Epílogo
"Un amor peligroso"
Horas después de la pequeña presentación de mi nueva "prima", salí de alta del hospital y todos regresamos a casa, a mi casa, incluyéndola. Sorprendentemente, Esme estaba encantada con D, o como se hacía llamar ahora, Denisse.
Daba igual, siempre sería D para mi.
Como decía, la inocente mujer parecía feliz de tener una nueva chica a quien atender y, si ella estaba feliz, ¿Quiénes éramos nosotros para arruinar su alegría?
Los únicos quienes miraban a D con desconfianza y cautela eran Edward, Tanya y Carlisle. Y yo, por supuesto. No por nada era alguien quien, primero había aparecido como una voz en mi cabeza, y luego tomó forma física y se incluyó en mi familia.
Además, no me gustaba como miraba a Edward. Sobre todo cuando estaba cerca de mi, lo que era bastante frecuente. Ni mencionar como lo desintegraba con la mirada cada vez que me besaba. Era ciertamente peor que un padre celoso.
Todo estaba volviendo a ser como antes. Bueno, mas o menos, no nos olvidemos que la voz que hablaba en mi cabeza ahora tienen cuerpo, y como si fuera poco, ahí afuera había unos vampiros locos que me estaban asechando por alguna razón totalmente desconocida.
Y, para mi sorpresa y la de todos, el perro hablador había vuelto a aparecer. Exactamente, en la puerta del hospital, esperando por mi hasta que yo saliera de alta.
Hasta el perro había venido a verme al hospital para saber como estaba.
No sabía como sentirme respecto a ello.
Pero, fuera de eso, el fin de semana había pasado en relativa calma y normalidad.
Bueno, toda la normalidad que puede haber cuando tu eres una cazavampiros, tu novio y su familia son vampiros, y la voz que antes hablaba en tu cabeza tomó forma física y está sentada en uno de los sofás de tu casa.
Después de comer, o que D y yo cenáramos, todos decidieron poner una película. Una de terror, para ser exactos. Me senté junto a Edward, obviamente, por lo que D tuvo que sentarse en el otro sofá más grande junto a Esme y Carlisle. Tanya estaba no habida desde la mañana, y nadie sabía nada de ella, pero conociéndola, seguramente estaba con una de sus ultimas conquistas. Por mi estaba bien, con tal de que me dejara en paz a mi y a Edward. Sobre todo a Edward.
La película estuvo horrible. Para mi, al menos. Edward me rodeó con un brazo y jugó distraídamente con mi cabello, lo que hizo todo un poco más soportable. Hacia la mitad, honestamente estaba tan asustada que me apreté contra Edward y enterré la cabeza en su pecho. Podía sentir a D lanzando dagas con los ojos hacia nosotros.
Para el momento en que la película terminó, yo estaba literalmente sobre el regazo de Edward, y él parecía muy contento por eso.
Por fin, la estúpida película había terminado y suspiré de alivio.
-Bueno, eso fue impresionante.- sonrió D. Todos estuvieron de acuerdo.
-Si, la mejor película que he visto en años.- dijo Edward con una sonrisa.
Él solo lo decía porque estuve abrazándolo como a un oso de peluche y me senté en su regazo.
-¡La odie! ¿Cómo pueden decir que estuvo buena? Quiero decir, son personas muertas que comen personas vivas y que luego se convierten en zombies comedores de carne también. ¡Y ahora tengo ganas de ir al baño y tengo miedo de ir sola!- me quejé poniéndome de pie. ¿Por qué había visto la película de todos modos? ¡Sabía que me asustaría! ¡Siempre me asustaba con esas películas!
Los cuatro se rieron de mi, pero Edward se paró.
-Iré contigo y revisaré el baño por aterradores no muertos antes de que entres ¿te parece bien?.- ofreció, inclinando la cabeza hacia el baño que había en el corredor, sonriendo.
-¿En serio?- pregunté, esperanzada.
-Claro que si, Bella.- aseguró, sonriendo mientras me seguía por el pasillo. Me detuve en la puerta del baño y esperé a que él entrara primero. Salió un minuto después, riéndose entre dientes.- Es una zona libre de zombies.- dijo, sacudiendo la cabeza y sonriéndome.
-Gracias.- murmuré, sonrojándome y sintiéndome como una niña pequeña.
Entré al baño y cerré la puerta, aunque no le puse el pestillo, por si tuviera que salir rápido. Sabía que estaba siendo estúpida, pero simplemente no podía evitarlo. Me lavé las manos y salí.
Vi a Edward inclinado contra la pared esperándome. Sonreí.
-Pensé que sería mejor esperarte. Nunca sabes que podría estar al acecho en un pasillo oscuro.- dijo, mirando alrededor lentamente con los ojos muy abiertos.
Mi corazón saltó a mi garganta mientras me tiraba hacia él, envolviendo los brazos alrededor de su cintura con fuerza y ocultando mi cara a un lado de su cuello. Él se rió.
-¡Si, la mejor película!- declaró, poniendo sus brazos alrededor de mi e inclinándose para darme un suave beso en los labios.
Suspiré y me puse de puntillas mientras rodeaba su cuello con los brazos.
-¿Revisarías mi habitación también?- le pregunté, sintiéndome como una niña pequeña asustada.
Él sonrió, aunque no se rió ni se burló de mi, lo que fue bueno.
-Oh, está bien.- forzó un suspiró, pero sus ojos seguían siendo divertidos. Por su mirada, en realidad le gustaba el hecho que le estuviera pidiendo que hiciera esto. Quizás disfrutaba siendo protector conmigo, aunque las cosas que me asustaran fueran estúpidas.
Edward se marchó a mi habitación y yo lo seguí después de unos minutos. Cerré la puerta silenciosamente detrás de mi y me incliné contra ella. Lo miré en silencio mientras realmente caminaba por mi habitación, mirando bajo mi cama y en el armario, antes de dirigirse a mi baño. Mientras caminaba de vuelta a la habitación, sus ojos aterrizaron en mi. Realmente no sabía que estaba allí a juzgar por su expresión de sorpresa.
