Cap. 49: Aclaraciones y reconciliación
Todo daba vueltas.
En un segundo había estado en un oscuro callejón, y en el otro estaba calleando en algún tipo de abismo negro que no parecía tener fin. Quería abrir los ojos, gritar, algo, pero por más que me esforzaba no podía hacer nada. Solo sentía la horrible sensación de caer y caer. Lo único que me mantenía cuerda era el hecho de que D seguía sosteniéndome con fuerza, porque de no ser así, seguramente hubiera entrado en un terrible ataque de pánico.
Y, cuando creí que esto nunca terminaría, se detuvo.
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Oscuridad.
Silencio.
Vacio.
-¿Bella?-
Escuché a una voz familiar llamarme, pero el sonido me resultaba muy lejano, como en un sueño.
-¿Está volviendo en si?-
-Ha empezado a respirar por si sola desde hace unas horas-
-Gracias a Dios.-
Un ligero gemido llenó el silencio, y me tomó unos segundos darme cuanta de que era yo quien lo produjo.
-¿Bella, puedes oírme?-
Quise responder, o al menos moverme, pero todavía no podía sentir el completo control de mi cuerpo. Luché contra mis parpados pesados.
Por fin, pude conseguir mantener mis ojos abiertos. Parpadee. Al principio, lo único que podía vislumbrar eran siluetas y colores borrosos, pero mi vista se fue enfocando como pasaron los segundos. Teniendo más control de mi misma, tomé una gran bocanada de aire, sintiendo como si no hubiera respirado en un buen tiempo.
-Bueno, hasta que por fin decidiste regresar al mundo de los vivos.-
Moví la ojos hacia la izquierda para ver a Tanya a mi lado apoyada contra la pared, mirándome con diversión.
-Bella, ¿Cómo te sientes?-
Volví a mover mis ojos hacia el otro lado y me encontré con los preocupados ojos dorados de Carlisle y Esme. Iba a responder, pero Tanya me interrumpió.
-En fin, viendo que la Bella Durmiente ya despertó de su profundo sueño embellecedor, yo me voy. Mi turno como voluntaria aquí aún no termina y no quiero que me encuentren aquí. Nos vemos luego.-
Se despidió alegremente con la mano serpenteando los dedos y desapareció silenciosamente por la puerta. Estaba actuando más amable conmigo de lo normal y parecía feliz. Quizás Edward…
Edward.
-¿Dónde está Edward?- le pregunté, siendo mis primeras palabras desde que había despertado o recobrado la conciencia.
Las pequeñas sonrisas de alivio que se habían formado en los rostros de Carlisle y Esme decayeron con mi pregunta. Ambos se giraron hacia si e intercambiaron una mirada.
-Carlisle.- le llamé. Él regresó su vista hacia mi inmediatamente.- ¿Dónde está Edward?- repetí.
Pero no me respondió, ninguno de los dos lo hizo, en cambio volvieron a mirarse entre ellos en silencio. Esme asintió para él, me sonrió tranquilizadoramente y salió por la puerta al igual que Tanya.
Me senté en la camilla en cuanto se fue y me quité yo misma la via intravenosa y todo lo que tenía puesto. No lo necesitaba. Ya no.
Carlisle regresó su vista de la puerta hacia mi y abrió la boca para decirme seguramente que no debía quitármelo, pero yo le interrumpí.
-¿Dónde está Edward?- le volví a preguntar lentamente, con los dientes apretados. El tono de voz que use me dio miedo hasta mi misma.
Carlisle no me miraba y se acercó a mi con indecisión. Finalmente, llegó a mi lado y me miró a los ojos.
Algo dentro de mi se encogió, no presagiando nada bueno.
-¿Carlisle…?-
-Lo siento mucho, Bella.-
-¿Qué?-
-En serio, realmente lo intenté, pero él…-
En ese momento, todo desapareció y dejó de importarme. Sentí un horrible desgarro en el pecho, así como sentí cuando lo vi allí, muriendo, solo que esta vez era más fuerte. Mucho más fuerte. Insoportable.
No. No. No. No. No. ¡NOO! Esto no podía estar pasando. ¡No podía! ¡Era imposible! ¡Edward no podía…!
Ni siquiera podía pensar esa palabra.
¿Pero como podía ser eso posible? Si Carlisle… ¿Por qué diablos Carlisle estaba sonriendo?
La compresión me llegó en un segundo y me golpeó como una bola de demolición.
Tomé una respiración profunda y cerré lo ojos, tratando de calmarme y sintiéndome la idiota más grande del mundo.
-Lo que me dijiste hace un rato no era cierto.- dije con voz calmada.
-No.-
-Entonces Edward está bien y vivo.- suspiré.
-Si.-
-Todo era una maldita broma.- continué muy tranquila.
-Lo siento, no pude evitarlo- empezó a reírse.
Abrí los ojos, deshaciéndome de mi fachada tranquila.
-¡Eres un maldito…!- empecé a gritar.
-Hey, espera, Bella, no creo que quieras meter a mi madre en esto, ella no tiene la culpa de nada.- me cortó, todavía sonriendo.
