Cap. 48: Regresando a casa (Parte 4)

La pequeña margarita que saqué del ramo de mi mamá que le trajo mi padre parecía un poco triste sin todos sus pétalos. Hice girar el tallo entre mis dedos y fruncí el ceño. Flores estúpidas. Estúpidos peluches con su piel suave. Ah, y tarjetas estúpidas, estúpidas en forma de corazón.

Todo era una estupidez.

Arrojé con fuerza el tallo al arroyo que había detrás de mi casa.

La margarita dañada flotó por un momento, mientras la rápida corriente se la llevaba hasta que vi que se hundía lentamente.

Se lo tenía merecido por ser estúpida, pensé en una rabieta.

Cruzando mis brazos vacíos, fulminé con la mirada el agua a medida que pasaba corriendo. No tenía nada más que hacer.

Así que acabé estando aquí y contando todas las cosas estúpidas acerca de hoy.

-¿No tienes un buen día?- preguntó una voz familiar.

Me di la vuelta y vi a un muchacho rubio con amistosos ojos azules, sonriéndome.

Fantástico. Lo ultimo que me faltaba para completar mi estupendo día; el chico ese que me paraba siguiendo me había encontrado, otra vez. Desde aquel día que nos chocamos en la calle, no paró de buscarme con el pretexto de que quería devolverme mi pulsera que se me había caído. Sinceramente, yo hubiese preferido que se quedase con ella y me dejara en paz.

Quizás debería contárselo a mis padres y cambiarnos de casa.

O mejor aún, de ciudad.

Empecé a responderle pero entonces noté que él tenía un ramo de rosas blancas en una mano y una caja en forma de corazón con chocolates dentro en la otra.

¡Hasta él había recibido un presente de San Valentín! Decidí no molestarme en hablar con él y me di la vuelta, dándole la espalda, y miré hacia el agua. Tal vez se daría cuenta de una vez por todas que yo era grosera y no quería verlo y se marcharía lejos, muy lejos.

-¿Tienes algo en contra las rosas y los chocolates?- me preguntó en un tono divertido. Yo no pensaba que era gracioso. Ni un poquito. Chico estúpido con su estúpido obsequio de San Valentín, de una chica estúpida.

-Si, ¿Qué pasa si lo tengo?- le respondí, sonando como esos niños brabucones que hay en mi escuela pero que yo nunca les tuve miedo.

-Bueno, parece cómico que tengas problemas con eso. Quiero decir, hay un montón de cosas que no les gusta a las personas. Serpientes, por ejemplo, o arañas.- se estremeció haciéndome poner los ojos en blanco.

En realidad, a mi si me aterrorizaban las arañas, pero no iba a decírselo a nadie, menos a él, y me encantaban las rosas blancas, pero tampoco iba a admitirlo.

-Me puede disgustar lo que quiera, ¿no es así? Soy una persona libre-

Se aclaró la garganta y sonaba sospechosamente como si quisiese ocultar una risa. Tenía muchas ganas de pegarle y ver si pensaba que era gracioso. Porque sabía muy bien que yo podría lanzar un gancho derecho mejor que la mayoría de los niños que conocía.

No, él no tendría ganas de reírse después que yo lo golpeara. Tal ves eso le haría desistir de andar siguiéndome, porque ya no pensaría que era solamente la linda chica pelirroja que se cruzó y quedó encantado, porque se daría cuenta de que, más que una chica, parecía un chico, y por eso nadie se interesaba en mi. Todas las niñas habían recibido algo, menos yo. A mi no me consideraban una chica, porque yo podía correr más allá de lo posible, y tenía más fuerza que la mayoría de los niños.

Eso, mi actitud "extraña", y que mi cabello fuera rojo y mi ojos verdes los espantaban.

-Creo que puedes, pero tengo curiosidad de por qué odias estas cosas. A la mayoría de las niñas les gusta.- el hecho de que ya no sonara bromista, sino confundido, lo salvó de mi puño.

-¿Quieres saber por qué?- le pregunté, moviendo mi mirada del agua hacia él.- Te diré por qué.-

Fruncí el ceño, tragando el nudo que se había formado en mi garganta. Realmente odiaba que esto me dieran ganas de llorar. Las lagrimas solo eran para cobardes estúpidos.

-Estoy escuchando- el chico me convenció.