Parece que quienes decían que yo a veces era tan silenciosa como un fantasma tenían razón.
-Hola.- susurré, mientras caminaba hacia mi cama y me sentaba.
-Hola.- contestó con una pequeña sonrisa.
No hizo ningún movimiento para acercarse, creo que estaba tratando de no incomodarme. Aunque a decir verdad, el ambiente ya era bastante tenso ahora, lo que era extraño si consideramos que no es la primera vez que él estaba conmigo en mi habitación de noche y las luces apagadas. Incluso más, ya que las veces anteriores no había nadie con nosotros, y ahora estaban tres personas abajo, que seguramente podían oír todo lo que pasara. Desee que estuvieran lo suficientemente distraídos para no prestarnos atención.
Quizás todo esto era porque, desde que salí del hospital, era la primera vez que estábamos solos.
Di unas palmaditas a la cama junto a mi y él se sentó rápidamente.
-Gracias por revisar mi habitación.- susurré, jugando con el dobladillo de mi camiseta.
-Cuando quieras. Siento no poder estar aquí para ti esta noche. No tendrás pesadillas, ¿verdad?-
Yo negué con la cabeza. Pocas veces tenía pesadillas con películas de terror, y si las tenía, eran sueños de los que podía despertarme con facilidad.
Ambos sabíamos que él se iría a reanudar su cacería interrumpida en cuanto yo me duerma, aunque me prometió que no iría muy lejos y estaría de vuelta muy pronto. Igual iba a extrañarlo.
De pronto, tuve ganas de acercarme y besarlo, pero me contuve.
Oh, simplemente hazlo, Bella. ¿Qué es lo que podía pasar? Es Edward, se detendrá si tu se lo pides.
Diablos, él se detendrá aunque no se lo pidas.
Cierto, pero no podía simplemente saltar sobre él. Aunque lo quisiera enormemente.
Casi podía escuchar en mi cabeza al sacerdote gritando "¡Pecado!"
-¿Quieres volver a la sala de estar?- me preguntó.
¡Vamos, es el momento!
Negué ligeramente con la cabeza y me giré para mirarle a los ojos.
-No, prefiero quedarme aquí contigo.- respondí en voz baja.
Me incliné un poco hacia él y mis ojos se enfocaron un segundo en sus labios antes de regresar a sus ojos, esperando que eso fuera suficiente para que él entendiera lo que quería.
Creo que lo hizo. Movió su cabeza cerca de la mía y luego se detuvo, sus labios quedando a milímetros de los míos. Casi no podía respirar, mi corazón estaba acelerado, y ni siquiera me había besado aún. Tragué saliva y cerré la distancia, presionando mis labios con los suyos ligeramente. Fue como si me diera un toque eléctrico, y una ola de placer me recorrió la columna.
Edward respondió de inmediato, acercándome a él y presionando mi cintura sus las manos. Levanté mis brazos y rodee su cuello, enredando los dedos en su cabello suave y sedoso. Él chupó suavemente mi labio inferior y abrí mi boca. Él deslizó su lengua en mi boca y masajeó la mía con ternura, su sabor era increíble. Todo mi cuerpo estaba quemando, queriendo más. Sus manos llegaron al borde de la camiseta que estaba usando y las deslizó por debajo, acariciando la parte baja de mi espalda y mis caderas descubiertas.
Mi piel parecía arder donde me tocaba.
Jadeando, rompimos el beso. Me arrodillé y me moví hacia él, quedando sentada en su regazo, a horcadas sobre él. Envolví mis brazos alrededor de cuello y miré sus hermosos ojos, ahora un más oscuros de lo normal. Parecía un poco desconcertado, aunque sus ojos bailaban con entusiasmo. Se inclinó hacia delante y me besó con pasión, ambos dejando escapar un ligero gemido mientras nuestras bocas se volvían a unir. Empujé sus hombros, haciendo que se acostara en la cama y así yo estuviera sobre él. Con manos un poco temblorosas, pude desabrochar los botones de su camisa, pasando mis manos por su pecho y abdomen, haciéndolo temblar ligeramente.
Nos hizo rodar por lo que terminé debajo de él, rompió el beso y me miró, nuestras miradas se encontraron mientras tratábamos de normalizar nuestra agitada respiración, aunque él no tenía la necesidad de respirar. Era increíble saber que yo era la razón de ello. Agarré su camisa y terminé a quitársela, haciendo que el dejara de respirar por completo. Bajé la vista para mirar su pecho desnudo por primera vez. Realmente era hermoso. Lo recorrí con mis dedos hacia abajo, maravillándome, haciendo que él suspirara y se estremeciera con mi tacto.
Él no se había movido, solo se cernía sobre mi, mirando sin saber que hacer, así que puse mis manos en su cuello y tiré de él hacia mi para que me bese de nuevo. Me devolvió el beso con entusiasmo, solo lo dejó para besar mi mejilla y empezar a bajar por mi cuello. Sus manos se movieron de mis caderas hacia mi estomago y se deslizaron por debajo de mi camiseta, tocando con suavidad la piel de allí. No pude evitar gemir un poco, se sentía tan bien tenerlo muy cerca de mi y tocándome. Llevó su boca de vuelta a la mía y me besó, mientras una de sus manos descendía hacia mi muslo y guiaba mi pierna para rodear su cadera. Lo único en que podía pensar era en él y en la forma que me hacía sentir. Me olvidé de todo, solo éramos él y yo…
-¡Oigan, ustedes dos, se perfectamente lo que están haciendo allí! ¿Creíste que extendiendo tu escudo para bloquear cualquier sonido funcionaría, Bella? ¡Pues si lo hizo con los demás, pero conmigo NO! ¡Así que se me enfrían y salen de esa maldita habitación ahora mismo, o yo entraré y los arrastraré fuera de los pelos! ¿Me oyeron? ¡Su asquerosa sesión de toqueteos se acabó!- gritó D, aporreando con fuerza la puerta.- Fresita ha llegado y nos pusimos de acuerdo para ir todos a los bolos, para divertirnos ¡SANAMENTE! ¡Les doy exactamente cinco minutos para que bajen a la sala, o yo regresaré por ustedes!-
Le dio un ultimo puñetazo a mi puerta y se marchó.