Gruñí, realmente gruñí. Sujetando con fuerza las sábanas, lo único que quería era levantarme y asesinar a Carlisle de una manera lenta y dolorosa. ¿Cómo podía bromear con algo tan serio? Ah, pero me las iba a pagar. No se como, pero me las pagaría. Solo iba a esperar el momento adecuado, y entonces, obtendría mi venganza. Esto no se quedaría así. Ya verá. Maldito… Vampiro. Aunque yo tenía la culpa también, me había dejado llevar por el dolor del momento y no había pensado lógicamente como debería ser.
Una parte de mi, la que no quería estrangular a Carlisle, estaba feliz y aliviada de que todo hubiera sido una estúpida broma suya. La sola idea de Edward… no podía ni pensarlo. Temía que mi extraño e inexplicable viaje al pasado hubiera efectuado cambios en el futuro, sobre todo en el de él.
Me alegraba que no fuera así.
Suspiré.
Todos habían estado aquí cuando desperté, todos… menos él. ¡Hasta Tanya! Supuse que yo no era tan importante para él como lo era para mi, y no quería desperdiciar su valioso tiempo para darme una visita.
Bueno, lo único que me importaba era que estuviera bien, vivo... aún cuando no estuviera conmigo.
Pero no voy negarlo, me hubiese encantado verlo a mi lado cuando desperté, para decirme que él estaba ahí y todo iba a estar bien, que muy pronto saldría de este odioso hospital, que regresaría a casa y todo volvería a ser como antes de que nos peleásemos, que me quería… No obtendría nada de eso. Supongo que lo que me había pasado no había cambiado nada.
Casi sonreí al recordar cuando Edward me confundió con un ángel allá en ese hospital. Yo estaba tan histérica que apenas le había escuchado, pero estaba segura que lo recordaría por siempre, así como cada una de sus palabras. Después de todo, no estaba segura si algún día me las volvería a decir, o peor, lo volvería a ver.
-¿Bella?- me preguntó Carlisle, sacándome de mis pensamientos.- ¿Qué sucede?- alcé la vista y me encontré con sus ojos nuevamente preocupados.- Si es por la broma de hace un rato, yo…-
-No, no es por eso.- murmuré.- Aún estoy molesta contigo por tu estúpida broma, pero no es por eso.- mis voz se quebró un poco al final y desee que él no lo haya oído, aunque seguro si lo había hecho.
Él se acercó y se sentó a mi lado en el filo de la cama, tomando cuidadosamente mi mano entre las suyas.
-Entonces, ¿Qué está mal?.-
Edward no está aquí, eso está mal.
-Pensé… Pensé que Edward estaría aquí cuando despertara.
Dejé escapar un suspiro, y me arrepentí de haberlo hecho cuando salió entrecortado. Moví la cabeza, tratando de restarle importancia.
-Lo siento, Bella.- se disculpó, apretando ligeramente mi mano.-Es culpa nuestra. Hace días que no había salido a cazar y nosotros prácticamente le obligamos a hacerlo. No sabíamos que ibas a despertar hoy.- viendo que yo aún seguía con la cabeza gacha, continuó.- Él ha estado contigo desde que.. Bueno, desde que… te encontró inconsciente. Créeme, no es que no le importes.-
Así que Edward fue el que me encontró, eso no lo esperaba. Me pregunto que habrá pensado en ese momento.
El hecho de que Edward haya estado aquí conmigo hizo que mi corazón dejara de doler y ya no me sentía triste o decepcionada, porque Carlisle no me mentiría en eso. Edward había estado aquí conmigo todo el tiempo, eso quería decir que realmente me quería.
Asentí, para hacerle saber que estaba escuchando.
-Intentamos comunicarnos con él para decirle que habías presentado mejorías en las ultimas horas pero no respondía el teléfono… Por eso Esme ha ido a buscarlo. Tanya lo hubiera hecho pero, como ves, se ha ofrecido como voluntaria los fines de semana y su turno aún no termina.-
Entonces era cierto lo que dijo… Tanya era voluntaria en el hospital… Definitivamente eso era algo que no me entraba del todo en la cabeza. ¿Lo hacía porque realmente quería ayudar o porque estaba a obligada a hacerlo? Me pregunto que otras cosas raras habían pasado en mi ausencia.
Carlisle bajó la vista, repentinamente nervioso. Se aclaró la garganta ligeramente y yo levanté la mirada para verlo directamente, aunque sin decir nada todavía.
-Uhm…Bueno, yo…- suspiró.- Yo pensé que mientras ellos regresaban tal vez podríamos hablar sobre… Sobre tu repentino estado de inconsciencia y tu inexplicable viaje al pasado.- me miró, expectante.
Suspiré y me pasé una mano por la cara. Supongo que debía haber sabido que Carlisle me preguntaría esto.
-Realmente, Carlisle, no tengo ganas de hablar sobre eso. Básicamente, porque no tengo ni la menor idea que pasó, pero aclararé tus dudas en cuanto sepa algo y me sienta con ánimos de hacerlos, ¿está bien?-
Afortunadamente, él asintió.
