ROBB

El bote que llevaba el cadáver de su abuelo comenzó a coger velocidad al adentrarse en la corriente del río. Pese a sus esfuerzos, no había logrado llegar a Aguasdulces antes de que Lord Hoster falleciera. Aun así llegó para su funeral, que en el caso de los Tully consistía de una ceremonia donde el difunto Señor del Tridente se unía al río que le había visto nacer.

-Es tiempo. –murmuró el Pez Negro a su tío Edmure, el nuevo Señor de Aguasdulces.

El anciano caballero se veía más afligido de lo que Robb creía que era capaz. Pese a sus famosas peleas era alguien que había amado a su hermano y se lamentaba no haber estado en el final con él.

"Como yo tampoco pude estarlo con mi padre."

Lord Edmure asintió y apuntó con una flecha al bote mientras un escudero encendía el proyectil. Espero que estuviera completamente encendido antes de lanzarlo.

La flecha voló acercándose rápidamente a su objetivo. Por un segundo Robb estuvo seguro que iba a fallar, pero una repentina ráfaga de viento le dio el impulso necesario para acertar. La embarcación inmediatamente comenzó a arder antes de empezar a desaparecer en una de las curvas del río.

Robb quedó mirando fijamente al bote hasta que desapareció por completo. Tras ello suspiró y dio media vuelta, caminando para unirse al resto de los asistentes del funeral.

Mientras los señores y caballeros ribereños le ignoraban para acercarse a su tío, su madre le recibió con un abrazo. Robb se lo devolvió para intentar consolarla en medio de su dolor.

-Hubiera estado orgulloso de ti, de verte tan fuerte y gallardo… todavía recuerdo la primera vez que te tomó en brazos. Dijo que eras perfecto, un digno hijo de Aguasdulces e Invernalia. –murmuró Lady Catelyn, sonriendo pese a las lágrimas que caían por su rostro.

-No pude conocerlo tanto, pero si tanto los Bracken como los Blackwood coinciden en que fue un gran hombre, no puedo dudar de que lo fue. –respondió Robb, intentando animar un poco a su madre. –Trataré de convertirme en alguien que cumpla sus expectativas.

Su madre puso una mano sobre su mejilla.

-Ya lo has hecho, hijo mío.

"No estoy tan seguro."

Pero Robb solo sonrío, no diciendo nada mientras abrazaba a su madre.

Estando así casi se podía olvidar de todo lo que había pasado, de cómo su impaciencia le había costado la vida a Theon y a muchos amigos más, iniciando una reacción en cadena cuyas consecuencias recién comenzaban a manifestarse.

-¿Ha llegado algún mensaje desde Pyke? –preguntó a su tío un par de horas más tarde, mientras compartían una cena en honor al difunto Lord Hoster. Además de ambos señores solo estaban presentes el Pez Negro, su madre y Bran.

-Solo silencio. –respondió el Señor de Aguasdulces sombríamente.

-¿No podría ser que no recibieron los cuervos que les enviamos? –dijo su madre esperanzada. –Estamos en otoño, es la época donde hay más tormentas en el mar.

-Una tormenta podría haber retrasado o matado a un cuervo, pero a tres… -dijo Edmure, negando con la cabeza. –Balon Greyjoy recibió nuestros mensajes, simplemente los está ignorando.

El peso de las palabras de su tío aplastó dolorosamente al espíritu de Robb. Una de las primeras acciones tras el funeral de Theon en Septo de Piedra fue enviar un cuervo a Aguasdulces explicando lo sucedido entre sus hombres y los de Ser Gregor, además de pedir con urgencia a su madre que escribiera a las Islas de Hierro contando lo mismo.

No había sentido en tratar de ocultar lo que había pasado. Theon estaba muerto y nada lo cambiaría. Lo único que podían esperar es que el Señor de las Islas de Hierro se diera cuenta de que el asesino de su hijo había sido un hombre de los Lannister y que trataría de vengarse contra ellos, pero si ocurría lo contrario…

"Protege Invernalia y a tus hermanos, Robb."

Esas fueron casi las últimas palabras del hijo del hierro al que había llegado a considerar como un hermano. Cumpliría sus deseos… aunque tuviera que obligar a personas cercanas a hacer cosas que no querían.

-Pero si llegó una carta de Harrenhal. –añadió Edmure, interrumpiendo los pensamientos del norteño.

-¿Qué es lo que dice Bronce Yohn? –preguntó el Pez Negro. -¿Liberaron Poza de la Doncella?

-Sí, Lord Royce dice que casi fue fácil, porque los Lannister habían dejado solo una guarnición fantasma resguardando el castillo. Lord Tywin se llevó a todos los hombres que pudo para enfrentarse con Stannis en el sur.

"Entonces dividimos nuestras fuerzas para nada." pensó amargamente.

-Pero eso no es todo. –continuó Edmure, mirando a Robb. –Tu prometida viene hacia aquí.

-¿Ysilla? –preguntó Robb, maldiciéndose a si mismo cuando su corazón dio un vuelco por las palabras de su tío. -¿Por qué?

