¡Ya llegó por quien lloraban! (?) No es de noche pero como si lo fuera, me pase toda la madrugada escribiendo, así que... ¡Dulces lunas Sucrettas! Bienvenidas y disfruten de la película.


El hombre de bata blanca conversó en susurros con los oficiales que paseaban por el pasillo para prolongar la paz de la instalación. Echó un par de miradas a la puerta cerrada en la que estaba escrito el número 254, inquieto, nervioso. Debía sacarle muestras a uno de esos seres, y estaba cagado de miedo.

Se maldijo a sí mismo por haber aceptado ese trabajo, aquello era inmoral y nada ético, pero necesitaba alimentar a su familia, y esa fue la mejor oferta que le dieron. Apenas hacía una semana que trabajaba en aquellas instalaciones escondidas en una parte del norte de Canadá y ya había quedado horrorizado. La única ocasión en la que vio a uno de esos seres fue cuando entró en una sala de ensayos, donde tenían a un sujeto agresivo con genes de tigre, y se cago como nunca lo había hecho en su vida, literalmente se meo de miedo, tuvo que salir de la sala antes de que sus superiores repararan en él.

—¿Abrimos, doc? — preguntó uno de los oficiales observando al científico.

El hombre tragó saliva, su nuez de Adán tembló por los nervios, al igual que sus piernas. ¿Qué se encontraría allí dentro?

—Tranquilo— dijo el otro oficial— Esta puta es sumisa como la mierda. — La sonrisa que se dibujó en su cara no le gustó nada al científico. ¿A qué clase de tratos habrían sometido a aquella criatura?

El soldado más alto dio un paso al frente y quitó la pesada barra que cerraba la puerta. Las medidas de seguridad contra las especies pasivas eran mucho menores que contra las especies agresivas. A menudo la seguridad de las especias agresivas era reforzada por miedo, lo más usado eran verjas metálicas electrificadas o muros de cristal blindado, los que eran mezclados con especies marinas eran encerrados en jaulas de cristal con cinco palmos de agua, la cual estaba conectada a un sistema eléctrico por si el sujeto se ponía agresivo, pero para los pasivos no eran necesarias tantas gargerías, una simple celda de barrotes gruesos era más que suficiente para mantenerlos retenidos

La puerta chirrió cuando fue abierta, como si ella también lamentase el tener que abrirse. El científico avanzó con pasos cautelosos y cuando estuvo completamente dentro escuchó la puerta cerrarse a sus espaldas.

La habitación en la que acababa de entrar no era más que un cuadrado de cemento, con un colchón viejo en una de las paredes y un váter en un rincón, entornando la vista pudo divisar la goma de una manguera. ¿Es lo que usaba para asearse? Aquello era peor que el trato que se les daba a los reclusos en las cárceles.

Suspiró para tranquilizarse y recorrió con los ojos la habitación, en busca del sujeto al que tenía que sacarle una muestra. La encontró en uno de los rincones, agazapada, unos grandes ojos zafiros le devolvían la mirada, curiosa.

La sujeto 254 podría ser bastante bonita si se le limpiaba toda la suciedad y mugre que la cubría, sus cabellos eran una mezcla de oro y plata, pero se veían grises y sucios. Su cuerpo estaba tapado por ropas holgadas, y él sabía que usaban belcro, no botones ni cuerdas para evitar que los sujetos hicieran daño al personal del centro. Podría sorprender la imaginación con la que se usaban esas simples cosas y cuan dañinas y mortales llegaban a ser en ciertas manos.

—H-Hola— tartamudeó el científico. La muchacha no dijo nada, tan solo abrió un poco los ojos. Ninguno de los doctores que entraba allí se había molestado en dirigirle la palabra.

—Hola— murmuró solo por cortesía. Aquel hombre no parecía como los demás, podía oler su miedo, y eso le simpatizó en parte. Había escuchado lo suficiente de algunas conversaciones para saber que muchas personas eran chantajeadas para trabajar allí.

Estaban tan atrapados como ellos.

