Propuestas
-¿Cierras tú, Clarke?- escuchó a Ontari decir a sus espaldas, al tiempo que retiraba la cazadora del perchero para dejar así, en su lugar, el delantal de trabajo.
-Sí, yo me encargo- respondió, mientras giraba dedicándole sonrisa ladeada que reflejaba, aunque poco, lo exhausta que se encontraba. -Nos vemos mañana-
-Que descansen- la morena correspondió a su gesto, intercalando miradas entre ella y Lexa antes de marcharse con rumbo a la puerta principal de Polis.
Con un resoplido apagó las luces principales del salón, dejando encendida sólo una de las de la barra para evitar sumirse en una oscuridad total, antes de voltearse a su nueva compañera para que ambas fueran hacia la salida. De seguro se encontraba tan cansada como ella, y es que hoy habían roto un nuevo record. Podía asegurar que, esa misma noche, ambas habían sido las que más tragos habían servido en todo Manhattan. El lugar estuvo a reventar, a tal punto que el tipo de seguridad impidió el paso a nuevos clientes por un par de horas puesto que, adentro, ya estaban demasiado apiñados. Y, si a eso se sumaban los pedidos interminables de la mesa de festejo, la cantidad de bebidas esa noche ascendía, fácil, a más de quinientas. Todo un logro.
Dio un vistazo rápido a su reloj de muñeca. Casi las cuatro de la madrugada. Por lo general, en fines de semana, cerraban a eso de las dos, pero esa noche había sido la excepción. En cualquier otra situación aquello le habría molestado, y es que por mucho que Kane fuese un buen jefe no solía pagarles esa clase horas extras ni perdonarles que llegasen tarde el día siguiente a causa del desvelo, pero la verdad todo fue demasiado divertido. El motivo: las chicas de Sigma Beta. De algún modo una de ellas, a pesar de que estaba tan borracha como una cuba, fue capaz de tocar el piano que tenían en el salón de Polis, y era tan buena en ello que sólo bastaba que le dijeran algún título para que empezara a hacerlo. Todos, tanto las de la fraternidad como los demás clientes, se sumaron a la propuesta, y cuando menos se dieron cuenta organizaron un improvisado concurso de karaoke. El guardia al final había terminado sacando a los clientes después de las tres, y es que parecía que no le encontraba mucha gracia a todo el asunto. Luego, como cada noche, ella y sus compañeras se habían encargado de limpiar el bar para que estuviese en condiciones al día siguiente.
-Creo que yo también debo irme, tengo un largo camino hasta Brooklyn- dijo Lexa, una vez que ambas estuvieron fuera, mientras ella extraía las llaves de su chaqueta para cerrar la puerta principal.
-Te llevaré hasta allí- sentenció al instante, para luego girarse en busca del rostro de la morena. No permitiría que se fuese sola a estas horas. Pues sí, New York era la ciudad que nunca dormía y quizás la más segura del mundo entero, pero aun así se sentiría más tranquila sabiendo que ella misma la dejaría en su casa (y no es que contase, pero al menos así sabría donde era ese lugar). -Tengo motocicleta-
-Descuida, puedo regresar en metro- le sonrió con un guiño, antes de voltearse en dirección al este, seguro para dirigirse a la estación más cercana, aunque Clarke no se lo permitió puesto que, en un rápido movimiento, atrapó una de sus manos.
-Te aseguro que no es molestia, además también vivo en Brooklyn- bueno, técnicamente ese no era su domicilio entre semana pero de seguro a su madre no le importaría que pasase la noche en su cuarto. Además, sabiendo lo adicta que se había vuelto a las guardias nocturnas tras lo de su padre, seguro no estaría en casa. Buscó sus ojos, esos que ya comenzaban a gustarle, y esbozando su mejor sonrisa tiró aún más de su mano para que se encaminara con ella hacia el callejón lateral.- Vamos Alexandra, no hagas que te obligue a subir -
-No quiero quitarte el casco- se excusó, aunque no podía quitar los ojos de la motocicleta. Clarke no la culpaba, después de todo ella, que ya llevaba más de un año teniéndola, también solía estar horas admirándola. Esa Ducati Diavel, regalo de sus padres en su vigésimo tercer cumpleaños, era imponente y, como Raven solía decir, orgásmica para cualquiera que supiera de motocicletas.
-No lo necesito- en realidad odiaba ese maldito casco. Salía de casa con él solo para que su madre o su hermana no le diesen lata sobre el tema de los accidentes de tránsito, pero la mayor parte del tiempo se limitaba a llevarlo colgado del manubrio de la motocicleta. Además la seguridad no pegaba con su aspecto de chica mala, ¿no?
Montó en el vehículo, quitando a su paso la patilla de metal que la mantenía fija sobre el suelo. Acto seguido, tras sacar el casco del manubrio, se lo tendió a Lexa dedicándole su mejor sonrisa chulesca. No aceptaría un no por respuesta. Ella tan solo negó con un suspiro, aunque sin borrar la sonrisa de su rostro, antes de aceptarlo.
