Cap. 42: Nuevos amigos (Parte dos)
El pequeño perro blanco apareció frente a mi, parecía algo molesto, pero movió la cola cuando me vio. Por un momento, quiero reírme de la situación, pero luego recuerdo que este no era un perro normal, así que en su lugar me quedo allí parada, mirándole con desconfianza.
Era estúpido, lo se, desconfiar de este inocente, pequeño, peludo y adorable animal, pero no podía sacarme de la cabeza esos extraños ojos suyos , que ahora parecían normales , pero que hace un rato brillaron en un rojo intenso. Y tampoco debía olvidarme de sus enormes colmillos.
El animal me miraba allí, con aspecto feliz e inocente.
Y a continuación hice algo que era aun más estúpido.
-No eres un perro normal, ¿verdad?- pregunté en voz alta.
El se sentó en sus patas traseras y enseñó los dientes de una manera extraña, como si estuviese sonriendo.
"No exactamente"
Di un sonoro respigo y me tensé. Miré a los lados, en busca del dueño de esa voz, aun cuando sabía perfectamente que nadie había hablado… No en voz alta.
La voz provenía de mi cabeza.
Oh, no. Por favor no. Ya tengo una voz que me habla, no quiero más.
La única voz que hablaba dentro de mi cabeza era D, y esta voz no era de ella. Esta era una voz masculina.
"Hey, aquí abajo."
Desvié la vista otra vez hacia el pequeño perro peludo que estaba frente a mi y me movía la cola.
Dios, ahora si ya me chiflé.
-¿Puedes… hablar?- le pregunté en voz alta, sintiéndome ridícula y más chiflada de lo que me creía.
"¡Sorpresa!"
Si, el perro podía hablar.
O yo me había vuelto loca.
Si, me había trastornado. O tal vez el alcohol seguía presente en mi sistema. Que este perro me esté hablando mentalmente no era posible.
-¿Qué eres?- le pregunté, dejando a un lado la posibilidad que era mi obvia locura.
"Lo mismo que tu, Bella"
Me paralicé. ¿Cómo es que sabía mi nombre?
"Puedo leer tus pensamientos"
Genial. No solo era un perro inteligente que hablaba mi idioma, sino que también podía saber lo que estaba pensando. Fantástico.
-No se lo que soy- dije, olvidando el horrible hecho que podía leer mi mente.
De hecho, hasta hace poco ignoraba por completo que yo fuera "algo"
-"Ni se te ocurra abrir el hocico, chucho"- Gruñó D de repente, haciendo que yo me sobresaltara.
"Uhm, veo que nuestra parte en común se hizo presente" Comentó con sorna.
Iba a responderle, y preguntarle por su comentario, pero D me interrumpió.
-"Cállate pulgoso, tu y yo no somos iguales"- replicó con altanería.
"Yo creo que si, querida. Estamos en el mismo grupo"
-"Lo que es una total falta de respeto e injusticia hacia nosotros, colocándonos en tan degradante nivel"-
"Degradante o no, ambos somos considerados fenómenos que nunca debieron ser creados"
-"Bueno, al menos yo no estoy condenada a vivir en cuatro patas el resto de mi existencia"...-
Aquí estaba yo, en medio de esta extraña discusión la cual no entendía nada. El perro que hablaba dentro de mi cabeza se peleaba con la ya habitual voz que hablaba en mi cabeza, y como si fuera poco, su discusión también se desarrollaba en mi cabeza.
Dios, creo que ahora si me había vuelto loca.
"… Al menos yo soy dueño de un cuerpo y puedo manejarlo a mi antojo y hacer lo que me da la gana con el" continuaban.
-"¿Y que puedes hacer con ese cuerpo? ¿Orinar en los postes? Prefiero quedarme donde estoy"
"Tienes envidia, yo vivo con una bonita familia que me da afecto y me quiere"
-"Eso es porque no saben lo que eres, porque si lo hicieran ya habrían se alejado de ti aterrorizados, blandengue"
"¿Blandengue?" - se burló- "Ya, y lo dice alguien que protege a una humana"-
-"Si mal no recuerdo, hace unos minutos saliste corriendo con intenciones de proteger a la "humana" que dices"-
"Es cierto, pero no soy yo el que hizo ese comentario"
No podía soportarlo más.
-¡BASTA!- grité, sin importarme que alguien pudiera oírme y pensar que estaba loca. O enterarse de ello, porque de que estaba loca, lo estaba.
Afortunadamente, ambos se callaron.
Suspire con alivio, contenta de poder disfrutar un poco de silencio y calma en mi cabeza.
Pero mi felicidad solo duró unos segundos, porque casi inmediatamente empezaron de nuevo con incomprensible discusión.
En ese momento, realmente fui capaz de comprender a Edward. La palabra horrible no le hace justicia a la actual situación, y eso que yo solo escuchaba dos voces.
"¿Sabes? Me largo. Creí que sería bueno acercarme y conversar un poco, pero eres insoportable" - Sus patitas repiquetearon en el suelo al caminar cuando empezó a alejarse. Se detuvo unos segundos para girarse de nuevo hacia mi y decir- "A ti si fue agradable conocerte, Bella. Gracias por defenderme de ese grandulón y ofrecerme comida. Tal vez nos veamos alguna otra vez… Cuando tu antipática amiga no interfiera" - Escuché a D gruñir- "Ah, y no prestes atención a lo que dijimos antes. No eres una simple humana. Dentro de ti hay muchos más de lo que tú imaginas. Cuídate. Y lo digo en serio, CUÍDATE - y con eso se giró una vez más y se fue caminando tranquilamente por la acera. Lo miré hasta que lo perdí de vista al girar la calle.
