JON

"Desearía que vinieras con nosotros"

-A veces los caminos diferentes llevan al mismo castillo. ¿Quién sabe?

"Aunque no lleves mi apellido, tienes mi sangre. Eso es lo único que importa."

-¿Quién es mi madre? ¿Está viva?... ¿Le importa si yo lo estoy?

"Cuando vuelta a verte hablaremos de tu madre, te lo prometo."

"¿Te acuerdas de esa cueva? Deberíamos habernos quedado ahí…

-Volveremos a la cueva, no vas a morir. No vas morir.

"No sabes nada, Jon Nieve."

La habitación era oscura y el lecho duro, pero lo peor era el frío. Antes de la expedición al otro del Muro compartía las pieles con Fantasma, y luego… con Ygritte, por lo que dormir solo era algo que no había hecho desde antes de partir de Invernalia. Y obviamente, el Castillo Negro era un lugar mucho más frío que la fortaleza de su padre.

Se frotó los ojos para intentar quitarse el sueño. Había estado durmiendo mal desde el día que tuvo que separarse de los thenitas e Ygritte le había clavado un par de flechas como regalo de despedida. Y aunque desde entonces sus heridas habían sanado casi completamente, no ocurría lo mismo con su espíritu.

Prueba de ello eran sus sueños, aquellos que eran una continua mezcla de imágenes y recuerdos de la pelirroja, su padre y su hermana pequeña. A todos les había prometido algo o viceversa. Su padre le había prometido que hablarían de su madre, a Ygritte le había prometido que volverían a esa cueva, y a Arya que volverían a verse.

Y todas fueron promesas en vano.

Lord Eddard había sido ejecutado en Desembarco del Rey, Ygritte había muerto entre sus brazos poco después del final de la batalla con los thenitas, y Arya estaba desaparecida y probablemente muerta gracias a los hijos del hierro. ¿Es que acaso los dioses no tenían siquiera un poco de piedad?

Suspirando, se levantó y se arregló para enfrentar otro día de espera al inminente ataque del ejército de Mance Rayder. El rey salvaje tenía cien mil hombres, la Guardia poco más de setecientos y repartidos en las trescientas millas de largo que tenía El Muro. Si, algunos salvajes atacarían Guardiaoriente o la Torre Sombría, pero era obvio que el mayor golpe sería en el Castillo Negro. Bueno, lo era para todos excepto para Bowen Marsh, quién había tenido la genial idea de repartir a sus hombres a lo largo del Muro mientras dejaba una guarnición esquelética en su castillo principal.

Como se extrañaba al Viejo Oso o a cualquiera de los exploradores más experimentados, ellos hubieran podido hacer entrar en razón al Viejo Granada… pero casi todos habían muerto en el Puño de los Primeros Hombres o en el Torreón de Craster. En el Castillo Negro solo quedaban los viejos, los tullidos y los reclutas que todavía estaban verdes. Había algunos como Donal Noye, Yoren o el propio Jon, hombres con el temple necesario para enfrentarse a los salvajes, pero la gran mayoría no estaban listos y tratarían de huir apenas las cosas se pusieran mal, y cuando lo hicieran…

De los que habían llegado con Yoren, tres ya habían escapado. "Los tres que venían de las celdas negras", en palabras del cuervo errante. Ya habían encontrado y ejecutado a dos, y nadie esperaba que el tercero pudiera seguir huyendo por mucho tiempo. Estaba claro que eran muestra de lo que ocurriría con el resto si eran presionados.

Su estómago se quejó del hambre. Decidió ir a visitar a Hobb Tresdedos lo antes posible, pero sus pasos lo dirigieron hacia la forja primero. Donal Noye era quién mandaba en el Castillo Negro en ausencia del Viejo Granada y si algo había sucedido mientras dormía él era la mejor fuente para averiguarlo.

Además, el manco herrero era una de las pocas personas con las que podía hablar sin que le mirara con desprecio.

Porque pese a que algunos simplemente le evitaban y los que eran sus amigos todavía lo trataban con aprecio, la verdad es que la mayoría de sus hermanos le seguían mirando con odio luego de lo que había tenido que hacer los últimos meses. Matar a Qhorin Mediamano, desertar de la Guardia y unirse a los salvajes… Jon estaba seguro que si no hubieran tenido al ejército de Mance Rayder a punto de atacarlos ahora mismo estaría compartiendo una celda de hielo con los thenitas que habían sobrevivido a la batalla.

El yunque y el martillo estaban cantando cuando se aproximó a la herrería, así que Jon asumió que Donal estaba trabajando. Por eso se sorprendió un poco cuando se dio cuenta que no era el herrero manco quién estaba ocupando las herramientas, si no el aprendiz que había llegado un par de días atrás con Yoren desde el sur.

-Oye. -saludó, un poco más brusco de lo que quería. El muchacho dejó de trabajar para fijar su mirada en él. Al principio parecía enojado de haber sido interrumpido, pero su expresión rápidamente cambio a una de curiosidad al reconocerle.

-Lord Nieve. -murmuró, algo inseguro.

- Así que Lord Nieve, ¿eh? ¿Quién te dijo que me podías decir así? -dijo Jon, aparentando estar ofendido.

-P-perdón mi señor, pero así es como os llaman el resto de los reclutas. Creía que era lo correcto. -se disculpó rápidamente el aprendiz, más avergonzando de lo que normalmente se esperaría de alguien tan corpulento.

-Tranquilo, solo estaba bromeando. -respondió Jon, un poco arrepentido de su acción. Trató de recordar el nombre del otro muchacho. -Gendry, ¿cierto?

-Si mi señor, llegué con Yoren desde Desembarco del Rey.

-Bueno Gendry, primero que todo no me llames señor. Soy Jon Nieve, un bastardo como cualquier otro. Puedes llamarme Jon y no me sentiré ofendido en lo más mínimo. -le dijo Jon, tratando de entregarle algo de confianza al muchacho, ya que parecía faltarle bastante. -Además no es necesaria tanta formalidad. Después de todo, pronto seremos hermanos. ¿Cuándo tomarás el juramento?

-Lo más probable es que mañana, mi señ.. Jon, Yoren nos había dicho que usualmente nos entrenan por unos meses antes de ello, pero con todo lo que está ocurriendo…

No era necesario que completara su frase para que Jon entendiera. Con todas las muertes que la Guardia había sufrido los últimos meses y el inminente ataque del ejército salvaje, necesitaban aumentar sus números con la mayor cantidad de hombres que pudieran encontrar, aunque eso obligara a que reclutas que todavía estaban verdes tuvieran que recitar el juramento antes de tiempo.

-Entiendo. -murmuró Jon, no sin algo de lástima. -Disculpa por preguntarlo tan directamente, pero viniste al Muro por tu propia voluntad, o para…

- ¿O para evitar la horca? -respondió el moreno, irónicamente. Negó con la cabeza. -Ni uno ni lo otro. Vine al Muro voluntariamente… pero la verdad es que tampoco tenía otra opción.

-¿En serio? -preguntó el norteño, intrigado frente a tal respuesta. El aprendiz asintió, antes de explicar su historia con un tono de voz amargo.

-Tenía un futuro en Desembarco del Rey. Era el ayudante de uno de los mejores armeros de la ciudad y tenía planeado iniciar mi propia herrería cuando aprendiera lo suficiente de él. Pero bueno, gracias al capricho de algún noble no fue así.

-¿Un noble? ¿Qué tienen que ver los nobles contigo? -Ya se habría enterado si el muchacho hubiera sido miembro de una familia poderosa, tanto legítimamente o de manera bastarda como él mismo. Los reclutas así eran poco comunes y los chismes corrían rápido en el Muro.

-Uno debe haber sido amigo de mi madre, porque pagó por mi aprendizaje cuando ella murió. -respondió Gendry, sin siquiera parpadear. -Nunca conocí a mi padre, así que sin ella quedé huérfano. Pero en vez de tener que ir a robar a las calles para no morir de hambre como hubiera sido lo normal, alguien a quién no recuerdo me llevó a la herrería de mi maestro, donde este me recibió y tomó como aprendiz. Al principio creí que lo había hecho por lástima, pero después me enteré de que le estaban pagando.

-No entiendo, si tu madre conocía a un noble, ¿porque nunca te tomó a su servicio o siquiera reveló su identidad ante ti? No tiene sentido que haya hecho algo así sin decirte nada. -había algo que no calzaba en la historia del muchacho, aunque Jon no lograba identificar que era.

-Son respuestas que tampoco sé, mi señor. Lo único que sé es que un día ese noble debe haber dejado de pagarle a mi maestro, porque me dijo que debía partir junto a la Guardia de la Noche si quería vivir. Fueron sus últimas palabras antes de entregarme mis cosas y cerrarme la puerta en la cara. -el desprecio y la amargura en su voz eran claros- Debe haber hablado con Yoren sin que lo supiera, porque me estaba esperando cuando llegué adonde él estaba. Partimos de la ciudad al día siguiente… y aquí estoy.

"Aquí estamos todos, somos las espadas en la oscuridad, los guardianes en el Muro."

-Una historia curiosa. -murmuró Jon, pensativo. -Pero bueno, pese a lo amargo que debe de haber sido para ti todo lo que pasó, no puedo negar que agradezco que ahora estés junto a nosotros. Donal es un excelente herrero, pero es el único del castillo… y es manco. Hacían faltas reclutas como tú. -estudió al sureño antes de continuar. Era corpulento, incluso para un herrero. Con un martillo de guerra debería ser imparable. -Dime otra cosa, ¿Sabes luchar?

-¿Luchar? -preguntó Gendry, confundido. Jon empezaba a creer que lo hacía con facilidad.

-Si Gendry, luchar. ¿Espada, arco, hacha, lanza? ¿Sabes ocuparlas?

El herrero enrojeció antes de negar con la cabeza. -Mi maestro decía que las armas que forjábamos eran para los nobles, no para la gente como nosotros. Aún así tenía planeado forjarme una espada propia con la que entrenar, pero no alcancé a hacerlo. La única vez que ocupé un arma fue cuando Yoren me mandó a cazar. La primera vez perdí cinco flechas y no logré cazar ningún conejo, así que supongo que no soy un buen arquero.

-Tendremos que cambiar eso pronto, necesitaremos todos los arqueros posibles cuando llegue Mance. -replicó Jon, recordando cual era el motivo que lo había llevado a la a la forja en primer lugar. Se apresuró a despedirse. -Si decides pelear con espada, no dudes en buscarme en el patio de armas para entrenar. Aunque si yo tuviera tu fuerza trataría con el hacha o con un martillo de guerra, debe haber alguno escondido en la armería que puedas ocupar.

-Lo haré mi señor, gracias por el consejo.

-Te dije que me llames Jon, todos somos hermanos aquí. Hablaremos pronto. -se despidió, antes de girarse.

Alcanzó a escuchar que el muchacho le respondía, pero no le prestó atención mientras salía al exterior. El frío hizo que se llevara involuntariamente las manos a los bolsillos y se maldijera por no haberse puesto guantes. Flexionó una y otra vez la mano que se le había quemado mientras caminaba hacia la cocina.

-Hobb, ¿Has visto a Donal? -le preguntó al cocinero, mientras hacía fila para recibir un cuenco con comida.

-Está arriba, subió hace un rato con Yoren. -respondió, sin que tuviera que explicar a qué se refería con arriba. Miró a Jon con expectación antes de preguntar- ¿Para que lo necesitas?