Un poco más aliviado el hombre se acercó a ella con pasos lentos, temiendo por su reacción, pero ella no podía atacar, ni quería, muchas veces le felicitaban por portarse "bien". Ella simplemente no quería pelear en vano.

—Tengo que sacarte sangre, ¿vale? No te asustes, no te haré daño— las palabras del hombre se enredaban en su lengua por la rapidez con la que las decía —Puedo… ¿Puedo acercarme?

La muchacha asintió con la cabeza, esbozando una sonrisa dulce y llena de calidez, y el corazón de aquel hombre se oprimió en su pecho. ¿Cómo alguien tan destrozado podía seguir confiando en la gente y sonriendo de aquella manera a la gente que le hacía daño?

Cerró la distancia y se agachó a la altura de la chica, con aquella cercanía pudo observarla mejor. Era bastante menuda y sus mejillas estaban repletas de pecas, cuando ella hizo un movimiento con la cabeza pudo apreciar que en lo alto, bajo la maraña de pelo sucio, sobresalían dos cuernos. ¿Es un ciervo?

El hombre sacó de su bata una jeringuilla y la destapó, 254 le ofreció el brazo voluntariamente, y muy a su pesar y teniendo el mayor cuidado posible el científico le sacó sangre.

—Gracias por ponérmelo fácil, temía que me atacaras. — le susurró, buscando esos inmensos y abrumadores ojos zafiro.

—Yo temía lo mismo. — contestó ella con una vocecilla tranquila.


Oregón

El jefe de personal repiqueteaba el zapato contra el suelo. Esos malditos animales habían acabado con el centro principal de Oregón, pero no habían terminado con ellos, los supervivientes se habían trasladado a un almacén abandonado en las afueras, una parte escondida y rebuscada, y tenían que volver a trasladarse, mantenerse en un movimiento constante para no ser atrapados.

El hombre suspiró con pesadez, pocos eran los experimentos que tenían en aquellos momentos, la mayoría habían escapado, habían sido liberados.

¿Liberados? Mis pelotas. Han robado mi investigación.

Pero ahora estaban a punto de reducir el número mucho más. Ahora que no tenían la ayuda económica que les proporcionaba el gobierno estaban jodidos, y debían pagar el avance de las investigaciones de otra manera.

Antes contaban con las subvenciones que el presidente de Estados Unidos les daba, creyendo que el dinero era depositado en investigaciones medicinales, nuevas curas, fármacos mejorados que podrían ayudar a la población hasta límites inimaginables, pero todo era una farsa, el dinero realmente les proporcionaba las instalaciones y los útiles para alterar la genética humana, para jugar a ser Dioses y crear una nueva raza, y después estudiarla y destruirla, porque eso es lo que habían hecho. Habían creado una raza híbrida, buscando así mejorar sus habilidades, crear super soldados que estuviesen a su mando, seres a los que adiestrar y… ¿Qué mejor que los animales para amaestrarlos? Pero no todo había salido como ellos querían, la mayoría de sujetos habían desarrollado muy bien la parte humana.

Los primeros experimentos habían sido caóticos, el híbrido tenía demasiados rasgos animales, y, los agresivos se dejaban llevar por su lado destructivo y no escuchaban a sus maestros, a causo de eso hubo muchas bajas, debieron de cambiar las medidas de contención y utilizar nuevos métodos para retener a las bestias, pero con el paso de los años la mejora había sido muy clara… Pero todo se había tenido que ir al traste. Lo recordaba perfectamente…

—Señor, ¿qué hacemos con ellas? — la repentina distracción lo sacó de sus pensamientos. Dirigió mirada a su interlocutor, uno de sus trabajadores, quien le miraba a la espera de las órdenes.

—Llevadlas dentro del camión y encerradlas en la jaula que hemos preparado, procurad que estén tranquilas.

Ewan Craufer, el líder de aquellas instalaciones se rascó la barbilla.