Caminé lentamente y de regreso a mi casa y entré, no queriendo estar más afuera.
Con la mente aun hecha un lío entré a la cocina y me serví un vaso de agua que bebí distraídamente, mientras miraba por las ventanas, esperando algo, no sabía exactamente que.
Cielos, yo debía ser realmente fuerte, porque con las cosas que me pasaban eran para trastornarme… Si no estaba ya loca, claro.
Me apoyé en la encimera y di un largo suspiro, tratando de calmarme. Tenía que calmarme.
-¿Me puedes explicar que fue eso?- le pregunté finalmente a D, sabiendo que podía oírme.
Esperaba que también me respondiera.
-"Sabía que me lo preguntarías"- suspiró- "Lo siento, pero no puedo decírtelo. No le hagas caso a lo que te diga, los seres como ellos son un poco…"
-Cállate- le ordené de manera fría. No quería escucharla si no me iba a dar una explicación concreta.
No creí que me obedeciera, pero lo hizo. No agregó nada más. Tal vez se daba cuenta que debía estar sola.
Dios, esto se estaba poniendo cada vez peor. Ahora, como si no tuviera suficiente, aparece un perro que habla. ¡Un perro que habla! ¿Qué eres esa cosa? ¿Debía buscar información en Google?
Dándome cuenta de que si seguía así iba a entrar en un ataque de pánico, deseché todo pasamiento que tuviera que ver con voces y perro parlantes, cogí mis llaves y me dirigí a mi auto con intenciones de salir de la casa e irme a algún sitio. A cualquier lado.
Solo necesitaba salir aquí y despejarme un poco.
.
.
.
Iba a matar a Carlisle. No me importaba las razones que haya tenido para hacerme lo que me hizo, iba a matarlo. Lo mataría y luego lo reviviría para volverlo a matar.
¡Maldición! ¡No tenía ningún derecho de hacerle cosas a mi auto para que no funcionara! ¿Qué se creía?
Ah, pero que ni piense que eso me podía detener si quería salir. Y yo realmente quería salir esta vez.
No sabía nada de autos, apenas aprendí a conducir, así que decidí llamar a un taxi.
¡Ja! ¿En serio creía que privándome de auto iba a lograr mantenerme en casa? ¡Que poco me conocía!
Estúpidos vampiros sobreprotectores.
Alzo la vista y miro con el ceño fruncido el cielo, que se ha oscurecido y que el poco sol que había cuando llegué en la tarde se ha ido.
Fue una buena idea salir, me he despejado y, lo más importante, pude hacerme con una nueva colección de libros. Los que tenía ya me los había leído un montón de veces y aunque me encantaban, necesitaba unos nuevos.
Mi tarde fue tranquila, normal. Cuando mi cacería de libros terminó fui a cenar a un pequeño restaurante y comí lentamente mientras ojeaba los libros que había comprado recientemente.
Cuando decidí que ya era hora de regresar a casa, pedí a la camarera que me trajera mi cuenta, pagué (No recordaba la ultima vez que pude, o más bien me dejaron, pagar mi propia cuenta) y abandoné el lugar caminando lentamente.
Miré de nuevo el cielo. Algunas estrellas se habían formado y la luna estaba llena. Aspiré el aire fresco de la noche.
Llámenme rara, pero yo amaba las noches casi tanto como me gustaba sentir el calor del sol en mi piel. Me encantaba la luz de la luna, ver las estrella por muy escasas y pequeñas que sean, la calma, el silencio…
Escuché unos extraños ruidos viniendo de por allí cerca, exactamente, del callejón que estaba más allá a mi derecha.
Me detuve, sopesando mis opciones. ¿Debería acercarme a investigar? ¿Y que pasa si resultaba ser una pareja enrollándose allí? Hice una mueca de asco.
Pero también estaba la posibilidad de que alguien estuviera en problemas. Quizás una pobre chica indefensa, o un niño, o una anciana. No me creía alguna clase de superhéroe, pero si eso pasaba no me iba a quedar de brazos cruzados cuando yo podía ayudar.
Bien, pensé, si es eso, una pareja, me alejaré rápida y silenciosamente del lugar y fingiré que no he visto nada.
Caminé y acerqué al pequeño callejón. Asomé sigilosamente la cabeza.
Por un lado, sentí alivio al ver que no era una pareja la que estaba en el callejón, y por otro, al ver que no era alguna joven que estaba siendo asaltada.
Bueno, había un asalto, pero no era un chica precisamente la victima.
Dejé mi bolso y mis compras a un lado en el suelo y me acerqué a los tres que, como me fui acercando a ellos, pude ver que no eran mucho mayores que yo, probablemente tuvieran entre dieciocho y veinte años. Sentí una pisca de lastima por ellos, pero no se comparó con el enojo que sentía por lo que estaban cometiendo ahora.
No se dieron cuenta de mi presencia hasta que estuve lo bastante cerca de ellos.
-Hey, pero miren lo que tenemos aquí- dijo uno de ellos, el que parecía el líder. Los dos tipos que sujetaban al pobre chico giraron la cabeza para verme, pero sin soltar a su victima.
Rodee los ojos al ver sus miradas asquerosas hacia mi.
-Suéltenlo- ordené con voz tranquila.
Me miraron, estupefactos uno segundos, antes de explotar en fuertes carcajadas.
Eso hizo que mi ira creciera.
