TYRION

-¿Cómo puede ser posible? ¡Se supone que estaba al otro lado del mundo! -exclamó su hermana, sin poder disimular el pánico que se había apoderado de ella tras las noticias que el eunuco les había traído.

"No la culpo, no todos los días te enteras de que la última heredera de una dinastía que quiere matarte y que tiene a tres reptiles gigantes escupe-fuego ideales para la tarea está a menos de un día de distancia" pensó.

-Querida hermana, si miras un mapa podrás darte cuenta de que las Ciudades Libres están tan lejos de Desembarco como lo está Antigua. Es una distancia considerable, sí, pero bajo ningún motivo es al otro lado del mundo. -trató de explicar con paciencia.

-¡Se supone que después de Volantis iba a dirigirse a Lys! ¡Que iba a estar ahí tanto tiempo como estuvo en la Bahía de Esclavos! -insistió Cersei.

-Si hubieras asistido a la reunión del Consejo que tuvimos hace una semana sabrías que los lysenos llegaron a un acuerdo con la muchacha Targaryen para dejar pasar a su flota. Creímos que eso significaba que los magísteres habían logrado convencerla de que atacara a Tyrosh o a Myr, por lo que no nos preocupamos tanto… pero obviamente no fue así. -explicó su padre, sonando más cansado y viejo de lo que Tyrion le había visto en su vida.

"¿Es por la guerra padre? ¿O es porque te diste cuenta de que se acerca el momento de responder por tus actos?"

-Todos estamos tan sorprendidos como tú Cersei, esto es algo completamente inesperado. -mintió Tyrion, sonando preocupado. Añadió algo de verdad para que fuera aún más creíble. -Tener dragones vivos en Rocadragón es algo que cambia todo.

Y eso si que nadie podía negarlo.

-¿Cuántos hombres tiene? -preguntó finalmente su padre, recuperando momentáneamente su característica severidad mientras miraba fijamente a Varys.

-Es difícil estimar un número exacto, mi señor. Mis pajaritos en Rocadragón dejaron de reportar hace mucho tiempo, desde que Jon Arryn murió y Stannis huyó de la capital si no mal recuerdo. Algo malo debe haberles ocurrido. -respondió el eunuco, sonando triste.

-Y algo malo te ocurrirá a ti si no respondes a lo que mi padre te está preguntando. ¿Qué tan grande es el ejercito que la hija del Rey Loco trae consigo? -preguntó Cersei, sus ojos jade centelleantes de furia.

-Es grande su alteza. Al conquistar Volantis, Daenerys Targaryen tenía a su lado a miles de Inmaculados, a un khalasar dothraki y a tres compañías mercenarias, incluyendo a la Compañía Dorada. La caída de la ciudad solo hizo que su ejército aumentara en número gracias a los miles de esclavos liberados que se unieron a él.

-Pero no todos pudieron haber cruzado el Mar Angosto, ¿no es cierto? Necesitarían miles de barcos y aunque los hubieran conseguido muchos se hubieran hundido en el camino. -murmuró Tyrion, esgrimiendo la mejor expresión de preocupación que pudo conseguir. Si a Varys le pareció cómica su falsa preocupación, logró disimularlo.

-No tendría muchas esperanzas en eso, mi señor. La muchacha Targaryen consiguió una flota bastante grande cuando tomó Volantis, el hecho de que cada barco de la flota volantina tuviera veinte esclavos por cada hombre libre ayudó bastante en eso. Sumado eso a los barcos que los lysenos amablemente le facilitaron a cambio de que no quemara su ciudad…

-Deben de haber sido más que suficientes como para cruzar a la mayoría de su ejército a Rocadragón, si es que no a todos. -anunció su padre, lúgubre.

-¿Y la flota Redwyne? ¿Se sabe algo de ella? -preguntó Cersei, desesperada. La verdad es que Tyrion debía admitir que esa era una pregunta bastante acertada. La flota Redwyne había estado a punto de iniciar un ataque contra Rocadragón cuando les llegó la noticia de que Euron Greyjoy había sido elegido como el nuevo Rey Kraken. Un asustado Lord Tyrell les había prácticamente suplicado que permitieran que la flota de su primo volviera al otro lado del continente para que pudiera defender sus tierras de los hijos de hierro, y su padre lo había complacido.

Pero para volver al Dominio debía atravesar el mismo mar por el que la flota de Daenerys Targaryen había cruzado hacia Rocadragón… y bueno, el Mar Estrecho tenía ese nombre por una razón bastante literal.

-No he recibido noticias sobre ella, mi reina. Mis pajaritos pueden entrar a casi cualquier lugar, pero un barco en medio del océano es una de las pocas excepciones.

-Pero aun así podemos deducir lo obvio, si es que Lord Redwyne se encontró con la flota Targaryen en su camino, no entró en batalla con ella. Si lo hubiera hecho tendríamos reportes de cuerpos ahogados arribando a todas las playas entre Dorne y el Garfio de Massey. -dijo Lord Tywin.

-Y eso solo puede significar dos cosas. -añadió Tyrion, solemne. Su padre asintió.

-O los Redwyne tuvieron mucha suerte con los vientos en el camino… o quizás nuestro estimado Señor del Rejo decidió que era tiempo de cambiar un rey por una reina.

