EDRIC

Las puertas de Ermita Alta no pudieron seguir resistiendo los golpes del ariete y se abrieron con un estruendo de madera quebrándose. Sus defensores ya habían lanzado casi todas sus flechas y piedras, así que tuvieron que recibir con espadas y lanzas a la horda de atacantes que entraba por las puertas del castillo. Normalmente hubieran cobrado un alto precio en vidas antes de ser sobrepasados, pero eso no fue lo que ocurrió en este caso.

-Se traicionaron entre ellos mismos. -anunció el príncipe Oberyn, caminando hacia Ned y Lord Beric tras haber interrogado al líder de los prisioneros. El Martell estaba cubierto de sangre de la cabeza a los pies, pero estaba ileso. Toda esa sangre era de sus enemigos, no propia. Nadie parecía sorprendido de ello.

- ¿Los mercenarios? -preguntó Lord Beric, aún sudando tras el esfuerzo de la batalla.

-Más bien lo contrario. El líder de los que quedan vivos me contó una interesante historia. Al parecer parte de los guardias del castillo se habrían negado a seguir peleando junto a la calaña que es la Compañía Audaz, así que decidieron cambiar de bando cuando las puertas cedieron.

"Entonces él no estaba aquí, nunca estuvo aquí." pensó Edric, más decepcionado de lo que quería admitir.

-Podría estar diciendo eso solo para evitar la muerte. ¿Realmente le crees? -preguntó el señor marqueño, exteriorizando la propia duda de Edric.

-La verdad es que sí. Quizás no estaría tan seguro si yo mismo no hubiera peleado junto a ellos, pero lo tuve que hacer una vez que Lys contrató a mi compañía en una campaña contra Myr. Tras esa guerra decidí dos cosas, que ya era tiempo de dejar a los mercenarios y volver a Dorne… y que solo volvería a compartir un campo de batalla con los Titiriteros Sangrientos si lo hacía en el bando contrario. -respondió el moreno, en un tono que dejaba en claro que no bromeaba.

-Domeric mató a su líder en Septo de Piedra. Era un qohoriense con una barba de chivo y un yelmo en forma de cabra. -murmuró Edric, ausente.

-Vargo Hoat. Un bruto como cualquier otro, pero que por último tenía algo de habilidad para el mando. Eso es más de lo que se puede decir del resto de sus compañeros. -replicó Oberyn, curioso. -¿Quién dices que lo mató?

-Domeric Bolton, el heredero de Fuerte Terror. Un amigo.

-¿El mismo que dices que te ayudó a ti y a Dondarrion a derrotar a Clegane?

-Sí, pero antes de eso fueron Robb y Theon Greyjoy los que lucharon con él, y Robb el que lo mató finalmente.

-Eso ya me lo contaste. No importa, que haya ayudado a matar a esa bestia es motivo suficiente para que esté en deuda con él. Me encargaré de pagarla algún día. -respondió el Martell, nuevamente serio.

Edric sabía que no lo decía a la ligera. Su relación con el príncipe Martell había sido más que tensa tras aquel complicado primer encuentro en las afueras de Campoestrella, pero eso había cambiado totalmente al escuchar los cuchicheos de los hombres de Lord Dondarrion sobre como su joven señor había ayudado a matar a la Montaña. Tras eso casi había corrido hacía las habitaciones que el marqueño ocupaba, pero no se encontraba ahí y solo tras una búsqueda frenética pudo encontrarlo en la torre del maestre junto a Allyria y Edric. Inusualmente ansioso, les había pedido detalles de lo que había sucedido esa tarde.

-Lo único que sé es que Robb Stark lo mató, pero ningún detalle más ha llegado a Dorne. Esa bestia asesinó a mi hermana y a sus hijos, si de verdad ayudaron a matarla, estoy en deuda con ustedes. -les había anunciado, con algo en su voz que casi se podía calificar de emoción.

Y no queriendo desaprovechar la oportunidad de mejorar su relación con el príncipe dorniense, Edric le había contado todo lo que recordaba sobre esa tarde en las afueras de Septo de Piedra. La trampa de Clegane y los Titiriteros en la que Robb había caído, la batalla con La Montaña en la que Theon y media docena de amigos de Robb habían perdido la vida y Ned casi había sufrido lo mismo frente a Ser Gerold, y finalmente la intervención milagrosa de Lord Beric que había terminado con la muerte de la bestia Lannister y la huida de Estrellaoscura.

-Cuando Robb lo ejecutó, no lo hizo solo por venganza, lo hizo como un acto de justicia. Por Theon, por sus amigos, por el pueblo llano de las Tierras de los Ríos y por todos los inocentes que Clegane había asesinado a lo largo de su vida. Estoy seguro que también recordó a la Princesa Elia y a sus hijos al hacerlo. -le había dicho el Dayne, creyendo totalmente en lo que estaba diciendo, aun cuando quizás no lo fuera.

Oberyn había asentido, pero permaneciendo en silencio. Una expresión indescifrable se había apoderado de sus facciones mientras pensaba. Que era lo que había pasado por la cabeza de la Víbora Roja en esos momentos era algo que Ned no sabía… pero debía de haber sido algo bueno, porque desde entonces había comenzado a mirarle y a hablarle con algo parecido al respeto.

Y eso era algo bastante valioso en la situación en la que Edric se encontraba.

-¿Qué se debe hacer con un traidor que traiciona a un traidor? -preguntó, a nadie en particular.

Había llegado el momento de decidir qué hacer con los prisioneros. La hueste de Ned y Oberyn debía seguir su camino a Lanza del Sol, pero antes tenían que solucionar la situación de Ermita Alta. De los cuarenta sobrevivientes, veinte habían sido guardias que habían cambiado de bando. El resto eran mercenarios y hombres leales a Estrellaoscura.

-En los viejos tiempos toda traición era traición, así que El Muro era el destino más probable para alguien que hiciera algo parecido a lo que estos hombres hicieron. Pero bueno, los tiempos han cambiado, y en este caso en particular… -respondió el Martell.

"No soy exactamente la persona más indicada para cuestionar la lealtad de otros" pensó el dorniense.

-Si fuera tú, creo que lo mejor sería que los perdonaras. -dijo Lord Beric. -Para bien o para mal, solo estaban siguiendo las órdenes de su señor. No se puede acusar a un hombre por ser leal.

-¿Aun cuando sea lealtad a un traidor?

-Aún entonces. Es fácil decir que siempre hay una opción cuando no es tu cabeza la que rodará si desobedeces, pero la vida real es más complicada.

-Todo esto es más complicado de lo que esperaba. -murmuró Ned, apartándose un mechón de pelo sudado involuntariamente.

-Nadie dijo que ser un señor es fácil. Estoy seguro que Lord Stark debe haber dicho algo al respecto.

-Lo hizo, pero aunque lo hubiera repetido mil veces esto hubiera seguido siendo difícil. Tener que decidir quién vive y quién muere…

-Es tu decisión que tipo de señor ser. Cruel o compasivo, ambicioso o leal, valiente o cobarde. Todas tienen sus ventajas y desventajas, pero si puedo darte un consejo al respecto es que nunca dudes. Siempre será mejor tomar una decisión a no tomarla. -dijo el príncipe Oberyn, dejando toda la responsabilidad en manos de Ned.

"Y ese es un consejo que pretendo escuchar" pensó Edric, suspirando mientras recordaba al Norte. Sintió un pinchazo de dolor al recordar las palabras que los cuervos habían traído, pero apartó rápidamente esos pensamientos de su mente. No era el momento.

"Pero pronto lo será, Cuervo de Sangre me lo debe."

-Los cambiacapas son libres si juran nuevamente lealtad a Campoestrella. El resto puede elegir entre el Muro y la espada. Esperaré hasta el anochecer para que elijan, pero si o si partimos mañana a primera hora.

-Una decisión acertada. ¿Blandirás tú mismo la espada o necesitas un verdugo? -preguntó el Martell, arqueando una ceja.

-Yo lo haré. Es lo mínimo que les debo. -respondió, antes de levantarse y retirarse a su pabellón a curarse las heridas y prepararse para las ejecuciones."El hombre que dicta la sentencia debe blandir la espada." le recordó una voz, tan distante y tan cercana al mismo tiempo.

De todos los prisioneros, solo tres decidieron la espada. Ned no parpadeó al escuchar sus últimas palabras y ocupar el espadón del verdugo para acabar con sus vidas. Le sorprendió a si mismo lo fácil que le resultó. No sabía si eso era algo bueno o malo.

Tal como habían planeado, partieron al día siguiente de Ermita Alta. Si todo salía bien llegarían en un par de semanas a Lanza del Sol. Y si tenían suerte, encontrarían a Estrellaoscura en el camino.

¿Pero cuando habían tenido suerte?

-*-*-*-*.

Al tercer día de haber entrado al desierto, Ned no pudo más. Tomó un cuchillo y se cortó los mechones rubios mientras miraba su reflejo en un oasis en el que se habían detenido. Había ocupado el cabello largo a la usanza norteña desde que tenía memoria, pero se volvería loco si seguía con él bajo el inclemente sol dorniense. Ahora la cicatriz que Estrellaoscura le había dejado en la cara era más visible que nunca, pero prefería a volverse loco por el calor de su tierra natal.

Habían dejado Campoestrella y a Allyria a la semana de haber llegado. Edric quería quedarse más tiempo, pero el cuervo que había llegado de Lanza del Sol llevaba el sello del príncipe Doran y en él lo invitaba urgentemente a acudir a la capital dorniense para "discutir el futuro de la Casa Dayne".

Aun así, Ned casi se negó a acudir. Su tía seguía convaleciente de sus heridas y Ermita Alta todavía estaba en manos de Estrellaoscura, quizás incluso con él dentro del castillo. Solo cuando el príncipe Oberyn, Lord Beric y la propia Allyria se unieron para obligarle a ir fue que decidió partir.

-No puedo dejarte Allyria, todavía estás recuperándote.

-Y lo seguiré haciendo por varias semanas. No es necesario que te quedes conmigo todo ese tiempo Ned, y tampoco puedes dejar plantado al príncipe Doran. ¿Qué mensaje le estarías dando?

"Que tú eres más importante para mí que él"

-¿Y si Estrellaoscura vuelve a atacar el castillo?

-El único lugar en el que puede estar escondido con los suficientes hombres como para atacar Campoestrella es Ermita Alta y la atacaremos antes de ir a Lanza del Sol. Yo pondré a los hombres necesarios para hacerlo. Estrellaoscura es un fugitivo y es mi deber como Martell el de llevarle a la justicia. -anunció el príncipe Oberyn.

-Dudo que esté ahí. Mi primo es más astuto que eso. -murmuró, poco convencido.

-Quizás, pero es algo que debemos hacer de igual forma. -replicó el Martell, inflexible. Ned no podía negar que tenía razón, así que se despidió de su tía y se preparó para partir nuevamente de su hogar. Solo los Siete sabían cuando volvería, si en un mes o en diez años.

Habían rastreado huellas que podían ser o no de Estrellaoscura y la Compañía Audaz hasta las cercanías de Ermita Alta, pero luego estas se desviaban y se perdían hacia las arenas del desierto. Ned tenía el presentimiento de que debían seguirlas si querían apresar a su primo, pero no podían hacerlo antes de tomar el castillo.