Fue entonces cuando Clarke la inspeccionó de arriba abajo. Pues sí, quedó como una mirona descarada, y aunque disfrutó hacerlo, reafirmando aún más su idea de que la ropa ajustada le sentaba de miedo, llegó a la conclusión de que se congelaría. Iba con ropa más abrigada que la de esa noche de año nuevo, pero dudaba demasiado que ese jersey le hiciera frente al frio viento del rio East. En su defensa, de seguro la chica jamás imaginó de que esa noche regresaría en una Ducati a casa. Se quitó la cazadora para tendérsela, y a pesar de que batalló bastante logró que la castaña la aceptase.
-¿Lista?- no recibió respuesta a esa pregunta, más el movimiento afirmativo que Lexa hizo sobre su espalda bastó para que, de forma instantánea, acelerase la Ducati más de la cuenta en dirección a la calle.
Los brazos de su nueva compañera no tardaron en ceñirse a su cintura, al tiempo que su cuerpo se apretujaba más contra el suyo e intentaba, inútilmente, esconder su encasquetada cabeza en su cuello. Amplió aún más sonrisa, y es que mentiría si dijera que una de las razones por las que se había ofrecido a llevarla a casa era para tener unos minutos en su cercana compañía. A pesar de haber pasado parte de la tarde y la noche juntas, el único momento de cercanía que compartieron fue el del callejón luego del incidente de la nevera. Una vez que estuvieron frente a la barra tan sólo se habían concentrado en la incesante demanda de los clientes, intercambiando alguna que otra palabra pero únicamente sobre temas del trabajo.
Al llegar a la avenida Williamsburg, y aprovechando que todos los semáforos refulgían en verde, aceleró un poco más. Mierda, adoraba la velocidad. La ponía a mil, aunque quizás esa noche en particular se debía al hecho de tener una chica bonita pegada a su espalda. Aun así, y dejando de lado lo otro, siempre le había gustado la sensación de placer que le producía llevar a fondo a su Ducati. Era una mezcla de poder, libertad y frenesí. Todo en una. Gracias a un grupo de amigos de la universidad había experimentado con varios estupefacientes, pero esto… esto era celestial. No tenía el más mínimo punto de comparación.
Una vez que estuvieron cerca del puente, que unía Manhattan con Brooklyn, bajó un poco la velocidad y se hizo a un lado, para estacionar así junto a una de las calles que permitían bajar a la autopista. Por suerte casi no discurrían autos a esa hora, aunque de igual modo se llevó un bocinazo de parte de un taxista por haberse cruzado de carril tan repentinamente.
-¿Dónde estamos?- preguntó Lexa, luego de que se detuvieran, una vez que logró quitarse el casco. O más bien que logró levantar el visor, puesto que había fracasado en lo anterior.
-En el puente Williamsburg – Clarke tan solo rio, volteando su cuerpo lo máximo posible con la intención de ayudarle con el casco. - No me dijiste donde vives y dudaba mucho que llegase a escucharte con esa cosa puesta-
-En el 50 de la avenida Gates, en Ridgewood- asintió ante la respuesta, ubicando al instante la zona. Estaba cerca de su casa, aunque eso no importaba mucho puesto que no le habría molestado llevarla hasta el Bronx o Jersey. Volvió a su anterior posición, y estaba a punto de reanudar la marcha cuando sintió las manos de Lexa sobre sus hombros. -¿Clarke?- aún no se había recolocado el casco, de modo que pudo oírla.- Te agradezco lo de hoy -
-No fue nada- respondió, dedicándole una sonrisa por sobre su hombro que la chica de ojos verdes correspondió con otra parecida. De repente una idea cruzó por su cabeza. -¿Qué planes tienes para esta noche?- la mueca irónica en el rostro de Lexa lo decía todo: ninguno. Y es que, si lo pensaba mejor, dudaba que tuviese algún plan a esas horas de la noche. - Ven conmigo -
-¿Dónde?- inquirió, y por su tono de curiosidad junto a esa sonrisa que no se borraba de su rostro supo que no se negaría.
-Es una sorpresa- susurró en voz baja cerca de su oído, antes de virar la cabeza para ser partícipe de cómo se mordía el labio y cerraba los ojos. Mierda. Aquello, sumado al hecho de que llevaba puesta su cazadora y que estaba sobre su motocicleta, resultaba demasiado sexy.
-Entonces arranca- tras aquella sentencia, y de que Lexa se recolocara el casco, le dedicó una última sonrisa picaresca. No tendría que haber respondido eso.
Aceleró como lo hizo a salir de Polis, aunque, con la pendiente que descendía hasta la autopista, parecía que lo hubiese hecho aún más. La castaña volvió a ceñirse a su cuerpo, esta vez relajada y sin intentar ocultarse del viento. Estando tan cerca de la bahía del East, el aire era un poco más frío y la golpeaba de lleno por estar delante. De seguro terminaría con un resfriado. Estaba muy acostumbrada a soportar ese clima con poca ropa encima, y hasta le gustaba, pero eso no quería decir que luego su cuerpo no le pasase factura.
Aspiró lentamente. El aroma a salitre y a motor, típico de aquel sector de la ciudad, se mezclaba con el inconfundible aroma dulzón proveniente de su compañera. Mierda, aquello solo lograba excitarla aún más de lo que ya estaba. Hey, pero que quedase claro que en ningún momento sus intenciones fueron aprovecharse de Lexa al ofrecerse para llevarla a casa. No lo parecía, pero por dentro tan sólo se preocupaba por la chica.
