ARYA
-¿Qué dice la carta? -preguntó ansiosa, observando hasta el menor movimiento en las facciones del maestre Luwin mientras el anciano sostenía el pergamino en sus manos.
Llevaban tres días de asedio y ese era el primer cuervo que había logrado evadir las flechas de los hijos del hierro, valiéndose de la noche para superar el cerco de acero que rodeaba Invernalia. La Stark contuvo el aliento mientras esperaba la respuesta del anciano.
-Es de Castillo Cerwyn. -anunció finalmente.
Arya suspiró aliviada. Las noticias de la guerra en el sur hubieran sido bienvenidas en otra ocasión, pero ahora había cosas más urgentes de las que preocuparse.
-¿Quién la escribe? ¿Cley?
Luwin asintió, antes de entregarle la carta para que la leyera. Se la resumió mientras lo hacía.
-Dice que reunió a los hombres de los alrededores de su castillo y rechazó a los krakens que trataron de atacarlos. Tras ello comenzó a acercarse a Invernalia con sus hombres… pero no puede levantar el asedio por la fuerza. Los Greyjoy le superan mucho en número.
Arya asintió, ya que no esperaba otra cosa. Los Cerwyn eran una Casa pequeña y con la mayoría de sus hombres en el sur con Robb era imposible que hubieran reunido a más de dos o tres centenares de hombres, incluso siendo optimista. Los krakens que rodeaban Invernalia ya eran fácilmente tres mil… y cada día llegaban más.
-Dice que tiene un plan… -murmuró, mientras terminaba de leer la carta. La dejó caer cuando lo hizo.
-Me atrevería a arriesgarme a decir que es un plan de Ser Rodrik, mi señora. -replicó el maestre, con una expresión indescifrable.
En la carta también se explicaba que Ser Rodrik había aparecido en Castillo Cerwyn hace un par de días, herido pero vivo. El caballero había logrado escapar de una emboscada que mató a casi todos sus hombres cerca de Bosquespeso, pero los Greyjoy se le habían adelantado y no había logrado llegar a Invernalia antes que ellos, teniendo que huir al castillo más cercano.
-No me importa si es un plan de Cley o de Ser Rodrik, no voy a permitir que lo hagan. -anunció, tan desesperada como impotente.
-Arya, sabes tan bien como yo que no podemos hacer nada para impedirlo… y que es la única forma con la que tú y Rickon pueden escapar de los Greyjoy. -dijo Luwin, no sin un poco de dulzura.
-¡No podemos dejar Invernalia! ¿Qué diría mi padre si nos viera abandonar nuestro hogar en su momento de mayor necesidad? ¡Debemos defenderlo, no huir! -insistió.
-Me preguntas que es lo que diría tu padre, y te digo que no tengo la menor duda que Lord Eddard diría que tu vida y la de Rickon son mucho más valiosas que un castillo.
-No es un simple castillo, es Invernalia…
-Es Invernalia, pero aunque ahora los Greyjoy la destruyan hasta los cimientos, en un futuro puede ser reconstruida. No sucede lo mismo con tu vida o la de tu hermano mi niña. La muerte es algo definitivo.
-¡Podríamos seguir resistiendo!, ¡podríamos hacer otra cosa en vez de que tantos sacrifiquen sus vidas!.
-No mi señora, no hay otra opción. Los hombres ya han rechazado cuatro asaltos a las murallas, pero la mitad ha muerto y los Greyjoy solo siguen recibiendo más hombres. Es una batalla perdida y lo sabes tan bien como yo. -replicó el maestre sombríamente, aunque suavizó un poco su expresión al continuar. -Pero si el plan de Ser Rodrik tiene éxito, aunque Invernalia caiga los krakens no lograran ganar… y cuando llegue el momento, el Norte podrá vengarse.
Arya se mordió el labio, incapaz de seguir insistiendo. Luwin tenía razón, era la única esperanza que tenían.
-Los krakens te matarán, aunque seas un maestre.
-Quizás, pero soy un hombre viejo y si mi momento ha llegado lo recibiré dignamente. Tú y tu hermano en cambio tienen largas vidas por delante, mi niña. Quizás no sean mis hijos, pero si debo transar mi vida para salvar las de ustedes, lo haré con honor.
-Maestre Luwin. -murmuró, abrazando al anciano mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. El maestre permitió el abrazo por unos segundos, pero no se quebró como lo había hecho la Stark.
-Habrá tiempo para las lágrimas en otro momento, mi niña. Ahora hay que mucho que hacer.
Arya asintió, secándose las lágrimas. - ¿Cuántos debemos ser?
-No muchos. Los suficientes por si se encuentran con un grupo pequeño de krakens o con animales salvajes, pero no demasiados al punto de que se muevan demasiado lento.
-¿Y los ancianos, niños y enfermos de la ciudad invernal? Son mi gente, no puedo abandonarlos. -murmuró pensando en la Vieja Tata y el resto de los habitantes de la ciudad invernal.
-Deben quedarse atrás y someterse al destino que los Greyjoy decidan, no hay otra alternativa...
-No, si la hay. -replicó, tras una idea repentina. -Si no pueden huir y no pueden pelear, deben esconderse.
Luwin meditó sus palabras por un instante antes de asentir. -Invernalia es grande y con muchos escondites.
-Las criptas son gigantescas y ni siquiera Bran logró llegar a los niveles más profundos. Un ejército podría esconderse en ellas. -murmuró, antes de suspirar. -Si los dioses son buenos, los Greyjoy ni se enterarán que hay gente bajo sus pies…
-Y así podrías salvarle la vida a tu gente, incluso sin estar en Invernalia. -anunció Luwin, sonriendo. - Tú padre estaría orgullosa de ti. Pero bueno, tenemos que hablar con el resto y contarles el plan.
-Vamos por ellos. -respondió la Stark, asintiendo.
Y eso fue lo que hicieron, reuniendo a todos los habitantes del castillo invernal que no se encontraban patrullando las murallas. Rickon y los Reeds, Hodor y la Vieja Tata, el Septón Chayle y Mikken… todos escucharon sus palabras con la más profunda atención y a Arya se le partió el corazón al ver como aceptaban el plan sin la menor queja, arriesgando sus vidas para salvar a los hermanos de su señor.
-Los lobos nos protegieron en cada invierno y en cada guerra, arriesgando sus vidas para salvar las nuestras. Es hora de devolverles el favor. -anunció la Vieja Tata, extrañamente solemne. El resto de los presentes asintió frente a sus palabras. -Ve sin miedo mi niña, y no mires atrás. Así más pronto que tarde podrás vengarnos.
La Stark había asentido, luchando por no quebrarse nuevamente. Rickon en cambio lloraba abiertamente, mientras que tanto los Reeds como los tres huargos observaban atentamente a Arya, esperando más instrucciones.
La norteña miró una última vez a su gente y asintió.
-No los olvidaré.
-No nos des por muertos todavía, cada norteño vale por diez Greyjoys. Quizás incluso ganemos la batalla. -replicó Mikken, dándole ánimos.
-Los Siete ayudaran a esconder a vuestra gente, mi señora. No pierdas las esperanzas de volver a vernos. -añadió el septón.
"No perderé las esperanzas, pero yo no confío en los dioses."
Además de Rickon y los Reeds, también huiría con Beth Cassel y Hodor. No hubiera soportado dejar a la hija de Ser Rodrik atrás sabiendo todo lo que su padre había hecho e iba a hacer por los Stark, y el dulce pero torpe caballerizo jamás hubiera logrado mantenerse en silencio en las criptas, arriesgando al resto de las personas que se esconderían allí. Además de ellos estarían los tres huargos y cuatro guardias, pero nadie más.
El plan de Ser Rodrik consistía en atacar justo antes del alba a los krakens con los hombres que los Cerwyn habían reunido, aprovechando la oscuridad para sembrar el mayor caos posible en las fuerzas de los Greyjoy. Al mismo tiempo, los guardias que quedaban en Invernalia saldrían por la puerta sur, atacando la retaguardia de los de los hombres de hierro e intentando atraparlos entre ellos y los Cerwyn.
Era un ataque suicida, porque solo sería cuestión de tiempo para que el resto de los Greyjoy se organizaran y arrasaran con los norteños… pero si salía bien, la confusión de los krakens abandonando sus posiciones alrededor del castillo permitiría que los jóvenes Stark lograran escapar.
Los Greyjoy habían llegado desde el Bosque de los Lobos, así que los castillos de los Glover y de los Tallhart debían haber caído y por ello tanto el noroeste como el oeste estaban vedados como posibles destinos. Por la inminente batalla, ocurría lo mismo con el sur. Arya estaba tentada de huir hacia el este, intentando alcanzar Fuerte Terror, pero el Cuchillo Blanco se interponía en su camino y no tenían los medios para cruzarlo.
Así que solo les quedaba una opción: el norte.
En un mundo ideal hubiera huido hasta el Castillo Negro y el Muro, donde Jon Nieve le hubiera recibido con un abrazo y una sonrisa… pero el mundo real era más cruel. Era imposible correr todo el camino hasta los castillos de la Guardia de la Noche. Tenían que buscar un santuario más cercano, y con el maestre Luwin habían coincidido en que la mejor opción eran los clanes de las montañas.
Fuertes, con un odio legendario hacia los Greyjoy y una lealtad inquebrantable a Invernalia, Arya estaba segura que estarían a salvo con ellos. El problema era llegar hasta allí. Aún en el mejor de los casos iba a ser difícil… pero ahora tenía algo que había perdido hasta ese momento.
Esperanza.
Y cuando llegara el momento, llegaría la venganza.
Estaba pensando en ello cuando un cuerno resonó, Ser Rodrik y los Cerwyn habían llegado. La batalla iba a comenzar.
-Adiós mi pequeña, recuerda no mirar atrás hasta que lleguen a las colinas. -se despidió Mikken, entregándole una espada envainada.
-¿Eso es…
-Si, es Aguja. La tomé de tu habitación mientras dormías y aproveché de reforjarla. -confirmó el herrero, mientras Arya desenvainaba el regalo de Jon Nieve para estudiarlo. Además de haberle reforjado la hoja, le había cambiado la empuñadura por una un poco más grande más adecuada para su mano adolescente.
-Gracias Mikken, no sabes cuánto. -murmuró sinceramente.
-Te diría que no dudes en ocuparla si tienes que hacerlo, pero eso ya lo sabes. -replicó el robusto hombre con media sonrisa. -Ruego a los dioses para que nos volvamos a ver Arya, pero si no es así… quiero que sepas que me enorgullece ver la mujer en el que te has convertido.
Sin esperar respuesta, el herrero partió corriendo hacia la puerta sur de Invernalia, donde se aglomeraban los guardias restantes y todos los hombres de la ciudad invernal que podían empuñar un arma. Eran menos de un centenar, contra los miles de hijos del hierro que habían afuera…
Pero cada norteño valía por diez krakens.
En ese instante se abrió la puerta y los hombres partieron, buscando atacar por la espalda a los ya confundidos Greyjoys. Claro que Arya no pudo dedicarse a observar la batalla, ya que antes que las puertas volvieran a cerrarse ya había comenzado a correr hacia el otro extremo del castillo, donde sus compañeros de exilio le esperaban.