-Necesito hablar con él.

-Pues hazlo mientras comen. Toma, llévale un par de cuencos a él y a Yoren. Justo estaba buscando a alguien que lo hiciera. -replicó el cocinero, mientras hacía señas a un ayudante, quién le entregó una bandeja con comida suficiente para tres hombres a Jon.

-Lo haré, ¡gracias! -respondió el norteño. Salió de la cocina y caminó hacia la grúa a toda la velocidad que pudo sin que se le resbalara la bandeja. Llegó a él y poco después comenzó a subir.

No le tenía miedo a las alturas, así que se giró para mirar como el suelo se alejaba con cada segundo que pasaba. Por un instante pensó tontamente que así debían de sentirse los gigantes cuando miraban hacia abajo, pero pronto recordó que ya había conocido a algunos. Incluso pudo recordar la canción que los salvajes cantaban sobre ellos.

"Oh, soy el último de los gigantes

que aún no marchó a la última morada…"

Bajó la mirada, luchando contra las lágrimas al pensar en algo que le hiciera recordar a Ygritte. ¿Cómo los dioses podían ser tan crueles como para permitir que hubiera algo que te destrozara tan rápido? Él era suyo y ella era suya, pero gracias a una flecha y a una guerra todo había terminado en una pira funeraria.

"No sabes nada, Jon Nieve"

Se limpió las lágrimas antes de bajar del ascensor, donde poco después le recibió Yoren.

-Nieve, ¿qué haces aquí? -preguntó el cuervo errante, tan brusco como siempre.

-Traigo comida. -respondió el bastardo, indicando la bandeja que llevaba en las manos. El hombre más viejo asintió antes de ayudarlo a llevarla.

-El Muro tiene pocas cosas buenas comparadas con el resto del reino, pero que me parta un rayo si es que la comida de Hobb no es una de ellas. -murmuró, mientras caminaban hacia donde Noye estaba sentado.

- ¿En serio? Hobb es un buen hombre, pero no es exactamente el mejor cocinero de los Siete Reinos. -replicó Jon aún pensando en Ygritte, arrepintiéndose rápidamente tras ello.

-No todos crecimos alimentados por las cocinas del Señor de Invernalia, Nieve. -replicó Yoren, mirándole con reprobación. -Y créeme cuando te digo que hubiera matado por un plato de Hobb cuando se nos empezaron a acabar las provisiones y pensamos en comer insectos para no morir de hambre

-Perdón Yoren, hablé sin pensar. -respondió el bastardo, avergonzado. Tenía que sacarse a Ygritte de la cabeza si no quería seguir cometiendo errores estúpidos.

-Está claro que lo hiciste. -murmuró el reclutador. Parecía tentado a agregar algo más, pero se arrepintió en el último segundo. Permanecieron en silencio hasta que llegaron al lado de Donal, sentado entre un escorpión y una multitud de fardos con proyectiles.

-Jon. -dijo el herrero, antes de mirar la bandeja con comida. - ¿Te manda Hobb?

-Sí, aunque quería hablar contigo de todos modos. -respondió el norteño, depositando la bandeja entre los tres hombres.

- ¿Qué necesitas? -preguntó el manco, mientras tomaba uno de los cuencos de comida.

- ¿Pasó algo mientras estuve durmiendo? No quise molestar al maestre Aemon, así que podría haber llegado un dragón a Guardiaoriente y no me hubiera enterado. -dijo, tratando que la broma disfrazara su ansiedad.

- Sería algo ideal, ¿cierto? -replicó Donal, negando con la cabeza. -Nada nuevo todavía, aunque Mance debería llegar en cualquier momento.

-Comamos entonces, aprovechemos el tiempo que nos queda antes que el traidor de Rayder ataque. -los interrumpió el cuervo errante, obligándoles a concentrarse en la comida por unos minutos. Jon pensó que había llamado a Mance de esa forma para provocarle, pero si era así decidió permanecer callado para no darle en el gusto.

Los minutos pasaron mientras los tres cuervos comían y miraban el horizonte desde la cima del Muro. El viento era fuerte, pero sus capas estaban soportando bien el frío. El Bosque Encantando y algunos lagos se extendían ante ellos, pero era imposible divisar el Torreón de Craster, Arbolblanco o los Picos Helados desde allí. Aunque fuera la construcción más alta que los hombres habían construido, había ciertos privilegios que estaban reservados solo para los dioses.

"Y para los Targaryen, volando a lomos de sus dragones."

-Y dime Nieve, ¿Qué fue lo mejor de vivir con los salvajes? -dijo repentinamente Yoren, interrumpiendo los pensamientos de Jon. Esgrimió una expresión burlesca antes de seguir - Mejor no me lo digas, puedo imaginarme que fue.

-Deja en paz al chico Yoren, cualquier duda de su lealtad quedó demostrada en la batalla contra los Thenn. -respondió Donal, advirtiendo con la mirada a Jon.

"¿Por qué quiere provocarme?" pensó intrigado. De todos modos decidió no caer en su juego.

-No hubo nada bueno. Fue solo una misión y la cumplí como tal. -mintió el bastardo, mientras evitaba pensar en las risas que había compartido con Tormund, en el respeto que había llegado a sentir por Mance, o en las noches que había pasado junto a Ygritte.

-Estaba bromeando chico. Tengo claro que ustedes los Stark resisten mejor a las tentaciones que el resto de los mortales. -dijo el cuervo errante, intentando evitar que la conversación adquiriera un tono hostil.

-No soy un Stark, soy un Nieve.

"Llevas mi sangre, eso es lo único que importa."

-Conocí a Benjen, conocí a tu padre, conocí a tu hermano e incluso a tu hermana pequeña. A la mierda con los apellidos, eres un Stark. -replicó Yoren, despertando la curiosidad del norteño.

-¿Mi hermana pequeña? -tenía dos, pero había una a la que extrañaba mucho más. -¡¿Arya?!

- Yo debía llamarla Lady Arya. Pero sí, de ella estoy hablando. -respondió, mientras su cara abandonaba todo rastro de severidad. -Hablé con ella cuando pasamos por Invernalia al volver desde el sur. Digna hija de su padre, incluso a su edad. Espero de todo corazón que haya logrado escapar de los hijos de hierro.

"No tanto como yo, ni por cerca" pensó amargamente. Quería a todos sus hermanos, incluso a Sansa, quien siempre el miró despectivamente por ser un bastardo... pero Arya siempre ocuparía un aún más especial en su corazón.

-La Guardia no toma partido. -advirtió Noye, mirando sucesivamente al cuervo errante y a Jon.

-No, pero eso no quita que pueda desear que algo bueno le suceda a los Stark. Me importa una mierda si me gano las maldiciones de Cotter Pyke, lo que su gente hizo no tiene nombre. Una cosa es la guerra y la otra es atacar a alguien por la espalda.

-Quizá en eso estamos de acuerdo, pero aun así tenemos que recordar que nuestro enemigo son los salvajes, no los Greyjoy. Por más cercanía que tengamos con los norteños, no podemos olvidar nuestra neutralidad. Tenemos más hermanos que nacieron en las Islas de Hierro que dornienses o tormenteños, la Guarida no puede permitirse el dividirse por las disputas del sur.

Yoren aceptó sus palabras, no ocurrió lo mismo con Jon.

-Estás equivocado. -comenzó, aunque fue rápidamente interrumpido por el herrero.

-Jon, por lo que más quieras no sigas. Sé que te duele, pero ahora eres un hombre de la Guardia y debes olvidar tus lealtades anteriores. Todos tuvimos que hacerlo.

"Nunca dejaré de ser leal a mi familia, nunca"

-Quizás tienes razón, pero no era eso a lo que me refería. -respondió, sin mirar al manco.

-¿Entonces en que estoy mal? -preguntó, arqueando una ceja.

Jon se giró para mirarle directamente a los ojos antes de responder. -Sobre que los salvajes son nuestros verdaderos enemigos.

Ambos hombres viejos se incomodaron frente a sus palabras, Yoren mucho más que Noye, pero aún así Jon siguió.

-Vi lo que pasó en el Puño con mis propios ojos, y la docena de nuestros hermanos que sobrevivieron a él pueden confirmarlo. Ellos han vuelto… y no se detendrán hasta matarnos a todos.

-Aunque lo hayan hecho, igual tenemos que luchar con los salvajes primero. -fue la escueta respuesta del herrero.

-Y cuando los matemos a todos, ¿Qué pasará? -insistió el bastardo, ofuscado. -Les pasará lo mismo que a ese par de cuerpos que trajimos al castillo antes de la expedición. Se levantarán, se unirán a su ejército, y no descansarán hasta matarnos.

-O hasta que nosotros los matemos. -replicó Yoren.

-No se puede matar lo que ya está muerto. Podemos destruirlos con fuego cuando todavía son pocos, pero cuando son miles... bueno, pasa lo que pasó en el Puño. -respondió Jon, negando con la cabeza. -Y eso son solo los espectros, los Otros en sí… ni siquiera Mance logró derrotar a alguno.

-¿Y qué sugieres Jon? ¿Hablar con Mance Rayder? -el herrero señaló hacia el Castillo Negro, todavía con las marcas de la reciente batalla. -No están interesados en hablar, nuestros hermanos que murieron peleando con los thenitas son testigos de ello. Los salvajes quieren atravesar el Muro y pretenden matarnos a todos para lograrlo.

-¡Lo hacen porque creen que no hay otra opción! ¡Si le das la oportunidad Mance hablará!

-Y jamás podremos llegar a un acuerdo. Los salvajes no pueden llegar a los reinos. Si nosotros no lo evitamos, el Guardián del Norte lo hará.

-Dudo que pueda hacerlo mientras siga peleando con los Lannister y los Greyjoy… pero Noye tiene razón, Nieve. Los salvajes no pueden atravesar el Muro, he perdido demasiados amigos a sus manos como para permitirlo. -añadió Yoren, nuevamente sombrío.

"No lo entienden, nadie que no haya estado en el Puño puede hacerlo" pensó Jon, impotentemente.

-Entonces estamos condenados. -murmuró, con tristeza.

-No todavía Nieve, no todavía. -respondió el herrero, antes de suspirar y entregarle el cuenco con comida, ahora vacío. -Llévalos de vuelta a la cocina, fue suficiente charla por ahora.

-¿Llegará el día en el que puedan creerme? -insistió una última vez. - ¿Llegará el día en que la Guardia recuerde cuál es su verdadero enemigo?

-Quizás muchacho, pero no hoy… y no pronto. -respondió Yoren, entregándole su propio cuenco. Jon suspiró y dio media vuelta, caminando de vuelta hacía la jaula.

"¿Lograrían darse cuenta antes que de que fuera demasiado tarde?"

Lo más probable es que no, pensó amargamente mientras la jaula bajaba desde la cima hasta la base del Muro. Aún con el testimonio de la veintena de supervivientes del Puño de los Primeros Hombres y con el propio recuerdo de aquel par de espectros que habían revivido en el Castillo Negro unos meses atrás, el resto de la Guardia seguía sin prestar atención a la verdadera amenaza que había al otro lado del Muro.

Para Jon era casi absurdo, ¿de verdad creían que sus antepasados habían levantado un Muro de trescientos metros de altura solo para mantener alejados a otros humanos? Los Caminantes Blancos eran enemigos de la vida en sí, los animales muertos que les servían como esclavos eran prueba de ello. Si lograban atravesar el Muro, ¿habría alguien o algo que pudiera detenerlos?