-Lord Redwyne es primo de Lord Tyrell. La propia Reina de Espinas nació en el Rejo. Si Lord Paxter realmente cambió de bando, ¿lo habrá hecho traicionando a su primo… o actuando bajo sus órdenes? -se preguntó Tyrion en voz alta.

"Por los dioses, que bien me sale esto de actuar. Si alguna vez debo huir de Poniente debería unirme a un circo ambulante. Siempre necesitan enanos."

-Mace Tyrell es un imbécil. Es cierto que nos mira con recelo luego de las batallas en las Tierras de los Ríos y del… trato que Joffrey ha tenido con su hija, pero no tiene la suficiente astucia como para cambiar de capa sin que nos enteremos. O para evitar que sus vasallos se rebelen, si somos sinceros. -la expresión de su padre se endureció. -Su madre en cambio…

Todos quedaron en silencio, ya que conocían las capacidades de la Reina de Espinas.

-Me encargaré de asignar personalmente a algunos pajaritos para que la vigilen, mi señor. -anunció Varys rápidamente.

-Que sea pronto, no podemos seguir perdiendo más tiempo. Menos con una Targaryen en Rocadragón y con la mayoría de nuestro ejército inmovilizado en las Tierras de los Ríos.

-Tengo buenas noticias sobre eso. Pronto deberíais recibir una carta de vuestra familia en Roca Casterly con más detalles, pero mis pajaritos en el Oeste me han informado que el ejército de Robb Stark está retirándose de vuestras tierras. Va hacia Aguasdulces. -añadió el eunuco, con una sonrisa tan amplia como falsa.

-¿El muchacho Stark se retira del Oeste? ¿Cómo? ¿Qué fue lo que sucedió?

-Es obvio, Jaime debe haberlo derrotado. El muchacho no tiene experiencia y mi querido hermano últimamente se ha destacado tanto como general que como guerrero. -sugirió Tyrion, intentando no pensar en aquella noche del Aguasnegras. De cómo había encontrado a Jaime, de cómo se había movido cuando el sacerdote rojo lo había…

-La verdad no tengo más detalles, pero creo que las sospechas de Lord Tyrion son las más cercanas a la realidad. Lord Stark no se hubiera retirado del Oeste por una razón menor a ser derrotado en el campo de batalla.

-Así que el lobo se retira con la cola entre las piernas. Que no se detenga hasta que vuelva a su congelado y destruido hogar. -Cersei sonrío. -Esta es una gran noticia.

-Lo es, pero siento que hay algo que no sabemos todavía. Hablaré con Pycelle para que cada carta que llegue del Oeste vaya directamente a la Torre de la Mano. Jaime tiene que contarnos todo lo que sucedió lo antes posible. -su padre parecía inseguro. Un año atrás a Tyrion le hubiera sorprendido de sobremanera, pero ahora era algo casi común. Cersei también lo notó.

- ¿Sospechas algo? -preguntó, tensa.

-Prefiero no descartar nada. -murmuró el Señor del Oeste, sin mirarlos. Suspiró antes de continuar -Después de Refugio Estival creí que el tiempo de los dragones se había terminado para siempre y basé toda mi vida en ello. Con estas noticias sobre la muchacha Targaryen… bueno, significa que vivimos en tiempos donde cualquier cosa puede pasar.

"Y en eso sí que tienes razón, padre"

-*-*-*-*.

El enano iba caminando hacia sus habitaciones dentro de la Fortaleza Roja, pensando en que cepa de vino iba a beber esta noche, cuando vio por el rabillo del ojo a una sombra moviéndose rápidamente. Estaba girándose para observarla cuando sintió un golpe seco en la nuca y entonces no supo nada más.

Cuando despertó, una capucha le impedía ver donde estaba. Obviamente le dolía la cabeza. También tenía las muñecas y las piernas amarradas a la silla en la que estaba apoyado, aunque la cuerda no estaba tan tensa como hubiera esperado. No tenía duda alguna de que lograría quitársela rápidamente si se esmeraba en ello.

Solo entonces cayó en cuenta de que estaba muchísimo más tranquilo de lo que cualquier persona normal estaría en una situación así. Pero bueno, es el tipo de cosas que pasan tras ver levantarse a un muerto.

Estaba pensando en ello cuando escuchó la respiración. Eran dos personas inhalando y exhalando, una con más dificultad que la otra. Casi podría haber asegurado que habían estado hablando hasta que lo vieron despertar.

Tras unos segundos eternos, Tyrion se aclaró la garganta.

-No sé quiénes son, pero sí sé que será mejor para todos que me quiten esta capucha.

-Dudo que sea mejor para nosotros que veas nuestras caras, gnomo. -respondió una voz desconocida, no sin dureza.

-Tarde o temprano tendrán que sacármela, lo que importará en el futuro es cuando decidieron hacerlo. -replicó el Lannister, tranquilo.

-¿Y si te la sacamos solo después de haberte rebanado el cuello? -desafió su captor.

-Ya lo habrían hecho si no necesitaran algo de mí. El problema es que lo necesitan… y que no hablaré más mientras siga sin poder veros las caras. Esas son mis últimas palabras. -respondió finalmente Tyrion, cerrando los ojos y acomodándose en la silla para esperar que sus captores cedieran. No se demoraron mucho.

-Hay formas en las que se puede hacer que un hombre hable aunque no quiera… -empezó la primera voz.

