¿QUIÉN LLAMÓ A LA CIGÜEÑA?


CAPÍTULO 14

Y CAYÓ UNA BOMBA

Mientras preparaba las guirnaldas que adornarían las paredes del salón de psicoprofilaxis, pensaba en lo que había dicho Casandra. ¿Edward tenía derecho a saber? ¿Debería decirle la verdad? Y si de algún modo se enteraba ¿Me odiaría? ¿Se sentiría con la obligación de velar por nuestro hijo? ¿Sería un lazo que arruinaría sus planes?

Tengo miedo que eso suceda, que me odie por haberlo utilizado, por tener una atadura conmigo. O que quiera hacer valer sus derechos e intente quitarme a mi bebé. Eso sería terrible. Él está a punto de formar una familia, legalmente más apto para criar un hijo que yo.

¡No!

Yo jamás permitiría que Tanya pase tiempo con mi hijo. Ni siquiera que esté cerca de mi bebé. Es mejor que abandone la loca idea de decirle la verdad. Nada bueno sacaría de eso. Solo añadirle más problemas a mi enredada vida.

¡Qué se casen y tengan sus propios hijos lejos de mí!

Usé mucho papel, las guirnaldas me quedaron medio deformes por no concentrarme en mi trabajo pero no se veían tan mal, teniendo en cuenta que nosotras estamos deformitas también. Yo no tengo tanta barriga pero otras de mis compañeras parece que fueran a irse de cara al suelo. Pobres.

Algo atrajo mi atención, un ligero zumbido en mi oído izquierdo. Era extraño, a lo mejor entró agua mientras me bañaba, no le di importancia y acabé los demás adornos. Dejé el árbol de los deseos para pintarlo en la noche, ya lo había armado y quería ponerle lunares amarillos por todas partes.

Todo fin de semana me la pasé llena de papeles, pegamento y purpurina. Charlie y Jacob se turnaban para ayudarme sin mucho entusiasmo. Ángela vino a verme y me dio ideas nuevas para el arbolito de los deseos, me parecía precioso todo lo que hice para la fiesta. Maggie me había llamado diciéndome que nuestra obstetra había confirmado su asistencia. Y vendría acompañada de su prometido, el director del hospital. Eso sólo hizo que me zumben más los oídos.

En un principio pensé en no ir, pero después de tanto trabajo no me iba a echar atrás. Debía mostrarle que había dado la vuelta a la página y su presencia no me molestaba. Aunque por dentro sea otra la realidad.

El día de la fiesta Jake accedió a llevar todos los adornos en su camioneta sin mucho entusiasmo. Llegamos temprano y aún no había nadie pero el salón estaba abierto. Ni siquiera Maggie la monitora había llegado.

Le hice subirse a Jake en la escalera para que me ayude a colocar los globos y algunos adornos. Mis amigas gorditas fueron llegando y nos miraban murmurando discretamente. Quizás pensaban que Jake era la persona de la que me aproveché estando ebrio para procrear a mi bebé. Si así fuera sería mucho mejor a que siquiera sospechen que el verdadero padre de mi hijo es el director del hospital.

—Tu amigo está buenísimo— Jennifer me asustó hablándome al oído. Me di cuenta que se refería a Jake.

—Se llama Jacob ¿Te lo presento?— le sonreí.

—No te preocupes Bella. Sólo quería saber si era el padre de tu hijo pero ya me di cuenta que no— volvió a sonreír y se marchó.

Maggie llegó en ese momento se veía muy cansada.

—Lo siento nenas, he tenido una larga noche. A mi Fifí la atropelló un auto ayer y me he pasado la noche en la clínica. Es mi chihuahua— nos aclaró al ver nuestras caras de horror. — ¡Vamos a apurarnos empezamos en media hora!— corrí a arreglar la mesa. Terminé de colocar el árbol de los deseos en la entrada de la sala con sus respectivas tarjetas, así todo el que llegue podría ir escribiendo sus buenos deseos y al final de la fiesta podríamos leer lo que nos deseaban. Sería divertido.

Cuando creí que no vería nada más interesante en la decoración, salvo los cupcakes de Jennifer y los bocaditos de la cafetería, entró Ivanna que apenas podía con su enorme barriga de gemelos, con tres enfermeros. Les indicó dónde poner algunas cajas grandes. Eran 7 en total, exactamente la cantidad de integrantes de la clase de psicoprofilaxis. Y traían nombre. Jennifer, Mary, Kristie, Shelley, Ivanna, Casandra, Bella. ¿Bella?