Al hacerlo confirmaron que no estaba allí, pero el Dayne se reconfortaba diciéndose que ahora su tía estaba a salvo. Encontrarían a Estrellaoscura y recuperaría a Albor más temprano que tarde, o por lo menos eso trataba de decirse.

El oasis era grande, pero también era la última fuente de agua antes de llegar al Sangreverde. así que el pequeño ejército se detendría en él por una noche completa para abrevar a los caballos y llenar las cantimploras. Por una parte eso le enojaba, ya que quería llegar lo antes posible a Lanza del Sol y terminar de una vez por todas el conflicto que tenía con los Martell, pero se tranquilizó un poco al notar los pequeños arcianos que crecían en uno de los extremos del oasis. Obviamente, armó su tienda en ese lugar.

"Llegó la hora de respuestas."

Cuando la mayoría del campamento ya estaba durmiendo, salió sigilosamente de la tienda que compartía con Anguy y se aproximó a los arcianos. Tal como aquella vez en la Fortaleza Roja, se cortó la mano y ofreció su sangre a los Antiguos Dioses. Alimentados por primera vez en mucho tiempo, los dioses respondieron. Ned se quedó dormido y nuevamente sintió que su conciencia iba a un lugar diferente, a medio camino entre los sueños y la realidad, donde el último verdevidente le esperaba.

Pero esta vez su encuentro sería diferente, porque el dorniense estaba enojado.

-No deberías estar aquí- anunció Lord Brynden, con una voz cansada.

-No lo estaría si me hubieras dicho lo que necesitaba saber.

-Ya te dije que no eres un verdevidente y no puedo mostrarte más de lo necesario. Si me contactara demasiado contigo terminarías volviéndote loco.

-¿Eso justica que no me hayas contado de Estrellaoscura? ¿Qué no me hayas hablado de Invernalia? ¿Acaso solo soy una pieza dentro de tus planes, y nada más? -exclamó enojado, apretando los puños.

-Contaba con que el Fantasma te hablara de Estrellaoscura. Ya te dije que hacer que mi conciencia atraviese el Muro requiere de un esfuerzo gigantesco y todas mis fuerzas estaban ocupadas en otra parte. - respondió Cuervo de Sangre, estudiándolo atentamente con ese ojo tan atemorizante que poseía. Aun así, Ned no flaqueó.

-Ella me habló sobre Estrellaoscura y Allyria, pero no dijo nada de Albor, o sobre Invernalia o Rickon… o de Arya. -flaqueó por un instante, pero rápidamente recuperó la compostura. - ¿Acaso lo hizo porque temía que hubiera tomado otra decisión si lo hubiera sabido?

-No puedo hablar por ella…

-No me mientas. Por lo que más quieras, no lo hagas.

-No lo estoy haciendo Dayne, pero tampoco puedo decirte toda la verdad. - Cuervo de Sangre pareció casi dudar por un instante, pero antes de que Edric pudiera decir cualquier cosa volvió a hablar. -La chica Stark está bien, ella y su hermano lograron huir de los krakens. Ahora mismo están junto al Lobo Alado marchando hacia el Muro, donde encontrarán refugio por un tiempo. Hasta que Invernalia sea reconstruida, supongo.

"Al menos una buena noticia" pensó, mientras sentía que un peso inmenso se liberaba de sus hombros.

-¿Y Robb? ¿Ser Jaime? -levantó la vista. -¿Jon Nieve? ¿Estrellaoscura y Albor?

-El lobo y el león pronto bailarán juntos. Si todo sale bien, Poniente será mucho más fuerte que ahora cuando los vientos de invierno finalmente lleguen. Si no… -Lord Brynden no necesitó completar la frase para que el dorniense entendiera. -El lobo blanco está herido, pero sanará cuando vuelva a encontrar a su manada. En cuanto a tu primo… lo lamento, pero no puedo decirte nada.

-¿Y eso por qué? -protestó el Dayne, aunque ya estaba bastante más tranquilo que al inicio.

-Porque es mejor para tu destino que no sepas lo que pasará. Si de verdad quieres convertirte en la Espada del Amanecer debes recorrer el camino sufriendo sus penurias, no evitándolas como lo harías si las conocieras de antemano. Lo lamento, pero no puedo arriesgarme a cambiar tu futuro de esa forma.

-Creo que ya has cambiado bastante mi futuro desde que me hablaste por primera vez.

-Lo he hecho incluso desde antes, no tienes idea cuánto. -replicó el verdevidente, enigmáticamente. -Pero las cosas que he cambiado han sido para cambiar el futuro de Poniente más que tu propia vida. Estrellaoscura en cambio es alguien que afecta más a tu propia vida que a los Siete Reinos. Sé que suena complicado, pero espero que puedas entenderlo.

-Lo hago… o por lo menos lo creo. -murmuró Edric. -Entonces, ¿tendré que recuperar a Albor por mí mismo?

-Quizás lo harás… o quizás morirás en el intento. Ambas cosas pueden suceder. -respondió el albino, de una forma que impedía que Ned averiguará si estaba mintiendo o no. -Solo puedo revelarte una cosa, tu primo no seguirá escondiéndose por mucho tiempo más. Más pronto que tarde tendrás noticias de él.- ¿Y qué debo hacer hasta entonces? -preguntó, confundido.

-Aprende, entrena, no dejes de luchar como lo has hecho hasta ahora. Pronto hablarás con Doran Martell, has todo lo posible para que este se forme una buena opinión de ti. La Víbora Roja ya la tiene, pero necesitas a su hermano todavía. Los Martell serán de vital importancia para tu familia en los tiempos que se aproximan.

Edric asintió, pensando en la carta que el Príncipe le había enviado un par de semanas atrás.

-Lo haré.

-¿Quieres preguntarme algo más? Elige con cuidado, no nos volveremos a ver en bastante tiempo, eso si te lo puedo asegurar. -preguntó el verdevidente, cansado.

El dorniense pensó en responder negativamente, ya que Lord Brynden ya había respondido muchas más dudas de las que esperaba hasta antes de la conversación. Pero entonces recordó algo que había ocurrido en Antigua, algo que le había enfriado la sangre de una manera que ahora se daba cuenta que no podía ser normal.

-Estuve en Antigua antes de llegar a Campoestrella. Cuando estuve ahí, conocí a un novicio de la Ciudadela…

-Una novicia más bien. Su padre solo tuvo hijas. -le interrumpió el albino.

-¿La conoces?

-Más de lo que crees. ¿Qué quieres saber sobre ella?

-Ella me habló de que una tormenta se estaba formando, de que los tiempos oscuros están por volver. Quizás me equivoco, pero siento que no se refería solo a los Otros. Me habló de unas velas de cristal, de que están ardiendo. ¿Sabes que es lo que todo eso significa?

Cuervo de Sangre lo observó impasible por unos segundos, haciendo que Ned casi se arrepintiera de haberle hablado, pero antes de que pudiera decir algo más, el verdevidente hizo algo que no esperaba.

Suspiró.

-La magia es peligrosa, siempre lo ha sido. Es como una espada sin empuñadura, no hay forma de ocuparla sin hacerte daño. Quienes somos lo suficientemente fuertes podemos utilizarla sin mayor riesgo… pero eso no quita que a veces nos equivocamos.

Sus palabras hicieron que Ned sintiera frío, mucho frío.

-¿En qué te equivocaste?

-Hace unos inviernos, encontré a un muchacho que tenía tanto potencial como el Lobo Alado. Era la primera vez que encontraba a alguien que pudiera convertirse en mi sucesor, así que me apresuré demasiado y lo contacte de una manera demasiado… violenta. -su expresión cambio casi imperceptiblemente. -O quizás no y en realidad siempre fue alguien destinado a la locura. Lo que ha hecho los últimos años me hacen creer que no sería algo tan descabellado.

-¿Se volvió loco? -preguntó el dorniense, asustado frente a la posibilidad de un verdevidente así.

-Quizás loco no sea la palabra más correcta para describirlo. Es alguien que ha perdido la razón, pero que no deja de tener una inteligencia y una astucia como pocos en el mundo. Sumando eso a su potencial astral, le convierten en la persona más peligrosa que existe.

Un verdevidente malvado, eso era algo casi tan espeluznante como los Otros.

-Pareciera que le temes.

-Lo hago. Todos deberíamos hacerlo. Ocupó su don para descubrir secretos que deberían haber permanecido ocultos, vestigios de los tiempos oscuros anteriores al amanecer del hombre. Es por eso que las velas de cristal han vuelto a arder y que las ruinas de piedra negra de los Profundos están despertando por primera vez en diez mil años, esperando que sus creadores hagan lo mismo. Si tiene éxito, no se detendrá hasta que todo el mundo arda.

-¿Y quién es? ¿Tiene nombre?

-Lo tiene. Se llama Euron… Euron Ojo de Cuervo.

"Y quiere que el mundo le rinda pleitesía antes de destruirlo"

-*-*-*-*.

-Si fuera tú, no bebería eso.

La voz lo tomó por sorpresa en medio del banquete con el cuál el Príncipe Doran les daba la bienvenida a Lanza del Sol. Quién había hablado era una joven de su edad, quién poseía rasgos lo suficientemente parecidos a los de la princesa Arianne como para al menos sospechar que eran familia. En ese momento lo estaba mirando con una expresión curiosa, esperando su respuesta a la advertencia que le había hecho sobre la copa de vino que Ned sostenía en una mano, de la cual deseaba desesperadamente beber por lo picante de la comida que le habían servido.

-¿Por qué lo dices? El príncipe extendió su hospitalidad sobre mí y mi gente. No tengo nada que temer de él.

-No tienes nada que temer de mi tío, eso es cierto. Pero creo que no ocurre lo mismo con mis hermanas. Son bastante cercanas a mi prima, y bueno… -la muchacha no terminó la frase, girándose para mirar a la princesa Arianne en la mesa más alta.

La heredera de Dorne estaba en ese momento conversando con su padre, con la misma expresión de rabia contenida que poseía cuando habían recibido al Dayne y a sus compañeros en las puertas unas horas antes, donde no se había molestado en disfrazar la hostilidad que sentía por él. Edric había tenido que recurrir a todo su autocontrol para no insultarla devuelta.

El príncipe Doran en cambio era alguien más enigmático. Era cortés, pero tampoco cercano. Parecía que realmente todavía no sabía pensar sobre aquel señor dorniense que había estado demasiado tiempo fuera de su tierra natal. Ned trataría de ganar su aprobación, no porque fuera alguien dócil, sino porque realmente era lo mejor para su familia.

Lo haría aunque eso significara tener que soportar los insultos de la princesa.

-¿Y tú no lo eres? -preguntó finalmente, deduciendo que quién le estaba hablando era otra de las hijas del príncipe Oberyn. Sus ojos no dejaban muchas dudas, de todos modos.

-Quizás no tanto como Tyene o Nym, pero eso no significa que no quiera a mi prima. -replicó la bastarda, mirándolo fijamente.

-¿Entonces porque me estás ayudando?