-Lord Royce dice que Aguasdulces es más seguro que Harrenhal, ya que gane quien gane la batalla en la capital, su próximo objetivo será avanzar hacia el norte. Lo que les llevará irremediablemente hacia el Ojo de Dioses y al castillo de Harren.

-¿Y hay alguna notica de la capital o Sansa? –preguntó repentinamente Bran.

-Nada tampoco, pero apostaría a que no seguiremos así por mucho tiempo más. Stannis podría estar cruzando el Aguasnegras en este mismo instante.

-Y cuando solo quede un rey vivo, ¿qué es lo que haremos? –insistió Lady Catelyn. -¿Pelearemos con él hasta el amargo final?

"Quiere que la guerra termine antes de que muera alguien más que queramos."

-Esa es una pregunta que responderemos cuando muera Joffrey… o Stannis. Hasta entonces solo podemos esperar. –replicó el Señor de Invernalia, dando por finalizada la discusión.

Pero Robb seguía pensando en las palabras de su madre incluso días después. La verdad es que si Stannis ganaba veía el fin de la guerra más cercano que lejano. Vencer a los Lannister le costaría caro al Baratheon aun en el mejor de los casos, así que Robb y sus aliados estarían en una posición ventajosa para negociar.

El norteño se conformaría con la liberación de Sansa, la cabeza de Joffrey por haber ejecutado a su padre y la de Lord Tywin por haber arrasado con las tierras de su abuelo. En cuanto a la Reina, el Matarreyes y sus otros hijos… Jaime y Cersei habían cometido traición frente a los ojos de los hombres y una abominación frente a los de los dioses, por lo que debían unirse a la Guardia de la Noche y a las hermanas silenciosas si es no querían morir.

Pero Tommen y Myrcella era niños inocentes. Robb se sentía obligado a tratar de protegerlos, aunque fuera solo para honrar a la princesa con la que había estado comprometido. Era allí y en el hecho de que Stannis se había convertido a la fe del Dios Rojo donde el norteño veía más problemas para terminar la guerra.

"Todos coinciden en que Stannis Baratheon es alguien obstinado, así que será casi imposible hacerlo ceder."

Y si Joffrey era quién ganaba… en ese caso sus vasallos le exigirían atacar la capital para terminar con él de una vez por todas, aunque fuera al costo de la vida de Sansa.

Y por eso mismo Robb no deseaba tanto una derrota de Joffrey como debería hacerlo. No era capaz de tomar una decisión así.

Pero si era capaz de tomar otras decisiones difíciles. La más dura la tomó un día después de comenzar a recibir los cuervos que traían noticias contradictorias sobre la Batalla del Aguasnegras.

-¡No puedes ordenarme algo así! –le gritó Domeric, más enojado de lo que Robb le había visto en su vida.

Estaban en un solar del castillo que su tío le había facilitado para establecerse. Eran las antiguas habitaciones del propio Edmure, pero las había desocupado para ocupar las del Señor de Aguasdulces, libres tras la muerte de su abuelo.

-Puedo hacerlo, soy el Señor de Invernalia y tú mi vasallo. –respondió fríamente.

-¡Me importa una mierda quién seas, no puedes pedirme que vuelva al Norte! ¡No hasta que Sansa esté libre!

-La liberaremos Dom, pero de verdad necesito que vuelvas al Norte. –dijo Robb, intentado mantener la compostura pese a lo difícil que le resultaba. –No sabemos cómo reaccionará Balon Greyjoy tras la muerte de Theon. Podría atacar a los Lannister… o a nosotros. Necesito a alguien que proteja Invernalia y a Arya y Rickon mientras yo sigo en el sur, y no hay nadie más en quién confíe tanto como en ti para cumplir tal tarea.

Lo último era una mentira, pero la otra persona en la que hubiera confiado tanto como en Domeric estaba cabalgando en esos momentos al sur. El recuerdo de ello volvió a amargar a Robb, tal como aquella noche en Alto Corazón.

Bran le había despertado. Al principio Robb no había logrado entender porque se escuchaba tanto alboroto en el campamento cuando faltaba tanto para el amanecer. Diez minutos más tarde había logrado averiguar la respuesta.

-Debo hacerlo Robb, no hay otra opción. –le había dicho Edric, sin poder disfrazar la vergüenza en su voz.

-Siempre hay otra opción. –le había respondido, cuando la sorpresa ya había dado paso a la rabia y decepción.

Las facciones del dorniense se habían entristecido antes de continuar. –No la hay sí quiero salvar a Allyria de Estrellaoscura.

-¿Cómo estás tan seguro? ¿Acaso puedes ver el futuro?- replicó sin poder esconder su enojo.

-No… pero sé que es así. Lo que ella dijo es solo la prueba final.

-¿Entonces nos traicionarás por los sueños de una bruja?

-¡Jamás los traicionaría! ¡Jamás! –respondió Edric, ahora siendo él quien estaba enojado. – ¡Él mató a mi padre! ¡Quiso matarme a mí! Jamás pensaría en abandonarlos si es que tuviera otra opción… pero no la hay, de verdad que no la hay. Allyria está en peligro y solo yo puedo salvarla de mi primo.

-Aunque tu causa sea noble, no quita que nos estás abandonando en medio de la guerra. ¡A nosotros! ¡Quienes casi somos tu familia!