-Porque eso es lo único de lo que todo el mundo habla hoy. Todos andan por allí con sus corazones de chocolate y peluches estúpidos, mientras caminan por las calles. Tarjetas con esas cursis líneas estúpidas de "Te amo" en ellas. ¡Incluso los niños! Quiero decir, realmente, tenemos nueve años. A esta edad, no amamos a nadie todavía. No de ESA forma. Y para empeorar las cosas, el estúpido de Andrew le dio a Vivienne, mi mejor amiga, una rosa de color rojo y una gran caja de chocolates. ¿Y ella compartió sus chocolates conmigo? ¡Nooo! ¡No lo hizo! Dijo que no sería "romántico" regalar un dulce de su San Valentín. Luego, cuando le pedí sentir los suaves pétalos de su rosa negó con la cabeza y la ocultó detrás de su espalda como si yo tuviera una enfermedad que le pudiera contagiar. ¿Qué tan absurdo es eso, eh? Ciertamente ridículo. Después, vuelvo a casa y mi mamá tiene un enoooorme ramo de flores y una caja en forma de corazón sobre la mesa que le regaló papá. Creí que finalmente conseguiría un dulce, pero, ¿sabes que? ¡La caja se encontraba vacía! ¡Se lo había comido todo! ¿Por qué mantenía entonces una estúpida caja vacía?

Dejé mi perorata furiosa y miré sobre mi hombro al niño a través de mi cabello para ver si él me miraba como a un bebé llorón, pero él tenía esa estúpida sonrisa en la cara otra vez. Supuse que, como él si había recibido un regalo, pensó que el hecho de que yo no lo hubiera recibido era divertido.

Me di la vuelta pensando en pegarle de todas formas y decirle que se largara y entrar de nuevo a mi casa. Sin embargo, sostuvo las rosas blancas cuyo aspecto era ciertamente mucho mejor que la que le regalaron a Vivienne, y la caja de chocolates hacia mi.

Confundida, levanté la vista para mirarle a él.

-Puedes sentir los pétalos todo lo que quieras y comerte cada uno de los bombones tu sola. Lo traje para ti… es decir, si lo quieres.-

-¿A mi? ¿Pero por qué a mi? Apenas nos conocemos y nunca he sido amable contigo- balbucee, sonrojándome, queriendo desesperadamente acercarme y aceptar los regalos.

Me sentía mal porque nadie quería que yo fuera su San Valentín. A todas las niñas que conocía les habían regalado cosas, menos a mi. El estúpido de Santiago se había asegurado de decirles a todos que yo no era una chica porque no actuaba como una, lo que era cierto, pero aún me molestaba.

Pero el chico este si se había acordado de mi y me había traído algo.

Dignidad, Evangeline, no te olvides de tu dignidad. No quieres parece una chica desesperada por un poco de atenciones.

-Es día de San Valentín y, bueno, tu eres la única persona que quiero que quiero que sea mi San Valentín.-

.

.

.

Alguien había muerto.

Lo supe desde que aparecí aquí, sea cual sea el lugar donde me encuentre. Supuse que era Forks por la cantidad de rostros conocidos que hallé, aunque también podría ser algún lugar cercano a este.

Todos estaban vestidos de negro y unos pocos con lagrimas corriendo por sus mejillas. No había mucha gente, e inmediatamente me di cuenta de que la gran mayoría no habían venido porque estimaban a la persona fallecida, o quería darle el ultimo adiós, o darle el pésame a los familiares, sino por el puro chisme.

No me sorprendió, así era la gran mayoría de la gente en esta ciudad, o pueblo.

En realidad, así era la gente en todos lados. No todos, claro, pero si un grupo bastante grande.

Quise acercarme a mirar mejor, y también para investigar quien había muerto, pero por más que lo intenté, no pude hacerlo.

Y fue cuando me di cuenta de que estaba teniendo uno de esos sueños raros. Esos donde solo podía ver, más no participar en ellos.

Volví a intentar acercarme al féretro para saber quien había muerto, pero fue en vano. Desde donde me encontraba observando, solamente podía vislumbrar la mitad de su frente y su cabello, que era aparentemente largo y castaño, así que supuse que era una mujer.

Una mujer… muerta… cabello castaño…

Empecé a entrar en pánico, por un momento creyendo que era yo la que había fallecido y lo que ahora estaba viendo era mi propio entierro. Que ahora era nada más que un fantasma errante y así lo sería por siempre y…

Pero entonces, me vi a mi misma sentada en uno de los bancos, viva, y mis divagaciones se detuvieron. Aunque no me relajé.

Si, verme allí me indicaba que no había muerto, pero aún me preocupaba por la persona que si lo había hecho.

Sobre todo viendo en el estado que yo me encontraba.

Me vi a mi misma, con los ojos llorosos y la mirada media perdida y triste.

Pero luego, eso dejó de importarme menos, y moví mis ojos hacia la persona que estaba junto a mi.

Allí, sentado a mi lado, estaba Edward.