Yo me quedé en la misma posición mientras Edward se dejaba caer a mi lado, ambos suspirando con exasperación.
-¿Soy la única a la que de pronto se le han despertado los instintos asesinos hacia Denisse?-
Edward se rió a mi lado.
-No, amor, no eres la única.
Gruñí y me senté en la cama. ¿Por qué… diablos tenía que interrumpirnos justo ahora que...?
Me sonrojé, de pronto dándome cuenta de lo que acababa de pasar, y en lo rápido que avanzaron las cosas. Edward y yo nunca habíamos llegado tan lejos, y menos en una cama. Me pregunté que habría pasado si la odiosa de D no nos hubiera interrumpido, y mi sonrojo se hizo más fuerte.
Moví la cabeza para sacar ciertas idea de mi cabeza, unas que implicaban a Edward, yo, y la cama, y me giré para mirarlo. Edward se había sentado también y ahora se estaba colocando los últimos botones de su camisa. Me acerqué a él y lo abracé por detrás, mientras depositaba fugases besos en su cuello. Esta noche parecía bastante dispuesto al contacto físico y no quería desaprovecharlo. No sabía cuando volvería a ocurrir. Edward sonrió y cubrió mis manos con las suyas, acariciando el dorso con sus pulgares.
-¿De verdad tenemos que ir con ellos?- me preguntó.
-No lo sé, quizás solo debamos quedarnos aquí.- contesté.
-Si… Tal vez… Tal vez terminen olvidándose de nosotros y nos dejen solos.-
-Uhum- murmuré.
Sabíamos perfectamente que esa era una posibilidad bastante remota. Bueno, pero al menos podíamos aprovechar de nuestros últimos minutos aquí.
Cerré los ojos y froté mi nariz contra su cuello. Él se estremeció. Olía realmente bien, y me pregunté como sabría si lo lamía.
Espera, ¿acabo de pensar en lamerlo, como si fuera un helado o algo así?
No pude evitar reírme de mi propia estupidez y Edward se giró para mirarme con cara de "¿Qué diablos?" Pero luego rodó los ojos y movió la cabeza, luciendo divertido, y presionó suavemente sus labios con los míos. Encajaban perfectamente.
-Bella…-dijo en un dulce susurro que sentí contra mi piel. Los labios de Edward recorrían mi cuello ahora y yo había echado la cabeza hacia atrás para darle mejor acceso. Gemí ligeramente cuando empezó succionar y mordisquear, descendiendo, ahora en mi hombro. Mis sonidos parecían animarle.
Cuando nuestros labios volvieron a encontrarse, el beso fue diferente, intenso, casi desesperado. Nuestras respiraciones se habían acelerado y nos impedían hablar. No existía nada en el mundo salvo él y yo, y algo en mi interior que insistía una y otra vez en que él era mío, mío, mío...
Sus dedos rozaron el fino tirante de mi camiseta y este se deslizó por mi hombro, dejando a la vista la curvatura superior de mi pecho, y él tocó con su pulgar ligeramente allí, mientras que su otra mano se perdía en mi espalda. Deseé que no se detuviera, que me tocara como necesitaba que me tocara, desee tocarlo como me estaba tocando a mi, necesitando sentir su piel contra la mía. No pensaba racionalmente, de hecho, apenas conseguía pensar. En aquel momento solo existía mi cuerpo y lo que me exigía. Sabía qué debía hacer, aunque ni siquiera llegara a imaginarlo todavía.
Simplemente lo intuía.
No, me dije. Sin embargo, Edward y yo habíamos ido demasiado lejos para poder detenernos. Lo necesitaba. Por completo. Ahora.
Sujeté su rostro entre mis manos y posé mis labios suavemente en los suyos, en su barbilla, en su cuello…
Mío, pensé. Mío.
Arrastré ligeramente mis dientes por su cuello y el gimió, echando la cabeza hacia atrás para darme mejor acceso.
-Bella…- suplicó, cerrando los ojos y acercando más su cuello a mi boca.- Por favor…-
Podía sentir mis dientes caninos crecer y alargarse, volviéndose más puntiagudos de lo normal, listos para hundirse en su cuello. Para marcarlo. Porque era mío. Él era mío.
-¡NO! ¡Déjalo, Bella, déjalo! ¡No lo hagas! ¡SUELTALO AHORA!-
Lo mordí en el cuello, con fuerza. Se quejó de dolor al principio, desconcertado, pero luego le oí gemir de placer y me apretó contra él, instándome a continuar.
Mientras mordía, tuve la sensación de estar en contacto con su alma. Nunca habíamos estado tan unidos como en ese momento.
Mío, pensé. Mío.
Entonces, el cuerpo de Edward se relajó por completo: se había desmayado.
Y el darme cuenta de su estado fue como un jarro de agua fría que me sacó del trance de golpe. Me aparté, horrorizada. ¿Qué había hecho?
Pero no pude pensar por más tiempo, porque al segundo siguiente, también me desmayé.
(Narradora)
D miró a su alrededor; todos habían caído inconscientes. Sobre todo Tanya, que había estado de pie cuando ella disparó la ola de sueño. En circunstancias diferente, D hubiera considerado graciosa la posición en que había caído. Afortunadamente Carlisle y Esme seguían sentados en el sofá y eso los salvó de terminar desplomándose en el suelo.
Lo siento, fresita. Debiste haber tomado asiento. Pensó mirando a Tanya.
