Traumas

Coincidir con su nueva compañera de trabajo había sido más complicado de lo esperado. Después de que ella se presentase ese viernes para conversar con Kane y obtuviese el trabajo, Clarke pensó que vería a la chica más seguido y terminaría, de una buena vez, lo que pudo haber sucedido en año nuevo. Pero, mierda, aquello parecía más difícil de lograr de lo que parecía. Tenían turnos alternados, y aunque lo normal hubiese sido que se encontraran al intercambiar el puesto, cada vez que llegaba a Polis las camareras le informaban que Lexa acababa de marcharse. Así fue durante toda la semana, una serie de desencuentros constantes que, como sea, terminarían ese día. Y es que por un problema con el personal ambas tendrían que trabajar en el mismo turno.

No sabía muy bien porque tenía tanto empeño con la castaña. Sí, era bonita, o más bien hermosa, y tenía una sonrisa que, de proponérselo, lograría parar el mundo, pero eso no lograba explicar su comportamiento. Es decir, tenía tantas ganas de tirarse a Lexa que, en el transcurso de aquella semana, no había quedado con alguien más a pesar de que las oportunidades sobraron. Era extraño. Quizás todo se debía a que era la primera vez que no concretaba las cosas de una sola vez, como solía ocurrirle siempre. Estaba tan acostumbrada a obtener lo que quería que resultaba raro no hacerlo, y puede que allí se originase ese capricho. Porque estaba segura de que lo que sentía por ella era capricho… O quería estarlo, sino ¿qué otra cosa podía ser?

Esa tarde llegó a Polis más temprano que de costumbre. Era cierto que pasaría junto a su nueva compañera varias horas, pero una vez que terminase el último turno de clases en la universidad el bar estaría a tope y sería prácticamente imposible conversar. Además quería revisar los suministros y tratar, en lo posible, de adelantar la lista con el pedido de bebidas que debía entregar al proveedor la próxima semana. No era tampoco que todo girase en torno a su vida sexual.

Al ingresar al bar, como era usual a esas horas, encontró el sitio vacío. La única allí era Lexa, quien se hallaba sentada sobre uno de los taburetes frente a la barra leyendo un libro. Parecía que era interesante, porque estaba tan abstraída con ello que ni siquiera reparó en la presencia de Clarke ni en el ruido de que hizo al atravesar el salón para acercarse a ella.

-Dichosos los ojos que te ven, Alexandra – murmuró en voz baja junto a su oído, aunque para mala suerte suya esta vez, en lugar de sorprenderla, tan solo consiguió que la chica suspirase sonriendo. Quizás no había estado tan abstraída con el libro ese, pero de todas formas quiso simular que sí.

-¿Algún día dejarás de hacer eso?- preguntó, girando un poco sobre el taburete para quedar frente a frente con ella. Esa cercanía con sus labios bastó para que los sentidos de Clarke se alterasen por completo, y tuviese que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no bajar su mirada hacía su boca. No podía quedar en evidencia de esa forma. Tan solo se limitó a mirarla confundida, y es que no entendía muy bien a que se refería la castaña. - Mi nombre. Te dije que prefiero Lexa-

-Y yo te dije que me gusta más Alexandra- quizás fue el tono seductor con el que se lo dijo o la forma tonta en la que le sonreía, pero en ese momento la castaña se mordió el labio y bajo la vista hacia sus labios. Esto era demasiado. La besaría en ese mismo instante.

Al diablo con la paciencia, las indirectas y el tonteo. La chica tenía algo, no sabía aun qué, pero le atraía, y le atraía demasiado. Sus labios rosados, su rostro cincelado, aquel cabello castaño sedoso, esos ojos verdes hipnóticos… Algo. O quizás todo. Era apenas su tercer encuentro, pero estaba comprobando que con tan solo acercársele entraba en una especie trance que la obligaba a apoderarse de su boca. Y quería. Mierda, en serio sí quería…

Se acercó despacio, sin quitar en ningún momento la vista de rostro, particularmente de sus ojos, como pidiendo permiso, y en vista de que ella tan solo le sonreía se atrevió a avanzar hasta que la distancia fue casi inexistente. Aun así, y justo antes de que cerrase los ojos para besarla finalmente, un estruendo en la cocina provocó que Lexa retrocediese al instante. Maldita Ontari, de seguro ella y su torpeza había sido las responsables.