Edward.

Habían pasado solo unos días desde la ultima vez que lo vi, pero a mi me pareció una eternidad. Quise acercarme a él, abrazarlo, besarlo, decirle que lo amaba y que lo había extrañado muchísimo, pero lamentablemente no tenía cuerpo en este sueño y no podía ni siquiera hablarle.

Él tenía sus brazos alrededor de mi y yo estaba apoyada contra su pecho, mientras trataba de tranquilizarme y me susurraba cosas al oído. Aparentemente, nada de lo que hacía parecía funcionar. Yo solo estaba ahí, sollozando sin lagrimas y con la mirada ausente.

Rápidamente, me di cuenta de que estaba evitando con todas mi fuerzas ponerme a llorar. Algo que yo solía hacer siempre, no me gustaba que me vean llorar. Pero aún sin el llanto, me veía realmente destrozada.

Eso, y sumando el hecho de que nunca había asistido a un entierro antes, me hizo darme cuenta de que la fallecida debió haber sido muy importante para mi.

¿Pero quien diablos era?

Presté más atención a la escena para tal vez así averiguar al más.

Me di cuenta de que Edward y yo no éramos los únicos aquí, sino también estaban Esme y Tanya. Esme estaba a mi lado y trataba de consolarme también, mientras Tanya que estaba al lado de Esme, miraba a todos lados con insistencia como si estuviese esperando a que llegara alguien. Me miró a mi, y luego se puso a buscar con la mirada a quien quiera que sea que esperaba.

Suspiró e hizo un discreto, pero apremiante, gesto con la mano a alguien para que se apresurara y señaló a la Bella traumatizada ligeramente con la cabeza.

Un movimiento por el rabillo de mi ojo llamó mi atención, y me volví para ver a alguien haciéndose camino hacia donde estábamos, o estaban… o… ¡como sea!

Por fin, pudo hacer a un lado a la gente que estaba alrededor y pasar.

Era Carlisle.

Usaba un traje oscuro como los demás... lo que es obvio ya que nos encontrábamos en un funeral. Miró a los lados, buscando, hasta que finalmente sus ojos se posaron en mi.

Yo alcé la vista en ese momento y me fijé en él también. La expresión de él decayó cuando vio mis ojos llorosos. Entonces, tal y como pasaban en esas películas románticas y dramáticas que me hacía ver Jenny, mi otra yo se levantó de un salto, deshaciéndome del abrazo de Edward, y corrí hacia Carlisle. Lo abracé, hundiendo la cara en su hombro y finalmente, rompí a llorar.

Tanya suspiró con exasperación y miró a Carlisle en un claro gesto de "¡Por fin llegaste!"

Pero él no lo vio, porque no la estaba mirando a ella, de hecho, no estaba mirando a nadie, solamente a mi, y parecía como si verme así de devastada y llorando le causara algún tipo de dolor insoportable. Me rodeo con sus brazos y sostuvo contra él mientras me susurraba algo al oído. Tomó mi cara entre sus manos por un momento y me dijo algo, me dio un beso en la coronilla y luego volvió a abrazarme, para continuar susurrándome cosas.

Vaya… Bueno… Eso fue… Era… Demasiado intenso.

Inmediatamente me puse a mirar a los lados, para ver quienes habían visto nuestra escenita, y que pensaban de ella.

Para mi gran horror y desesperación, TODOS, nos habían visto. Me habían visto correr desesperadamente hacia los brazos de Carlisle, y como este me consoló, y lo seguía haciendo, ignorando a todo el mundo.

Pero, mientras yo estaba que me moría de la vergüenza y con las ganas de desaparecer, aquí mis amigos seguían abrazados como si el hecho de que todos les estuvieran viendo les importara un soberano cacahuate.

Y al parecer, yo no era la única con vergüenza ajena, porque Tanya parecía igual que yo. Miró desesperadamente a los lados como todo el mundo se había olvidado por completo de la difunta y nos miraban fijamente con los ojos y la boca abierta. Como un ciervo asustado que está a punto de ser arrollado por un auto, vio con ojos desesperados a nosotros y a la gente, como si estuviese buscando una manera de cortar el tan incomodo momento.

¡Por favor, Tanya, haz algo!¡Si me aprecias un poquito, haz algo! Le grité en mi mente, aunque estaba segura que no podía escucharme.

Afortunadamente, Dios escuchó mis ruegos y vi a Tanya hacer un comentario. Funcionó. Todos sonrieron o rieron ligeramente, regresaron a lo suyo y dejaron de mirarnos, excepto la Sra. Anderson, Jessica Stanley, y una mujer que no pude identificar.

