando lo haga.-

Asentí, suspirando. No sabía como iba poder mirar y hablar con Esme sin sentir remordimiento.

-Bien, la historia será esta: Tu me encontraste borracha cuando llegaste y…- empecé.

-Bella, no puedo echarte la culpa, y menos mentirles. Se supone que eres mi responsabilidad y...-

-¿Entonces que vamos a decir?¿Vamos a contarles como amanecimos? Discúlpame, pero a pesar de todo, yo quiero vivir.

Hizo una mueca, pero asintió.

-Está bien- suspiró.

Así estaba mejor. No odiaba tanto mi vida para arriesgarla de esa forma. Y por muy buena que sea Esme, no creía que le hiciera gracia que haya despertado así con su esposo.

-¿Y Edward?- le pregunté, de repente acordándome de él- ¿Y si pasó por aquí cuando nosotros estábamos… dormidos?-

Carlisle negó con la cabeza.

-Él no está en Forks, se ha ido a… Se ha ido- finalizó- Pero regresará- agregó rápidamente cuando vio mi cara decaer.

Eso explicaba por qué no estaba en la clase de Biología ayer, ¿Pero a donde había ido?

Ya había dicho antes que aquí se estaba cocinando algo muy malo, y ellos no me lo querían decir. ¿Por qué diablos no me lo querían decir?

Luego de que acordáramos la historia que contaríamos, regresamos a mi habitación porque según él tenía que descansar. Tampoco puse discutí eso.

-¿Por qué no me dices de una vez que es lo que está pasando?- le pregunté cuando me recosté en mi cama, la pastilla que él me dio estaba haciendo efecto y el dolor de cabeza se me estaba pasando. Era una suerte que no tuviera otro tipo de malestar.

Carlisle se sentó a mi lado y apoyó la espalda en el cabecero de la cama.

-En realidad, si mal no recuerdo… Te lo conté todo anoche cuando estábamos… -

-Pero yo no lo recuerdo-

-Lo que es bueno-

Bufé.

Nunca me lo iban a decir, era un hecho.

-Te odio- le dije.

-¿En serio?- se rió.

-Si-

-El odio no es bueno, Bella-

-¡Callate!-

Él se rió.

Bostecé, sintiéndome repentinamente cansada. Me acomodé más en la cama y cerré los ojos.

-Duerme- dijo en voz baja.

No se en que momento exactamente lo hice, pero me quedé profundamente dormida.

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Esme se parecía a mi madre. No, a mi madre no, ella no solía tener ese instinto maternal conmigo. A mi abuela, creo que sería lo correcto. En serio, me pellizcó las mejillas y toda la cosa.

Ella ya estaba allí cuando desperté, que fue alrededor del medio día. Insistió en prepararme de comer y se negó a que yo la ayudase en algo. Me sentía extraña al ser atendida de forma tan maternal por alguien.

Y eso aumentó mi vergüenza y remordimiento.

Carlisle había asegurado que nada había pasado ayer por la noche cuando ambos estábamos ebrios, y ahora que lo pensaba con la cabeza fría y me ponía a analizar mejor las cosas, todo indicaba eso, que no había pasado nada… Nada de lo que yo había creído, al menos. Pero aun así, no podía evitar sentirme culpable cada vez que veía a Esme. Y vergüenza, claro. Aun cuando no sabía lo que verdaderamente había pasado anoche, a sus ojos yo seguro era una adolescente borracha que se había tirado su bomba anoche.

Esme lo negó, por supuesto.

-¿Te haría sentir mejor si te dijera que yo también lo he hecho?-

-No- negué, cubriéndome la cara con mis manos.

Se rió entre dientes.

-Créeme, me ha pasado-

Me descubrí el rostro para mirarla.

-¿Tu también te emborrachaste frente al padre de tu novio vampiro?-

Empezó a reírse, lo que causó que yo también me riera.