-¿Qué haces aquí? Pensaba que tendríamos turnos rotativos- preguntó entonces la castaña, rodeando la barra para empezar a ordenar un poco ese sitio. No había borrado la sonrisa de su rostro, pero ahora a eso se sumaba un leve rubor en sus mejillas y un ritmo respiratorio más rápido que el normal.

-Sí, pero una de las camareras está enferma así que Kane me pidió de favor que viniese a echarte una mano- le respondió dejándose caer sobre uno de los taburetes. Apoyó ambos codos sobre la madera, para así usar las manos de soporte de su cabeza, y desde esa posición observarla. Vamos, que se moría por hacerlo. Recién al verla caminar notó los tejanos negros que vestía, aquellos que marcaban cada curva de su figura y elevaban un poco su trasero.

-¿Solo eso? – se acercó lentamente, para imitar su gesto de apoyar en los codos en la barra, sin dejar de verla con curiosidad. De igual modo aquel tono con el que hizo la pregunta fue muy sugestivo, tanto que Clarke inconscientemente mordió su labio bajando la vista hacia los suyos.

-¿Acaso esperabas otra cosa? – retrucó, recobrando la lucidez y elevando la vista hacia Lexa… solo para descubrir, ahora, era ella la que miraba hipnotizada su boca. Eso era todo lo que necesitaba.

Infinidad de veces había ligado frente a aquella barra, y por lo tanto sabía que en cuestión de milisegundos, si estiraba su cuerpo, lograría atrapar aquellos labios que tanto la tentaban. No había nada que se lo impidiese, y hasta le quedaba muy en claro que ella se moría porque lo hiciera. Esta vez capturó su rostro, para evitar que ruidos improvistos asustasen a la castaña, y acercó su rostro, sin tocar sus labios todavía, para disfrutar de la cercanía… Mierda.

Con tan solo inspirar una vez sus fosas nasales se impregnaron de exquisito aroma dulzón. Respiro una, dos, tres veces, tiempo en el cual disfruto de los cambios en el rostro de la chica. Esa sonrisa, tan deslumbrante, no desapareció de su rostro, pero ahora sus ojos estaba como oscurecidos y tragaba con fuerza. La deseaba, y saberlo logró ponerla a mil. Tenía una política propia de no follar en Polis, pero por Lexa era capaz de saltearla porque sinceramente no se veía capaz de esperar demasiado luego de que cerraran esa noche. Ya no dilató más el momento, y se acercó para cerrar, lo que esperaba, fuese el inicio de su polvo de esa…

-¡Clarke! Qué bueno que llegaste, necesitaremos tu ayuda- saludó Kane de repente, apareciendo de la nada, logrando así sobresaltar a ambas. Por suerte venía demasiado enfrascado en unos papeles, de manera que no vio como la rubia soltaba rápidamente el rostro de Lexa ni como ésta se apresuraba a tomar el trapo y fingir que pulía la madera. Es decir, para su jefe no era ningún secreto su constante ligue con los clientes pero no sabía anticipar su reacción a que lo hiciera con alguien del personal, cosa que nunca antes sucedió. Eso y que se negaba a compartir con alguien más lo acontecido en año nuevo, no por vergüenza sino por un motivo que no sabía definir muy bien.

La aludida se volteó haciéndole un pequeño saludo con la mano junto a una sonrisa, aunque lo cierto era que por dentro tenía ganas de maldecir a Marcus y a todos ¿Es que ahora estaban conspirando para interrumpirla a cada momento? Ya comenzaba a exasperarse.

-Fiesta de Sigma Beta- continuó él, reparando apenas en aquel saludo, al tiempo que extraía del bolsillo su móvil para contestar una llamada. - Por favor encárgate de todo – y así, sin esperar respuesta, se perdió en el largo pasillo que conducía a su oficina.