La Stark recorrió su hogar con un nudo en la garganta. No se encontró con nadie, ya que todos los habitantes del castillo estaban o escondidos en las criptas o luchando con los Greyjoy. Si todo salía de acuerdo al plan y los hijos del hierro caían en el engaño, podrían escapar sin que sus enemigos se dieran cuenta.
Si, Ser Rodrik y los Cerwyn serían derrotados más temprano que tarde, pero cada minuto ganado era uno que le permitiría a Arya y sus compañeros a alejarse de los Greyjoy.
Un sacrificio, uno demasiado grande para el gusto de Arya. Pero no tenían otra opción.
-¿Están listos? -preguntó cuándo llegó a la puerta, estudiando al resto de los presentes.
Los Reeds estaban vestidos completamente de verde, tal como cuando habían llegado a Invernalia por primera vez. Jojen llevaba un pequeño fardo en sus espaldas y un arco, mientras que Meera trataba de acomodar su fiel tridente entre sus cosas. Rickon estaba vestido con ropajes grises y cubierto con una capa negra, ideal para las frías noches que se aproximaban. Hodor la miraba inocentemente mientras que el resto de los guardias esperaban sus instrucciones.
-Lo estamos mi señora. ¿El plan se mantiene? -preguntó uno de ellos.
-Sí, apenas los Greyjoy dejen sus posiciones partiremos sobre los caballos que nos quedan. Seguiremos en ellos hasta que no puedan seguir galopando del cansancio, y cuando lo hagan, los liberaremos y seguiremos a pie. -anunció, con un tono de voz que al mismo tiempo entregaba confianza y no permitía replicas. -Si tenemos suerte cualquier kraken que nos siga seguirá las huellas de los caballos y a nosotros nos dejarán en paz.
-No nos van a dejar en paz, Arya. -anunció Jojen, sombríamente. -No será tan sencillo.
-Pero podemos rezar porque lo hagan, la esperanza es lo último que se pierde. -replicó la Stark, sin ceder en lo más mínimo. Mantuvo un duelo de miradas con Jojen por unos segundos antes de apartarla para mirar al vigía que estaba sobre las murallas.
-¿Se están moviendo? -preguntó, rezándole a todos los dioses para que así fuera.
-Si mi señora, un par de minutos más y no quedará ninguno. -respondió el vigía.
-Entonces abre las puertas en un par de minutos.
"Y esperemos que nuestros caballos sean más rápidos que las flechas."
Miró Invernalia una última vez y montó el corcel que Lady Dustin le había regalado. El purasangre era manso pese a su inmenso tamaño y la recibió casi con cariño. Arya le acarició la cabeza mientras esperaba que el tiempo pasara.
Y cuando lo hizo y las puertas se abrieron, la muchacha y el caballo arrancaron como si fueran un solo ser.
-¡Rápido Nieve, más rápido! -gritó a su montura, aunque inconscientemente hizo que desacelerara un poco para evitar que Rickon y el resto de sus acompañantes quedaran muy atrás.
El viento que azotaba su cara y la oscuridad que apenas comenzaba a ceder frente a la luz del día evitaron que pudiera mirar muy lejos, pero aun así no pudo encontrar a ningún kraken cerca de ellos. El plan estaba funcionando.
Se detuvo a esperar que el resto le alcanzara en una arboleda que había a medio millar de varas de las murallas. Los primeros en llegar fueron las lobas, Dama y su propia Nymeria. Poco después aparecieron los Reeds, Hodor, Beth Cassel y Rickon con Peludo siguiéndole a pocos metros. La comitiva era cerrada por los guardias, que estaban más preocupados de observar si alguien había notado su fuga que de mirar hacia adelante. Solo cuando sus caballos se detuvieron asustados por los huargos se fijaron en ella.
-Pudimos salir, mi señora. ¿Qué haremos ahora? -preguntó uno.
-Seguir, y no mirar atrás. -replicó la Stark, disponiéndose a reanudar el camino.
-Hodor. -añadió Hodor, al que habían tenido que amarrar a su caballo por su seguridad. El noble gigante era un ser muy noble, pero se asustaba con facilidad y Arya dudaba que hubiera recorrido más de una docena de metros sin que cayera de su caballo.
-Hodor. -confirmó la muchacha, permitiéndose un atisbo de sonrisa. Observó a sus compañeros una vez más, todos le miraban con la más absoluta confianza. No les fallaría.
-Vamo…
-Arya, los lobos. -le interrumpió Meera, señalando a los huargos.
Nymeria y Dama tenían el lomo erizado mientras gruñían observando el interior de la arboleda. Peludo hacía lo mismo, pero sin separarse de Rickon. Arya desenvainó a Aguja y trató de encontrar con la mirada aquello que había causado la repentina agitación en las lobas, pero no pudo encontrar nada.
-Debe haber sido un animal, no perdamos más tiempo y vámonos. -ordenó, pese a la incomodidad de la Reed.
Partieron antes que pudieran notar a la mujer que los observaba desde entre los arbustos, esforzándose por permanecer en silencio y no alertar a los norteños.
Finalmente no lo hizo, pero eso no impidió que viera hacia donde huían.
. -*-*-*-*.
Gracias al viento, la presa olió a los lobos mucho antes de verlos. Huyó a toda velocidad para tratar de salvar su vida, pero al final fue algo inútil. Los tres huargos recorrieron la distancia que los separaba casi como si fuera un juego.
Quizás si hubiera sido solo un lobo el que lo estaba cazando el joven ciervo podría habérsele enfrentado, tal como otro miembro de su especie había hecho con la madre de Nymeria, incluso matándole. Pero que un solo ciervo venciera a tres huargos adultos era algo imposible, así que el noble animal siguió corriendo hasta que Peludo le derribó en plena carrera y atrapó su cuello entre sus dientes, matándole tras pocos segundos.
No había sensación más gloriosa que correr a toda velocidad por la estepa mientras el viento azotaba tu cara, tanto la loba como la muchacha coincidían en ello… pero ahora no lo hacían por el simple gusto de disfrutar, lo hacían para sobrevivir.
La loba no necesitaba observar a su compañera para saber que estaba preocupada, podía sentirlo. El lazo que las unía iba en ambas direcciones, así que mientras Arya podía sentir la adrenalina y euforia que recorría el cuerpo de Nymeria cuando cazaba, la loba podía sentir la ansiedad y preocupación que no abandonaban nunca a la joven Stark desde hace tantas semanas.
Le hubiera encantado poder tranquilizarla, pero sabía que no podía hacerlo. No mientras las tierras de su manada siguieran infestadas con hombres con armas de acero y escudos de madera que olían a mar y pescado. Algún día los cazarían a todos, pero ahora ellos eran los cazados y debían seguir huyendo si querían seguir con vida.
Pero bueno, aunque no pudiera ayudar a la muchacha matando a sus enemigos, si podía hacerlo de otra forma.
Justo cuando su hermano negro iba a arrancar el primer bocado del ciervo, Nymeria se le acercó enseñándole los dientes y erizando el lomo. Su hermano le respondió con el mismo gesto, su hocico manchado con la sangre de su presa, pero Nymeria no cedió. Su muchacha estaba preocupada por conseguir comida para el resto de sus compañeros y si el ciervo era bien repartido podría alimentarles por varios días.
Su hermano oscuro era el más terco y feroz de la camada, así que se mantuvo impasible hasta que su tercera hermana -la dulce, quién lloraba todas las noches por haber sido separada de su compañera- se unió a Nymeria en su misión. Incluso entonces Peludo siguió sin ceder, pero cuando finalmente recordó a su propio compañero, comenzó a alejarse de la presa.
Satisfecha, la loba aulló… y en otra parte del bosque la muchacha despertó.
. -*-*-*-*.
Despedirse de Nieve fue más difícil de lo que esperaba. Pese al poco tiempo que habían estado juntos, el noble animal definitivamente se había ganado un lugar en su corazón.
-Necesito que te vayas. Si alguien nos está siguiendo seguirá tus huellas y no las nuestras. -trató de explicarle, acariciándole el cuello.
Pero el caballo no era Nymeria, así que dudaba que le hubiera entendido. Aun así partió junto al resto de las monturas, separándose de los humanos en el largo camino hacia las colinas.
Quizás algún día podría encontrarlo nuevamente, pero por ahora sobrevivir era lo más importante.
El ciervo que los huargos habían cazado les dio carne suficiente para varios días. Inicialmente los guardias no le habían querido creer cuando los dirigió hacia el lugar donde yacía el cuerpo, pero tras encontrarlo todas sus preguntas desaparecieron. Suponía que los más crédulos lo consideraban un regalo de los dioses y los más escépticos una mera casualidad… aunque la verdad no le importaba en lo más mínimo.
Pero los Reed en cambio si se habían dado cuenta de lo que había pasado. O por lo menos Jojen, quién no había dejado de mirarla con extrañeza ni siquiera mientras el grupo de norteños compartía la comida frente a una pequeña fogata que se habían permitido encender. Sus guardias habían protestado, diciendo que alguien podría ver las llamas o el humo, pero Arya les había asegurado que no había ningún kraken cerca.
Y si los había, los huargos se encargarían de mantenerlos alejados.
-¿Qué pasa? -preguntó desafiantemente cuando ya no pudo seguir soportando la mirada de los extraños ojos del lacustre.
-El regalo en ti es más fuerte de lo que había pensado. -respondió el lacustre, en un tono de voz lo suficientemente bajo para que solo ella y Meera pudieran escucharle.
-¿El regalo?
-Sabes de lo que hablo Arya, no intentes negarlo. -respondió su amigo, sin la menor hostilidad. La Stark no hizo ningún gesto, pero quedó claro que su silencio era una afirmación.
-¿Quién más tiene este… regalo? -preguntó, algo incomoda. ¿Acaso era una cambiapieles como los de las historias de la Vieja Tata?
-Más de los que crees, sobre todo en aquellos por cuyas venas sigue corriendo la sangre de los antiguos hombres. Como tu propia familia, obviamente.
-¿Me dices que va con la sangre? Entonces… ¿mis hermanos también lo tienen? -eso explicaría muchas cosas, como el por qué justamente Peludo era el más salvaje de los lobos al igual que Rickon lo era entre los Stark.
-No puedo asegurarlo hasta que los vea… pero sí, es muy probable. -respondió el lacustre, concentrado por un instante. -De hecho eso explicaría porque encontraron a los cachorros de huargo. Fueron un regalo de los dioses. Quiero que recuerdes una cosa, Arya. Las coincidencias no existen en los tiempos que vivimos.
"Son bastante oscuros los tiempos que vivimos"
-¿Cómo sabes tantas cosas Jojen? No eres mayor que Sansa… y sabes más cosas que el maestre Luwin.
"O que cualquier maestre en realidad."
-Los dioses también me dieron un regalo, amiga mía. Aunque me atrevería a decir que no uno tan benigno como el tuyo. -respondió el Reed, con una sonrisa triste.
-¿Cómo es eso? ¿Qué regalo te dieron los dioses?
-Jojen… -advirtió repentinamente Meera, mirando con precaución a su hermano.
-Está bien Meera, Arya es nuestra amiga y no se interpondrá en nuestra misión.