-¡Y Allyria es mi familia! ¿Qué clase de hombre sería si le fallo a ella?

"Un hombre sin honor" pensó Robb, pero la rabia le impidió admitirlo en el momento, saliendo otras palabras de su boca.

-Vete… no te atrevas a mirar atrás. -anunció, bajando la vista y apretando los puños para tratar de contenerse. El hombro le gritaba de dolor, pero no dijo nada.

-Volveré. Lo juro por los dioses nuevos y los antiguos. –le respondió el dorniense antes de subir a su caballo. Fueron las últimas palabras que le dijo antes de partir acompañado por Lord Beric y sus hombres.

"¿Lo harás antes de que sea demasiado tarde?"

El enojo inicial ya había desaparecido casi totalmente, pero una parte seguía allí. Robb entendía las razones de Ned y probablemente hubiera hecho lo mismo en su lugar… pero no podía alejar el presentimiento de que algo malo iba a ocurrir, y no sabía si la decisión del dorniense tendría que ver con ello.

Pero había algo que estaba seguro que era cierto, los tiempos de guerra son más difíciles de soportar cuando tu familia y amigos están lejos de ti.

Y ahora estaba enviando lejos al último amigo que estaba a su lado... y que seguía con vida.

-¡Si estás tan preocupado de proteger el Norte envía al Gran Jon! ¡A uno de los Manderly! ¡En último caso envía a mi padre! ¿Por qué tengo que ser yo? –insistió el Bolton.

-Ya te lo dije, porque solo en ti confío para algo así. –respondió Robb, suspirando. –Te llevarás a Bran contigo, no puedo permitir que siga arriesgando su vida en el sur.

-Estamos en guerra Robb. Hombres mueren, pero es el costo si queremos ganar.

-Tengo más que claro que es lo que pasa en una guerra. –replicó el Stark fríamente. –Edric casi murió en Puerto Gaviota, Theon lo hizo enfrentándose a la Montaña. Muchos otros buenos hombres lo han hecho en batallas aquí y allá, ¿Cómo puedes decirme crees que no lo sé?

-¿Y de verdad crees que tu hermano quiere volver al Norte? ¿Como si fuera un niño pequeño al que su madre esconde entre sus faldas?

-Me importa una mierda si eso significa que estará a salvo.

"No podría soportar perderlo, no después de Theon."

-¿Y Sansa? ¿También te importa una mierda? –replicó Domeric duramente. Robb sintió como el vello se le erizaba tras sus palabras.

-¿Cómo te atre…

-Me atrevo Robb, porque tus acciones me hacen pensar tal cosa. –dijo el Bolton, sin flaquear en lo más mínimo. – ¡Deberíamos habernos dirigido a la capital apenas descubrimos que Lord Tywin no estaba en Harrenhal! ¡Deberíamos haberlo hecho tras matar a La Montaña! ¿Pero qué fue lo que decidiste?

-¡Lo hicimos para esperar que Stannis y los Lannister se destruyeran entre ellos!

-Si, ¿pero acaso no ha pasado por tu cabeza la posibilidad que Sansa haya muerto en el caos de la batalla? ¿O que los Lannister la ejecutaron antes de permitir que cayera en manos de Stannis?

"Más veces de las que crees, pero aunque duela también tengo que pensar en las vidas de mis vasallos."

-Tomé la que se veía como la mejor decisión, pero incluso ella tuvo un costo. –murmuró débilmente.

-Sí, la vida de Theon. ¿Qué es lo que costará tu nueva decisión? ¿La de Sansa?

El puño de Robb conectó con la cara del Bolton antes de que el primero se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Por suerte no llevaba el guantelete puesto, le hubiera volado varios dientes a su amigo si hubiera sido así. Aún así la fuerza del impacto hizo que Domeric retrocediera un paso. Sus facciones mostraron sorpresa por un segundo, pero casi de inmediato retomaron la expresión de rabia contenida que había estado manteniendo hasta entonces.

Y los ojos incoloros de un Bolton expresando furia podían asustar hasta a un Caminante Blanco.

-¿Asumo que no cambiareis vuestra decisión mi señor? –preguntó en un tono de voz casi inexpresivo, mientras su mejilla comenzaba a inflamarse.

-No. Partirás mañana a primera hora con cuatro mil hombres y Bran. No te quiero volver a ver hasta entonces. –respondió fríamente, dándole la espalda a su amigo.

Escuchó que el Bolton se quedaba quieto por unos segundos, casi como si estuviera pensando en desobedecer sus órdenes. Casi se asustó en ese instante, recordando lo que algunos de sus antepasados habían sufrido a manos de los Bolton en el pasado. Afortunadamente el lapsus pronto terminó y su amigo salió de la habitación.

Cuando quedó solo Robb se sentó en el escritorio de su tío, suspirando antes de taparse la cara con las manos.

"Adios a mi último amigo. La guerra será más difícil de sobrellevar solo, pero prefiero eso a verlos morir por culpa mía."

Sacó un pergamino y una pluma y comenzó a escribir una carta para Arya. Su hermana lo había estado haciendo bien como Señora de Invernalia hasta ese momento al punto de que todos sus vasallos que habían ido al Festín de la Cosecha en Invernalia habían quedado satisfechos, incluso la complicada Lady Dustin.