-Pero no recurriremos a ellas. Arryk, sé amable y quítale la capucha a nuestro invitado. Estoy demasiada vieja para estos juegos inútiles. -anunció una voz conocida, lo que hizo que Tyrion empezara a evaluar sus posibilidades.

No había logrado llegar a alguna conclusión satisfactoria antes de que le quitaran la capucha y sus ojos se acostumbraran a la luz, confirmando la identidad de su captora.

-Lady Olenna, debo decir que esto me sorprende incluso de vos. -saludó el Lannister, mirando hacia los lados simulando estar ofendido.

-Tiempos desesperados requieren de medidas desesperadas. -murmuró la vieja, suspirando. Notó que Tyrion estaba mirando al dueño de la voz amenazante, que era nada más y nada menos que uno de sus llamativos guardias personales, aunque no podía distinguir si era Izquierdo o Derecho. -Disculpa a Arryk, hay costumbres que son difíciles de abandonar y el cómo tratar a un rehén es una de ellas.

"Izquierdo entonces"

-¿Y han tenido a muchos rehenes en su poder? -preguntó Tyrion, arqueando una ceja.

-Más de los que crees. -respondió la vieja, sonriendo amenazantemente por un instante. Tyrion sintió una punzada de temor por primera vez en lo que llevaba despierto, pero la ahuyentó rápidamente.

"Si me quisieran muerto, ya lo estaría"

-Estoy seguro de que hay una historia bastante interesante tras ello, pero ahora mismo me gustaría resolver este asunto lo antes posible. Había una bonita botella de vino del Rejo esperándome en mis habitaciones antes de que me… interrumpieran, y creo que estoy hablando con alguien que conoce bastante bien a las cepas del Rejo.

- ¿Y qué te hace pensar que te dejaremos ir tan rápidamente?

-Mi apellido.

-Por favor mi señor de Lannister, sabéis tan bien como yo que ni vuestro padre ni vuestra hermana os tienen demasiado aprecio. Me atrevería a decir que casi se sentirían aliviados si una mañana descubrieran que dejasteis de respirar mientras dormíais.

-Quizás, pero eso no quita que sea un Lannister, y creedme, mi padre removerá hasta la última piedad de esta ciudad si es que desaparezco de la nada. Ya no vivimos en tiempos normales, y después de lo que le ocurrió a Sansa Stark y a Meñique no está dispuesto a quedarse de brazos cruzados una tercera vez. -replicó Tyrion, tratando de sonar impaciente. No le resultó demasiado difícil.

-Qué curioso que mencionéis a Sansa Stark y Meñique, eso fue asunto del eunuco, ¿cierto? -preguntó Lady Olenna, con una expresión indescifrable.

-No lo sé, pero hay una cosa de la que si estoy seguro.

-¿Y eso es…?

-Que el eunuco también está de mi parte, así que si fuera ustedes empezaría a descartar la posibilidad de que nadie se entere de lo que han hecho. Varys probablemente ya sabe cuántos son y donde estamos.

-Oh, me halagáis mi señor. No sabía que teníais tan alta opinión de mis habilidades. -murmuró el eunuco, apareciendo por una puerta. A Tyrion le dio un vuelco al corazón después de verlo.

"¿Está con ellos?" se preguntó, está vez realmente sorprendido y asustado.

-Te dije que no lo hicieras. -dijo Varys a la vieja, aparentemente ignorante al temor de Tyrion.

-El tiempo se agotó Araña, era el único camino que me quedaba. Bueno, este… y ya sabes cuál, pero estoy bastante segura que entre los dos ibas a preferir este. -replicó Lady Olenna, cruzándose de brazos.

-Hubiera preferido que no hubieras hecho nada… pero si, es mejor esto. No estamos listos para la guerra abierta, al menos no todavía. -murmuró el essosi, con una expresión curiosa en la cara.

-Lamento interrumpir vuestra conversación, pero ¿podrían ser tan amables de explicarme que está pasando? Por si se les olvidó, soy yo el que está amarrado a una silla. -dijo el Lannister, moviéndose entre sus amarras para ser más elocuente.

"¿Qué no están listos para la guerra abierta? ¿Se les olvidó que estamos en guerra con la mitad del reino?"

-Dijiste que el eunuco estaba de tu lado, pídele a él que te explique qué es lo que pasa. -respondió la matriarca Tyrell, haciéndole una seña a Ser Arryk para que desatara al enano.

-Yo no dije que lo secuestraran.

-Pero me dijiste que debíamos hablar con él.

-¡No de esta forma!

-¡Basta! ¡Ya es suficiente! -explotó Tyrion, justo cuando Izquierdo terminó de desatarlo. Si el hombretón se sorprendió por su sobresalto, no dio señales de ello. El enano apuntó con un dedo al eunuco. -Quizás esté actuando como un tonto, pero en este momento particular confío más en ti que en quien me mantiene cautivo por la fuerza. ¿Podrías explicarme qué demonios sucede?

Varys miró con una expresión de desagrado a la vieja por una última vez y se giró hacia Tyrion, suspirando.

-Nuestros amigos Tyrell quieren… bueno, unirse a nosotros.

-No entiendo de que me hablas Varys, sabes tan bien como yo que nuestros amigos Tyrell se han unido a mi familia por matrimonio y ya son nuestros aliados en la lucha contra los traidores que quieren quitarle la corona a nuestro buen rey Joffrey. -mintió el Lannister, sonando tan dulce como la más pura rosa de Altojardín.