-¿Estás seguro? Recuerda que el Lobo Alado es su…
-No lo hará Meera, cuando llegue el momento ella nos ayudará. Confía en mí.
Ambos Reed se miraron por unos segundos, pero ni siquiera Meera era capaz de mantener la mirada fija en los ojos de su hermano por demasiado tiempo. Suspiró y permitió que continuara.
-Cuando era un niño, tuve una fiebre. -comenzó a explicar el lacustre, algo incómodo. -Mis manos se hincharon tanto que casi parecían globos. Estuve a punto de morir… y de hecho creo que todos en Aguasgrises esperaban que lo hiciera.
El silencio de Meera pareció confirmar tales palabras, haciendo que el ambiente se tornara aún más sombrío.
-Pero mientras estaba inconsciente divagando entre la vida y la muerte, un mensajero de los dioses me visitó… y me otorgó el don. -explicó Jojen, absolutamente serio.
- ¿Y cuál es ese don?
-Los sueños verdes, mi señora. ¿Sabes lo que son?
Arya frunció el ceño mientras trataba de recordar, definitivamente había escuchado ese nombre antes.
-La Vieja Tata una vez los mencionó. ¿Son sueños proféticos?
-De cierta forma sí. No puedo ver el futuro exacto como podría hacerlo un verdevidente o los Hijos del Bosque, pero tengo sueños que me muestran lo que sucederá, aunque solo con metáforas y símbolos. El tener que interpretarlos es mi tarea... -el lacustre sonrío tristemente nuevamente. – …pero creo que me he convertido un experto en ello.
Las palabras de su amigo le impactaron bastante. Aunque por un instante pensó en lo tentador que sonaba el poder saber el futuro, rápidamente se dio cuenta de que tal habilidad era algo que otorgaba tanto dolor como satisfacción.
Solo bastaba pensar en la propia guerra. Si, ella sufría por la incertidumbre de no saber qué es lo que iba a pasar con sus seres queridos o con ella misma, pero siempre podía aferrarse a la esperanza de que todo sucedería de la mejor forma posible para poder soportarla.
Pero si le arrebataran esa esperanza, y supiera que alguien querido moriría y que no podía hacer nada para evitarlo…
-Un don así me parece más una maldición que un regalo. -murmuró, incómoda. -¿De que nos sirve saber el futuro si no podemos cambiarlo?
-No eres la única que piensa así. -admitió Jojen, también incómodo -Pero bueno, no hay nada que pueda hacer para evitar tener los sueños. Lo único que me queda es tratar de aprovechar tal don por el bien de todos. Es la misión que me han otorgado los dioses.
-Entonces creo que eres alguien más valiente que yo.
-Gracias por el cumplido Arya, pero la verdad es que no lo creo. -la miró concentradamente. -Estás destinada a grandes cosas, amiga mía. Llegará el día en que tu nombre será tan recordado como el de la propia Nymeria.
Arya negó con un gesto de su cabeza… aunque no podía negar que una parte de ella estaba complacida con tales palabras.
-No me interesa ser recordada, lo que realmente me importa es que ganemos la guerra y que todos puedan volver a casa.
Jojen no respondió inmediatamente, intercambiando una mirada con su hermana antes de hacerlo. Ambos Reed se veían incomodos, pero finalmente Meera asintió, como si estuviera autorizando a su hermano a hablar.
-Tengo un secreto que confesarte. ¿Me prometes que me perdonarás por no habértelo dicho antes… o por el propio secreto en sí?
Arya no procesó inmediatamente las palabras del lacustre.
- ¿Un secreto? -preguntó confundida. - ¿Por qué habrían guardado un secreto? ¡Somos amigos!
- No estábamos seguros de que hacer, cuando llegamos a Invernalia las cosas deberían haber sido distintas. No… no esto. -murmuró Meera, avergonzada e insegura.
-Todavía ocurrirá Meera, simplemente tendremos que recorrer un camino distinto al que pensaba. -aseguró Jojen a su hermana.
- ¿De qué demonios están hablando? -explotó la Stark.
- Debes prometer perdonarnos si quieres saberlo, mi señora. -replicó el lacustre, mirándola nuevamente con esos ojos tan extrañamente profundos. - ¿Lo harás?
-De acuerdo, de acuerdo. Lo haré… pero por los siete infiernos, hablen de una vez.
Jojen suspiró antes de responder, aumentando aún más la impaciencia de Arya.
-No viajamos todo el camino desde el Cuello solo para renovar los votos de lealtad de nuestra familia. Lo hicimos porque… porque tuve un sueño verde que me ordenó hacerlo.
-Mira a mi hermano, Arya. Míralo y sé sincera al responder. ¿Te parece una persona fuerte? -añadió repentinamente Meera, con una expresión seria que era totalmente extraña en su persona.
-No, no lo es. -admitió, quizás en otra ocasión hubiera dado una respuesta un poco más cortés, pero la lacustre le había pedido sinceridad y eso es lo que iba a darle.
-Entonces, ¿por qué crees que mi padre lo envió a Invernalia, cuando podría haber acudido él mismo o incluso haberme enviado solamente a mí?
Arya había escuchado algunas historias de Howland Reed cuando era una niña, sobre todo de boca de su padre. Era su mejor amigo y el único de todos los amigos cercanos de su padre en sobrevivir a la Rebelión, acompañándole desde el Torneo de Harrenhal hasta el propio final de la guerra.
Pero además de eso y del propio cuento que los Reed le habían contado, la verdad es que no le conocía casi en nada. De hecho no recordaba una sola ocasión en la que su padre hubiera recibido un cuervo desde Aguasgrises.
-No conozco lo suficiente a tu padre como para saberlo. -respondió sinceramente.
-Aunque lo hicieras, seguirías sin entenderlo. Esto es algo que está más allá de él. -dijo Jojen, nuevamente solemne. -Por eso te dije que tenías bastante razón cuando dijiste que los sueños verdes son tanto un regalo como una maldición. Tuve que dejar mi hogar porque uno de ellos me obligó a hacerlo. Casi suena como algo estúpido, ¿no lo crees? -siguió hablando tras el asentimiento de la muchacha. -Pero aunque suene así su verdad sigue siendo innegable. Estaba destinado a venir a Invernalia… y mi misión recién está empezando.
-¿Y cuál es esa misión? -preguntó, confundida.
-Ayudar al Lobo Alado. Dirigirlo, enseñarle, y protegerlo hasta dejarlo en manos de su verdadero maestro. Esa es mi misión.
-Sigo sin entender nada, Jojen. ¿Quién es el Lobo Alado? ¿Por qué debes protegerlo?
-Porque es nuestra única esperanza contra la oscuridad. -replicó el lacustre, sombríamente. -La guerra en el sur y la contra los Greyjoy es algo sin mayor importancia comparado con lo que ocurrirá pronto. Los vientos fríos están soplando… y cada vez se acercan más al sur.
-El invierno se acerca. -respondió Arya, casi automáticamente.
-Sí, el invierno se acerca, ¿pero sabes lo que ello realmente significa? -Jojen continuó sin esperar respuesta, determinación en sus ojos. - Significa frío, significa oscuridad, significa muerte. Y este será un invierno como el que no se ha visto en ocho mil años. Este será el invierno donde los muertos volverán a recorrer la tierra de los vivos.
Una oportuna brisa helada comenzó a soplar tras las palabras del Reed, haciendo que Arya deseara que la pequeña fogata con la que habían asado la carne hubiera sido más grande. Frío, oscuridad, muerte; como buena norteña había estado toda su vida preparándose para el invierno, pero al parecer no iba a ser suficiente.
La verdad no sabía que pensar sobre las palabras del lacustre. Normalmente se hubiera enfurecido, pensando que quería tomarle el pelo, pero por alguna extraña razón no podía imaginarse a Jojen haciendo tal cosa. El pequeño Reed era alguien que hablaba poco y que cuando lo hacía no era para bromear.
Quizás le creería, pero todavía había una cosa sobre la que todavía no estaba satisfecha con su respuesta.
-Supongamos que te creo y que todo lo que dices es cierto. Aun así, hay algo que todavía no me has respondido.
-¿Qué? -preguntó Jojen, aunque parecía que ya lo sabía.
-¿Quién es el Lobo Alado? -le preguntó, ocupando la expresión más seria que pudo lograr.
Tenía la esperanza de que le dijera que era alguien que no conocía, que fuera un norteño sin relación con su familia… pero sabía que eso era solo un sueño. Ahora todo cobraba sentido, esas largas conversaciones con Meera en la que la lacustre le pedía que le hablara de su familia, pero especialmente sobre uno de sus hermanos…
Y Jojen se había dado cuenta de que lo sabía.
-Solo te pido que recuerdes que prometiste perdonarnos.
"Trataré" pensó, mientras el lacustre suspiraba antes de anunciar la verdad.
-Si Arya, el Lobo Alado es Bran…. y él es nuestra última esperanza."
. -*-*-*-*.
-Son recientes, mi señora. No tienen más de un día. -dijo uno de los guardias, el más viejo y curtido que respondía al nombre de Will. El hombre estaba inclinado sobre las huellas que destacaban sobre la nieve.
"No tienen más de doce horas." pensó, recordando como Nymeria y sus hermanos habían estado siguiendo al grupo de jinetes la madrugada anterior. Habían sido una docena, con armaduras, hachas y escudos que hubieran repelido cualquier ataque de los huargos. "Estábamos tan cerca, a no más de tres o cuatro días…"
Las huellas de los jinetes estaban en la región que justamente se extendía entre su posición actual y su destino, una zona de pocos árboles donde el bosque y las colinas se peleaban. Los hombres de hierro debían haber adivinado sus intenciones y se habían movido para evitarlo.
-No seguiremos avanzando por aquí, daremos un rodeo hacia el este antes de continuar. Avanzaremos solo de día, de noche habrá que esconderse y doblar las guardias. Nada de fogatas ni de separarse, ellos están más cerca de lo que creíamos. -ordenó, intentando ocultar su inseguridad.
-Pero mi señora, no podemos permitirnos hacer eso. Aún con la carne del venado solo tenemos la comida suficiente como para alcanzar las colinas por el camino más corto, y con un rodeo así nos podríamos retardar una semana o más.
-Disminuiremos las raciones y nos apretaremos los cinturones. Tendremos que hacerlo, lo queramos o no. -replicó la Stark, inflexible. -Si tenemos suerte podremos cazar o recolectar algo más en el camino. Si no…
No fue necesario que lo dijera.
"Ojalá Nymeria pueda ayudarnos nuevamente, pero aunque no lo haga no tenemos otra opción. No si queremos evitar que nos capturen."
El guardia no parecía muy convencido, pero aun así siguió sus órdenes. Debía de haber llegado a la misma conclusión que ella, admitiendo que no tenían otra alternativa que esa.
Los días siguientes no nevó, pero no sabía si alegrarse o preocuparse por ello. Por una parte el frío de una nevada nocturna podría haberles matado, pero si es que nevaba sus huellas quedarían cubiertas con la blanca sustancia, haciendo casi imposible que quien los estuviera persiguiendo pudiera encontrarlos.
Y como no había mucho más que hacer además de caminar y ocultarse, con cada día que pasaba Arya no podía dejar de pensar sobre que era peor, si la muerte… o la captura.