Me quedé mirando como boba los colores chillones del papel del envoltorio. Chupones, pollitos, patitos, bebés gateando… ¿Quién enviaría estos regalos?

Sin darme cuenta la gente fue llegando, más personas de las que se había planificado pero extrañamente había mucha comida. Las mesas estaban llenas de bocaditos y fruta.

Salté de alegría, dentro de lo que podía moverme, cuando vi aparecer a Charlie por la puerta. Traía su uniforme de policía. Me dijo que no podía quedarse más de quince minutos porque estaba en servicio. Jake se había ido a trabajar.

Para cuando Edward y Tanya hicieron su ingreso mi padre ya se había marchado. Yo había optado por no usar la silla de ruedas hoy, la había dejado en la puerta de ingreso del hospital así que traté de mantenerme en pie cuando el director y nuestra obstetra entraron. No sé si fue la impresión o los celos pero vi varios puntos blancos flotando en el aire apenas levanté la cabeza y mi mirada se posó en el flamante director. Hoy no traía su usual bata blanca, estaba vestido con un perfecto traje azul, que no hacía más que re saltar su cabellera cobriza y sus ojos verdes.

Tuve que parpadear varias veces para dejar de ver aquellos puntitos. Quizás eran los nervios.

Apenas entraron, Maggie les indicó que debían dejarnos una dedicatoria en el Árbol de los Deseos.

—Bella se ha esforzado en hacernos un hermosos Árbol de los deseos, por favor, hágannos el honor de dedicarles a las gorditas algunas palabras— sonrió Maggie. La mirada que me dedicó Tanya fue indescifrable. Sonreía pero sus ojos parecían aburridos. Edward evitó mi mirada, fue el primero en tomar la pluma para escribir. Y se demoró bastante.

Me senté en cuanto pude, sentía mi cara ardiendo, comprobé que no tenía fiebre así que estaba segura que era mi inquietud lo que me causaba estos sofocos. "Si el director no estuviera aquí, quizás podría tener una baby shower más tranquilo" me repetía una y otra vez.

Jugueteé con los bordados de mi blusa mientras Edward tomó la palabra y agradeció al servicio de profilaxis por realizar aquella fiesta. Tanya no se quedó atrás y con unas palabras muy dulces, aunque a mí me parecieron fingidas, nos deseó a todas un feliz parto. Nos anunció que los regalos para cada una eran de parte del hospital.

—Son unas hermosas cajas de cartón, tradicionales de Finlandia, dentro traen ropitas, pañales, productos de higiene y un pequeño colchón que pueden usar en esa misma cajita para mantener tibio al recién nacido.

¿Me estaba diciendo que mi bebé dormiría en una caja de cartón? Creo que no fui la única que la miró sorprendida. Pero eran un regalo y no podíamos despreciarlo.

Maggie agradeció por nosotras y buscó a quien debía dar el agradecimiento en nuestro nombre.

Sorprendentemente Kristie, había asistido. Llevaba un trajecito rosa y una sonrisa inquieta. La vi ubicarse junto al micrófono con un papel en las manos. Imagino que Maggie o Casandra le ayudaron a escribir su discurso de agradecimiento.

"Buenos días" empezó.

"La verdad yo no quería venir hoy pero la alegría que mis demás compañeras me han contagiado es indescriptible y no me lo quise perder" sonrió. Yo no la conocía bien pero podría jurar que parecía estar a punto de soltarnos una bomba y salir corriendo.

"Le agradezco a Jen, porque ella es tan positiva a pesar de todo. Si yo me hubiera embarazado en una orgía mamá me hubiera matado" miró a la afectada quien abrió los ojos desmesuradamente. Mi corazón empezó a bombear más aprisa y dentro de mi pancita, alguien estaba inquieto. ¿Qué rayos estaba haciendo Kristie?

"Querida Mary, admiro tanto tu fortaleza tanto como admiro tu paciencia. Si yo tuviera a la amante de mi marido en la misma clase de profilaxis seguro que habría cometido alguna locura" varios gemidos ahogados se oyeron. Pero Kristie no dejó de hablar. Mary miró a Ivanna quien se había sentado respirando entrecortadamente. Yo no alcanzaba a entender aquello. ¡Alguien debía parar a Kristie!