-¿Y que te hace pensar que lo soltaremos?- habló de nuevo el aparente líder- A no ser que tu te ofrezcas en su lugar. Yo no tendría ningún problema con eso, y estoy seguro que mis amigos tampoco- los dos rieron e hicieron sonidos de aprobación.
-¡Quieto!- le advirtieron al chico a quien tenían sujeto contra la pared cuando hizo un intento de zafarse de ellos.
-Es su ultima oportunidad, suéltenlo- dije, aun tranquila.
-¿O que nos harás, linda?-
Bien, ellos lo quisieron.
Sonreí antes de lanzarme sobre ellos.
Mi ataque los tomó por sorpresa, sin duda, así que pude quitarle la navaja con que amenazaban a sus pobres victimas y que actualmente usaban para asaltar a este pobre hombre. Mi segundo movimiento fue hacer que soltaran al chico y, después de darle una rápida ojeada para asegurarme que estaba bien, me concentré de nuevo en mis débiles atacantes.
Después de unos cortos minutos, vi como los delincuentillos corrían despavoridos y se perdían calle abajo.
-Cielos, chica, ¿De donde has salido?- escuché decir una voz a mis espaldas.
Extrañada porque su voz me resultara familiar, me giré.
Allí, frente a mi, estaba el chico de esta tarde, el que casi atropelló al perro hablador.
-¿Tu?- pregunté con incredulidad- No te había reconocido-
-Pues yo si, y déjame decirte que me diste un susto de muerte otra vez al acercarte y querer enfrentarte a esos tipos- señaló con sus dedo pulgar por donde habían salido corriendo.- Pero gracias, me salvaste el pellejo… Aunque no puedo decir lo mismo de mi reputación, ¿Qué va a decir la gente si enteran que me salvó una chica?- hizo una exagerada y fingida mueca de horror.
Puse los en blanco.
-Eh, bueno, si estas bien, yo me ya me voy…- dije mientras recogía mis cosas que había dejado en el suelo.
-¡Oh, espera, espera!- me llamó el chico, acercándose a mi- Tengo que recompensarte de alguna manera por lo que has hecho, ¿Qué tal si te invito a comer?-
-Uhm… Lo siento, pero ya he cenado- Era cierto. Y con lo poco que últimamente comía, no quería más- Pero no tienes que sentirte obligado por lo que he hecho, lo haría por cualquiera-
-Insisto. Al menos deja que te invite a tomar algo-
Me giré para mirarlo, parecía sincero y no habían segundas intenciones en su invitación.
Por otro lado, sería bueno charlar con él. Dicen que conocer gente nueva siempre es bueno, ¿no? Nunca he sido precisamente alguien que le gustaba socializar constantemente, más bien era todo lo contrario, pero este podría ser el primer paso para empezar a cambiar.
-Está bien- sonreí.
-Genial- también sonrió, otra vez mostrando esos adorables hoyuelos- He visto un lugar por aquí cerca. ¿Quieres que te ayude con esas bolsas?- preguntó.
Al ver mi vacilación, agregó:
-No te preocupes, no te las voy a robar. Sobre todo después de haber visto lo que les hiciste a esos tipos, no soy tan idiota-
-No, no, no creo eso. Simplemente puedo hacerlo yo misma- respondí con rapidez ante su equivocada suposición.
-Vamos, deja que te ayude con tus…- me arrebata con increíble rapidez y fuerza las dos enormes bolsas- ¿Libros?- inquirió con incredulidad, arqueando las cejas.
Fruncí el ceño ante su sorpresa. ¿Qué tenía de malo los libros?¿Por que era difícil de creer?
-¿Qué tienen?- dije.
Tomó las bolsas y se enderezó. Empezamos a caminar
-No es común que una chica tan linda se interese en esas cosas, como la lectura- se encogió de hombros casi imperceptiblemente- Pero es bueno encontrar a chicas como tu- sonrió.
Salimos tranquilamente del callejón y doblamos la esquina. Conforme íbamos caminando pudimos ver más gente transitando por las oscuras calles alumbradas por postes.
-Y - continuó cuando nos detuvimos a espera de que la luz cambiara para cruzar la calle- Debo confesar que nunca creí que trajeras libros allí. Yo pensé que traías alguna clase de artillería pesada, o al menos una pistola- bromeó.
Me reí y él también lo hizo.
-¿Me crees capaz de saber usar un arma?- le pregunté.
La luz cambió a verde y pudimos cruzar la calle.
Se detuvo unos segundos para mirarme de pies a cabeza.
-Quizás. No lo sé, hace un rato tampoco te creía capaz de poder enfrentarte a esos hombres-
-Pues tienes razón- asentí.
El se detuvo de repente en plena calle. Cuando me giré a ver que le pasaba me di cuenta que tenía una expresión estupefacta.
-¿Qué pasa?- inquirí, deteniéndome también.
No me dijo nada, simplemente siguió mirándome con los ojos muy abiertos. Quise reírme de su asustada expresión, pero me aguanté.
-¿Sabes usar una pistola?- me preguntó en un susurro asustado.
-Me desenvuelvo mejor usando algún tipo de arma blanca, pero si- asentí.
¿Qué les digo? En la organización aprendí cosas que nunca pensé aprender, ni en mis más locos sueños. No suelo hablar mucho sobre este tema.
Empecé a caminar, pero de nuevo me detuve al ver que él no me seguía.
En ese momento fui consiente de lo que le había dicho. ¡Maldición, había abierto mucho boca! Como de costumbre.
Fingí indiferencia.