"Los Greyjoy buscan vengar a Theon, eso está claro. Lo que no puedo entender es por qué decidieron atacarnos a nosotros en vez de a los Lannister. ¿Rencor por haberlo tomado como rehén? Esa fue una decisión del Rey Robert, no de nosotros. ¿Venganza por lo que lo que los norteños hicieron en las Islas durante la guerra? ¡Pero si Lord Tywin hizo mucho más!" pensó disgustada, tratando en vano de intentar entender la decisión de Lord Balon.
Los sueños de lobo continuaron, pero ni Nymeria ni sus hermanos pudieron encontrar alguna presa decente como aquel venado que habían cazado los primeros días de la huida. No era que las presas escasearan, si no que los lobos ya no se alejaban tanto de los norteños, como si supieran que su olor alejaría a las monturas de cualquier jinete que los estuviera siguiendo.
Y no había duda alguna de que los estaban persiguiendo. Nymeria vio por lo menos a tres grupos diferentes de ellos, hombres que olían a pescado y que se aferraban desesperados a sus caballos como un norteño lo haría al mástil de un barco en medio de una tormenta. Los hombres de hierro eran los amos de los mares sobre sus barcoluengos, pero en tierra y sobre caballos eran casi tan torpes como una leva de campesinos.
Si Arya tuviera a una veintena de norteños les presentaría batalla y no dudaba que los mataría a todos. El problema es que solo tenía a cuatro guardias a pie, a un caballerizo gigante pero simple, una niña menor que ella, a su hermano más pequeño… y a los Reed.
No podía decir que estaba realmente enojada con ellos, pero si estaba algo ofendida porque no le hubieran dicho antes la verdad, y también porque no podía sentirse cómoda con la idea de que Bran fuera realmente aquella figura de la que Jojen tanto hablaba. Por los dioses, ¡Era su hermano pequeño, al que una vez lanzó a una de las fuentes del Bosque de Dioses para hacerle una broma! ¿Cómo iba a ser quién salvara al mundo? Le hubiera sido más fácil creer que Jon Nieve era el hijo de una reina antes que eso…
Además el pensar en Bran también le hacía pensar en el resto del sur. En sus hermanos, su madre e incluso en Edric. ¿Qué noticias les llegarían a ellos sobre lo que había sucedido en el Invernalia? Obviamente no habían enviado ningún cuervo al sur con sus planes, y si los hombres de hierro realmente habían logrado tomar el castillo norteño, ¿creerían que ella y Rickon habían muerto o que habían sido capturados? ¿Cómo reaccionaría Robb a ello?
Solo podía esperar que su hermano tomará la decisión acertada, aunque ni ella misma supiera cual era.
Los días pasaron y afortunadamente recorrieron bastante distancia, permitiendo que terminaran con su rodeo hacia el este y volvieran a dirigirse hacia el norte, pero también causando que sus provisiones estuvieran a punto de acabarse incluso tras haberlas racionado. Eso provocaba que estuviera especialmente preocupada, aunque esa mañana en específico lo estaba por eso… y por otra cosa que no lograba identificar.
"Debe ser Nymeria, ella es la que está nerviosa.", y si su loba estaba nerviosa…
Trató de no pensar en ello mientras ayudaba a Meera a pescar en un arroyo que recorría el bosque. La verdad es que llamarle arroyo era algo generoso y el decir que sus diminutos peces realmente saciaban el hambre era derechamente mentir, pero aun así eran peor que nada. Sobre todo ahora que estaban tan cerca de estar a salvo.
- ¿Cuánto crees que nos falta? -preguntó la lacustre, casi como si hubiera leído sus pensamientos.
Su amiga estaba aún más delgada que lo normal, ya que durante los últimos días había estado dando parte de sus raciones a Jojen, comiendo solo lo indispensable para no desfallecer. Aún así, eso no significaba que hubiera disminuido ni su determinación ni su habilidad, prueba de ello era la fría precisión con la que empalaba los peces que tenían la mala suerte de pasar por el arroyo en ese momento.
-Dos días, quizás tres. -respondió la Stark, sin mirarla. Estaba un poco decepcionada con su habilidad como pescadora, sabía que Meera era mejor que ella, pero nunca pensó que tanto como para apenas llevar solo dos peces mientras la lacustre llevaba trece.
-Espero que no sea más que eso Arya, el viento está cambiando… y creo que se aproxima una tormenta. Yo y tú podemos resistir la intemperie sin mayores problemas, pero Rickon y Jojen…
-Llegaremos antes de eso, confía en mí.
Ella -o más bien Nymeria, porque la muchacha no sabía casi nada sobre predecir el clima- también se había dado cuenta de ello. Si bien había nevado al principio de su huida, había sido una nevada ligera, incluso bienvenida. La que la loba presentía que llegaría en los próximos días era una grande, quizás incluso mortal. Y todo norteño sabe que cuando la nieve cae es mejor tener un techo bajo el cual esconderse.
Las jóvenes terminaron de pescar y volvieron al campamento, si es que se le podía llamar de esa forma al lugar donde habían pasado la noche. Todavía era bastante temprano, así que dos de los guardias todavía estaban durmiendo mientras el otro par actuaban como vigías a varios centenares de metros del campamento. Tenían cuernos, pero si los hacían sonar no era solo para alertarles de algún enemigo… si no para atraer a esos enemigos hacia ellos mismos y no hacia el campamento.
Rickon estaba dormitando junto a Beth Cassel, mientras Hodor los vigilaba sin estar completamente dormido ni completamente despierto. Jojen en cambio estaba con una expresión de alerta mientras las muchachas se aproximaban, casi como si las hubiera estado esperando.
Conociendo al lacustre, era casi seguro que era eso lo que había estado haciendo.
-Buenos días hermano, ¿dormiste sin problemas? -preguntó Meera inocentemente, aunque estaba claro el doble sentido de sus palabras.
"¿Algún otro sueño profético que quieras contarnos?"
-No soñé nada nuevo si a eso te refieres. -respondió Jojen, algo inseguro. Miró a Arya antes de continuar y solo entonces la norteña pudo darse cuenta de que realmente estaba agitado. -Pase una buena noche, aunque…
- ¿Aunque qué? -preguntó la Stark, tensándose.
- ¿No sientes algo… extraño? ¿Cómo un presentimiento o algo así? -preguntó el lacustre, cuyas palabras le cayeron como un balde de agua fría.
-Sí. -respondió, notando como ambos lacustres se tensaban tras escucharle.
-¿Qué sientes? ¿Acaso viste algo durante la noche? -preguntó Meera, mirando sucesivamente a la Stark y a las profundidades del bosque. Arya negó con la cabeza.
-Dormí bien Meera, y tampoco soñé nada extraño. -respondió, intentando concentrarse. En ese momento comenzó a sentirse aún más rara, al punto de que casi estaba a punto de desmayarse. -Pero me he sentido algo nerviosa desde que desperté, como si… como sí…
Parpadeó… y entonces lo supo.
-¿Cómo que?
-Como si fueran los últimos momentos de calma antes de la tormenta.
Un cuerno sonó a la distancia, señal de que uno de los vigías había visto algo. El sonido paralizó a los jóvenes, los que solo se miraban paralizados, sin saber cómo reaccionar. El resto de sus acompañantes despertaron por la alarma.
-¿Arya, que fue eso? -preguntó Rickon, aún medio dormido.
-Mi señora… -añadió uno de los guardias, al que reconoció como Will.
La Stark no respondió, porque su mente ya no estaba en su cuerpo. Estaba en uno que era mucho más grande y fuerte, y que corría a toda velocidad junto a sus otros hermanos huyendo de una veintena de jinetes que se habían separado del grupo al que habían estado siguiendo la noche anterior.
Ahora la mayoría de los krakens estaba persiguiendo a los huargos, pero el resto…
Parpadeó nuevamente y había vuelto a su cuerpo, todos los miembros de su pequeña manada humana mirándole con diferentes grados de preocupación.
-Nos encontraron, casi están aquí… y esta vez no podremos escapar de ellos. -anunció, con toda la serenidad que pudo reunir.
Le gustaría haber dicho otra cosa, pero no era el momento para mentiras. Gracias a Nymeria ahora sabía que los Greyjoy habían encontrado su rastro y que pese a los esfuerzos de los huargos no habían logrado alejarlos de él. Sus vigías los habían visto y habían hecho sonar sus cuernos para atraerlos hacia ellos, pero ni eso les daría mucho tiempo.
La verdad era tan cruel como innegable, habían intentado huir… y no lo habían logrado.
-¿Qué vamos a hacer? -preguntó Meera, un poco asustada. En realidad todos lo estaban, Rickon y Beth casi estaban llorando e inclusive Jojen parecía inseguro.
Quizás otras personas pensarían en rendirse y pedir clemencia, sacrificando su honor a cambio de una posible seguridad. Pero los Stark eran de un temple más fuerte, y salvo frente al Conquistador nunca se habían rendido ante nadie.
Arya no respondió, caminando hacia su hermano antes de ello. Cuando llegó junto a él lo abrazó, intentando tranquilizarlo. Tras lograrlo dio media vuelta y desenvainó a Aguja, sosteniéndola y apreciando el trabajo de Mikken para darse confianza.
-Si no podemos huir, solo nos queda otro camino. Pelearemos.
"Y esperemos que de verdad cada norteño valga por diez Greyjoy, incluso una tan flaca como yo." pensó, con resignación.
. -*-*-*-*.
BRAN
Atacaron de noche, a la hora del lobo.
Los pocos centinelas que había a esa hora murieron antes de dar la alarma, víctimas de los arqueros de los pantanos que les habían estado espiando por días. Su muerte permitió que el ejército norteño irrumpiera en dos de las tres torres de Foso Cailin antes de que sus defensores se dieran cuenta de que estaban siendo atacados y pudieran organizar una defensa decente.
La fortaleza del Cuello era la puerta al Norte, capaz de detener todos los ejércitos que trataran de invadirlo desde el sur. Su eficacia había sido tal que los ándalos no habían podido tomarla en toda su historia, permitiendo que el reino norteño mantuviera su identidad como tierra de los Primeros Hombres aun cuando el resto del continente hubiera caído bajo la influencia de los invasores y su Fe de los Siete.
Con el ejército norteño en las Tierras de los Ríos, debían tomar el Foso si querían poder expulsar a los Greyjoy de su hogar, pero sabían que desde el sur era infranqueable… así que la atacaron desde el norte.
Al principio, Robb había tenido la idea de que se reunieran con los lacustres y que estos les enseñaran senderos secretos por los cuales se pudiera atravesar los pantanos evitando la fortaleza… pero al final no fue necesario.
Docenas de cuervos habían volado antes de alcanzar un acuerdo, pero cuando lo hicieron, todos habían ganado. Salvo los Greyjoy, obviamente. Y quizás tampoco los Lannister.
La hija de Stannis Baratheon había ganado protección y Robb había ganado una flota con la que Domeric y su ejército pudieron desplazarse desde las Tierras de los Ríos hasta Puerto Blanco sin tener que pasar por el Foso. Un buen intercambio a ojos de Bran, aunque claro, él no era el que iba a tener que casarse para cementar esa alianza… salvo que Rickon hubiera muerto, pero no quería pensar en eso.