Esperaba que le alegraría saber que Domeric y Bran pronto estarían con ella, o por lo menos que le ayudaría a aliviar en algo la ansiedad que debía estar sintiendo estando en el Norte alejada de todos. Además quizás ellos podrían explicarle lo que había sucedido con Edric, porque Robb pese a que le daba vueltas y vueltas no podía entenderlo completamente.

"Arya va a enojarse con él, pero terminará perdonándolo. No sé si yo puedo esperar lo mismo de Domeric."

Robb suspiró una vez más y terminó de escribir la carta.

-*-*-*-*.

-No esperaba que Bran se lo tomara tan tranquilamente. –murmuró su madre, mientras ambos observaban desde las murallas de Aguasdulces como se alejaba la columna de norteños, entre los que se encontraban Domeric y su hermano menor.

"Bran es mucho más de lo que aparenta" pensó Robb, intentado no pensar en las miradas que su hermano a veces le dirigía, sobre todo cuando despertaba tras esos sueños tan… reales.

-Ya no es un niño. –respondió finalmente.

-Claro que no, pero hay incluso hombres maduros que se hubieran enfurecido por tener que hacer lo que él está haciendo. –replicó su madre.

-¿Qué es lo tan difícil que debe hacer? –preguntó, exasperado. - ¿Volver a casa?

-Sí, volviendo a casa… alejándose de cualquier oportunidad de ganar honor y gloria en el campo de batalla. –respondió su madre, con una media sonrisa. –Has aprendido mucho en muy poco tiempo hijo mío, pero todavía te falta aprender algunas cosas.

"Me falta aprender demasiadas cosas"

-¿Cómo cuáles?

-Como el no alejar a tus amigos de ti cuando los necesitas. –respondió su madre, la sonrisa desapareciendo de su cara para ser reemplazada por una expresión de compasión. –Sé que temes que lo que pasó con Theon se repita, pero te estás equivocando al mandar a Domeric lejos de ti. Necesitas a un amigo que te cubra las espaldas.

-Necesito a Domeric en el Norte, y todavía tengo a miles de otros hombres aquí en Aguasdulces dispuestos a entregar sus vidas por la mía.

-No, tienes a miles de hombres pululando a tu alrededor para intentar ganar tu favor, pero ninguno es un amigo de verdad. Son leales a ti, pero con la correcta presión desaparecerán tan rápido como la nieve bajo el sol.

-¿Y qué quieres que haga madre? ¿Qué me arrepienta y le ruegue a Dom que vuelva y se quede aquí? Sabes perfectamente que no puedo hacerlo, perdería el respeto de mis vasallos si llego a actuar tan contradictoriamente.

-No te estoy pidiendo eso, sé tan bien como tú que ese camino se encuentra cerrado. –respondió Lady Catelyn, frunciendo el ceño. Rodeó las manos de Robb con las suyas antes de seguir. –Te pido que hagas lo único con lo que Domeric podría perdonar tu decisión, rescata a Sansa.

-Es más fácil decirlo que hacerlo.

-Sí, pero no es imposible. Sobre todo si los Lannister realmente perdieron la batalla contra Stannis.

-¿Y si la ganaron? –preguntó Robb, cansado. –De los cuervos que han llegado, diez dicen que Stannis está muerto y solo dos que Joffrey es quién murió. Ya no tengo muchas esperanzas de que los Lannister fueron quienes perdieron la batalla.

-Si Joffrey es quién ganó la batalla… -su madre tragó saliva antes de seguir. –Creo que deberías considerar doblar la rodilla.

-Jamás.

-Escúchame antes de seguir, te lo ruego. Después puedes gritarme todo lo que quieras.

Robb dudó, pero la mirada desesperada de su madre acabó con su resolución. Suspiró antes de asentir.

-Ofrécele a los Lannister doblar la rodilla si es que liberan a Sansa y prometen no despojarnos de nuestros títulos a nosotros o a nuestros aliados. Lord Tywin es un hombre tan pragmático que aceptará una oferta así sin dudarlo.

-Sí, estoy seguro que estará encantado de que le ofrezcamos algo así. ¿Para qué se van a molestar en despojarnos del Norte si nuestros propios vasallos se rebelarán contra nosotros por ser tan cobardes? El Gran Jon solo me obedece por el respeto que le tenía a mi padre, Lord Ryswell nos odia tanto como Lady Dustin y no quiero ni pensar en Lord Bolton ahora que Domeric está peleado conmigo. Todos ellos caerán sobre Invernalia a la primera señal de debilidad.

-No lo niego, pero por eso mismo prometerás doblar la rodilla… mientras nos preparamos para otra cosa.

El tono de voz y la expresión de Catelyn despertaron inmediatamente la curiosidad de Robb, quién comenzó a mirar a su madre sospechosamente.

"¿Qué estás planeando madre?"

-Te escucho.

-Cuando los Lannister nos entreguen a Sansa haremos como que volvemos al Norte y el Valle… mientras en secreto negociamos con los Tyrell y quien haya quedado a cargo de Rocadragón y Bastión de Tormentas. Trataremos de convencerlos que se unan a nosotros para quitarle el Trono de Hierro a los Lannister, aunque sea necesario ofrecerle el Trono de Hierro a Mace Tyrell para lograr convencerlo.