-¿Vas a quedarte ahí?- le pregunté, girándome hacia él y mirándole con una ceja arqueada.
Él pareció reaccionar en ese momento y empezó a caminar.
-No, claro que no, solo que… El lugar queda a una cuadra de aquí- cambió de tema- ¿Así que, de donde eres?-preguntó.
Vi su esfuerzo por evadir el tema anterior. De nuevo me regañé internamente por ser tan bocazas.
-De Arizona- le seguí el juego.
-Uhm, ¿y como fue que terminaste por aquí?-
Veras, soy una cazavampiros, y la organización a la pertenezco, que por cierto quieren encerrarme quien sabe por qué, me envió a una misión a este frió y deprimente lugar. Pero resulta que terminé enamorándome del vampiro a quien tenía que cazar, entonces el lugar ya no me parecía tan deprimente, pero de pronto el empezó a comportarse raro y me dejó plantada un día para irse con otra vampiresa, de la cual sospecho que es con quien me engaña, y ahora estoy triste y con el corazón roto, es por eso que decidí salir y olvidarme un poco de eso…
Ignoré mis pensamientos y simplemente respondí:
-Larga historia- lo era- ¿Tu de donde eres?-
-Tennessee, y ya sabes lo que dicen de los que somos de allí-
-No… No lo sé- dije entrecerrando un poco los ojos.
Él se rió.
-Yo tampoco, pero creo que somos personas agradables-
Me reí también.
-Si tu lo dices…-
Nos detuvimos cuando llegamos al pequeño restaurante-bar que él decía.
-Aun no me has dicho tu nombre- comentó.
Normalmente no se lo hubiera dado y habría inventado algún nombre falso, pero el chico realmente me caía bien y parecía una buena persona.
-Isabella Swan, pero puedes llamarme Bella- le tendí la mano, sonriendo.
Sonrió también.
-Un gusto, Bella- me tendió la mano libre- Soy Emmett McCarty-
.
.
.
Emmett era agradable. Un poco idiota a ratos, pero agradable.
Cuando entramos al lugar donde me llevó él se tomó una cerveza, y yo tomé una Coca-Cola.
No quería saber nada de bebidas alcohólicas, no después de lo que pasó. Ya saben, la primera y ultima vez que lo hice amanecí semidesnuda, usando la camisa de otro hombre, que por cierto era mi suegro, y con él a mi lado, ambos acostados en la cama, sin recuerdos de la noche pasada.
No iba a cometer el mismo error dos veces, sabiendo perfectamente que esta vez podría ser peor.
Él me dio una mirada divertida ante mi preferencia, pero afortunadamente no hizo ningún comentario.
Me contó que aun iba al instituto, pero iría al que estaba en la Push. Había llegado recién hoy por la mañana, solo, y había estado todo el día dando vueltas sin poder ubicarse hasta que se encontró conmigo y le di la dirección exacta. Encontrar la casa de su tía fue fácil después de eso, y pudo por fin dejar sus cosas e instalarse. También me contó que su madre murió cuando era pequeño, y ahora que su padre había rehecho su vida con una bruja, sus palabras no las mías, él había decidido irse a vivir con alguien más, o sea su tía Marie.
Sip, la señora tenía mi segundo nombre.
No me importó mucho, según Emmett, era la persona más buena y amable del universo entero… Hasta que la hacías enojar. Entonces ella dejaba de ser la dulce señora que solía ser siempre y se transformaba en Hulk. Otra vez, sus palabras no las mías.
-De verdad desearía que fuéramos al mismo instituto, así tendría al menos un amigo- dijo mientras conducía hacia mi casa, que animadamente se ofreció en dejarme cuando abandonamos el pequeño local.
Subir a su Jeep era toda una hazaña, creo que si no fuera una cazadora y no hubiera recibido el entrenamiento respectivo como tal, no hubiese podido subir. Por cierto, la forma en que Emmett consiguió ese vehículo fue de una forma bastante peculiar. Según él, su padre le hizo escoger en comprarle el automóvil, o pagarle la universidad.
Y ya saben cual opción escogió él, ¿verdad?
Eso me desconcertó, porque yo obviamente hubiera elegido la universidad, pero él me dijo que estaba ahorrando y había conseguido un pequeño trabajo, e iría a la universidad de todas maneras.
Repito lo dicho, era un tipo bastante raro, pero agradable.
-De seguro harás amigos con facilidad este año- le animé-
-Lo sé, sobre todo viendo que soy una persona encantadora- se alabó- Pero aun así siempre es agradable conocer a alguien-
Asentí, mostrando acuerdo.
-Y también quisiera que esté…- suspiró y se calló.
Su repentino silencio y estado melancólico me llamó la atención. Emmett parecía el vivo retrato de la felicidad. Ni siquiera se puso triste cuando me contó lo de su traslado a un lugar extraño donde no conocía a nadie más que su tía.
-¿Qué?- le pregunté.
-Nada- negó con la cabeza y fingió prestarle atención a la carretera.
Tenía curiosidad por saber que le ponía tan triste, pero decidí no insistir, después de todo apenas nos estábamos conociendo y eran cosas privadas.
-Bueno…
-¡Esta bien, te lo contaré!- dijo de pronto- Es una chica…-
Supongo que no debía sorprenderme. Uno de los "problemas" de los adolecentes de su edad eran los chicos, o las chicas en su caso.
Le hice una seña con la mano, instándole a continuar.
-La conocí hoy….- continuó.
-¿Y como se llama ella?-
Su respuesta me descolocó.