No pudo evitar sonreír. Amaba las fiestas de fraternidad, y sobre todo si eran femeninas. La de los chicos también le gustaban, pero lo malo era que, una vez que bebían demasiado, se enfrascaban en estúpidos debates sobre quien la tenía más grande o quien se había tirado a más chicas de la universidad hasta que empezaban una pelea, y ahí el guardia de seguridad los sacaba a rastras. Las chicas, en cambio, no bebían demasiado, y siempre que lo hacían empezaban a ligar con quien estuviese cerca, o sea ella.

Manos a la obra. Dejó de un salto el taburete, para dirigirse hasta un perchero situado al lado del mostrador e intercambiar su chaqueta por el delantal de Polis. Con un rápido vistazo comprobó que casi todas las copas estaban limpias, salvo un par que aun esperaban a ser lavadas en la pequeña pileta posterior por lo que se puso a ello.

-¿Qué significa todo eso?- la voz de Lexa la sobresaltó, ya que el ajetreo provocado por Kane había olvidado por completo a la chica. Bueno, no la había olvidado del todo, puesto que no podía quitarse de la cabeza ese par de ojos verdes que tenía, pero sí que aún estaba cerca suyo.

-Cada vez que una fraternidad de chicas viene a celebrar algo aquí significa que tenemos que prepararnos para servir más que nada cócteles frutales y tequila- explicó Clarke, sin atreverse a ahondar en los beneficios extra que esa clase de fiestas proporcionaban. - Y ahora que lo pienso también deberíamos tener listas varias botellas de ron, porque esas chicas tienen una fascinación con el mojito- con un rápido vistazo comprobó que tan solo necesitaría traer una botella de tequila de la bodega, y quizás algunas de pulpa, porque de ahí en más la barra ya estaba equipada con una buena cantidad de bebidas alcohólicas.

-Se nota que tienes experiencia en esto – aquel tonito sugerente que uso logró captar su atención, y recién entonces alzó la mirada hacia ella. Lamentó al instante hacerlo. Esa sonrisa seductora suya lograba erizarle la piel, sin contar que le borraba cada pensamiento racional. Le sería muy difícil concentrarse así esa noche, y de ligar… ¡Mierda! Ya ni siquiera tenía ganas de hacerlo teniéndola cerca.

-En esto y otras cosas – respondió siguiéndole el juego, aunque por su bien viró la cabeza y continuó con su trabajo. Esos malditos ojos la desconcentraban. Al abrir una de las gavetas inferiores, donde guardaban el hielo, descubrió que la misma estaba algo vacía. - ¿Te importaría traer más hielo del congelador? No creo que demos abasto con esto –

Supuso que la chica asintió, y no se volteó a verla hasta que estuvo a medio camino del pasillo que conducía al trastero. Fue entonces cuando suspiró copiosamente… Maldita Alexandra. Necesitaba un pequeño tiempo a solas para recomponerse, porque si seguían con ese tire y afloja de indirectas y directas y casi besos de seguro terminaría enloqueciendo. O peor aún, terminaría arrinconándola contra la despensa pareciendo una desesperada.

Todavía no entendía de donde salían estas ganas de besarla. Ya había repasado todo mil veces: estaba buena, mataba con esa mirada, tenía un trasero fenomenal, sonreía como una diosa… Sí, todo eso. Pero aun así nada justificaba su comportamiento. Digamos que ocuparía un puesto importante en su ranking, pero de seguro no era la chica más hermosa con la que había ligado. Y aun así la tenía metida en cabeza desde año nuevo…

-¡Clarke! – aquel grito la sacó de sus cavilaciones, reconociendo al instante que era la voz de Lexa. Se oía algo apagada, como si hubiese un muro interpuesto, y a sabiendas que se había dirigido al congelador no le fue difícil imaginar lo sucedido.- ¡Clarke! –

Enfiló hacia el sitio, sabiendo que, otra vez, la estúpida puerta se había cerrado. Todavía se preguntaba por qué la gente que fabricaba esos malditos congeladores no colocaba una manija en el interior. No era la primera vez que alguien del bar se quedase encerrado dentro, incluyéndose claro. Asustaba un poco, sí, y quedabas con el trasero súper congelado, aunque uno llegaba a acostumbrarse si le sucedía a diario, como era su caso.