No sabía dónde llevarla. Le había hecho la propuesta por impulso, y también por impulso había cambiado de rumbo para dirigirse al norte de Manhattan en lugar de Brooklyn. No tenía nada en mente, aunque por experiencia propia sabía que el centro de la ciudad ofrecía más posibilidades que el viejo barrio del este. Pero, claro, pasaban de las cuatro de la mañana de modo que las únicas ofertas disponibles a esa hora eran algún bar o una discoteca. Ninguna de esas opciones le parecía apropiada. Toda la noche se había visto obligada a permanecer lejos de Lexa, de modo que ahora prefería algo de intimidad (y no, no sólo por cuestiones sexuales). Sería perfecto si pudiesen visitar algún edificio afamado del centro a esa hora, pero lamentablemente la mayoría cerraba sus puertas al público cuando anochecía. Sin embargo…
No lo pensó dos veces y, aprovechando el poco tráfico y la ausencia de patrulleros, aceleró aún más. El rugido de la Ducati rompió la quietud de la noche, imponiéndose ante los tenues sonidos emitidos por algún que otro coche cercano. Serpenteó entre las calles, evitando lo posible discurrir por alguna de las principales para no tener problemas con la ley o que algún imbécil se les atravesara. Por suerte los clubes del Lower aún permanecían abiertos, de modo que la zona parecía un desierto post apocalíptico.
Al ingresar a la octava, ya cerca de Columbus Circle, no le quedó más que reducir la velocidad. Los turistas parecían no abandonar nunca esa parte de la ciudad. A pesar de la hora y de que el frío no daba tregua, un grupo bastante numeroso estaba reunido, junto a la gran estatua de Christophorus y en los alrededores de la entrada a Central Park, disfrutando de los espectáculos callejeros. A veces los odiaba. Pues sí, entendía que New York era una ciudad esplendorosa y la amaba por eso, pero aun así no era motivo para que hordas de desconocidos la invadiesen los trescientos sesenta y cinco días del año. Con su entusiasmo, preguntas y curiosidad muchas veces le hacían sentirse un mono de circo, siendo que eran ellos quienes no pertenecían allí.
Una vez que entraron a Central Park West, todo volvió a la calma. Por eso le gustaba tanto aquella zona de Manhattan. Sí, era un poco aburrida por la cantidad de viviendas residenciales y los pocos bares que tenía pero eso funcionaba como repelente perfecto para los invasores. Su padre siempre solía decirle que algún día el mundo se daría cuenta que Upper West Side era muchísimo mejor que el East Side y abarrotarían el lugar, aunque Clarke dudaba que aquello llegase a ocurrir. Para la mayoría el atractivo finalizaba en el límite del parque, lo que era algo estúpido pero a la vez bueno. Mientras más lejos mantuvieran sus turísticas narices, mejor.
Antes de la intersección con la setenta y dos palmeó con una de sus manos el bolsillo delantero derecho de sus tejanos, hasta que logró sacar del interior un par de llaves junto a un pequeño control remoto. Presionó el único botón del mismo, para luego hacerse a un lado de la calle y virar en dirección a uno de los edificios. Sintió el cuerpo de Lexa contrayéndose contra el suyo, quizás pensando que chocarían de lleno contra el muro, y no pudo evitar esbozar una sonrisa. Seguro debido a la oscuridad y al casco su compañera no veía la abertura que conducía a la cochera subterránea de la edificación. Aparcó junto a los elevadores, frente a un gran sitio con el letrero de "reservado", justo al tiempo que las luces automáticas se encendían iluminando el subsuelo.
Dejó que Lexa bajase de la moto primero, y una vez que lo hizo procedió a bajar el soporte metálico que mantenía fija la motocicleta. Esta vez no hizo falta que le ayudase a quitarse el casco, de modo que, con una sonrisa, lo recibió cuando la chica se lo pasó. Luego, sin decir palabra alguna, se encaminó a los elevadores sintiendo como la castaña la seguía a sus espaldas.
Una vez en el cubículo suspiró de forma sonora, mientras presionaba el botón numero treinta y luego aquel que cerraba automáticamente las puertas del elevador. Realizaría otra queja. Llevaban más de dos meses escuchando esa maldita canción de Pharrell, y aunque al principio había resultado divertida a este punto ya la sacaba de sus casillas. Era irritante que buscase trasmitir tanta felicidad y positividad. A la única que le perdonaba ser así la mayor parte del tiempo era a Raven, pero porque lamentablemente no le quedaba otra opción.
Aprovecho los espejos del elevador para estudiar a Lexa, y la sonrisa se le instaló de nuevo en su rostro. Lucía adorable (¡MIERDA! Ya había perdido la cuenta en la cantidad de veces que había empleado esa palabra para describirla, y lo peor era que ahora no podía culpar al alcohol o al cannabis). Miraba con curiosidad la placa de botones y los letreros dejados por el encargado junto a la misma. Fruncía sus labios, pero no como si algo le molestase sino más bien como si intentase mantener la boca cerrada y no preguntar todo lo que se le pasaba por la cabeza en estos momentos. Cuando sus ojos se encontraron con los de Clarke le devolvió la sonrisa a través del espejo, logrando así que la respiración de la rubia se detuviese por unos instantes. Por todos los infiernos, era perfecta. Además aún tenía puesta su cazadora, y le sentaba tan bien que tuvo que reprimir el impulso de empujarla contra el espejo lateral del elevador.