Asegurándose de que todos estuvieran completamente dormidos, se desmaterializó en el aire y apareció en la habitación de Bella.
Como supuso, ella y Edward estaban inconscientes también, y habían caído en la cama uno junto al otro. Se preguntó como era que estaban tomados de la mano.
Sabía que esto era una buena idea y que acabaría en desgracia, solo que me equivoqué de victima.
Se acercó a Bella y empezó revisarla. Le abrió con cuidado los ojos para verlos; ya no estaban negros. Sus dientes también habían regresado a la normalidad.
Gruñó y se apartó de ella.
-¿Qué rayos te pasa, Bella? Sabía que algo ocurría cuando expandiste tu escudo y cubriste tu habitación ¡Pero en la vida imaginé que hicieras algo como esto! ¡Te comportaste como toda una súcubos! ¿Sabes cuan degradante para ti es eso?.-
D solo la había visto actuar más o menos de esa forma en las expediciones de caza que habían en la organización, cuando desarrollaba su potencial atractivo para atraer a los vampiros y robarle su energía vital antes de matarlos. Bella no lo sabía por supuesto, lo hacía sin darse cuenta, y D lo permitía porque las cosas nunca avanzaron tanto. Además, un poco de fuerza y energía extra no hacía daño a nadie, ¿verdad? De todas forma, no es que los vampiros vayan necesitarlos ya, iban a morir poco después. Ella nunca la había dejado absorber la energía de los humanos, no es que Bella haya querido, tampoco. La mayoría de las veces que Bella mordía era porque sentía gran cariño y aprecio por esa persona, y sentía la necesidad de crear un lazo con ella.
Pero Bella ahora, además de eso, había mordido sintiendo posesión, y nunca lo había hecho por tanto tiempo. Peor aún, ella jamás hizo algo así estando consiente.
D se trasladó al lado de Edward y dobló un poco su cabeza para poder ver cuello; no había daño aparente, solo una ligera marca donde le había mordido y apenas se notaba. Se sintió aliviada al darse cuenta de que Bella no había absorbido su energía al morderlo.
Al igual que con Bella, D se apartó gruñendo.
-En serio, chico. ¿Qué está mal contigo? ¿Te gusta el sadomasoquismo o algo así? ¡Esas mordidas duelen! ¿Entiendes? ¡DUELEN! ¡Duele insoportablemente horrible! ¡No se supone que lo disfrutes! ¡No te puede gustar su mordida!-
Pateó el piso encolerizada, tratando de canalizar con el su rabia, y así no acercárseles y pergales a los dos.
Finalmente, se detuvo y suspiró.
-Bien- dijo, asintiendo para si misma.- Aquí no pasó nada. Nadie recordará nada cuando despierten. Saldremos todos juntos y nos divertiremos como teníamos planeado inicialmente. Todo estará bien-
Aunque por dentro sentía que nada estaba bien.
(Bella)
-Entonces, ¿vienen o no?- escuché a Tanya preguntar con impaciencia.
-Si, ya vamos.- suspiramos Edward y yo al mismo tiempo mientras bajamos las escaleras hacia la sala de estar.
¿Por qué tenían que hacernos esto? ¿Por qué D tuvo que hacernos esto? Yo no quería ir. Y por lo que veo, Edward tampoco quería ir. ¿Por qué simplemente no se iban ellos solos y nos dejaban en paz? Lo único que quería era regresar a mi habitación con Edward y continuar…
Me detuve de golpe en el penúltimo escalón.
-¿Bella?-
-¿No tienes la extraña sensación de haber olvidado algo?.- le pregunté.
Edward lo pensó un momento.
-¿Algo como qué, exactamente?-
-No se… algo….- moví la cabeza.- No importa. Vamos.-
Tomé su mano y terminamos a bajar las escaleras.
Todos ya estaban esperándonos abajo. Tanya estaba parada junto a la puerta, tenía los brazos cruzados y golpeteaba el suelo con su pie con impaciencia. Carlisle estaba al otro lado, solo. No vi a Esme por ningún lado. D estaba apoyada contra la pared de la esquina, inusualmente sombría y silenciosa. Sonrió un poco cuando me vio, pero luego volvió a adoptar su expresión pensativa.
-¿En donde está Esme?- pregunté, mirando a los lados, pensando que quizás estaba por allí.
-Callate, Carlisle. Se supone que es una sorpresa.- gruñó Tanya.
-No iba a decir nada.- dijo él.
-Bueno- su expresión se relajó.- Ella estará algo ocupada últimamente.- explicó con rapidez.-
¿Una sorpresa? Así que realmente estaban tramando algo ¿Pero que cosa?
Me encogí de hombros mentalmente. Quizás pueda sonsacarle algo a Edward. O no, a él le gustaba mantenerme con el suspenso, y seguramente no me contaría nada. Mejor le preguntaría a Carlisle cuando estuviéramos solos, él seguro me lo dirá. Solo tenía que insistirle y mirarlo con expresión de cachorro.
-Y ahora que estamos completos, vámonos.- dijo Tanya.
Dicho esto, abrió la puerta y salió.
-¿Me parece, o tiene mucha prisa por salir?- comenté.
Edward y D resoplaron al mismo tiempo. Luego, dándose cuenta de su coincidencia, se miraron con una mescla de horror y asco.
-¿Qué es lo que ustedes saben y nosotros no?.- preguntó Carlisle, mirándolos a los dos.
-Si, ¿Qué es?.- secundé.
Edward no dijo nada esta vez, ahora fue D la única en responder.
-Ya lo verán cuando lleguemos. Tanya se toma muy en serio la frese de "Lucha por lo que quieres". -
Despegó su espalda y su pie que tenía apoyado en la pared y se dirigió a la puerta, pero no salió, simplemente la mantuvo abierta para nosotros. Edward fue el primero en salir y luego ella lo siguió desde una distancia prudencial.