Ellos… Nosotros… ¡Como sea! Ya nos habíamos separado, aunque seguíamos muy juntos el uno al otro. Carlisle me dijo algo que no pude escuchar y yo sonreí un poco, lo que le hizo sonreír a él también, y empezó a secar mis lagrimas con un pañuelo.

¡Gracias, Tanya, Gracias! Sea lo que sea que haya dicho, funcionó bien.

La vi relajarse y soltar el aire contenido.

Volví mi mirada hacia Carlisle y mi otra yo, justo para ver como él sacaba una pequeña flor blanca de detrás mi oreja.

Aww ¡Eso fue tan bonito! ¡Siempre quise que me sacaran una flor de la oreja! Pero, obviamente, nunca nadie lo había hecho. En realidad, ese truco solo lo había visto en un par de películas y algunos libros.

Se que es un poco tonto, pero es una de mis pequeñas ilusiones que me hacía de vez en cuando.

Yo sonreí cuando Carlisle me puso esa misma flor en el cabello, y me reí ligeramente cuando me saqué la flor y se la puse a él. Al principio frunció el ceño, pero luego sonrió cuando me vio reír. Al final, movió la cabeza y puso la flor nuevamente en mi cabello.

Moví mis ojos hacia donde estaba el resto nuevamente, y vi que Edward, Tanya, y Esme hablar entre si, aparentemente aliviados de que yo estuviera anímicamente mejor.

No se como, no se cuando, no se por qué, pero D apareció de la nada, usando un vestido negro que volaba con el viento al igual que su largo cabello y le daba un aspecto casi irreal. Se acercó a Edward sin que nadie se de cuenta, silenciosamente, de una manera peligrosa, y yo tuve el impulso de interponerme entre ella y él. Nadie se había dado cuenta de su presencia hasta ahora. Inclinó lentamente la cabeza hasta la oreja de Edward y él saltó por la sorpresa. Ella sonrió, disfrutando demasiado ver su miedo y le susurró algo que hizo que Edward nos mirara fijamente a Carlisle y a mi, luego, se enderezó y corrió hacia donde yo estaba, tocando mi hombro para llamar mi atención.

Mi otra Bella se giró y la abrazó, acción que ella correspondió rápidamente. Ella pasó la mano por mi cabello en un gesto reconfortante que yo he visto a las madres utilizar con sus hijos.

Miró unos segundos a Edward, y otra vez, tuve el impulso de interponerme entre él y la espelúznate mirada que ella le dirigía.

"Te lo digo de buenas maneras, niño. Tu no me agradas, nunca lo haz hecho y probablemente nunca lo harás. Te tolero únicamente porque, por alguna extraña razón, Bella parece quererte a ti, y se niega a ver más allá. Porque créeme, hay muchas opciones para ella mucho mejores que tu, y si de mi dependiera, te hubiera quitado del camino hace tiempo. Tienes una oportunidad y solo una oportunidad. No la desperdicies. Porque si le haces daño, o le hacen daño por tu culpa, serás tu el pague y reciba el castigo. ¿Me entiendes? Hazla sufrir veras lo que te pasa. Esta es tu primera y única advertencia."

.

.

.

Cuando D llegó a lugar indicado, inmediatamente se dio cuenta de que había llegado tarde. Bella ya se encontraba allí, podía sentirlo.

Aquello le alivió un poco, por fin, ella había dejado el territorio de los Dreamers. Había logrado escapar y ahora estaba aquí.

Pero no estaría completamente tranquila hasta que lograra llevarla a casa, de vuelta a su cuerpo humano, con ella, los demás, y… Edward.

Torció el gesto con disgusto.

Si ella es feliz con él… No tengo otra opción. Pensó, suspirando.

Solo esperaba que esa relación no termine en desastre, o peor aún, dañando a Bella.

Porque esta era su ultima oportunidad, la ultima oportunidad que le estaba dando a él para estar con ella, y no le daría ninguna más. Al mínimo indicio de que la vida de Bella peligrara, sufriera, o saliera… herida, lo que tenían ellos se acabaría. Ella misma se encargaría de eso. Y esta vez para siempre. Le haría pagar en caso de que fuera el culpable directo del sufrimiento de Bella, igual como planeaba hacer con todos los demás.

Y su primer objetivo sería la Organización.

Primero lo primero, tengo que poner a salvo a Bella.

Caminó siguiendo el rastro de Bella por las deprimentes calles casi vacías. La enfermedad y la muerte eran palpables en el ambiente.

¿En serio, A? ¿Tenías que enviar a Bella a esta ciudad, específicamente, en estas fechas?¿Que pasa si encuentra con…?

