No me odien y disfruten.

Sé que no les importa mi vida, ni las excusas, así que olvidémonos del blablabla y centrémonos en la historia :v


Plop.

El ritmo era constante, casi melódico. Marcaba un compás con el que ella rápidamente fue atraída.

Plop.

Era como revivir sus días de cautiverio. El sonido del agua cayendo del grifo destartalado y sucio.

Plop.

Las pisadas fuera de su jaula eran insistentes. Todo era caos. Los gritos de los guardias no la dejaban dormir, tampoco los de los otros como ella.

Plop.

Los tubos de luz desnudos en el exterior de su celda le molestaban. Gruñó y trató de esconderse tras su brazo, y funcionó durante unos instantes… Hasta que la explosión estalló.

Lakshmí despertó del sueño, observando perdida a su alrededor.

¡Otra maldita pesadilla!

Soltó un grito frustrado y lanzó un cojín a la persiana abierta. Mierda. Había olvidado cerrarla la noche anterior, eso siempre la llevaba de vuelta a su pasado.

Se echó sobre su espalda en el colchón y rodó sobre este, su cabello caoba se enredaba a su alrededor, los innumerables rizos recordándole que debería haber atado su pelo para que no se enredara más de la cuenta.

El ruido del teléfono móvil que le había comprado su "jefe" o más bien líder resonó en la habitación, Still loving you se hizo eco, haciendo que ella no quisiera contestar, pues conocía ese tono, era el tono de Nathaniel, escogido especialmente para así ignorar sus llamadas. Recordaba cuando él se comunicó con ella por primera vez.

Hacía cosa ya de tres años de aquello, y le sorprendió que apenas un año y medio atrás su "pueblo" se hubiese dado a conocer.

Los secretos nunca duran mucho.

Estando ella en un pequeño y cochambroso motel de Utah recibió su visita. Un pequeño y ridículo coche había aparcado en el estacionamiento y en cuestión de segundos tocaba a su puerta el cánido. Nathaniel, tan imponente como agradable se había mostrado, no hizo más que crearle un sentimiento de recelo. Él quería que ella viviese con ellos, con los demás, pero se había negado fervientemente. La vida en familia no era para ella.

Lakshmí gozaba de su libertad desde los doce años aproximadamente, tras aquella horrible explosión en las instalaciones de Montana. Ella había sobrevivido y se había marchado antes de que los coches de los perros de Norheim fuesen a recuperar sus experimentos. El viaje había sido largo, duro. Había robado y engañado, y con su apariencia de niña y ocultando sus ojos felinos ella había conseguido que una adorable anciana la acogiera hasta su muerte, tomándola bajo su tutela. Cuando cuatro años más tarde la anciana murió, Lakshmí tomó el dinero que encontró en su casa y sacó su maldito culo fuera de aquel estado, corriendo tan lejos como le fuera posible.

La visita de Nathaniel no se podía decir que no la esperase, es más, se sorprendió de que no la hubiesen encontrado antes, pues no había sido muy discreta.

Nathaniel le pidió amablemente, tan amable como podía ser un macho de casi dos metros y con genes agresivos, que si al menos no iba a ir con ellos, que se mantuvieran en contacto y por favor dejase de armas escándalos o se vería obligado a llevarla con ella. No queriendo perder su libertad ella aceptó a regañadientes y soltando algún que otro improperio, obteniendo así su teléfono móvil.

El tono del teléfono no tenía una historia muy larga ni misteriosa. En una de sus reuniones Lakshmí descubrió gracias a Nathaniel aquel tipo de música, de la cual él le había comentado que esa era una de sus canciones preferidas.

La música cesó, y ella suspiró agobiada. Cuando Nathaniel le llamaba era para alguna misión, rescatar a más de los suyos, y eso, de alguna manera le agotaba. No le gustaba recordar aquellos tiempos, y ver a los recién rescatados siempre le traía algún oscuro recuerdo.

Debería sentirse mal por ellos, pero pocas veces lograba empatizar con nadie, ella solo vivía para la batalla. Hacer sufrir a aquellos cabrones que le habían hecho daño se convertía en su pasatiempo y entretenimiento… Y visto así no le molestaba tanto que Nathaniel la llamase.