Malditos lectores de mentes egoístas, que no quieren compartir lo que saben con los normales. Eso no es justo. Nosotros también queríamos saber. Tenemos derecho a enterarnos también.
-Eso no es justo.- se quejó Carlisle atrás de mi mientras cerraba la puerta de mi casa.
-Lo sé.- coincidí.- Así son, nos excluyen por no leer mentes. Pero ya verán, un día vamos a enterarnos de algo y se lo vamos a ocultar, entonces sabrán lo que se siente.- le susurré con aire confidencial.
Carlisle asintió seriamente.
-¡Eh! ¡Ustedes dos! ¡Dejen de estar haciendo planes infantiles y suban de una vez! ¡Nos hacemos tarde!- nos gritó Tanya desde el asiento de atrás.
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Edward era el que conducía, así que me senté en el asiento del copiloto junto a él, mientras que los demás fueron en los asientos de atrás. Carlisle en un extremo, Tanya en el centro (Que no paraba de verse en un espejo y examinar su maquillaje) y D en el otro extremo. Seguía pareciendo ausente y pensativa, como si estuviese resolviendo mentalmente algún acertijo dificilísimo.
Aun así, a pesar su aspecto ido, ella estaba pendiente de cualquier movimiento dentro del auto, sobre todo de Edward y mío, porque cuando él soltó un segundo mi mano para apretar mi rodilla…
-Esa mano…- advirtió.
Repito lo dicho; era peor que un padre celoso.
Ojalá nunca hubiera salido de mi cabeza, no era tan molesta cuando estaba en ella. De hecho, era bastante simpática. Ok, si, era media terrorífica como ahora, pero no se ponía tan pesada cuando estaba con Edward, incluso se iba para darnos privacidad.
Privacidad. Era algo que, aparentemente, no tendríamos a partir de este momento.
¡Y justo ahora! Cuando Edward parecía estar más dispuesto a… a…a… bueno, a esas cosas.
Escuché un bufido y miré por el espejo retrovisor, creyendo que era D otra vez, lo cual me extrañada ya que Edward y yo no estábamos haciendo nada, pero me llevé una sorpresa al ver que ella seguía tan ausente como hace un rato, y la que había gruñido era Tanya. Se miró a si misma, y luego fulminó con la mirada a D, quien no parecía prestarle ni la más mínima atención.
-Créeme, no tengo ningún interés en sabotear tu noche ni robar la atención que quieres para ti. No escogí tener este llamativo aspecto, pero tampoco voy a ponerme una bolsa en la cabeza o vestirme como una monja para lucir menos atractiva que tu y "opacarte", como tu dices. Así que para ya con eso, que no estoy de humor hoy.- dijo de pronto D con voz totalmente monótona.- Si a él le interesas de verdad, no tienes que verte como una deslumbrante súper modelo. Tampoco estoy diciendo que andes toda desaliñada, pero no necesitas arreglarte tanto, además, por si no te has dado cuenta, eres un vampiro, siempre vas a verte bien. Y, mi querida fresita, te doy consejo. Para cuando busques algo serio, claro está: Procura hacer que ese alguien se fije en ti por lo que eres, por ti misma, no por tu aspecto. No vas a conseguir nada real así. Mira a Bella.- me tensé cuando me metió en su discurso.- La chica no se ha pasado horas frente al espejo para verse hermosa. Aunque no lo creas, fresa, los chicos también aprecian la naturalidad.-
Terminó de hablar y el auto se quedó en completo silencio. Un incomodo silencio. Nadie se atrevió a decir nada, pero no era necesario expresarlo en voz alta, todos estamos de acuerdo con que D tenía razón.
-Oye, y a ti como te pica la mano para tocar, ¿no? Para la próxima voy a traer un matamoscas. Oh, no, espera, mejor un garrote con púas. Y no me estés gruñendo porque ahí si te cae.-
Edward dejó escapar un suspiro molesto y volvió a coger mi mano, acariciándola con suavidad. Desvié los ojos de la ventanilla para mirarlo. Nuestros ojos se encontraron y sonreímos al mismo tiempo.
-Si fueses humano y no tuvieras los reflejos que tienes ahora, hace rato te hubiera dado un cocacho por estar desviando los ojos de la carretera para estar mirando con cara de imbécil a la otra que también pone cara de borrego a medio morir cuando te ve. ¡Deja de hacerte el payaso y maneja bonito!-
Ambos apartamos la vista del otro inmediatamente.
Alcé la vista para fulminar con la mirada a D, pero ella había regresado a su estado ausente y se había vuelto hacia la ventanilla. Miré brevemente a los demás, Tanya había dejado de mirarse en el espejo y parecía estar pensando profundamente en algo, tal vez en las palabras de D, y Carlisle… Carlisle luchaba por contener la risa.
-Y tú deja de reírte, ¿o quieres que les cuente TOOODO lo que le contaste a Bella una de esas noches que te quedaste con ella? No quieres eso, ¿verdad, Callie?-
Callie. Eso debía ser cuando nos pusimos borrachos.
Carlisle se puso completamente serio en ese momento.
-Eso es, así me gusta.- sonrió ampliamente.- Ahora, ¿podemos ir a comer después de esto? Me está dando hambre, además quiero probar algunas cosas que nunca he comido antes.-
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Cuando llegamos, conocimos a la razón por la cual Tanya se había arreglado tanto, y también se haya ofrecido como voluntaria en el hospital: Alexander. En realidad, parecía ser un chico bastante agradable.
Tanya lo había planeado bien, escuchó que él iba a venir aquí el sábado también, usándonos a nosotros como parte de su plan, para hacerlo parecer todo muy "casual".
Como había dicho antes, mientras que no se meta con Edward, por mi estaba bien.
Decidimos, o más bien Tanya decidió, juntarnos a todos, y terminamos siendo ocho jugadores: Nosotros, y Alexander con sus dos amigos; Sean y Nathan.