"Pero hasta la rosa más bella tiene espinas"

-Basta de tanta farsa Lord Tyrion, estoy jugando este juego desde antes que tu padre aprendiera a hablar. -dijo la vieja, exasperada. -Ya que la Araña no es capaz de decirlo, iré directo al grano, buscó que mi familia esté del bando ganador cuando esta guerra termine, y tú me ayudarás a conseguirlo.

-¿Y cuál sería ese bando?

-El que trae fuego y sangre a sus enemigos.

No dijo nada mientras analizaba sus posibilidades. Cuando finalmente terminó de hacerlo, sonrío.

-Seguid.

-Mi hijo es un imbécil, creo que todos estamos de acuerdo en eso. - tras el asentimiento del enano, el eunuco e incluso su guardia, Lady Olenna siguió. -Sin embargo, el haber aliado a nuestra familia con la tuya no sonaba tan mal como ha resultado ser, fue por eso que no le dije nada y permití que siquiera adelante con su plan.

-¿Incluso sabiendo que iban a aliarse con el bando que estaba en desventaja? -preguntó Varys.

-Incluso así. Después de lo que pasó con Renly jamás podríamos habernos unido a Stannis, y tanto los Stark como los Royce pueden ser muy buenos señores, pero conociendo a ambas familias lo más probable es que con esta guerra buscan que los Siete Reinos se separen… y eso no es algo que queremos.

-¿Y qué es lo que querían? -inquirió Tyrion, aunque ya sabía la respuesta. La vieja sonrío.

-¿No es obvio? Buscábamos lo que todos los nobles de Poniente buscan salvo por los norteños, queríamos poder.

Como ni Tyrion ni Varys pudieron negar sus palabras, la matriarca continuó.

-Mi familia ha estado en una situación precaria los últimos años. Quienes trescientos años atrás nos elevaron a nuestra posición ya no estaban y la morsa de mi hijo hacía poco por evitar que nuestros vasallos comenzaran a tener ideas… incorrectas. Por suerte logré convencerlo de que casara a Garlan con la muchacha Fossoway, pero un pájaro no hace primavera.

-Todavía tenían a los Hightower y a la familia de vuestro padre, de seguro la situación no era tan desesperada. -dijo Tyrion.

-Quizás diez años atrás no lo era, pero hoy… bueno, la sangre es fuerte, pero incluso ella puede flaquear en situaciones desesperadas. ¿O me vas a decir que no existen las guerras entre primos… o entre tíos y sobrinos?

Frente a esa última frase Lady Olenna arqueó una ceja, pero Tyrion no dijo nada. Satisfecha, continuó.

-Uniéndonos a Joffrey ganábamos dos cosas, prestigio al ser el futuro Rey mitad Tyrell… y el debilitar en esta sangrienta guerra a las familias que podían en el futuro tratar de desafiar nuestro dominio sobre Altojardín. Los Florent ya habían vendido su alma a los infiernos gracias a la estúpida de Selyse, pero los Rowan, los Caswell, los Oakheart y los Ashford estaban indemnes. Incluso los Peake podrían haber tenido ideas de grandeza, aunque desde que mataron a Maekar Targaryen con suerte son dueños de una torre perdida en medio de las Marcas. Todos hubieran sufrido enormes pérdidas antes de ganar esta guerra… y nosotros nos hubiéramos reído, porque cuando todo terminara ya ninguna familia del Dominio podría amenazarnos en cien años. Un plan perfecto, ¿no?

-Quizás, aunque incluso si hubiera triunfado, dudo que vuestros vasallos os hubieran tenido mucho amor.

-El miedo crea tanta obediencia como el amor, tu padre lo demostró con los Reyne y los Tarbeck.

"Y qué bien le resultó, el problema es que cuando Jaime muestre su verdadera cara todo el Oeste va a caer como una torre de naipes"

-Y si era tan perfecto, ¿qué pasó entonces? Porque dudo que el retorno de los dragones sea la única razón.

-Los dragones nos dieron Altojardín y nosotros respondimos siendo sus vasallos más fieles hasta el final, ¿qué te hace pensar que esa razón no es suficiente?

-Que tanto Daenerys Targaryen como sus dragones todavía son jóvenes, perfectamente podrían morir en la guerra. Y quizás seáis una experta en el juego de tronos Lady Olenna, pero estoy seguro de una cosa, no haríais una apuesta tan arriesgada si además no hubiera otras razones.

Tyrion y la vieja mantuvieron un duelo de miradas que el gnomo sintió eterno mientras Varys les miraba sucesivamente con una inconfundible expresión de preocupación. Incluso Ser Arryk se tensó y Tyrion podría haber jurado que le vio llevando inconscientemente una mano a su espada, pero en ese momento no se preocupó.

Porque lo único que le preocupaba de verdad era averiguar que ocurría tras ese par de ojos viejos, pero por sobre todo astutos. Descubrir que era lo que motivaba a la Reina de Espinas a hacer algo que iba contra su propia naturaleza.

Cuando finalmente habló, no lo hizo a Tyrion.

-Varys… tráela. -murmuró, para sorpresa del enano.