Por suerte, o quizás no, las puertas al fin se abrieron. Sabiendo que la castaña la seguiría se encaminó directo al mostrador situado al otro lado del pasillo. Allí, bajo un logotipo de compuesto de las letras GC en pulcra caligrafía y de color plateado, un guardia de seguridad cincuentón dormía sentado sobre su silla. El ruido de pasos en el vestíbulo lo despertó, y aunque contrajo su cara en una mueca de enfado la misma no tardó en volverse una sonrisa al distinguir a Clarke.
Con un guiño respondió al saludo silencioso de Peter, bajo la atenta mirada de Lexa quien, por esos momentos, ya no entendía en absoluto la situación. No le dio tiempo a preguntas. Quería sorprenderla, y además, por muy buena amiga que fuese del guardia, tampoco quería que él las entretuviese con alguna de sus interminables charlas sobre baloncesto. Una vez frente al mostrador viró decida hacia la derecha, dedicándole una sonrisa rápida a Peter la cual fue correspondida con un asentimiento. Le caía muy bien ese sujeto. Se limitaba a su trabajo, sabía escuchar sin hacer preguntas, y tenía, además, un muy buen aguante para el whisky.
Estando frente a la última puerta del pasillo le dedicó una mirada traviesa a la castaña y, temiendo que fuese a explotar a causa de la curiosidad, abrió para cederle el paso.
-Esto es... - exclamó Lexa boquiabierta, avanzando decida hasta el final del salón sin poder quitar la vista de enfrente. No la culpaba, y es que a pesar de los años ella misma seguía sorprendiéndose con el panorama. El salón tan solo contaba con una mesa gigante y muchas sillas de madera a su alrededor, nada fuera de lo común, pero la vista que ofrecía…
Anticipando que, ante su asombro, quizás terminaría chocando contra las puertas corredizas traslúcidas que conducían a la terraza, Clarke se apresuró a abrir una. Lexa simplemente continuo con su avance, atónita, hasta el muro de concreto que marcaba el límite.
-Increíble, ¿no? - finalizó, caminando lentamente hacia ella, aunque observando más bien su reacción y no la vista privilegiada que tenían de Central Park y del Upper East Side. Conocía ya esas luces de memoria. Prefería, esta vez, concentrarse en otro tipo de belleza, porque no hacía falta aclarar que esa mueca de sorpresa y felicidad conseguía realzar su ya perfecto rostro.
-¿Cómo lograste que nos dejaran entrar?- logró preguntar, aunque sin poder siquiera despegar la vista de enfrente. Estaba como hipnotizada.
-El edificio pertenece a mi familia- tras aquella repuesta sí que consiguió llamar su atención, y, abriendo aún más su boca a causa de la sorpresa, viró la cabeza para clavar sus ojos verdes sobre Clarke. -Bueno, no exactamente a mi familia pero la empresa de construcción que nos pertenece opera aquí y es la encargada del fideicomiso así que podría decirse que es nuestro-
Este era un dato demasiado ínfimo sobre su familia. En realidad, y aunque nunca lo admitiese, eran ricos. Muy ricos. A lo largo del siglo pasado su abuelo había logrado fundar un imperio gracias a su empresa de construcción y sus múltiples inversiones, y su padre no había hecho más que mantener y expandir ese legado. Raven y ella nunca mostraron interés en seguir con la tradición familiar, y lo habían dejado muy en claro estudiando carreras alejadas del rubro, pero, tras el deceso de Jake, estaban a cargo de las decisiones más importantes y pasaban de tanto en tanto para celebrar reuniones en esa misma sala.
-Nunca vi eso venir - musitó Lexa, sin salir de su estado de estupor, retornando la vista hacia el parque. Era normal. La gente tendía a flipar cada vez que hablaba sobre su familia, y era por eso que desde la adolescencia lo evitaba siempre que podía. -Es decir, no esperaba que la chica que trabaja conmigo detrás de la barra de un bar fuese dueña del Empire State-
-Este no es el Empire State- no pudo evitar sonreír. Si no fuera que Lexa le atraía de seguro aquí se habría acabado la pseudo-cita. Si había algo que odiaba más que los turistas, era los turistas que confundían lugares emblemáticos de la ciudad. -Y acostúmbrate a no fiarte de la primeras impresiones aquí en New York, porque la mayoría de las personas siempre oculta un pasado detrás-
Como por acto reflejo, se palmeó los bolsillos de su pantalón en busca de su cajetilla de metal. Era ya una costumbre venir a este lugar para beberse un trago o fumar, y a falta de whisky esa noche no tenía más opción que desquitarse con el cannabis. Encendió un porro y, tras dos caladas profundas, se lo pasó a Lexa.
-¿Por qué trabajas en Polis?- preguntó la chica en un suspiro, mientras soltaba el aire retenido tras la primera pitada.
-¿Iremos a ese asunto?- retrucó Clarke irónica volteándose hacia ella, y al ver que la castaña tan sólo asentía negó con la cabeza retornando la vista al frente. -Dejé la universidad- esa era, quizás, la frase más corta para resumir toda la historia que había detrás. Se la decía a todo el mundo y, cuando lo hacía, solían soltarle sermones sobre lo mal que accionaba. Era extenuante, a tal punto que por eso obviaba las preguntas personales.