-No- negó, aun riendo- Pero bebí de más en el cumpleaños de una de mis primas-

No pude evitar reírme. No podía imaginarme a una Esme humana y pasada de copas.

Aunque claro, seguro ella no despertó como lo hice yo hoy en la mañana.

El sentimiento de culpabilidad regresó.

Entonces, se me ocurrió una idea.

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Pude deshacerme de Carlisle y Esme. Me costó bastante hacerlo, pero finalmente lo logré. Después de haber pasado cerca a una hora discutiendo con ellos y tratando de convencerlos, pude lograr que ellos aceptaran irse a algún otro a sitio a divertirse y a mi me dejaran sola. No me malinterpreten, fue agradable pasar tiempo con ellos, pero yo quería de alguna manera disculparme por lo de ayer y esta mañana, y ya que Carlisle volvía temprano del hospital, les convencí para que se tomaran la tarde libre. Intentaron llevarme, por supuesto, pero yo me negué, no quería hacer mal tercio, además que quería estar sola. Ya saben, me gusta la soledad, me he acostumbrado a ella, y hay momentos como estos en los que prefiero estarlo para pensar.

Unas horas, al menos.

Verán, ellos no se iban por un largo periodo de tiempo, ni tampoco decidieron que yo podía cuidar de mi misma, así que "Mis padres" dijeron que volverían en un par de horas, y decidí dejar el tema porque sabía que no conseguiría más al seguir insistiendo en que podía cuidarme yo sola.

Estúpido Edward y su estúpida idea de que yo necesitaba algún tipo de protección. ¿Es que aun no se daba cuenta de que yo no era una humana común y corriente, que podía cuidar de mi misma? Es decir ¡Es lo que he hecho durante todos estos años! Siempre he estado sola y he podido mantenerme segura y con vida, ¿no se daba cuenta de eso? ¡Yo no necesitaba niñeros!

Por eso había decidido deshacerme de ellos, alegando que podía cuidarme sola que estaría bien en su ausencia, asegurándoles que ni siquiera saldría de la casa. Y afortunadamente, me creyeron.

Por supuesto, Edward no podía enterarse de esto.

Sinceramente, a mi me daba igual si se enteraba, aun estaba molesta con él, pero no quería meter en problemas a Carlisle y a Esme, así que acepté su condición de guardarles el secreto. Era una de sus condiciones.

La otra era que me llamarían constantemente para saber como estaba, y que yo tenía que llamarles en caso de que algo sucediera en su ausencia.

Eso era algo que me tenía preocupada, el hecho de que me mantuvieran tan protegida, y que nadie se atreviera a decírmelo.

Y también me molestaba.

Nunca me ha gustado que me oculten las cosas, lo odio, prefiero las cosas claras y directas, por muy fuertes que sean.

Pero aquí mis amigos vampiros no parecían entender.

Suspiré, frustrada.

Todos eran una bola de tontos vampiros sobreprotectores.

Bueno, al menos ellos creían que podía cuidarme sola al irse, por unas horas, pero algo es algo.

En fin, seguro se preguntan que estoy haciendo ahora que ellos se han ido y me han dejado sola en casa, ¿verdad? Algo interesante, quizás.

Pues se equivocan.

Creo que si no fuera una cazavampiros… Sería la humana más aburrida, rara y antisocial del planeta.

Como habrán notado, no soy una persona interesante, y menos lo son mis actividades.

Así que aquí estaba yo, sentada en la gran silla de madera que había en la entrada de mi casa, esa que estaba al lado del jardín principal, mirando a mi alrededor.

Y por más raro que parezca, me encontraba a gusto afuera, respirando el aire puro… Bueno, el aire húmedo. Da igual, la cosa es que me sentía bien estando aquí afuera.

Aunque estaría mejor si Edward estuviera aquí conmigo...

No, me dije a mi misma de manera firme. No tienes que pensar en él. Apuesto a que él no lo hace, ¿Por qué tu si?