-Lord Tywin no permitirá que hagamos algo así, no es un tonto.

-Lord Tywin cree que eres tan honorable como tu padre y que jamás pensarías en hacer algo así. Normalmente tendría razón… pero tiempos desesperados requieren de medidas desesperadas. El invierno se acerca.

-El invierno se acerca. –asintió Robb, tanto asqueado como seducido por lo que su madre proponía. Miró a su madre con sospecha. –La verdad es que solo hay una cosa de la que estoy completamente seguro, mi padre jamás hubiera hecho algo así. Ni siquiera contra los Targaryen.

-No, no lo hubiera hecho. –respondió su madre con una sonrisa triste. –No hay honor en apuñalar por la espalda a alguien, aunque tenga el mismo resultado que atacarlo de frente.

Entonces la expresión de Lady Catelyn se endureció.

-Pero fue a tu padre a quién apuñalaron por la espalda. Un hombre de la Guardia de la Noche estuvo en Invernalia hace poco, camino al Muro desde Desembarco del Rey. Arya lo recibió, pero fue con Ser Rodrik con quien conversó. Me escribió una carta contándome lo que habían hablado.

-¿Y qué dijo? –preguntó Robb, curioso.

-El guardia de la noche le contó que Cersei Lannister había hecho un trato con tu padre. –respondió con una furia apenas contenida. –Si admitía ser un traidor y reconocía como rey a Joffrey, tendrían piedad y le perdonarían la vida. Se supone que iría al Muro junto al resto de los reclutas que el guardia de la noche había reunido en la ciudad.

-¡Pero mi padre lo hizo! ¡Admitió que era un traidor frente a una multitud en el Gran Septo de Baelor! ¿Dónde estuvo la piedad de Cersei Lannister entonces?

Solo entonces el Stark se dio cuenta que se había respondido a sí mismo.

-No la tuvo, Cersei rompió el trato que había hecho con tu padre y lo ejecutaron de todas maneras. –escupió Catelyn, apretando los puños hasta que los nudillos le quedaron blancos. –Es por eso que no siento la menor vergüenza en pensar en pagarles con la misma moneda.

Robb se quedó pensando en las palabras de su madre. Era una opción tentadora, pero no podía dejar de pensar en que iba contra todo lo que Lord Eddard le había enseñado que era correcto. ¿Acaso el fin justificaba los medios? Por lo menos para su padre no.

Pero a su padre lo habían traicionado, y cuando te enfrentas a traidores no hay espacio para el honor.

-Pensaré en lo que me has dicho. –respondió finalmente, sin mirar a su madre.

Su madre le puso una mano en la cara antes de responder.

-Solo te pido que recuerdes una cosa. La familia va antes que el honor.

-*-*-*-*.

Pese a la lluvia que acompañó su llegada a Aguasdulces, Ysilla Royce seguía siendo una visión para Robb cuando desmontó y se quitó la capucha con la que se protegía de las precipitaciones. La hija de Bronce Yohn había dejado atrás la timidez con la que se había despedido de él en Harrenhal, corriendo a abrazar al norteño apenas le vio.

-Lamento lo de Theon, de verdad que lo hago. –fue lo primero que le dijo mientras se apretaba contra su pecho. –No sabes cuánto me arrepiento de no haber estado allí para acompañarte.

-Una batalla no es lugar para una dama, mi señora. –le respondió Robb. Lo que había dicho no era exactamente cierto si pensaba en Lady Mormont o las guerreras dornienses, pero no pensó en ellas en ese momento.

-Si conocieras a las mujeres de los clanes de las Montañas de la Luna no dirías lo mismo. –respondió la Royce, medio en serio y medio en broma. –Pero no me refería a eso. No me quiero ni imaginar lo difícil que deben haber sido los días posteriores a la batalla, y es no haber estado junto a ti en esos días de lo que realmente me lamento.

Una súbita oleada de agradecimiento hacia Ysilla golpeó a Robb en ese momento, su pecho sintiendo un calor que se contradecía con el frío que la lluvia había llevado a las Tierras de los Ríos. El norteño se permitió sonreír antes de seguir.

-No sirve de nada lamentarse por lo que pudo haber sido, mi señora.

-No, pero puedo tratar de que no vuelva a repetirse, mi señor.

-¿Y cómo lo harás? –preguntó Robb divertido. -¿Acaso no me dejarás solo en el resto de nuestras vidas?

-Puedo intentarlo. –respondió Ysilla con una sonrisa.

Pero la alegría tras la llegada de su prometida pronto había dado paso a la preocupación y al nerviosismo cuando más cuervos comenzaron a llegar al castillo Tully.

"Alas negras, palabras negras."

-Hasta aquí llegó la idea de doblar la rodilla frente a Stannis. –murmuró con desazón a su madre, antes de entregarle el mensaje para que lo pudiera leer. –Y lo que es peor, la de aliarnos con los Tyrell.