Lexa tan sólo se quedó en silencio, mientras tenía la mirada pérdida en ese océano de luces que era el East Side por esas horas. Dio otra calada profunda, cerrando los ojos durante el tiempo que inspiraba, para luego pasarle el porro esbozando una sonrisa tranquilizadora. No la juzgaba, o al menos así lo entendió Clarke.
-Más que dejarla decidí tomarme un tiempo, y para no alejarme demasiado del ambiente tomé el puesto- añadió, recordando que ese en realidad había sido el pedido de su madre cuando le comunicó su decisión. Dijo que no se interpondría siempre y cuando se mantuviese activa cerca de la NYU, y aunque esa clase de empleo no era el que había tenido en mente no le quedó más que aceptar. -Además Kane es amigo de mi madre y en ese entonces necesitaba alguien de confianza que le ayudase un poco-
-¿Y por qué dejaste la universidad?- preguntó nuevamente Lexa, girando la vista hacia ella justo mientras daba una pitada.
-Asuntos familiares- lo dijo de forma escueta, en un tono más grave y sin siquiera voltearse. No lo hizo a propósito, pero es que cuando entraban en ese terreno era un reflejo lo de mostrarse hosca. Era eso o derrumbarse, y definitivamente no quería mostrarse vulnerable.
-Perdón, no quise...- suspiró ante aquellas palabras, sin dejarla terminar aquella disculpa innecesaria. La bruta había sido ella. Se notaba que Lexa tenía interés en la conversación, pero no por cotilla sino porque verdaderamente le importaba.
-Mi padre falleció el pasado agosto- soltó entonces, dándose una pausa para otra calada antes de seguir. -Éramos muy unidos, ¿sabes? Solíamos venir aquí cada tanto a inspirarnos para nuestras pinturas, y en cada día festivo preparábamos una barbacoa en la azotea de casa- en realidad tenía miles de recuerdo junto a él, pero aquellos eran, quizás, los más importantes. -No volví a ser la misma desde que eso ocurrió-
Esta no era la primera vez que entraba a aquella sala. Tras el accidente pensó que nunca más podría hacerlo, y es que tenía demasiados recuerdos allí, pero esa misma noche terminó refugiándose entre esas paredes. Desde ese entonces venía seguido, para fumar, pensar o compartir alguna que otra copa con Peter junto a una partida de póker siempre que estuviese de ánimos. Era duro, sí, pero de alguna extraña manera encontraba un poco de paz. Si se esforzaba, hasta podía oír a su padre hablándole sobre las mejoras que debería hacerle a alguna de sus pinturas.
Lo extrañaba... ¡Mierda! Lo extrañaba demasiado. Aún no entendía porque había sucedido todo de aquella forma. Se suponía que a las personas buenas le ocurrían cosas buenas, o al menos cosas ordinarias pero no tragedias. Se suponía que recorrerían Europa en tren el verano próximo, que tratarían de escalar a pie todos los escalones dela Torre Eiffel, que harían una competencia para ver quién podía beber más vodka en alguna taberna perdida de Moscú, que saltarían en bungee desde los puentes de Klisova y tantas otras cosas que, con el correr de los años, habían agregado a la lista de pendientes.
-Lo lamento- la suave voz de Lexa la sacó de sus pensamientos. Sintió el roce de sus manos, e instantáneamente bajo la vista hacia allí. Fue entonces cuando descubrió que, inconscientemente, había estado apretando sus nudillos con fuerza. Y lloraba. Sin siquiera quererlo, unas cuantas lagrimas habían escapado de sus ojos para descender por sus mejillas.
-Mierda, quise traerte aquí para que olvidarás el asunto del congelador pero creo que solo estoy deprimiéndote más- soltó, esbozando una sonrisa rota y limpiándose el rostro con el dorso de la mano.
-Gracias por confiar en mí- aceptó aquello con un asentimiento, aunque por dentro la verdad era que se sentía rara. Es decir, acababa de soltarle demasiadas cosas personales a una extraña a, quien por cierto, se suponía que trataba de impresionar. Nunca antes había usado esa clase de estrategia para ligar, y además había que aclarar que ni siquiera hizo todo eso con aquel fin. Había sido una especie de impulso.
De repente, todo comenzó a resultarle incómodo. Dio otra calada, profunda y larga, pero aun sintiendo que eso no la ayudaba, y que Lexa la miraba de reojo cada tanto como si esperase que prosiguiera, optó por un cambio de rumbo.
-¿Por qué dejaste Florida?- tras aquella pregunta viró un poco la cabeza para que sus ojos se encontraran, más esta vez fue la castaña quien, sorprendida, bajó la vista al suelo y empezaba a juguetear con sus dedos de forma nerviosa. Clarke no perdió detalle de sus movimientos. Sin dudas ese tema sí que le incomodaba.
-Asuntos familiares- respondió tras unos segundos, en tono enigmático, quitándole el porro de las manos para dar una pitada. Bueno, al menos no era la única que necesitaba de los efectos del cannabis para hablar de temas difíciles. La rubia esperó paciente, dejando caer sus codos sobre el muro de concreto y concentrando la vista en la ciudad. -De pequeña solía ser demasiado traviesa ¿sabes? Mi madre temía por mi seguridad la mayor parte del día, y la maestra del preescolar entraba una crisis cada vez que desaparecía por temor a que terminase cometiendo alguna locura-
Sonrió. No le era difícil imaginarse una mini Lexa saltando de forma hiperactiva por todos lados, como una versión castaña de Pippi Calzaslargas, de ojos verde mar y de sonrisa radiante.