El espía asintió y salió de la habitación, volviendo tras unos minutos acompañada no por una, sino por tres personas. El primero era el hermano gemelo de Ser Arryk, el convenientemente llamado Ser Erryk. El hombretón miró hacia todos lados antes de saludar a la Reina de Espinas y colocarse al frente de su hermano.

Los otros dos visitantes fueron más sorpresivos. Ser Loras Tyrell, vestido completamente de blanco con su armadura y capa de la Guardia Real… y la propia Reina Margaery.

Solo al fijarse en la expresión de la muchacha fue que Tyrion recordó que no la veía hace semanas pese a vivir en el mismo castillo.

"Solía visitar los orfanatos y los septos de la ciudad antes de su matrimonio. Ahora apenas sale de la Bóveda de las Doncellas."

-Ser Loras. -saludó fríamente al caballero, antes de girarse hacia su hermana. -Mi Reina, debo admitir que no recuerdo la última vez que tuve el placer de hablar con vos.

-Poco después de la boda, mi señor. Me comentasteis que cuando vuestro hermano se convirtiera en Señor del Oeste cambiaría a Poniente para siempre. -sonrío, pero la sonrisa no parecía auténtica. -En ese momento no sabía que estabais hablando de un tiempo tan cercano.

-Todos tenemos nuestros secretos. -respondió el enano, no pudiendo evitar sonreír también. Pero pronto tal sonrisa abandonó su cara. -¿Qué hacéis aquí, mi reina?

-¿No es obvio?

-No majestad, la verdad no lo es. Ya tenéis la corona… y uniros a esta conspiración significa perderla. No ganáis nada.

-Ahí es donde te equivocas, pequeño Lannister. -replicó Lady Olenna, menos triunfante de lo que Tyrion esperaba. Miró a su sobrina y suspiró. -Margaery querida, muéstrale.

Ser Loras puso una mano protectora sobre los hombros de su hermana. -¡No puedes pedirle eso! -protestó.

-Si puedo y lo estoy haciendo. Hazte a un lado Loras, esta vez sí lo harás por una buena razón. -replicó la abuela del joven Tyrell, mientras Tyrion arqueaba una ceja. El guardia real trató de resistir, pero cuando Margaery le miró y asintió no tuvo más razones para seguir negándose.

Sin nadie impidiéndoselo, la muchacha comenzó a quitarse los ropajes que cubrían su cuerpo. El Lannister no podía negar que tal hecho le hubiera resultado fascinante en otro momento, pero en este no podía evitar sentir aprehensión frente a lo que estaba sucediendo.

Porque ya comenzaba a adivinar lo que iba a ver.

-No le gusta golpearme la cara, dice que le gusta verme bonita. -murmuró la Reina, sin cruzar su mirada con la de Tyrion. -Para su suerte, las huellas de sus golpes son fáciles de cubrir cuando son en el cuerpo.

La muchacha ocultaba su busto con un brazo, pero el resto de su torso estaba cubierto con una docena de hematomas que variaban en color y tamaño. Sus brazos también tenían huellas de golpes, una de las cuales era inequívocamente fruto de haber intentado defenderse. No parecía que hubiera tenido éxito.

Todos los caballeros del reino pondrían sus espadas a los pies de Margaery y le prometerían venganza si vieran lo que Joffrey había hecho con ella. Pero la muchacha no se veía enojada, se veía vacía, y eso de cierta forma era aún más chocante para quienes la habían conocido antes de su matrimonio. Era como una rosa marchita, o una leona mutilada.

Y para Tyrion, le traía recuerdos de algo por los que vendería su alma si eso significaba olvidar.

"Tysha"

-¿Lo ves Lannister? ¿Ves porque estoy dispuesta a perder todo lo que mi familia ha ganado si eso significa ver la cabeza de tu sobrino clavada en una pica? -preguntó Lady Olenna mientras Ser Loras ayudaba a su hermana a vestirse.

Tyrion no respondió inmediatamente, todavía conmocionado. Por un instante sintió que se ahogaba, y más tarde sintió un deseo urgente de beber hasta perder la conciencia. Cuando se recuperó, respiró profundamente y se aclaró la garganta.

-Debéis perdonarme mi señora, pero debo haceros una pregunta personal.

-Hablad.

-¿Hay alguna posibilidad de que estéis… de que estéis… -comenzó, maldiciéndose por ser incapaz de formular la pregunta. Aun así, la muchacha entendió a que se refería.

-No, estoy bebiendo té de la luna hace meses. Tras los primeros golpes pensé en resistir y cumplir con mi deber, con la esperanza de matarlo en algunos años, pero cuando las golpizas continuaron, no fui… no pude….

La Reina parecía a punto de quebrarse, pero antes de que lo hiciera Tyrion se aclaró la garganta y habló.

-Entonces todo estará bien Margaery, eso sí lo puedo jurar. -la miró a los ojos. -Las piezas ya se están moviendo. Joffrey no verá un nuevo día del nombre, sus horas están contadas.

Quizás era su imaginación, pero mientras decía eso pudo sentir que el castillo se remecía. Era casi igual a como se imaginaba a un dragón rugiendo.

-*-*-*-*.

MONFORD

- ¿Qué piensas Addam? -murmuró el Velaryon, estudiando las formas que se distinguían en el horizonte.

-La mayoría son naves essosi. Distingo velas lysenas, volantinas e incluso ghiscari… pero también hay algunas de Poniente. -el marinero indicó a una de las más alejadas, fondeada en los muelles de Rocadragón. -Esa es la propia Reina del Rejo. Solo puede significar una cosa, mi señor.