Suspiré y bajé la vista.

¿A quien trataba de engañar? Lo extrañaba, y mucho. No importaba el poco tiempo que había pasado desde la ultima vez que me abrazó, o la ultima vez que lo vi. Ni siquiera el hecho de que me haya dejado plantada por irse con Tanya y sea la razón por la que estaba molesta con él… Le echaba de menos.

Era una idiota, lo sé, pero no podía seguir negándolo, no ante mi misma, lo extrañaba y quería que estuviera aquí.

Y si le viera llegar de algún lado… Estoy completamente segura de que yo correría directamente a sus brazos. Y, aunque me moría por hacer eso, aun estaba mi parte orgullosa, u obstinada, como lo quieran llamar, que me decía que no debía perdonarlo.

Y siempre le hacía caso a mi parte orgullosa. Solía hacerlo.

Capté un movimiento e instintivamente giré la cabeza para mirar.

Era un perro.

Casi me reí de mi misma. Por un momento, pensé que era algo de verdad peligroso.

El perro era de color blanco, pequeño y peludo. Adorable. El tipo de perro que quise tener cuando era niña.

Sus patitas repiquetearon en la acera cuando empezó a correr para cruzar la calle.

No pude evitarlo, y una pequeña risa se me escapó, lo que capturó su atención y se detuvo frente a mi.

Me sentí un poco incomoda cuando su mirada se volvió fija. Demasiado fija.

Aquello me hizo preguntarme si me había reconocido de algún lugar.

El animal ladeó la cabeza, como si estuviese estudiándome.

Ok… esto se estaba poniendo un poco raro...

Pero no tuve tiempo para seguir pensando en la extraña situación, porque un Jeep apareció en la carretera.

-¡Cuidado!- le grité al perro, como si pudiera entenderme.

Y en realidad, lo hizo.

Corrió hacia la acera y se salvó de ser atropellado por un pelo.

Para mi sorpresa, el automóvil se detuvo frente a mi casa, que era donde casi había atropellado a pobre perrito.

Me levanté de un salto y caminé hacia el con intenciones de gritarle su vida.

-¡Oye idiota!- le grité. No sabía si era hombre o mujer, pero deduje que era hombre por el vehículo que conducía-

La puerta se abrió en ese momento y… Mi suposición era acertada, si era un hombre. Y grande.

Probablemente, me hubiera sentido intimidada si no fuera lo que soy…. O tal vez no, igual me hubiera dejado llevar por mis impulsos.

- ¡Estuviste a punto de atropellar al pobre perro! - continué.

Él se bajó de su auto y lo rodeó.

-¡Rayos, chica! ¡Me has dado un susto de muerte! - me dijo mientras se acercaba a mi- ¡Por un momento creí que iba a atropellar a alguien!-

La ira creció dentro de mi cuando dijo eso.

-¿A alguien?- le grité, dando un paso hacia él, paso que retrocedió- ¿Y que es el? ¡¿Acaso no es un ser vivo?!-

-Hablo de una persona ¡Además el se me atravesó!-

-¡Y tu conducías muy rápido!-

El tipo me miró con ceño fruncido durante unos largos segundos, y yo le miré igual.

Finalmente suspiró, como si se hubiese rendido.

-Muy bien. Lo siento. No quise atropellar a tu perro-

¿Qué?

Supongo que es normal, asumió que el perro era mío al ver como salté en su defensa.

-No es mi perro- contesté.

Él arqueó las cejas hacia mi, pero no hizo comentario al respecto.

-Como sea. Lo siento- su expresión se suavizó- Solo tenía algo de prisa por llegar a una dirección. Veras, tengo que llegar a la casa de mi tía pero llevo horas recorriendo el pueblo y no consigo ubicar la casa- suspiró- No conozco a nadie y la gente de aquí no han sido muy amables conmigo-

Su ultimo comentario llamó mi atención.