-Está bien, no voy a presionarte.-
Asentí. Bien. Presión era lo menos que necesitaba ahora.
-Bella, hay algunas cosas que tienes que saber.- me dijo de pronto y yo volví a mirarle con atención, repentinamente preocupada por la seriedad en su voz.- Tus cosas no están donde las guardaste.-
Mi expresión cayó, sabiendo perfectamente a que cosas se refería él.
-¡¿Qué?!- exclamé.
-Tranquila, no es lo que piensas. No han desaparecido o se las han robado. Solo las cambié de lugar. No fue fácil esconderlas con los demás andando alrededor, pero si no lo hacía alguien podría haberlas encontrado con facilidad, aunque las tengas en un cajón con llave.
-Que seguramente Tanya hubiese insistido en abrir.-
-Exactamente.- coincidió.- Lo que no hubiese sido difícil considerando que tus llaves estaban debajo de tus almohadas, incluyendo la que abre el cajón-
-¿Y donde está ahora?-
Carlisle sonrió y sacó de su bolsillo la pequeña llave, sujetándola delante de mi.
-Te la devolveré cuando salgas del hospital.- me prometió mientras la volvía a guardar.- En cuanto a tus cosas, están ocultas bajo el suelo de tu armario. Me aseguré de colocar bien las maderas en su lugar para que no se notara.-
¿En serio hizo todo eso por mi?
-¿En serio hiciste todo eso por mi?- dije esta vez en voz alta.
Él sonrió y asintió.
-Te prometí que siempre te ayudaría.-
Me relajé y solté el aire contenido. No podía ni imaginar que habría pasado si alguien, especialmente Edward, hubiera encontrado mis cosas de cazadora. Es decir, ya había visto algunas esa noche cuando entró a mi habitación, pero no todo. No había visto las cosas que me dejaron en la puerta de mi casa y que Carlisle encontró, descubriendo por fin mi verdadera identidad. Aún así, él nunca me delató o dudó de mi.
Y ahora, estaba guardando mi secreto y me había ayudado a ocultar mis cosas para que nadie las encontrara mientras estaba inconsciente en el hospital. Él realmente era un gran amigo, no tenía ni idea de que hubiera hecho sin él. Y yo no merecía todo esto.
-Realmente no se como agradecer todo lo que has hecho por mi hasta ahora. Mi vida ha vuelto a ser un desastre y no se que hubiera hecho sin ti…-
Me acerqué a él y lo abracé, rodeando su torso con los brazos y apoyando mi cara en su pecho.
-Está bien, no tienes que agradecerme nada… Solo prométeme algo- me pidió.
-¿Qué?- le pregunté, sin alzar la vista de su pecho.
Él me dio un beso en la coronilla y ocultó la cara en mi cabello.
-Prométeme que te quedarás con nosotros y no volverás asustarnos de esta manera. Prométeme… prométeme que cumplirás tu promesa.-
Sonreí y me apreté más contra él.
-Lo prometo.-
Lo sentí sonreír por un momento, pero luego suspiró y pasó con suavidad una mano por mi cabello.
-Por un momento creí que no… creí que te había perdido de nuevo.- sollozó.
Eso me sorprendió, nunca lo había oído sollozar ni nada de eso, y no esperaba que lo hiciera por mi.
Tragando el nudo que se había formado en mi garganta y reteniendo las lagrimas, dije:
-Créeme, Carlisle, soy un hueso muy duro de roer.- me aparté de él para mirarle y sonreí.- Así que realmente espero que quieras que me quede contigo, porque no te libraras de mi tan fácilmente.-
Él sonrió ampliamente y volvió a abrazarme.
Unos ligeros toques de puerta nos sobresaltó. Alzamos la vista al mismo tiempo para ver a Tanya asomar la cabeza por la puerta.
-Hola. Siento mucho interrumpir su tan... emotivo momento, pero hay algunos chicos aquí que están preguntando por Bella y quieren verla. Les he dicho que no pueden aún porque la están chequeando ahora mismo.- dijo.
-¿Quienes son?- pregunté.
-Solo son tres: Dos chicas llamadas Angela y Daniela, y un chico… - lo pensó un momento.- Emmett, creo que se llama Emmett.-
¿Emmett estaba aquí? Eso no me lo esperaba. ¿Cómo se enteró de lo que me había pasado?
-Realmente debes interesarle.- continuó Tanya- Llegó ayer y no se ha ido desde entonces, incluso ha pasado la noche en la sala de espera y… Hablando de los hombres que han caído bajo tu hechizo, ahí viene tu Romeo principal.-
Tanya entró y se situó junto a la puerta, dejándola abierta.
Entonces vi como Edward caminaba dentro de la habitación. Sus ojos se encontraron con los míos y se detuvo a mirarme un momento con ojos tristes y apenados que me rompieron el corazón, para luego entrar por completo y seguir mirándome en silencio. No estaba segura de que hacer o que decirle, o, que iba a decirme él a mi. No quería que el estuviera triste y siguiera mirándome así. Deseaba tanto levantarme, abrazarlo y pedirle que todo fuera como antes.