-No lo sé-
Le miré, arqueando las cejas.
-Tampoco hablé con ella-
-Ok…- dije lentamente, aun sin entender.
-Fue en un restaurante esta tarde. Ella estaba con unas amigas allí, era tan hermosa… Y tenía la risa más encantadora que alguna vez haya oído…- me desconcertó un poco su repentina mirada y voz soñadora- Sus amigas se fueron y ella se quedó sola en la mesa. Era mi oportunidad- sonrió- Quise acercarme. Iba a hacerlo. - Su ceño se frunció de pronto- Pero entonces un tipo llegó, y ella se fue con él-
Mi corazón se encogió ante su expresión triste y desilusionada.
-Tal vez haya sido un amigo- traté de animarle, aun cuando sabía que era muy poco probable.
-Se besaron antes de entrar a su auto, los vi-
Pobre Emmett, pensé.
-Ya habrán otras chicas- dije, tratando de reconfórtale.
Él sonrió, aunque la felicidad no llegó a sus ojos.
-Supongo que si- se encogió de hombros como si no le importara- ¿Y que hay de ti?-
-¿Qué hay de que?- le pregunté sin entender.
-Me refiero a si estás saliendo con alguien-
Maldije internamente. No debí haberle preguntado nada, ahora él estaba preguntando si estaba con alguien, y yo no quería hablar ni pensar en eso.
-Eh… - vacilé- Es un poco… complicado…-
Emmett me miró unos segundos, como si estuviese pensando, y luego asintió. Yo me relajé, pensando que había comprendido.
-Entiendo… ¿Amigos con derechos?- aventuró.
Casi salté del asiento al orí sus palabras.
-¡No!- grité, mirándole con los ojos ampliados. Sentí mis mejillas calientes- No- agregué, esta vez más despacio. Mi reacción parecía divertirle- Tengo novio… Solo que…. Uhm… Estamos… peleados- la ultima palabra sonó como una pregunta.
-¿Te engañó?-
Su pregunta, otra vez, me hizo saltar del asiento.
-¡No, no! Quiero decir... eso creo-
De pronto, sentí una punzada de dolor en mi pecho. El solo pensamiento de Edward engañándome me resultaba demasiado doloroso. Preferí no pensar en eso.
-¿Entonces?-me preguntó.
-Larga historia. Prefiero no hablar de eso-
Y de verdad, no quería hablar.
Suspiré y giré la cabeza para mirar por la ventanilla, evitando mirarlo a él.
-Entiendo- dijo.
Fue hasta ese momento cuando me di cuenta de que estábamos a punto de llegar a mi casa, de hecho él ya había doblado la esquina y estábamos en mi calle.
-Fue agradable conocerte, Emmett- le dije, girándome para mirarlo.
-Fue agradable conocerte también, Bella. No todos los días uno conoce a chicas que son capaces de enfrentarse a tres hombres armados- se rió, pero luego su expresión se tornó seria.
-¿Qué pasa?- le pregunté.
Él estacionó el auto.
-¿De casualidad tu novio no es un chico pálido?- me preguntó, mirando fijamente a un punto.
-Uhm… Si…- dije lentamente, confundida- ¿Por qué? ¿Lo conoces?-
Era imposible que conociera a Edward.
-Acabo de hacerlo- respondió.
Me quedé mirándolo, frunciendo el ceño por la confusión.
Emmett cabeceó, señalando algo. Me giré para ver a lo que se refería, aun confundida.
Mis ojos se ampliaron cuando lo vi.
Edward estaba allí, parado en la entrada de mi casa.
Mi corazón se aceleró por la emoción… antes de que mi cerebro reaccionara y me recordara que estaba molesta con él y la razón.
No se cuando tiempo me quedé mirándolo como idiota, porque él alzó la vista de pronto en mi dirección y me vio. Una ligera sonrisa iluminó su rostro, parecía aliviado, antes de que su expresión decayera por completo.
Aparté la vista de él y me giré hacia Emmett.
-Será mejor que vaya a hablar con él. Gracias por haberme traído a casa- me esforcé por sonreírle de manera convincente.
Ya nos habíamos dado nuestros números telefónicos, así que no había nada más que decir.
Abrí la puerta y salí, o mejor dicho salté, si tomamos en cuenta el gran tamaño del vehículo.
Pensé que Emmett se despediría y luego se iría, pero no.
Él hizo todo lo contrario.
Se bajó del Jeep también, rodeó el vehículo y me alcanzó con facilidad, caminando cerca de mi.
Emmett no había estacionado el auto frente a mi casa, así que tuvimos que caminar un par de metros antes de llegar a la puerta… Y a Edward. Este parecía molesto, triste, y confundido.
Finalmente, llegamos a su lado.
Eso me afecto más de lo que pensaba. Es decir, la ultima vez que supe de él fue ayer, en la cafetería, pero esa vez fue diferente porque ni una vez le miré, y apenas le hablé. En cambio, ahora, lo tenía en frente, mirándome con eso ojos que, aunque ahora estuvieran algo molestos y triste, me aturdían. Y aunque siguiera molesta con él, aunque el hecho de que me haya dejado plantada por Tanya aun me hería, su presencia hacía que mi corazón se acelerase. Tenía tantas ganas de decirle que le he pensado mucho, que no han sido buenos días, que le había extrañado, que le quería…
Pero no lo hice.
Reprimí las estúpidas ganas de correr y lanzarme a sus brazos, y puse una expresión seria en mi rostro.
Fui la primera en romper el silencio.