Apenas sonó de nuevo el teléfono ella rodó, y con movimientos ágiles lo tomó entre sus manos.

— ¿Qué? — contestó más hosca de lo que pretendía.

—Hola Lakshmí— el tono de voz afable de Nathaniel le dio la bienvenida. Como lo odiaba. —Necesito tu ayuda.

—¿Ah, sí? ¿No te sale alguna de tus recetas de pasteles? ¿O no sabes cómo utilizar la fregona? —la mofa bañaba sus palabras, a lo que Nathaniel respondió con una carcajada. Estúpido zorro.

—No me importaría que limpiaras mi casa. Ya sabes, demasiado trabajo, y tú tienes mucho tiempo libre.

Laksmí gruñó a través de la línea, provocando en Nathaniel otra carcajada, y este, a su vez, otro gruñido por parte de la muchacha.

—Escupe lo que tengas que decir o cuelgo.

Las carcajadas cesaron, y tras largas inspiraciones para calmarse Nathaniel parecía poder hablar de nuevo. Le gustaba tomarle el pelo, aquella muchacha podría fingir muy bien todo lo que quisiera, pero solía acabar mostrándose ante él de una manera u otra. Demasiada confianza.

—Te necesitamos en Florida. Ven cuanto antes.

Y con aquellas palabras autoritarias ella ya sabía que se avecinaba la cacería.


Florida; Homeland

Aria observaba tranquila desde su posición las miradas furtivas que le lanzaba Castiel a Drachen. Ese estúpido no estaba siendo nada discreto, ni considerado, y suerte que Tsuki le dio un codazo en las costillas porque si no ella misma se habría levantado y lo habría pateado por su descaro. El gruñido de Castiel a Tsuki llamó la atención de toda la sala, especialmente de Drachen, que ajena a lo que había ocurrido se preguntaba qué demonios estaba mal con aquellos dos.

—Eres un imbécil— escuchó susurrar a Tsuki. A lo que él respondió con otro gruñido.

Por eso no le gustaba estar en compañía.

Nathaniel, adivinando sus pensamientos le hizo un gesto, indicándole que se sentara junto a ella, y, con cuidado de no golpear a nadie con su cola, ella lo hizo.

La puerta se abrió, dando paso a Armin, un macho de pelo oscuro y con genes agresivos, el cual, al centrar sus ojos en Drachen e incapaz de contener su lengua gritó un:

—La ostia.

Drachen, acostumbrada ya a ese tipo de reacciones resopló y movió su cola en su dirección, amenazante, y Armin, dándose cuenta de su error alzó las palmas de las manos en signo de rendición y con cara de circunstancias, provocando en ella una carcajada que no pasó desapercibida, haciendo que Aria y Tsuki sonrieran a su vez.

—Tú también eres un idiota— masculló Tsuki, cansada de ver el comportamiento infantil de sus compañeros. ¿Es que ninguno podía mostrarse como la persona madura que era?

Avergonzado bajó la cabeza, sus mejillas adquirieron un tono rosado y Castiel sonrió burlón ante él.

La puerta volvió a abrirse, dando paso esta vez a Dimitry y Viktor, quienes asintieron con la cabeza hacia la recién llegada, este último con una sonrisa afable.

—¿Podemos empezar ya? — comentó Castiel, impaciente por salir de allí. El maldito olor de genes dominantes le estaba poniendo enfermo.

—Deberíamos esperar a Lakshmí— respondió Nathaniel, cansado también por su actitud.

—¿Quién es Lakshmí?

—¿La has llamado?

Preguntaron Aria y Viktor a su vez, dedicándose una mirada divertida y relajando la creciente tensión del cuarto cuando algunos esbozaron unas sonrisas.

—Cierto es que tú eres demasiado joven y no has llegado a conocerla— comentó Dimitry que había permanecido callado y expectante.

—Vale. Pero quién es— instó Aria. No le gustaba cuando Dimitry puntualizaba lo que no conocía y no respondía sus preguntas.

—Lakshmí es una Hybrid. Es felina, como Viktor. Es una mezcla de Jaguar y nos ayuda siempre que necesitamos rastrear a los nuestros.— habló Nathaniel con templanza.