En Invernalia la Vieja Tata les había contado muchas historias sobre la Larga Noche y el Último Héroe, quién tras perder a muchos amigos en la guerra había logrado derrotar a los Otros y expulsarlos hacia el Norte, donde poco después Brandon el Constructor había levantado el Muro para mantenerlos separados de los reinos de los hombres. Al principio Jon creía que solo eran historias, pero si los propios Otros habían vuelto…

Tenía que conversar con el maestre Aemon sobre ello, si había alguien en el Muro que podía saber algo al respecto, era él.

Y no era bueno dejar para más tarde lo que se podía hacer ahora mismo, así que tras dejar los cuencos en la cocina comenzó a caminar hacia las habitaciones del anciano Targaryen, donde esperaba poder conversar con él sobre las dudas que tenía.

Pero no llevaba ni la mitad del camino cuando tuvo que detenerse.

- ¡Jon! ¿Dónde estabas? ¡Llevamos veinte minutos buscándote! -anunció un jadeante Pyp, acompañado por Grenn.

-Estaba arriba con Yoren y Donal Noye. Ahora iba a hablar con el maestre Aemon, ¿qué pasa Pyp? -preguntó Jon, curioso. Fue Green el que respondió.

-Pues es tu día de suerte, porque nosotros venimos de hablar con el maestre Aemon… y nos pidió que te buscáramos para contarte las noticias.

El pecho de Jon se enfrío instantáneamente, mientras su mente imaginaba un millón de situaciones horribles. - ¿Qué noticias Grenn? ¿Qué pasó como para que estuvieran buscándome?

Pero las expresiones de sus amigos estaban lejos de ser sombrías.

Por el contrario, eran alegres.

-Llegó una carta de Último Hogar. Está dirigida a ti. -Pyp sacó un pergamino entre sus mangas y se la entregó. El bastardo comenzó a leerla mientras su amigo seguía hablando. - ¡Vienen hacia aquí Jon ¡Podrían llegar al Castillo Negro en dos o tres días!

La alegría de Pyp era más que entendible, ya que ahora no los hombres de la Guardia no estarían peleando solos contra Mance Rayder… pero para Jon eso era algo poco importante comparado con la otra noticia que la carta traía.

-Está bien, ella y los demás están bien. -murmuró, apenas pudiendo contener las lágrimas de la felicidad. Una sonrisa se formó en su cara por primera vez desde la muerte de Ygritte. -¡Ellos están bien!

"Mis hermanos están bien"

-*-*-*-*.

Los dos toques de cuerno habían sonado por primera vez hace casi media hora, provocando que casi todos los hombres de la Guardia corrieran estrepitosamente a sus puestos de combate. Los pocos exploradores que quedaban en el Castillo Negro se habían unido a la mayoría de los mayordomos en la cima del Muro, listos para lanzar todo lo que tenían al ejército salvaje que comenzaba a aglomerarse al otro lado de la fortificación. Mientras tanto, los constructores y el resto de los mayordomos se encargarían de vigilar la puerta, preparándose incluso para demolerla si era necesario. Jon rogaba a todos los dioses que no fuera necesario, porque si lo hacían no habría vuelta atrás.

Pero en cuanto al propio Jon, él era uno de los pocos que no había corrido a su puesto al momento de escuchar el cuerno. Tenía cosas más importantes que hacer.

Como recibir a la familia a la que creía que había perdido.

Los reconoció inmediatamente, cabalgando a la cabeza del ejército que habían traído consigo al Muro. Ambos estaban vestidos con los mismos ropajes grises, pero uno era alto y pelirrojo mientras que su acompañante era un poco más pequeña y tenía el mismo pelo oscuro de Jon.

Cuando lo divisaron, picaron espuelas para encontrarse con él. Jon hizo lo propio. Se encontraron a mitad de camino y solo un par de segundos después ya estaba abrazando a ambos.

-Benditos sean los dioses, los viejos, los nuevos, benditos sean todos ellos. -murmuró, apenas conteniendo las lágrimas. El poder abrazar a sus hermanos después de tanto tiempo alivió en parte el permanente dolor que había estado sufriendo hace meses.

-No sabes cuánto te extrañé. -murmuró Arya, quién no podía contener las lágrimas con tanto éxito como Jon.

Su hermanita había crecido mucho más de lo que había esperado, en su juvenil rostro ya casi no quedaban rastros de aquella niña flaca que había dejado en Invernalia. Lo mismo ocurría con Bran, que había permanecido en silencio y solemne pese al abrazo. Si bien todavía era imberbe, su hermano había ganado bastantes centímetros desde la última vez que le había visto, ya estaba próximo a alcanzar al propio Jon y si bien el bastardo nunca había destacado por su altura, eso no quitaba el hecho que su hermano sería bastante alto cuando terminara de crecer.

-Y yo a ti, a todos. -respondió mientras se separaban, incapaz de no sonreír...

Pero esa sonrisa pronto desapareció cuando recordó lo que había pasado desde que se habían separado.

-Por favor, perdónenme. Cuando me enteré de lo de padre lo único que quería era tomar mis cosas y volver a Invernalia para poder estar con ustedes, pero ya había tomado mis votos y no podía hacerlo sin quedar como un desertor. No saben cuánto me arrepiento.

-No hay nada que perdonar Jon, no te culpes a ti mismo por cosas sobre las que no tenías poder alguno. -respondió Bran solemnemente. -Lo importante es que estamos todos bien… y que ahora podemos enfrentar el futuro juntos.

-No te pongas tan serio Bran, no quiero que asustes a Jon todavía. ¡Acaba de volver a vernos! -replicó Arya, mientras lanzaba un puñetazo amistoso a su hermano. Aun así, a Jon no se le escapó la preocupación que reflejaba su mirada mientras hablaba.

-No te preocupes por mí hermanita, créeme cuando digo que ya no hay muchas cosas que puedan asustarme. -dijo Jon, buscando tranquilizarle. Dos formas peludas comenzaron a acercarse mientras hablaba, reconociéndoles como los huargos de sus hermanos, tan grandes como el propio Fantasma. Recordar que el Muro le separaba de su lobo le entristeció por un instante, pero se olvidó de ello cuando Nymeria comenzó a lamerle los dedos de su mano quemada.

-No me digas hermanita, ¡ya no soy pequeña! -bromeó la Stark.

-Yo no estaría tan seguro de eso… -murmuró Bran desde su costado, listo para esquivar un posible nuevo golpe de su hermana.

-Si, has crecido Arya… pero lo lamento, sigues siendo mi hermanita. -respondió el bastardo, sonriendo. -Pero bueno, si de verdad no quieres que te diga así, te puedo llamar de otra forma…

-Solo bromeaba, me gustas que me digas hermanita. Hubo momentos en los que no sabía si volverías a hacerlo... -murmuró la muchacha, bajando la mirada.

-Y hubo momentos en los que yo tampoco creía que volvería a verlos... -replicó, poniendo una mano sobre el hombro de su hermana para que volviera a levantar la vista. La miró directamente a los ojos antes de seguir. -… pero Bran tiene razón cuando dice que lo importante es que ahora estamos juntos, démonos el gusto de olvidarnos del pasado por un tiempo.

Arya asintió, aunque se mordió el labio antes de responder. -Lo haré… pero eso no significa que no me gustaría saber lo que has hecho todo este tiempo. Robb mandó unos hombres a buscarte, pero cuando volvieron a Invernalia me dijeron que estabas en una expedición al otro lado del Muro.

-Por supuesto que les contaré lo que me ha pasado, pero espero que ustedes hagan lo mismo conmigo. -replicó guiñándoles un ojo, antes de que su corazón diera un vuelco al caer en cuenta del final de las palabras de su hermana. - ¿Robb mandó unos hombres a buscarme?

"¿Podría ser para lo que creo?"

Arya miró por un segundo a Bran antes de asentir. -Sí, lo hizo, pero creo que eso es algo que debemos hablar más tarde. No es fácil de explicar.

-No lo es, pero tarde o temprano todo saldrá bien. Te lo prometo. -aseguró Bran a su hermana.

-No me puedo acostumbrar a esto. -murmuró la Stark, moviendo la cabeza de un lado al otro.

-¿De qué están hablando? -preguntó Jon, harto de que hablaran como si él no estuviera ahí.

Bran clavó su mirada en él antes de responder y Jon pudo notar por primera vez que los azules ojos Tully de su medio hermano tenían vetas verdes. No sabía cómo no lo había notado antes.

-Lo sabrás Jon, más pronto de lo que crees.

El Stark montó su caballo antes de que Jon tuviera tiempo de decir algo más.

-*-*-*-*.

Casi todos sus hermanos de la Guardia estaban arriba del Muro o preocupados de organizar las defensas de la puerta, asi que fue Jon el que tuvo que encargarse de recibir y dirigir a los soldados norteños dentro del Castillo Negro. En realidad no eran tantos como se había imaginado al principio, probablemente no más de dos o tres mil… pero eran los suficientes como para que ahora tuvieran una posibilidad real de vencer al ejército de Mance.

Después de todo, su padre le había dicho que un hombre arriba de un muro valía por diez que estuvieran debajo, Jon suponía que esa ventaja aumentaba aún más cuando dicho muro tenía trescientas varas de altura.

-¿Hay alguna noticia de Domeric? -le preguntó a Arya mientras bajaban de la Torre del Rey, la mejor de todo el castillo y que serviría de hogar para ella y Bran durante su estadía en el Muro.

Tan misterioso como en su reencuentro, Bran les había anunciado que tenía que hablar con un tal Jojen y se había separado de Jon y Arya. Tras tanto tiempo separados, al bastardo le hubiera gustado hablar de otras cosas con su hermana, pero había otros asuntos inconclusos que eran más urgentes.

La carta que había llegado desde Último Hogar unos días atrás no solo le había informado sobre la supervivencia de Arya y Rickon, sino que también de lo que Bran y Dom habían decidido hacer tras ello. Sabiendo que junto con ayudar al Muro aún tenían que expulsar a los krakens que todavía quedaban en el Norte, el Bolton y el Stark habían decidido dividir el ejército que habían traído desde el Sur. Una parte estaba al mando de Bran y era la que había traído consigo al Castillo Negro, y la otra era liderada por Domeric, la cual se juntaría con los clanes de las montañas y las reservas de los señores norteños para pelear con los Greyjoy.

El Norte era grande y los hijos de hierro habían conquistado casi toda su costa oeste, así que incluso en el mejor de los casos Dom se demoraría en terminar su misión. Lo único bueno de todo era que el Bolton tenía de prisionera a la última hija de Lord Greyjoy, así que quizás podría convencer a algunos krakens que se rindieran en vez de tener que derrotarlos en el campo de batalla.

En cuanto a Arya y Rickon… al parecer Robb les había ordenado que se refugiaran en Puerto Blanco hasta que Invernalia fuera reconstruida, pero ambos Stark se habían negado tajantemente y habían anunciado que irían junto a Bran hacia el Muro. Tras muchísimas discusiones, habían logrado que Rickon accediera a quedarse en Último Hogar junto a los Umber… pero no había ocurrido lo mismo con Arya, quien finalmente vio satisfecho su deseo de poder unirse al ejército que se dirigía al Muro.