-Porque que quiera a mi familia no significa que comparta sus ideas. Sobre todo cuando se trata de Tyene… y esa costumbre que tiene de envenenar a las personas que Arianne detesta.

-¿Veneno? -preguntó alarmado, estudiando la copa que tenía en su mano. Parecía normal, pero al daño ya estaba hecho. -¿De verdad la princesa me odia tanto como para envenenarme?

-Quizás no lo suficiente como para matarte… pero sí, yo creo que se sentiría bastante satisfecha si te viera enfermo y débil, como justamente te dejaría cierto veneno que Tyene sabe fabricar. No lo sentirías hasta mañana, así que podría desentenderse y decir que pescaste una enfermedad o que te hizo mal la comida. Mi prima, siempre creyéndose más astuta de lo que realmente es.

Ned no respondió, decidiendo si confiar o no en las palabras de la muchacha. Finalmente lo hizo, derramando el contenido de su copa en el suelo de la manera más disimulada que pudo. Al parecer tuvo éxito, ya que nadie lo notó salvo la propia muchacha que le había advertido, quién ahora le miraba con una sonrisa.

-Gracias. -murmuró, haciendo un gesto con la cabeza. -Soy Edric.

-Y yo soy Elia, hija del príncipe Oberyn. Aunque bueno, eso creo que ya lo dedujiste.

-Lo hubiera hecho aunque no me hubieras dicho que eras prima de Arianne. Tienes los mismos ojos de tu padre… y de tu hermana.

-¿De verdad? -preguntó Elia, arqueando una ceja. - ¿Y a cuál de mis hermanas has conocido, mi señor de Dayne? No sabía que Obara estaba con ustedes y el resto de mis hermanas están aquí o en los Jardines del Agua.

-A Sarella. -respondió, haciendo que la joven se asombrara tanto como el propio príncipe Oberyn cuando le había contado de su hija y lo de las velas de cristal. La bastarda trató de recuperarse antes de replicar, pero no pudo hacerlo completamente.

-¿Te encontraste con ella y te reveló quién era? Por los siete, ¡Incluso a mi padre le costará sacarla de Antigua a salvo si alguien descubre lo que está haciendo! -exclamó tan preocupada como sorprendida. Miró a Edric con esperanza antes de seguir. -¿Cómo está?

"Asustada"

-Está bien. La verdad no hablé mucho con ella, pero me pidió que le enviara saludos a su padre cuando lo viera.

-¿Y lo hiciste?

-Por supuesto, le había dado mi palabra.

Elia solo asintió, girándose para mirar a su padre. Mientras le miraba, Edric no pudo evitar sentir un poco de envidia por la fortuna que tenía de tener una familia tan abundante. Los únicos familiares que le quedaban eran Allyria y Estrellaoscura, y el segundo tenía como máximo objetivo en la vida el matarle y quitarle todo lo que quería. Era algo triste.

"Sabes que eso no es cierto, ellos no son tus únicos familiares. Quizás no compartan tu sangre, pero eso no significa que no sean tu familia. Tienes a Robb, tienes a Arya, tienes a Bran y a Lord Beric, tienes a Ser Jaime, a Domeric e incluso a Jon Nieve. No estás tan solo quieres creer." le reprochó su conciencia.

Pensar en eso le reconfortó un poco.

Charló durante el resto del banquete con la joven Serpiente de Arena. Resultó ser una buena compañera para conversar, contando historias interesantes sobre su familia y su vida en Lanza del Sol y haciéndole preguntas corteses sobre sus aventuras en el Norte y durante la guerra. Pareció sobre todo interesada en Robb Stark y Jaime Lannister, pero Ned evitó dar muchos detalles ambos hombres. La hija del príncipe Oberyn le estaba cayendo bien, pero estaba seguro que era más astuta de lo que quería aparentar. Si quería manipularlo para obtener información, no lo lograría.

Una hora después los primeros comensales comenzaron a levantarse, incluyendo al propio Príncipe Doran, quien dejó a su hija encabezando el banquete. Eso era una señal clara de que el Martell pronto llamaría a Edric a su presencia para discutir el asunto que le había obligado a cruzar todo Dorne. El joven caballero estaría mintiendo si dijera que no se sentía un poco nervioso, pero la verdad es que después de todo lo que había vivido, discutir con el Príncipe de Dorne casi le parecía algo trivial.

Aún así, trataría de dar la mejor impresión posible, se lo debía a Allyria y a Lord Eddard. Tomó un trago de su copa (que había cambiado por una que había visto con sus propios ojos como era llenada) y miró a Elia. Si, quizás ella podría ayudarle.

-Elia, ¿puedo hacerte una pregunta?

-Depende, si quieres preguntarme sobre si me gustaría encontrarme contigo para hacer lo que creo que quieres hacer, la respuesta es no. -sonrío juguetonamente antes de seguir- Pero si mañana me acompañas a cabalgar y demuestras que eres tan cortes como apuesto, quizás podría cambiar de opinión.

- ¿Qué? No, no era sobre eso. -balbuceó, intentando sin mucho éxito no ruborizarse. -No me malentiendas, no es que tampoco diga que eres bonita, pero…

-¿Pero? -preguntó la joven, más que divertida con la situación.

-Pero quería preguntarte sobre otra cosa. -el dorniense respiró profundamente, tratando de sonar serio nuevamente -Es sobre Arianne.

La expresión de la bastarda se endureció inmediatamente.

-Creo que me malentiendes, mi señor de Dayne. Que haya evitado que Tyene te envenenara no significa que vaya a traicionar a mi prima. Puede ser algo necia a veces, pero eso no quita que la quiera. La sangre pesa más que el agua.

"Ojalá Estrellaoscura pensará como tú"

-No te pido que traiciones a tu prima, te pido que me ayudes a entenderla.

-¿Y que quieres entender de ella? -replicó la morena.

-Solo quiero entender por qué me odia -respondió, intentando no parpadear para demostrar estoicidad.

-La mitad de los dornienses te odia, no hay gran misterio tras ello. Siempre hemos sido desconfiados de los extranjeros y tú has vivido más tiempo fuera de Dorne que dentro de él. -lo miró con recelo por un instante, pero Ned logró detectar algo extraño en su mirada al responder. ¿Inseguridad quizás? ¿Podría estar mintiendo? Lo único que le quedaba si quería averiguar algo era esa posibilidad, así que decidió insistir.

-¿Y es solo por eso? ¿Podrías jurármelo?

-No es muy caballeroso pedirle eso a una dama. -repuso la joven, pero Ned la notó aún más dubitativa, así que supo que estaba haciendo lo correcto.

-Lo sé, y de verdad no lo haría si tuviera otra opción… pero no la tengo. Mi futuro y el de mi familia están en manos de Arianne y necesito saber todo lo posible para convencerla de que no tome una decisión equivocada. Por favor, ayúdame. -le hubiera tomado las manos si hubiera podido, pero la mesa se interponía entre ellos.

La muchacha dudo, sí que lo hizo, pero al final su sentido común debe habérsele impuesto a la lealtad a su prima, porque tras unos segundos suspiró y lo miró nuevamente a los ojos con una expresión de determinación.

-Te lo diré solo porque creo que ella se está equivocando, no porque hayas logrado manipularme o algo parecido, ¿entendido?

-Por supuesto.

-El que estuvieras tanto tiempo fuera de Dorne afectó tu nombre, pero mentí cuando insinué que eso es lo único que provoca que Arianne te deteste. La verdad es más… complicada. Ocurre que mientras tú estabas afuera, tu primo pasó más tiempo viviendo aquí que en su propio castillo.

-¿Qué? -exclamó con sorpresa, esa información sí que era nueva para él. - ¿Estrellaoscura vivió aquí?

-No solo vivió aquí, Ned, también se convirtió en uno de los amantes de Arianne. Cuando Ser Gerold llegó al castillo lo hizo como un huésped más, siempre recatado y cortés, pero luego mi tío se retiró a los Jardines del Agua y mi prima quedó a cargo del castillo. No habían pasado ni dos noches de eso antes de que comenzaran a revolcarse juntos. -le explicó la dorniense, tan tranquila como si estuviera hablando del clima. -Normalmente no hubiera sido algo tan importante, Arianne ha tenido media docena de amantes solo desde que yo llegué a la ciudad… pero bueno, créeme que nunca la he visto tan encaprichada con uno de ellos como lo fue con tu primo. No es que me sorprenda tampoco, siempre ha tenido una debilidad por los hombres guapos, y Estrellaoscura es alguien…

"Alguien cuya apariencia engaña a quién no lo conoce"

-Entiendo. -murmuró, pensando en lo que acaba de escuchar.

"Está enamorada de él, y Estrellaoscura debe haberla convencido de odiarme tanto como él lo hace."

Si Elia había dicho la verdad -y no había notado nada que le hiciera dudarlo- el Dayne se encontraba en una situación bastante delicada. Si, el príncipe Oberyn consideraba a Estrellaoscura como un traidor y cualquier dorniense que supiera lo que había hecho en las Tierras de los Ríos pensaría lo mismo, pero era bastante difícil que sucediera lo mismo con Arianne. El amor era algo bello, pero también podía provocar que las personas actuaran tontamente -a veces incluso haciendo verdaderas estupideces- y si bien era poco probable que fuera amor verdadero lo que la Martell sentía por su primo, no tenía duda de que ella creía que lo era.

Su única esperanza era que el príncipe Doran fuera diferente a su hija. Todo indicaba que lo era, pero ¿y si era eso lo que quería que el Dayne creyera? Una cosa era que pensara diferente a Arianne y la otra que fuera tan drástico como su hermano Oberyn. Por los Siete, todo esto era complicado y casi le dolía la cabeza de solo pensarlo. Elia notó su expresión y trató de ayudarle.

-Si fuera tú, ignoraría las provocaciones de mi prima y trataría de convencer a mi tío. Mi padre siempre ha dicho que es alguien que piensa más con la cabeza que con el corazón. Eso no es algo que me agrade mucho, pero creo que en esta situación te favorecerá. Al final él es el Príncipe de Dorne. no Arianne. -añadió, como si hubiera leído los pensamientos de Edric.

"Por ahora"

-Gracias Elia, de verdad. -murmuró, intentando sonreír pese a lo preocupado que estaba. -Si quieres que te acompañe a cabalgar no tengo problema alguno. Te lo debo por lo del veneno.

-Te cobraré la palabra algún día, pero no creo que sea pronto. Buena suerte Ned, creo que la necesitarás. -la muchacha se levantó de la mesa y partió de ella antes de que el Dayne pudiera hacer algo más que verla alejarse.

"Algún día"

No alcanzó a beber otra vez de su copa antes de que un sirviente se aproximara y le dijera que el Príncipe Doran quería hablar con él a solas. El momento había llegado. Se levantó y caminó por los pasillos de Lanza del Sol, siguiendo de cerca al sirviente. Pronto llegó a una puerta entreabierta, con un enorme guardia norvoshi y su aún más amenazante hacha cortándole el paso.

-¿Quién eres? -preguntó el guardia, inflexible,.