"Shelley querida, te aprecio muchísimo pero abre los ojos, el piloto Evans es gay, eso todo mundo lo sabe en el motel donde vivo" ahora atacaba a la colombiana. Y continuaría si alguien no la detenía. Miré a Maggie pero ella no estaba prestando atención, Ivanna ahogaba un grito de dolor.

"Señora Casandra algún día quisiera ser como usted, salvo por la menopausia, es una de las personas más fuertes que conozco. Vivir al lado de un…"

—Señorita, deme ese micrófono— alcancé a oír a Edward. Por fin alguien había reaccionado. Kristie no se lo puso fácil. Alcancé a oír la palabra "esquizofrénico" antes que Edward le quitara con cuidado el aparado a Kristie de las manos.

Pero ella no se calló. Era cierto que no tenía micrófono pero siguió hablando.

"Quizás de todas aquí la que mejor me cae es Bella. Al menos ella tiene los cojones de decir que el padre de su hijo es un alcohólico y…" me llevé las manos a la boca temiendo lo peor. Pero Edward la tomó de los hombros y le susurró algunas cosas mirándola a los ojos. Ivanna gritó muy cerca, me di cuenta entonces que Tanya estaba con ella. Y debajo había un gran charco. ¡Había roto fuente!

Me senté con el zumbido en mi oído y los puntitos brillantes en mis ojos. Todo a mí alrededor estaba descontrolado, a Ivanna se la llevaron en una camilla, Jennifer se fue llorando escoltada por su madre. Mary también estaba llorando mientras que Casandra la consolaba, Shelley se fue sin decirle nada a nadie.

Todo salió mal. ¡Un rotundo fracaso! Y yo me sentía tan extraña. Me costaba respirar y Jake no había regresado.

—Déjame revisarte— escuché a Edward, no sé en qué momento se había acercado, no lo oí llegar. Sacó un tensiómetro y rápidamente me midió la presión arterial, luego las pulsaciones. Finalmente usó su estetoscopio en mi pancita.

—Estoy bien— dije para no darle importancia.

—Tienes la presión elevada. ¿Desde cuándo miras luces?— preguntó como si me leyera la mente. Lo miré asustada. –Lo noté cuando entré, estabas con la mirada perdida— susurró.

—Hace dos o tres días. Al principio eran puntos, ahora brillan— dije.

— ¿Le has dicho a Tanya eso? ¿Le has mostrado tus pies hinchados?— preguntó seriamente.

—Lo de las luces es nuevo y me olvidé decirle de los pies— suspiré. –Hay algo más… tengo zumbidos— dije sincerándome. De todas formas él sólo quería ayudar.

—Pre eclampsia— fue todo lo que dijo.

— ¿Es peligroso?— me asusté.

—Si no se trata a tiempo sí. Tanya va a estar ocupada, te recetaré algo para la presión. Quiero que vayas directo a tu casa te acuestes y sólo te pongas de pie para ir al baño ¿entendiste?— se escuchaba muy firme. Sacó unos papeles y rápidamente anotó algo, lo firmó y me lo dio.

—Está bien— dije sin rechistar.

—Mañana debes venir a chequearte otra vez. Necesitas monitoreo. Es posible que tengamos que hacerte cesárea antes de tiempo.

Lo que dijo me asustó mucho.

—Pero…

—No tienes nada que temer, tenemos un quirófano muy moderno y las incubadoras llegaron hace poco. Estarás bien cuidada y yo mismo me encargaré de tu bebé, te prometo que no le pasará nada malo. Sólo debes cuidarte— me sonrió para darme aliento y fue mucho más que eso. Reprimí mis ganas de arrojarme a sus brazos.

—Gracias— intenté disculparme por todo lo malo que le había hecho pasar en nuestra primera consulta pero no pude hablar.

—Tengo que irme, los bebés de Ivanna deben estar a punto de nacer. Si no tienes quien te lleve espera en el tópico o pide que te den una ambulancia, diles que yo lo he ordenado— dijo antes de salir presuroso a recibir a los pequeños gemelos.


Amigas muchas gracias por la espera, sé que van a tener que releer gran parte del fic para recordar y me declaro culpable. Sufrí la pérdida de un ser querido y me bloqueé en muchos aspectos de mi vida sobre todo en este. Pero el tiempo pasa y nos ayuda a superar las cosas o al menos a seguir avanzando.

Gracias por leer.

Patito