El tener que deshacerse de las hembras más pequeñas no le hacía gran gracia, menos aún si aquellas habían sido cruzadas con conejos. Con la esperanza de que los pacientes procrearan se habían creado miles de sujetos hibridados con conejos, pues estos son de los animales más fértiles y sus camadas son grandes, pero el forzar las relaciones no había logrado dar ningún resultado, las hembras conejo habían resultado ser menudas y algo asustadizas, y el instinto protector afloraba en los sujetos que se llevaba para que criaran, aunque no todos se negaban a mantener relaciones sexuales, muchos de los sujetos agresivos comenzaban a montar a la hembra y acababan desgarrándola, guiados por el frenesí del sexo clavaban dientes y uñas, y con el sabor de la sangre se descontrolaban, por eso se dejo de utilizar hembras conejo en los experimentos de cría.

Ewan observó el gran camión frigorífico, sería suficiente para almacenar a las tres hembras que les quedaban. Por fuera tenía la apariencia de un transporte de marisco, pero en el interior tenía un doble fondo, por si acaso eran detenidos y revisados realmente había un frigorífico con cajas de mariscos.

—¿Está todo listo? — preguntó Ewan al oficial.

—Las sujetos 541 y 872 están listas, falta la 1027.

—Daos prisa, quiero salir del perímetro de esas bestias cuanto antes.

El oficial miró a su jefe durante unos instantes, dudando entre si hablar o no, la paciente 1027 se estaba resistiendo más de lo común en ella. Ewan vio la duda en su subordinado:

—¿Algún problema?

—Vera… La 1027 se resiste…

Ewan frunció el ceño confundido. La paciente 1027 tenía tendencia a ser una persona calmada y sumisa, extremadamente miedosa y caracterizada por comportarse de una manera vacía y escurridiza. Algo estaba pasando.

—Drogadla y metedla en el camión. ¡Ya! — gritó . Si la 1027 estaba nerviosa ellos debían estarlo mucho más, algo malo estaba a punto de pasar.


El grito del exterior hizo que 541 diese un respingo, moviendo sus orejas por instinto. ¡Malditos bastardos!

—¿Sabes dónde nos llevan? — una vocecita suave se hizo eco en aquella jaula de hierro. La 541 deslizó su mirada heterócroma por aquel pequeño espacio, encontrándose con unos orbes grandes y achocolatados que la miraban con fijeza. ¿Cómo explicarle a aquella pequeña niña que las llevaban a algo peor que el infierno que estaban viviendo?

Entrecerró sus ojos, observándola mejor. Aquella otra mujer podría ser pequeña, demasiado, pero tenía una buena proporción, su pelo rubio estaba suelto, sucio y enmarañado. La 541 en un acto reflejo tomó su trenza cobriza y la apretó. No les cortaban el pelo porque les resultaba más fácil doblegarlas si les tiraban de él.

—Sí— respondió en un susurro. Había escuchado la conversación de dos de los técnicos que se encargaban de ella, y prefería que la otra mujer no lo supiera. Iban a venderlas en el mercado negro. Esos hijos de puta se habían quedado sin dinero para gastar en sus mierdas y ahora iban a venderlas como a objetos. ¿Pero para qué más iban a servir? Ellas habían sido creadas débiles, sumisas y pequeñas para ser manejables como un muñeco de mano.

872 observó a la muchacha pelirroja, como poco a poco su rostro iba cambiando en uno depresivo, triste, y eso le hizo sentirse mal, no quería que su nueva compañera se sintiera triste. Lentamente se levantó y avanzó unos pasos hacia ella, 541 la observó con cautela. ¿Qué hacía?

La muchacha rubia se acuclilló ante ella y le ofreció una sonrisa, 541 pudo ver con más precisión su rostro, las pecas se amontonaban en sus mejillas, y en lo alto de su cabeza también sobresalían orejas, como las suyas. Ella también era un experimento fallido.

—No estés triste— dijo la chica rubia— Ahora estamos juntas, a 872 no le gusta que las personas se pongan tristes.