-Si. -respondió Monford, pensativo. -Parece que Lord Redwyne se nos adelantó.

"Y eso son malas noticias"

Los mensajes del eunuco le habían alcanzado cuando ya había partido de Puerto Blanco, donde había a la pequeña Shireen a la custodia de sus nuevos aliados. Uno de los términos que había tenido que cumplir para unirse a la Alianza. Si Monford hubiera sido más pragmático hubiera maldecido a los dichosos pajaritos por no haberle encontrado antes, ya que así podría haber tenido a la heredera Baratheon en su poder cuando su prima Targaryen volviera a su hogar ancestral, lo que le habría dado aún más prestigio y poder al momento de unírsele… pero si se era sincero, en el fondo no se lamentaba. La niña había sufrido demasiado en su corta vida como para que ahora la ocuparan de moneda de cambio.

Sobre todo cuando se hablaba de enfrentar a una Targaryen.

Monford se maldijo, había esperado décadas por este momento, y ahora no podía evitar sentirse algo nervioso.

-¿Cómo crees que es, Addam? -preguntó, mientras el Orgullo de Marcaderiva se acercaba hacia el embarcadero. Dos galeras pequeñas se habían acercado, pero con las banderas le habían señalado que pretendían atracar y al parecer no veían problema en ello.

-¿Mi señor? -preguntó el soldado.

-¿Cómo crees que es Daenerys de la Tormenta?

-Mi señor, la Reina Daenerys debe ser… debe ser muy bella. -balbuceó Addam.

-Todos quienes poseen sangre del Feudo Franco lo son. No te pregunto eso, te pregunto qué tipo de persona crees que será.

El marinero dudo, sabiendo que estaba sobre terreno delicado.

-Supongo que debe ser magnánima, de lo contrario no tendría a todos esos esclavos siguiéndole al otro lado del mundo. -comenzó.

Monford asintió. -Sigue.

-Debe ser carismática, si no lo fuera la Compañía Dorada jamás hubiera accedido a seguirla.

-¿De verdad crees eso? La Compañía Dorada puede ser muy solemne y poderosa, pero al final del día sigue siendo una compañía mercenaria, y todos sabemos que los mercenarios solo son leales a una cosa. -el Velaryon replicó tal cosa, pero no estaba tan seguro de ello. Estaban hablando sobre la noticia más extraña de todas las relacionadas con la muchacha Targaryen, y ni siquiera el eunuco le había dado más detalles que pudieran explicarlo.

-Perdón mi señor, pero creo que os equivocáis.

-¿Ah sí?

-Sí, es cierto que la Compañía Dorada es una compañía mercenaria, pero es única en su clase. Tienen la fama de que nunca rompen un contrato, pero lo que no se dice es que tampoco firman un contrato con cualquiera. Ellos eligen sus guerras y no lo hacen por quién pague más, lo hacen por quienes les convencen mejor.

Monford asintió, viendo la razón que había en las palabras del soldado, aun cuando generaran más preguntas de las que respondía. ¿Que había ofrecido Daenerys Targaryen como para que convenciera tan fácilmente a una compañía mercenaria fundada por Fuegoscuros?

-Hablas como si los conocieras bastante. -murmuró, mirando al muelle cada vez más cercano.

-Mi hermano sirvió con ellos en su juventud. Solo tuvo que estar en dos campañas para ganar más oro del que podrá gastar en su vida. Siempre me cuenta historias de ellos, dice que fue la mejor época de su vida. -explicó Addam.

-Supongo que eso lo explica. -respondió el Señor de Marcaderiva, más preocupado de reconocer a más de los barcos que ya estaban fondeados por sobre escuchar atentamente a su vasallo.

"Además, los muertos no son los que cuentan historias."

El resto del tiempo antes de arribar al puerto lo ocupó en dirigir a los marineros y en darle instrucciones a los arqueros ante cualquier amenaza inesperada. No esperaba ser atacado, pero la precaución nunca estaba demás. Media hora después el Orgullo de Marcaderiva estaba amarrado al muelle de Rocadragón, a un costado de una nave lysena y de la propia Reina del Rejo, aunque Lord Redwyne no se veía en la cubierta.

Una delegación esperaba en el muelle, encabezada por dos caballeros que poseían la armadura y la capa de la Guardia Real, para sorpresa de Monford. Uno un espadón en la espalda y un yelmo le cubría la cara, ocultando su identidad. El otro guardia era una de las caras más reconocibles de los Siete Reinos.

-Barristan el Bravo. -saludó cuando el anciano caballero y el resto de sus compañeros subieron a su nave para inspeccionarla. Su pelo ahora era tan blanco como la capa que caía desde sus hombros, pero sus ojos se veían tan claros y sus movimientos tan ágiles como cuando le había visto por primera vez, tantos años atrás.

"¿Fue en Harrenhal? No, no. Fue en el Valle Oscuro, debo haber tenido la edad de Monterys."

-Lord Velaryon. -saludó el caballero, sin sonreír. -Os esperábamos antes.

-Vine apenas pude, pero la noticia del arribo de la Reina me alcanzó solo hace dos semanas y estando alejado de mi hogar. He estado viajando desde entonces.