Porque si a Arya o a Rickon les hubiera pasado algo él lo sabría, ¿cierto?
-¡Arqueros! ¡Cúbranse! -gritó un soldado, haciendo que el Stark volviera a la realidad, cubriéndose con un escudo justo antes que una flecha le cayera desde el cielo.
Habían logrado entrar en dos de las torres –la de los Niños y la del Borracho- antes de que sonara la alarma, pero en la tercera -la de la Entrada, la mayor de todas- los hombres de hierro pudieron darse cuenta a tiempo del ataque y lograron bloquear su puerta, evitando que los norteños pudieran irrumpir en ella.
Los krakens estaban lanzándoles de todo desde las ventanas de esa torre. En ese instante un ariete intentó acercarse para echar abajo su puerta, pero Bran pudo observar con horror como los defensores dejaron caer aceite hirviendo sobre los soldados que manejaban el arma de asedio, matándolos o haciéndolos huir…
Solo para que los arqueros Greyjoy jugaran al tiro al blanco con ellos, matándolos a casi todos y amenazando a cualquiera que no estuviera a cubierto.
"Los hombres de hierro están matando a demasiados de nuestros hombres, aun pese a haberlos atacado por sorpresa y desde el norte. No quiero ni imaginar que hubiera pasado si hubiéramos intentado atacar desde el sur."
Domeric debía de pensar lo mismo, porque ordenó a sus hombres que dejaran de atacar esa torre y se concentraran en las otras dos. Cuando todos los krakens en ellas ya estaban muertos o prisioneros, hizo que los norteños formaran un anillo de acero en los alrededores de ella, justo fuera del alcance de los arqueros Greyjoy.
Cuando estuvieron listos, llamó al propio Bran a su presencia.
-¿Estás bien? -preguntó el Bolton, en el mismo tono inexpresivo que había ocupado para hablar con él desde que habían dejado Aguasdulces.
-Sí. -respondió Bran, algo inseguro. Todavía no se acostumbraba a la casi frialdad con la que su amigo le trataba desde la pelea con Robb y tampoco entendía porque tal hostilidad se había extendido también a él. - ¿Para qué me necesitas?
-Supongo que viste como mataron a los hombres del ariete. -el Bolton suspiró tras el gesto afirmativo de Bran. -Estuvimos muy cerca de tomar las tres torres por sorpresa. Lástima, ahora perderemos mil hombres si tenemos que tomar la tercera por asalto.
-¿Tienes una idea? -preguntó el pelirrojo, aunque ya sospechaba que iba a decirle su amigo.
-Si, negociar con ellos. Les haremos notar que el resto del Foso ya fue retomado y de que estamos dispuestos a que se mueran de hambre dentro de esa torre si es que no se rinden.
Verano se acercó en ese instante a Bran, quién puso su mano sobre la cabeza del huargo. La bestia comenzó a lamerla mientras el Stark hablaba: -A mí me suena bien. Pero bueno, todo lo que nos haga reanudar el camino a Invernalia lo hará.
-No lo dudo Bran, no lo dudo. -respondió el Bolton, enigmáticamente.
Mandaron a un emisario con una bandera de parlamento a la base de la torre, gritando a sus ocupantes que querían hablarles. Los hombres de hierro debatieron entre ellos por más tiempo del que Bran había esperado antes de que abrieran las puertas y uno de ellos bajara. Se juntó con el emisario en medio de la tierra de nadie y tras unos segundos comenzó a caminar hacia Dom y Bran.
-No le apunten, Verano le destrozará la garganta si pretende atacarnos a traición. -ordenó Domeric a sus arqueros, haciendo que bajaran sus armas.
Bran pudo apreciar más detalles del hombre de hierro cuando este comenzó a acercarse. Era un hombre inmenso, viejo pero todavía fuerte, por lo recordaba de cierta forma al Gran Jon. Vestía bien para ser un isleño, con piezas de acero y una cota de malla reluciente, salvo por algunas manchas de sangre… aunque ellas hacían juego con la capa roja que colgaba de sus hombres.
Pero el detalle que más le llamó la atención fue el espadón que colgaba de su espalda, de empuñadura y metal rojo y casi tan grande como Hielo. Estaba seguro que era una espada famosa, pero en ese momento no podía recordar cual era.
De cierta forma era su día de suerte, porque iba a averiguarlo pronto.
-Lobos. -anunció como saludo el isleño, fiero pese a lo delicada de su situación.
-Kraken. -replicó Domeric, estudiando por un instante el blasón de su enemigo. -Un Drumm, ¿cierto?
-Lord Dunstan Drumm para ti, niño. -escupió el susodicho.
-Soy Domeric Bolton, hijo de Lord Roose y heredero de Fuerte Terror. Quién me acompaña es Brandon Stark, hermano menor del Señor del Norte. -anunció el Bolton, indiferente al insulto del isleño. -¿Eres quién estaba a cargo del castillo?
-Ahora sí, pero al principio el Lord Capitán había dejado a cargo a Ralf Kenning con el heredero de Lord Botley como segundo al mando. Ambos murieron, gracias a sus amigos lacustres y sus flechas envenenadas de mierda.
-En la guerra todo vale, incluso los venenos. -replicó el Bolton, casi inexpresivamente. -Pero bueno, seré breve. Venimos a negociar tu rendición.
-¿Rendición? ¿Qué te hace creer que pensamos rendirnos?
-Bueno, para empezar puedo señalarte que tenemos veinte veces tus hombres, todos ansiosos de matarte a ti y a tus compañeros. Puedo seguir con recordarte que ya tomamos el resto del Foso, solo faltándonos tomar tu torre para recuperar todo el castillo; y puedo terminar mencionando que tus refuerzos más cercanos están a doscientas leguas, si no es que más. Creo que no están en condiciones de hacer otra cosa.
Bran envidiaba la confianza con la que Domeric hablaba, casi como si le estuviera hablando a un campesino cualquiera y no a uno de los mejores guerreros de las Islas de Hierro. Él jamás podría hacer algo así.
"Fue criado para ser un señor además de un guerrero, al igual que Robb o Edric. Esa es la diferencia entre ellos y la gente como yo."
-No estés tan satisfecho contigo mismo, muchacho. Tengo trescientos hombres dentro de esa torre. Perderías miles tratando de tomarla.
-Puedo matarlos por hambre, no tenemos apuro.
-¿Estás seguro? Sabes tan bien como yo que mientras tengamos esa torre el Foso seguirá cerrado y el ejército norteño no podrá cruzar el Cuello.
-Lord Drumm, si realmente no pudiéramos atravesar el Cuello, ¿Cómo crees que es que te atacamos desde el norte y no desde el sur? -preguntó Dom, por una vez casi divertido.
-¿Quizás con los hombres de Puerto Blanco? ¿Rodeando el Foso en la noche por algún camino que solo los malditos demonios de los pantanos conocen? No me interesa niño, solo sé que mientras sigamos aquí no pueden atravesar el Cuello. No sin barcos al menos.
-Es curioso que mencione eso, mi señor. Justo ahora tenemos una flota lo suficientemente grande como para llevar a todo el ejército del Norte de vuelta a casa si es necesario. Que mantengan el Foso en su poder es irrelevante.
El hombre de hierro se rio en su cara.
-¿De qué flota me hablas? ¿De las cocas y galeras mercantes de Puerto Gaviota y Puerto Blanco? Por favor muchacho, ¿de verdad crees que soy tan imbécil? Tendrán suerte si logran meter a tres mil hombres en ellas sin que la mitad se ahoguen en el camino.
-No mi señor, no son barcos mercantes. -replicó el Bolton, con un asomo de sonrisa que terminó con la risa de su enemigo. -Pero bueno, si no queréis creerme es vuestro problema. Pero tan solo pensadlo, ¿qué pasaría si estoy diciendo la verdad?
El hombre de hierro se tensó un poco antes de responder. -En ese caso… bueno, supongo que conoceríamos al Dios Ahogado antes de lo que esperado.
-No solo eso, mi señor. Imaginad a treinta mil norteños, sedientos de la sangre de tu gente por haber atacado nuestras tierras a traición. ¿Queréis saber lo que hacían antiguamente los Primeros Hombres con los prisioneros? -su expresión se endureció. -¿Sabéis por qué mi familia tiene como blasón un hombre desollado?
-¿Me estás amenazando?
El Drumm se llevó la mano a la espada, al igual que varios de los norteños. Bran escuchó gritos de alarma de los hombres hierro a lo lejos, por lo que temió que el caos estallara en medio del parlamento. Afortunadamente para todos, Verano permaneció tranquilo, así que Domeric no cedió un centímetro.
-Solo estoy señalando lo obvio, mi señor. Rendiros ahora y quizás tú y tus hombres seguirán con vida cuando esta guerra termine. Seré sincero con vos, quiero reanudar el camino a Invernalia lo antes posible, pero tampoco puedo seguir sin que Foso Cailin sea retomado totalmente… así que si no os rindes solo quedará una opción que tomar.
-Una batalla. Estamos listos para eso.
-No una batalla, una matanza. Si, perdería muchísimos hombres tomando por asalto la torre, pero cuando finalmente cayera… -la expresión de Domeric se ensombreció a un nivel que Bran nunca había visto, casi asustándole. -Los más afortunados terminarán como ofrendas a los arcianos, que hace mucho tiempo que no beben sangre como acostumbraban en la antigüedad. El resto… bueno, debajo de Fuerte Terror todavía están las cámaras donde mis antepasados jugaban con sus prisioneros. Cuando doblamos la rodilla, los Stark nos prohibieron seguir con tal práctica… pero estoy seguro que permitirán una excepción para este caso.
"Los desollará" pensó Bran con horror. Muchas de las historias de la Vieja Tata narraban las atrocidades que los Bolton hacían con sus enemigos cuando los Stark todavía eran Reyes en el Norte, mil años atrás. Lo peor de todo es que varias veces tales enemigos eran los propios antepasados de Bran, al punto de que un Lord Bolton incluso se había hecho una capa con la piel de un príncipe Stark.
Cansados de tanto horror, los Reyes del Invierno habían vencido a los Reyes Rojos en el campo de batalla y les habían obligado a doblar la rodilla, prohibiéndoles que volvieran a desollar vivos a sus enemigos… salvo que ellos lo autorizaran.
Y Bran no estaba tan seguro sobre que decidiría Robb si los hombres de hierro le hacían algo a Arya o Rickon.
-Ni los Farwynds están tan locos como para desollar a sus enemigos, y eso que la mitad de ellos son cambiapieles. -murmuró Lord Drumm, con algo que se parecía al temor reflejado en sus palabras. -Solo un monstruo pensaría en algo así.
-Todos tenemos un monstruo dentro de nosotros, mi señor. Lo que sucede es que la mayoría logramos esconderlo. -replicó Dom con una sonrisa cruel que erizo el pelo de la nuca de Bran. -Pero bueno, esas son mis últimas palabras. Volved a vuestra torre y tomad una decisión con el resto de los capitanes… o por lo menos con los que quedan. Que sea rápido, espero una respuesta para el mediodía.