-Nada todavía, pero debería estar llegando a Bosquespeso. -respondió la Stark, estudiando los diferentes edificios del Castillo Negro con interés. -Me dijo que era muy difícil que pudiera unirse a nosotros pronto.

Jon asintió. -Bosquespeso debe ser solo su primera parada. Después debe ir a la Costa Pedregosa, los Riachuelos y quizás incluso a Fuerte Túmulo…

-Fuerte Túmulo no, se lo pregunté y me dijo que estaban bien. Los hombres de hierro intentaron tomar el pueblo, pero lograron rechazarlos. -replicó su hermana, interrumpiéndole. Continuó hablando después que Jon le dirigiera una mirada inquisitiva. -Lady Dustin es su tía.

-¿Y por qué querías hablar con Domeric sobre su tía? -insistió, arqueando una ceja. El bastardo conocía a su hermana y sabía cuándo estaba contando menos de lo que realmente sabía.

-Por curiosidad. -respondió rápidamente Arya, aunque tras la mirada impasible de Jon decidió explayarse un poco más. -Conversé bastante con ella durante el festival de la cosecha en Invernalia. Me pareció que lo mínimo que podía hacer era averiguar si estaba bien, al fin y al cabo, los Dustin son nuestros vasallos.

-Padre decía que siempre es bueno preocuparse de los vasallos de uno. Al fin y al cabo ellos son los que pelean nuestras guerras. -murmuró Jon, un poco triste al recordar a Lord Eddard.

-Padre tenía razón en casi todo. Nos dijo que los Lannister no eran de confiar, y bueno…

-No lo sé Arya, no creo que sea justo decir que todos los Lannister son igual de malos que la Reina o Joffrey. Tyrion me acompañó durante el viaje de Invernalia al Muro y fue un compañero bastante agradable. Además, ha sido el único noble que ha visitado a la Guardia desde que yo estoy aquí. Creo que eso habla bien de él.

-No conocí al Gnomo… pero supongo que tienes razón. -admitió su hermana, un poco incómoda. -Quizas lo que padre decía sobre los Lannister era solo sobre la Reina y Joffrey. Myrcella era una buena persona, tan inocente como Sansa pero mucho más dulce. Y Tommen era un niño, todavía recuerdo que se demoró casi un mes en reunir el valor suficiente para preguntarle a Bran si podía tocar a Verano. Si no se hubieran parecido, jamás hubiera dicho que eran hermanos de Joffrey e hijos de la Reina.

-Y del Matarreyes. -añadió Jon, quién observó como la incomodidad de la Stark crecía aún más. -Hijos de la Reina y del Matarreyes, bastardos nacidos de incesto, si recuerdo bien lo que dijo la carta de Stannis.

-No lo sé Jon, eso es lo que decía Stannis, pero ¿por qué habríamos de creerle? -murmuró su hermana. -Si lo que decía era cierto resultaba demasiado conveniente para él, siendo el heredero al Trono después de Joffrey y Tommen.

-Estamos hablando de la Reina y del Matarreyes, hermanita. Estamos hablando de quién ordenó apresar a nuestro padre y de quién asesinó por la espalda al Rey que había jurado proteger. No entiendo porque sería tan difícil de creer. -replicó el bastardo, más duramente de lo que esperaba. Aun así, se sorprendió cuando su hermana le respondió del mismo modo y casi sonando ofendida.

-Lo dices porque no conoces a Ser Jaime y solo sabes de él lo que dicen los chismes de viejas. Es alguien orgulloso, pero no es una mala persona. No se acerca ni por cerca a Joffrey o a la Reina.

- ¿Lo que dicen los chismes de viejas? ¡Arya, nuestro padre no era ninguna vieja y sabes perfectamente lo que opinaba de ese Lannister! ¡Es un asesino y un rompejuramentos!

Su hermana titubeó frente a la mención de su padre, pero aun así insistió. - ¡Lo decía porque no lo conoció tan bien como nosotros!

-Una vez me contó cómo lo encontró sentando en el Trono de Hierro después de asesinar a Aerys. Creo que eso explica bastante bien el tipo de hombre que es. -respondió Jon sombríamente. No quería discutir con Arya, pero tampoco podía comprender que defendiera al Matarreyes. -No hay nada que pueda cambiar...

-¡Por los dioses Jon, fue gracias a su ayuda que pudimos escapar de la capital! -explotó su hermana, interrumpiendo a Jon en medio de su frase. Arya pareció arrepentirse de su exabrupto, porque empezó a buscar en todas direcciones por si alguien la había escuchado.

- ¿Qué? Nadie me había contado eso… -murmuró, confundido.

"No sabes nada, Jon Nieve."

-Robb dijo que teníamos que mantenerlo en secreto para evitar que Joffrey o la Reina se enteraran y lo acusaran de traición. -respondió Arya, un poco triste. -Perdón por no habértelo dicho antes, pero de verdad que no queríamos arriesgarnos.

-No me pidas perdón hermanita, mejor cuéntame que fue lo que pasó. Es una historia que me interesa escuchar.

-La noche que el Rey Robert murió, padre se despidió de nosotros y nos ordenó escapar al Norte en una galera lysena que había encontrado. Nos envió con Harwin y una decena de guardias para que nos escoltaran en el camino de la Fortaleza Roja a los muelles. Partimos antes de que amaneciera, con la esperanza de que nadie se enterara de lo que estábamos haciendo… obviamente, no fue así.

"Desembarco del Rey es un nido de víboras, y cada una busca asegurarse a sí misma aprovechándose de las otras. No se puede confiar en nadie", no recordaba si eso se lo había dicho su padre o Tyrion Lannister, pero estaba claro que sus palabras tenían razón.

-Alguien los delató. -murmuró, a lo que su hermana asintió.

-Nos emboscaron en las puertas de la ciudad, capas doradas en servicio de la Reina. Nos superaban mucho en número y no demoraron en matar a Harwin y el resto de nuestros guardias. Afortunadamente deben haberles dicho que nos querían vivos, así que Bran y Edric pudieron resistir un poco de tiempo más al buscar desarmarlos… y no matarlos. No fue tanto tiempo la verdad, pero a la larga nos terminó salvando.

Arya suspiró antes de continuar, mientras Jon la miraba expectante.

-Aprovecharon que Bran y Edric estaban rodeados para tomar a Sansa y llevársela devuelta al castillo. Traté de impedirlo, pero antes de que pudiera alcanzarlos otro guardia me tomó a mí para hacer lo mismo. Forcejeé con él, pero era demasiado fuerte…

-Eras una niña contra un hombre adulto, no podrías haberlo evitado. -le interrumpió, sintiendo su sangre arder al pensar en alguien secuestrando a su hermana de esa forma.

-Ya te dije que ya no soy una niña, estoy más cerca de los quince que de los catorce...

-Y entonces tenías trece, o menos. Da igual Arya, un hombre adulto es más fuerte que cualquier mujer, sea niña o adulta. -levantó las manos antes que su hermana protestara. -Lo que no significa que una mujer no pueda vencer y matar a un hombre. Y créeme, no lo digo solo por Nymeria o Visenya Targaryen.

"Lo digo por Val y el resto de las mujeres del acero. Lo digo por Ygritte." pensó, con el corazón apretado.

-Qué bueno que lo digas, porque tu hermana pequeña recordó que el hermano que más quería le había regalado una espada… y no dudo en usarla. -replicó Arya, arqueando las cejas.

-¿Aguja? -preguntó, a lo que su hermana asintió, mostrándole que bajo su capa la delgada espada braavosi le colgaba de la cintura.

-Cuando estábamos en el sur, padre contrató a un maestro braavosi para que me enseñara a ocuparla. No soy una danzarina del agua todavía, pero sé ocuparla bastante bien. Ese capa dorada y varios hombres de hierro pueden confirmarlo.

A Jon le sorprendió primero que su hermana le anunciara que había matado a alguien, luego que había sido a varios y no solo a uno, y finalmente la indiferencia con lo que lo dijo. Luego pensó en todo lo que ella y el mismo habían visto y tenido que hacer desde que se habían separado, y su sorpresa se esfumó, siendo reemplazada por un poco de preocupación, pero más que nada por curiosidad.

-¿Cómo lo hiciste?

-El guardia creía que estaba desarmada y ni siquiera sentía mis manotazos, así que no me prestó atención mientras me llevaba a la Fortaleza Roja. Aproveché eso para desenvainar a Aguja sin que se diera cuenta… y se la clavé en la espalda, una y otra vez.

Jon notó un pequeño temblor en la voz de su hermana al decir eso. Parecía que pese a la seguridad que aparentaba al hablar, esa muerte había afectado a su hermana más de lo que quería admitir.

"Tú no mataste a nadie antes de ese grupo de salvajes que estaban con Ygritte en los Colmillos, y en ese entonces ya tenías diecisiete. Arya tenía trece cuando tuvo que matar a ese guardia." le recordó su conciencia.

-Es más fácil de lo que uno piensa, ¿cierto? -murmuró, mientras pensaba en otras palabras con las que podría consolar a su hermana si se volvía necesario. La Stark asintió, mordiéndose el labio.

-Demasiado fácil. Pero bueno, hice lo que tenía que hacer… y no me arrepiento.

-Y no deberías. -replicó Jon. Era la amarga verdad, el mundo era duro y ellos tenían que serlo aún más si querían sobrevivirlo. El invierno se acercaba, siempre lo hacía... pero ahora más que nunca. - ¿Qué pasó después? ¿En qué momento apareció Ser Jaime?

-Debe haberlo hecho mientras mataba al guardia. Quedé paralizada tras matarlo, casi sentí que el tiempo se detenía mientras su sangre corría por mis brazos. Quizás me hubiera quedado ahí para siempre si Edric no hubiera aparecido y me hubiera alejado de allí. Caminamos hacia la puerta y ahí estaba, de yelmo, armadura y capa blanca… y manchado con la sangre de los hombres de su hermana. Tenía a Bran en sus brazos, inconsciente.

"El chico estará bien, pero deben irse ahora" recuerdo que nos dijo. Nos sonrío, dijo unas últimas palabras de despedida y se fue, tan rápido como había llegado. Nos llevamos a Bran a los muelles, subimos a la nave lysena y partimos de la ciudad. A salvo… pero dejando a padre y a Sansa detrás. Nunca me perdonaré eso, pero tampoco puedo olvidar que fue gracias a Ser Jaime que Bran, Edric y yo pudimos escapar.

Su hermana lo miró a los ojos antes de continuar.

-¿Entiendes ahora porque digo que no es una mala persona? ¿Entiendes por qué me enoja que hablen mal de él?

Jon no respondió, pero asintió. Era difícil decir algo cuando te contaban algo que cambiaba completamente la opinión que tenías sobre una persona.

-Si esto me lo hubiera dicho alguien que no fueras tú, no le hubiera creído. Es realmente increíble…

-Tú mismo dijiste que el Gnomo no es una mala persona. Quizás Ser Jaime se parece más a él que a la Reina. -la muchacha bajó la mirada. - Los soldados que vinieron del sur dicen que mató a Stannis en combate singular. Supongo que no debería sentir nada… pero la verdad me alegro de que haya triunfado. Estamos en deuda con él.

-Quizás tengas razón hermanita, pero es mejor que te guardes esos pensamientos. Estamos en guerra contra los Lannister y nuestros hombres tienen familiares y amigos peleando contra ellos en el sur...