Otra vez, se preguntó que tenía ella en la cabeza para hacer este tipo de cosas. Primero, la hace retroceder en el tiempo, y luego, como si eso fuera poco, ¡Hizo un trato con los Dreamer y dejó que se la llevaran! ¿Quién en su sano juicio hace un trato con los Dreamers?

Nunca debió haberle enseñado a usar sus poderes, pensó. Si ella no lo hubiera hecho, no habrían sucedido estas cosas. Ahora ella no estaría deambulando por las calles de Chicago para rastrear a Bella, y la pobrecita nunca hubiera tenido que para por todo esto.

Pero, ¿Quién iba a pensar que la pequeña e inocente A iba a causar tantos problemas?

D se dijo que iba a mantener un ojo en ella de ahora en adelante. Tal vez, con todo lo que había pasado, ella ya había aprendido la lección y no volvería a arruinar las cosas, pero uno nunca sabía. D ya no confiaba más en A.

Y probablemente pasara un largo tiempo para que volviera a hacerlo.

De pronto, ella dejó de caminar abruptamente y se detuvo en seco.

No, no, no, no….

Retomó su marcha, esta vez corriendo desesperadamente por las calles, soltando una sarta de maldiciones en voz baja. Había estado tan distraída en sus propios pensamiento y en el hecho de que Bella estuviera de regreso en el mundo humano que no había puesto atención al lugar donde ella había parecido.

Su carrera dejó de ser elegante y aumentó la velocidad. En su camino se chocó con algunas personas, casi derribándolas en el proceso, pero ellos no le dijeron nada, y ella tampoco se quedó para disculparse. Tal vez, viendo sus ropajes de color negro y la desesperación en su rostro, creyeron que era alguna joven viuda o alguna pobre chica que había perdido a alguien en la actual pandemia. D no pensó mucho en eso. De hecho, ni siquiera le importó. En ese momento, solo tenía un objetivo: Llegar hasta Bella.

Cuando sus pies casi ya no rozaban el suelo y aún así no llegaba a su destino, se dio cuenta de que nunca lo haría en forma corpórea. El hospital todavía estaba muy lejos, y a pesar de que ya no corría a velocidad humana, no llegaría.

Aún corriendo, se desmaterializó en un segundo y desapareció en el aire. Tampoco le importó que alguien le pudiera ver esta vez.

Apareció en la entrada del hospital donde estaba Bella y, cuando vio la fachada, comprobó lo que más había temido.

De todos los hospitales… De todas las ciudades… De todos lo años…

Maldiciendo internamente, y a la vez rogando para que Bella no se haya encontrado con él, entró a trompicones al hospital y se internó en el. Todos allí estaban demasiado enfermos o demasiado ocupados con los pacientes para que se percataran de que una chica con aspecto perturbado y mirada desesperada se había colado. D lo sabía, pero estaba dispuesta y preparada para encargarse de cualquiera que se atravesara en su camino y le impidiera encontrar a Bella.

Por primera vez desde que empezó su loca carrera, se detuvo un segundo y cerró los ojos. Estaba tratando de localizar a Bella.

Allá. Pasillo derecho, luego izquierdo, ultima sala.

Y empezó a correr de nuevo.

Estaba preparada para derribar la puerta si era necesario, ella tenía que entrar y encontrar a Bella, pero afortunadamente no tuvo la necesidad de hacerlo, porque las puertas estaban abiertas.

Entró y miró a todas las direcciones con desesperación. No había ningún personal medico en la sala, lo cual agradeció, aunque ese no hubiera sido un impedimento para ella.

Y entonces la vio.

Allí.

Sus miedos se hicieron realidad en ese momento, comprobando lo que tanto había temido, y lo que había querido evitar. La razón por la cual había corrido como una loca y se había desesperado tanto.

Había fallado. Otra vez.

Junto a una Bella hecha un mar de lagrimas, estaba un moribundo, y humano, Edward.

Lo que tanto había querido evitar, estaba sucediendo. Había llegado tarde. Eso, precisamente, era lo que tenía que evitar. Bella no podía encontrarse aquí con Edward, y menos en ese estado lamentable. Sabía que Bella se iba a poner histérica.

Pero aquella preocupación quedó en el olvido cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando, de lo que Bella estaba haciendo.

De las manos de Bella, que estaban puestas cuidadosamente sobre el pecho de Edward, estaba empezando a salir una ligera luz que se iba incrementando con el tiempo.

No.

-¡NOO!- gritó, corriendo hacia donde estaban ellos.

Probablemente su grito se escuchó por todo el hospital, pero a ella no le importó en ese momento.