-¿No eres de aquí?- mi voz también se suavizó-

Negó con la cabeza.

Eso explicaba por qué nunca antes le había visto. No es que salga mucho, pero Forks era un lugar realmente pequeño.

-¿Tu crees que me podrías ayudar a ubicar la calle?- me preguntó. Sacó un pequeño papel del bolsillo de su pantalón y me tendió el papel.

Lo miré. Mis ojos se ampliaron un poco cuando vi la dirección… Que era una calle que estaba en la Push, cerca a la playa.

Le indiqué por donde debía ir y le expliqué que debía prestar atención a las calles y casa puesto que a algunas se les había borrado el número.

-Gracias- parecía sincero- Probablemente hubiera estando dando vueltas como un tonto durante horas si no fuera por ti ¡Ni siquiera estoy en el sitio correcto!-

-No hay problema- me encogí de hombros- Se lo que es ser recién llegado a un lugar-

Eso pareció sorprenderle.

-¿Tampoco eres de aquí?-

Negué con la cabeza.

-Llegué hace unos meses-

-Oh- asintió para si mismo, luego sonrió ampliamente y en sus mejillas aparecieron unos huellos que le daban aspecto infantil- Gracias, otra vez.- se encaminó a su auto- Y de nuevo, siento haber casi atropellado a la bola de pelos.

El perro gruño levemente en su dirección.

Lo vi subirse a su enorme Jeep y luego se alejó por la dirección que yo le había indicado.

Era un tipo extraño, pero parecía agradable.

Me giré hacia el perro que aun permanecía a mi lado.

-¡Hey!- le sonreí- ¿Tienes hambre?

No tenía comida para perro, pero Esme preparó comida de más y había sobrado bastante.

Caminé de vuelta hacia la casa. Noté que el pequeño perro no me seguía.

Enarqué una ceja. Eso no era normal, los animales no solían tenerme miedo o se alejaban de mi. Tal vez este era lo sufrientemente listo para notar mi incapacidad para cuidar de uno.

Me agaché un poco y estiré una mano.

-Está bien. No te lastimaré- susurré de manera suave.

El perro, con su cabeza agachada, me veía como si no estuviese seguro, pero avanzó de manera lenta hacia mi.

-Está bien- le dije en un tono consolador.

Finalmente llegó hacia mi y estiré una mano de manera vacilante sobre su cabeza para acariciarle.

Un repentino cosquilleo en la mano con que lo había tocado me hizo saltar. Sin embargo, cuando el cosquilleo desapreció, pensé que había sido solo mi imaginación.

Dándome cuenta de que el perro se había alejado otra vez, aparentemente aterrorizado, empecé a llamarlo otra vez. El avanzó a rastras más cerca para olfatear mi mano, y el cosquilleo reanudó cuando du nariz tocó ligeramente mis dedos.

No era mi imaginación.

¿Qué…?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por suave un crujir de las hojas de un árbol.

De repente, tuve la sensación de que el perro y yo no éramos los únicos aquí.

Entonces el perro olfateó ligeramente el aire y alzó la cabeza, mirando algo detrás de mi. Sus ojos brillaron en rojo, y gruñó, mostrando unos dientes sorprendentemente grandes y afilados.

Lo primero que pienso es que me iba a atacar, pero estaba equivocada.

La impresión se propagó a través de mi y me quedé inmóvil por un momento, viendo como el perro saltó por encima de mi y corrió hacia algún lugar del bosque que estaba en la parte trasera de la casa como si persiguiese a alguien.

El sonido de mi celular me saca de mi momentáneo shock, pero no me hace olvidar lo que hace unos segundos acababa de presenciar.

Muevo ligeramente la cabeza tratando de despejarme y pulso la tecla de contestar.

-¿Hola?- dije. En ese momento me doy cuenta de que ni siquiera me he fijado quien me estaba llamando. Afortunadamente, no es nadie del cual me puedo arrepentir de haber contestado.