-Tranquilízate, la puerta se atascó – dijo, tras varios intentos de abrirla sin tener éxito. Qué raro. Ese congelador, tan viejo que seguro ya había estado allí desde la época de la ley seca, solía cerrarse pero no daba problemas para abrirse.

-Apresúrate – todos sus sentidos se pusieron en alerta con aquella palabra. Lexa no se oía nada bien. Parecía que le costase respirar, y a la vez aguantase unas terribles ganas de llorar.

Probó una vez más girar la manija de la puerta, pero como antes la cerradura se negó a moverse ante el contacto. Estúpido congelador. La próxima vez que Kane tuviese el impulso de remodelar el lugar, cosa que sucedía cada pocos meses, le obligaría a quitar ese vejestorio por algo más práctico. Le importaba una mierda que le diera "estilo" al lugar, como su jefe solía decir ante las críticas.

-Aléjate de la entrada, voy a forzarla- zanjó de repente, sintiendo como la castaña golpeaba con fuerza la puerta y su respiración se volvía cada vez más jadeante. Le destrozaba imaginar lo nerviosa que se encontraba, y el hecho de que fuese por su culpa tan solo la hacía sentirse aún peor.

Retrocedió unos pasos, tanto como el pasillo se lo permitió, y, tomando una pequeña carrera, golpeo el metal aporreando con toda la fuerza que su hombro derecho le permitió. Tan solo logró que cediese un poco. Al segundo intento cambió de táctica, y optó por estampar su pie con toda la presión que le fue posible, consiguiendo ahora que la puerta del congelador cediera. Hubiera sido más sencillo llamar a Kane y pedirle ayuda, pero vamos: siempre había querido hacer eso de parecer un policía de Hollywood.

-Lexa ¿estás bien? – preguntó, ingresando al congelador y buscando con la mirada a la chica. Esperaba, por los gritos, encontrarla asustada, pero sin dudas no en aquel estado: hecha un ovillo en el suelo como si de un gatito asustado se tratase. Se sorprendió bastante, claro, y lo hizo aún más cuando ella saltó aferrándose con fuerza a su cuerpo. Temblaba como una hoja, y los hipidos que escapaban de su pecho tan solo le confirmaban que en efecto había estado llorando.

Clarke se quedó en blanco, sin saber muy bien que hacer o decir. No era una situación normal. En el pasado había rescatado infinidad de veces a sus compañeras, pero Harper nunca había llorado ni Ontari jamás se había abrazado así a ella. Ella tampoco era una experta en eso de las emociones, en todo caso esa era su hermana ¿Qué era lo correcto ahora? Y, aunque no fuese apropósito, su cuerpo, inconscientemente reaccionaba a la cercanía de Lexa. Podía sentir como su corazón golpeaba su pecho con más fuerza de la normal, y los vellos de su nuca erizándose, y… Mierda, aunque no lo quisiera parecía una adolescente hormonada que no sabía comportarse en una situación seria.

- Ven, vamos afuera- se le ocurrió entonces, y con mucha delicadeza posó su mano sobre la espalda de la muchacha para conducirla al pasillo. Pensaba que iba a separarse para dejarse guiar, pero al parecer estaba tan conmocionada que no quería despegarse de su cuerpo.

Rápidamente sopesó sus opciones. El trastero, la despensa y la cocina estaban descartadas; de seguro alguna de las empleadas estaría allí, y además aquellos sitios eran algo pequeños y suponía que lo que menos necesitaba Lexa era ir a un sitio que le recordase al congelador. El bar era una posible opción, pero dudaba que la chica quisiese que alguien la viese en ese estado. Y, pensándolo mejor, seguramente querría tranquilidad por unos minutos. Con aquella idea fija en la cabeza no necesito seguir analizando la situación.