Parecía que a Edward le desagradó Nathan instantáneamente por alguna razón. Estaba siendo lo suficiente educado, como siempre, pero su sonrisa no llegaba a sus ojos.
Sorprendentemente, me estaba divirtiendo, a pesar de estar perdiendo. Era terrible en los bolos y la única razón por la cual había venido era porque D me había obligado, que por cierto, estaba ganándonos a todos aquí. Pero lo mejor de todo esto era ver a Edward jugar, porque cuando él se inclinaba para lanzar la bola yo obtenía una perfecta visión de su…
Dios mío. ¿De verdad yo le estaba viendo.. eso a Edward? ¿Desde cuando soy así?
Suspiré cuando nuevamente llegó mi turno.
-No eres demasiado buena en esto de los bolos, ¿huh?- preguntó Nathan, acercándose a mi y sonriendo.
Sonreí.
-No, la verdad no. Nunca le encontré el truco a esto.- admití, sacudiendo la cabeza.
-Podría enseñarte si quieres. Todo se trata de la posición.- dijo sugestivamente.
Bueno chico, con eso acabas de perder por completo mi atención, odio a la gente así.
Giré la cabeza un poco para mirar a Carlisle, que estaba cerca de mi ya que no se había sentado después de la ultima vez que le tocó jugar. Él se rió de la cara que puse y movió la cabeza.
Volví mi atención hacia el chico.
-Posición, ¿de verdad? ¿Es eso lo que estuve haciendo mal todos estos años?- me reí.
-Soy un experto en eso de las posiciones. Sería más que feliz de darte algunas lecciones.- ronroneó, acercándose más a mi y haciendo que me alejara para recuperar mi espacio personal.
Volví a mirar a Carlisle. Le hice un rápido gesto a Nathan con los ojos, preguntándole silenciosamente si debería divertirme un poco con él. Carlisle sonrió e hizo un casi imperceptible asentimiento.
-Bueno, es mi turno ahora así que, ¿Qué sugieres?- pregunté, en un tono de voz parecido al que usaba para seducir a los vampiros cuando salía en las expediciones de caza.
Se acercó detrás de mi.
-Definitivamente te sugeriría mover tus caderas con la bola. Tal vez debería separar un poco las piernas, te dará más balance.- dijo, moviendo las cejas.
¿Podría ser más obvio? Me pregunté si eso le funcionaba con las demás chicas.
-Bien, gracias por los consejos. Veré que tal me va.- le sonreí.
Caminé para tomar mi turno. Mi bola se fue directo… al borde, y golpeó un solo pino. Mi segundo tiro se fue directo a la canaleta sin derribar nada.
-Eh, Nathan, creo que deberías trabajar un poco más en tus consejos. Elevaste mis esperanzas aquí y me siento un poco decepcionada.- bromé.
Se rió.
-Vaya, nunca había decepcionado a una chica antes.- dijo, sonriendo orgullosamente.
-¿Demasiado engreído?-
-¿Quieres comprobarlo?- me desafió.
-A ver, déjame pensarlo…- estreché los ojos y los pasé por su cuerpo lentamente, desde la cabeza a los pies y hacia arriba de nuevo, asegurándome de morder mi labio de una forma provocativa. Él estaba sonriendo ampliamente- ¿Puedes voltearte?.- le pregunté, tratando de ocultar mi risa.
-¿Quieres que me de vuelta?-
Asentí.
-Necesito ver también la parte de atrás, no estoy segura de querer aceptar tu oferta.- dije con desdén.
Me guiñó un ojo y se giró, obviamente pensando que estaba de suerte. Me mordí el labio para evitar reírme y articulé "¡Que idiota!" a Carlisle que ahora estaba sentado y se estaba riendo abiertamente aunque sin hacer ruido.
-Está bien, puedes voltearte.- le dije después de unos segundos.
-Bueno, ¿te gusta lo que ves?.- sonrió, confiado.
Me incliné hacia él.
-No, en realidad no. Simplemente no eres mi tipo, pero gracias por la oferta.- sonreí y le guiñé un ojo mientras volvía a los asientos, dejándolo con la boca abierta, obviamente no acostumbrado al rechazo.
Vi a Carlisle estallar en carcajadas mientras regresaba. Me reí con él y chocamos los cinco.
-En serio, su amistad terminará en la cárcel.- nos dijo D, aunque también sonreía ampliamente.
-Jamás terminará, Denisse, continuará en ella.- dijimos Carlisle y yo al mismo tiempo.
-Déjalos, cada vez que se juntan se ponen todos locos, pero cuando se separan regresan a la normalidad.- comentó Tanya.
Me reí y miré a Edward. Se veía herido y enojado.
¡Oh, cielos! ¿Qué hice? Simplemente me estaba divirtiendo un poco. ¡No debí haber hecho nada! Traté de llamar su atención, pero él fijó su atención al tablero de puntuaciones, ignorándome. Mi corazón se hundió.
-Hola.- murmuré, moviéndome para sentarme junto a él.
Él simplemente hizo un sonido con la garganta, mirando a las personas jugar.
-¿No me vas a hablar?- le pregunté, temiendo que dijera que no.
Suspiró.
-¿Por qué hiciste eso?- preguntó tristemente, aún sin mirarme.
Tomé su mano y lo arrastré hacia los baños. Cuando entramos al baño de mujeres cerré la puerta y le eché llave.
-Lo siento. No me di cuenta que eso te molestaría. No estaba hablando en serio. Era él el que estaba coqueteando conmigo, yo solo le seguí el juego para divertirme. Eso es todo. - expliqué, tratando de que me mirara.
Él cerró los ojos un segundo y luego volvió a mirarme.
-Bella, eso fue difícil de ver.- me acercó a él, podía ver en sus ojos que le había herido.
-Lo siento, Edward. Realmente no hablaba en serio. Solo me burlé de él. Para la próxima les diré: Deja de coquetear conmigo porque mi novio está sentado justo allí. ¿Está bien?.- dije, poniendo mis brazos alrededor de cuello.
