NA: Matar a Stannis fue horrible... pero necesario, que lo haya hecho para que la historia fluyera correctamente no significa que no lo estime como personaje (de hecho es uno de mis favoritos, lo que hizo aún más difícil matarlo.)

NA2: Salvo excepciones, no creo que escriba otro capitulo gigantesco de 15k o más, me demoraría demasiado. Creo que haré capítulos como este, extensos pero tampoco tanto. Después de Ned vendrá un POV de Robb, estoy casi un 100% seguro.

En fin...


EDRIC

Despertó de improviso, aún asustado por la pesadilla que había tenido. Era la tercera noche seguida que le pasaba lo mismo.

Miró hacia el resto de la tienda de campaña que compartía con Bran y Verano. Todavía no amanecía y el Stark dormía profundamente, con una expresión de paz que el Dayne solo podía envidiar. En cambio su huargo se había despertado, levantando la cabeza mientras observaba curioso al dorniense con sus grandes ojos amarillos. Edric suspiró y se quedó mirando el techo de tela de la tienda, tratando de conciliar el sueño nuevamente.

Pero por más que lo intentaba, no podía.

Cada vez que cerraba los ojos recordaba al protagonista de sus pesadillas, alguien que estaba tan arraigado en su subconsciente que ni Cuervo de Sangre le podía espantar. Hay ciertos miedos que ni siquiera un verdevidente puede ahuyentar, sobre todo… cuando dicho temor es a un hombre que estuvo a centímetros de matarte unos días atrás.

Porque aunque un yelmo había ocultado su cara al principio, Gerold Dayne no había sido nada de discreto en la emboscada con la que La Montaña casi les había matado a todos.

Notó algo extraño en él desde el primer momento que cruzaron sus espadas. El caballero había ido a atacar a Edric directamente, ignorando por completo a Domeric y a los otros norteños que había en su camino. Luego de ello le obligó a alejarse de Robb y La Montaña, tanto para quitarle al Señor de Invernalia a una de las pocas espadas juramentadas que aún le protegían, como para impedir que alguien interviniera en la pelea en la que ambos Dayne se enfrascaron.

Edric nunca había peleado con alguien tan hábil. Quizás Ser Jaime era mejor, pero el Lannister nunca había tratado de matarlo con la ferocidad que Estrellaoscura lo había hecho. Cada uno de sus golpes tenía la intención de quitarle la vida, sin ninguna traba como la caballerosidad o el honor frenando sus intenciones.

Y estuvo cerca de lograr su objetivo, demasiado cerca.

-No sabes cuánto he esperado este momento. –había murmurado, tras hacerle un corte en la mejilla a Edric con un golpe de su espada que no había podido bloquear completamente.

Solo entonces el Señor de Campoestrella había podido reconocer a la persona con la que estaba peleando. Su voz era algo que nunca había podido olvidar completamente y la ansiedad que le asaltó en los segundos posteriores a escucharla casi le había costado la vida.

"Concéntrate, solo es un hombre. Todos los hombres pueden morir."

Pero Gerold Dayne no era como cualquier otro hombre. Era habilidoso, ambicioso y no tenía escrúpulos. La casa que ambos compartían siempre había destacado por la calidad de sus espadachines, con caballeros legendarios como Ulrick Dayne o su tío Arthur… y también con monstruos cuyos nombres habían caído en el olvido.

Estrellaoscura quería ser una mezcla de ambos tipos.

-El hombre que mata a su propia sangre está maldito. –le dijo Edric, tratando de desconcentrarlo. Logró conectar su espada con el yelmo de su enemigo, quitándoselo… y entonces pudo ver las facciones de su primo. Pómulos altos, mandíbula fuerte, ojos violetas y una cascada de pelo plateado dividida por un mechón negro.

Una cara idéntica a la de sus pesadillas, al punto que Ned dio un paso atrás involuntariamente al verlas.

Al ver su reacción, Gerold Dayne se había echado a reír.

-¿Tantos años con Ned Stark te hicieron convertirte en un tonto como él? –le respondió, derribando al Dayne más joven y lanzando un golpe que le hubiera matado si no hubiera rodado por el suelo en el último momento. –Me importa una mierda que me llamen matasangre si eso significa que Albor será mía.

El Señor de Campoestrella no respondió, demasiado preocupado en volver a levantarse y colocarse en una posición defensiva antes de que Estrellaoscura le atacara nuevamente. Pero eso no significaba que no hubiera oído sus palabras, apenas pudiendo contener la rabia que había sentido tras escucharlas.

"La furia te dará fuerzas, pero también te desconcentrará y hará que expongas tu defensa. Evítala salvo que no tengas otra opción." Las enseñanzas de Ser Jaime le ayudaron a reprimir la rabia, pese a lo difícil que era…

Pero de poco le sirvió, Estrellaoscura era demasiado hábil y tenía una sed de sangre motivándole. Atacó a su primo con una velocidad sobrehumana, al punto de que finalmente terminó quitándole el arma de sus manos.

La espada de Edric resonó con un estruendo metálico al caer al suelo, mientras el dorniense quedaba paralizado, incrédulo frente a lo que había pasado.

Estrellaoscura hubiera matado a Edric en ese momento si un grupo de jinetes desconocidos no se hubiera unido a la pelea entre los norteños y los hombres de La Montaña.

Cuando Gerold Dayne vio a los caballeros golpeando por la retaguardia a Clegane y a la Compañía Audaz, miró una última vez a Edric con odio… y salió disparado en busca de un caballo. Algunos de los miembros de la compañía mercenaria le imitaron, dándose cuenta de que la pelea estaba perdida y tenían que huir por sus vidas.

Edric pensó en seguirlos, pero en ese instante vio a Ser Gregor arrinconando a Robb. Recogió su espada del suelo y comenzó a correr en su dirección, encontrándose con Domeric en el camino. Ambos jóvenes fueron testigos de cómo el gigante mataba a Theon, justo antes de que el líder de los recién llegados impactara con una lanza la espalda de Clegane, atravesándolo.

Mientras Ned corría a unírsele al caballero en el duelo con La Montaña, logró reconocer el blasón de su escudo: un relámpago púrpura en un campo negro.

"Lord Beric Dondarrion." pensó sorprendido, preguntándose qué estaba haciendo el prometido de su tía tan lejos de Refugio Negro y las Marcas de Dorne. Después de que todo terminó pudo encontrar respuestas a sus preguntas.