-Soy Edric Dayne, el Príncipe Doran quiere hablar…

-Déjalo entrar Areo, yo lo llamé. -le interrumpió una cansada voz desde el interior de la habitación,

-Como ordene mi príncipe. -replicó el guardia indiferentemente, retirando el hacha para que Ned pudiera avanzar.

Al hacerlo se encontró en el despacho personal del Señor de Dorne. El propio Doran Nymeros Martell estaba en el centro de la habitación, sentado detrás de un escritorio y con su hermano Oberyn de pie a un costado. Cuando Ned entró Doran levanto la vista para mirarlo, pero la atención de su hermano en cambio estaba enfocada en un enorme cuadro que colgaba de una de las paredes. La pintura mostraba a una bella mujer vestida como soldado, de pie y victoriosa sobre el cadáver de un dragón con el río Rhoyne a sus espaldas. Probablemente era la propia Nymeria.

Quizás era una buena señal el que no mirara el cuadro que colgaba de la pared contraria, que mostraba esta vez sin dudas a Nymeria y a los seis reyes dornienses que había derrotado arrodillados frente a ella, encontrándose uno de los antepasados del propio Edric entre ellos.

-Lord Dayne, os agradezco que hayáis venido tan rápidamente luego de mi llamado. -anunció Doran formalmente.

-Mi príncipe, no hay nada que agradecer. Vuestra familia manda y la mía obedece, tal como ha sido desde que Nymeria venció y envió a mi antepasado al Muro. -replicó Edric, con el mismo tono.

-¿Vorian Dayne, no es cierto? Tu antepasado al que Nymeria venció y mandó al Muro. ¿Cómo es que le decían? -quiso saber Oberyn, tras el asentimiento del rubio.

-La Espada del Atardecer. El último Rey del Torrentino. -respondió el Dayne, manteniendo el tono formal. Oberyn sonrío, antes de dirigirse a su hermano.

-No es necesario tanta formalidad, hermano mío. Viaje lo suficiente con este muchacho como para saber que no es un traidor como su primo.

"¿En serio?" pensó esperanzado.

-Quizás tu pienses eso Oberyn, pero si me lo permites, me gustaría generarme una opinión propia. -replicó el otro Martell. Su hermano menor levantó las manos, haciendo un gesto con la cabeza que Ned entendió como "como quieras". Doran estiró un pergamino que había sobre la mesa y habló sin mirar al Dayne.

-Ahora que ya hemos cumplido con las formalidades, iré al grano. No sé qué debo hacer contigo. Mi hermano aconseja algo y mi hija me dice que haga lo contrario. -murmuró el Martell, suspirando.

-¿Tiene que ver con mi primo? -preguntó, a lo cual el príncipe asintió.

–Arianne dice que es el mejor guerrero de Dorne desde Arthur Dayne y que tú eres alguien más leal a los Stark que a nosotros, así que debería desheredarte, ejecutarte y nombrarlo a él como Señor de Campoestrella. Oberyn en cambio dice que Ser Gerold es el traidor y que no tuvo reparos en vender su espada a los Lannister, así que deberíamos ayudar a capturarlo y llevarlo a la justicia. ¿A quién debo hacerle caso? ¿Debo ejecutarte o ayudarte? -lo miró a los ojos antes de continuar. -Dime mi señor de Dayne, ¿Qué es lo que haría Ned Stark si estuviera en mi lugar?

La pregunta tomó por sorpresa a Edric, quién se demoró un par de segundos en responder.

-Si Lord Eddard estuviera en vuestro lugar… -comenzó.

La familia siempre había sido lo más importante para el Señor del Norte. Edric siempre lo había sabido, pero nunca lo había dimensionado en su totalidad hasta que Cuervo de Sangre le mostró lo que había sucedido en la Torre de la Alegría. Sacrificar su honor para proteger a su sobrino, manteniendo tal secreto por el resto de su vida… Lord Eddard realmente había sido un hombre como pocos.

Pero eso no le servía ahora, ya que no podía contarle esa faceta de la vida del señor norteño al príncipe Doran. El señor dorniense esperaba algo que le ayudara a decidir, por lo que Edric tuvo que recurrir a todos sus recuerdos sobre el difunto Señor de Invernalia para encontrar una enseñanza que le ayudara ahora.

Cuando lo hizo, casi sonrío por la ironía.

"Si le vas a quitar la vida a un hombre, tienes un deber para con él y es mirarlo a los ojos y escuchar sus últimas palabras."

-Si Lord Eddard estuviera aquí, me escucharía. Aunque después decidiera que realmente merezco la muerte por mis acciones, antes de tomar esa decisión me escucharía. -respondió, totalmente solemne mientras hablaba.

Doran Martell le miró impasiblemente por uno, dos, tres segundos que se hicieron eternos. Solo cuando Ned estaba a punto de arrepentirse de haber dicho eso fue el Príncipe reaccionó, asintiendo lentamente.

-Entonces habla, mi señor de Dayne. Cuéntame que es lo que pasó con Estrellaoscura y demuestra si eres o no realmente leal a Dorne y a mi familia. Lo único que te pido es que seas breve. No tenemos mucho tiempo y hay muchas cosas de las que hablar. -anunció el Martell, para alivio de Edric.

Y el Dayne habló, contándole la misma historia que le había relatado a Oberyn unas semanas antes. Narró casi todo lo que le había pasado desde Septo de Piedra hasta Campoestrella, incluso incluyendo a Sarella, aunque no al Fantasma de Alto Corazón.

"Me creerían loco. Quizás lo estoy, pero si es así no es el momento de revelarlo."

Finalizó su historia mintiendo sobre como su máximo deseo era ser leal a Dorne y pidiendo humildemente la ayuda de la Casa Martell para llevar a la justicia a su traidor primo, quién había tratado de usurpar su hogar por la fuerza y había robado a Albor. Tras decir eso se calló, esperando el juicio del señor dorniense.

-Una historia interesante, mi señor de Dayne. Tan interesante como la que me había contado Oberyn. -murmuró Doran, mirando de reojo a su hermano. Tras ello rápidamente volvió a mirar a Ned. -Solo tengo una pregunta más … ¿cuánto crees que sufrió la Montaña al morir?

Ned recordó como estaba la bestia de los Lannister justo antes de morir, sangrando de medio centenar de heridas de espadas, flechas y mordidas de lobo. Era poco más que una masa roja cuando Robb atravesó su cuello con su espada. Pero aun así, en el fondo de su ser Ned creía que eso seguía sin compensar todo el daño que había hecho.

Y eso es lo que diría.

-Sufrió bastante… pero no lo suficiente para pagar por todo lo que hizo en vida. Debería haber muerto mil veces para poder hacerlo.

Tras unos segundos, Doran Martell miró nuevamente a su hermano y sonrío. El Martell menor no le devolvió el gesto. Aun así, el Señor de Dorne habló.

-Veo que mi hermano tenía razón. Que las palabras que estoy diciendo sirvan para confirmar que sois el legítimo líder de la Casa Dayne y Señor de Campoestrella, como lo serán vuestros herederos de aquí hasta el final de los tiempos. -anunció, terminando con el temor que Allyria tenía.

-Gracias mi señor. No os fallaré nunca. -respondió Edric, con sentimientos encontrados. Trató de hacer una pequeña reverencia, pero Oberyn lo detuvo antes de eso.

-Esas fueron las buenas noticias, ahora vienen las malas. -dijo el moreno, con una expresión indescifrable en la cara.

-¿Las malas? -preguntó confundido.

-Las malas. -confirmó Doran, su semblante ensombreciéndose nuevamente. -Oberyn, infórmale a nuestro Lord Dayne lo que acabamos de descubrir.

-Es sobre Estrellaoscura… el cobarde logró huir de Dorne con éxito. -escupió la Víbora Roja con desprecio.

- ¿Qué? ¿Cómo?

-Con la ayuda de la necia de mi sobrina. -respondió el Martell, mirando de reojo a su hermano. Doran no dijo nada.

"Elia tenía razón."

-¿Pero porque le habría ayudado? -preguntó de igual forma, intentando aparentar ignorancia.

-Porque está enamorada, o por lo menos cree que lo está. -respondió Oberyn, mirando desaprobatoriamente al Dayne. -Vamos, ¿de verdad quieres decirnos que no lo sospechabas? Me caes bien chico, pero no eres bueno mintiendo.

-¿Qué te hace creer que estoy mintiendo?

-Te vi con Elia en el banquete, conversaron casi hasta que las velas se apagaron. ¿De verdad me vas a decir que no te mencionó nada sobre la relación de su querida prima y el galante Ser Gerold?

-Lo hizo, pero solo me dijo que fueron amantes y que era por eso que la Princesa ahora es tan hostil hacia mí. Nunca mencionó que estaba tan enamorada como para ayudarle a huir. -respondió, aparentando seguridad.

-Ninguno de nosotros lo sospechaba, ni siquiera Tyene y es prácticamente su melliza. -murmuró el Príncipe Doran, cansado. -Pero bueno, no vale la pena lamentarse sobre la leche derramada.

"Es fácil decirlo cuando no estás en mi lugar o en el de Allyria."

- ¿Cómo lo ayudó a huir? ¿Hacia dónde se dirige? -exigió saber Edric.

-Le consiguió un barco en la Ciudad de los Tablones con el cual pudo salir de Dorne sin que nadie se enterase. Si Nym no hubiera estado de casualidad en la ciudad ese día y no los hubiera visto despidiéndose antes de que él abordara el barco, ni siquiera nos habríamos enterado. -respondió Oberyn.

-Uno de mis espías me había contado que había un barco con mercenarios fondeado en la ciudad, pero nunca creí que fueran la propia Compañía Audaz. También fue error mío. -añadió el Príncipe Doran.

-¿Y hacia donde se dirige? ¿Saben eso? -insistió, haciendo uso de todo su autocontrol para no hacer algo precipitado.

-Tenemos nuestras sospechas… -comenzó el Señor de Lanza del Sol.

-Basta Doran, sabes que no es solo una mera sospecha. Es la única alternativa real que tiene. -le interrumpió Oberyn, sorprendiendo a Edric.

-Si lo hace, estaría corriendo el riesgo de que le corten la cabeza. -respondió el otro Martell, ignorando al joven que tenía delante.

-Ese riesgo lo corre en todas partes. Los Lannister lo matarían antes de siquiera escucharlo, y viendo lo cercano que es nuestro amigo aquí presente con ellos, es más que probable que los Stark hagan lo mismo. -replicó la Víbora Roja, mirando momentáneamente a Edric. Volvió a mirar a su hermano antes de seguir. -Conozco a Estrellaoscura mejor que tú y sé que no está dispuesto a convertirse en un simple mercenario o en el guardia de un gordo mercader essosi. Quiere ganar gloria, quiere ganar renombre y justamente puede lograr eso y más si juega correctamente sus cartas con la muchacha.

-Esa muchacha ya ha conquistado la mitad de Essos, si fuera tú no la subestimaría tanto.

-Conquistadora o no, sigue siendo una muchacha más joven que Arianne, y como padre de ocho hijas créeme cuando te digo que a esa edad incluso la mujer más inteligente tiene la cabeza preocupada en otras cosas. Mira a tu propia hija si dudas de mis palabras.