-Que sorpresa verte aquí- Eso era cierto- Carlisle me dijo que te habías ido de Forks-
Mi voz salió más firme y dura de lo que pensé.
Él miró por encima de hombro, supongo que a Emmett, y luego me respondió:
-Lo hice. - aceptó- Pero llegué hace… unas horas- Lo que significaba que había llegado hace unos minutos, pero no lo dijo por obvias razones- Necesitamos hablar, Bella- su voz se había suavizado. Vi que miró por encima de mi hombro otra vez, lo que me recordó que Emmett aun seguía atrás de mi.
Me aclaré la garganta.
-Uhm… Él es Emmett- dije señalándolo con la mano- Emmett, este es Edward-
Asintieron sin decir nada, dirigiéndose miradas para nada amistosas.
De hecho, ambos parecían estar a punto de agarrarse a puñetazos en cualquier momento.
Yo estaba lista para tirar mis bolsas y evitar esa pelea.
Me aclaré la garganta otra vez.
-Esto… ¿Emmett?- intenté llamar su atención. Afortunadamente, funcionó, y él se giró hacia mi - Gracias por traerme a casa, pero creo que deberías empezar a conducir ya si quieres llegar a la tuya-
Él asintió, aunque no parecía contento de irse.
-Gracias a ti, Bella, me salvaste de una buena- se esforzó por sonreír- Pero tienes razón, tía Marie debe estar preocupada. -
-Adiós- me despedí con una mano.
Él volvió a asentir. Le dirigió una mirada de advertencia a Edward y se dirigió lentamente a su auto.
Aun nos miraba cuando arrancó el Jeep, y lo hizo hasta que nos perdió de vista.
Fue cuando comprendí que él temía por mi. Casi me reí ante aquel pensamiento. Uno porque yo no necesitaba de aquella protección, dos porque él no podría con Edward, y tres porque Edward nunca me haría daño… No físicamente, al menos.
Pero aun así, me resultaba adorable su preocupación hacia mi. Emmett empezó a agradarme más.
-¿Te enfrentaste a esos delincuentes?¿En que estabas pensando?- la voz de Edward me trajo a la realidad. Su reclamo, más bien. Seguro vio eso en la mente de Emmett.
Mi ceño de frunció al instante.
-¿Tengo que recordarte que no soy tan indefensa como piensas?- inquirí, poniendo mis manos en mi cintura.
-Aun así no es seguro que…
-¿Sabes? No estoy de humor para discutir contigo- le corté, alzando una mano.
Empecé a caminar decididamente hacia mi casa.
-Espera Bella, tenemos que hablar- me detuvo, haciendo me que girar de nuevo a él.
Un terrible error.
Alcé la vista y le miré a los ojos.
Otro terrible error.
Y como si fuera poco:
-Por favor- agregó.
Era una idiota. Yo sabía perfectamente que no debía mirarle a los ojos, porque sabía que terminaría cediendo a cualquier cosa que me pidiese. ¡Lo sabía y lo hice, maldición!
-Esta bien- dije, aun aturdida, y abofeteándome mentalmente por caer.
Aunque, una parte de mi, una pequeñísima parte, quería eso. Que ambos hablemos. Que arreglemos las cosas. Que todo vuelva a ser como antes.
Muy bien, lo admitía, quería eso con todo mi ser.
Pero, por otra parte, me seguía abofeteando mentalmente por caer ante su hipnotizante mirada.
Seguía diciéndome que era una idiota.
.
.
.
Era una idiota. Una completa idiota. ¿De verdad creía que Edward me iba contar por fin la verdad? La respuesta era obvia: Si, de verdad lo creía, lo deseaba. ¿Pero lo hizo? ¡No!¡No lo hizo! ¡Empezó con sus estúpidas explicaciones, sus estúpidas evasivas y sus estúpidas ideas de seguridad! Seguridad por aquí, seguridad por allá ¡Seguridad, seguridad, seguridad! ¡Todo era seguridad! ¡Estúpido Edward y su estúpido instinto de protección hacia mi!¡Y lo peor era que no sabía de que diablos debía permanecer segura! ¡Maldición, ni siquiera sabía que debía estar segura de algo o que estaba en peligro!
Le di un fuerte puñetazo a la mesita de te que estaba frente a mi, olvidando por completo que era de cristal. Se rompió, por supuesto. Pero ese no era el mayor problema.
El problema era que, como era vidrio, los pequeños cristales hicieron que me cortara la mano y una gran parte del brazo.
Pero eso, otra vez, no fue lo peor o más horroroso.
Miré boquiabierta como los pequeños cristales que tenía incrustados salía disparados hacia distintas direcciones, haciendo pequeños ruidos al chocarse con la pared, techo o algún objeto, hasta el ultimo y más pequeño trozo de vidrio.
Entonces, cuando no quedó nada, la herida se cerró. Así, sin más. Se cerró sola ante mis horrorizados y ampliados ojos.
Imposible.
Con mucho cuidado, rocé un tembloroso dedo a mi muñeca, que hace unos segundos estaba ensangrentada.
Mi piel estaba normal. Suave como siempre. Ninguna herida. Ningún corte. Ninguna cicatriz. Como si nada hubiese pasado.
Imposible, volví a pensar.
Es decir, yo sanaba rápido, todos me lo había dicho, yo misma me había dado cuenta a través de lo años, pero esto era demasiado. ¡Por Dios, más que demasiado era aterrador!
Unos suaves toques de puerta me regresaron a la realidad, pero seguí sin moverme y con la vista fija en mi mano.