-Tú tía me rogó que te buscara. Estrellaoscura desapareció hace un par de meses y en Dorne corrían rumores de que se había unido a una compañía mercenaria para pelear en la guerra. Allyria temía que lo hubiera hecho solo para buscar una oportunidad de matarte. –le dijo Lord Beric, tras el final de la pelea.

-Tenía razón. –le había respondido.

Tras la batalla volvieron a Septo de Piedra, los hombres de Lord Dondarrion ayudando a los norteños más heridos en el camino al pueblo. De los cien hombres que habían partido con Robb solo volvían una treintena. Todos los demás habían muerto, incluyendo a varios de los nobles de la guardia personal de Lord Stark.

Al día siguiente volvieron con más hombres al lugar para recuperar los cuerpos de sus muertos. Mientras lo hacían pudieron deducir los detalles de lo que había ocurrido: Clegane les había tendido una trampa poniendo varios cadáveres de sus hombres como señuelos, mientras soldados Lannister aún vivos se camuflaban entre los cuerpos. Cuando los norteños descubrieron la trampa y el caos se desató en el claro del bosque, Ser Gregor les atacó con la reserva, compuesta por los mercenarios de la Compañía Audaz.

Los mercenarios los hubieran matado a todos si no fuera por la intervención de Lord Beric… y aun así Robb hubiera muerto sin el sacrificio de Theon.

La muerte del Greyjoy había destrozado el espíritu del Stark, convirtiéndole en poco más que un fantasma desde entonces. A eso se sumaban las heridas que había recibido peleando con la bestia de Lord Tywin, sobre todo un hombro dislocado que apenas le permitía cabalgar y mucho menos pelear.

Robb evitaba encontrarse tanto con Domeric como con el propio Ned, excusándose con que tenía que cumplir con sus deberes de señor o que debía atender al herido Viento Gris para no estar con ellos. Pero ambos jóvenes se dieron cuenta de que en realidad lo hacía porque no quería mostrarles lo destrozado que estaba.

"Se ha dado cuenta de que cualquiera puede morir en una guerra, incluso las personas que más queremos."

Tuvieron que organizar varios funerales en los días posteriores a la batalla. Olyvar Frey, Pequeño Jon, Torrhen Karstark… todos tristes y dolorosos, pero ninguno tanto como el de Theon. Robb casi se había quebrado al pronunciar las palabras con las que despidió a su amigo, pero logró encontrar fortaleza suficiente para terminar su discurso y posteriormente lanzar la antorcha con la que encendió su pira funeraria. Edric pensaba que al Greyjoy le hubiera gustado que su cadáver fuera entregado al océano como los hijos del hierro acostumbraban, pero el mar estaba demasiado lejos como para hacerlo.

Nadie derramó una lágrima por Gregor Clegane. Su cabeza estaba clavada en una pica sobre las murallas del pueblo y su gigantesco cuerpo se lo habían dejado a los lobos.

Se quedaron en Septo de Piedra hasta que el Pez Negro volvió de los vados del oeste. El anciano caballero se enfureció al averiguar cómo Robb había caído en la emboscada, pero evitó reprender al norteño delante de sus hombres. De todos modos incluso a solas no le regañó más allá de lo realmente necesario, notando que el Señor de Invernalia estaba demasiado herido emocionalmente como para que lo presionaran demasiado.

Bran había abrazado fuertemente a su hermano al enterarse de lo sucedido, casi sin intercambiar palabras mientras le consolaba. Después de ello se juntó con el dorniense, momento en el cual Ned pudo enterarse de que los soldados de Ser Brynden habían triunfado en su misión, expulsando a los Lannister hacia el oeste del Forca Roja.

-No es que tampoco fuera una gran hazaña, la mayoría de los hombres de los Lannister están en el Colmillo Dorado o con el propio Lord Tywin en algún lugar cerca de Desembarco del Rey. Mi tío dice que están esperando que Stannis ataque la ciudad para golpearlos por la retaguardia. –le había dicho el escudero Stark un par de noches más tarde, mientras charlaban en una de las tabernas de Septo de Piedra.

-Stannis tiene a los Señores del Mar Angosto y a los de la Tormenta en su ejército y puede atacar por tierra o mar. Es casi imposible que la ciudad le resista.

-Mi tío piensa lo mismo. Pero bueno, en una guerra puede pasar cualquier cosa ¿no? –le respondió Bran, encogiéndose de hombros.

-Sí, eso es verdad. –dijo Ned, aún con esperanzas de que Ser Jaime y Sansa pudieran salir ilesos de la inminente batalla. Bebió hasta vaciar su cuerno de cerveza para evitar pensar en los mil escenarios en los que les podía ocurrir algo horrible a ambas personas.

En ese momento Bran se incomodó un poco, como si estuviera a punto de preguntar algo delicado.

-Y bueno, ¿Por qué Lord Dondarrion está aquí y no con Stannis? La única persona con la que está relacionado es contigo. –preguntó finalmente.

El dorniense dudó por un instante, pero finalmente no pudo negarle la verdad a su amigo.

-Mi tía Allyria le pidió que me buscara para protegerme de mi primo Gerold, uno de los mercenarios de la Compañía Audaz. Estuvo a punto de matarme en la batalla con La Montaña. –admitió, estremeciéndose involuntariamente al recordar las bellas pero crueles facciones de Estrellaoscura.

Lord Eddard en cierta ocasión había dicho que no había hombre tan peligroso como un rompejuramentos de la Guardia de la Noche, porque sabía que su cabeza tenía precio y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para sobrevivir. Edric pensaba que un hombre que estaba dispuesto a matar a alguien de su propia sangre no era mucho mejor.

-Entiendo. –murmuró Bran, mirando su propio cuerno de cerveza casi sin pestañear. Estaba claro que tenía otra pregunta todavía.

"No puede saberlo… ¿o sí?" pensó inseguro el dorniense, recordando que el Stark también era regularmente visitado por Cuervo de Sangre.

-Entonces, ¿qué es lo que hará ahora? ¿Se quedará contigo por el resto de la guerra? –preguntó.

"No si puede evitarlo"

Ahora era Edric el que estaba incomodo, pensando en la oferta que Lord Beric le había ofrecido poco después de encontrarse con él. Un ofrecimiento que era tentador, pese a lo deshonorable que era.

-La verdad es que no, Lord Beric… -comenzó a decir, dudando antes de continuar. Finalmente escupió las últimas palabras de la frase casi sin pensarlas. –Quiere que vaya con él a Campoestrella.

Las palabras quedaron flotando en el aire por unos segundos mientras Bran las procesaba.

-¿Qué? –exclamó finalmente. -¿Quiere que nos abandones en medio de la guerra?