-Es diferente, conmigo en los Jardines y contigo en Montenegro con el ejército, Arianne no tenía a su lado a personas que le hicieran ver lo que ella no podía ver. La muchacha tiene a Ser Barristan y pronto tendrá a Connington y al… muchacho para ayudarle. -insistió Doran, aún indiferente a Edric.

"¿Están hablando de quién creo que hablan?"

-Ser Barristan es un gran caballero, pero solo eso. En cuanto a Connington… -Oberyn hizo un sonido que podía identificarse como una burla. – … quizás incluso le agrade la idea de tener a un Dayne como compañero. El muy imbécil casi podría creer que es como estar de vuelta en los viejos tiempos, y sobre el muchacho…

-Estrellaoscura no es solo un Dayne. -le interrumpió Edric, con lo que ambos Martell se giraron para mirarlo. Tras unos segundos de extrañeza Oberyn finalmente lo entendió.

-No, no lo es. Ahora también es el portador de Albor. -el moreno movió la cabeza de un lado al otro. -Por los siete infiernos, si el tener a la Espada del Amanecer como escudo juramentado no es algo que convencería a una muchacha de dieciocho años a hacer algo impulsivo, no sé qué podría hacerlo.

-¿Entonces es eso? ¿Estrellaoscura se dirige hacia donde creo que lo hace? -pregunto Edric. Apartó la vista, casi derrotado. -Pretenden aliarse con ella, ¿no es cierto? Es por eso que hay un ejército en el Paso del Príncipe aun cuando Dorne ha permanecido neutral en la guerra hasta ahora. Pretenden invadir el Dominio si ellos no cambian de bando cuando ella llegue.

-Es más complicado que eso… pero si, a grandes rasgos tienes razón. -Doran suspiró. -Tu primo se dirige hacia Daenerys Targaryen.

"Y si logra ganar el favor de ella tal como lo hizo con Arianne… estás en serios problemas."

-*-*-*-*.

ROBB

-La mayor batalla desde el Tridente… y no estuve ahí. ¿Por qué? -murmuró el Stark, sentado y debatiendo con si mismo sobre si era una buena idea o no pedirle a un sirviente que trajera vino.

El despacho personal de Lady Lefford era más que acogedor, pero el norteño lo hubiera cambiado gustoso por el suyo propio en Invernalia. Lograr tomar el castillo era algo que les había costado demasiado sangre y sudor, pero lo habían logrado y con ello habían abierto el camino para que sus hombres entraran e hicieran arder el Oeste. Sumando eso a la victoria de Domeric en Foso Cailin y a la propia liberación de Invernalia, Robb y sus hombres deberían estar festejando… pero con los cuervos que habían llegado del este, toda posibilidad de ello se había esfumado.

-Quizás tuvo tantos hombres como el Tridente, pero no fue ni por cerca tan decisiva como ella. El Tridente decidió la Rebelión, lo de Harrenhal es solo una batalla más. -replicó Ser Brynden, sombrío. Miró a Robb antes de seguir. – Y viendo su resultado, el que no hayas estado ahí quizás haya sido lo mejor.

El Stark no quería admitirlo, pero sabía que tenía razón. Los cuervos habían traído la noticia de que había ocurrido una gran batalla en las afueras de Harrenhal, donde la mayoría de las fuerzas de la Alianza se habían enfrentado al gigantesco ejército Tyrell y Lannister que había marchado al norte desde la capital. Como tras toda gran batalla, los reportes eran confusos, pero lo único claro era que pese a que los Señores del Valle y del Tridente habían logrado infringir numerosas bajas a sus enemigos, aun así habían perdido la batalla.

La amarga verdad es que no era una gran sorpresa. Los Tyrell y los Lannister tenían a sus fuerzas concentradas, mientras que las de la Alianza estaban divididas a lo largo y ancho de las Tierras de los Ríos, el Norte y el propio Colmillo Dorado. Era cierto que la hueste que Lord Royce tenía a cargo era numerosa, pero aun así seguía estando en una seria desventaja. Solo los Tyrell habían contribuido a la batalla con más de treinta mil hombres y los Lannister tenían aún más en la retaguardia.

Sus aliados habían logrado evitar un completo desastre solo gracias a que Lord Royce logró retirarse a tiempo tras las murallas del castillo de Harren, donde ahora estaban siendo sitiados, pero al menos no aniquilados. Eso era más de lo que muchos otros podían decir. Medio centenar de señores y herederos habían muerto durante la batalla, como justo en ese momento le estaba detallando el Pez Negro.

-Lord Tarly lideró la vanguardia de los Tyrell y mató personalmente a media docena de nobles. Lord Hunter, Lord Hornwood, el heredero de Lord Belmore y Ser Hendry Bracken se encuentran entre ellos. El muy maldito estaba a punto de matar a Harry el Heredero cuando Lyn Corbray se interpuso en su camino. El duelo que mantuvieron fue brutal, pero Dama Desesperada se impuso a Veneno de Corazón y nuestro querido Ser Lyn logró asesinar a Lord Randyll. La confusión que surgió tras ello fue lo único que permitió que Bronze Yohn pudiera liderar una retirada más o menos ordenada.

-¿Cómo está Lord Yohn? -preguntó el Stark, preocupado. El Señor de Piedra de las Runas era quién lideraba a los Señores del Valle en la guerra y si él caía nada aseguraba que el resto de sus aliados continuarían peleando de su lado.

-Sobrevivió sin mayores heridas. Incluso mató a un par de señores menores… pero dudo que le importe viendo lo que le pasó a su heredero. -respondió el Pez Negro sombríamente.

- ¿Ser Andar? -preguntó horrorizado. El heredero Royce era poco mayor que él mismo y en el poco tiempo que lo había conocido le había caído bien.

"Ysilla estará destrozada"

Su tío asintió. -Murió en combate singular con uno de los hijos de Mace Tyrell, creo que Ser Garlan. No importa, sea quien sea fue alguien que tuvo la decencia de permitir que su cadáver fuera recuperado por nuestros hombres. Pero bueno, lo que está claro es que ahora Ser Robar es el heredero de su padre… y que tu prometida acaba de perder a su hermano.

-Eso es algo que no es necesario que me recuerden. -respondió amargamente. Ser Brynden lo miró, pero no dijo nada. Robb respiró y siguió hablando. -¿Qué pasó después?

-La mayor parte del ejército enemigo está ocupado sitiando Harrenhal, pero algunas de sus fuerzas se dividieron y ahora mismo están avanzando hacia Poza de la Doncella y Septo de Piedra. Supongo que quieren evitar que los Velaryon nos ayuden por mar… y también buscando que tú y Edmure se unan y traten de avanzar al este a presentarles batalla.

"Y así terminar con la rebelión de una vez por todas."

-No estarían tan esperanzados si supieran donde estamos. -murmuró ausente. Mientras él y sus hombres estaban dentro de las propias tierras de Tywin Lannister su tío Edmure avanzaba hacia el sur, con la intención de invadir el Oeste desde el propio Camino Dorado. Aunque decidieran enfrentarse al ejército Lannister pasarían lunas antes de que pudieran hacerlo.

-No lo saben, y esa es una ventaja que debemos explotar lo mayor posible. -replicó el Pez Negro, severo. -¿Cuáles son tus planes?

-Los mismos del principio. Avanzamos y quemamos todo de aquí a Roca Casterly, tal como los hombres de Lord Tywin hicieron con las tierras de mi abuelo al principio de la guerra.

"¿Eso es justicia, no?"

-¿Y qué haremos con el ejército que Ser Jaime trae desde el sur? -quiso saber el anciano caballero.

-Lo enfrentaremos y lo destruiremos. Tengo a ocho mil hombres y Ser Jaime a no más de cinco mil. No importará lo gran guerrero que sea, los números está vez están de nuestro lado.

"Quizás incluso podría capturar a Ser Jaime y cambiarlo por Sansa, aunque no me atraiga demasiado la idea de ocupar al salvador de Arya y Bran como una mera pieza de cambio." pensó el norteño, antes de recapacitar. "Aunque haya sido nuestro amigo, no es tiempo para caballerosidad. Si la oportunidad se presenta, debo tomarla"

El Pez Negro no respondió inmediatamente, dirigiendo su mirada hacia los tapices que colgaban de la pared del despacho. Uno de ellos mostraba al león dorado de los Lannister, con una docena de bestias diferentes rindiéndole pleitesía.

-Tengo un mal presentimiento de todo esto. -murmuró finalmente su tío.

El norteño pensó en su madre, destrozada con las noticias de Invernalia al punto de que se había recluido en sus habitaciones de Aguasdulces, incapaz de hacer poco más que llorar y rezar. Pensó en Ysilla, tan bella y fuerte, ¿Se marchitaría esa fiereza al enterarse de lo que le había pasado a su hermano? Pensó en Domeric, Edric y Bran, sus amigos y quién quizás era su último hermano. ¿Cómo reaccionarían al hecho de que la guerra de la cual dependía todo ahora se les había puesto cuesta arriba?

Estaba a punto de decir algo cuando tocaron la puerta.

-¿Quién es? -preguntó impaciente.

-Es el maestre mi señor, dice que llegó una carta de Aguasdulces. -anunció uno de sus guardias desde el otro lado de la madera.

-Entonces que entre. -ordenó, mientras su corazón daba un vuelco. El guardia obedeció y abrió la puerta, permitiendo que el gordo y rubio maestre del Colmillo entrara a la habitación. Sin mediar palabra alguna el hombre hizo una pequeña reverencia y le entregó la carta, antes de dar media vuelta y salir tan rápidamente como entró.

-¿Quién la envía? ¿Cat? ¿Edmure? -preguntó el Pez Negro, tratando sin mucho éxito de no sonar ansioso.

-Mi madre. -respondió el Stark, reconociendo inmediatamente la letra de su progenitora. Su tío debe de haber notado la emoción que le causó leer el mensaje, porque prácticamente le estaba arrancando la hoja de las manos antes de que Robb pudiera siquiera terminar de leerla.

-¿Qué pasó Robb? ¡Respóndeme!

-Arya y Rickon. -murmuró, mientras lágrimas de alivio comenzaban a formarse en sus ojos. -Están bien.

-*-*-*-*.

Las buenas noticias continuaron durante las semanas siguientes. Estaban sitiando Sarsfield cuando un jinete llegó con la noticia de que Domeric había logrado expulsar con éxito a los hombres de hierro que custodiaban Bosquespeso. Lo había hecho casi sin derramar sangre, ya que la mayoría de los krakens depuso las armas cuando vieron que el Bolton tenía como prisionera a Asha Greyjoy.

Quizás otros Starks del pasado que fueron más precavidos que Robb se hubieran mostrado preocupados frente al prestigio que Dom estaba ganando entre el resto de los norteños, pero ahora mismo no le importaba demasiado. No mientras eso significara que su hogar estaba siendo limpiado de una enfermedad que nunca debería haber sufrido. Solo el tiempo diría si tenía razón o no.

"La tendré. Aunque estemos peleados, Dom sigue siendo mi amigo. Cuando rescatemos a Sansa todo volverá a ser como antes." pensó tontamente.