-¿Estamos? ¿Nuestros? -preguntó Arya, arqueando una ceja. Comenzó a reír cuando Jon se dio cuenta de su error. -Lo haré Jon, pero creo que tú también deberías cuidar tu lengua mientras hablemos de la guerra. No creo que al resto de la Guardia le guste escucharte hablar de esa forma.

-Lo intentaré. -respondió el bastardo, sonriendo. Su hermana le devolvió la sonrisa y durante unos instantes casi se sintió como si estuviera devuelta en Invernalia, cuando la vida era más simple y alegre. Pero ese momento se terminó apenas notó a uno de sus nuevos hermanos acercándose.

-¿Jon? -preguntó el cuervo, inseguro. Era Seda, el recluta de cara dulce de Antigua que había luchado a su lado en la batalla contra los thenitas.

-Seda. -replicó el bastardo, curioso. Al ver lo dubitativo que estaba su compañero por la presencia de Arya decidió presentarla. -Mi hermana, Arya Stark de Invernalia.

-Un gusto, aunque no era necesario que me lo dijeras para saber que era tu hermana. Ambos se parecen muchísimo. -dijo Seda, mientras Arya le saludaba con un gesto.

-No eres el primero en decirlo amigo mío. -respondió Jon, sonriendo por un instante antes de volver a estar serio. -¿Qué necesitas?

-Donal Noye te necesita arriba del Muro, dice que la batalla va a comenzar. -Seda señaló a su hermana antes de seguir. -Me pidió que también le avisara a Lord y a Lady Stark, es hora de planificar las posiciones que sus hombres van a ocupar.

-Robb es el Señor de Invernalia, Bran y yo solo somos sus hermanos. -replicó Arya, seria. -Pero bueno, si la Guardia nos necesita, ahí estaremos.

-Dile a Donal que estaré ahí lo antes posible. Buscaré a mi hermano antes de subir. -añadió Jon, pensando en donde podría estar Bran.

-Lo haré, nos vemos arriba.

Seda partió antes de que pudiera decir algo más. Jon miró a Arya antes de preguntar.

-¿Alguna idea de donde está Bran? ¿Quién es ese tal Jojen?

-Es un lacustre, el hijo menor de Lord Reed. Él y su hermana Meera han sido mis compañeros incluso desde antes de la invasión Greyjoy. -su hermana le pegó un puñetazo amistoso al ver su expresión de duda. -Te caerán bien. Vamos, Jojen había dicho que quería hablar con tu maestre y Bran debe de estar con él.

-¿Hablar con el maestre Aemon? Que extraño... -respondió el Nieve, curioso al pensar porqué un lacustre querría hablar con el anciano maestre. -Sígueme, sus habitaciones son por acá.

Comenzaron a caminar nuevamente por el Castillo Negro, mientras norteños y hombres de la Guardia les miraban con curiosidad. Reconoció algunas caras como la de Gendry o Pyp, pero no les prestó atención. De un instante a otro recordó que pronto habría una matanza y el encontrar a Bran para poder subir al Muro se convirtió en lo único importante.

Afortunadamente lo hizo pronto, ya que su hermano estaba en las afueras de la torre que servía como hogar del anciano Targaryen. De pie junto a Verano y el par de jóvenes que solo podían ser los Reed de los que Arya le había hablado, parecía que su hermano le había estado esperando.

-Bran. -saludó al llegar a su lado.

-Jon. -replicó el Stark simplemente. Suspiró antes de continuar. -¿Necesitan que subamos el Muro, cierto?

El bastardo asintió. -La batalla va a comenzar, y Noye necesita que decidamos como vamos a utilizar a los hombres que trajiste.

-Algunos arriba y otros abajo. Lo único importante es que matarán a tantos salvajes como puedan. -replicó Bran, suspirando. -¿De verdad no hay otra opción?

Jon iba a responder, pero el lacustre más joven se le adelantó.

-No Bran, no la hay… aún. Hasta entonces, tendremos que hacer lo que se deba hacer. -respondió el tal Jojen, quién poseía los ojos más extraños que el bastardo había visto en su vida. Excluyendo a los espectros, obviamente.

-Que así sea. -murmuró el Stark, casi triste.

Jon iba a decir algo, pero nuevamente un Reed se le adelantó. En esta ocasión fue la tal Meera, quién susurró unas palabras al oído de Bran logrando que casi sonriera por un instante. Jon miró a Arya y arqueó una ceja, pero su hermana solo sonrío.

-Vamos Jon, que empiece esto de una vez. -anunció Bran.

El bastardo asintió y comenzó a dirigirse hacia el ascensor, con Arya a su lado y Bran con los Reed a sus espaldas. El cuerno comenzó a sonar nuevamente desde lo alto del Muro, el tiempo se les estaba acabando… pero Jon se sentía en paz.

-¿Sabes algo hermanita? Lo que ha pasado desde que nos separamos ha sido horrible y probablemente nunca podré olvidarlo… pero aun así, estoy agradecido de poder estar nuevamente junto a ustedes. Me da nuevas fuerzas para soportar lo que se aproxima, y la esperanza de que lograremos vencer. -murmuró, sin mirar su hermana pero sabiendo que entendería a lo que se refería.

-Y volver a verte me da fuerzas a mí. No sabes cuantas. -respondió Arya, tomando y apretando su mano. -Te quiero Jon.

-Y yo a ti hermanita.

La muerte y el frío se aproximaban inexorablemente a pasos agigantados a los reinos de los hombres. El propio Jon ya había sufrido la pérdida de varias personas que quería… pero en ese preciso instante no le importaba. Estaba devuelta con su familia, o por lo menos con parte de ella, y eso era lo único que importaba.

El lobo solitario moría, pero la manada sobrevivía.

-*-*-*-*.

JAIME

La lluvia había convertido el Camino Dorado en un verdadero barrial. Por suerte la tormenta había comenzado cuando su hueste ya estaba llegando a las colinas del Oeste, así que no les retrasaría tanto como podría haberlo hecho si hubieran seguido en las tierras de nadie que había entre el Dominio y las Tierras de los Ríos.

La noche ya había caído, así que la mayoría de sus hombres estaban descansando en los pabellones y tiendas que habían armado cuando Jaime ordenó detener la marcha hasta la siguiente jornada. Sabía que su padre se enfurecería si llegaba a enterarse que le había desobedecido y no estaba avanzando a marcha forzada como le había ordenado, pero la verdad, al Lannister no le importaba mucho.

Ya que, por una parte, estaba seguro que uno o dos días no harían gran diferencia en la invasión del Oeste que Robb Stark estaba liderando… y por otra, Jaime ya había hecho otras cosas que eran alta traición, así que una simple desobediencia no cambiaría mucho las cosas.

Y hablando de traiciones, era hora de convertir a algunos amigos en conspiradores.

-Tommen. -llamó, sentado mientras leía las cartas que unos jinetes habían traído desde la capital.

-Tío. -respondió su regordete sobrino que le servía como escudero, sin poder disimular completamente el sueño que tenía.

-Necesito que busques a algunas personas y les digas que tengo que hablar con ellas. -anunció.

- ¿A esta hora? -preguntó el joven príncipe, perplejo.

-Si Tommen, ahora. -respondió Jaime, intentando no ser tan severo como para asustar al muchacho. -Addam Marbrand, Lyle Crakehall, Balon Swann, Thoros de Myr y Sandor Clegane. Avísale a cada uno que debo hablar con ellos ahora. No aceptes un no por respuesta, ¿entendido?

-Si tío, lo entiendo. -respondió el muchacho, antes de despedirse con una reverencia. -Volveré lo antes posible.

"Eso espero" pensó el Lannister, pero no dijo nada y se limitó a asentir mientras su sobrino salía de la tienda. Esperó que desapareciera entre la oscuridad del campamento antes de pararse y caminar hacia la entrada de su pabellón, donde dos centinelas hacían guardia.

-Pueden irse a descansar, tengo asuntos privados que hacer ahora y no necesitaré de su presencia. -les ordenó, levantando la tela que servía como puerta .

- ¿Mi señor? -preguntó uno de los guardias, confundido.

Jaime señaló hacia la joven mujer encapuchada que estaba esperando a cierta distancia, escondida entre las sombras. Comenzó a acercarse tras un gesto del Lannister. El guardia comprendió de inmediato.

-Os dejaremos solo, mi señor. Que tengáis una buena noche. -se despidió el guardia, haciendo una mueca burlesca al decir eso último. Se alejaron mirando de reojo a la mujer que se acercaba al pabellón, uno incluso le lanzó un beso cuando pasó a su lado.

Jaime no dijo nada, haciéndole un gesto para que entrara a la tienda. Le ofreció uno de los asientos del interior cuando lo hizo, el cual aceptó.

- ¿Quieres algo de vino? -preguntó, esperando su respuesta para decidir cuantas copas llevaba a la mesa.

-No mi señor, gracias. -respondió Sansa, retirando la bufanda que cubría la parte baja de su cara. No hizo lo mismo con la capucha. - ¿Será esta noche?

Jaime asintió. -Sí, ya estamos lo suficientemente lejos de Desembarco y necesitaré de la lealtad de Ser Addam y Ser Lyle si queremos tener éxito en las próximas semanas. No podremos mantener el secreto por mucho más tiempo si ellos no colaboran.

Sansa asintió, sin mirarlo a los ojos. Había ojeras bajo esas luces azules -¿De verdad no hay otra opción?

-No, mi señora. No la hay. -respondió el Lannister, no sin amabilidad. Se sentó y se sirvió una copa de vino antes de continuar. -En fin, sé que un ejército en campaña no es exactamente el lugar más cómodo que existe, pero fuera de eso, ¿está todo bien?

-Si mi señor, todo está bien. -respondió la Stark, automáticamente.

Jaime se hubiera hartado si no supiera todo lo que la muchacha había soportado los últimos meses. Tras un par de segundos de duda finalmente decidió contarle las noticias, con la esperanza de que ayudarían a convertirla en una compañera más conversadora.

-Llegaron jinetes de Desembarco hace un par de horas. Traían cartas de Tyrion y Varys. -anunció, observando atentamente la reacción de la norteña. Finalmente lo miró a los ojos al escuchar el nombre del eunuco.

- ¿Varys? -preguntó, con algo que Jaime no pudo decidir si era curiosidad… o esperanza.

-Y Tyrion. -respondió el caballero. -Al parecer han pasado varias cosas desde que partimos de la ciudad.

-¿Cómo qué?

-Como que mi señor padre partió junto a los Tyrell al norte, hacia Harrenhal, donde el ejército combinado del Valle, el Tridente y el Norte los esperan. Planean entrar en combate con ellos antes de que cambie la luna.

-Ah. -respondió la norteña, tratando de aparentar indiferencia. Jaime obviamente notó que no era real. -¿El ejército del Norte está en Harrenhal? Creía que Robb estaba en Aguasdulces…

-Lo estaba, junto a la otra mitad del ejército norteño que no está en Harrenhal con Lord Royce. Ahora deben estar en el Colmillo Dorado, esperando que caiga antes de avanzar hacia el Oeste. Si los dioses nos sonríen llegaremos a mis tierras antes de que eso pase.