-No es tan sencillo. –respondió Edric débilmente, sabiendo que sonaba como un mentiroso. –Mi tía envió una carta diciendo que el Príncipe Doran había ordenado a todos sus vasallos mantenerse neutrales en la guerra. No ha hecho ninguna amenaza hasta ahora, pero Allyria teme que me quite el señorío de Campoestrella si es que sigo… luchando por los Stark.

-¿Y tu tía cree que un título de señor es más importante que la lealtad? ¡Mi padre prácticamente te crio! ¡Estás comprometido con Arya! ¡Somos casi tu familia! –insistió Bran, más exasperado de lo que Ned le había visto en toda su vida.

-Lo sé Bran, por eso mismo me negué al ofrecimiento de Lord Beric. –respondió Ned, bajando la vista. –Por supuesto que ustedes me importan más que un título de señor, pero… -suspiró. –De verdad que no es tan sencillo.

-¿Y eso por qué? –preguntó el Stark, apenas más tranquilo.

-Allyria también es mi familia, la única persona con quién comparto sangre que me queda y a quien no he visto en demasiados años. –dijo el Dayne, suspirando nuevamente. -Además si me quitan el título de Señor de Campoestrella, los Martell se lo podrían dar a ella… pero es más probable que se lo den a mi primo.

-¿Estrellaoscura?

-Sí, Lanza del Sol nunca vio con buenos ojos que Allyria se comprometiera con un señor marqueño como Lord Beric, hay demasiada sangre derramada entre nosotros y ellos. Perfectamente podrían decidir que como yo soy un traidor y ella la futura Lady Dondarrion, Campoestrella debe pasar a un Dayne más leal a Dorne… y solo hay otro Dayne con vida.

-¿Pero cómo podrían considerar a Estrellaoscura como un hombre leal? Tú mismo lo viste, ¡está peleando por los Lannister! –replicó el escudero.

-Ese es el problema, no lo saben. –respondió Edric, sombrío. –Y aunque viajara a Lanza del Sol y se los dijera, será más que difícil que crean mi palabra.

-Por los dioses, como odio la política. A veces no valoro lo afortunado que fui al ser un segundo hijo. –dijo el norteño, sacudiendo la cabeza. -Que Robb se quede con Invernalia, yo estoy feliz con mi libertad.

-¿Todavía quieres unirte a la Guardia Real? –preguntó el dorniense, para dejar de pensar en los problemas que habían llegado junto a Lord Beric.

-Si. –admitió Bran con un poco de vergüenza. Sin embargo rápidamente se puso serio. –Pero bueno, es casi imposible poder serlo. No al menos mientras los Lannister sigan en el Trono de Hierro… y la verdad es que Stannis tampoco me da buena espina.

-A mí tampoco. –respondió el dorniense, pensando en la extraña muerte de Renly Baratheon.

Lord Eddard había tenido una buena opinión sobre Stannis, pero eso era antes de que el Baratheon se convirtiera a la religión del Dios Rojo y comenzara a quemar septos y bosques de dioses. Edric estaba seguro que no mantendría tal opinión de él luego de eso… y sobre todo después de lo que había ocurrido en las afueras de Bastión de Tormentas entre él y su hermano menor.

Al día siguiente de aquella conversación en la taberna, un cuervo arribó a Septo de Piedra desde Aguasdulces.

"Alas negras, palabras negras."

La carta decía que la salud de Lord Tully había empeorado y que estaba a punto de morir, por lo que Lady Catelyn rogaba a Robb que acudiera a ver a su abuelo antes de que emprendiera su último viaje. A eso se sumaba que Ser Edmure quería emprender un ataque al Colmillo Dorado para poder atacar las propias tierras de los Lannister, pero necesitaba a las fuerzas de Robb si quería tener éxito al intentar tomar el gigantesco castillo.

-Mi madre dice que debemos apresurarnos porque mi abuelo puede morir en cualquier momento, pero esa no es toda la verdad. –le dijo Bran mientras se cabalgaban hacia el norte. –Las noticias de la pelea con La Montaña ya deben haber llegado a Aguasdulces, preocupándola. No se tranquilizará hasta que vea las heridas de Robb con sus propios ojos.

El hombro de Robb le impedía cabalgar demasiado, por lo que avanzaban más lentamente que el resto de su ejército. Con los vados del oeste asegurados y las fuerzas Lannister a cientos de millas ya no era tan peligroso cabalgar por el corazón de las Tierras de los Ríos, así que el Señor de Invernalia le ordenó a la mayoría de sus fuerzas que se adelantaran, quedándose solo con los suficientes hombres como para evitar que alguien los tomara por sorpresa.

Bran, Domeric y Ned cabalgaban con el grupo de Robb, pero el Pez Negro había dicho que no iba a dejar que existiera la menor posibilidad de un ataque enemigo, por lo que lideraba a medio millar de jinetes que patrullaban los alrededores de los lugares donde el Stark se detenía. Lord Beric le dijo que no iba a dejarlo, así que él y sus hombres también acompañaban a la comitiva de Lord Stark.

Aquella era la sexta noche desde que partieron de Septo de Piedra y aún estaban a medio camino de Aguasdulces. Habían pasado por las ruinas quemadas de Torreón Bellota el día anterior y se aproximaban rápidamente a una colina gigantesca que los locales llamaban Alto Corazón. Si seguían al mismo ritmo estarían en ella la noche siguiente y en poco más de una semana llegarían al castillo Tully.

Dándose por vencido en el intento de volver a dormir, el dorniense se levantó silenciosamente para no despertar a su amigo y tomó su capa púrpura, la cual se puso antes de salir al exterior de la tienda. El alba ya amenazaba con aparecer en el horizonte y la atmósfera afuera estaba tibia y pesada, con nubes oscuras que amenazaban con un pronto aguacero.

Edric caminó entre las tiendas de los norteños, cuya gran mayoría aún dormía plácidamente. Los pocos que estaban despiertos a esa hora le miraron con curiosidad por un instante antes de volver a concentrarse en sus propios asuntos, como afilar sus armas, cepillar sus caballos o tomar un desayuno temprano. El dorniense no les prestó atención, dirigiéndose a uno de los extremos del campamento donde un solitario centinela hacía guardia.

Las tristes notas que el norteño arrancaba de su arpa no dejaban dudas sobre su identidad. Domeric estaba sentado sobre un tocón mirando el horizonte que se extendía delante de él. Sus dedos tocaban las cuerdas del instrumento sin que este tuviera que mirarlos, años de práctica habían mecanizado el proceso. Ned se quedó escuchándole por unos segundos antes de acercarse, rompiendo su concentración.