-Lo haré, pero insisto en que no estés tan seguro de ti mismo muchacho. La muerte viene a por todos… incluso a jóvenes con apellidos tan poderosos como el tuyo. -respondió el hombre de hierro, con su confianza recuperada. Miró al Bolton con odio antes de dar media vuelta y partir.
Domeric no reaccionó, observando tan inmóvil como una estatua el cómo Lord Dunstan se alejaba. Solo reaccionó cuando el hombre de hierro entró en la torre y sus soldados cerraron la puerta.
-Espero que decidan bien, ya estoy aburriéndome de todo esto. -murmuró, antes de suspirar. La oscuridad había desaparecido de su cara, pero Bran no la olvidaría jamás. Tragó saliva antes de preguntar.
-¿Y si deciden pelear? No estoy tan seguro que valga la pena tomar por asalto la torre, Domeric. Tú mismo dijiste que morirían demasiados hombres. ¿Por qué no rendirla por hambre?
-Porque nos veríamos débiles, haciendo que los hombres de hierro que están en otras partes del Norte tomen confianza y que el resto de las casas norteñas nos vieran con asco. Debemos liberar Foso Cailin al costo que sea.
-Pero son….
-¡No hay otra alternativa Bran! ¡Entiéndelo de una vez! -explotó Dom, asustando a Bran. Verano se interpuso entre ambos gruñéndole al Bolton, lo que hizo que se tranquilizara un poco antes de seguir, pero solo un poco. -No hago esto porque me guste, lo hago porque es lo que hay que hacer. A veces tenemos que tomar decisiones difíciles por el bien de todos. Robb todavía no lo ha entendido, pese a que cree que sí lo hace. No quiero que compartas su error.
Bran solo asintió, demasiado impresionado por el exabrupto del Bolton. Domeric siempre había sido una persona tranquila, amante de los caballos y su arpa. El Stark lo había visto más veces componiendo una canción que entrenando en el patio de armas de Invernalia con el resto de los hombres.
Era increíble que la persona que estaba delante de él ahora fuera la misma. El Dom que conocía jamás hubiera amenazado a alguien con desollarle vivo.
"La guerra cambia a todos." pensó con resignación. Pero entonces otro pensamiento repentino le alarmó. "¿Cuánto me cambiará a mí?"
"Estás destinado a grandes cosas Bran, más allá de ser solo un soldado o un señor. Nunca lo olvides" la voz de sus sueños había sido clara en eso.
Las horas pasaron hasta que dio el mediodía. De pie en el mismo lugar en el que habían hablado con Lord Drumm por primera vez, el Stark y el Bolton esperaban en silencio la vuelta o no del hombre de hierro. Los minutos pasaron, y Bran comenzó a asustarse cuando sus piernas comenzaron a quejarse del tiempo que llevaba en pie con la armadura puesta, sin que pasara nada.
Y cuando parecía que definitivamente no iba a pasar nada y que los krakens les estaban tomando el pelo, la puerta de la torre se abrió y un guerrero armado hasta los dientes salió de ella. Tras unos segundos, más hombres de hierro comenzaron a salir del edificio, aunque Bran solo tenía ojos para el primero.
Porque con aquel yelmo, armadura y malla de acero en las uniones, Lord Drumm estaba vestido más para una pelea que para una rendición.
-Veo que habéis bajado de la torre. Tus capitanes tomaron la decisión correcta. -anunció Domeric, evitando sonar impresionado.
-No cantes victoria todavía muchacho, esto no es tan sencillo como crees. -escupió el hombre de hierro, estudiando de arriba hacia abajo al heredero Bolton.
-Iluminadme entonces, ¡cual fue la decisión que tomaron tus hombres? -preguntó Dom, arqueando una ceja.
-Están dispuestos a rendirse, pero con un par de condiciones. -respondió el Drumm, enigmáticamente.
-¿Cuáles?
-Una es bastante sencilla si de verdad te importa tanto tomar el castillo. Mis hombres exigen un combate singular, con un campeón por cada bando. Solo si tu campeón derrota al nuestro se rendirán.
"¿Un combate singular? ¿Y qué pasará si lo perdemos?" pensó Bran con alarma. Aunque Domeric no parecía compartir su duda.
-Me parece aceptable. Que sea ahora mismo.
-Esa no es la única condición muchacho, pero primero… ¿De verdad no te interesa saber que pediremos si nuestro campeón gana?
-No, porque estoy seguro que eso no pasará. -respondió el Bolton fríamente.
-Te dije que no fueras tan confiado muchacho. -replicó el hombre de hierro, que antes de que cualquiera pudiera reaccionar llevó su mano a su espada y la desenvainó, amenazando con ella a Domeric. Los arqueros norteños reaccionaron apuntándole rápidamente con sus arcos, pero el Bolton alcanzó a levantar una mano antes de que dispararan, mientras el inmenso hombre seguía hablando.
-La otra condición es que yo sea el campeón de mi gente… y tú el de la tuya. ¿Aceptarás o eres un cobarde?
Hasta el mismísimo viento pareció detenerse en ese instante a causa de la tensión que había en el ambiente. Los hombres se miraban los unos a los otros, nerviosos, mientras Domeric miraba a la espada de su enemigo, totalmente inmóvil. ¿Acaso le había tomado por sorpresa el desafío? Bran no lo sabía.
Pero tan repentinamente como empezó, la incertidumbre acabó.
-Acepto -anunció sencillamente Domeric, tan tranquilo como si estuviera ordenándole a un escudero que le trajera un poco de agua. -Dame tiempo para armarme, pelearemos en diez minutos.
-Date prisa muchacho, Lluvia Roja quiere conocerte. -respondió el isleño, sombríamente.
Dio media vuelta y caminó hasta donde se encontraban el resto de los hombres de hierro, que le recibieron entre vítores y gritando maldiciones a los norteños. Estaba claro que no dudaban que el inmenso Señor de Viejo Wyk derrotaría sin mayores problemas al norteño.
Y si se era sincero, hasta al propio Bran le costaba creer lo contrario.
-Tiene una espada de acero valyrio, Dom. -comentó, observando preocupado al hombre de hierro.
El Bolton asintió. -Lluvia Roja. Un saqueador Drumm se la robó a un caballero Reyne hace mil años, si es que recuerdo bien las lecciones del maestre Luwin.
-El acero valyrio puede atravesar casi cualquier armadura.
-Entonces tendré que evitar sus golpes. -respondió irónicamente Domeric-
Bran iba a decir algo más, pero entonces su amigo hizo algo aún más inesperado… él sonrío.
-Esto será más sencillo de lo que crees Bran, confía en mí. -le aseguró, tratando de tranquilizarlo un poco. -Pero bueno, sé un buen escudero y ayúdame con la armadura. Tengo un señor al que matar.
Pese a estar inconforme, el Stark obedeció. Un par de minutos más tarde Domeric había terminado de colocarse una armadura que era más ligera de lo normal, ya que como habían mencionado el acero común no le serviría de mucho frente al acero valyrio. Por el mismo motivo también rechazó ocupar un escudo. Finalmente se puso un yelmo y Bran le entregó su espada, quedando listo para la pelea.
-Empieza a preparar los caballos, partiremos pronto. -anunció, antes de girarse y comenzar a caminar hacia el lugar donde pelearía con Lord Drumm, en el centro de la tierra de nadie que había entre los norteños y los hombres de hierro.
Pese a ser más alto que el propio Bran o cualquiera de sus hermanos, Domeric se veía casi pequeño al lado del señor isleño, quién le miraba con un desprecio como el que solo se tiene con alguien a quien realmente se odia. Las amenazas del Bolton debían de haber causado un verdadero impacto en su enemigo, pero bueno, tampoco es que un guerrero curtido pudiera tomarse de otra forma el que le amenacen con desollarle vivo.
Domeric en cambio estaba tranquilo, demasiado tranquilo. Era extraño encontrar tanta calma en una persona que iba a bailar con la muerte. Hasta el Pez Negro se había mostrado ansioso antes de la Batalla de los Vados y su tío era un veterano de cien batallas. ¿Qué demonios pasaba con la cabeza del Bolton?
La pelea partió sin mayores ceremonias, con el hombre de hierro no pudiendo contenerse más y saltando para atacar el norteño. Lluvia Roja atravesó el lugar en el que Dom había estado un segundo antes, pero este había alcanzado a saltar hacia atrás y había evitado el golpe.
Ocurrió lo mismo una, dos, tres veces. Lord Drumm atacaba con todas sus fuerzas, queriendo aprovechar el filo del acero valyrio para terminar con la pelea con un solo golpe, pero Domeric los evitaba como si fuese una danza cuidadosamente planeada. De vez en cuando respondía con un golpe propio, pero el Señor de Viejo Wyk aprovechaba lo liviana que era su arma para elevarla y bloquearlo sin mayores problemas.
- ¿Qué está haciendo? No va a poder matarlo con golpes tan débiles… -murmuró a nadie en particular.
-Está probando su defensa, mi señor. No está atacándolo de verdad. -respondió un soldado a su lado, sin apartar la vista del combate. -El kraken es viejo, y mi señor de Bolton está esperando que se canse antes de atacarlo de verdad.
-Es viejo, pero todavía es fuerte y su espada es de acero valyrio, así que el peso no le incomodará tanto. Se demorará bastante en cansarse. -replicó Bran.
-Eso es cierto, pero tarde o temprano lo hará. Y cuando lo haga…
El soldado no necesitaba terminar su frase para que Bran le entendiera. Era una apuesta arriesgada la de Domeric, pero quizás le resultaría.
Y aun pese a estar casi exclusivamente defendiéndose, ni Bran podía negar que se movía con una gracia envidiable en medio de la pelea. A su lado el hombre de hierro se veía como una torre de acero, fuerte pero pesada. El acero valyrio estaba en su espada, pero su armadura era de hierro y metal común. Pronto estaría jadeando por el peso.
Pero entonces pasó lo impensado, Domeric tropezó y no logró esquivar uno de sus golpes.
-¡No! -gritó, sin poder contenerse.
Lluvia Roja alcanzó a golpear en la cara al joven Bolton, quién no perdió su vida por apenas unos centímetros. La fuerza del impacto fue tal que su yelmo salió volando, revelando una herida en la mejilla de Domeric que sangraba copiosamente mientras Bran observaba. Solo por gracia de los dioses su amigo no quedó aturdido y logró esquivar el siguiente golpe de Lord Drumm que hubiera acabado con su vida definitivamente.
El hombre de hierro cobró nuevos ánimos tras ello, prácticamente corriendo tras el Bolton para acabar con su vida. La sangre debía de estar afectando la visión de su amigo, porque ya no esquivaba los golpes de su enemigo con tanta gracia como antes. Un par de ellos estuvieron a punto de golpearle nuevamente y tuvo que recurrir a su propia espada para detener otros.
"Está perdiendo, por todos los dioses, Domeric va a morir." pensó con desesperación.
Pero el Bolton parecía no compartir tal preocupación, porque Bran pudo observar incrédulo el como pese a su herida y a la sangre, su cara seguía expresando serenidad, la misma serenidad que antes de la batalla.
Y fue entonces cuando las palabras del soldado se hicieron realidad, porque Lord Drumm solo tuvo que jadear una vez para que Domeric dejara de defenderse y comenzara a atacar en serio, y cuando lo hizo…
-Es como si fuera un artista. -murmuró, entre las expresiones de sorpresa del resto de los norteños.