-¿Bella?- oí llamar a alguien a través de la puerta.
Reconocí su voz inmediatamente. Era Carlisle.
Moví ligeramente la cabeza, con intenciones de aclararme. No funcionó del todo.
-Pasa- dije, sabiendo que me escucharía perfectamente.
Carlisle entró, abriendo la puerta con el duplicado de la llave que le había dado, y cerró la puerta. Le escuché aproximarse a paso moderado a la sala de estar donde me encontraba.
-¿Bella? ¿Te encuentras bien?- me preguntó, seguro viendo mi rostro pasmado.
-¿Uhm?- musité, aun en las nubes.
-Te pregunté si te encontraba bien- repitió, mirándome fijamente.- ¿Qué le pasa a tu brazo?- inquirió.
Eso fue suficiente para hacerme reaccionar. Solté mi mano como si me quemara.
-Nada- dije, ocultando mi brazo tras mi espalda como si tuviese algo malo- Y estoy bien- agregué.
Ni loca pensaba decirle lo que había ocurrido hace unos momentos.
Carlisle me miró con los ojos entrecerrados. Estuvo un buen rato así hasta que su vista se desvió de mi y la fijó en mi mesa de té de vidrio, ahora destrozada.
Otra vez se giró hacia mi, pero esta vez me miró arqueando las cejas.
-Déjame adivinar, ¿Ataque de ira?-
Su afirmación me desconcertó. Supongo que me conocía más de lo que pensaba.
-Si- confirmé.
Asintió para si mismo.
-Y que tiene que ver con Edward- apostó.
-¿Tu que crees?-
Suspiró.
-Supongo también que no deseas escuchar la conversación que tuvimos hace un rato-
-Si no es molestia- dije de forma sarcástica.
Se encogió de hombros.
-Claro que no es molestia- sonrió, repentinamente divertido- Pero, si tu hubieses querido escuchar, entonces ahora sabrías lo que está pasando y por qué Edward me ha puesto a cuidarte-
Me tomó un segundo analizar sus palabras.
-¡Dímelo!- exigí.
-Demasiado tarde- se burló.
Gruñí. El muy maldito me conocía demasiado bien, y como me conocía demasiado bien, sabía que yo me negaría a escuchar la conversación que tuvo con Edward, y luego, cuando él me dijera eso y yo entendiera la situación y le pidiera que me la contara, se negaría.
Volví a gruñir. Todos eran una bola de vampiros estúpidos.
Bueno, a excepción de Esme.
Espera… Ella tampoco quería decirme lo que ocurría a mis espaldas...
Corrijo lo dicho anteriormente
-Te odio.- le dije.
-El odio no es bueno, Bella.-
-Sí, sí, no te pongas sabio conmigo-
El se ríe y sea cerca más a mi.
-¿Quieres que te ayude a limpiar esto? Podemos hacer algo después antes de que te duermas… Supongo que habrás hecho tus tareas-
Puse los en blanco ante su ultimo comentario, como siempre lo hacía cada vez que Papá-Carlisle hacía su aparición.
-Si, papá, ya hice mis tareas- contesté, rodando los ojos.
Él se rió ligeramente y abandonó la sala de estar, para regresar segundos después con un ramo de rosas blancas. Sonreí ampliamente ante sus ya habituales rosas blancas y me acerqué a él. Luego, vi algo diferente, algo que no combinaba con las demás rosas. En el centro había una flor extraña, pero muy hermosa, de color violeta claro, era pequeña y de aspecto delicado, parecía haber sido recogida de algún jardín o bosque.
-¿Y esta flor?- pregunté, confundida.
-¿Te gusta? La encontré en el bosque y decidí incluirla en el ramo- sonrió.
Asentí.
-Claro, viste la flor y dijiste: Es igual de rara que Bella. Se la voy a llevar-
Se rió y me tendió el ramo, yo lo tomé.
-Algo así- dijo.- Tengo que decir que no fue fácil conseguirla-
-Me hubiese conformado con una simple margarita silvestre de por ahí.- le dije.
Él negó con la cabeza.
Para mi sorpresa, tomó la pequeña flor y la colocó en mi cabello, acariciándolo ligeramente, luego me miró, sonriendo.
-Bella, las margaritas son comunes.- empezó- Y tu, como esta flor, no lo eres.-
Sus palabras, involuntariamente, me hicieron sonreír y sonrojarme.
Aun así, con mis mejillas rojas, me las arreglé para poner una expresión seria.
-Carlisle, dime la verdad, no voy reírme. ¿Estas leyendo novelas, o viendo demasiadas películas románticas últimamente?-
Mi broma funcionó, rompió a reír y yo también lo hice.
-Vamos, limpiemos este desorden- me dijo, aún sonriendo.
Luego que limpiáramos el desorden y los vidrios rotos, o que Carlisle lo limpiara ya que él hizo la mayor parte del trabajo, decidimos ver una película. Nos tomó bastante tiempo escoger una.
Tenía muchas películas, y no estoy exagerando. La organización se había pasado esta vez, en todos los sentidos.
Me reí cuando vi la ultima elección de Carlisle.
-¿Buscando a Nemo? ¿En serio?- le pregunté incrédula, aun riendo.
-Es una buena película- Carlisle se defendió.
-¿Qué? ¿Las has visto?- le pregunté. Él iba responder- No quiero saber. - agregué al final- Pero tienes razón, ponla.-
¿Qué? Me gustaba esa película, y hace mucho que no la había visto.
Inconscientemente, pensé en Edward.
Suspiré con tristeza.