-Ruego que así sea. -replicó Sansa, sinceramente. -Debo admitir que me parece curioso que el ejército de vuestro padre y el de Lord Tyrell hayan partido tan rápido de la capital. Harrenhal está lejos, Rocadragón en cambio…

"Chica lista"

-Bueno, no podemos hacer nada sobre Rocadragón sin una flota, y la única que tenemos que puede enfrentarse a la de los Velaryon es la de los Redwyne y el Señor del Rejo se niega a abandonar su hogar hasta que los Greyjoy sean derrotados. -decidió no seguir hablando de los krakens al notar como desapareció el color de la cara de la Stark al nombrarlos. -En cuanto a porque mi señor padre y Lord Tyrell partieron tan rápido de la capital… la verdad, no es algo tan difícil de entender. Tu más que nadie deberías saberlo.

-¿En serio? -preguntó Sansa, sorprendida. -¿Por qué decís eso?

- Porque tu conociste la verdadera naturaleza de mi sobrino. -respondió simplemente. La Stark lo miró extrañado por unos segundos antes de entender.

-Lord Tywin teme Joffrey haga una estupidez.

Jaime asintió. -La alianza del león y la rosa solo se mantiene gracias a que los Tyrell quieren una corona y Margaery les puede dar una cuando tenga un hijo con Joffrey... pero, ¿qué crees que pasará cuando Lord Tyrell descubra que el esposo de su pequeña rosa es Maegor el Cruel renacido?

-Se arrepentirá.

-No solo eso. Quizás ya no puede hacer nada para anular el matrimonio al ya haber sido consumado, pero Margaery tiene un hermano en la Guardia Real, y bueno…

"Ya hubo un guardia real que asesinó al rey que juró proteger. Esa puerta está abierta." No era necesario que lo dijera, Sansa había entendido perfectamente.

-Alguien haría una estupidez, y la rosa y el león pasarían de la cama al campo de batalla. -lo miró a los ojos antes de seguir. - ¿Es por eso que partieron de la capital, no es cierto? Vuestro padre pretende debilitar a los Tyrell enfrentando a su ejército con el Lord Royce… y pretende hacerlo antes de que Lord Tyrell pueda enterarse del tipo de hombre que Joffrey es.

-Veo que mi hermano te enseñó bastante.

-En realidad no fue solo vuestro hermano, fue todo lo que ha pasado desde que abandoné mi hogar. Uno debe adaptarse si es que quiere sobrevivir. -respondió la norteña, inexpresiva.

-Esa es una lección que ambos hemos tenido que aprender. -murmuró, pensando en la noche de la batalla del Aguasnegras. Había hecho lo que mejor sabía hacer, peleando casi como si fuera el mismísimo Guerrero… y aun así había fallado en el final.

Su padre tenía razón en algo, en las guerras una pluma podía matar más gente que las espadas. No podía olvidarlo.

Iba a decir algo más, pero en ese instante se escuchó la charla de hombres que se aproximaban a la tienda. Jaime reconoció la estruendosa voz de Ser Lyle entre ellos, así que le hizo un gesto a Sansa para que se cubriera la cara nuevamente. Lo hizo justo antes que Tommen levantara la tela del pabellón.

-Ser tío, traigo a los hombres que pediste. -anunció, con el pelo mojado y desordenado por la tormenta, pero aun así muy satisfecho de sí mismo.

-Buen trabajo Tommen, diles que pasen. -respondió con una sonrisa. Su sobrino y escudero era más tímido de lo que un Lannister de Roca Casterly debería ser y la única forma de cambiar eso era haciéndolo ganar confianza en sí mismo, así que Jaime lo felicitaría por cosas que para otros escuderos no tendrían importancia.

El muchacho asintió y se movió a un lado para que los hombres entraran. El primero en hacerlo fue Ser Addam y el último el Perro, tal como había sospechado. Todos salvo Clegane miraron con curiosidad a la joven encapuchada que estaba a su lado, pero Jaime habló antes de que alguno dijera algo.

-Tommen, ya cumpliste tus deberes por hoy. Puedes retirarte a dormir… o puedes quedarte a escuchar esta conversación. La única condición es que todo lo que escuches debe ser un secreto, pero fuera de eso, tu decides si te quedas o no.

Su sobrino quedó sorprendido por su propuesta, pero rápidamente asintió y ató la entrada de la tienda, impidiendo que nadie pudiera ver lo que pasaría adentro. Se paró en una de las esquinas del pabellón como si fuera un guardia. Satisfecho, Jaime se giró para mirar a los recién llegados.

-Lo que le dije a mi sobrino corre también para ustedes. Si están aquí es porque son personas que poseen mi confianza, en mayor o menor medida. -anunció, mirando primero a Addam y luego a Clegane. -Pero aun así, no toleraré la menor traición. Si se quedan en la tienda me jurarán lealtad… a mí, no a mi padre. -su expresión se endureció. -Son libres de quedarse o salir, pero si van a hacer lo último, solo pueden hacerlo ahora. Si se quedan, serán parte de lo que se hablará acá… y la única forma de salir será mediante la muerte. En fin, ¿alguno decidió que va a salir?

Tal como esperaba, Clegane y Thoros no dudaron en lo más mínimo al hacer un gesto de negación. Le sorprendió notar que Swann tampoco lo hizo. Solo Crakehall y Addam intercambiaron una breve mirada, pero el heredero de Marcaceniza hizo un gesto antes de girarse y negar, con Ser Lyle haciendo lo mismo un poco después.

-Pueden sentarse, intentaré explicarles todo de la manera más simple que pueda. -ordenó, sirviendo vino en las copas. Se sorprendió un poco al ver que ni Thoros ni Clegane las aceptaban, pero no dijo nada al respecto.

-Partamos por el principio. Como bien saben, durante la Batalla del Aguasnegras llegó un momento en el que Stannis y yo nos enfrentamos en combate singular. Tras pelear durante casi media hora, finalmente logré clavar mi espada a través de su pecho… -respiró antes de seguir. -… y el hizo lo mismo conmigo, matándome.

- ¿Pero qué clase de estupidez es esa? -gritó Lyle Crakehall, casi atorándose con el vino mientras tanto Tommen como Ser Addam añadían sus propias expresiones de sorpresa. - ¡Estás aquí con nosotros!

"Vaya, con ese nivel de deducción podrías reemplazar a Pycelle"

- ¿A qué te refieres cuando dices que te mató? -preguntó Addam, un poco más inseguro que el Crakehall al notar que eran los únicos presentes que se habían sorprendido con sus palabras.

-A lo que suena. Stannis me atravesó el pecho con su espada mágica de mierda y me asesinó. Recuerdo cada uno de los segundos que pasaron antes de quedar inconsciente, así que estoy seguro que de verdad ocurrió. Y bueno, por si aún así tenía alguna duda… -el Lannister se abrío la camisa, mostrándole la cicatriz que Dueña de Luz le había dejado en el pecho.

Estos hombres eran guerreros, así que una mirada a la cicatriz les bastó para saber que decía la verdad sobre la espada. Todos quedaron en silencio, con lo que el único sonido que se podía escuchar era la respiración de los hombres y la lluvia que golpeaba el techo de la tienda. Fue Tommen el que terminó con tal situación.

-¿Y entonces como estás aquí tío? -preguntó el muchacho, inseguro.

Jaime señaló al sacerdote rojo.

-Por su culpa.

-¿De este essosi ebrio? ¿Cómo puede ser eso posible? -preguntó Ser Lyle.

-Ya no soy un ebrio Crakehall, he decidido dejar la bebida para no seguir ofendiendo al Señor de la Luz. -respondió Thoros, sombrío. -Y en cuanto a cómo puede ser posible que Ser Jaime siga entre nosotros, pues es bastante claro. Fue la voluntad del señor. Él decidió revivirlo.

-He peleado contigo en media docena de torneos y nunca me pareció que tu dios tuviera poder como para hacer algo más que ese truco con la espada llameante. Perdón si no puedo creer que de un día al otro se volvió capaz de revivir a los muertos.

-Los tiempos han cambiado. A veces incluso a mí me cuesta creer todo lo que ha pasado. Cuando era un novicio en Volantis podía ver visiones en las llamas de vez en cuando… y bueno, solo eso, porque incluso lo de las espadas llameantes era un truco que hacía con fuego valyrio. -la expresión del sacerdote rojo pasó rápidamente de nostalgia a preocupación. -Por eso yo soy el más sorprendido con todo lo que ha pasado, no lo duden. Pero bueno, ahora solo me queda defender la voluntad del señor, ya que hay una cosa que es segura: él no hubiera traído devuelta a Ser Jaime si no tuviera razones para hacerlo.

-Insinúas que Jaime sigue vivo porque tiene una misión. -dijo Addam, tan práctico como siempre.

-No lo insinúo Ser Addam, lo estoy afirmando. Es por eso que mi espada está a su disposición. Ahora y hasta que mi llama se extinga.

El fervor con el que Thoros habló incomodó un poco a Jaime, así que decidió cambiar el rumbo de la conversación.

-La verdad es que no conozco los designios de los dioses y tampoco me interesan. Lo único que importa es que alguien me dio una nueva oportunidad, y pienso aprovecharla. -anunció, mirando fijamente a cada uno de los hombres.

-¿Y qué es lo que pretendes hacer? -preguntó finalmente Addam. -Después de todo, eres solo un hombre.

-Sí, quizás solo sea un hombre, pero resulta también que soy el futuro Señor del Oeste. Puedo llamar a un ejército de decenas de miles si es necesario y mi poder es tal que incluso el Rey dudaría antes de desafiarme. Estoy en una posición ventajosa si es que quiero hacer algo. -respondió secamente.

-Con el tiempo podrás hacer todo eso Ser Jaime, pero solo cuando vuestro padre muera. Hasta entonces él es Señor del Oeste y a quién debemos obediencia. -replicó Ser Lyle.

-Por los siete infiernos Crakehall, ¿tan rápido se te olvidó lo que el Matarreyes dijo antes de empezar esta reunión de mierda? -gruñó impacientemente Clegane, hablando por primera vez. -Si estamos aquí es porque le juramos obediencia a él, no a su padre.

-Lo tengo claro Clegane, pero eso no quita que solo somos seis hombres y un muchacho. Lord Tywin en cambio es la Mano del Rey, tiene la obediencia de todos los Señores del Oeste y más. ¿Cómo piensas contrarrestar algo así?

La duda de Ser Lyle era legitima, por lo que Jaime decidió responderle directamente. Sin embargo, Addam se le adelantó.

-Es más sencillo de lo que creemos… -comenzó el Marbrand, mirando fijamente a Jaime. -… a Lord Tywin no le queda mucho tiempo en este mundo, ¿no es cierto?

Lentamente, sintiendo como el peso del destino caía sobre su alma, Jaime asintió.

Ninguno de los presentes reaccionó.

-Y no es solo mi padre, pasa lo mismo con Joffrey. No sé si también morirá, pero no seguirá por mucho tiempo más en el trono, de eso si estoy seguro. -añadió.

-Pero Jaime, ¿por qué? - insistió Ser Lyle, impactado.

- ¿Por qué digo que mi padre va a morir? ¿Por qué digo que nuestro Rey va a perder el trono? ¿Por qué estoy traicionando a mi familia? -replicó, cansado. – Lo digo porque es lo que ocurrirá, lo quiera o no. Hay poderes moviéndose que se encargarán de ello y si bien podría actuar para evitarlo, no lo haré.

- ¿Y puedo preguntar por qué no? -dijo Ser Balon, más curioso que nada. El caballero blanco no parecía sorprendido por lo que había escuchado, pero bueno, Jaime dudaba que fuera fácil de impresionar después de haberlo visto resucitar.