541 abrió los ojos sorprendida. ¿Era un indio? ¿Por qué hablaba así? Ella no conocía su situación, si la conociera no sonreiría tan estúpidamente.

—No estoy triste. — se limitó a decir. Discutir con aquella mujer no le llevaría a ningún sitio. La única respuesta que obtuvo de 872 fue una mirada. 541 suspiró cansada. Tal vez podría intentar no ser arisca con ella y sacar algo bueno de aquella situación. Apoyarse aunque fuese para hablar sobre las malas experiencias que habían vivido hasta el momento… Lo que fuese con tal de no discutir con alguien.

—Eres una chica extraña. — dijo, esbozando una leve sonrisa.

—Gracias— murmuró 872 mientras meneaba la cola. ¿Aquella podría ser su amiga? ¿Podría tener al fin una amiga?

La puerta fue abierta con violencia, provocando que 872 se arrimara a 541, buscando protección, y esta a su vez pegó la espalda a la pared, pasando un brazo alrededor de la cintura de su rubia compañera.

—¡Entra ahí de una maldita vez! — una voz masculina gritó desde la otra parte del falso fondo de la furgoneta y una figura femenina fue arrojada al interior con ellas. La luz que se filtraba por la puerta bañaba su cuerpo, haciendo que el pelo blanco atado en una larga trenza resplandeciera, las orejas de la mujer no se movían, y tampoco hacía esfuerzo alguno por levantarse. La puerta se cerró en un estruendo, indicándoles que iban a tener paz durante algunas horas

541 y 872 se quedaron quietas unos segundos, esperando algún tipo de reacción por parte de 1027, pero esta no se movía.

—¿Está muerta? — preguntó angustiada 872, mirando con terror el cuerpo que yacía en el suelo.

—No— No creo, muertas no les servimos. No pueden vendernos.

541 le lanzó una mirada a 872, indicándole que no se moviera de su lugar, y a gatas se acercó a la chica de pelo blanco. Alzó una mano, y le retiró un poco de pelo de la cara para luego buscar su pulso.

—No está muerta— suspiró aliviada con el dato, y pudo escuchar como 872 también lo hacía.

—¿La han drogado?

—Seguramente.

541 tomó del hombro a 1027 y le dio la vuelta. 872 exclamó horrorizada, no la había escuchado moverse hasta ellas. La preocupación y el temor bañó el rostro de la mujer de cobrizas hebras, 1027 parecía estar drogada, pero eso no era todo, había rastros de sangre bajo su nariz y en parte de su boca, un moratón comenzaba a formarse en su pómulo, y cuando le apartó el pelo había visto el indicio de más hematomas en su clavícula, y quien sabe cuántos más golpes se escondían bajo esas harapientas prendas. Deslizó la mano por el rostro de 1027, las tres eran hembras conejo, se apreciaban claramente sus rasgos. La mano de 872 acarició el hematoma de la mejilla con dolor, las lágrimas inundaron sus orbes achocolatados.

Ojalá aquella pesadilla terminara.


Carolina del Norte

Aspiró una vez más el aire puro. Aún no se creía que estaba en libertad, había sufrido tanto que aquella sensación le parecía un sueño, uno del cual no quería despertar nunca. Se paseó por las ruinas de su antigua celda, pateando algún que otro escombro, como si pudiese deshacerse de esa manera de los trágicos recuerdos que la atormentaban cada noche.

La fauna y el viento le dieron la bienvenida cuando salió al exterior, y ella observó de nuevo aquel panorama. Tantos años encerrada y estaba a tan solo una pared de la libertad.

Tras el derrumbe de las instalaciones de Carolina del Norte, las cuales estaban escondidas en una parte bastante profunda del bosque, Drachen había decidido quedarse allí. Había participado en muchos rescates junto a Nathaniel, pero también se había dado cuenta de las miradas temerosas que le dirigían el resto de Hybrids. Le miraban como si fuese un monstruo, no todos, pero la gran mayoría, y eso le había dañado en lo más profundo de su ser, era como si la comparasen con aquellos quienes les habían provocado tanto sufrimiento.