La segunda buena noticia llegó de Septo de Piedra, donde un ejército liderado por Lord Blackwood había logrado rechazar con éxito a las fuerzas que los Lannister habían enviado para capturar la ciudad. Era un consuelo frente a la caída de Poza de la Doncella y a la falta de noticias desde Harrenhal. Lo único extraño era algo que Robb había logrado notar al revisar la lista de enemigos capturados.

-Son solo Casas del Dominio. -dijo confundido al Pez Negro. Su tío revisó por sí mismo la lista antes de asentir.

-Fossoway, Caswell, Oakheart, Meadows... tienes razón, son solo caballeros del Dominio. -murmuró el caballero, igual de extrañado. El Tully se quedó en blanco por un par de segundos antes de comenzar a hablar, casi como si hubiera tenido una revelación.

-En la batalla de Harrenhal la vanguardia enemiga estaba liderada por Lord Tarly, ¿no es cierto?

-Eso fue lo que dijo Lord Yohn. -confirmó Robb, ensombreciéndose al recordar al asesino de tantos aliados.

-Y quién mató a Ser Andar fue otro caballero del Dominio. Un Tyrell, de hecho -murmuró su tío. -Ahora que lo pienso, no recuerdo ninguna mención de algún caballero Lannister en la batalla. Yohn dijo que estaban sus estandartes, pero no que había visto a alguno en persona. Que extraño.

-¿Qué sospechas?

-Quizás sea viejo, pero mis sesos siguen funcionando a la perfección y que me parta un rayo si miento cuando digo que Lyle Crakehall y Addam Marbrand estarían en la primera línea de batalla de cualquier ejército de Tywin Lannister. No tiene lógica que no lo hayan estado.

-Quizás esta fue una excepción. Quizás están en otra parte, en Desembarco o con Ser Jaime. -replicó Robb, encogiéndose de hombros.

-Quizás, pero la verdad no lo creo. Además, ellos dos no son los únicos que no son nombrados. No hay un solo caballero del Oeste que haya sido capturado o siquiera visto en la batalla. -el Pez Negro frunció el ceño. -Es casi como…

-¿Casi como qué?

-Casi como si Tywin Lannister estuviera debilitando a sus aliados mientras conserva sus propias fuerzas. -respondió su tío. Tras unos instantes, Robb no pudo evitar estar de acuerdo.

-Me suena a algo digno de él.

-Eso es lo que me hace estar más seguro de mis sospechas, Aun así, me resulta increíble pensar que los Lannister se arriesgarían de esa forma a destruir su alianza con los Tyrell. Si, quizás Mace Tyrell sea un imbécil, pero su madre y sus hijos no lo son y sus banderizos aún menos. -endureció su mirada- No quiero entusiasmarme demasiado, pero creo que podríamos aprovecharnos de eso.

-¿Cómo? -preguntó el Stark, totalmente interesado.

-No soy un gran conspirador sobrino, ese era el papel de Hoster. -admitió el caballero. -Pero hay una cosa de la que estoy seguro, el Dominio siempre ha sido una región conflictiva. Lo único que permitió que los Tyrell siguieran siendo Señores de Altojardín tras la Rebelión fue que estaban casados tanto con los Redwyne como con los Hightower y que ambas familias son justamente sus vasallos más fuertes. Pero sobre el resto…

Robb asintió, tratando de recordar las lecciones del maestre Luwin. Si movía sus piezas cuidadosamente, quizás podría lograr que los Rowan o los propios Tarly abandonaran a los Tyrell. Tenía que averiguar quiénes mandaban en cada familia, o si tenían algún heredero o hija soltera. Salvo Bran, todos sus hermanos ya estaban comprometidos, pero tenía varios vasallos y aliados que no lo estaban. El propio Ser Robar Royce, para empezar.

"Ysilla" pensó con culpa, olvidándose de las políticas por unos momentos. Le había escrito a la Royce justo antes de partir del Colmillo Dorado, ofreciéndole sus condolencias por lo que había pasado con Ser Andar. No había recibido respuesta hasta ahora y eso le entristecía más de lo que quería admitir.

La última buena noticia la recibió a diez leguas de Lannisport, la misma noche en la que sus exploradores le informaron que el ejército de Jaime Lannister estaba a punto de alcanzarlos. Estaba lloviendo a cántaros, lo que casi era cómico considerando el mensaje que le habían traído desde el noreste.

-Ahora entiendo porque Domeric no encontró a ningún hijo del hierro en la Costa Pedregosa. -le anunció a su tío, entregándole la carta. – Balon Greyjoy está muerto, cayó de un puente durante una tormenta.

-Un final patético para alguien aún más patético. -masculló el Pez Negro, leyendo el mensaje. -Entiendo porque se retiraron. Con Theon muerto y su única hermana viva prisionera de sus enemigos, no sabían que hacer.

-Entonces la línea de Balon Greyjoy está finalizada. ¿quiénes son los siguientes herederos?

-Balon tenía algunos hermanos, aunque no recuerdo quién era el mayor. -masculló su tío, concentrándose. -Victarion es uno de ellos. Es el Lord Capitán de la Flota de Hierro, así que creo que el resto de los krakens lo seguirán a él. Si me preguntas a mí, eso sería lo mejor que podría pasarnos.

-¿Por qué? ¿Acaso es un mal guerrero? -le parecía extraño que los hijos del hierro decidieran tener como líder a alguien así.

-Porque es aún más idiota que Balon. Si los krakens lo eligen, no tengo duda alguna de que los dirigirá hacia tantas derrotas seguidas que ellos mismos terminarán derrocándolo. -la mirada del caballero se endureció. -Pero si eligen a uno de los otros…

-¿Cuáles otros? -Theon le había nombrado a sus tíos, pero además de Victarion solo recordaba a uno era un sacerdote y el otro que era un… ¿pirata?

-Aeron es un sacerdote del Dios Ahogado, un fanático. No lo conozco lo suficiente como para saber si es tan idiota como sus hermanos, pero sí sé que será bastante difícil que sea detenido por krakens si llegan a elegirlo. Respetan demasiado a sus sacerdotes como para hacerlo. Nos daría dolores de cabeza por años, pero solo eso, ya que no es un gran guerrero… -su cara se ensombreció aún más. - …pero si eligen a Euron…

-Euron… Theon casi nunca hablaba de él. -murmuró el Stark, desconcertado.

-Tengo mis sospechas de porqué… pero bueno, lo que importa es que Euron es el más peligroso de todos. Es diestro con las armas sin ser un idiota como sus hermanos. Es astuto e inteligente. Fue gracias a él que los Greyjoy pudieron quemar la flota Lannister por sorpresa durante su rebelión. Si él y no Victarion hubiera estado a cargo en Isla Bella…

-Y si se convierte en Rey de las Islas, ¿Qué pasaría? -preguntó Robb, tenso.

El Pez Negro lo miró a los ojos antes de responder.

-Si Euron Greyjoy se convierte en Rey, se nos aproxima una larga guerra para detenerlo.

-*-*-*-*.

-Quieren parlamentar. -anunció, observando la pequeña comitiva que se acercaba cabalgando a través de la tierra de nadie que había entre ambos ejércitos. La lluvia no había amainado completamente, pero lo había hecho lo suficiente como para que pudieran distinguir al heraldo y su estandarte con los colores de los Siete que avanzaba delante del resto de los jinetes. Se sorprendió un poco al reconocer al propio Jaime Lannister entre ellos

-Deberíamos acudir. -decidió.

-Podría ser una trampa. -murmuró el Pez Negro, tenso.

-No lo creo. Quizás Tywin Lannister sea capaz de preparar de traicionarnos en medio de un parlamento, pero Ser Jaime es diferente.

-¿El Matarreyes?¿Estás seguro de lo que estás diciendo?

-Lo estoy. -respondió el norteño, recordando la historia que Arya y Edric le habían narrado sobre su huida de la capital. Era cierto que Ser Jaime podía haber cambiado desde entonces, quizás incluso pareciéndose más a su padre… pero Robb tenía la esperanza de que no fuera así. Quería creer que aún había honor en el mundo.

-No puedo compartir tu opinión, sobrino, pero está claro que no podré convencerte de lo contrario. -murmuró Ser Brynden, cansado. -¿Cuándo partimos?

-Ahora mismo.

Su tío apenas alcanzó a indicarle a algunos guardias que le siguieran antes de Robb picara espuelas y comenzara a avanzar al encuentro de sus enemigos. Al acercarse pudo observar más detalles de los compañeros de Ser Jaime. Le pareció reconocer los blasones de un Marbrand y de un Crakehall, y la capa y armadura blanca de otro no dejaban dudas de que se trataba de un guardia real. Eso último llamó la atención de Robb, ya que el propio Ser Jaime no la poseía, vestido con los colores de su casa y no con los de su orden.

En cuanto al resto de la comitiva, no los pudo reconocer. Uno estaba vestido con unos ropajes rojos que parecían extranjeros, y también había dos figuras con capuchas grises que les tapaban la cara, probablemente para protegerse de la lluvia. El resto eran simples guardias y escuderos, con las armas y armaduras típicas del ejército Lannister.

"Un grupo extraño para parlamentar" pensó el norteño, recorriendo los últimos metros que los separaban.

-Lord Stark, no esperaba que acudierais vos mismo. -anunció el Lannister, al parecer sinceramente sorprendido.

-Prefiero hacer las cosas yo antes de dejárselas a alguien más, Ser Jaime. Así somos los norteños. -respondió el Stark, severo e irguiéndose todo lo que pudo a lomos de su caballo. Aun cuando estuviera en deuda con el sureño por haber ayudado a su familia a escapar de la capital, seguían estando en bandos opuestos y debía cumplir con su papel de señor.

-No lo dudo Stark, no lo dudo. -replicó el rubio, con un asomo de sonrisa. Miró a los compañeros de Robb antes de seguir. -Ser Brynden, ha pasado tiempo.

-Matarreyes. -saludó su tío, poco impresionado. -Así es.

-Creía que estaríais junto al ejército de Lord Royce en Harrenhal. Lo último que había sabido de vos es que estabais al servicio de vuestra sobrina y su hijo en el Valle. -murmuró el Lannister, su expresión un poco más sombría tras escuchar el apodo con el que el Pez Negro lo había llamado.

-La guerra me obligó a apartarme de ellos. O más bien tu señor padre, cuando desató a su bestia sobre las tierras de mi hermano.

-Clegane ya está muerto y dudo que haya alguien que lo extrañe. Por lo menos yo no lo hago, así que preferiría que nos acordáramos de él. -anunció Ser Jaime, aún más sombrío. Miró a Robb antes de hablar. -Aunque quiero comenzar a hablar de lo importante lo antes posible, no puedo no decir que esperaba ver a Edric junto a ti. ¿Dónde está?

-Lejos. -respondió el Stark, lo más cortantemente posible. Ser Jaime lo miró con una expresión indescifrable por unos segundos antes de asentir.

-Como quieras. -suspiró y se giró para mirar a una de las figuras encapuchadas antes de volver a enfocarse en norteño. -Trataré de ser lo más breve posible. Quiero una tregua donde podamos discutir una paz más permanente entre nuestros ejércitos.