-Bueno.- aún sonaba molesto, y me sentía terrible por haberle lastimado.
-Confía en mi. Nunca haría nada para lastimarte a propósito.- la prueba es que soy una cazavampiros y no te he matado.- Te amo.-
Tiré de su cara hacia la mía y lo besé tiernamente. Respondió de inmediato, besándome de vuelta y tirando de mi más cerca de él.
Después de un rato, se apartó sonriéndome, sus ojos brillando de felicidad, puso su frente contra la mía.
-Lo siento, no quise ser celoso y posesivo.- dijo, besando la punta de mi nariz.
-No tienes nada de que disculparte. Creo que todo esto es nuevo para nosotros y no estamos acostumbrados a lidiar muy bien con los celos.- lo besé con suavidad otra vez, disfrutando la sensación de sus labios contra los míos.
Suspiró.
-Creo que deberíamos salir ahora, antes de que Denisse note nuestra ausencia.-
-Otro minuto no hará daño.- susurré, sonriendo.
Me sonrió.
-Te amo, Ángel.-
Y se inclinó de nuevo para besarme…
-¡Ya se reconciliaron así que se me salen de ese baño ahora mismo si no quieren que entre por ustedes y les haga pasar la vergüenza de sus vidas! ¡Y no me moveré de aquí hasta que salgan!- gritó D mientras aporreaba la puerta.
Edward y yo suspiramos, antes de separarnos y abrir la puerta.
Si, privacidad era algo que no tendríamos a partir de ahora.
Pero nos tendríamos el uno al otro, y estaríamos juntos, eso era lo que importaba.
Solo esperaba que siguiera permaneciendo a mi lado cuando le contara la verdad.
(Narradora)
-Muy bien, así me gusta. Quietecitos y bajo mi supervisión-. Les sonrió D.- Ahora, si me disculpan un momento, tengo que ir al baño. ¡Pero los estoy vigilando!-
Se señaló los ojos y luego a ellos en señal de advertencia y se dio la vuelta, empezando a alejarse. Solo que ella no iba al baño como les hizo creer a los demás, ni pensaba escaparse un momento para ir a comprar comida como planeaba originalmente. No, nada de eso. Ni de cerca. Se trataba de algo más importante para ella, incluso más que comer.
La razón por la cual la hizo separarse de Edward y Bella se encontraba de pie junto a la entrada del establecimiento, ojeando con gran interés una revista de moda mientras jugueteaba distraídamente con uno de sus mechones rubios blanquecinos.
D no había podido creerlo al principio, pero, cuando la seguía viendo allí de pie con sus propios ojos, no quedaba ninguna duda de que era ella. Que, de alguna manera, había podido salir y tomar forma humana al igual que ella lo había hecho.
Aún así, le costaba creerlo.
-¿Qué se supone que haces aquí? ¿Cómo te saliste?-
A alzó la vista hacia ella, un poco sobresaltada, aunque para nada intimidada como antes.
Cuadró los hombros y bajó su revista para hacerle frente.
-Saliendo, así como tú. ¿De verdad creías que me iba a quedar allí encerrada mientras tu disfrutas de la libertad, cuando yo podía hacer lo mismo? ¡Eso no es justo! ¡Yo también quiero vivir por mi misma y no por medio de Bella!.-
Los ojos de D se abrieron un poco por la sorpresa, no esperaba aquello de A. Pero supuso que era justo, no estaba bien que se quedara encerrada mientras ella si podía salir. Ella siempre quiso ser libre y regresar a su hogar, aunque eso no iba pasar, tal vez podría vivir por lo menos aquí, sin estar encerrada.
D suspiró y asintió.
-Está bien. Tienes razón. No tienes que estar encerrada, ya no. Vamos.- hizo ademán de tomarla del brazo, pero A se retiró.
-¿A dónde?- le preguntó.
D puso los ojos en blanco.
Sigue siendo medio lenteja.
-¿A dónde más? Pues a presentarte con los Cullen. Les diremos que eres mi hermana. No tenemos mucho parecido, pero nuestros ojos son igual de grises así que eso deberá de servir en algo.-
¿Por qué ella también tiene los ojos grises?
Intentó tomar su brazo otra vez para llevarla, pero A no se dejó otra vez.
-Yo no pienso ir contigo ni con ese extraño clan de vampiros. Aprecio tu oferta, pero prefiero seguir mi propio camino a partir de ahora.-
¿Qué? ¿Está hablando en serio?
-Pero, A, tu no puedes…- empezó D.
-Te agradezco mucho que me hayas enseñado a desarrollar mis poderes. Eso es algo que nunca olvidaré.-
-A, escúchame, no…-
-Quiero empezar a vivir mi propia vida a partir de ahora.-
-Es que no puedes…-
-Así que me voy. Ah, y por cierto, soy Annerise ahora. Por si nos volvemos a encontrar.-
-A, no, tu no puedes…-
Pero ya era demasiado tarde, A se había ido.
D se quedó quieta en su lugar un momento, tratando de asimilar lo que había pasado. A, la dulce y tranquila A, en un acto de rebeldía, se había marchado. Sola. Sin D. Sin Bella.
Sobre todo sin Bella.
Entonces, D estalló en risas.
-Pobre idiota. No sabe que el lazo aún está vigente y que no puede estar lejos de Bella por mucho tiempo, porque si lo está, se debilitará y perderá todos sus poderes.- volvió a reírse.- Lo siento, A, traté de advertirte.-
Sonriendo ampliamente para si misma, se giró y empezó a caminar de vuelta con los demás, con Bella. No podía esperar a ver como A regresaba con el rabo entre las piernas cuando se diera cuenta de que, cada día, su fuerza empezara a disminuir. Esperaba que no tomara la decisión de alejarse mucho, porque cuando más lejos, más difícil le resultaría volver.
Espero que te guste hacer autostop, querida, o como se dice prosaicamente, tirar dedo.
