¡Dulces lunas Sucrettas! Aunque no sea de noche y estén estresadas, no importa.
Subo ahora el capítulo porque sé que esta noche estaré demasiado cansada, así que... Estreno el fic.
El continuo flash de las cámaras cegaba cada vez más su visión desarrollada. Los murmullos y griteríos de la multitud inundaban sus oídos. Estaba empezando a agobiarse, sin embargo, en vez de demostrarlo tan solo llevó una de sus grandes manos a la corbata y la alejó del férreo agarre que habían hecho en su cuello, buscando aire, un poco de liberación.
Castiel observó a su compañero desde la lejanía. ¿Cuánto tiempo iba a sobrevivir el felino ante esa horda de humanos? Gruñó al pensar que podría haber sido él quien se encontrara en su lugar y dio gracias por ser tan impulsivo.
Cada vez el recinto se llenaba más de gente, lo único que separaba a los humanos de los Hybrids que allí se encontraban era un gran escenario y un montón de hombres de las fuerzas armadas enviados para proteger a esta nueva raza.
Tras la huida de un par de Hybrids el gobierno se hizo cargo de la búsqueda de más, encarcelando a la gente de la compañía Norheim.
El gobierno, furioso porque seres humanos hubieran atentado de esa manera contra la vida de otras personas y también en parte por el miedo que sentían hacia esa especie decidieron darle un lugar de vida en una gran zona militar de Florida, tiempo después todo este estado pasó a convertirse en territorio Hybrid, siendo vallado con grandes fronteras y aislando a esta especie del resto de población.
Había Hybrids que podían controlarse, simular ser como los seres humanos, pero había otro que no, experimentos fallidos con genes agresivos que podrían atentar contra la vida de los humanos, por eso se creó en una zona de Florida "La jungla", un lugar donde las especies más inestables pudiesen habitar tranquilamente, aunque esta información no estaba presente para el gobierno.
Las especies más controladas y estables vivían en el Homeland.
Una gran edificación con varias secciones. El edificio era una donación del gobierno para albergar a los supervivientes de Industrias Norheim. Era un oasis apartado del resto del mundo donde podrían vivir y adaptarse a la libertad dentro de una comunidad segura.
Nathaniel dirigía la Organización de los Hybrids. Su pueblo le había votado para conducirlos.
No solo era la cara y la voz de los Hybrids, también había sido nombrado miembro del consejo que representaba a los grupos de los sobrevivientes.
Un superviviente de cada una de las cuatro instalaciones de pruebas se había convertido en un miembro del consejo.
La Oficina de Estadísticas proclamo su propio gobierno cuando recibió el respaldo de los Estados Unidos en su lucha contra la independencia.
El hecho era que el gobierno había financiado, sin saberlo, las instalaciones de pruebas mediante numerosas becas para sus investigaciones. Y estas instalaciones habían utilizado el dinero de los contribuyentes para ayudar a crear las nuevas especies y durante décadas practicaron con ellos en nombre del perfeccionamiento de los medicamentos y las vacunas.
Ahora una gran cantidad de ese dinero fue depositado en las manos de las nuevas especies. La nueva base militar en Florida les fue donada para sus casas y se rumorea que ese gran gesto del gobierno había sido para salvar las apariencias y obtener el favor de la opinión pública.
Los Hybrids tras el escenario observaban curiosos la multitud de humanos ruidosos. Muchos de ellos llevaban pancartas, otros gritaban cosas que harían sonrojar a los más tímidos, pero todos resultaban agobiantes de alguna manera, aunque estos no eran comparados con los protestantes.
Desde que se le concedió a los Hybrids la oportunidad de vivir la vida libremente los humanos se agruparon en dos bandos, los que estaban a favor y los que estaban en contra. Los que estaban en contra se apostaban diariamente en las vallas de Homeland, gritaban e insultaban, también acudían a los pases de prensa cada vez que Nathaniel debía hablar en conferencias.
Kentin se estremeció, su instinto le pedía huir de allí, alejarse de aquellos humanos que podían hacerle daño. El miedo que sentía se filtro en el aire, pero desapareció cuando notó la presión de una mano femenina junto a la suya.
Sus irises verdes se movieron en aquella dirección para luego subir y observar a Aria. A su parecer era hermosa. Pálida y con las mejillas encendidas de manera natural, de larga cabellera albina. Sus miradas se encontraron y él se perdió de nuevo en aquellos ojos tan azules como el hielo, alzó una mano y la pasó por el flequillo que le cubría el ojo derecho y se dejó llevar por el tacto sedoso de este, las mechas negras que tenía en su flequillo hacían un contraste exagerado sobre el fondo blanco.
Eso demuestra que ella es una de nosotros.
Aria le sostuvo la mirada. Con él era con el único que se permitía ser dulce. Él era suyo, lo decidió en el instante en que lo conoció en las instalaciones, sus genes agresivos no se calmaron hasta que él estuvo entre sus brazos.
Esbozó una suave sonrisa, y él le correspondió tímidamente, ella agrandó su sonrisa cuando vio el color teñir las mejillas de Kentin.
Castiel bufó ante la escenita melosa y a sus oídos no les pasó por alto el bufido de alguien más. Giró la cabeza y la observó, ella fue parte del grupo que huyó cuando hubo una fisura en Norheim, además ambos habían sido mezclados con el mismo animal: Lobo.
A pesar de tener los mismos genes ella era totalmente distinta a él. Tenía una mata de pelo corta, blanco, con dos mechones enmarcando su rostro. Sus ojos heterocromos le devolvieron la mirada, aquellos ojos le recordaban demasiado a uno de sus compañeros en las celdas. Azul y verde. Se movieron con odio por todo su cuerpo y el no hizo más que sonreír de manera socarrona, ocasionando que Tsuki le gruñera y se fuera a un rincón alejado junto a los coches que los habían traído allí.