-Yo quiero que Joffrey sea ejecutado, que mi padre y sus hombres asesinados sean revividos y que Sansa vuelva sana y salva a nuestras manos. Que queramos algo no significa que vaya a pasar.

"Pero si podemos al menos intentarlo"

-Es curioso que menciones eso último… pero bueno, lo haremos a tu manera. -antes de que cualquiera pudiera decir algo, el Lannister se llevó la mano a la cintura y desenvainó su espada entre los gritos de sorpresa y alarma de los compañeros de Robb. El propio Stark estaba a punto de desenvainar la suya cuando Ser Jaime hizo algo aún más sorpresivo.

Le ofreció la espada por la empuñadura.

- ¿Qué significa esto? ¿Por qué desenvainas acero en medio de un parlamento? -preguntó Robb cuando logró recuperarse de la sorpresa.

-Porque necesito demostrar que lo que digo va en serio. -respondió el rubio, acercándose un poco para que el norteño pudiera tomarla. -Tenla y dime que es lo que ves.

Tras un segundo de duda, Robb le hizo caso. Lo primero que notó fue que la espada era mucho más liviana de lo que esperaba. Una mirada a su hoja le permitió confirmar sus sospechas.

-Es de acero valyrio. -murmuró, momentáneamente embelesado con las incontables olas negras y rojas que la hoja del arma poseía.

-Y no cualquier acero valyrio… está hecha con el acero valyrio de la espada de tu padre. -anunció el Lannister, intentando sonar inflexible. Robb se ensombreció tras escuchar tales palabras.

- ¿Ósea que no solo se conformaron con asesinar a mi padre y secuestrar a mi hermana? ¿También tomaron la espada de mi familia y la convirtieron en esto? -escupió con asco, apenas pudiendo contener su indignación y rabia por el destine de Hielo. - ¿Por qué me la estás mostrando? ¿De verdad creías que hacerlo iba a ayudar a que confiara en tí?

-Por supuesto que no. Si te muestro la espada no es porque quiera que simplemente la veas… es porque quiero que te quedes con ella.

- ¿Qué?

-Lo que escuchaste. Si, ahora tiene una empuñadura con leones y rubíes y el haberla reforjado cambió el color de la hoja… pero sigue siendo el acero de tu familia. Es tú espada, no la mía, aunque mi padre piense lo contrario. -respondió el Lannister, con una expresión indescifrable.

"¿Es en serio?" pensó Robb, estupefacto.

-Supongamos que te creo. ¿Por qué lo haces ahora?

-Ya lo dije, lo hago para demostrar que lo que digo es en serio. Aunque si quieres, también puedes considerarlo como una reparación que ayude en algo a saciar tu sed de venganza. Es algo que debo hacer si quiero conseguir paz entre nuestras familias. -explicó Ser Jaime pacientemente.

-Estás muy equivocado si crees que vamos a bajar las armas solo porque devolviste la espada de mi familia. Tú familia le quitó mucho más que eso a la mía. -replicó el Stark, endureciendo su mirada, pero sin devolver la espada.

-Lo sé, por eso la espada solo es el primer acto de reparación. No tengo dudas de que el segundo es mucho más convincente.

-¿Y cuál es ese? -preguntó el norteño, curioso.

-Lo que habías mencionado antes. -respondió el Lannister, haciendo una seña a una de las figuras encapuchadas. Antes de que Robb pudiera hacer cualquier cosa la figura se quitó la capucha y la bufanda que la cubrían, revelando una cara que hizo que a Robb se le parara el corazón.

-¿Sansa? -atinó a decir, totalmente descolocado por lo que estaba pasando. Pese a que su cara había cambiado un poco en el par de años que habían pasado desde la última vez que se habían visto, no tenía duda de que era su hermana, y eso hacía que le fuera aún más difícil tratar de entender que es lo que estaba haciendo allí.

-Robb… no sabes cuánto…cuanto he soñado… -trató de murmurar la norteña, a punto de colapsar en lágrimas.

-No te quedes ahí Sansa, ve y abraza a tu hermano. -ordenó Ser Jaime, orden que fue seguida inmediatamente por la Stark.

Robb hizo lo propio, entregándole la espada a Ser Brynden y descabalgando rápidamente de su caballo para acercarse a su hermana, quién venía a lomos del suyo. Extendió su mano cuando estuvo a su lado y la ayudó a descabalgar, tras lo cual la abrazó, aún pese a su armadura y a la lluvia que empapaba a ambos.

-He soñado demasiadas veces con este momento, por favor dime que esto no es también un sueño. -le dijo la pelirroja, abrazándole como si de ello dependiera su vida.

-No lo es Sansa, no lo es. Ahora sí que estás a salvo, te lo prometo. -respondió Robb, acariciando su cabello.

Se quedaron así por un tiempo que a ambos Stark se les hizo corto, pero que debía haber sido lo contrario, ya que cuando se separaron la sorpresa ya había desaparecido de la cara de su tío para ser reemplazada por curiosidad.

Una curiosidad que Robb compartía.

-¿Por qué? -preguntó, estudiando a Jaime Lannister como si fuera la primera vez que lo veía.

-Un Lannister siempre paga sus deudas. Quizás no pueda devolverle la vida a tu padre, pero si podía devolverte a tu hermana… y puedo ayudarte a conseguir tu venganza. Y sí, al decir eso estoy hablando de Joffrey. -anunció el rubio, con una expresión implacable.

-¿Estás traicionando a tu familia? -preguntó, aunque la respuesta ya parecía obvia

-Estoy salvando a mi familia y tratando de devolverles el honor que hemos perdido. -respondió Ser Jaime, su determinación flaqueando por un instante, pero recuperándola antes de continuar. -¿Estás dispuesto a escuchar mis términos?

-Eso depende -replicó el Stark, recuperando su fiereza. Miró a los ojos verdes de su enemigo desafiantemente- ¿Sabes que no voy a permitir que Sansa vuelva a tu poder si es que me niego, cierto?

-Por supuesto, de hecho… -el caballero hizo un gesto a la otra figura encapuchada, que ya no estaba con la cara cubierta y ahora Robb podía reconocerla como Jeyne Poole, lo que de paso le hizo sentir un pinchazo de culpa al haberse olvidado completamente de ella. Justo mientras la miraba la muchacha comenzó a avanzar hacia los norteños, una sonrisa insegura en su cara.

Robb nuevamente no supo que hacer, pero afortunadamente Sansa reaccionó y caminó para tomar las riendas del caballo de Jeyne, llevándola hacia un lugar en medio de los norteños.

"Tendré que hablar con ella, tendré que agradecerle por todos los sacrificios que su familia ha sufrido por nosotros" pensó, recordando que su padre se encontraba entre aquellos que habían muerto junto a su padre.

-Sansa, Jeyne y la espada son tuyas, ¿son suficientes garantías como para que al menos aceptes una tregua donde puedas escucharme? -preguntó el Lannister, logrando que Robb volviera a la realidad.

El norteño lo pensó solo por un par de segundos antes de asentir.

-Lo son.

-Perfecto. Si eres tan amable… -dijo Ser Jaime, indicándole que quería caminar junto a él para hablar a solas. Robb asintió, pero se giró hacia el Pez Negro antes de comenzar.

-Llevaos a Sansa al campamento, tío. Volveré apenas pueda.

- ¿Estás seguro de esto? -preguntó el Tully, un poco menos sombrío que antes, pero solo un poco.

-Sí. -respondió, "no tengo otra opción", pensó.

El Pez Negro asintió y ayudó a su hermana a subir a su caballo, tras lo cual se giraron para comenzar a cabalgar hacia su ejército. Sin embargo, en el último instante Sansa se dio media vuelta y miró hacia el Lannister.

-Adios Ser Jaime, gracias por todo… -se detuvo y apartó la vista, como si estuviera buscando que palabras ocupar. Cuando pareció lograrlo volvió a mirarlo, su cara expresando una determinación que Robb nunca había visto en su hermana -Si realmente existe algún dios, espero que le den fuerzas a vuestro brazo en las batallas venideras. Tengo la esperanza de que llegue el día en el que podamos conversar nuevamente.

-Tengo la misma esperanza, mi señora. Buen viaje adonde sea que vuestro hermano os envíe. -el Lannister había comenzado a hablar ocupando esa sonrisa que cortaba como un cuchillo, pero su expresión se había suavizado un poco al continuar. -Disfruta la vida Sansa. Aléjate del juego de tronos, cásate con alguien que te quiera y ten muchos hijos. Te lo mereces.

-Lo intentaré… lo prometo.

Tras decir eso partió hacia el ejército. Ser Brynden, Jeyne Poole y el resto de los guardias la siguieron, dejando solo a un escudero y a dos caballos para esperar a Robb.

Ser Jaime se quedó mirando como Sansa se alejaba por unos segundos, hasta que repentinamente dio media vuelta y miró hacia sus propios hombres. Sin mediar palabra alguna, todos partieron, dejando también a un escudero con un par de caballos.

-Tommen, espérame hasta que termine de hablar con Lord Stark. Luego volveremos con el resto. -dijo el rubio, sorprendiendo a Robb.

-Lo sé tío, no te preocupes. -respondió a quien el norteño reconoció finalmente como el propio príncipe Tommen, el heredero de Joffrey hasta que el pequeño monstruo tuviera un hijo. Jaime solo respondió con un guiño y comenzó a caminar hacia Robb, indicándole al norteño el camino que quería que recorrieran.

-Pareces sorprendido de que Tommen esté conmigo. -murmuró, cuando ya se habían alejado un poco del regordete heredero.

-Lo estoy, creía que estaba en la capital con su hermano. -replicó el pelirrojo, siendo sincero. -¿La princesa Myrcella también está con ustedes?

-No, mi dulce Cella se quedó en Roca Casterly con sus primos. Aunque entienda que existen algunas excepciones, creo que un ejército no es el lugar para una dama. -respondió el Lannister, con un asomo de sonrisa. -Es curioso que preguntes por ella, ¿Acaso no estabas comprometido con la hija de Lord Royce?

-Lo estoy, no lo preguntaba por eso. -respondió, manteniendo la expresión más neutral que pudo lograr.

-Lástima, quizás hubiera hecho que las cosas fueran más fáciles. -murmuró Ser Jaime, suspirando.

Robb pensó en mencionarle que Bran no estaba comprometido, pero finalmente decidió no hacerlo. La lluvia comenzó a amainar, dando paso a una mera llovizna, y tras unos momentos de caminar en silencio, el Lannister volvió a hablar.

-Iré al grano, Robb Stark. No quiero solo una tregua, quiero detener la guerra entre nuestras familias.

-Os agradezco por Sansa, Ser Jaime, pero eso es algo que aunque quisiera no podría aceptar. Mis vasallos se rebelarían contra mi familia si doblara la rodilla ante Joffrey. -respondió el norteño cautelosamente.

-Se puede hacer una cosa sin tener que hacer la otra.

-¿Cómo?

-¿De verdad vas a obligarme a decirlo? -exclamó el rubio, impaciente. -Como quieras. Sí Robb Stark, esto no es algún tipo de elaborada trampa y realmente estoy traicionando a Joffrey. Pregúntale a Sansa si sigues dudándolo.