-Fue durante de un día de campo que aproveché la pelea de dos niños de mi salón para escaparme y explorar más a fondo la cueva que el guía del parque acababa de mostrarnos. Con cinco años creía que nada podría asustarme, así que deje mis pertenencias junto al resto del grupo. Adivina quién terminó encerrada en caverna por provocar un derrumbe- Clarke, al oír el tono quebrado de su voz, se volteó al instante, para verla sonreír lacónica ante su ironía. -Perdí la noción del tiempo, y aunque luego me dijeron que sólo pasé allí la tarde sentí que fueron días. No sabía si volvería a ver a mis padres, o si alguien me encontraría. Hasta ese momento no le había temido a la oscuridad, pero cuando se sumaron los sonidos de los animales sentí pánico como nunca en la vida- se preocupó al verla tan ensimismada, como perdida dentro de sus propios recuerdos, de modo que, imitando su acción de minutos atrás, estiró la mano hasta que sus dedos entraron en contacto. -Logré superar ese miedo, pero con respecto a los lugares cerrados…-
No podía verla de ese modo. Era pésima para eso de dar consuelo, y las situaciones tan emocionales le incomodaban demasiado, de modo que uso el arma que mejor conocía para aliviar cualquier ambiente: la risa.
-Con que te creías Indiana Jones…- bingo. Lexa no tardó en sonreírle, y para que aquel gesto no desapareciese de sus labios agregó -No te sientas mal, todos alguna vez hemos pasado por una situación traumática. Te lo dice alguien que a los quince años encontró a sus padres teniendo sexo en la cocina de su casa-
De inmediato, su risa llenó aquel silencioso ambiente. Fue como música para sus oídos. Por algo como eso, había valido la pena que su cabeza grabase en su memoria aquella imagen tan traumática de su padre arrinconando a su madre contra la isla principal de la cocina… O no, quizás no. Y es que aun tenia pesadillas sobre aquel momento.
Dejó aquellas cavilaciones al sentir los suaves dedos de Lexa acariciando con suavidad los suyos, puesto que sus manos aún estaban en contacto. Con un rápido movimiento los entrelazó, sonriéndole de lado mientras se perdía el verde de su mirada ¿Y cómo no hacerlo? Estaba descubriendo que esos ojos eran hipnóticos, y brillaban de una forma muy especial.
-Pensaba que luego de cerrar te irías con la rubia de la mesa de Sigma Beta- confesó ella de repente, bajando la vista hacía sus manos entrelazadas y jugando, de forma nerviosa, con sus dedos. Clarke tan solo amplió su sonrisa, y es que sabía de lo que hablaba pero toda la noche había creído que nadie llegó a percatarse de la situación. -No dejó de mirarte en toda la noche, y vi cuando se acercó a la barra para hablarte-
-No era mi tipo- se excusó, encogiéndose de hombros, sin poder contener la sonrisa. No le fueron indiferentes las miradas que la chica le lanzó desde su sitio, y puede que le dedicase algunas (vamos, que estaba buena y ella no era ciega). De igual modo, tras la pequeña charla y agendar su número, supo que no terminarían juntas esa noche.
-¿Crees que yo si lo soy?- la miró de reojo tras aquel comentario, encontrándose con una pícara sonrisa entre sus labios que hablaba por sí sola. Esa era toda la aprobación que necesitaba.
Aprovechando que aún tenían sus dedos entrelazados, Clarke tiró de ella y se apoderó de su cintura con un rápido movimiento. Aun así, fue Lexa quien encontró primero su boca y marcó el ritmo inicial del beso. Cerró los ojos por instinto, perdiéndose en las mil y un sensaciones que aquel simple roce le producía. Su cabeza parecía a punto de estallar, su corazón saltaba como queriendo salir de su pecho y en su estómago acaba de instalarse un algo así vacío muy agradable. Era… Era… Mierda. Era jodidamente increíble. Mejor que la vez de la azotea y que del callejón, quizás porque sabía que ahora nadie podría interrumpirlas (a excepción de Peter claro, y a quien por cierto mataría si se atrevía a hacerlo).
Cuando aquel simple contacto no fue suficiente, tomó el control de la situación e introdujo, firme pero lentamente, su lengua dentro de la boca de la castaña, quien la recibió gustosa y se unió a ella en aquella danza improvisada. Mordía, succionaba, sonreía cada tanto para dejarse hacer. No pudo evitar abrir los ojos por un par de segundos, descubriendo así que Lexa sonreía al igual que ella y parecía disfrutar también de ese momento. Era perfecta. Simple y sencillamente perfecta.
Quizás fue por la forma en que su compañera enterró ambas manos entre su pelo, quizás porque su respiración empezó a tornarse irregular y jadeante, o quizás porque tenía ganas acumuladas desde hacía semanas pero el asunto era que necesitaba más. Los movimientos de su boca se volvieron torpes y erráticos, y sin saber muy bien cómo logró arrinconar entre sus piernas y el muro el menudo cuerpo de Lexa. El gruñido que emitió la chica como respuesta tan solo logró elevar aún más su temperatura, de modo que pegó su cuerpo al suyo lo máximo posible.