-Porque es lo mejor para el reino, y para todos los que viven en él.

- ¿Y desde cuando te importa una mierda el reino? -murmuró irónicamente el Perro, aunque pareció arrepentido cuando la encapuchada Sansa lo miró desaprobatoriamente. -Perdón pajarito.

Ser Balon arqueó las cejas al escuchar eso último, pero no dijo nada.

-Siempre me ha importado… al punto de que sacrifiqué mi honor para salvarlo. -replicó el Lannister fríamente. "Quémalos, quémalos a todos." Inspiró profundamente, había llegado el momento.

-¿Jaime? -preguntó Marbrand, confundido.

-El mundo cree que maté a Aerys solo para apurar la victoria de mi padre y el resto de los rebeldes. La verdad es mucho más oscura. Lo hice… para evitar que matara a medio millón de personas.

Ante la mirada expectante de los presentes, Jaime comenzó a hablar, dejando por instantes el presente para sumergirse en sus recuerdos.

-Yo estuve ahí cuando Aerys ejecutó con fuego valyrio a su primera víctima. Fue poco después de Harrenhal, cuando un granjero que vendía en una plaza de la ciudad gritó a un amigo que el reino era mejor cuando mi padre era la Mano del Rey. Un guardia que buscaba el favor del Rey lo escuchó, y lo llevó encadenado a la Fortaleza Roja. -se giró para mirar al sacerdote rojo- ¿No es así Thoros? Creo que tú también estabas.

El essosi asintió, palideciendo un poco al hacerlo. -Los miembros más fanáticos de mi orden hacen sacrificios humanos, pero nunca vi alguno en Volantis. Lo de Aerys y ese granjero fue… impactante.

-Y eso que solo fue el primero, docenas sufrieron lo mismo en los meses siguientes. Cada uno gritando más y por más tiempo que el anterior, ya que los piromantes aprendieron maneras para extender el sufrimiento de sus víctimas. -casi podía escuchar nuevamente los gritos de los condenados, con las risas del Rey sobre todos ellos. -Y todo siguió igual… hasta que llegó el turno de los Stark.

"Toma tu espada maldito lobo. ¿Querías pelear? Pues ahora te toca enfrentar a mi campeón." había dicho Aerys.

"¡Enfrentaré a cualquiera! ¡Incluso al Lord Comandante de la Guardia Real!" había respondido desafiantemente el anciano Lord Rickard. Pero ningún caballero había salido a enfrentarlo, y Aerys se río por un buen rato antes de dignarse a responderle.

"Soy un dragón imbécil, mi campeón es el fuego… y al fuego enfrentarás"

-Lo que pasó con los norteños es algo que todos sabemos, así que no es necesario que lo repita. -murmuró, mirando a Sansa de reojo. Afortunadamente la Stark se mantenía estoica. -Con la guerra y la vuelta a la capital del Príncipe Rhaegar, los sacrificios se detuvieron, pero eso solo hizo que Aerys se volviera más y más ansioso, sobre todo cuando sus hombres comenzaron a perder batallas... y Robert comenzó a ganarlas.

Se detuvo por un segundo, mientras el resto de los presentes esperaban ansiosos sus palabras. Hasta Clegane parecía impresionado.

-Fue entonces cuando se le ocurrió un plan, tan retorcido y loco como era de esperar de una mente como la suya. Durante las últimas semanas de su reinado, a Aerys se le ocurrió la idea de que podría convertirse en un dragón si lograba hacer un sacrificio lo suficientemente grande, y no queriendo escatimar en sangre, decidió sacrificar a todo Desembarco del Rey.

"Si funciona, me convertiré en un dragón y podré terminar solo con esta maldita rebelión… y si no, muchos traidores habrán ardido y el traidor de mi primo tendrá que reinar sobre huesos y cenizas. Como sea, ganaré."

-Hasta su propia Mano le hizo ver lo loco que era su plan, pero Aerys respondió quemándolo y poniendo a un piromante como nueva Mano. Sin nadie que se les opusiera, los piromantes llenaron cada rincón de Desembarco con fuego valyrio, listos para encenderlo cuando recibieran la orden… y cuando mi padre comenzó a saquear la ciudad, Aerys decidió que había llegado el momento.

-Pero Desembarco nunca ardió… -lo interrumpió Ser Lyle

-Y los barriles de fuego valyrio fueron descubiertos cuando Robert todavía era rey. Lo recuerdo perfectamente. Yo mismo tuve que sacar algunos. -añadió Balon Swann. Jaime iba a responder, pero sorprendentemente Tommen se le adelantó.

-Eso es porque mi tío detuvo al Rey loco. ¿Cierto? -murmuró, inseguro. Con una pequeña sonrisa, el Lannister asintió.

-Cuando Aerys dio la orden, decidí que mi honor y mi capa blanca valían menos que los deseos de un loco y lmedio millón de vidas. Perseguí al jefe de los piromantes y lo maté. Volví al Salón del Trono e hice lo mismo con Aerys. Satisfecho, subí al Trono de Hierro para esperar al que viniera a reclamarlo. Resultó ser Ned Stark.

La mirada de los tormentosos ojos grises del norteño era algo que nunca podría olvidar. Sansa no tenía esos ojos, pero su hermana menor si los tenía. Por un instante su mente divagó preguntándose si aquella chica habría logrado sobrevivir a la quema de Invernalia, pero rápidamente volvió a concentrarse.

-Con el tiempo, me di cuenta que me había equivocado. No por matar a Aerys, si no por haberme sentado en el Trono perdiendo el tiempo. -bajó la mirada, avergonzado -Aún con mi capa manchada, debería haber recordado mis votos y haber acudido a proteger al resto de la familia real. Si lo hubiera hecho, quizás Elia y sus hijos seguirían con vida y no hubiera corrido sangre de inocentes en esa noche. Eso es lo único de lo que me arrepiento de esa noche.

"Prometiste proteger a mi familia. ¿Dónde estabas cuando los hombres de tu padre los asesinaron?" Tan solo pensar en lo que Rhaegar hubiera pensado de su fracaso lo entristeció hasta casi flaquear. La pesadilla que había tenido antes de la batalla todavía era muy reciente…

Pero en ese instante, aquel de mayor debilidad, una mano se posó sobre su hombro para darle fuerzas. Era la de Sansa. Al mirar a sus ojos Jaime podía pensar que todavía había esperanzas, que todavía podía redimir sus fracasos.

Un poco más reconfortado, continuó.

-Lo que pasó después ya lo saben. Mi padre tomó el control de la ciudad y le entregó el Trono de Hierro a Robert, con dos cuerpos envueltos en capas rojas como muestra de su fidelidad. -No podía siquiera pensar en ello sin sentir una amargura en la boca, pero aun así lo dijo. -Mientras la historia de que había matado a Aerys se expandía y cada hombre que la escuchaba me maldecía y me llamaba rompejuramentos, yo me dediqué a cazar a los piromantes que sabían del fuego valyrio y todavía estaban con vida. Creo que tuve éxito, porque nadie ocupó a los frascos enterrados durante casi dieciocho años.

"Hasta que un nuevo Rey Loco surgió, uno con tetas y ojos verdes."

-Recuerdo que junto a Lord Westerling estuve encargado de la Guardia de la Ciudad durante los días posteriores al saqueo. Cinco días después de la batalla, encontramos a un piromante con la garganta abierta cerca del Pozo Dragón. Nunca averiguamos quién lo mató… hasta ahora. -dijo Addam, serio.

-A mí y a mi padre nos pasó lo mismo. Casi dos semanas después del saqueo encontramos el cuerpo de piromante dentro de un edificio abandonado en la Calle del Acero. Nunca supimos quién era o quien los había asesinado. -añadió Ser Lyle, sorprendido.

-El primero era Garigus, el otro era Belis. Eran los dos piromantes más importantes después de Rossart, al que maté junto a Aerys. Ambos eran unos cobardes que se escondieron apenas supieron lo que había hecho, pero cuando decidí tener piedad y les di una muerte rápida. Hasta el día de hoy me pregunto si realmente se la merecían. -murmuró. Agotado, suspiró antes de terminar. -En fin, esas son las razones por las que me convertí en el Matarreyes. Si, rompí un juramento, ¿pero de verdad me van a decir que estuve equivocado al hacerlo?

-Si lo que decís es cierto, por supuesto que no. Yo también lo hubiera hecho. -respondió Ser Balon, a lo que el resto de los presentes asintió, inclusive el Perro.

-Esta es la segunda vez que me haces pensar que quizás no eres el imbécil que creía, Matarreyes. Estoy sorprendido. -dijo Clegane, con una expresión indescifrable.

-Es porque antes era un imbécil… y solo ahora he comenzado a redimirme. -murmuró, sin saber si lo decía para el resto o para sí mismo. -Pero bueno, ya fue suficiente charla sobre el pasado. Toca hablar del futuro.

"Un futuro mejor, si todo sale bien… ¿pero cuando las cosas han salido bien?" alejó ese pensamiento antes de seguir hablando.

-Por culpa de Joffrey, el reino está en una guerra tan cruenta que es digna de la Danza. Pretendo terminar con eso… haciendo la paz con los norteños.

-Los norteños no aceptarán mientras Joffrey siga en el Trono… -dijo Ser Lyle.

-Y ya les dije que no lo estará por mucho tiempo más. Pero bueno, para ser sincero la verdad es que pretendo terminar con la guerra incluso antes de eso.

-¿Cómo? -inquirió Ser Addam.

-Quitándole a Robb Stark la única razón que tiene para estar en guerra además de la venganza.

-Y esa razón es…

-Su familia. -respondió, haciéndole un gesto a Sansa para que se descubriera la cara y mirara a los hombres. Todos salvo Clegane y Swann exclamaron sorpresa en menor o mayor medida, pero ninguno más que el pequeño Tommen.

-¡Sansa! -gritó, corriendo a abrazar a la norteña. La Stark le devolvió el abrazo, sonriendo.

-Si Tommen, soy yo. -respondió dulcemente.

-Sufrimos muchísimo cuando desapareciste. Myrcella estuvo llorando por varias noches. ¿Dónde estabas? ¿Qué te pasó? -preguntó el muchacho.

-Estaba escondida. Quería avisarles que estaba bien a ti y a Cella, pero de verdad que no podía hacerlo. Lo lamento muchísimo, ¿podrás perdonarme?

-Por supuesto, solo promete que no volverás a hacerlo.

-Te lo prometo Tommen, palabra de Stark. -respondió Sansa, dándole un beso en la coronilla. Tras eso la norteña levantó la mirada para enfrentarse a la de los hombres, abandonando su expresión de dulzura y reemplazándola con una estoica.

-Esto va en serio, ¿no es así Jaime? -murmuró Ser Addam, sin apartar la mirada de la Stark.

-Tan serio como lo puede ser, amigo mío. Ya no hay vuelta atrás y solo queda una preguntar por responderse… ¿Estarán conmigo? -preguntó, dirigiéndose a todos, pero más que nada a Crakehall y a Ser Balon, los menos proclives a ser convencidos. Ambos le sorprendieron gratamente.

-Lo estoy. -respondió el caballero blanco, serio. -La verdad no sé mucho de dioses, pero Thoros tiene razón cuando dice que lo que pasó esa noche no fue una casualidad. Debe haber una razón para ello, y si debo romper mis votos y jurar mi espada a vos para averiguar cuál esa razón… que así sea.