El Bolton miró al Dayne con una mirada escalofriante por un instante, pero rápidamente se tranquilizó al ver quién era. Se movió un poco en el tocón para dejarle un espacio a Ned en el cual sentarse.

-¿La ansiedad no te deja dormir? –le preguntó, sin mirarlo.

"Pesadillas"

-Si. –mintió el dorniense, incapaz de admitir el miedo que le asaltaba al recordar a Estrellaoscura.

-No eres el único. –dijo el Bolton, suspirando. Se quedó mirando el horizonte por unos segundos antes de seguir. –No deberíamos estar viajando a Aguasdulces, los Lannister no están ahí.

-Lord Tully puede morir en cualquier momento.

-Y no hay nada que podamos hacer para evitarlo. Si su hora ha llegado morirá con o sin Robb a su lado. –replicó Domeric, arrancando una escala triste de su arpa casi involuntariamente. –En cambio podríamos hacer mucho si es que avanzamos a Desembarco del Rey.

Ya habían tenido esta discusión antes, pero ambos jóvenes seguían pensando diferente.

-Lo más inteligente es esperar a que los Lannister y Stannis se destruyan entre ellos. Si nos enfrentamos antes de que eso ocurra perderemos vidas que podríamos salvar.

-¿Y qué hay de Sansa? ¿Cuándo la salvaremos a ella? –dijo el norteño, rompiendo con su habitual tranquilidad. -¿Cuánto tiempo más debe seguir siendo un rehén de esos monstruos antes de que la liberemos?

"Más de lo que alguien como ella se merece."

-Si tomamos el Colmillo Dorado y capturamos suficientes rehenes, podríamos obligar a Lord Tywin a un intercambio…

-Tendríamos que capturar a Joffrey o a uno de sus hermanos para que Lord Lannister accediera a intercambiar a su rehén más valioso. –replicó Dom, sacudiendo la cabeza. -¿De verdad no crees que tengo razón en que deberíamos estar dirigiéndonos a la capital? ¿Tan poco te importa Sansa?

-¡Por supuesto que me importa Sansa! Pero no podemos llegar a la capital y pedirle amablemente a Joffrey que la suelte. –respondió el dorniense, exasperándose. –Tú no conoces a Joffrey tanto como nosotros, no sabes el monstruo que es.

Ambos jóvenes quedaron en silencio mientras mantenían un duelo de miradas. Ned quería bastante al heredero Bolton y entendía su preocupación por Sansa, pero no podía apoyarlo en esto. Los señores de la Alianza habían tomado la decisión correcta, había que esperar que Stannis y Joffrey se debilitaran el uno al otro antes de atacarlos.

"¿Pensarías igual si fuese Allyria la que estuviese en las garras de un loco como Joffrey?" le recriminó su conciencia.

La verdad era que probablemente no lo haría. Es por eso que se iba a disculpar con Dom, pero el norteño siguió hablando antes que pudiera hacer cualquier cosa.

-No lo sé, Ned. –murmuró tras un suspiro. Luego de eso volvió a hablar con la tranquilidad que le caracterizaba. –Entiendo lo que Lord Royce y Robb pretenden, pero no puedo dejar de pensar en que no están arriesgándose lo suficiente. Uno no puede ganar una guerra solo reaccionando frente a lo que el otro bando hace… y eso es lo que hemos estado haciendo hasta ahora.

-Stannis atacará Desembarco cualquiera de estos días. Luego de que lo haga llegará nuestro momento y rescataremos a Sansa. –le respondió, palmoteando la espalda de su amigo.

-Rezo a los dioses de que así sea, porque hay algo en lo que te equivocas amigo mío. –replicó Dom, con una sonrisa triste. –No necesito conocer a Joffrey para darme cuenta de lo peligroso que es... porque he conocido monstruos peores que él. –en ese momento apretó fuertemente su arpa. –Y es por eso mismo que sufro tanto al pensar en lo que Sansa debe estar soportando.

"Solo podemos esperar que el momento de terminar con su sufrimiento llegue pronto" pensó Edric, incapaz de negar las palabras de Domeric.

Se quedaron conversando hasta que amaneció y el resto del campamento despertó. Poco después reanudaron la marcha, siempre en dirección norte hacia Aguasdulces. Poco después del mediodía la calma del clima terminó y las tormentosas nubes comenzaron a liberar su carga sobre hombres y animales, mojándolos hasta los huesos.

Pasaron por granjas y aldeas, pero ningún campesino se asomó a ver a la columna de norteños. Los habitantes de la zona estaban muertos, escondidos o simplemente habían huido, temerosos después de lo que los hombres de La Montaña habían hecho cuando pasaron por el lugar.

Lo que si había era vida silvestre. Uno de los arqueros de Lord Beric, un joven flaco y pecoso que respondía al nombre de Anguy, se había separado de la hueste para volver menos de una hora después con media docena de liebres y un jabalí pequeño, los cuales alegraron un poco la comida que tuvieron en la parada de media tarde.

Llegaron a Alto Corazón cuando el cielo comenzaba a oscurecer. Sabiendo que no era muy sensato cabalgar de noche y menos con el clima que había, Robb ordenó que acamparan en una pequeña meseta protegida del viento y la lluvia que había en una de las laderas de la colina.

Recién habían terminado de amarrar los caballos y montar los pabellones cuando la lluvia cesó, tan repentinamente como había empezado. Los hombres se alegraron y comenzaron a encender fogatas para secar sus ropas y poder cocinar algo antes de irse a dormir.

Normalmente los nobles les dejaban a los soldados comunes la tarea de hacer las guardias, pero solo Lord Beric y el propio Robb usaban tal privilegio. Esta noche le tocaba nuevamente a Domeric y también a Bran y Ned. Debían vigilar el extremo del campamento que daba hacia las alturas del monte, Domeric y el arquero Anguy harían la primera guardia, y el escudero Stark con Edric la segunda.

El dorniense tenía unas horas antes de que le tocara su turno como centinela, por lo que trataría de aprovecharlas para recuperar algunas horas de sueño, que si era sincero necesitaba bastante. Pero sabía que debía -al menos internar- hacer otra cosa antes, por lo que comenzó a dirigirse a una tienda diferente a la suya.

Los guardias que había en sus afueras lo reconocieron, así que no le impidieron el paso. Todavía había luz en el interior del pabellón, pero de todos modos se detuvo justo antes de traspasar la entrada de tela.

-¿Robb? –llamó, mientras trataba de escuchar los ruidos del interior.