—¿Eso significa que hemos encontrado más instalaciones? — cuestionó Armin —Aunque de todas maneras no sé qué hago aquí, no soy útil en el cuerpo a cuerpo, nunca os acompaño en las partidas de rescate, soy bueno con los ordenadores, no con los puños.

Y no era mentira. El Hybrid moreno, aunque bien proporcionado y con unos músculos comparables a los de los demás, había resultado ser un negado en el cuerpo a cuerpo, pero había sabido adaptarse rápidamente a la tecnología, demostrando tener una especie de don en cuanto a ordenadores y sistemas de seguridad se trataba.

—Prefiero explicarlo cuando estemos todos, no me gustaría repetir las cosas— respondió Nathaniel, demostrando su autoría.

—Y a mi no me gusta esperar, y aquí estoy. Habla de una vez, no tenemos todo el día. — el tono irritado de Castiel hizo que se ganara algunas malas miradas, y hubiese seguido soltando una retahíla de quejas si no hubiese sido porque la puerta se abrió con un estruendo.

—Eres tan pedante, no sé ni por qué te aguantan— un nuevo timbre de voz femenino se hizo paso tras el estruendo.

Nathaniel suspiró, adivinando lo que se avecinaba e hizo un movimiento de cabeza a Viktor, quien se situó junto a Castiel, preparado para intervenir por si el impulsivo lobo se lanzaba contra la novata.

—¿Y tú quién te crees? ¿Se supone que ahora recibimos ayuda de niñas?

Lakshmí frunció el ceño. ¿Niña? Niña su padre.

Se echó el pelo a un lado y resopló, sus ojos felinos se centraron en su objetivo y Nathaniel, alarmado y adivinando sus movimientos saltó sobre la mesa y con la gracia que lo caracterizaba se situó a su lado, ejerciendo un férreo agarre en su hombro, manteniéndola en su sitio en una orden silenciosa.

—Ella es Lakshmí. Nos ayudará a rastrear a las especies.

—Nis iyidiri i ristrir lis ispicis mimimi— murmuró Lakshmí irritada. Ojalá tuviese visión de rayos X para fulminarle la mano.

Aria le dedicó una mirada interrogante a Dimitry como preguntando "¿en serio?" pero este tan solo permaneció estoico.

—¿Qué? — espetó Lakshmí de mala gana ante tanto silencio.

Muchos bajaron las miradas, exceptuando Castiel, quien ahora era sujetado por Víctor para evitar que se lanzara contra ella, o Tsuki, que la observaba con desagrado. No le gustaba conocer a otras especies agresivas, mucho menos tan descorteses como aquella.

Drachen tan solo permanecía con la cabeza gacha. Se acordaba de aquella mujer, y mirarla le traía malos recuerdos. Ella era el sujeto fuera de control del que hablaban los técnicos cuando decidieron cambiarla de estado.

Un Hybrid que había desarrollado un cuadro de psicopatía.

Y no le gustaba.

—Bueno— rompió Armin el silencio —Si hemos terminado de marcar territorio e insultarnos… ¿Podemos seguir con lo que estábamos?

Lakhsmí se quitó la mano de Nathaniel de encima con un movimiento brusco y se apoyó contra la pared. Sus ojos felinos observaban todo de manera analítica.

Un zorro que era la cara de los Hybrids, elegante y carismático, alguien con quien no le gustaría enemistarse nunca.

Un murciélago pedante y repipi de quien casi no tenía información.

Una loba que odiaba a los agresivos, aunque, ¿quién no lo hacía? pero que hace de mami para los débiles y desvalidos.

Un león cordial, una mezcla de Nathaniel y Castiel pero para bien. Tampoco tenía mucha información de él.

Una tigresa de apariencia dulce y lengua viperina. Tal vez ella era la que más le agradaba de quienes ocupaban la habitación.

Un oso débil que era más afín con la informática y electrónica que con la lucha cuerpo a cuerpo.

Ese odioso lobo agresivo que tenía problemas de ira.

Y... Esa extraña criatura con escamas... Una fallida.

—Parecemos un circo— dijo sin venir a cuento, ganándose la mirada reprobatoria de Nathaniel.


Hoy no hay frase porque no me viene nada :c

Y con esto quedan presentadas todas las Oc's que participarán en este fic.

Podéis dejar vuestro review diciendo cuanto me echabais de menos (?)