La segunda en entrar fue Esme, que me sonrió desde su lugar y cerró la puerta.
-Bella, cariño, me alegra tanto que por fin estés despierta y mejor. Estábamos tan asustados y preocupados...-
-Shh, Esme, después. ¿No ves que aquí es donde viene la escena conmovedora de telenovela?.- le cortó Tanya.- Más bien yo creo que deberíamos irnos todos de aquí y dejarlos solos, los tortolitos necesitan hablar y arreglar las cosas, porque sinceramente él ya me tiene hastiada con su melancolía.-
Tanya les hizo una seña a Carlisle y a Esme para que salieran. Carlisle apretó mi mano por ultima vez y me sonrió antes de levantarse y reunirse con Esme. Sin embargo, antes de irse, pasó por el lado de Edward y le dirigió una larga y dura mirada de advertencia. Edward simplemente asintió y Carlisle se fue. Luego, Esme hizo lo mismo que Carlisle y se detuvo a darle una larga y significativa mirada antes de irse, a lo que Edward también asintió.
Finalmente y para cerrar la fila, Tanya los imitó y se quedó para darle su mirada de advertencia, solo que esta vez Edward sonrió ligeramente.
-Hablo en serio, idiota. Tal vez a ti no te de miedo, pero a mi si, y el hombre se pone como loco cuando se trata de ella. No quiero ni imaginar lo que Carlisle te hará si se entera de que volviste a hacer llorar a su niñita consentida, así que no lo arruines esta vez.-
Salió y cerró la puerta con fuerza. Me giré hacia Edward, nuestros ojos volvieron a encontrarse. Me sentí torpe en ese momento, sin saber que hacer o decir, y Edward se veía exactamente igual. Quería relajar el ambiente, pero no estaba segura de como hacerlo.
-Vaya, Carlisle tiene su lado aterrador, ¿Quién lo diría?- comenté finalmente.
Funcionó. Edward sonrió un poco y yo también lo hice.
No sabía que más hacer, así que simplemente extendí los brazos hacia él. En el segundo siguiente, estaba siendo rodeada por sus brazos. Era lo que había querido desde que lo vi entrar en la habitación, desde que desperté. Ahora sentía que todo estaba bien, me sentía completa.
-Bella… yo… Dios.- se pasó la mano por su cabello cobrizo desordenado y cerró los ojos.- Lo siento tanto. Estas aquí por mi. Vi tu maleta hecha. Se que te estabas marchando porque te sentías molesta y entonces rodaste por esas escaleras y te golpeaste la cabeza.-
¿Qué? Yo no había rodado por ningunas escaleras, yo había perdido la conciencia cuando ese extraño viento me llevó o… lo que sea. Pero fue en mi habitación, no en las escaleras, ni siquiera pude llegar a ellas.
Iba a replicar, pero entonces me di cuenta de que hacerlo no sería una buena idea, porque de ser así tendría que contarle la verdad y todo lo que había pasado, y yo no quería hacerlo, sobre todo porque no sabía que había pasado realmente.
Le seguí el juego.
-No fue tu culpa, en mía. Tomé una decisión apresurada y estúpida…-
-No, fue mi culpa.- insistió.- El ultimo día en el instituto, pude ver las lagrimas en tus ojos y eso me mataba. Quise explicarme, pero no hice un buen trabajo. Debí haber insistido más y no dejar que te fueras.-
Negué con la cabeza, no podía dejar que siga culpándose por mi estupidez. Si no hubiera decidido irme, nada de esto hubiera pasado y probablemente las cosas ya se hubieran arreglado.
-Deja de culparte. Debo admitir que me dolió cuando me dejaste varada en el instituto y no me llamaste, tu actitud misteriosa, y luego te vi abrazar a Tanya… pero yo fui la que actuó exageradamente. Decidí irme y eso fue una tontería. Ni siquiera te dejé hablar. Debí haberme quedado y escuchado.-
Extendió la mano y acarició suavemente mi mejilla, mirándome son tristeza.
-Te quisiste ir porque te lastimé, y te caíste en el proceso, eso hace que sea mi culpa.-
Quería decirle que yo nunca caí de las escaleras, que esto no era su culpa, pero no podía contarle la verdad.