Enfiló al instante hacía el final del pasillo, pero en lugar de virar hacia la oficina de Kane giró a la izquierda y ascendió por la pequeña escalerilla hasta una puerta de metal localizada más arriba, todavía con Lexa pegada a su cuerpo. Nada más abrirla, el ruido apagado de Lower Manhattan llenó el silencio en el que se encontraban. Aquel sitió era la salida trasera de Polis. No era un buen lugar que digamos, puesto que estaba cercano a unos contenedores gigantes donde ellos y lo vecinos de los edificios cercanos depositaban la basura, pero aquel callejón les brindaría la privacidad que no encontrarían en otro lado.

Sentó a Lexa en un viejo banco de madera, aquel que ella y las demás chicas había traslado desde el trastero con el propósito de tener un sitio al exterior donde relajarse. Tan solo se dejó guiar, soltando así su cuerpo, pero seguía tan inmersa en sus pensamientos y mirando a un punto fijo sin prestar atención a nada. Además temblaba… Mierda, temblaba demasiado.

¿Qué era lo siguiente? Había pensado que mejoraría estando en un lugar abierto, pero aquello no parecía haber surtido efecto. Se veía asustada y pálida, sin haber en su rostro algún indicio de aquella cálida sonrisa que le atraía desde la fiesta de año nuevo. No podía explicarlo, pero le desesperaba contemplarla en ese estado. Nacía de su interior el impulso de hacer algo, lo que fuera, para que sus ojos recuperaran ese brillo tan especial que los caracterizaba.

"Piensa Clarke, piensa" repetía nerviosa dentro de su cabeza. Un vaso de agua. Eso seguro le sentaría bien. Estuvo a punto de marcharse a la cocina para traérselo, pero nada más ver su estado desistió de la idea. No podía dejarla sola. Tal vez algún calmante le sentaría bien, aunque también tendría que descartarlo porque no traía ninguno consigo y tampoco tenían esas cosas dentro del bar… ¡Mierda! Algo se le tenía que ocurrir. Palpó sus bolsillos traseros. Teléfono, tarjeta del metro, dinero. Nada útil. Al hacer lo mismo con los delanteros obtuvo la respuesta, y sin siquiera pensarlo extrajo de allí aquel estuche de metal con una foto de Audrey Hepburn que llevaba a todos lados.

-Toma, ayudará a calmarte- dijo entonces, logrando así sacar a la castaña de sus pensamientos, mientras le tendía un porro a medio acabar. Tan sólo logro que ella la mirase de forma vacía, como si no entendiera que diablos le decía o estuviese aun con la mente en otra cosa. -¿No fumas?- preguntó extrañada, y al segundo de hacerlo se mordió la lengua. Mierda, aquello había sonado un poco mal. - Perdón, no quise decir que tuvieses el aspecto de alguien que fuma hierba...- ¿y cual se suponía que era ese aspecto? Estaba quedando como una completa idiota, pero bueno en su defensa debía alegar que esta situación no era muy normal y la tenía bastante nerviosa. -Es decir, pareciera que si pero entendería si no... - Lexa continuaba mirándola confundida, dándole la sensación que ni siquiera sabía dónde se hallaba. -Es decir, no quiero que pienses que soy una yonki ni -

-Gracias- la cortó entonces, esbozando lo que parecía una ¿sonrisa? y quitándole tanto el porro como el encendedor de sus manos. - Y sí, para que te quede claro, a veces fumo hierba- acto seguido le dio una profunda calada, conteniendo el aire por un tiempo bastante considerable antes de expulsarlo lentamente. Si no fuera por la situación en la que se encontraban, Clarke la habría estampado contra el muro con un beso… y es que la forma en la que fumaba era terriblemente sexy.

En silencio, Lexa dio tres caladas más, una más profunda que la anterior. Como lo supuso Clarke, aquello le ayudo a calmarse, ya que poco a poco su respiración fue volviéndose más acompasada y su rostro lentamente empezaba a recuperar su color habitual.

-Despacio, o terminarás viendo estrellas en pleno día – comentó la rubia, en un intento de sacarle una sonrisa, viendo que faltaba poco para que acabase el porro. Había intentado bromear, pero la advertencia tenía parte de verdad porque más de una vez esa hierba la había dejado noqueada.

-Me llamaste Lexa – respondió ella, enfocando, por primera vez desde el incidente de la nevera, sus ojos en los suyos.