Se lazó sobre Bella y la apartó de él a jalones, haciendo que la luz que surgía de sus manos desaparezca por completo. Inmediatamente, miró a Edward para ver cuando daño había hecho Bella, o mejor dicho, cuanto lo había curado. No había pasado mucho tiempo, así que no pudo ser mucho.

Efectivamente, no había sido mucho. Lo único que aparentemente había hecho era sedarlo. Lo más probable era que solo le hubiera concedido uno o dos días de vida.

En cuanto a Bella, ella empezó a retorcerse entre sus brazos intentando liberarse de su agarre y volver con Edward. No la miraba, ni siquiera se había dado cuenta de que era ella quien la sostenía. D intentó calmarla hablándole, pero ella no parecía entender.

-¡No! ¡Déjame!¡Suéltame! ¡Tienes que soltarme!¡Tengo que…!- no terminó la frase, en cambio trató de quitar los brazos de D con sus manos.

D la liberó, pero inmediatamente la cogió con fuerza por lo hombros y no la dejó irse.

-Bella… Bella. ¡Bella! ¡Escúchame! ¡Cálmate!¡Tienes que calmarte!- intentó, inclinando la cabeza para mirarle a los ojos, pero ella seguía igual.- ¡BASTA! ¡Bella!-

No tuvo más remedio, soltó su mano derecha de su hombro y le propinó una bofetada. No quería hacerlo, pero no sabía que más hacer para que se calmara.

Funcionó, un poco. Ella dejó de gritar, pero seguía sollozando y con la mirada desesperada.

Bueno, se dijo D, que dejara de gritar como histérica era suficiente, ahora al menos la escucharía.

-Escúchame, Bella. ¿Vas a escucharme?- le preguntó con suavidad-

Bella la miró con ojos llorosos y asintió lentamente.

-Está bien. Mira, esto no…-

-¿Qué sucede aquí?- una voz extremadamente conocida preguntó.

D se quedó congelada en su lugar, su cerebro en blanco y juró que su corazón dejó de latir un momento. Esto no podía estar pasando. Simplemente no podía. No podía. No podía.

Pero estaba pasando.

De todos lo doctores que hay aquí...

No necesitaba girarse para saber de quien era la voz, pero aún así, lo hizo. Lentamente, así como en esas películas de terror baratas.

Después de un largo segundo de inactividad, su cerebro empezó a trabajar de nuevo y se enfocó en actuar normal. Solo esperaba que Bella no perdiera la cabeza de nuevo y dijera…

-¡Carlisle!-

Vio como, misma telenovela, Bella corría desesperadamente hacia él y empezaba a llorar otra vez, solo que esta vez estaba rogándole para que no lo dejara morir y lo salvara, ignorando los intentos de Carlisle para calmarla.

D conocía esa mirada en sus ojos, había visto esa desesperación en ella antes, apareciendo únicamente cuando se trataba de Edward, haciéndola actuar de manera que la misma Bella habría tachado de humillante e histérica. Sobre todo humillante. ¿Cuándo ella le había implorado algo a alguien? Claro, pero cuando se trataba de él, a ella no le importaba rebajarse a hacer eso.

Todo lo que había querido evitar estaba ocurriendo. Y para completar, ¡Carlisle aparece y Bella se pone a suplicarle y a actuar como si lo conociera!

Y, cuando D pensó que nada podría ponerse peor, Bella levanta la vista y le mira a él directamente a los ojos.

Carlisle dio un fuerte respingo y se alejó un poco de ella, para luego volver a acercársele y mirarla fijamente a los ojos.

La había reconocido.

Y no del futuro, sino del pasado.

¡¿Cómo diablos la reconoció mirándola a los ojos?! Pensó ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué estaré pagando? ¡Si yo no he hecho nada! Al menos, no todavía. Planear vengarme no cuenta… ¿verdad?

Así que aquí estaba ella, en un hospital, con un vampiro que había entrado en un aparente estado shock, con una Bella media histérica, y con un humano moribundo. Con muchos humanos moribundos.

Ella podía darle un retoque a su memoria, pero nunca antes lo había hecho y temía que algo saliera mal y complicara más las cosas. No quería ser igual que A.

Y pensar que, ella siempre bromeaba con eso de "Recordar los viejos tiempos" Pero era solo eso, una broma. Ella nunca quiso que recordaran de verdad, porque A tenía razón en eso, nadie, absolutamente nadie, podía recordar. Las cosas se arruinarían.

Ha estado todo este tiempo con ella… ¿y justo ahora se da cuenta de que Bella es…. ella?

No podía creer que justamente eso estuviera pasando.

Y ahora… ¿Qué? ¿Me hago la tonta?