-Ese día, cuando me fui con Tanya, no fue porque quise hacerlo o me había olvidado de ti. Eso nunca. Teníamos planes ese día, ¿recuerdas? Íbamos a celebrar nuestro primer mes juntos.- sonrió, pero luego se puso sombrío otra vez.- Entonces Tanya llamó y comenzó a gritar, diciendo que tenía que reunirme con ella en ese momento porque quería decirme algo muy importante. Yo le dije que no podía porque tenía que llevarte a casa y teníamos una cita después, pero ella empezó a gritar más fuerte por el teléfono diciéndome que se había encontrado con un vampiro cerca de tu casa y la había atacado antes de escapar. Iba a esperarte para al menos llevarte a mi casa, pero Tanya se puso muy insistente, y como no te vi ni escuché en los alrededores, pensé que te habías marchado con alguien más, tal vez con la nueva amiga que habías hecho. Te iba a llamar después, pero cuando llegamos a tu casa me di cuenta de que lo que dijo Tanya era cierto: Alguien había estado allí, y no éramos ninguno de nosotros. Empezamos a rastrearlo y se me hizo imposible llamarte. Como te dije, no creí que te habías quedado sola en el instituto, así que pensé, estúpidamente, que no te importaría. Luego, cuando me pediste explicaciones, lo cual era muy lógico, no te dije nada porque no quería alarmarte, cuando tenía que habértelo contado en vez de dejar que creyeras cosas que no son- me miró con una expresión de dolor en su rostro.- Nunca he estado tan equivocado y enojado conmigo mismo.-
Así que eso de los vampiros persiguiéndome era cierto. El perro hablador tenía razón.
Más problemas, como si ya no tuviera suficientes.
Genial. Simplemente genial.
Puse una mano en el rostro de Edward y le miré fijamente a los ojos. Quería aliviar su dolor y culpa, pero no podía hacerlo sin ponerme en evidencia. Esperaba que algún día no tuviera más secretos que ocultarle.
-Por favor, no te enojes contigo mismo, no te culpo de nada. Además.- me señalé a mi misma y sonreí.- Mírame, estoy bien. Si, probablemente viéndome como un espantapájaros al que se le está saliendo el relleno, pero bien al fin y al cabo. Y no me digas que estoy hermosa porque ni tu mismo te lo crees-
Él sonrió y negó con la cabeza.
-Pero lo estás. Siempre eres hermosa para mi.- dijo, mirándome esa manera tan tierna que hacía que mi corazón se derritiera.
Lo abracé otra vez y lo sentí darme un beso en la cabeza antes de hundir la cara en mi cabello.
-Entonces… ¿Existe la posibilidad de que no haya arruinado completamente todo entre nosotros?¿Vas a perdonarme?-
Le di un beso en lo que tenía al alcance, que era su cuello, y él suspiró.
-No hay nada que perdonar. Simplemente hubo una gran confusión. Solo quiero que las cosas sean como antes.- le dije.
Él me apretó contra si un momento más y luego se alejó un poco para poder mirarme y tomó mi cara entre sus manos.
-Te amo- susurró.- Eres lo que más importante para mi, lo que más quiero en este mundo.-
Le sonreí, y esta vez no pude contener las lagrimas.
-Te amo también, Edward.- respondí.
Él sonrió y se inclinó para presionar suavemente sus labios con los míos.
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Me quedé en el hospital unos días más, lo que me resultó totalmente molesto y aburrido. Yo estaba ya en perfectas condiciones, que es obvio si consideramos que nunca rodé por las escaleras ni nada de eso. Si, me sentía un poco extraña por ratos, como si algo en mi habría cambiado, pero no era tan malo. Estaba segura que la extraña sensación desaparecería con el tiempo.
Yo sabía que no podían retenerme a la fuerza, podía irme siempre y cuando firmara unos papeles diciendo que me iba en contra las ordenes del doctor para que no pueda demandarlos después. Estuve tentada a hacerlo. Pero al final decidí quedarme, no quería hacer más alborotos ni causarles más dolores de cabeza a mi familia vampira adoptiva. A sus ojos, y según los diagnósticos, yo había sufrido un accidente, y tenía que actuar como tal.
Así que simplemente me quedé, tranquila y callada como una buena chica.
Y además, no fue tan malo. Edward estaba allí conmigo, y los demás.
Y sobre todo, no recibí ninguna visita del instituto.
Lo sé, eso debería entristecerme, pero ese no era mi caso. En realidad, yo estaba bastante contenta por ello. Lo que si me hizo fue sorprenderme, yo esperaba que todos vinieran en mancha como la vez anterior. Quizás, por fin, había finalmente dejado de ser el centro de atención. Una de las razones por las cuales estar en el hospital no fue tan malo.
Las únicas que vinieron a verme fueron Angela y Daniela, a las que después se le unió Lauren. Ah, y Emmett. Resulta que me había llamado por teléfono dos días después que cayera inconsciente, y se alarmó cuando en vez de contestarle yo lo hizo Edward, quien al principio estuvo reacio a darle información sobre mi, pero terminó contándole lo que me había pasado al final. Vino al hospital en ese momento y desde entonces no se había movido hasta que desperté y pudo verme.
Porque eso era lo único que quería, verme. Como si quisiese asegurarse de que realmente me había caído de las escaleras o había pasado algo más. Desconfiaba mucho de ellos, me daba cuenta. Era como si supiese exactamente lo que son y temiera por mi seguridad. Tanya tenía razón, le importaba, aunque no de una manera romántica, sino más bien protectora, como un hermano mayor o algo así.
Finalmente, una vez que comprobó por si mismo que me encontraba en perfectas condiciones (y de haberme preguntado como cinco veces si era verdad eso que había caído de las escaleras) se fue a su casa para acerarse, comer y dormir un poco.