-Es un artista… para matar. -respondió el mismo soldado que antes le había hablado, mientras Bran asentía.
Porque realmente el Stark se había equivocado y Domeric había tenido razón. La pelea terminó antes de lo que Bran siquiera había soñado que fuera posible.
El Bolton atacó como un verdadero torbellino al hombre más viejo, desaparecido todo rastro de la debilidad que había mostrado tras ser herido. Pero no eran ataques de desesperación, no, cada uno tenía un objetivo. Algunos tenían como destino la cara del kraken, otro su pecho, otros las piernas y algunos incluso la propia mano de la espada de Lord Drumm.
Solo un par conectaron, pero el daño ya estaba hecho. El hombre de hierro apenas podía moverse por el cansancio de tener que esquivar y bloquear tantos golpes.
Domeric podría haber terminado la batalla ahí mismo, pero inexplicablemente se había detenido para hablar con su enemigo.
-Puedo terminar la pelea sin matarte si lo quieres, serás mi prisionero y si alguien paga tu rescate te liberaré. -anunció el Bolton, una expresión de indiferencia mientras la sangre corría por su pálida mejilla.
-Somos hombres de hierro, no los caballeros de mierda de las tierras verdes -escupió Lord Drumm, haciendo una pausa para respirar. Miró a Dom con odio antes de seguir. -Los rescates no existen para mi gente. Termina esto de una vez por todas.
-Como desees.
Y antes de Bran pudiera parpadear, Domeric ya estaba nuevamente sobre su enemigo. El Señor de Viejo Wyk lanzó un último golpe, pero el Bolton lo esquivó gracias a su propia agilidad y al cansancio del viejo. Antes de que pudiera hacer algo más, la espada de su amigo se clavó entre las aperturas del yelmo de su enemigo, quedando atrapada ahí. Lord Drumm murió instantáneamente.
-Te dije que confiaras en mí, ¿no? -dijo Domeric unos minutos más tarde, entregándole Lluvia Roja para que la limpiara mientras un maestre atendía sus heridas. No solo había ganado la pelea, sino que también una espada de acero valyrio para su familia.
En el resto del castillo los hombres de hierro estaban entregando sus armas y acumulando sus pertrechos, preparándose para el largo camino hasta los calabozos de Puerto Blanco que tendrían que recorrer. Quizás fueran unos cobardes que habían atacado a traición, pero para su cultura Domeric había pagado el precio de hierro, así que cumplirían la palabra de su difunto líder.
-Me equivoqué.
-Quizás… o quizás no. La verdad es que todavía no lo decido. -replicó el Bolton misteriosamente
-¿Qué no has decidido? No te entiendo… -murmuró Bran, confundido.
Domeric lo miró con sus ojos incoloros antes de responder, ojos tan inquietantes que asustaron un poco a Bran, pese a estar en la cara de un amigo.
"¿Habrán sido esos mismos ojos los que aquel príncipe Stark vió antes de ser desollado?" pensó repentinamente.
-Lo averiguarás pronto. -finalizó Domeric Bolton, negándose a decir nada más.
Unas horas más tarde, reanudaron el camino a Invernalia.
. -*-*-*-*.
En el último año, Bran había sufrido en varias ocasiones.
Obviamente, la más dolorosa había sido la muerte de su padre, donde lloró por varios días como si hubiera sido un niño pequeño. Lord Eddard, tan fuerte y seguro, había sido asesinado a traición por Joffrey y la Reina. Si no hubiera tenido al resto de su familia para soportar el dolor juntos, realmente no sabía cómo podría haberlo hecho.
Los otros no habían sido tan dolorosos como ese, pero no por eso habían dejado de ser graves. Lo de Edric en Puerte Gaviota, la muerte de Theon en Septo de Piedra, lo que pasó esa noche en Alto Corazón… y por supuesto, cuando estaban en Aguasdulces y recibieron la noticia de la invasión del Norte.
Pero aun así, nada le había preparado para tener que ver a Invernalia arrasada.
Los hombres de hierro ya no estaban, pero antes de irse le habían prendido fuego a su hogar, destruyendo todos los edificios que no eran de piedra -y algunos de ellos también-. La ciudad invernal, el septo de su madre, los jardines de vidrio, los establos, incluso la torre del maestre; todos fueron alimento de las llamas. Se demorarían meses en reconstruirlos, si no es que años.
Pero lo peor no eran las construcciones, eran los muertos. Al parecer había habido una batalla en las afueras del castillo y los krakens no se habían molestado en enterrar a los muertos. Bran gritó de dolor cuando reconoció entre los muertos a Cley Cerwyn, a Mikken… y a Ser Rodrik, cada uno rodeado de un anillo de krakens derrotados.
-¡Es nuestra culpa! ¡Deberíamos haber llegado antes! -gritó entre lágrimas, de rodillas a un costado del anciano caballero, aquel que le había entregado su primera espada y quién le había enseñado a ocuparla.
Domeric fue quién lo apartó del cuerpo, con más amabilidad de la que había esperado. Aun así, no trató de negar sus palabras… porque realmente la batalla debía de haber de ocurrido recientemente, ya que los cuerpos todavía estaban frescos y aún seguía saliendo humo entre las ruinas del castillo.
Si hubieran cabalgado más rápido, si los barcos no se hubieran demorado tanto…
-Hay que revisar el interior. -anunció Dom, solemne. -Quizás Arya y Rickon… quizás…
Bran asintió, ausente. Puso una mano sobre la cabeza de Verano, quién se la lamió con cariño. Su huargo estaba demasiado tranquilo para la destrucción que había a su alrededor y tal serenidad le daba un poco de esperanza, ya que estaba seguro que no estaría así si le hubiera pasado algo a sus hermanos. Aferrándose a tal idea fue como entró al castillo.
Lo primero que le llamó la atención fue la ausencia de muertos, a diferencia de lo que ocurría en el exterior. Si, los hombres de hierro habían destrozado o incendiado todo lo que habían encontrado, pero no habían manchas de sangre más allá de los muros de la fortaleza, como si no hubieran encontrado a nadie a quién matar.
Obviamente también podía significar otra cosa, como que los krakens habían decidido tomar como prisioneros a los habitantes de Invernalia en vez de matarlos… pero bueno, uno podía soñar.
-No entiendo que pasó. -murmuró Domeric un par de horas más tarde, cuando habían terminado de revisar el castillo. Vacío, totalmente vacío.
-¿Quizás los tomaron como prisioneros? -preguntó Bran, repitiendo la explicación que se le había ocurrido antes.
-Puede ser, pero… -el Bolton se arrodilló para revisar unas huellas, más parecidas a las de mujeres o niños que a las de un hombre de hierro adulto. -¿De verdad nadie se hubiera resistido? No hay un solo cuerpo dentro de Invernalia, ni una sola mancha de sangre. Y tú sabes tan bien como yo que los huargos jamás hubieran sido capturados sin matar a unos cuantos krakens antes.
Bran estaba pensando lo ciertas que eran tales palabras cuando notó a Verano actuando extraño.
El lobo estaba con la nariz en el suelo, como si hubiera captado algo invisible a los sentidos humanos. Antes de que el Stark pudiera hacer cualquier cosa su compañero se alejó de él y comenzó a seguir las mismas huellas que Dom había estado estudiando. Bran salió corriendo detrás suyo, seguido de cerca por el Bolton y un par de guardias que lo llamaban a gritos.
Y mientras más se acercaba a su destino, más iba creciendo la emoción del lobo… y Bran la sentía como si fuera propia.
"¿Podrá ser?"
Verano le llevó a la puerta de las criptas, que tantas veces había explorado antes de la guerra. Pese a todas las historias de terror que la Vieja Tata contaba a él le encantaba jugar ahí, entre las tumbas y espadas de los Reyes del Invierno. La calma que uno podía encontrar dentro de ellas era algo extrañamente agradable, así que se había convertido en uno de sus lugares favoritos.
Por eso el corazón le dio un vuelco cuando llegó a su entrada. La puerta estaba cerrada, pero Bran la había abierto y cerrado muchas veces… y podía reconocer cuando alguien la había cerrado desde adentro.
Y si alguien la había cerrado desde adentro, solo podía significar una cosa.
Abrió la puerta justo cuando Domeric y los guardias llegaron, y antes de que cualquiera de ellos pudiera decir algo, comenzó a gritar.
-¡¿Hay alguien abajo?! ¿Hay alguien con vida? -gritó, con el corazón apretado y una súplica muda. -¡Soy Bran! ¡Bran Stark! ¡Volví del sur y recuperamos el castillo! ¡Recuperamos Invernalia!
Escuchó como los ecos de su grito bajaban hacia las profundidades. Por unos segundos no pasó nada, como si solo los Stark muertos lo hubieran escuchado y todos sabían que sus espíritus no podrían mostrarse mientras tuvieran sus espadas en sus tumbas.
Pero después, poco a poco comenzó a escuchar algo.
Pasos, tan graves y constantes como los latidos de un corazón.
Domeric desenvainó Lluvia Roja e intentó apartar a Bran de la entrada de las criptas, pero el Stark se lo impidió. Señaló con un gesto a Verano, completamente tranquilo mientras observaba la oscuridad de las profundidades.
Los pasos se siguieron acercando hasta que la luz del día finalmente reveló a su autor… y ni una avalancha podría haber evitado que Bran sonriera.
-¿Bran? -preguntó el maestre Luwin, esforzándose por distinguir sus facciones entre la luz del exterior. El anciano se veía cansado y demacrado, su cara reflejando el haber soportado un peso horrible los últimos días, si no es que semanas.
Pero cuando finalmente pudo reconocerle, mostró una sonrisa tan amplia que podría haber reconfortado incluso al corazón de un espectro. Lo hizo por lo menos con Bran, haciéndole olvidar por un instante la destrucción a su alrededor.
-Estás de vuelta. Benditos sean los dioses, todos ellos.
"Los lobos han vuelto."
. -*-*-*-*.
-¡Es por acá! ¡Es por este camino! -gritó, desesperado. Subió a su caballo, pero Domeric tomó las riendas antes de que pudiera partir.
-¿Qué estás diciendo Bran? ¡El rastro más grande va hacia allá! -el Bolton señaló las huellas que se perdían en la dirección contraria a la que Bran señalaba, mucho más numerosas que las otras.
"Hay más huellas porque la mayoría de los krakens están persiguiendo a los huargos, pero ellos no son su verdadera presa" pero no podía decirle eso, tendría que explicarle su vínculo con Verano y sería algo demasiado increíble como para que le creyera. Por lo menos por ahora.
Aun así, podía ocupar a su lobo como explicación.
-¡Mira a Verano Domeric! ¿Hacia dónde está mirando? ¡¿Hacia dónde?!
-Hacia donde señalas tú, pero podría significar na…
-¡Verano sabe cosas que nosotros no! ¡Lo sabes tan bien como yo! -gritó, intentando sonar lo más seguro posible. No importaba, si tenía que suplicar para convencer a su amigo, lo haría. -Tenemos que ir por ahí Dom, por favor créeme.
-¿Y si te equivocas? Quizás Verano está oliendo otra cosa… -preguntó el Bolton, aun inseguro.