En cuestión de segundos, ella invirtió las posiciones, para bajar peligrosamente su boca por su cuello mientras tanteaba la piel de su abdomen colando una mano por debajo de su camiseta. Aquello devolvió parte de la lucidez a Clarke, quien, por mucho que disfrutase de todo esto, sabía que lo mejor era parar.
-Espera, no aquí- articuló en un gemido, empujando, a regañadientes, el cuerpo de Lexa del suyo. Aquella era la sala de juntas principal, y eso significaba que estaba rodeada de cámaras. Por muy poco que le importase la opinión de los demás, no quería que después circulara un vídeo suyo teniendo sexo junto a la réplica del David que su abuelo mandó traer de Europa y decoraba la terraza.
Lexa se mordió el labio, uniendo su frente a la suya mientras respiraba agitada. Por inercia, y aprovechando que mantenía los ojos cerrados, Clarke desvió la vista hacia sus rojos e hinchados labios. Grave error. Aunque estaba consciente que debía parar, le era imposible teniéndola tan cerca. Los besó una última vez, tan solo durante un par de segundos, y antes de que ella fuese capaz de corresponderle tomó su mano guiándola de nuevo al interior de la sala de juntas.
Al pasar junto al mostrador de entrada, Peter les dedicó un saludo de despedida con su mano. La rubia le correspondió con un asentimiento aunque, al voltear por sobre su hombro, el guardia, aprovechando que Lexa no veía, le hizo una seña con sus manos junto a una expresión que podría traducirse como "qué fuerte está esa chica". Lo dejó pasar, sin poder evitar sonreír resignada. Seguro le daría lata con ese asunto la próxima vez que la viera.
Estando ya dentro del elevador, presionó, al instante, el botón de que conducía a la doceava planta. Aquella no había sido su idea inicial cuando se le ocurrió llevarla a la sala de juntas, pero en estos momentos no tenía ganas de conducir hasta Brooklyn o algún otro sitio. El simple roce de los dedos de Lexa entre sus manos le quemaba, y escuchar su respiración, todavía algo agitada, la ponía aún más ansiosa. No, definitivamente no saldrían de ese edificio.
Esta vez no le molestó en absoluto escuchar "Happy" en ese maldito cubículo, puesto que, ni bien la puerta se cerró, arrinconó a la castaña contra la pared y se perdió en sus labios. Tenía que agradecer que era un trayecto relativamente corto y es que su compañera, aprovechando su posición, había comenzado a frotar su muslo por sobre los tejanos que cubrían su entrepierna. ¡Mierda! ¿Es que acaso pretendía matarla? No pudo evitar el soltar un gemido gutural entre sus labios, al tiempo que, de forma refleja, se unía a sus movimientos sin despegar su cuerpo. Una vocecita en su cabeza le recordó que allí, al igual que en las oficinas de GC, una cámara las grababa. Que les dieran. De seguro el guardia de turno disfrutaría más con esas escenas que con las insípidas que solían grabar los actores de películas triple x.
De forma automática, tras abrirse las puertas, condujo a la chica desde el elevador hasta el dintel más próximo, tratando de despegar lo menos posible sus labios de los suyos. Tan solo tomó distancia cuando tuvo que sacar la llave del bolsillo de sus tejanos e introducirla en la cerradura, reanudando su labor tras eso. Era adictivo. Los labios de Lexa tenían algo que los hacía irresistible, y si a eso le sumaba esas ganas acumuladas desde año nuevo la combinación era letal. Todo el salón principal estaba a oscuras, lo que fue suficiente como para que, por unos milisegundos, sopesara la posibilidad de que se quedaran en el sofá, pero a sabiendas que Raven era demasiado impredecible optó por su cuarto.
Entre besos, suspiros, algún que otro golpe accidental con los muebles y risas, lograron llegar hasta la cama tamaño king que le pertenecía. Durante el trayecto había logrado despojar a la chica de su cazadora, el sweater y su camiseta, de modo que, cuando se recostó sobre ella, atacó su cuello iniciando un lento descenso. El escuchar como suspiraba entrecortadamente y sentir enterraba sus manos en su cabello… Bueno, aquello acabó con su autocontrol.
Acarició su torso desnudo de pasada, porque en realidad su destino concreto eran sus pechos. Al primer contacto con ellos, por encima de la tela del sujetador, escuchó a la chica jadear. Sin dudas necesitaba atención en aquella zona. Tanteó, sin dejar en ningún momento de besarla y concentrándose esta vez en la parte baja de su cuello, su espalda, hasta dar con el clip que la liberara de la única prenda que cubría su torso. Se detuvo por unos segundos, tragando en seco, al ver sus pechos. ¿Había algo en la anatomía de Lexa que no fuese perfecto? Quizás algunos lo catalogarían como algo pequeños, pero a ella ya le gustaban. Podía abarcarlos casi por completo con su mano.
Concentró su boca primero en el derecho, estimulando con besos y algún que otro mordisco su, ya erecto, pezón, pero sin dejar de masajear al izquierdo con una de sus manos. Sus ruidos guturales tan solo le confirmaban que estaba haciendo bien las cosas, y no pudo evitar sonreír de forma socarrona ante ello. Había esperado demasiado por esto, y ahora le demostraría quien era Clarke Griffin y las maravillas que podía hacer. Tras un rato se concentró en besar su pecho izquierdo, guiando sus manos, esta vez, al cierre de sus pantalones.