Emmett realmente era un chico adorable. Esperaba que algún día encontrara a una chica que le hiciera feliz.
-Uhum…- murmuré para mi misma, mientras examinaba las cartas que habían salido.
Hoy era viernes y me daban de alta en el hospital. Por el momento, estaba completamente sola y aburrida, ya que todos habían desaparecido por alguna razón. Sabía que se traían algo entre manos, pero nadie me lo quería decir. Así que aquí estaba, leyendo de nuevo las cartas del tarot que me había traído Edward ayer en la noche cuando las encontró en mi habitación. Hace años que no había hecho esto, pero no había olvidado como hacerlo, al menos, no del todo.
Díganme lo que quieran, pero siempre he tenido algo de "talento", para esto, y la gran mayoría de veces mis predicciones se cumplían, aunque a veces no sabía interpretarlas bien.
Estaba haciéndole una lectura a Emmet ahora, aunque no estuviera presente.
Sonreí. Había salido una chica en su futuro, y decía que sería una relación bastante duradera… Aunque también un poco problemática al principio. También decía que su vida iba a cambiar radicalmente en algún momento… Y que iba a dejar su empleo para siempre.
Ok… eso era un poco extraño y no logré entenderlo, pero lo dejé pasar.
Empecé con D, queriendo averiguar algo de ella, pero fue en vano. No pude relacionar ninguna de las cartas que salieron. Era como si tratara de entrar en un territorio cerrado, así que me rendí y pasé a leerme yo misma.
La puerta de mi habitación se abrió en ese momento y Carlisle entró. Se quedó parado junto a la puerta, mirándome.
-¿Qué estás haciendo, Bella?-
-Leyendo las cartas del tarot. Estoy aburrida y me pareció buena idea.- me encogí de hombros.
-¿Sabes leer el tarot?- se cruzó de brazos y echó la cabeza hacia atrás para mirarme con la más absoluta incredulidad.
Enderecé los hombros y fruncí el ceño.
-Sí. ¿Por qué? - pregunté.
No puedo evitar que se me encoja un poco el estómago. No suelo hablarle de esto nadie, aunque supongo que a estas alturas, ya no es tan difícil contarle cosas a Carlisle.
-No pareces alguien que le interese ese tipo de cosas.- respondió.
-Tampoco parezco una animadora, pero sin embargo lo soy, así que…-
-¿Eres una animadora?- me preguntó, una sonrisa empezó a aparecer en su cara.
Asentí y me encogí.
-No- dije- Soy la capitana del equipo de las animadoras.- murmuré sin mirarle.
Carlisle empezó a reírse. Si, lo sé, es para reírse. Yo, una animadora. Ni yo misma puedo creerlo aún. En realidad, yo nunca quise hacerlo, ¡ellos me engañaron! Dijeron que solo sería temporal, mientras que Amy, la antigua capitana, regresaba de su misión, pero entonces dijeron que yo era mejor que ella y me pusieron en su lugar.
Él dejó de reírse y se me acercó. Miró mis cartas y luego a mi.
-¿De verdad sabes hacer eso?- me preguntó, ahora más serio.
-Si- insistí.- Mira, ¿quieres que te lo muestre? Se algo de quiromancia también. Puedo leerte la mano si quieres. Realmente tengo talento en esto, aunque no lo creas. ¡Además estoy aburrida porque ya me leí todos los libros que me trajeron y no tengo otra cosa que hacer! Vamos, no es como si fuera a cobrarte o algo parecido.-
Carlisle dudó un momento, pero luego sonrió y asintió. Se sienta en el borde de la cama y me extiende una mano con la palma hacia arriba.
Yo sonreí y guardé mis cartas.
Aunque esto es más psicología que otra cosa, se dice lo que la gente quiere oír, y la gran mayoría de veces es fácil engañarlos. Este no es el caso, claro. Yo realmente iba a intentar leerle la mano. La cosa es que no lo había hecho desde que trabajé en una librería y tienda de esas cosas en una de mis misiones y digamos que había perdido un poco la practica.
-¿Y bien?.- me apremió Carlisle.
Fruncí el ceño.
-Espera, esto requiere algo de concentración, ¿sabes? Y no podré leer nada si me interrumpes.-
Hizo un sonido de aceptación con la garganta, pero sonaba sospechosamente como si quisiese ocultar la risa. Cuando le miré de reojo para darle una mirada fulminante, me di cuenta de que me estaba viendo con ojos divertidos, como a una niña pequeña que hace algo adorable.
Me dieron ganas de pegarle y ver si seguía pensado que yo era divertida.
Para alejar mis pensamientos violentos, me concentré en examinar las líneas de su mano. Probablemente no me dijeran mucho, no como lo harían mis cartas, pero me dirían lo principal que es lo importante.
-Mira, esta línea me dice que tu vida está dividida en dos partes, y ahora estás viviendo la segunda etapa.-
Eso tiene algo de sentido, supongo. La primera debía referirse a su vida humana, y la otra a la actual.