-No lo hace, pero tenemos que partir ahora si queremos evitar que todo sea en vano. -le apartó las manos de las riendas para que su caballo pudiera moverse. -Si te hace sentir más seguro, envía a algunos hombres en esa dirección, pero la mayoría deben ir con nosotros. No tenemos mucho tiempo... y si tengo razón los necesitaremos.
Partió sin esperar respuesta, con Verano siguiéndole a pocos metros. Las huellas de la docena de personas y de los jinetes que habían estado siguiéndoles eran tan claras y recientes que era imposible perderles de vista, así que poco a poco fue exigiéndole al caballo que elevara su velocidad. Si, se arriesgaba a que se tropezara y se rompiera una pata… pero no era el tiempo para precauciones.
Porque sus hermanos lo necesitaban.
Acababa de mirar sobre su hombro para confirmar que Dom y los soldados todavía estaban siguiéndolo cuando escuchó los primeros sonidos de la pelea. El choque del acero contra el acero, el de los hombres y mujeres dándose instrucciones… y el de los gritos de los moribundos.
Le hubiera encantado decir que había actuado como uno de los caballeros de las canciones, cabalgando galantemente entre sus enemigos antes de bajar de su caballo y enfrentárseles en combate singular. Lo que ocurrió fue mucho más crudo y rápido.
Al llegar al claro, pudo notar a las a las cinco o seis personas que se defendían desesperadas de la quincena de Greyjoys que las rodeaban, matando a una de ellas justo mientras Bran miraba. En unos instantes que se hicieron eternos, miró a aquellas que quedaban vivas, sintió un alivio sin igual al cruzar su mirada con la de su hermana, gritó para llamar la atención de sus enemigos… y cargó con su caballo sobre el más cercano sin siquiera detenerse a sacar su espada.
El impacto fue tal que arrolló al hombre pero el propio Bran salió disparado de su caballo, aterrizando de espaldas a un par de metros de distancia. Tras unos segundos de estupefacción, uno de los Greyjoy trató de clavarle un hacha mientras todavía estaba en el suelo, pero el Stark rodó a un lado esquivándola por apenas unos centímetros.
El hachero estaba por intentar liberar su arma del suelo cuando Verano cayó sobre él, derribándole mientras trataba de destrozarle la garganta. Bran se levantó y desenvainó su espada, justo a tiempo para interponerse entre su lobo y el par de krakens que pretendían atacarlo. Estaba a punto de cruzar su arma con el primero cuando este cayó derribado por una flecha, destino que pronto compartieron sus compañeros.
No necesitaba darse vuelta para ver a los arqueros que habían llegado junto a Domeric, ya que varios de ellos estaban corriendo junto al propio Bolton para tratar de defender a Arya y el resto de los sobrevivientes. Bran se les unió y pronto el caos se desató.
La fiebre de la batalla se apoderó de él. Lo único que recordaría más tarde era haber lanzado, desviado y recibido ataques de sus enemigos en una lucha primitiva por la supervivencia. Estaba casi seguro que había logrado matar a uno rebanándole el cuello, pero no podía asegurarlo. De lo que si estaba totalmente seguro era del hacha voladora que le había golpeado el hombro, que se le hubiera clavado si hubiera sido un golpe directo y no uno un poco desviado
Vencieron a sus enemigos, y tanto Arya como Rickon se veían bien… pero eso no fue el final.
-¡Suelten sus armas o la mato! ¡Juro por sus arcianos y por mi Dios Ahogado que lo haré! -gritó el último kraken que quedaba en pie, que sorprendentemente era una mujer joven.
Pero bueno, se hubiera preocupado más de tal detalle si la Greyjoy no hubiera estado sosteniendo un cuchillo sobre el cuello de otra mujer aún más joven, probablemente poco mayor que Sansa o Edric. Era muy esbelta y sangraba de varias heridas, pero sus ojos verdes aun mostraban desafío pese al acero que besaba la piel de su cuello.
Bran quedó prendado de ella casi de inmediato.
-No lo harás si quieres salir de esto con vida. -dijo Domeric con una voz tan fría como el hielo, sosteniendo a Lluvia Roja entre él y la kraken. La mujer debió de haber tomado eso como una amenaza, porque apretó el cuchillo aún más contra la piel de su cautiva.
-¡Prefiero morir a ser su prisionera!
-Muere entonces, pero hazlo peleando contra uno de nosotros. ¡Esa chica no te ha hecho nada! -replicó el Bolton.
-¿Nada? Mató a Qarl y a otros dos de mis hombres con ese tridente de mierda que tiene. Debería matarla para vengarlos.
-¡Solo estaba defendiéndome! ¡Ustedes son los que nos han estado cazando como si fuéramos animales! -contestó la otra joven, pese al hilillo de sangre que corría por su cuello.
-Cállate o te juro que mando todo a la mierda y te rebano el cuello de una vez por todas. -murmuró amenazadoramente la kraken.
-¡Meera tiene razón! ¡No hicimos nada para merecer todo esto! ¡Ustedes atacaron el Norte a traición! -insistió Arya, amenazando a la hija del hierro con esa espada braavosi que Jon Nieve le había regalado hace tanto tiempo.
-¡Es por culpa de ustedes que todos mis hermanos están muertos! ¡Es por culpa de ustedes que mi madre se volvió loca y mi padre un imbécil! ¡Atacamos el Norte para vengarnos del mal que nos han causado todos estos años!
-¿Qué es lo que les hemos hecho? La Rebelión fue culpa de Lord Balon y tanto mi padre como mi hermano querían que nuestros pueblos estuvieran en paz. ¡Robb incluso quería hacer una alianza con ustedes! -insistió Arya.
- ¿Una alianza? ¿Para terminar como Theon, masacrados mientras peleamos sus guerras? -la kraken tiró del pelo su prisionera, exponiendo aún más su cuello. -No voy a compartir el destino de mi hermano, loba, así que empieza a despedirte de tu amiga comerranas. Quizás con su muerte podrás sentir algo del dolor que yo sentí cuando perdí a Theon.
"Tienes que decir algo Bran, ¡ahora!" susurró una voz en su interior.
-¡Espera! -gritó, antes de pensar siquiera en que decir. Casi suspira de alivio cuando captó la atención de la kraken. Tragó saliva para ganar algo de tiempo. -Hablas de Theon como alguien muy cercano. Por casualidad eres… ¿Yasha?
-¡Asha Greyjoy! ¡Su hermana!
-¡Asha! ¡Theon nos habló mucho de ti! -mintió. - ¡Siempre dijo que te quería mucho!
-Y yo a él, lobo. Es por eso que pretendo vengar su muerte.
-¡Pero Asha, Theon estaría horrorizado de lo que tú y tu gente han hecho! ¡Él también quería paz entre nosotros!
Eso pareció desconcentrar a la Greyjoy.
- ¿Theon quería eso? Pero si ustedes fueron los que lo apartaron de su familia…
- ¡Theon era parte de nuestra familia! ¡Yo casi le quería como si fuera un hermano! ¡Para Robb sí que lo era!
-Y si le querían tanto, ¿cómo fue que lo mandaron a pelear contra La Montaña, como si fuera un esclavo?
-Nadie mandó a Theon a pelear. Él lo decidió solo. -dijo Domeric, acudiendo al rescate de Bran. Bajó un poco a Lluvia Roja para ayudar a calmar los ánimos.
-Eso no es lo que mi padre dijo.
- ¿Y cómo sabes que tu padre te dijo la verdad? ¿No crees que quizás solo estaba buscando una excusa para iniciar una guerra? -insistió el Bolton. -¡Yo estuve en esa batalla y vi con mis propios como Theon se interpuso entre Robb y la Montaña para salvarle la vida! ¿De verdad piensas que hubiera hecho eso si hubiera odiado a los Stark?
Asha pareció insegura frente a tales palabras, por lo que Bran continuó hablando.
-Y cuando la Montaña lo asesinó, ¿crees que Robb dejó su cuerpo ahí, como si hubiera sido un muerto más en una guerra? ¡Permaneció abrazado a él hasta la batalla terminó! ¡La única razón por la que se separó de él fue porque tenía que ejecutar a la Montaña!
Quizás estaba exagerando un poco, pero creía que eso era lo que Edric le había contado de la batalla en Septo de Piedra. Pero bueno, aunque mintiera eso no importaba si conseguía su objetivo.
Y viendo la expresión de duda que había en la cara de Asha Greyjoy, al parecer lo estaba logrando.
-Todos queríamos a Theon, y si él estuviera acá y tuviera que elegir entre unirse a ti o a nosotros, estoy segura que nos escogería a nosotros. -finalizó Arya, también bajando su espada. La única persona que quedaba con su arma levantada era la propia Greyjoy.
-Entonces mis tíos tenían razón, y mi hermano terminó siendo más lobo que kraken. -murmuró amargamente.
-No, jamás hubiera sido algo así, él estaba orgulloso de su familia… pero sabía que lo mejor para nuestros pueblos era la amistad, no la guerra. -finalizó Bran, con una súplica muda. -Baja ese cuchillo y te juro por mi honor de Stark que te trataremos justamente. No es necesario que corra más sangre.
"Al menos por ahora"
El tiempo pareció detenerse mientras la Greyjoy tomaba una decisión, rodeada de una veintena de norteños y un huargo gigante. Su cara mostró una docena de emociones antes de decidir, pero cuando lo hizo… todos suspiraron de alivio.
-Perdóname Qarl, pero hago esto por Theon. -murmuró, antes de soltar a la lacustre y dejar caer su cuchillo.
Cayó de rodillas mientras los norteños la rodeaban, sus facciones expresando una vergüenza sin igual. Que un hijo del hierro se rindiera era una blasfemia para el Dios Ahogado, así que Bran casi sentía lástima por ella…
Pero todo eso pasó dejo de importar cuando corrió hacia Arya y Rickon. Lloró de emoción al poder abrazarlos después de todo lo que habían sufrido las últimas semanas, donde incluso llegó a pensar que los había perdido. Sus hermanos tambien lloraban, igual de emocionados que él. A Bran ya no le importaba tanto que Invernalia hubiera ardido, su familia estaba a salvo…
Y porque más temprano que tarde, su hogar sería reconstruido… y el Norte volvería a ser de los lobos.
N.A: Fue un mes jodido, y lo mismo con el capítulo. Pero bueno, espero que su longitud compense la espera que hubo para él.
Probablemente alcanzaré a escribir un capitulo más antes de las vacaciones, pero después de él temo que no podré escribir mucho hasta la vuelta de ellas, a finales de febrero aproximadamente. Trataré de avanzar lo más posible hasta entonces (y obviamente, después también).
Gracias como siempre a los que se dan el tiempo de dejar un poco de cariño, de verdad que te ayuda a continuar...
Y bueno, a la persona que quería saber de Jon Nieve, su historia es la misma del canon hasta la batalla contra los Thenn. Solo después de eso partirá el AU. Pero bueno, veremos a nuestro bastardo favorito pronto. Tengo listo un esbozo de capitulo de él que pretendía publicar acá como adelanto, pero me arrepentí a último minuto. Si logro pulirlo un poco más editaré este capitulo y lo añadiré :D
En fin, hasta la próxima!