Un segundo después escuchó un suspiro y el sonido de un libro cerrándose antes de que el norteño respondiera.

-Pasa Ned.

El dorniense obedeció, intentando hacer el menor alboroto posible mientras entraba a la tienda. Era por mucho la más grande de todo el campamento como le correspondía por pertenecer a la persona más importante de todo el grupo. Una docena de personas podría haber dormido cómodamente ahí adentro, pero salvo por Viento Gris el Stark estaba solo.

El herido huargo estaba sentado a los pies de la cama de Robb, moviendo la cola al ver al Dayne. Ser Gregor casi había matado a la pobre bestia, pero se había recuperado bastante bien desde aquel nefasto día. Mucho mejor que su amo por lo menos.

Robb aún tenía que ocupar un vendaje en el hombro que se le había dislocado. Ned no podía dejar de pensar en lo fuerte que debía haber estado fluyendo la adrenalina por el cuerpo del norteño como para que este pudiera levantar la espada con la que le quitó la vida a La Montaña sin desplomarse del dolor.

Pero bueno, a fin de cuentas el cuerpo de Robb estaba sanando bien. Era su psique lo que preocupaba al dorniense.

-¿Cómo te sientes del hombro? –preguntó por pura cortesía, mientras observaba curioso el libro que el norteño tenía en su regazo. El titulo decía Canciones que cantan los hombres ahogados. No lo conocía, pero por el título parecía estar relacionado con los hijos del hierro.

-Mejor, quizás uno de estos días podré volver a levantar el escudo que Lady Waynwood me regaló. –respondió el Señor de Invernalia, mientras ocupaba la mano de su brazo contrario para palmarse el hombro herido. –Necesitaré de alguien que quiera entrenar conmigo cuando eso suceda. ¿Supongo que no tendrás problema?

-Por supuesto que no. –respondió rápidamente el dorniense –Prometo ayudarte, esperaré más que ansioso por hacerlo.

-Es bueno saberlo. –murmuró Robb, antes de suspirar. Se quedó en silencio por un instante, absorto por sus pensamientos. Pasaron unos segundos antes de que reaccionara –En fin, ¿qué necesitas Ned?

-La verdad es que estoy preocupado. Casi no hemos hablado desde lo que ocurrió con La Montaña. Tanto yo como Dom y Bran estamos alarmados por la falta de noticias de la guerra…y por ti.

El rostro del norteño reflejó un poco de emoción por un instante, pero rápidamente adoptó la expresión solemne que se parecía tanto a la del difunto Lord Eddard.

-No tienen por qué preocuparse de mí, no estoy tan mal como creen. –dijo Robb, con una voz neutra.

"Estás mintiendo y lo sabes."

-Te conocemos Robb, estás más triste de lo que quieres admitir. Habla con nosotros, podríamos ayudarte. –insistió el dorniense.

-No pueden ayudarme Ned, no insistas más. –respondió el Stark, un poco de tristeza casi imperceptible en su voz. Suspiró nuevamente. –En cuanto a la guerra, yo tampoco tengo noticias y no las tendremos hasta que lleguemos a Aguasdulces. Los cuervos viajan hacia los castillos, no a un grupo de jinetes en medio de la campiña.

-Que no tengas noticias no significa que no estés pensando sobre que decisión tomar… y no estás hablando con nosotros para saber cuáles son nuestras opiniones. Hasta el mejor rey tiene consejeros, y cuatro cabezas piensan mejor que una.

-Quizás, pero al final solo es uno quién debe tomar la decisión… y cargar con sus consecuencias. –replicó el Señor de Invernalia, negando con la cabeza. –Solo les pido paciencia, ya llegara el momento en el que les cuente cual es nuestro siguiente movimiento…. pero no te miento cuando digo que ni siquiera lo he decidido.

-¿Estás seguro que quieres estar solo? ¿Qué quieres seguir tomando decisiones sin preguntarnos?

-Si. –respondió el norteño, seguro. Incluso trató de sonreír, pero no le resultó. Tras ello adoptó nuevamente una expresión seria. –Las cosas cambiarán cuando lleguemos a Aguasdulces, eso sí se los puedo prometer.

El tono en el que Robb dijo lo último no le gustó mucho, pero de igual forma asintió, sabiendo que no conseguiría mucho más insistiendo.

-Ve a descansar Ned, si quieres mañana podemos hablar un poco más.

"Quizás, pero solo sobre cosas sin importancia. No hablaremos de lo que realmente necesitas conversar."

Ahora fue Edric quién suspiró, dándose por vencido. Le revolvió la cabeza a Viento Gris y comenzó a salir de la tienda. Estaba con la mitad del cuerpo afuera cuando se giró para decir una última cosa.

-Yo no era tan cercano a Theon como tú Robb… pero estoy seguro que no le gustaría que estuvieras así.

Se marchó sin esperar respuesta, y sin mirar atrás.

-*-*-*-*.

Unas horas después, Bran le despertó. O más bien Verano, quién comenzó a lamerle la cara hasta que se levantó.

-¡Basta Verano, ya estoy despierto! –trató de decir mientras el inmenso huargo continuaba lamiéndolo. Solo paró cuando su amo lo llamó con un pequeño silbido. El aún somnoliento joven Dayne miró a su amigo, quién ya estaba poniéndose sus botas.

-¿Es hora? –preguntó, espantando los últimos resabios de sueño.

-Sí. –respondió el joven Stark, con una voz extraña y apenas más alta que un susurro. Edric parpadeó y estudió más detenidamente a su compañero. El norteño estaba pálido, muy pálido.

-¿Bran? ¿Qué sucede?

Su amigo no respondió instantáneamente, muy concentrado en la pared de la tienda que había detrás del dorniense. Siguió así por unos segundos hasta que respiró profundamente y miró a Edric.

-No sé por qué, pero siento que este lugar es… extraño. –murmuró Bran, sacudiendo la cabeza como para intentar despejársela.

"Esta colina era un sitio sagrado para los Hijos del Bosque, donde muchísimos de ellos murieron defendiendo a los arcianos de las hachas de los Primeros Hombres." pensó tras recordar una de las lecciones del maestre Luwin.

Lo más extraño era que Cuervo de Sangre no había visitado al dorniense en sus sueños recientemente, pese a lo cercano a los Antiguos Dioses que en teoría era el lugar en el que estaban.

-¿Soñaste con… él? –le preguntó Edric a su amigo, con más ansiedad de la que pretendía.

El Stark negó con la cabeza. –No, de hecho hace bastante que no se ha aparecido. Es otra cosa la que está actuando acá… y no tengo la menor idea de lo que puede ser.