La vio acercarse a una de las hembras pasivas, Emily, si mal no recordaba. Lo único que él sabía sobre era hembra era que parecía muy infantil. Su pelo era largo, del color de la miel y su rostro presentaba unas facciones muy aniñadas. Los ojos iridiscentes de la chica se posaron en él durante un segundo, acompañados de una sonrisa dulce.
Castiel bufó. Para nada su tipo. Y se encaminó a las escaleras traseras del escenario, esperando a que Nathaniel bajara.
En cuanto la mirada de Nathaniel recayó en Emily ella se sonrojó de inmediato, provocando en Tsuki una sonrisa maternal.
Emily se giró para encontrarse con la sonrisa de Tsuki, lo que hizo que se sonrojara más si aquello era posible.
— ¿D-de qué te ries? — preguntó Emily tartamudeando, tratando de controlar el nerviosismo de su cuerpo. Lo sabía, Tsuki lo sabía, por eso se reía.
Pero no obtuvo respuestas, la albina tan solo negó con la cabeza y la tomó de la mano delicadamente para montar en el coche y salir de ese recinto de una maldita vez.
Ella se dejó hacer, queriendo escapar lo antes posible de las miradas de todos.
Nathaniel suspiró pesado cuando dejó de ver la melena miel de Emily. ¿Por qué se sentía obsesionado con ella? Su animal interior quería cazarla, jugar con ella, pero su parte humana –lo poco que quedaba de ella- le decía que eso no era lo correcto.
Dirigió su atención a Castiel y Viktor.
—Que todos se dirijan a los coches, mantened a los pasivos cerca, no quiero que los humanos protestantes les ataquen. — ordenó con voz firme.
—Los humanos están controlados, uno de nuestros equipos está ocupándose de ellos junto a los humanos— contestó Castiel —Me designaste como tu segundo y estoy al control de la seguridad, deberías saber que soy meticuloso. — el tono de molestia se podía divisar en su voz.
—Tranquilo, creo que todos estamos alterados desde el último incidente— Víktor posó sus palmas en los hombros de ambos, tratando de suavizar el ambiente. Él era el nuevo jefe de personal y sabía porque había tanta tensión. La última vez que los Hybrids salieron a una conferencia fueron asaltados por humanos furiosos y la seguridad era bastante débil, los humanos que los acompañaban fueron fácilmente sometidos y se tuvieron que ocupar los genes agresivos de la protección, pero todo eso había cambiado. Víktor ahora se ocupaba de adiestrar a los humanos y era él a quien se acudía en caso de contratar a alguien.
Castiel y Nathaniel compartieron una mirada y se relajaron.
—Solo… No quiero que seamos atacados de nuevo— sobretodo no quiero que le pase nada a ella, quiso decir realmente, pero se abstuvo.
Castiel asintió secamente y en cuestión de segundos todos abandonaban el recinto y se dirigían al Homeland. Las hordas de manifestantes no tardaron en aparecer, rodeando los vehículos.
Nathaniel se tensó en su sitio, estaba de copiloto en el mismo SUV que Tsuki y Emily y sus nervios estaban a flor de piel con el pensamiento de que podrían tocarla. Sin pensarlo dos segundos tomó una decisión y se giró hacia ellas.
—No vais a volver a acompañarnos— decretó con voz serena.
—¿Por qué?— el grito de Emily sonó agudo, desesperado, casi como un graznido. No podía estar pasando aquello. A ella le gustaba acompañarlo a las asambleas. Inmediatamente su mente se vio envuelta en oscuros pensamientos que se atenuaron tras las palabras de él.
—No quiero que os hagan daño, estáis informadas del último ataque— sus ojos se dirigieron a Tsuki, quien asintió de acuerdo con él. De todas maneras ella tan solo salía para proteger a Emily, la pequeña era algo torpe y sus instinto maternales afloraban con ella.
—P-pero— la voz de Emily volvió a hacerse presente, pero fue rápidamente cortada.
—No. No quiero discusiones, harás lo que te diga. Y si quieres salir serás escoltada por los nuestros o los guardias humanos, pero no nos acompañarás más poniéndote en riesgo— el tono de Nathaniel no daba lugar a réplicas, así que Emily tan solo asintió desilusionada y se acurrucó junto a Tsuki.
Nathaniel se giró inmediatamente, sentía como algo se partía dentro de él al recordar la mirada triste de Emily, pero era lo mejor que podía hacer por protegerla, gruñó bajo y apretó los puños. A su lado Viktor tan solo lo miraba de reojo. Estaba claro que su amigo se había quedado prendado de aquella hembra. Rió internamente por ello.
Buena suerte, amigo.
Está el mito y está la realidad: lo uno lo contamos, lo otro lo escondemos. Creamos monstruos y confiamos en que las lecciones implícitas que hay en sus relatos nos guíen cuando nos tropecemos con lo más horrible de la vida.
Atribuimos nombres falsos a nuestros miedos y rezamos para no enfrentarnos a nada de lo que nosotros mismos hemos creado.
Mentimos para proteger a nuestros hijos, y al mentir los exponemos al mayor de los males.
Y este es el primer capítulo. Me sorprendió la cantidad de fichas que me enviaron y fue bastante complicado el elegir a los personajes, pero creo que están todos. He acabado poniendo más de los que tenía planeado.
El resto de personajes irán apareciendo a lo largo de la historia, no puedo deciros cuando, ya que en mi cabeza se cambia cada dos por tres, pero aparecerán.
Espero que os guste y que haya sabido manejar vuestras Oc's. Dejadme reviews con vuestra opinión