Lord Velaryon les había escrito desde Rocadragón, terminado con cualquier duda sobre qué había pasado en la Batalla del Aguasnegras. Stannis estaba muerto, la mayoría de su ejército había sido arrasado por Lord Tywin desde la retaguardia, la mitad de Desembarco del Rey había ardido por fuego valyrio… y Joffrey se había aliado con los Tyrell. Al parecer los Lannister le habían ofrecido la mano de Joffrey a la hija de Lord Tyrell y este había aceptado, encantado frente a la posibilidad de que uno de sus nietos fuera rey.

"El Dominio y el Oeste unidos tienen más hombres que nosotros." pensó con horror.

-Aún podemos ganar la guerra, incluso con Altojardín apoyando a Joffrey. –murmuró Lady Catelyn como si hubiera leído los pensamientos de su hijo.

-Los Tyrell acaban de sumar cien mil espadas a las que Joffrey ya tenía, creo que las cosas se han complicado un poco. –replicó irónicamente.

-Los Targaryen tenían más hombres que nosotros durante la Rebelión y aun así terminaron perdiendo la guerra. Si logramos elegir bien nuestras batallas podemos vencer a Joffrey.

-Quizás sí, pero Sansa… -murmuró Robb, sacudiendo la cabeza tristemente. Los planes para lograr liberar a su hermana de Joffrey no servían de nada frente al nuevo escenario. ¿Cómo harían ahora para poder rescatarla con vida?

Y para eso, ni siquiera su madre tenía respuesta.

La noticia de que los ejércitos de Joffrey ahora superaban en número a los propios hizo que Edmure se acobardara y desistiera de atacar el Colmillo Dorado, enviando a todos los soldados ribereños de los que pudo desprenderse hacia Harrenhal y Septo de Piedra. Era en esos lugares donde tratarían de detener a los Lannister si estos comenzaban a invadir nuevamente las Tierras de los Ríos.

Robb en cambió reaccionó de otra manera.

"No se puede ganar una guerra solo defendiéndose."

De los más de treinta mil norteños que habían bajado al sur, Robb todavía tenía a quince mil con él en Aguasdulces. Diez mil estaban en Harrenhal con Yohn Royce y el ejército del Valle, y cuatro mil habían vuelto al Norte junto a Domeric y Bran. El resto había muerto o desertado en las diferentes escaramuzas en las que habían participado.

Los ánimos se habían enfriado bastante si se comparaba a como habían estado tras la toma de Puerto Gaviota, sobre todo tras lo que había sucedido con La Montaña. Robb sabía que debían ganar una batalla pronto si no quería que sus hombres comenzaran a cuestionar si valía la pena seguir peleando.

Y no había mejor presa para animar a sus hombres que las propias tierras de los Lannister, a menos de dos días a caballo desde Aguasdulces. El único obstáculo que había en el camino era el Colmillo Dorado, pero la fortaleza Lannister estaba lejos de ser tan infranqueable como Foso Cailin o las Puertas de la Sangre. Sería costoso, pero Robb no tenía duda de que podrían tomarla.

Partirían al día siguiente, pero había algo que hacer antes de ello.

-Con este beso te entrego en prenda mi amor, y te acepto como señor y como esposo.

-Con este beso te entrego en prenda mi amor, y te acepto como señora y como mi esposa.

Alys Karstark y Brynden Blackwood se besaron en ese instante, cumpliendo con los votos recién realizados. La pequeña multitud que se había apiñado en el septo de Aguasdulces estalló en aplausos, incluyendo a Robb y al resto de su familia.

Lord Karstark había traído a su hija al sur para buscarle un matrimonio conveniente entre las familias sureñas… y había encontrado al novio ideal en el heredero de Lord Tytos Blackwood y futuro señor de Árbol de los Cuervos. Ambos jóvenes se complementaban bien a ojos de Robb, incluso sonriéndose el uno al otro tras el beso.

Brynden tenía la piel pálida y el pelo y ojos negros de su familia, y sus facciones eran lo suficientemente atractivas como para que más de una doncella mirara con envidia a la novia. Pero para Robb lo más importante era que había demostrado ser un guerrero capaz, habiéndose destacado en las batallas por los vados del Forca Roja que hubo entre los hombres del Pez Negro y los Lannister.

En cuanto a Alys… bueno, el Stark casi se lamentaba que su padre no le hubiera comprometido con ella en el pasado. Alta, pelo castaño oscuro, facciones agudas y claros ojos grises la marcaban a gritos como una belleza norteña. Su madre incluso le había murmurado que casi se parecía a su difunta tía Lyanna antes de la Rebelión, si eso era verdad, Robb casi podía entender porque Rhaegar Targaryen y Robert Baratheon habían destrozado al reino por ella.

-Hacen bonita pareja. –murmuró Ysilla a su lado.

-Si. –asintió Robb, aun observando a la novia. La hija de Lord Royce se dio cuenta de ello y le piso un pie disimuladamente.

-Perdón mi señor, no fue mi intención. Estaba tratando de moverme un poco para poder ver mejor a Lady Alys. –dijo con el tono de voz más inocente que pudo lograr frente a las protestas del norteño. –Debe tener algo en la cara para que la mires con tanta atención, ¿o me equivoco?