Tal declaración fue seguida de silencio, salvo por el sonido del viento contra la tienda. Ambos jóvenes se mantuvieron así por unos segundos hasta que finalmente Edric suspiró y comenzó a vestirse.

-También me siento algo extraño, pero no descubriremos nada quedándonos aquí sin hacer nada. Además tenemos que relevar a Dom y Anguy, ellos también tienen derecho a dormir.

Bran se limitó a asentir, aún pensativo.

Un par de minutos más tarde comenzaron a caminar hacia el extremo del campamento que les tocaba vigilar. La lluvia había cesado, pero el suelo aún estaba húmedo y embarrado. Casi todos los norteños dormían profundamente, exceptuando obviamente a los centinelas que resguardaban el perímetro.

Verano los acompañó hasta el final del campamento, tras lo cual salió corriendo entre los árboles de la colina.

-Tiene hambre, y nunca hay tantas presas como después de la lluvia. –explicó Bran.

Domeric y Anguy estaban a unos treinta metros del pabellón más alejado, sentados bajo un inmenso roble junto a unas brasas que no iluminaban pero que daban calor. El Bolton estaba jugueteando con su arpa, concentrado. En cambio el arquero se veía un poco más aburrido, por lo que su rostro se iluminó al ver al par de jóvenes.

-Ya era hora mis señores, creíamos que se habían quedado dormidos. –les saludó, sonriendo ampliamente. Dom en cambio se limitó a saludarlos con un gesto de cabeza, nunca siendo alguien muy propenso a la efusividad.

-Pues ya llegamos Anguy, puedes ser feliz yéndote a dormir. –le respondió Bran mientras él y Edric se sentaban junto a Domeric, rodeando las brasas.

-Por supuesto que lo haré, pero quería hacer otra cosa antes de ello y vuestro señor hermano me hubiera azotado si lo hubiera hecho mientras estaba de guardia. –le dijo, antes de sacar un odre entre sus ropas. Lo destapó y el olor del vino alcanzó a todo el grupo de jóvenes.

El marqueño bebió un sorbo antes de detenerse, tras lo cual le ofreció el pellejo al resto de los presentes. Ninguno se lo aceptó para su decepción.

-¿Qué? ¿No les gusta el vino?

-Solo cuando hay una razón para beberlo. –respondió Edric, recordando los banquetes de Invernalia, llenos de risas y sonrisas… O cuando bebieron en honor de Theon y el resto de los caídos en la pelea con La Montaña.

-Yo solo bebo vino especiado, nunca me ha gustado el corriente. –añadió Domeric, casi desinteresado. Suspiró y tocó una armonía melancólica en el arpa.

"De nuevo está pensando en Sansa, ella también prefiere el vino especiado."

-Bueno, ustedes se lo pierden. –replicó Anguy, bebiendo otro trago del odre. Tras ello lo tapó y se puso de pie, disponiéndose a retornar al campamento. En ese instante bostezó. –En fin, que tengan una buena noche. Se van a aburrir, salvo un par de conejos no vimos…

No terminó la frase, quedando paralizado mientras observaba hacia la oscuridad que había entre los árboles. Un segundo más tarde reaccionó y tomó su arco y flechas, apuntando rápidamente hacia la ladera que subía hasta la cima de la colina.

-¡Alto! –gritó el pelirrojo, mientras sus compañeros salían de su letargo y desenvainaban sus espadas. Edric se levantó para ver qué era lo que había alertado tanto al arquero, pero no encontró a ningún soldado o bandido en medio de los árboles. Lo único que había era vegetación y un animal pequeño, blanco y del tamaño de un niño…

Esa cosa no era un animal.

La criatura no le hizo caso al joven marqueño y siguió avanzando, Anguy estuvo a punto de disparar, pero Domeric le hizo un gesto para que esperara. Al acercarse pudieron apreciar con más detalles su figura, advirtiendo que pese a tener el tamaño de un niño, no era más que una anciana. Una muy pequeña, con la piel y el pelo blanco…y los ojos rojos.

"Blanco y rojo, como Fantasma… o un arciano."

-¡No avances más! –le ordenó Domeric a la anciana, amenazándole con su espada cuando estaba a cinco metros. La mujer le hizo caso, deteniéndose mientras estudiaba alternativamente al Bolton y al resto de los jóvenes.

-Oscuros son los tiempos donde un visitante amenaza al dueño de casa. –bufó contrariada.

-Lord Tully es el Señor de las Tierras de los Ríos, solo él y el Rey pueden decir que son dueños de este lugar. –respondió Dom, sin bajar su espada.

-¿Cuál rey? ¿El bastardo, el de fuego o el mojado? –replicó irónicamente la mujer. Luego de eso suspiró. –Soñé con ustedes, pero nunca pensé que serían tan crueles como para negarle a una anciana algo tan simple como compartir su fuego.

-No lo somos. –respondió Edric, hablando antes de siquiera pensar. Las palabras de la mujer habían herido su orgullo. –Estábamos haciendo guardia y apareciste de improviso, por eso reaccionamos así.

-Estaban perdiendo el tiempo entonces. Los leones se han alejado de los ríos y los bandidos evitan Alto Corazón. Es un lugar antiguo y encantado, un lugar que recuerda. Así que quién se queda aquí suele tener pesadillas que le hacen desear no venir más. –dijo la criatura, estudiando al dorniense con sus inquietantes ojos rojos. Sin embargo pronto se aburrió, fijando su atención en Anguy… o más bien en el odre de vino que estaba colgando de su cintura.

-¿Es eso vino? –preguntó casi con ansiedad.

-Si… -respondió el pelirrojo.

-Los sueños del Fantasma de Alto Corazón tienen un precio. Hubo un tiempo en el que un dragón estuvo dispuesto a darme todo lo que quería a cambio de que le revelara el futuro de su linaje, pero ahora me conformaré con ese odre… y una canción. Sí, hace mucho que no escucho mi canción. –añadió melancólicamente al ver el arpa de Domeric.

-No te daré mi vino.

-¿Por qué deberían importarnos tus sueños? ¿Quién demonios es el Fantasma de Alto Corazón? –dijo duramente Domeric, el único que aún mantenía levantada su espada.

-Estás hablando con él muchacho. –respondió la mujer, mirando duramente al norteño. Sin embargo tras unos segundos su expresión cambió a una que era casi de lástima. –Soñé contigo hijo de Fuerte Terror, me apena que alguien tan joven haya visto cosas tan horrorosas como las que tú has visto.