"Uno"

-Sois el mejor caballero del Oeste, Ser Jaime, y estoy honrado de que me hayáis incluido en todo esto. -el inmenso Crakehall se detuvo por un segundo, claramente frustrado. - En fin, sabes tan bien como yo que soy mejor con las armas que con las palabras. Mi espada está a tu servicio, es lo único que puedo añadir.

"Dos"

-El Señor os eligió, y yo obedeceré. Mi espada y mi llama son vuestras, de aquí a la Larga Noche. -anunció sencillamente Thoros.

"Tres"

-Eres mi mejor amigo desde que éramos niños. Crecí sabiendo que llegaría el momento en el que tú serías el Señor del Oeste y yo tu vasallo. Lo que propones es algo inesperado… pero eso no cambia las cosas. Soy leal a ti, amigo mío. -dijo Addam, solemnemente.

"Cuatro"

Miró a Clegane, el último que faltaba.

-No voy a decir palabras bonitas si eso es lo que esperas. -gruñó Sandor.

-No las espero.

-Entonces nos estamos entendiendo. Tienes mi espada, Lannister, es lo único que diré.

"Cinco" pensó, aliviado. Iba a darles las gracias cuando el muchacho lo interrumpió.

-¡Esperen! ¡Falto yo! -gritó Tommen, quién se avergonzó un poco al notar como todas las miradas cayeron sobre él. Afortunadamente la sonrisa que Sansa le dirigió le dio el valor suficiente para continuar. -Quizás no sea un caballero, o siquiera un hombre todavía. Pero ya estoy aprendiendo a usar la espada… y prefiero luchar por ti y Sansa que por Joffrey. ¿Puedo hacerlo tío?

-Por supuesto que sí Tommen, me honras con tu apoyo. -respondió el Lannister con una sonrisa. Con el muchacho satisfecho, se giró para hablar con el resto. -Quizás solo seamos seis hombres y un muchacho, pero si trabajamos juntos podremos cambiar el destino. Les seré sincero, no estoy seguro de que tendremos éxito… pero estoy dispuesto a morir para lograrlo.

-Somos guerreros Ser Jaime, la muerte no nos atemoriza. -replicó Ser Balon, frente a lo que todos asintieron.

"Eso es porque no han sido besados por ella"

-Lo tengo claro… pero aun así debía decirlo. -respondió, pensativo. -En fin, gracias por su lealtad, cuando llegue el momento será recompensada con creces. Eso sí se los puedo prometer.

-¿Que debemos hacer? -preguntó Addam.

-Por ahora nada, pero eso pronto cambiará. Estén preparados para mi llamado. -anunció, levantándose.

-Lo estaremos. -respondió Ser Lyle, levantándose junto al resto.

-Excelente. Eso es todo por hoy caballeros, nos reuniremos nuevamente cuando sea necesario. Tommen será el encargado de llamarlos.

-¿De verdad? -preguntó el muchacho, con los ojos como platos.

-Si Tommen, de verdad. Eres parte de esta pequeña conspiración ahora, y tendrás que cumplir algunas responsabilidades.

-Lo haré. -prometió su sobrino.

Jaime asintió y caminó hacia la entrada de la tienda. Al levantar la tela pudo notar que la lluvia estaba aminorando. Quizás era una señal.

-Hasta mañana, caballeros. Que tengan una buena noche.

Los hombres salieron uno detrás del otro, hasta que la tienda quedó nuevamente ocupada solo por Jaime y Sansa. Iba a bajar la entrada cuando notó que Tommen se acercaba nuevamente.

- ¡Tío, se me olvido preguntarte algo!

- ¿Qué?

- ¿Lo que nos contaste hoy, puedo contárselo a Cella? -preguntó, esperanzado. Jaime sopesó su pregunta por unos segundos. Tarde o temprano su sobrina también debería enterarse, pero no sabía si hacerlo tan pronto era la opción más sabia. Myrcella era mayor que Tommen y más inteligente que sus hermanos, no sería tan fácil convencerle como lo había sido con Tommen.

-Prefiero que no, Tommen. -respondió, negando con la cabeza. -Ya hablaré con ella uno de estos días.

- ¡Pero tío! Ya te dije que estuvo llorando por lo de Sansa. ¡Sería demasiado cruel seguir ocultándole la verdad por más tiempo! -protestó el muchacho, y Jaime no podía negar que tenía razón.

-Está bien, hablaré con ella hoy. Ve a su tienda, despiértale y dile que estaré ahí en un rato. -concedió, suspirando de cansancio.

-Lo haré, ¡Gracias! -dijo Tommen, sonriendo. Partió corriendo antes de que Jaime pudiera decir algo más. Se quedó mirando cómo se alejaba hasta que desapareció entre las sombras. Tras ello suspiró y volvió a entrar en la tienda.

-Tommen es un amor, me recuerda demasiado a mi hermano Bran. -murmuró Sansa, jugueteando con una copa de vino que seguía con su contenido intacto. Jaime se dio cuenta de que era la suya. Tras unos instantes de duda, finalmente tomó un sorbo. Su expresión se oscureció un poco tras ello. -A veces no puedo creer que Joffrey sea su hermano.

-No eres la única. -respondió el Lannister, sentándose. De un momento a otro se sintió muy cansado.

-Entonces… todavía debo seguir ocultando mi identidad, ¿cierto? -preguntó la Stark.

Jaime asintió. -Sí, aunque tenga la lealtad de sus comandantes, no ocurre lo mismo con cada uno de los hombres de este ejército. No podemos arriesgarnos a que alguno pretenda ganar una recompensa contándole nuestro pequeño secreto a Cersei o mi padre.

-Lo entiendo, simplemente quería confirmarlo. -murmuró Sansa, pensativa. Sonrío antes de seguir. -Sabes algo, en cierta forma es casi poético.

-¿Qué cosa?

-Todo esto. Es casi como una canción. Caballeros uniéndose en secreto para hacer el bien, el Rey malvado y sus hermanos buenos, la doncella que oculta su identidad para volver a casa… Como decía, es casi digno de una canción. Si tan solo pudiera terminar ser una de ellas…

-¿Y por qué no puede terminar como una de ellas? -replicó el caballero, arqueando una ceja.

-Porque en las canciones los caballeros siempre son siete… y acá solo hay seis. Siete dioses, siete reinos y siete caballeros de la Guardia Real. Ese detalle es importante Ser Jaime, lo dice alguien que es versada en canciones. -respondió la Stark, fingiendo seriedad. Jaime sonrío.

-Pues tengo buenas noticias, mi señora, ocurre de que estoy reservando el séptimo puesto para alguien que no está acá.

-Pues me agrada escuchar tal cosa, Ser, y debo admitir que me siento curiosa de saber quién será esa persona. ¿Varys, Tyrion? ¿Cuántos aliados más tenéis?

-Por ahora… ninguno, pero pronto lo tendré. -admitió el Lannister. -Hasta entonces tendremos que conformarnos con los hombres que tenemos.

-Así parece. -finalizó la norteña, antes de vaciar su copa. Quedó en silencio por unos instantes, casi como si estuviera reuniendo el valor para añadir algo. Finalmente pareció hacerlo. -Solo me queda otra duda…

- ¿Y esa cuál es?

-El heredero de Joffrey es Tommen, eso todo el mundo lo sabe. Y perdón si me equivoco, pero nada parece indicar que planeáis instalarlo en el Trono para reemplazar a su hermano...

"Chica lista" pensó por segunda vez en la noche,

-La respuesta es obvia. No lo hago… porque Tommen no será rey. -Tal como esperaba, su respuesta no pareció sorprender a la norteña.

-¿Entonces quién lo será?

En vez de responder, Jaime ofreció su brazo a Sansa. La Stark entendió inmediatamente, encapuchándose y tomando el brazo del caballero.

-Perdón Ser Jaime, no quise ofender…

-No lo hicisteis, simplemente es tarde y es hora de que volváis a vuestra tienda. -anunció, comenzando a caminar hacia la salida.

-Entonces… ¿no me lo contareis? -se atrevió a preguntar la norteña, tras salir del pabellón. Jaime suspiró, pero asintió.

-Es una historia complicada... -Varys había demorado media hora en contársela y una entera en convencerlo de que era verdad.-

-Creo que tenemos tiempo.

-Lo sé… pues bien, partamos por el principio. ¿Qué es lo que sabes de los Targaryen que sobrevivieron a la Rebelión?


N.A. (una larga, lo lamento):

Bueno, cumplí con lo prometido. nuestro bastardo favorito ha entrado oficialmente en este AU y espero ocupar varios de sus POV en el futuro. Que él que recién haya aparecido ahora no los engañe: Jon tiene un papel más que importante en la historia, sobre todo -obviamente- en su recta final, aquella donde empieza a hacer frío (he).

Por si no quedó claro (aunque lo dudo) Jon estaba bastante mal psicológicamente antes de este capítulo. Es como el Jon canon justo después de la muerte de Ygritte pero incluso más deprimido (por lo de Invernalia y Arya). Pero bueno, las cosas comenzaron a cambiar en este capítulo. El reencuentro con Arya quizás no me quedó tan bien como planeaba originalmente, pero la verdad es que es un evento de tal magnitud emocional que preferí simplicarlo lo más posible en vez de terminar haciendo algo grotesco.

Como pudieron notar, en este AU Yoren, Gendry y el resto de los reclutas llegaron con éxito al Muro. Los dos primeros tendrán cierto papel en la historia, pero sobre el resto -salvo los ya muertos Rorge y Mordedor- la verdad todavía no lo decido... y sí, eso incluye a cierto asesino lorathi.

Sé que la historia no avanzó mucho en el POV de Jaime, pero era un capitulo más que necesario. Por una parte necesitaba mostrar el como ganaba la lealtad de sus hombres -Ser Lyle y Addam sobre todo-, el que tuviera esa charla donde contara vagamente lo que estaba sucediendo en la capital... y bueno, también el cambio que están teniendo Sansa y Tommen, cuyas personalidades están fortaleciéndose poco a poco. Volveremos a ver a Jaime pronto, pero no por sus ojos.

Como siempre, gracias por los comentarios. Sak: de verdad gracias :D!, para responder tus dudas: No, Brienne todavía no ha sido introducida en la historia ya que -al igual que Jaqen- es otro personaje que todavía no decido si otorgarle o no un papel en ella. Hasta que lo decida, prefiero no mencionarla; y sí, los Lannister siguen teniendo una ventaja númerica, junto a las Tyrell tendrán unos 130/140k aprox, y la alianza (sumando a Rocadragón) tiene aproximadamente 100k (pero bueno, como dejé entrever en el capitulo, no van a ser solo los números los que decidan el desenlace de la guerra). Fuera de ellos los Greyjoy tienen15k (pero muchos barcos) y Dorne 25k.

Pues bien, eso es por ahora. En el próximo capitulo creo que veremos a Edric y Robb, pero lamentablemente no podré escribirlo pronto, ya que estaré alejado de la civilización hasta de vuelta de vacaciones. Si todo sale bien nos veremos nuevamente a principios del próximo mes, donde tengo la esperanza que podré retomar el ritmo pre-finales. Hasta entonces!

(PD: si alguien se anima, todavía necesito un beta reader. Créanme, ganaríamos todos)