Se volvió a reír.
Alzó la vista justo para ver como Edward y Bella se inclinaban más cerca del otro para besarse.
D frunció el ceño y gruñó.
Otra vez… Bueno, están en un sitito publico ahora, no van a llegar a mucho.
Entonces, vio como un brillo traslúcido e imposible de ver por los demás empezaba a salir de ellos, juntándose lentamente, como dos piezas exactas de un rompecabezas. En vez de haber dos almas o esencias como debería, ahora solo había una. Como si siempre hubiese sido solo una.
D dejó escapar un grito ahogado y retrocedió.
En ese momento se dio cuenta de que atrás de ella había alguien que estaba pasando por allí, pero ya era demasiado tarde. Su brusco retroceso provocó que un chico tirara las gaseosas que llevaba en las manos.
-Sabía que hacerles caso y venir aquí no era una buena idea, debí haberme quedado leyendo en casa…- él murmuraba mientras se agachaba para coger los vasos plásticos, aunque el contenido ya se había derramado y manchado su inmaculada camisa blanca en el proceso.
D también se agachó para intentar ayudar.
-Lo siento, estaba distraída. Me asusté por algo y retrocedí sin mirar.- se disculpó nerviosamente, moviendo las manos alrededor sin saber que hacer en realidad.
-No te preocupes, yo tuve la culpa. Me he dejado la gafas en casa y no veo bien sin ellos.- respondió.
Terminaron a recoger los vasos y se enderezaron, viéndose de verdad por primera vez. D pensó que era bastante lindo, a ella le gustó el verde brillante de sus ojos, y hasta tenía hoyuelos.
Ella fue la primera en romper el contacto visual.
-Toma.- le dio los dos vasos que había cogido sin tocarlo.- Realmente siento mucho esto. Estaba distraída.-
Él negó con la cabeza.
-No importa, regresaré y compraré otros.-
-Te repondré el dinero.-
-Eso no es necesario, yo…-
-Insistió. Además, yo también quiero tomar algo. Por favor, me sentiré mejor reponiendo el daño-
Dudó por un momento, y al principio pareció que iba a negarse, pero finalmente asintió.
-Está bien, pero yo pagaré la mitad.-
D abrió la boca para debatir, pero terminó aceptando.
-Como quieras.- se encogió de hombros.
Él sonrió, lo que acentuó aún más sus hoyuelos. D le dio una rápida mirada a Bella antes de empezar a irse con el chico. Ella estaba ahora felizmente sentada en el regazo de Edward y este la rodeaba con sus brazos, sonriendo y hablando en susurros.
No pudo evitar recordar lo que había visto hace un rato.
¿Cómo es posible que sus almas conectaran? ¡Eso es imposible!
Para distraer sus pensamientos, se giró hacia el chico y le preguntó:
-¿Cómo te llamas?-
-Blake.- sonrió de nuevo, mostrando sus hoyuelos que a D le resultaban adorables. Giró la cabeza para mirarla- ¿Y tú?-
A ella nunca antes le había encantado tanto tener un nombre decente que dar.
-Denisse.- sonrió ampliamente.- Pero puedes decirme simplemente D.-
*~Fin~*
Y finalmente, el epilogo. No puedo creer que hemos llegado hasta aquí. Me parece ayer cuando empecé a escribir esta pequeña historia, si, pequeña, pero que después fue creciendo conforme la escribía. Es curioso como una idea genera más ideas. O al menos, eso fue en mi caso. Al principio esto no iba a ser más que un corto fic, con una trama que únicamente consistía en que Bella era una cazavamprios con un triste pasado, y miren como ha crecido hasta ahora. Hoy le pongo fin a la primera parte de mi primera historia y no saben la emoción que siento.
Recuerdo perfectamente aquella hora entera que pasé preguntándome a mi misma "¿Lo publico o no lo publico?" xD
Ok, no fue una hora, pero si estuve indecisa bastante tiempo.
Y, escriba lo que escriba más adelante, este fic siempre va a ser único y especial para mi, porque con esto empecé a escribir, y espero poder seguir escribiendo.
Les agradezco por seguir y leer esta historia hasta el final. Créanme, cada hora de sueño o tiempo libre robado para escribir y compartir esta historia con ustedes, ha valido totalmente la pena.
Y cambiando de tema, porque ahorita se me van a salir las lagrimas por la emoción, hablemos de la continuación ^^
Ya tengo la portada y el prefacio, pero no se si ponerlo todo junto con el primer capitulo, o subirlo aparte como lo hice aquí. Si no, subiría la sinopsis ahora mismo, pero eso si, aún no tengo capítulos escritos así que tendrían que espéralos. Probablemente tarde entre una o dos semanas en empezar a subir los capítulos. Sip, creo que mejor subo el prefacio ahora, de pasada que se pasan por mi perfil y, los que desean seguir leyendo esta historia, la pone entre sus alertas o favoritos para que así les avisen cuando empiece a actualizar y nos hacemos problemas.
La continuación se llama "Un amor oscuro". La pueden encontrar en mi perfil.
Ah, y no se dejen llevar por el nombre. Recuerden que, pase lo que pase, la historia tendrá un final feliz. Muy feliz. Lo más feliz que pueda ser. Y también muy normal... Lo más normal que puede ser un final en esta historia xD
De hecho, todas las historias que yo escriba tendrán finales felices. Como seguro habrán notado, no soy buena escribiendo drama. Lo mio es el humor y el romance. Y también es lo que más me gusta escribir. Además, creo que el mundo ya tiene el suficiente drama y desgracia como para ponerlo yo también aquí. Al menos en mis historias, los finales serán felices. No quiero que la gente se deprima leyéndome, bueno, no mucho xD Así que ya saben, puedo hacer un capitulo triste, pero no un final.
Me despido de ustedes, momentáneamente. Espero que nos sigamos leyendo pronto! ^^
~Xime~