A Edric le daba mala espina lo que la mujer estaba hablando, pero no podía negar que había atraído su curiosidad. Puso una mano sobre el hombro de Dom para tranquilizarlo.

-Baja la espada Dom, no somos tan indignos como para negarle hospitalidad a una anciana. –murmuró, aunque pensaba algo totalmente distinto.

"Robb no sabe nada de la guerra, quizás ella sí." reflexionó. El dorniense ya había sido visitado demasiadas veces por Cuervo de Sangre como para ser un incrédulo frente a los poderes superiores.

El Bolton dudó por un instante, pero finalmente asintió y envainó su arma. Tras ello Ned miró a Anguy, dándole una orden muda.

-¡He esperado toda la noche para poder beberlo! –reclamó el marqueño.

-Ya bebiste un poco, te regalaré un barril de vino del Rejo si es que le das lo que te queda.

-Nunca he probado vino del Rejo. –respondió Anguy, pensativo. Finalmente cedió a la petición del dorniense. –Te cobraré la palabra.

Le ofreció el odre al fantasma, que en un abrir y cerrar de ojos recorrió la distancia que les separaba y se lo arrancó de las manos. La anciana bebió casi sin parar, indiferente a las quejas del pelirrojo. Solo cuando se acabó hizo una pausa para respirar.

-Ni dulce ni agrio, tal como me gusta. –murmuró mientras se relamía. Cerró los ojos por unos segundos, pero luego los abrió repentinamente. –Ahora todo es más claro.

-¿Cuál es tu canción?- preguntó Domeric mientras tomaba su arpa, esforzándose para no sonar enojado.

-La de Jenny de Piedrasviejas, ¿acaso existe alguna otra canción que pueda competirle en belleza?

Probablemente el Bolton iba a responder que varias, pero una mirada de Edric le hizo decir otra cosa.

-Como quieras.

La canción comenzó a sonar mientras la anciana tarareaba su letra, disfrutando cada segundo de su duración. El dorniense conocía la melodía, pero nunca se había fijado en sus versos. La historia de Jenny y el Príncipe de las Libélulas era tan feliz como la de un cuento… pero con un final abrupto como la vida misma. La canción hacía honor a ambos sentimientos.

"y entre fuego y sangre finalmente todo acabó

Refugio Estival en su tumba se convirtió

y ahora en los salones de reyes que ya no están

Jenny baila con sus fantasmas y nadie más"

Cuando la canción terminó, la anciana estaba casi llorando.

-¡Se los dije! ¡Mil veces se los dije! ¡Mis sueños me habían mostrado como todo iba a terminar! Pero Egg era demasiado terco, quería a sus dragones a cualquier precio. –se lamentó.

Los jóvenes observaban sus sollozos con lástima, incluso Dom parecía un poco afectado. Finalmente Bran fue el que la interrumpió, ofreciéndole un pañuelo.

-Tómelo. Fantasma o no, lo necesita. –murmuró casi con dulzura.

Pero la anciana reaccionó a las palabras del norteño con una cara de tanto horror que terminó asustando a los propios jóvenes. Todos dieron un paso atrás, exceptuando a Bran que dio un salto.

-¡Tú no deberías estar aquí! –dijo el fantasma, con una mezcla de miedo y sorpresa. -¡El Lobo Alado debe estar en el norte, no en el sur!

Un escalofrío recorrió la espalda de Edric al escuchar sus palabras.

"Lo sabe"

La anciana pareció leer sus pensamientos, porque en ese instante comenzó a turnar su vista entre Bran y el propio dorniense.

-¡Han visto al último verdevidente! ¡Él los sigue observando con mil ojos y uno más!

-Nos prometió sueños, mi señora. –dijo Edric, tratando de mantener una voz fría e inexpresiva. Tanto Domeric como Anguy parecían confundidos por las palabras de la mujer, pero no era el momento de prestarles atención.

"Necesitamos información, aunque sea por los sueños de una bruja"

La anciana le miró con sus atemorizantes ojos rojos, pero el dorniense se mantuvo desafiante.

-Me hablas de cumplir promesas joven Dayne, cuando serás tú quién romperá una.

Una sensación fría recorrió el estómago del dorniense, quién respondió sin dudar. –Jamás.

"Mi tío prefirió morir antes de romper su juramento a Rhaegar, no puedo hacer menos."

-Mis sueños no mientes, lo harás… y una doncella lobo sufrirá por ello, mientras el lobo mayor te maldecirá.

"¿Arya? ¿Robb?"

-Ned jamás rompería una promesa, no es necesario ser brujo para saberlo. –dijo Bran, apoyando a su amigo.

La anciana se puso a reír.

-Son tan jóvenes como tercos, hubo un rey que tampoco quiso creerme y terminó pagándolo con su vida y la de casi todos aquellos a los que quería. –replicó, sin la menor inseguridad. Miró nuevamente a Ned. –Esta misma noche será cuando lo harás y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.

Dejó de mirar al dorniense antes de continuar.

-Me pagaron con vino y mi canción, así que cumpliré con lo pactado. –cerró los ojos nuevamente, para volver a abrirlos de improviso tal como en la ocasión anterior. –Soñé con un león y un venado de fuego que danzaban, miles de luces ardiendo y muriendo a su alrededor. Soñé que el baile terminaba con ambos animales muertos, pero con una llama devolviéndole la luz al león. Soñé que los krakens se reunían para ejecutar su venganza, mientras las flores comenzaban a crecer entre las zarpas de los leones… atándoselas.

No había que ser un genio para saber quiénes eran los leones y el venado de fuego, pero el dorniense estaba interesado en otro de los animales.

-¿Los krakens? –preguntó ansiosamente. -¿Qué pasará con los krakens?

-El más viejo ha vuelto a coronarse y le ha ordenado al resto de los pulpos de hierro que afilen sus armas e icen las velas. Irá en la dirección contraria a la de la última vez, y tendrá éxito… por un tiempo. Porque el éxtasis que sentirá al quitarles lo más preciado a sus enemigos le impedirá advertir al monstruo sin sombra que se acerca a sus espaldas.

"Los hombres de hierro no invadirán las Tierras de los Ríos o a los Lannister como la última vez, atacarán al Norte" pensó con algo parecido al miedo acumulándose en su interior. La anciana continuó.

-Soñé con un lobo blanco aullando de dolor por su amor perdido, pero no había nadie que le consolara. Soñé con una llama desapareciendo en el sur para comenzar a mover sus hilos en el norte. Soñé con una niña de piedra, y en la cebolla y serpiente marina que se unirán para protegerla de los zorros y leones. Soñé con dos dragones acechándose el uno al otro, sin decidir si amarse o destruirse. Soñé con sangre y nieve fluyendo por Poniente, desde el hielo del norte hasta el desierto del sur. Todo eso soñé… y mucho más.