-Eso creía, pero parece que solo es la luz. –respondió el Stark, derrotado. Ysilla sonrío frente a su respuesta, pero no dijo nada.

En ese instante el septón que oficiaba la ceremonia comenzó a rociar a los novios con los aceites de la Fe de los Siete, pese a que Robb notó la incomodidad de los recién casados.

-Es extraño. –murmuró Ysilla, observando la misma situación.

-¿Qué es extraño?

-Los Blackwood aún rezan a los arcianos, eso lo sabe todo el mundo. ¿Por qué entonces el heredero de su casa se está casando en un septo y no en un bosque de dioses? ¿Acaso los Karstark no siguen a los Antiguos Dioses como el resto de los norteños?

-Si lo hacen, de hecho los únicos que siguen a los Siete en el Norte son los Manderly. –explicó Robb mientras observaba a la pareja. –Se están casando aquí porque mi tío Edmure creyó que era una buena idea ofrecerles el septo y no pudieron rechazarlo sin insultarle.

-¿Y tú tío no los está insultando al no recordar a que dioses le rezan?

"Eres mucho más astuta de lo que aparentas"

-Sí, pero no se dio cuenta a tiempo. –respondió el norteño con un suspiro. Su tío era un buen hombre, pero no alguien que destacara por su sagacidad. –Afortunadamente mi madre ofreció una solución. Esta ceremonia será la primera, y todos sus gastos serán pagados por nuestra familia… pero habrá otra más adelante donde confirmaran sus votos frente a los Antiguos Dioses.

-¿Una segunda ceremonia? ¿Dónde?

-En el castillo de los Blackwood, frente al arciano más grande de Poniente que aún existe al sur del Cuello. Mi madre comprometió nuestra asistencia, sobre todo porque… eh…

-Porque… -preguntó Ysilla, arqueando una ceja.

-Porque quiere que nosotros también nos casemos ahí, en una boda doble. –explicó Robb, no pudiendo evitar sonrojarse un poco.

La verdad es que su madre quería que se casaran ahora mismo, pero el norteño no se sentía preparado todavía. Es por eso que la había convencido de posponerla hasta cuando tuvieran la oportunidad como para viajar a Árbol de los Cuervos, y pasaría bastante tiempo antes de que la guerra les diera suficiente tiempo para eso.

-Entiendo. –murmuró Ysilla, quien tampoco pudo evitar ruborizarse. Estaba claro que la hija de Yohn Royce le había tomado cariño a Robb en el tiempo que había transcurrido desde que se habían conocido, pero eso no significaba que quisiera casarse con él lo antes posible.

Robb iba a decir algo más, pero en ese instante su madre le hizo señas para indicarle que debía acercarse a felicitar a los recién casados. Le ofreció el brazo a su prometida y cuando lo aceptó comenzaron a caminar hacia Brynden y Alys.

-Mi señor. –saludó la norteña, haciendo una pequeña reverencia frente al Señor de Invernalia y su pareja.

-Lord Stark, Lady Royce. -murmuró el Blackwood, quien iba a inclinarse hasta que Robb se lo impidió con un gesto.

-Felicitaciones a ambos, os deseo muchísima felicidad y una numerosa descendencia. La Casa Stark siempre estará junto a vuestras familias, ya que no compartimos solo amistad sino que también sangre.

Lo que decía era verdad. Los Karstark eran descendientes de un hijo menor de Invernalia que se había establecido en Bastión Kar hace cientos de años, mientras que los Blackwood eran una de las pocas familias del sur con los que los Stark se habían casado en el pasado. Una de las bisabuelas de Robb era una Blackwood si no mal recordaba.

-Sois demasiado amable, mi señor. –respondió el heredero de Lord Blackwood, rodeando con un brazo los hombros de su esposa. –Pero agradezco vuestros deseos. Que jamás llegue el día en que un Stark no sea bien recibido en Árbol de los Cuervos.

-O en Bastión Kar. Puede que mi señor padre sea un imbécil, pero mis hermanos no lo son. –añadió Lady Alys, aunque su expresión era más triste que la de su esposo.

"Debe estar pensando en Torrhen." el menor de los Karstark había sido uno de aquellos que había muerto en la emboscada de la Montaña, junto a Pequeño Jon, Olyvar Frey… y Theon.

Pensar en sus amigos muertos entristeció a Robb, pero sabía que debía decirle algo a Lady Alys. Después de todo, su hermano había muerto para salvarle la vida a él.

-No había tenido la oportunidad de hablar con vos sobre Torrhen. –le dijo, mirándola fijamente a los ojos grises. –Sé que nada de lo que diga puede devolverle la vida, pero no miento cuando digo que pienso en él cada día agradeciéndole por lo que hizo ese día. Fue un hombre valiente, que no quede ninguna duda de eso.

-Quizás hubiera sido mejor que hubiera sido un poco más cobarde. –respondió la Karstark con una sonrisa triste. –Pero bueno, siempre dijo que si iba a morir quería que fuera en el campo de batalla y no postrado en una cama. Los dioses tuvieron algo de compasión al concederle ese deseo.

"La verdad es que cada vez creo más en que no les importamos a los dioses en lo más mínimo," pero fue otra cosa la que respondió.