Se aclaró la garganta y dio un paso al frente.

-Buenas tardes.- saludó tranquilamente, con una sonrisa amable. Tiró de Bella lejos de él y enganchó con fuerza un brazo con el de ella. Carlisle seguía mirando a los ojos de Bella, y esta seguía sollozando. D estaba tentada a abofetearla otra vez, pero no quería hacerlo, y menos delante de Carlisle.

-Siento mucho todo este alboroto. Es que… ¿ve a ese chico de allá?- señaló a Edward con la cabeza, él apenas lo miró, seguía mirando a Bella.- Verá, él es un... amigo de… mi prima Bella- se aseguró de resaltar su nombre.- Y, ya ve, aquí la pobrecita se puso muy mal al verlo en ese estado, le pido disculpas por…-

-D.- la interrumpió Bella, que por fin había dejado de llorar, aunque su voz era temblorosa.- No sigas. Creo que podemos confiar en él y decirle…- tomó una respiración profunda, tratando de calmarse.- Déjame hablar con él.-

Ella la miró un momento, luego a Carlisle, que aún parecía absorto mirando a Bella. Al menos, pensó D, no había corrido a abrazarla o algo así.

D suspiró.

¡Qué diablos! Ya se fregó todo.

Ella simplemente hizo un gesto de indiferencia con los hombros y se alejó, dándole a entender que haga lo que quiera. Bella pareció entenderlo bien porque, cuando D miró por encima de su hombro un minuto después, ya no estaban ninguno de los dos.

Volvió a suspirar.

Empezó a mirar a su alrededor, pero luego dejó de hacerlo cuando se dio cuenta de que, efectivamente, estaba rodeada de enfermos. Por alguna razón, ver aquello le produjo un retorcijón en el estomago, y no era asco precisamente.

¡No es tu problema! ¿O que? ¿Te vas a poner a curar a todos así como Bella? La compasión no es lo tuyo, D. Piensa. No. Es. Tu. Problema.

Estaba pensando en que tal vez debería esperar a Bella afuera, cuando escuchó:

-Ángel…-

Inmediatamente se giró hacia donde provenía la voz, aunque ella ya la había reconocido. Lo que no se había dado cuenta era que, sin querer, se había parado justamente al lado de la camilla de Edward.

Que no me lo esté diciendo a mi porque ahí si que…

Pero, para su alivio, se dio cuenta de que seguía dormido gracias a Bella, y muy probablemente esté soñando con ella.

Se giró para irse, pero cuando estuvo cerca de la salida, regresó y se situó al lado de Edward. No hizo ni dijo nada, solo lo observó por buen rato. Miró a los lados, como si no quisiese que alguien la vea y se inclinó un poco hacia él.

-¿Por qué?- le preguntó suavemente, aunque sabía que no iba a obtener una respuesta.- ¿Por qué siempre la quieres a ella?... De todas… ¿Por qué a ella?-

-Ángel… Mi ángel...- volvió a murmurar entre sueños.

D gruñó y se alejó.

-Ella no es tu ángel, niño idiota. No es el de nadie. ¿Por qué no estás con la pareja que crearon especialmente para ti y la dejas en paz? Todos se han dado cuenta. Carlisle ya recapacitó… o al menos lo hará -

Espero que lo haga.

Suspiró y cruzó los brazos. Luego agregó:

-Tampoco entiendo que es lo que Bella ve en ti para… quererte. Quiero decir, mira- señaló la salida- Estuvo colada por Carlisle un tiempo, y después la vi ilusionarse con ese… perro de Jacob. Pero solo fueron temporadas. Todo fue temporal. En cambio tu…Tu no. ¿Por qué? ¿Qué tienes de especial?-

Lo miró por todos lados, estudiándolo con atención por un largo rato. Estiró una mano hacia él y la pasó por su cara y parte de su pecho. Una extraña luz empezó a salir.

D soltó un respigo y se alejó.

¿Pero qué diablos…? ¡Su alma reaccionó ante mi!

Eso no debió haber pasado. No debió haber pasado. Ella no tenía poder sobre las almas, nadie lo tenía, solo los… Que se encargaban de transportarlas, pero ella no era una Transportadora. Su alma no debió responder a ella.

¿Qué había pasado?

A menos que…

¿Este chico tenía el alma asequible porque había hecho un trato con…?

No. Definitivamente no. La sola idea le resultaba imposible. Además, si ese fuera el caso, el que debería tener acceso a su alma sería con quien había hecho el trato, y con ella no había hecho ningún trato.

Entonces, ¿Qué?

D no quería seguir más con él, ni dentro de ese deprimente lugar, así que decidió esperar afuera a Bella.

