¿QUIÉN LLAMÓ A LA CIGÜEÑA?


CAPÍTULO 5

RELÁJATE Y DISFRUTA

Embellecerme me llevó más de tres horas. Me depilé, maquillé y alisé mi cabello. Me lavé los dientes hasta hacerlos sangrar. Recargué mi maquillaje para causarle una mejor impresión.

"Tengo que gustarle, tiene que desearme"me repetía una y otra vez.

Cuando estuve preparada ya era casi a las diez de la noche. El taxi demoró en llegar y cada minuto que pasaba me desesperaba más.

¿Y si Edward no estaba en esa fiesta? A él no le gustaban las celebraciones.

¿Y si alguien más de su familia estaba con él?

Me moriría de vergüenza. No había visto a ninguno de ellos en años. Ni siquiera a Alice, quien alguna vez fue mi mejor amiga.

Estaba muy nerviosa, jadeante… temblorosa. Dos veces llegué a la puerta del hospital y regresé a la avenida. ¡No seas cobarde! intentaba infundirme valor. Mentalmente claro. Ninguna persona que pasaba a mi lado imaginaría que estaba aquí para hacer un hijo.

La tercera vez que llegué a la puerta me anime a entrar.

Me coloqué tras un grupo de personas para entrar al salón principal. Me escabullí sigilosamente como un ladrón y casi derribo a un mesero.

Rogaba a todos los cielos no heredar mi torpeza a mi hijo... o hija. Intenté ser discreta y buscar sutilmente con a mirada a mi presa, digo a Edward.

Logré divisarlo con unos amigos al fondo del salón. Estaban evidentemente muy alegres. Demasiado a mí ver. Conversaba, se reía y tomaba mucho.

Estuve vigilándoles casi una hora, prácticamente escondida detrás de un arreglo floral enorme. "Sí Bella que valiente eres"

Edward estaba ebrio, se notaba ¿Tanto habrá cambiado? Solía ser una persona tranquila, callada pero parece que eso quedó atrás. Solo espero que no sea alcohólico y herede genes defectuosos a mi hijo… o hija. Ya debía parar y ponerle nombre a mi bebé. Me rompía la cabeza con eso… no podía llamarlo Edward si fuese niño. Parecería obsesionada. Tampoco podía llamarlo Jake o creerían que es hijo de mi amigo. Podía ser Charlie como mi papá, así de paso lo comprometía a ayudarme. ¡No sé cómo reaccionará papá!

Una joven rubia, alta y delgada se acercaba cada tanto a Edward. ¿Es que tengo competencia? ¿Alguien más lo quiere para padre de sus hijos? ¿Quién sería la desgraciada esa? ¿Cómo iba a hacer ahora para llevármelo? No podía presentarme nada más así.

Fui a los servicios a refrescarme un poquito, retoqué mi maquillaje. Me miré fijamente al espejo.

¿Qué estás haciendo Bella? ¿Cómo se te ocurre venir aquí a hacer algo tan inapropiado?

Era mi conciencia que de vez en cuando se despertaba. Lo siento "consejera" pero ya he llegado muy lejos para retractarme.

Yo tenía un objetivo. Perpetuar la especie. Necesitaba esas semillas y las necesitaba ya. No voy a envejecer criando gatos, ni siquiera tengo hermanos para adoptar sobrinos.

— ¡Rayos!— escuché a mi lado. Era la rubia que había visto rondando a Edward. Traía un vestido rojo descarado ¿Qué se creía, semáforo en "alto"?

— ¿Problemas?— pregunté.

—Me vino el periodo. ¿Se nota mucho?— se miraba hacia atrás. Tenía una mancha oscura en su traje. Pobre. ¿A quién no le ha pasado?

—Sí. La verdad sí se nota— le dije. Suspiró.

Traía un vestido sin mangas muy pegado al cuerpo. Entonces se me ocurrió algo para ayudarla.

—Esto podría servirte— le ofrecí mi mascada. De hecho no me servía mucho, ya me había enredado dos veces el zapato en la dichosa tela. Además era de color plata transparente, no se vería tan mal en un vestido rojo. Segun mi punto de vista, estaba segura que Alice podría encontrarle peros. ¿Dónde estará ella? A pesar de los años, aún la extraño.

— ¿En serio?— la rubia guapa me aceptó el ofrecimiento. –Te lo devuelvo luego ¿Trabajas aquí? No te había visto— se probaba mi bufanda de seda fantasía.

—Sí, recién acabo de entrar. Soy recepcionista— le sonreí.

No pareció interesada en mí. Estaba preocupada en ocultar la mancha.

—Fabuloso. Te lo devuelvo el lunes. Voy a cambiarme a casa— salió apurada.

Me quedé en el baño un rato más. Ya pasaba la media noche y yo patéticamente seguí sin haber cruzado ni siquiera una mirada con Edward.

Ay Bella, si serás miedosa. Con lo borracho que está, seguramente ni te reconoce.

Salí de allí y en lugar de volver al salón caminé por un pasillo poco iluminado, quería ver el cielo.

Encontré una especie de patio pequeño, con bancas. Estaba oscuro.

Mejor, aquí nadie me encontraría. Pero si ni siquiera me buscaban… que ridícula soy.

Podía estar sola y pensar bien las cosas. No era correcto lo que hacía.

Un hijo ha de hacerse con amor, no porque esté enferma.

Pero no quiero perder mi última oportunidad de ser mamá. Yo puedo ser buena madre, soy cariñosa, tengo paciencia. A veces soy algo alocada pero nada que no pueda controlar.

— ¿Bella?— escuché detrás de mí. Casi doy un brinco al escuchar esa aterciopelada voz. Me giré a verlo.

Allí, plantado frente a mí y casi a punto de caerse al suelo de borracho, estaba Edward Cullen. Mi Edward. Mi donador.

—Edward— susurré.

Respira Bella, respira, o te vas a desmayar.

—Ven mi amor— se acercó a mí.

Caminé hasta encontrarnos, tomó mis manos con mucho cuidado, midiendo sus movimientos. Nuestros dedos se entrelazaron, él buscó mis ojos.

Había ansiado tanto este momento. Su mirada trataba de enfocarse en mí pero podía notar que estaba bajo los efectos del alcohol. Y eso, no le quitaba un ápice de sus hermosura. Edward seguía siendo el hombre más guapo que mis ojos habían visto.

—Bella... ¡Bella!— me abrazó con fuerza. —Mi Bella, no te vayas por favor, quédate conmigo— mi corazón casi se me salía del pecho.

No podía creer lo que escuchaba. Y no estaba soñando, era real. Edward, abrazándome, llamándome amor. Cómo hace tanto tiempo. Escuchar los latidos rápidos en su pecho, sentir la tibieza de de su cuerpo, era mas de lo que había imaginado.

Noté que intentaba moverse suavemente, parecía que se dejaba mecer con el viento. Tarareó algo, tomó mi cintura, o eso pareció, su mano vacilaba en el aire.

—Baila conmigo, no te vayas—susurró. Intenté moverme pero estaba segura que los dos caeríamos al suelo si intentaba bailar.

Parecía que mi misión no sería tan difícil de llevar a cabo, después de todo. Por alguna razón que desconozco, el cielo me había traído de vuelta a mi Edward. Y todo su amor con él.

No debía perder el tiempo pensando o decidiendo si esto estaba bien o mal... era momento de actuar.

Y cómo mamá decía en estos casos: "Facilita y cooperando"


Go Bella, go.

PATITO