-Lo fueron. –respondió, esbozando una sonrisa forzada. Viendo que su tío Edmure estaba esperando su turno para dar sus felicitaciones, hizo pequeña una reverencia y se despidió. –Espero que también sean amables con ustedes y sus futuros hijos. Nos vemos en el banquete.

Esperó a que Ysilla se despidiera antes de alejarse de los novios, caminando tomados del brazo hacia la salida del septo.

-Espero que sean felices. –murmuró la Royce.

-Yo también. –respondió sinceramente Robb. –En medio de toda la tristeza que la guerra ha causado, es bueno que alguien pueda ser feliz.

-¿Y tú Robb, alguna vez podrás volver a ser feliz? –preguntó tímidamente la hija de Lord Royce, deteniéndose poco después de salir del septo. Miró al suelo antes de seguir. –Me duele verte tan triste, no sabes cuánto.

El norteño no respondió inmediatamente, pensando tanto en su padre como en sus amigos, uno muerto y los otros dos lejos.

-Dudo que pueda antes de que la guerra termine. Hay demasiadas heridas que cerrar… y lo peor es que siguen abriéndose más.

-A Theon no le gustaría verte así, Robb. –dijo Ysilla, mientras el Stark sentía un escalofrío recorrer su espalda al recordar que Edric le había dicho algo parecido en Alto Corazón.

-Lo sé, ¿pero qué puedo hacer? Cada vez que comienzo a sentirme algo mejor pasa algo que lo borra. Primero fue Edric, después lo de Domeric, ahora es Sansa y la derrota de Stannis. –Robb movió la cabeza de un lado al otro. –Es casi como si los dioses no quisieran darme tregua.

-Así es la vida para quienes nacemos con apellidos poderosos… y créeme que sigue siendo una vida mejor que la de los plebeyos. –respondió la Royce, poniendo una mano sobre la cara del norteño. –Pero te puedo prometer una cosa Robb, estaré allí cuando necesites a alguien que te apoye. No te dejaré solo.

Sus palabras conmovieron al norteño, que sintió como su pecho se inflamaba haciéndole sentirse mejor. Sonrío mientras miraba a Ysilla, quién le devolvió la sonrisa. Durante unos segundos quedaron así, observándose el uno al otro como si no existiera nada más en el universo que ellos mismos.

Casi podía escuchar la voz de Theon en ese momento, diciéndole "Bésala idiota." Estaba por cumplir los deseos de su difunto amigo cuando ambos escucharon los pasos de una persona acercándose por el pasillo a gran velocidad.

Miró en la dirección del sonido y vio al auto de los pasos. Era Vyman, el maestre de Aguasdulces.

Y su cara mostraba que traía noticias de gran urgencia.

"No."

-Lord Stark. –balbuceó el maestre, respirando agitadamente por el esfuerzo.

-Maestre Vyman. ¿Qué pasó?

-Llegaron cuervos del Norte, de la Isla del Oso, la Ciudadela de Torrhen y Castillo Cerwyn…

-¿Qué? ¿Qué es lo que dicen?

-¡Los hombres del hierro atacaron el Norte! ¡Los Mormont y los Tallhart pudieron rechazarlos, pero Foso Cailin y Bosquespeso fueron tomados! –dijo Vyman, a tanta velocidad que las palabras casi se le mezclaban. Tragó saliva y miró a Robb con miedo antes de seguir. - E Invernalia… Invernalia está…

"Protege Invernalia y a tus hermanos, Robb."

-¿¡Que pasa con Invernalia!? –gritó Robb, casi tomando al maestre del cuello.

-Invernalia está sitiada. Los Cerwyn dice que son miles y miles de hombres del hierro.

-¿Pero cómo pudieron llegar a Invernalia? ¡Está a cien leguas del mar! –preguntó Ysilla, tan impactada por las noticias como el propio Stark.

-No lo sé mi señora, los cuervos solo decían eso además de rogar por ayuda. Cley Cerwyn dice que Invernalia no podrá resistir mucho tiempo, y si los hombres del hierro llegan a traspasar los muros…

No era necesario que el maestre lo dijera, Robb sabía bien que pasaría en ese caso.

"Harán que mis hermanos sufran el mismo destino de Theon."

"Rickon… Arya…"

"Los dejé en Invernalia para que estuvieran seguros"

Viento Gris aulló lastimosamente desde el Bosque de Dioses. La guerra acababa de volverse aún más horrible para los Stark… pero lo peor es que Robb y sus hermanos estaban separados.

Y el lobo solitario muere, solo la manada sobrevive.


NA: Una mier$% de capítulo, lo sé :(

Ha sido un mes horrible para escribir, el poco tiempo que he estado libre de la Universidad se sumó a que este capítulo era de transición (aburridos de escribir)... y a que además estaba con una pequeña crisis de inspiración, así que pueden imaginarse el infierno que fue terminarlo.

En fin, quería publicar algo antes de que terminara el mes y alcancé a cumplir por las puntas. Todavía no decido cual será el siguiente POV, pero si sé que habrá un salto temporal entre este capitulo y el siguiente. Las lineas de tiempo finalmente están emparejadas, así que las cosas comenzaran a moverse nuevamente. Hasta entonces.