-¿Cómo? – no entendía a qué se refería, y pensando que quizás la marihuana ya estaba afectándole le quito el porro de las manos e inspiro una calada con el propósito de terminarlo de una buena vez.

-Hace unos minutos, me llamaste Lexa- aclaró la morena, con lo que así Clarke asintió entendiendo lo que decía. Bueno, al parecer soportaba bastante bien el cannabis.

-Fue un reflejo- y sí, en aquel momento cuando logró entrar al congelador no había pensado en una forma en particular de llamarla ni mucho menos en picarla empleando su nombre completo.

-No lo hagas de nuevo- la reprendió con seriedad, sin dejar de mirarla intensamente con esos ojos verdes que tanto la alteraban. Bajó la vista al instante, incapaz de soportar que la viese de esa forma ni mucho menos que le hablase así. Igualmente aquello no duro demasiado, porque, dejando el banco, Lexa se acercó a ella y elevo su mentón para volviese a mirarla. - Me gusta que me llames Alexandra, haces que suene bonito – lo dijo con voz suave, sin prisas, sonriéndole de esa forma que tanto le gustaba.

-Es un nombre bonito- rectificó, devolviéndole la sonrisa, feliz de ver que ya había mejorado. Recién entonces fue consciente de la preocupación que invadía su cuerpo, pero que, ahora, poco a poco iba desapareciendo.

Había sido una experiencia demasiado agobiante como para querer repetirla de nuevo. Y que involucrase a Lexa tan solo la empeoraba. Un propósito se le vino a la mente, siendo esta que, de ser posible, nunca más quería ver a la chica sufriendo de esa forma… Ay no, de seguro el cannabis ya estaba afectándole ¿Por qué pensaba estas cosas? No eran nada más que dos compañeras de trabajo, que, tras las miradas de hace un rato, quizás terminarían acostándose esa noche y ya. Apenas si se conocían, o lo correcto sería decir que eran dos perfectas desconocidas que compartieron un beso en año nuevo. Y sin embargo…

Se dejó caer en el banco, cansada de tanto pensar, y extrajo de la cajita de metal un cigarrillo. Fumar le ayudaba a centrarse. Quizás lo que en realidad necesitaba era más marihuana para relajarse, pero tenía trabajo por delante y temía además que esa porquería solo provocase aumentar esos pensamientos sobre la castaña. Lexa la imitó, más esta vez cerró los ojos y tan solo se dedicó a respirar en silencio. Esbozaba una pequeña sonrisa relajada, como si disfrutase del aire y a la vez se dejase llevar por los efectos de cannabis sobre su sistema nervioso.

-¿Qué fue todo eso?- preguntó Clarke de repente, deseosa por oír de su propia boca una explicación a todo lo ocurrido. - Digo, sé que fue un ataque de pánico pero no creí que pudieses tener uno – con aquella afirmación la chica de Florida abrió los ojos y la miró extrañada, logrando así que la rubia volviese a sentirse nerviosa e intimidada. - Es decir, todas aquí nos hemos quedado encerradas en esa maldita nevera pero es la primera vez que veo una reacción así- y sí, otra vez estaba balbuceando. Era una manía que aún no podía quitarse ante situaciones así. Y, no hacía falta aclarar, que la forma como Lexa la miraba no ayudaba. - No es que esté diciéndote loca, pero... -

-Te ves muy linda estando nerviosa – soltó de repente, sin poder contener la risa y dejando a Clarke estupefacta… Y es que: a) se veía jodidamente hermosa en esos momentos y b) le había dicho linda. En lo que procesaba todo esto, ella fue consciente de sus propias palabras por lo que no tardó en ruborizarse y bajar la mirada; pero, antes de que pudiese emitir algún comentario, borró la sonrisa de rostro y agregó -No me gustan los espacios cerrados – la miró de reojo, comprobando que otra vez la chica estaba perdiéndose en sus propios pensamientos. - A decir verdad, me aterrorizan -