-Y aquí… Que raro.- murmuré, acercándome más para examinarla mejor.- Aquí parece que tu vida fue interrumpida... Abruptamente… ¿Tuviste una experiencia cercana a la muerte en tu vida humana?- le pregunté, alzando la vista para mirarle.
Su expresión se volvió un poco seria y lo vi tensarse.
-Sí, algo parecido.- respondió, y no agregó nada más.
No, no había sido algo parecido, había sido así. Ahí decía que estuvo a punto de morir, o que debió morir, pero algo o alguien lo impidió, por eso la línea de su vida continuó, aunque diferente y marcando esa parte.
Bueno, parece que había acertado. Tal vez me prestaría más atención de ahora en adelante.
Lo siguiente que salió fueron cosas que ya sabía de su vida porque me lo había contado, así que decidí no mencionarlo y pasé a lo siguiente.
-Y esta línea de aquí… me habla de un amor… Oh, Dios.- susurré, mirando con más atención por si no me había equivocado- Dejaste en tu vida anterior una chica, ¿verdad?
Escuché a Carlisle tragar ruidosamente.
Madre mía, eso no podía ser posible. Esto no podía ser posible. Reprimí las ganas de ponerme a gritar como una adolescente a la que su mejor amiga le acaba de contar que el chico que le gusta la ha besado. Me recordé que estábamos en un hospital y debía controlarme.
Pero ¡Dios mío! ¡Una chica! ¿Alguien más lo sabía? ¡Espera, espera! ¿Esme lo sabía?
-¡Dios mío! ¡Es una chica! ¿Es una chica, verdad? A mí no me engañas.- volví a mirar su mano. ¡Sip, definitivamente hubo una chica! -Además… - esta vez no pude controlar el grito ahogado que se escapó de mi garganta.- ¡Además dice que ibas a irte con ella!.-
Oh, Dios, ¡Carlisle había perdido la cabeza por una chica en su juventud y pensaba fugarse con ella! ¡Esto era la revelación del año! Seguí viendo. ¡Tenía que seguir viendo!
-Pero... su amor fue interrumpido por algo…- de pronto, toda mi emoción decayó cuando vi lo que seguía.-… Tu fuiste convertido… y…y... Ella murió…- mi estómago cayó y un nudo se formó en mi garganta.- … Cuando… cuando volviste… Te enteraste de que había muerto… Aquí dice que fue la misma noche que fuiste convertido…- solté su mano y él tardó unos segundos en retirarla.- Lo siento mucho.- dije.
Empecé a sentirme culpable. No debí haber empezado esto.
-Está bien. Fue hace mucho tiempo, lo he… me he adaptado. Y …- sus ojos melancólicos buscan los míos, y algo en ellos hace que los suyos dejen de ser tristes.- ...Y ella está cumpliendo su promesa.- sonrió.
No entendí la ultima parte, pero lo dejé pasar. Por mucha curiosidad que tuviera y las ganas que tenía de preguntarle sobre esa chica, supe que no debía hacerlo. No quería hacer más daño de lo que ya había hecho.
-Bueno, ahora que me has demostrado que eres toda una médium, tengo que preguntarte si has visto algo en mi futuro.-
Me reí y me sentí aliviada de que el triste momento haya pasado.
-¿Quieres saberlo de verdad?- inquirí. -¿No prefieres esperar a ver qué pasa?- le pregunté con aire misterioso.
-¿Es eso lo que le dices a todos cuando te lo preguntan?-
Sacudo la cabeza y lo miro a los ojos, fingiendo seriedad.
-Oye, si son lo bastante estúpidos como para preguntarlo, seré lo bastante estúpida como para decírselo.- él sonrió.- Así que la cuestión es: ¿hasta dónde llega tu estupidez?-
Carlisle se queda en silencio un momento, pero luego sonríe mientras se levanta.
-Lo bastante lejos como para pedirte una sesión completa en cuanto salgas del hospital. Ha sido una de las lecturas más asombrosas que me han hecho.-
-¿Sola una de las más asombrosas?- hago un fingido gesto de ofensa.
Él se empieza a reír pero se detiene inmediatamente cuando alguien toca la puerta. Ambos nos giramos para ver a una enfermera joven asomar tímidamente la cabeza.
-Disculpen, pero hay alguien que…-
-Muchísimas gracias cariño, pero yo puedo anunciarme sola. Bye!- canturreó.
D hizo a un lado a la enfermera y su esbelta figura se deslizo con gracia en la habitación, cerrando la puerta tras ella y dejándome estupefacta.
Es decir, había visto a D antes en forma física, pero verla aparecer en el hospital, delante de todo el mundo y en especial en el de Carlisle, me dejó en shock.
D nos miró y sonrió ampliamente, sus dientes caninos eran más puntiagudos de lo normal.
-¿Qué? ¿Acaso no se alegran de verme?.- inquirió alegremente.- ¡Vamos, no se pongan así! Ambos parecen como si estuvieran viendo al diablo.- soltó una carcajada que me hizo temblar.
Ni Carlisle ni yo dijimos nada, simplemente nos quedamos mirándola asombrados, cada uno por razones diferentes.