El viento meció su singular cabellera, sus mechones azul celeste con motas negras volaron a su alrededor. Drachen detuvo su paso a la linde de un río y miró el agua, esta le regreso un reflejo, una imagen a la que había acabado acostumbrándose pero que no le gustaba demasiado, unos ojos de reptil estudiaban con precisión su anatomía, sus colores, dorado y rojo. Ella misma tenía pesadillas con sus propios ojos. Llevó una de sus manos a la altura de su rostro, y la estudio, como las otras miles de veces que lo había hecho, las uñas eran filosas, largas. Jade le había aconsejado cortarlas en innumerables ocasiones, pero a ella le parecían una pérdida de tiempo.

Volverán a crecer, da igual lo que haga.

Drachen introdujo la mano en el agua y acarició la tierra mojada, las piedras, deleitándose con la sensación. No podía notar el calor, pero sí el frío. Con la otra mano se acarició las escamas que formaban parte de su piel, duras como piedras, una armadura.

El rugido de un motor la alertó. Alguien se estaba acercando. Su cuerpo se tenso y alzó la cola de reptil, causa de los experimentos, preparándose para atacar.

—¡Venimos en son de paz! — gritó una voz conocida.

El cuerpo de Drachen se relajó ante el timbre de voz de Nathaniel. El siempre se preocupaba por ella, procuraba que se sintiera a gustos tras lo acontecido.

—Joder…— susurró Castiel al ver la apariencia de Drachen. Había visto muchos fallidos, pero jamás un cruce de reptil, y ahora estaba flipando.

—Castiel— le regañó Tsuki mostrando su desagrado hacia aquel lobo. Que hubiesen sido creados con la misma raza no garantizaba la simpatía, y sinceramente, detestaba a ese imbécil.

El pelirrojo le dedicó una sonrisa socarrona, haciendo que la albina le gruñera en respuesta y se alejara lo mayor posible. Ni siquiera sabía por qué había aceptado acompañarlos en aquella misión. No soportaba a ninguno.

Y lo mismo pasaba con Aria, quien se encontraba aún en el interior del vehículo junto a Viktor, el cual parecía sudar de todo y todos.

—¿No piensas salir?— preguntó ella extrañada. No era usual que Viktor se quedara al margen de las cosas.

—¿Tú saldrías?

—No.

—Ahí tienes tu respuesta.

Drachen miró a todos impasible. Si estaban allí era porque necesitaban su ayuda, no era la primera vez que la buscaban. Era bien sabido por todos que gracias a sus genes su cuerpo había mutado de tal forma que era casi imperceptible para ella el dolor, además de que cuando estaba en las instalaciones era una de las mejores rastreadoras y cazadoras.

Con un movimiento de cabeza indicó que les acompañaría, recibiendo la cálida sonrisa que siempre recibía de los labios de Nathaniel.


Los seres humanos han visto imágenes fugaces de ciertas cosas a lo largo su historia, lo suficiente para inventarse el resto. Es todo una amalgama de cuentos de hadas con pinceladas de realidad aquí y allí.

Corto, maybe. Más largos de lo que suelo hacerlos. Tenía planeado hacerlo mucho más corto, pero al final me extendí. Es que me caga llenar la historia de paja, por que si cuando leo yo me salto cosas, sé que vosotros también lo haréis, además de que no sé como extenderlo. Tengo la idea, la escribo, surgen cosas y fin.

¿Y yo por qué cuento esto? ¡Ay niñas, necesito dormir de una bendita vez!

Voy a contarles un poco de mi vida: Voy a participar en un relato erótico.

Algo más: Puede que el relato erótico lo suba como fic de CDM en forma de One-shot.

¡Ya está! ¡Suficiente de hablar de mi! ¡Háblenme de ustedes! ¿Qué les ha parecido? Dejen sus reviews para darme amor y ganas de subir el fic mucho más antes y no tardar tanto (Chantaje)

Y dicho esto... ¡SAKURA SUBE FIC!