"También hice una pequeña parada en Isla Zarpa, el viejo Lord Celtigar me debía un favor y tuve que cobrárselo."

- ¿Un Velaryon viajando de un lugar diferente a Marcaderiva? ¿Y cuál sería ese? -preguntó el caballero que no conocía, con una voz cargada de desprecio e ironía.

-Perdón si hago como que no os escuché, pero no suelo responder preguntas de quien no conozco su nombre. -replicó el Amo de Marcaderiva, poniendo su mejor cara de señor.

"¿Quién te crees que eres? Me da lo mismo si eras el mejor mercenario de Essos y que por eso Daenerys te dio una capa blanca, sigues siendo un forastero desconocido que está hablando con alguien de linaje valyrio." pensó, sin dignarse a mirar al extraño.

De todas maneras, dudaba que esa fuera la situación, el guardia real hablaba con un acento algo diferente, pero definitivamente de Poniente. ¿Quizás era miembro de una Casa que se había unido a Daenerys y que había sido recompensada por ello con un cupo en su Guardia Real? No sería la primera vez.

Reaccionando a sus palabras, el caballero se sacó el yelmo, descubriendo una cara de facciones afiladas que le miraba con el mismo desprecio que su voz emanaba. El desconocido tenía ojos púrpuras, pero pese a lo poco común que era tal detalle no le ayudaba mucho a Monford en la misión de identificarlo.

"¿Quizàs un lyseno? La sangre del Imperio todavía corre fuerte ahí."

-Lamento informarte que tu cara no es lo suficientemente conocida como para que el verla me ayude mucho a saber quién eres. ¿Por qué no me dices tú nombre de una vez?

-Digamos que me gustan las entradas dramáticas. Si mi cara no ayuda, supongo que esto lo hará. -anunció el extraño, desenvainando el espadón que colgaba de su espalda.

Monford dio instintivamente un salto atrás y sus arqueros apuntaron sus armas hacia el caballero, pero rápidamente levantó una mano para evitar que alguno disparara. Frente a la mirada desaprobatoria de Ser Barristan, el guardia real desconocido había levantado su espada no para amenazar, si no para que todos pudieran verla en detalle.

Y la pálida luz que parecía escapar de su blanca hoja no dejaba muchas dudas sobre su identidad.

-Esa es… es Albor. -murmuró Monford, incapaz de disfrazar su asombro.

-Sí, es Albor, la mejor espada de los Siete Reinos, que solo el mejor caballero de los Siete Reinos puede empuñar. -replicó el desconocido, desafiante.

-Entonces, ¿eres la nueva Espada del Amanecer? ¿Eres el Dayne que ha sucedido a Ser Arthur? -preguntó, sorprendido.

En vez de sentirse halagado, el caballero pareció enojarse.

-Soy un Dayne, sí, pero no soy el sucesor de mi querido y recordado primo. -su boca se tornó seria. -Me llaman Estrellaoscura y soy de la noche. Por ello, no soy la Espada del Amanecer… soy la Espada del Ocaso.

Estrellaoscura guardó a Albor y miró desafiantemente a Monford, hablando una última vez antes de dar media vuelta y bajar del barco.

-Y créeme, pronto todos reconocerán mi cara.

Nadie lo perturbó mientras bajaba, ni siquiera Ser Barristan. Monford le observó alejarse y cuando finalmente desapareció de su vista, frunció el ceño.

-Parece ser un poco… pretencioso. -murmuró, a lo que Ser Barristan asintió, cansado.

-Si soy sincero sigo sin creer que sea de la misma sangre de Arthur. Me cuesta creer que un Dayne tenga esas maneras.

-¿Cómo es que llegó acá? ¿Es que Dorne ya se unió a la Reina? -El caballero negó con la cabeza.

-No, la Araña nos aseguró que Dorne se nos unirá, pero el Príncipe Doran todavía no ha dicho palabra alguna. Ni siquiera ha enviado a un mensajero.

-¿Entonces cómo es que hay un Dayne con ustedes?

-Se unió a nosotros cuando estábamos en Lys, discutiendo con los magísteres para que nos dejaran pasar por su isla sin hacerlo por la fuerza. Apareció un día en el que la Reina Daenerys bajaba desde las mansiones de los poderosos, ubicándose en medio del camino para que no hubiera forma de que pasáramos sin cruzarnos con él. Un par de Inmaculados iban a obligarle a moverse cuando comenzó a vociferar que quería hablar con la Reina, que había huido desde Poniente para poder jurarle lealtad. -el anciano suspiró- Daenerys escuchó sus gritos y ordenó que le trajeran a su presencia.

-¿Y qué pasó? -preguntó Monford, curioso.

-Lo único que podía pasar cuando una joven que creció en el exilio escuchando las historias de la amistad entre su hermano y Ser Arthur Dayne se encuentra con su sucesor cruzando los mares para jurarle lealtad. No solo le tomó a su servicio, también lo honró con una capa blanca. -Ser Barristan parecía inseguro, pero finalmente continuó. -Supongo que el que Ser Gerold sea tan joven y… atractivo también influyó.

-¿En serio? ¿Acaso la Reina lo…? -se atrevió a preguntar el Velaryon, pero el guardia real pareció arrepentido de sus palabras.