Sus palabras fueron recibidas con silencio, los cuatro jóvenes demasiado impresionados como para responder inmediatamente.

Fue Anguy el primero en reaccionar.

-Habláis bastante bonito y todo eso, pero hasta yo puedo decir que mañana van a llover monedas de oro desde el cielo y no significa que se vaya a cumplir. –dijo el arquero, incrédulo.

-Eres tan insolente como tonto chiquillo, ya te dije que mis sueños no mienten. Pero si quieres seguir siendo un necio no te lo impediré. A mi edad me conformo con saber que cumplí con haberles advertido de lo que sucederá.

-Le agradezco por contarnos de vuestros sueños, fantasma… pero Anguy tiene razón. –dijo Bran, algo inseguro. –El futuro no es algo fijo, es algo que está cambiando constantemente con nuestras acciones y decisiones.

-Es cierto que la vista verde no es infalible, aún para el más poderoso verdevidente… pero mis sueños son diferentes a las visiones de los arcianos, lobo alado. Ellos si se cumplirán, de una u otra forma lo harán.

El fantasma suspiró, casi con resignación. –La verdad me apena que vuestro grupo tenga que separarse. Nada puede superar al dolor de Refugio Estival, pero la tristeza que ustedes sufrirán hubiera sido algo más fácil de soportar si es que hubieran seguido unidos.

-¿Qué? ¿Separarnos? –pregunto Domeric de improviso. -¿De qué estás hablando?

- Ya se los dije: el lobo alado debe estar en el norte, no en el sur. –miró a Bran atentamente. –No puede seguir aquí si quiere evitar que la oscuridad y el frio reinen en todo Poniente.

Otro escalofrío recorrió la espalda de Edric. "Primero los hombres de hierro y ahora los Otros, ¿acaso hay algo que pueda oscurecer aún más el futuro?"

Pero había algo que no tenía sentido en las palabras de la bruja, y no podía evitar preguntárselo.

-¿Y por qué debemos separarnos? Nada de lo que has dicho nos obliga a hacerlo, perfectamente podemos enfrentarnos a todas esas cosas juntos.

"Como debe ser"

La anciana lo miró con lástima. –Tal como el lobo alado debe estar en el norte… tú debes ir al sur. Debes volver a tu hogar si es que quieres salvar a la única familia que te queda.

"Allyria" pensó, mientras la bruja continuaba su monólogo.

-Porque también soñé con una estrella que emanaba oscuridad en vez de luz, una estrella cruel cuya sombra está acercándose en este mismo instante al lugar donde la espada del Último Héroe reposa esperando a un nuevo portador. Esa estrella oscura sabe que no es digna de poseerla… pero la tomará por la fuerza, arrasando incluso con su propia sangre de ser necesario.

"Estrellaoscura intentará robar a Albor"

"Y matará a Allyria al tratar de impedírselo"

-Mientes. –replicó débilmente, sin saber que más decir. Sintió que las rodillas le flaqueaban un poco al imaginar a su primo acercándose a Albor, con solo Allyria interponiéndose entre ambos.

"Estaba dispuesto a matarme a mí, ¿cómo no lo va a estar con ella?"

Apretó los puños mientras el pánico lo atacaba. -¡Mientes! –insistió.

-Soy muchas cosas, pero no una mentirosa. –respondió el fantasma de Alto Corazón. –Pero no te rindas todavía, aún puedes salvar a tu sangre de las acciones de aquella estrella cruel. Pero si quieres hacerlo debes partir al sur… antes de que el sol haga retroceder a esta noche, o no llegarás a tiempo.

El Dayne miró hacia el cielo, todavía faltaban algunas horas para el amanecer y la noche aún estaba oscura como una boca de lobo.

"Tengo poco tiempo"

El fantasma lo miró un segundo más antes de dar media vuelta y comenzar a caminar hacia la oscuridad. Ned estaba paralizado, sin saber qué hacer frente a la elección que tenía delante de él.

-¡Espera! –ordenó Domeric, dando un paso en dirección de la bruja. Ocupó su voz de señor al continuar. –No te hemos dado permiso para que te vayas.

-¿Acaso lo necesito? –dijo la anciana, mirándolos por encima del hombro casi divertida. –Ya os hablé de mis sueños, así que cumplí con lo pactado. No hay nada más que decir y mis huesos están viejos y necesitan descansar. Esta es nuestra despedida… y temo que no volveremos a vernos.

-¿Por qué? –preguntó Bran, tan ansioso como el mismo Edric.

-Porque el invierno se acerca, lobo alado…y los muertos vienen junto a él.

El fantasma se alejó entre los árboles tan silenciosamente como si lo hiciera flotando en vez de caminar. Ninguno de los jóvenes dijo una palabra mientras lo hacía, ni tampoco lo hicieron hasta mucho después de que desapareciera por completo, el pellejo de vino vacío la única prueba de que había estado con ellos.

Un lobo aulló a lo lejos, pero no había forma de saber si había sido Verano o alguno de sus primos más pequeños. Sin embargo el sonido hizo reaccionar a los adolescentes.

-¿Qué mujer más extraña no? –murmuró Anguy, recogiendo el odre vacío mientras movía la cabeza de un lado hacia el otro, lamentándose. –Tantos malos augurios… hubiera preferido cambiar el vino por una canción, o por el cariño de una de las muchachas que atienden en las tabernas.

-¿No estás pensando en creerle a los sueños de una loca, cierto? –preguntó de improviso Domeric, observando a Edric. El dorniense no habló inmediatamente… y cuando lo hizo ni siquiera fue para responderle.

-¿Bran? –murmuró, mirando al suelo.

-¿Si?

-¿Crees que debo hacerlo? –preguntó, deseando con todas sus fuerzas que la respuesta fuera negativa.

Obviamente el destino era más cruel.

-Sí. –respondió el Stark, sin dudar por un instante.

Anguy comenzó a maldecir incrédulamente y Domeric a mover la cabeza resignadamente, pero Edric no les prestó atención. La decisión estaba tomada.

"Perdóname Robb, perdóname Arya."

El dolor de siquiera pensar en abandonar a los Stark era repugnante, pero Allyria le necesitaba. Había llegado el momento de volver a Campoestrella… aunque eso significara darles la espalda a los lobos.

Tan solo podía rezar porque pudiera volver antes de que pasara algo horrible.

Pero bueno, el destino es cruel.