"Te espero afuera" le dijo a Bella mentalmente mientras cruzaba las puertas de salida del hospital.

Se paró en la calle y cruzó los brazos, dispuesta a esperar, tratando de olvidar lo que había pasado hace unos segundos.

Al final, decidió sentarse en la acera y apoyó su mejilla en una mano.

Seguramente, pensó, esos dos se van a demorar. No se preocupaba por Bella, la ultima vez que la vio estaba más tranquila y en caso de que se pusiera histérica otra vez, seguro Carlisle podría tranquilizarla. Y en cuanto a él… Bueno, D estaba segura de que no abriría la boca hablándole cosas del pasado o llamándola por su antiguo nombre. Él era lo suficientemente inteligente para no hacerlo, sobre todo viendo que ahora ella se llama Bella y no se acuerda de él.

Eso debe ser duro, pensó D. ¿Qué haría si enterara de que cuando ella murió estaba emb…?

Cerró los ojos un segundo y negó con la cabeza.

Se los imaginó brevemente, y no pudo evitar reírse un poco al colocar la canción Let Me Go, de Avril Lavigne, de música fondo.

Fue bonito mientras duró. La hizo muy feliz, y cuando Bella es feliz, yo soy feliz.

-¿D?-

La pequeña mano de Bella se posó en su hombro y la tomó por sorpresa, pero no lo mostró. Simplemente se levantó y le sonrió.

-¿Estás bien?- fue lo primero que le preguntó.

Ella asintió y le devolvió la sonrisa.

-Ahora lo estoy- desvió la vista y susurró.- Perdón por actuar como una loca, pero es que…-

-Lo sé. Entiendo. No te preocupes. Más bien perdóname a mi por haberte pegado.-

-Me lo merecía.- dijo Bella, haciendo que D se riera un poco.

Silencio.

-Supongo que me exigirás explicaciones.- comentó D.

Pero, para su gran sorpresa, Bella negó con la cabeza.

-Después, quizás. Ahora no. Quiero deshacerme de este horrible vestido largo que no se como apareció e irme de aquí. Solamente quiero ir a casa.-

D asintió.

-Está bien.-

Ella se sentía feliz de que por fin pueda hacerlo. Además que ella también quería regresar. Tal vez no se cansara físicamente, pero mentalmente estaba hecha pasta.

Solo que, para ella, su trabajo no había terminado. Y no lo haría en un buen tiempo.

Bueno, pensó, supongo que podré descansar un poco cuando llegamos a Forks y deje a Bella con los Cullen.

Esa era otra cosa. Iba a tener que presentarse ante ellos.

Suspiró mentalmente. Al menos ya tenía un nombre decente. Denisse. Eso la hizo sonreír un poco.

-Oye, D.- la llamó Bella.

Estaban dirigiéndose hacia un lugar despoblado para poder crear el portal y regresar. No podían hacer en cualquier lugar donde las podían ver.

-Hablé con Carlisle y… Bueno… Al final, sucedió algo raro.-

D se tensó de inmediato.

No, no, por favor, no.

-¿Raro? ¿Qué fue lo raro?- medio tartamudeó. Deseó que ella no lo hubiera notado.

-Es que, cuando me abrazó, me dijo al oído "Juntos somos fuertes"- frunció el ceño.- Pero, ¿sabes que fue lo más raro? Que, por alguna razón, yo le respondí "Y nadie podrá pararnos" Luego, me empezó a doler la cabeza- lo pensó por un momento.- ¿Qué se supone que fue eso?-

Ya está, se ha descubierto todo. Él lo descubrió todo. A tenía razón, lo arruiné. Nunca debí dejar que esos dos se volvieran tan cercanos. Lo único bueno es que Bella parece no recordarlo todo todavía.

Bella la miraba aún, con expresión confundida y esperando una explicación.

D no la miró y siguió caminando. Solo se encogió de hombros y le dio la única respuesta que se puede dar en estos casos:

-No tengo ni la menor idea.


¡Hey! Si, subí el capitulo antes de tiempo, pero, mejor ¿no? xD Espero que les haya gustado ^^ Ahora mismo estoy trabajando en el siguiente, y lo más probable es que lo suba el próximo fin de semana, pero si lo termino antes así como ahora lo subo.

Sip, lamentablemente, la visión de Bella es cierta. Alguien va a morir, y es humana. ¿Quien creen que sea? :'( Créanme, para mi tampoco es fácil matarla.

Ya quiero llegar al siguiente capitulo para la reconciliación de Edward y Bella! ^^ Y también la presentación de D xD

Hasta la próxima! Besos ^^

~Xime~