De repente, y sin saber bien cómo o por qué, se vio arrojada contra el colchón por Lexa. Frunció el ceño al instante, sin entender muy bien de que iba todo eso, aunque desde aquella posición no podía quejarse... Y es que, ¡mierda! Con la tenue luz que ingresaba por la cortina traslucida de su ventana, tenía una vista perfecta de su abdomen, y de sus pechos, y con la forma en la que su cabello caía suelto hacia un lado parecía una de esas jodidas sirenas de…
Fue su risa la que la sacó de aquel trance. Elevó la mirada un poco, encontrando a la de ojos verdes alzando una ceja mientras le sonreía con picardía. No se sonrojó en lo más mínimo al verse descubierta, sino que le correspondió con una sonrisa chulesca. Lexa de seguro sabía que estaba buena, y el hecho de que estuviese a horcajadas sobre su cuerpo le daba todo el derecho a verla de ese modo. Tan sólo se movió un poco para quitarle camiseta, y cuando estuvieron en, casi, igualdad de condiciones atrapó nuevamente sus labios con hambre, mientras se movía lentamente sobre su abdomen desnudo.
Sentía que explotaría de placer en cualquier momento, y, ¡con un demonio!, apenas si estaban besándose. Era la abstinencia, eso seguro. De igual forma, no iba a dar la impresión de ser una inexperta que se corría a la primera de cambio de modo que, cuando la chica soltó su boca para bajar por su cuello, retomó el control de la situación obligándola a girar sobre el edredón. Su cama, sus reglas. Para evitarse nuevas interrupciones, atrapó sus manos por encima de su cabeza y se concentró en su boca. Esta vez no fue sutil, y entre mordidas y embestidas la dejó bastante confundida.
Bajó nuevamente por su cuello hasta su abdomen, acariciando a su paso sus pechos y parte de esa piel tostada por el sol de Florida. Distrayéndola con besos cortos, y deleitándose con los gemidos que se escapaban de su boca, empleó sus manos para abrir y quitarle de una buena vez esos jodidos pantalones negros que tan bien le quedaban. Claro que, aprovechando la situación, delineó esas piernas torneadas que se escondían debajo. Estaba llegando a la conclusión que quizás Lexa era una especie de diosa, ya que aquello era lo único que faltaba agregar a su lista anterior de perfección.
Acarició despacio sus muslos, tratando de que se acostumbrara a su contacto, al tiempo que se acercaba hacía su entrepierna. Elevó una mano, lo justo para que se encargara de uno de sus pechos, para rozar con la otra su centro. Eso sí que disparó su pulso. Lexa estaba totalmente mojada, y eso tan solo conseguía encenderla más (si eso era posible, claro). Se concentró en acariciarla por sobre la ropa interior, para así poder concentrar sus ojos en su rostro… Era sencillamente hermosa. Unas cuantas gotitas de sudor bajaban por sus mejillas, y de su boca no dejaban de escapar gemidos y sonidos muy placenteros. Se encontraba cerrando los ojos, y aquello era un alivio porque si no habría visto como babeaba, literalmente, por ella.
Clarke supo que era el momento al sentir como se arqueaba contra su mano. Ya no le bastaba el simple roce de su mano, y para ser justos habría que aclarar que también se moría por probarla. Le quitó la última prenda despacio, arrojándola luego a alguna parte de suelo, y luego se perdió entre los pliegues de sexo. Besando, lamiendo, succionando. Los gritos de Lexa no tardaron en romper la quietud del ambiente, primero como simples vocales prolongadas y luego mencionando su nombre.
Introdujo un dedo en su interior, tratando de llevar un compás sincrónico entre aquel movimiento y el de su boca. Primero lento, y acelerándose cada vez más conforme sus ruidos se intensificaban. Algo le dijo que el fin estaba cerca. Necesitaba que Alexandra se corriese. Necesitaba que Alexandra se corriese mientras ella besaba su boca. Agregó un dedo más a aquella pasional e improvisada coreografía, mientras ascendía hasta su rostro y callaba sus gritos con un beso hambriento. Esto era el cielo, o al menos así era como ella se lo imaginaba.
No tardó en sentir sus músculos contraerse contra su mano, al tiempo que la chica soltaba un largo suspiro y se desplomaba sobre la cama tratando de recuperar aire. Sin ganas de salir de su interior, Clarke la besó nuevamente. Esta vez despacio, sin prisas. Tenían toda, o lo que quedase de la noche. Y es que este recién era el primero de los muchos orgasmos que pensaba darle.
Notas: ¡regrese! Creo que tarde mucho más de lo pensaba, pero de verdad estuve bastante ocupada con unos asuntos de la universidad y hasta este momento no he tenido ni tiempo ni inspiración para terminar el capítulo. Lo he revisado, pero si se me escapó algún error les pido disculpas.
¿Qué tal? Sinceramente me preocupa. Es la primera vez que escribo una escena tan explícita, y la he releído bastantes veces hasta que al fin lograse convencerme. Espero que los haya gustado.
No tengo fechas para el próximo capitulo, pero creo que lo tendré listo para finales del mes. Desde ya les agradezco los posibles comentarios y sugerencias, porque les recuerdo que todo está abierto a sugerencias.
Nos leemos.
Atte. Anitikis