-¿Pero por qué? ¿Qué buscas traicionando a tu familia?

-Busco salvarla, tanto a ella como al reino. -el tono de voz que el caballero ocupó hizo que Robb se diera cuenta de que estaba hablando en serio.

-Supongamos que te creo y que realmente haces esto para salvar a tu familia. -el Stark endureció su mirada. -Hombres más escépticos dirían que la forma más segura de hacer eso es destruyendo a tus enemigos… y con la alianza con los Tyrell, eso era algo posible. ¿Por qué no hacerlo?

-Porque si mi padre gana la guerra y aplasta a la Alianza, lograría salvar a mi familia… pero no al reino. -el rubio hizo una pausa para mirar al horizonte antes de seguir, y cuando lo hizo, sonaba casi triste.

"¿A qué se refiere?" pensó curioso el norteño, mientras Ser Jaime comenzaba a hablarle del pasado.

-Era menor que tú cuando Aerys puso una capa blanca sobre mis hombros. En los años siguientes vi con mis propios ojos las atrocidades que ocurrían en Desembarco del Rey y como un reino tan prometedor como Poniente se convirtió en uno dividido y arruinado por la guerra. -su expresión se endureció, alejando todo rastro de pena. -Y todo gracias a un rey loco.

-Mi padre no estaría de acuerdo con eso, estoy seguro que diría que cierto príncipe también tuvo algo de responsabilidad.

-Entonces también la tiene cierta doncella lobo por dejarse encantar sin pensar en las consecuencias de sus actos, o tu tío Brandon por amenazar con matar a su hijo a un hombre que estaba loco. Hay muchas personas a las que culpar por la rebelión si nos ponemos minuciosos Stark, pero ese no es un rumbo al que quiero llevar esta conversación.

El norteño se enfureció un poco al escuchar como el caballero hablaba tan despectivamente de los difuntos miembros de su familia, pero supo controlarse a tiempo.

-Entonces explícame en que se relaciona Aerys con lo que estamos hablando.

-Menciono a Aerys porque su reencarnación está sentada en el Trono de Hierro mientras hablamos, cometiendo atrocidades incluso peores a las que él hacía a su edad. Mi sobrino no llevaba ni una semana en el poder y ya había conseguido que la mitad del reino le declarara la guerra. Si, quizás mi padre logre ganar esta guerra y asegure que pueda seguir siendo el rey, pero ¿cuánto tiempo pasará antes de que su locura encienda la chispa de una nueva guerra? ¿Cinco, diez, quizás quince años?

"Probablemente menos" pensó el pelirrojo.

-Y aun mientras reino estuviera en paz, eso no significaría que Joffrey dejaría de ser cruel. Todavía recuerdo cuando tenía ocho años y decidió matar con un cuchillo a una gata preñada, ¿Qué crees que hará ahora, después de que la estúpida de mi hermana le enseñó sobre el fuego valyrio que Aerys había escondido en la ciudad?

-No es algo que quiera imaginarme. -murmuró, intentando evitar pensar en su abuelo y en su tío.

-No, tampoco lo creo. -respondió Ser Jaime, mirándolo a los ojos. -Es por eso que estoy abandonando a Joffrey, Stark. Lo hago porque no puedo soportar la idea de servir a otro rey loco. Preferiría morir mil veces a tener que hacerlo.

Ambos hombres quedaron en silencio, mirándose fijamente mientras la llovizna caía a su alrededor. El duelo de miradas continuó por más tiempo que el que Robb esperaba, pero debe de haber finalizado justo en el momento que los dioses querían, ya que sus primeras palabras fueron acompañadas por el fin definitivo de la llovizna y la aparición de un débil rayo de sol.

-Es por eso que Tommen está contigo, ¿no es cierto? Pretendes coronarlo. -apartó la mirada, mirando al rubio escudero que observaba a su tío con expectación. -Será difícil, pero quizás…

-No Stark, no pretendo coronar a Tommen, -respondió el Lannister solemnemente, sorprendiendo a Robb.

-¿Entonces quién? ¿Myrcella? Nadie la apoyaría, ni siquiera Dorne. -murmuró, totalmente confundido e intentando no pensar en aquella posibilidad, tan lejana y atemorizante… pero posible, totalmente posible.

Demasiado posible.

-El camino que estoy tomando conlleva un costo, uno que mi padre jamás hubiera estado dispuesto a pagar… pero que yo considero bajo si sirve para salvar a mi familia. -levantó la mirada. -El precio de devolverle el Trono de Hierro a sus verdaderos dueños.

"No" pensó, con un escalofrío.

-No puedes estar hablando en serio. ¡Están locos! ¡Nos quemarían a todos en venganza por la rebelión!

-No Stark, me han asegurado que los hijos no tienen por qué pagar por los pecados de sus padres. Es por eso que Tyrion, Tommen y Cella estarán a salvo cuando ellos lleguen… y estoy seguro que están dispuestos a hacer lo mismo contigo y tu familia si es que doblan la rodilla.

-Me niego. Prefiero luchar con ellos antes que eso. -replicó, negando con la cabeza frenéticamente.

-¿Para morir ardiendo? No seas necio, ni el más grande ejército puede detener a los dragones. Los Gardener lo aprendieron por las malas con el Conquistador.

-Dorne resistió, nosotros también podremos.

-Resistió, si… pero solo gracias al desierto, y aún así con un coste que tan alto que ningún dorniense es capaz de admitirlo. ¿De verdad vas a condenar a tu familia y a tu gente al mismo destino que sufrieron los dornienses durante la Conquista? Te creía mejor que eso.

El silencio de Robb al parecer fue suficiente para Jaime.

-Si quieres saber más sobre lo que va a pasar, habla con Sansa. La hicimos parte de esto, ya que sabíamos que solo alguien tan cercano a ti como ella sería capaz de convencerte. Porque no me malentiendas Stark, va a pasar… lo quieras o no.

- ¿Es eso una amenaza? -preguntó débilmente, su mente todavía demasiada impresionada como para reaccionar de otra forma.

- Es la realidad. ¿Crees que no sé sobre el ejército de tu tío Edmure que marcha en estos momentos hacia el Camino Dorado? Una carta a mi padre y mandará suficientes hombres como para destruirlo. No quiero hacerlo, pero si no quieres cooperar…

-No he dicho que no lo voy a hacer.

-Eso es algo bueno, porque créeme cuando digo que los Targaryen no estarán solos cuando vuelvan. Dorne los seguirá, la mitad del Dominio hará lo mismo, y bueno. -miró a Robb casi con curiosidad. -Cuéntame, ¿Qué tan fuerte es la alianza que tienen con Rocadragón?

Otro escalofrío recorrió la espalda del norteño, pero aun así trató de sonar seguro al responder.

-Tanto fuerte como puede serlo. Mi hermano más pequeño está comprometido con Lady Shireen y fue su flota la que ayudó a mis hombres a recuperar el Norte cuando los hijos de hierro tomaron Foso Cailin.

-Lady Baratheon puede ser la líder de su Casa, pero sigue siendo casi una niña y ambos sabemos que quien realmente tiene el poder es Lord Velaryon. Ahora quizás esté dispuesto a ayudarlos, creyendo que no tiene otra alternativa si quiere ganar esta guerra… pero cuando se entere que sus primos están volviendo a reclamar lo que es suyo con sangre y fuego…

No era necesario que el Lannister terminara su frase. El significado hubiera sido claro hasta para un ciego.

-Tengo… tengo que pensar en todo esto. -murmuró.

-Te doy esta noche, pero necesito una respuesta mañana. Todavía tengo mucho que hacer y no puedo esconder lo que estoy haciendo de mi padre por mucho tiempo más. Debemos actuar pronto si queremos tener éxito.

De un momento a otro, Jaime ya no sonaba tan seguro. Robb se lo hizo notar, a lo cual respondió con una sonrisa que casi se podía calificar de triste

-Los dragones triunfarán, no tengo duda de ello, pero aun así temo por el coste que esa victoria tendrá. Todo lo que estoy haciendo será en vano si significa convertir Poniente en un reino de cenizas… y créeme, mi padre es capaz de hacerlo si es que le damos la oportunidad.

En otras ocasiones Robb hubiera puesto en duda la palabra de una persona capaz de traicionar a su propia sangre, pero en esta no estaba muy inclinado a hacerlo.

-¿No hay vuelta atrás, no es cierto?

-No, ya no lo hay. -confirmó el rubio, en un tono que Robb no pudo distinguir si era tristeza o determinación.

Sin nada más que decir, ambos hombres comenzaron a caminar en silencio hacia sus respectivos escuderos. Al llegar, montaron sus caballos y se despidieron. Ser Jaime partió antes, pero tras un par de segundos se detuvo y dio media vuelta para decirle una última cosa.

-Oye Stark, la hija de Lord Royce… ¿es linda?

-Hermosa. -confirmó, tras un par de segundos.

-¿Y la quieres?

-Muchísimo. -respondió, está vez inmediatamente.

Ser Jaime sonrío al escucharlo, pero no de una manera burlesca.

-Entonces sigue el mismo consejo que le di a Sansa. Después de todo, el invierno se acerca. -respondió, guiñándole un ojo. El rubio partió y no miró atrás hasta que llegó a su campamento. Robb hizo lo mismo.

-¿Os ayudo a quitaros la armadura, Lord Stark? -preguntó su escudero cuando descabalgaron.

-No, veré a mi hermana primero. Ve a descansar. -respondió, comenzando a caminar sin esperar su respuesta.

Le preguntó a uno de sus hombres y este le confirmó que Sansa estaba en su pabellón, protegiéndose de la lluvia. Caminó hacia ella ansioso, pero también sintiendo que cada paso que daba era uno que lo acercaba a decidir el futuro de su familia. Porque Jaime Lannister tenía razón, solo después de escuchar a su hermana sería capaz de tomar una decisión.

Una decisión que cambiaría todo.


N.A: Bueno, justo después de un mes estoy de vuelta.

La verdad escribí el capitulo más rápido de lo que esperaba, considerando que llevo apenas poco más de una semana escribiendo. Creo que el no poder hacerlo durante tres semanas causó una especie de efecto contrario y aumento mi velocidad, ojalá que dure.

Sé que con este son dos capítulos seguidos donde hay más conversaciones que acciones, y sé que pueden llegar a ser algo aburridos, pero -como he dicho antes- son necesarios para que la historia avance. Espero que eso cambie en el próximo, pero prefiero no prometer nada.

Ahora, sobre el próximo capítulo, ¿hay algún POV que prefieran ver? Habrá un salto de tiempo (mayor en el Sur que en el Muro), así que podría ser cualquiera. Estoy un poco inclinado a Tyrion y a alguno de los POV en el Muro (probablemente Arya), pero si alguien tiene su preferencia que no dude en mencionarla (que comente en AO3 de preferencia, se hace más fácil responder ahí). Del mismo modo, gracias a quienes se dieron el tiempo de comentar, dar follow o kudos en los capítulos anteriores, de verdad que ayudan bastante cuando el escribir se hace difícil (algo tipico en historias largas como esta).

Eso por ahora, un abrazo y hasta la próxima.