-No me corresponde a mi comentar las decisiones de mi Reina, y de hecho estoy juramentado a proteger sus secretos. -se irguió en toda su altura, mirándole severamente. -Además, ese no es el asunto de esta conversación. ¿Qué hacéis aquí, Lord Velaryon?

"Al fin"

-Vengo a renovar los votos de fidelidad que mi familia posee con la de la Reina, los cuales se remontan más allá de la propia existencia de los Siete Reinos. -también se irguió. -Donde vayan los Targaryen, también irán los Velaryon. Tal juramento se consagró en Valyria hace mil años, y durará hasta el fin de los tiempos.

-Las palabras son viento mi señor, podéis decir lo que querías, pero los hechos son claros. -la voz del caballero era tan dura como su mirada. -Salvo por Lord Celtigar, sois el último banderizo de Rocadragón en llegar a la isla. Y creo que vuestra familia ha sido bastante cercana con los Stark y el Valle por los últimos meses, lo que es al menos curioso si recordamos por quien pelearon esas familias veinte años atrás.

-Lo que ha pasado los últimos meses ha sido algo sin importancia Ser Barristan, hay juramentos que están escritos en tinta, otros, lo están en sangre. -endureció su mirada, desafiando a la del Selmy. -Y os aseguro que mi familia siempre honrará su juramento a los Targaryen por sobre cualquier otro.

-Supongo que eso está por verse. -anunció Ser Barristan, dando a entender que no estaba completamente convencido, no es que Monford esperara lo contrario, claro está. -Lord Redwyne está esperando en el muelle, también va a la fortaleza a hablar con la Reina, ¿seríais tan amable de aguardar con él hasta que vuelva para que pueda escoltarlos?

"Y pensar que esta isla estaba bajo mi mando hasta hace menos de una luna" pensó, algo irritado.

-Soy capaz de aguardar Ser Barristan, ¿podría preguntar adonde os dirigiréis?

El caballero señaló a sus espaldas. -No sois los únicos en arribar hoy.

Monford se dio vuelta y entendió el significado de sus palabras.

-Supongo que incluso el Príncipe Doran se cansó de esperar. -murmuró, mirando a la nave evidentemente dorniense que se acercaba al atestado embarcadero.

-Eso espero, eso esperamos todos. -murmuró el caballero, dando por finalizada la conversación. El guardia real bajó hacia el muelle con el Velaryon y algunos guardias siguiendo sus pasos. Les indicó hacia una pequeña muchedumbre que esperaba a algunos metros, entre los que Monford pudo reconocer al pelirrojo Lord Redwyne. Miró a Ser Barristan y éste asintió.

-Esta vez espero tardarme menos que con ustedes. Ser Gerold ya no está para ocasionar problemas… y Dorne todavía no ha jurado lealtad a nadie en esta guerra.

"No como tú" las palabras del caballero no fueron dichas, pero aun así eran claras.

Sin la menor vergüenza, el Señor de Marcaderiva caminó hacia la muchedumbre, escoltado por sus guardias mientras pensaba en qué pasaría si la Reina terminaba siendo más parecida a su padre que a su hermano. Es decir, seguía pensando en lo mismo que había estado pensando por las últimas semanas. ¿Qué pensaría Daenerys sobre su alianza con los Stark? ¿Qué haría cuando supiera que había dejado a Shireen Baratheon en el Norte manteniéndola fuera de su alcance?

Casi no se dio cuenta cuando llegó a un lado de Lord Redwyne.

-Lord Monford. -saludó el Señor del Rejo, tras intercambiar cortesías continuó. -Pensar que hace menos de una luna me dirigía con mi flota hacia aquí para luchar contra la vuestra. Qué rápido pueden cambiar las cosas, ¿no?

-La vida es así, imprevisible, lo único de lo que se puede estar seguro es que tarde o temprano todos moriremos. -respondió el Velaryon, intentando ser cortés sin sonar débil. – Hablando vuestra flota, ¿Puedo preguntar dónde está? Vi algunas naves antes de arribar, pero no más de una docena… y vos tenéis doscientas.

-Tenía doscientas antes de que empezara la guerra, perdí algunas luchando contra piratas en los Peldaños de Piedra y una docena en una tormenta cerca de Tarth. Pero bueno, es es el costo de las guerras en el océano. -murmuró el pelirrojo, solemne.

-¿Y dónde está el resto de las naves? -insistió Monford, curioso. Esgrimió una sonrisa falsa. -Normalmente no esperaría una respuesta, pero como pronto todos seremos aliados…

-El Rey fue magnánimo y me permitió mandarlos hacia el Rejo, sabiendo que con Euron Greyjoy como Rey de las Islas de Hierro solo es cuestión de tiempo antes de que los hijos del hierro ataquen el Dominio. -sonrío. -Pero bueno, ese permiso incluía a mis barcos, pero no a mi persona, así que aquí estoy.

-¿El Rey? ¿Joffrey? -murmuró, sin entender.

-Por supuesto que no, jamás me referiré nuevamente como Rey a ese mequetrefe demente. Pobre Margaery Tyrell, mi sobrina se merecía a alguien mejor. -al ver la cara de confusión del Velaryon, Lord Paxter prosiguió. -Habló del Rey Aegon obviamente, ¿de verdad la Araña no os incluyó en todo esto?

-¿Aegon? ¿La Araña?

-Sí -respondió el Señor del Rejo, serio. -Aegon, el hijo de Rhaegar.

"Está vivo"