-Que no te dé pena decirlo, yo le temo a los payasos – dijo entonces, captando así nuevamente la atención de Lexa. No se había esperado un comentario así, puesto que las arrugas que poblaban su frente lo dejaban claro. - ¿No has visto sus caras? Es de enfermos pensar que un tipo con tanta pintura encima resulta inofensivo – en realidad no le asustaban los payasos, ese era un pequeño problema de Raven; y las palabras que acababa de decir tan solo eran una mínima parte del discurso que su hermana soltaba cuando le preguntaban por el asunto. Pero no le había gustado nada aquella sombra en el rostro de su compañera, ni que borrara su sonrisa o perdiera el brillo de su mirada. - Y esas sonrisas diabólicas... – contrajo el rostro en una mueca diabólica, acercándose a la chica más de la cuenta y haciendo un ruido con su boca similar al que hacían los zombies en las películas.

-Eres una tonta – el comentario de Lexa y esa risa melodiosa era todo lo que necesitaba oír para tranquilizarse.

-Pero logré que sonrieras- explicó, guiñándole un ojo y sonriéndole abiertamente. No podía evitarlo. Era como si su alegría fuese contagiosa. Y aún estaba riendo, cuando la castaña de improviso, aprovechando la cercanía, tomó su rostro entre sus manos uniendo sus labios en un beso…

Fue demasiado para su sistema nervioso. Como un cortocircuito, un fallo de sistema. No podía procesar todo aquello en tan poco tiempo. Sentía el suave tacto de las manos de Lexa sobre sus mejillas, y sus labios moviéndose de forma pausada y poco invasiva, pero a la vez era como si su cuerpo estuviese petrificado. Pasaron un par de segundos, sin que pudiese responder a aquel contacto, y fue recién entonces, cuando la boca de la castaña estaba a punto de separarse de la suya, cuando tomó el control de la situación y se dejó llevar por el momento.

Dios, cómo había esperado aquello. Recién ahora era consciente de lo mucho que había deseado repetir aquel acto. Este beso era, quizás, mejor que el de año nuevo. Era tranquilo, lento, profundo. Como si ahora, siendo ya la segunda vez, ambas se concentraran en descubrir la boca de la otra. La rubia elevó ambas manos y la enterró en su cabello, para evitar que se alejara y porque, mierda, había querido hacer eso desde siempre... Tenía un cabello bonito, y suave, y que olía jodidamente bien.

Fue cuando Lexa se aferró a su cintura que su pulso se disparó, sintiendo ahora que aquel simple beso no bastaba. Introdujo entonces su lengua en la boca de la chica, y estaba a punto de mostrarle lo que era un beso al estilo Griffin cuando, de improviso, un grito de Ontari provino del interior del bar.

-¡Clarke! – suspirando, y con bastante reticencia, se separó de Lexa, quien sonreía divertida bajando la cabeza.- ¡Clarke tenemos clientes! -

-Mierda, siempre están interrumpiendo – comentó entre dientes, sin pretender que sonara tan alto, llamando la atención de la castaña.- Nada- se apresuró a aclarar, dejando de un salto el banco para luego acomodarse la ropa y el cabello. Ni siquiera lo había notado, pero, durante el beso, Lexa le había subido un poco su camiseta y corrido el delantal de Polis. -Yo me encargo, tú quédate un rato más aquí y disfruta del aire libre –

Recibió un asentimiento y una cálida sonrisa como respuesta, y antes de caer otra vez en la tentación de atrapar sus labios se perdió por la puerta que conducía al salón. Necesitaba un trago, con urgencia. Pasaría las siguientes ocho horas junto a Lexa, y, si no ponía aquellos impulsos a raya, terminaría cometiendo una estupidez.


Notas: ¡Hola de nuevo! He aquí otro capítulo de esta historia. Si llegaron hasta aquí, me alegro y espero que estén disfrutando de todo esto. Y en caso de que el capítulo tenga errores, perdón.

No tengo mucho para decir. Como expliqué en el capítulo anterior no tengo muy definido el rumbo de la historia ni planeo hacer algo muy largo. Aunque claro, nunca se sabe…

Cualquier duda, sugerencia, comentario o lo que sea que tengan en mente pueden comunicármelo en un review.

Nos leemos pronto.

Atte. Anitikis