Ella dio un paso hacia nosotros y me sonrió, luciendo realmente feliz de verme, aunque yo seguía tan tiesa como a una estatua. Luego, sus ojos se movieron de mi hacia Carlisle, a quien se quedó mirándolo.
-Y tú, recuerda que tenemos a un lector de mentes aquí, así que vas a tener que aprender a controlar mejor tus pensamientos. Y tu boca también. No quiero tener que retocar tu memoria.- le advirtió seriamente, aunque su sonrisa seguía siendo amplia.
Eso me hizo reaccionar. En un segundo, ya estaba levantada de la cama con los zapatos puestos e interponiéndome entre D y Carlisle.
-¿Qué haces aquí?- le pregunté con dureza.
Ella fingió un gesto de dolor.
-Vaya, Bella, que poca amabilidad. Yo vengo a visitarte y tu te pones toda grosera. -
-¿Cómo es posible…?¿Como es que estás aquí?- preguntó Carlisle. Yo estaba segura que él la recordaba del hospital anterior en Chicago.- Tu enviaste a Bella al pasado, ¿verdad?- la acusó.
D frunció el ceño.
-No, no fui yo.- negó.- Pero digamos que tuve algo de culpa- sus ojos se entristecieron un poco.- En fin, no he venido a hablar de eso.- cortó, haciendo despectivo movimiento de mano.
-¿Entonces para qué?.- le pregunté, relajando mi postura, aunque no del todo.
D suspiró y cruzó los brazos.
-¿No es obvio? Voy a presentarme ante todos.
¿Qué?
-¿Qué?- dijimos Carlisle y yo al mismo tiempo.
-Como lo oyen.- asintió.- Y ya que eres el único que está aquí, empezaré contigo- D se acercó a Carlisle y le sonrió- Soy Denisse Swan, la prima de Bella.-
¿Que? ¿Mi prima?
-Pensé que Bella solo tenía una prima, Cassandra- dijo él lentamente, sin quitarle los ojos de encima y mirándola con desconfianza.
-Cassandra…- D murmuró.- Me había olvidado por completo de esa pequeña bastarda... Gracias por recordármela. Voy a tener que hacerle una visita también, más adelante.- sonrió aterradoramente.
Estaba segura de que esa visita no sería para saludarla y discutir sobre el tiempo.
-Y, pasando a cosas más importantes, quiero preguntarte algo.
Ignoró el hecho de yo aún siguiera delante de Carlisle y se acercó más, quedando incómodamente cerca de nosotros, y era… intimidante. La energía que irradiaba era intimidante. Sentí los vellos de mi nuca erizarse advirtiendo una sensación de peligro y me aferré del brazo de Carlisle instintivamente.
-¿Cómo hiciste para saber que era ella solo con mirarla a lo ojos? Ni siquiera son del mismo color.- le dijo a él finalmente, sin prestarme atención.
No tenía idea de que estaban hablando y quise preguntar, pero algo dentro de mi me dijo que no lo hiciera.
Pero al parecer, yo era la única confundida, porque Carlisle parecía saber muy bien a que se refería.
-Tal vez el color de sus ojos haya cambiado, y su aspecto, pero su esencia sigue siendo la misma- respondió.
D se quedó mirándolo un buen rato con gesto perspicaz.
-Cierto.- musitó finalmente. Su mirada se suavizó.- Realmente lo siento.- parecía sincera.
-Créeme, yo lo siento más.- Carlisle suspiró.
Para mi tranquilidad, ella se alejó y nosotros pudimos recuperar nuestro espacio personal.
D, o Denisse, como se hacía llamar ahora, abrió la boca para decir algo, pero la cerró inmediatamente y frunció el ceño.
-Y aquí viene la peste.- dijo para si misma.
Nosotros simplemente nos quedamos mirándola sin entender a que se refería con eso. Ella solo movió la cabeza.
-Los demás llegaron.-
Carlisle y yo giramos la cabeza al mismo tiempo para mirarnos con los ojos ampliados. Ambos sabíamos lo que se avecinaba ahora, y definitivamente no sería nada bueno.
Sobre todo considerando que a D nunca le agradó Edward.
Y, por alguna razón, sentía que a Edward tampoco le agradaría D.
Y, lo peor, era que presentía que D no iba a marcharse o volver a mi cabeza en cuanto de hubiera presentado.
-Y desde aquí comienza el show, chicos. Sonrían- susurró, antes de que la puerta se abriera.
Y aquí está el nuevo, y ultimo, capítulo.
Si, lo sé, esto es un poco inesperado y abrupto, yo tampoco lo tenía previsto, pero este será el capitulo final. (Porque si continúo voy a llegar hasta el capitulo 100 xDD Y no queremos eso, ¿verdad?) Ojo, no será el fin de la historia, no el definitivo. Ya saben que pienso hacer la continuación, y en cuando tenga unos cuantos caps listos, empezaré con ella.
El epílogo lo subiré a más tardar este domingo, porque ya lo tengo casi terminado. Hasta entonces! ^^
~Xime~