Carlisle me miró de manera interrogante, pero le sonreí y miré la pantalla.
(Narrador)
D miraba la escena con una gran sonrisa en la cara, pero a diferencia de la vez anterior, esta era sincera y para nada macabra. Aun así, A la miraba con el ceño fruncido en aparente molestia.
-No deberías dejar que esos dos se junten mucho- dijo A, señalando la pantalla.
-¿Por qué?- le preguntó inocentemente D.
-Sabes por qué- replicó A.
D se rió y se giró hacia ella.
-¡Vamos! ¡Admite que es adorable!-
A solo bufó en respuesta.
D volvió a reírse.
-Si las cosas…-
-Ya lo sé. Y no, no voy a permitir que nada pase- aseguró D.
Vieron en silencio como Bella se quedaba dormida sobre Carlisle, finalmente vencida por el sueño y cansancio. Aunque ella no durmiera como las demás personas, aun necesitaba unas horas de sueño al menos.
Carlisle sonrió cuando se dio cuenta de que Bella se había dormido, apagó la televisión y la llevó a su habitación, depositándola con suavidad en su cama para que no se despertase y la cubrió con las mantas. Era una suerte que Bella se haya puesto pijama antes de dormirse. Finalmente, se sentó a su lado.
Bella se giró en la cama y murmuró algo entre sueños, lo que hizo que Carlisle se riera ligeramente. Él se acercó a ella pretendiendo darle un beso en la frente, pero, al igual que la otra vez, sus labios no llegaron a posarse en su frente gracias a un inesperado movimiento de Bella.
A hizo una mueca de horror.
-¡Ups!- se rio D- ¡Recordando los viejos tiempos otra vez!-
A simplemente negó con la cabeza y se tapó el rostro con la manos.
D se rió una vez más al ver su reacción, pero luego suspiró con desaliento.
-No te preocupes, siempre fue más una amistad que otra cosa, solo que ellos confundieron el sentimiento- dijo D, mirando fijamente la pantalla- Así es, por mucho que me cueste admitirlo.- le aseguró- Aunque siempre es bonito verlos juntos, otra vez- sonrió.
A suspiró.
-Me pregunto que habría pasado si no…
-Si, yo también me pregunto eso- concordó D- Ninguno de ellos estaría aquí ahora-
-Si- asintió- Pero ahora nada de eso va a pasar. Se acabó. Y todo es como debe ser.-
A alejó la vista de la pantalla y fue a sentar en un lado.
-Si- murmuró D- Pero hay algo que, aparentemente, nunca se acabará.-
A la miró, arqueando una ceja.
-El cariño y la complicidad- sonrió.
D hizo un leve movimiento con la mano y la pantalla donde podían ver a una Bella durmiendo se evaporó.
-Si, supongo- dijo A sin darle mucha importancia al asunto.- Oye- le llamó repentinamente preocupada- ¿Que pasa con ese perro del in...?
-No creo que cause problemas- le cortó- Solo esperemos que no abra la boca y le cuente cosas que no debe a Bella-
-¿Y no es peligroso?- insistió.
D negó con la cabeza.
-Defendió a Bella de ese vampiro. No creo que quiera hacerle daño-
A asintió, aunque no muy convencida.
-Bueno- sonrió ampliamente D- Hora del entrenamiento. Hoy te enseñaré lo que vimos hace un rato: Curación. -
Discúlpenme, pero en serio, me había olvidado por completo de subir capítulo. Iba a subirlo mañana sábado, pero entonces recordé que tal vez mañana esté ocupada y no iba a poder subir, así que bueno, aquí tienen el cap.
Sip, el chico con quien se encontró Bella era Emmett. Demasiado obvio, ¿no? Jeep. Chico grande. Todo lo apuntaba a él.
Y creo que también saben quien era la chica de quien hablaba él.
Aunque por el momento no va a tener mucho protagonismo, pero si será importante en la historia.
La pelirroja es Victoria, demasiado obvio también.
Si, el capitulo de Carlisle y Bella ebrios xDD Yo también me rió cada que me acuerdo. Ah, y eso que no saben todo lo que ha pasado. Más adelante Bella se llevará una sorpresa al encontrar… Algunas cosas en su casa xDD
Y D no necesita gravar lo que hicieron cuando estaban borrachos, créeme, ella tiene otra formas de hacer que todos se enteren de lo que pasó… Si ella quisiera, claro.
En cuanto al perro… el perro… ¿Bastante espeluznante, no? xDD Pero tranquilas, no es malo o pretende hacerle daño a Bella, de hecho, el perro salió corriendo esa vez tras un vampiro que estaba allí, pero se le escapó :S
Y no, como habrán podido notar, el perro no es obra de A. Ella hará otra cosa muy diferente… Y muy mala, a Bella.
Con decirles que D, al final, quiere matarla. No lo hace, claro… Porque Bella sale ilesa de la situación, de no se así si lo hubiera hecho.
En fin, estoy abriendo demasiado la boca.
He hecho uno de esos cambios de ultimo momento, lo que significa que Edward y Bella se van a reconciliar pronto ^^ Cuando Bella despierte en el hospital, exactamente.
Se acercan capitulo emocionantes que me encantarán escribir ^^
Y bueno, como no quiero extenderme demasiado (Básicamente porque me muero de sueño xD) aquí finaliza mi nota. El próximo capitulo lo subiré el lunes o martes a lo mucho, es que he estado subiendo capítulos y no he estado escribiendo, así que se me acabaron :S
Gracias a todas!^^
~Xime~