-Hola, Bella- dice Carlisle, parece aliviado de que le haya contestado el teléfono- ¿Estas bien?-

No lo creo…

-Si…- murmuro poco convencida, aun mirando al bosque trasero.

-¿Segura?-

Por el sonido que había, podía deducir que estaban en un lugar publico.

-Si- dije esta vez con más seguridad y enfoque.

-¿Y...?

-Si lo que preguntas es que si estoy loca, quizás un poco…- digo en broma, aunque estaba comenzando a pensar tal vez si se me estaba zafando un tornillo.

-Bueno, eso nadie lo discute. A lo que yo me refiero en es como te sientes emocionalmente-

Suspiré, no quería hablar de mis emociones ahora.

-Estoy bien, Carlisle- dije lo más firme y segura que pude- Todo lo que necesitaba era estar sola unos momentos- reprimí un suspiro- ¿Cómo estás tu? ¿Y Esme? Espero que hayan estado haciendo otras cosas aparte de estar preocupándose por mi-

Hablamos de cosas banales y casi sin importancia un rato más. En varias ocasiones estuve a punto de contarle mi experiencia de hace unos minutos con el extraño perro, pero me arrepentía cuando estaba por contárselo. Lo más probable era que me lo hubiera imaginado, y que Carlisle piense que estuve bebiendo otra vez. Tampoco quería arruinar su tarde.

-Esto… ¿Bella?- me preguntó al final, su tono de voz se había vuelto seria de repente.

-¿Si?- inquirí.

Dudó unos segundos antes de finalmente preguntar.

-Tu… Tu no tienes nada que ver con lo que me pasó ayer en la noche, ¿verdad?-

Sabía a lo que se refería.

-No- dije

-Eso pensé. ¿Entonces que me sucedió?-

No tengo ni la menor idea….

-Al principio creí que de alguna manera te habías bebido la poción celeste- ya le había explicado la función de cada frasco de colores que había en mi cajón así que él debió entenderlo- Pero todos están completos, los he revisado. Además, eso solo los hace dormir, no los pone… ebrios-

Un largo silencio se extendió entre nosotros. Carlisle suspiró al otro lado de línea.

-Fue extraño, pero agradable, ¿sabes?-

-¿Quieres decir que te gustó estar borracho?- le pregunté llena de incredulidad.

Se rió.

-No, no. Me refiero a lo de dormir. No lo había hecho en…-

Escuché a Esme llamarlo a lo lejos.

Me di cuenta que debía cortar, les estaba interrumpiendo cuando se suponía que era su tarde "libre de Bella"

-Ve por ella tigre- le dije. Ambos reímos por mi broma. Nos despedimos, le mandé saludos a Esme y luego colgué.

Me quedé pensando en la pregunta de Carlisle, preguntándome yo también que habría pasado ayer.

Si tan solo pudiera recordar… Pensé.

El sonido de unas rápidas pisadas me sobresaltó.

Me giré hacia el sonido, alerta, que provenía del bosque que estaba en la parte trasera de mi casa.


Y aquí otro capitulo ^^

Me alegra que les haya divertido el capítulo anterior tanto como a mi me divirtió escribirlo. Y Scarlet abadeer, tu no eras la única que sonreía como tonta, yo también lo hacía mientras escribía. Y mi mamá me preguntó con quien estaba hablando ¬¬

Siempre quise escribir algo como esto, hablo del capitulo anterior, es que la gente ebria me da risa. Hacen unas cosas que... xDD Me pregunto que se sentirá estar así... Pero mi curiosidad no es tanta como para experimentarla en carne propia, he visto suficientes borrachos como para arriesgarme a terminar como ellos xDD

Bueno, ¿que opinan sobre el perro que encontró Bella? ¿Y ese chico del Jeep? Ojalá adivinen de quien se trata.

Mañana otro capítulo! Besos ^^

~Xime~