¿QUIÉN LLAMÓ A LA CIGÜEÑA?


CAPÍTULO 19

INCERTIDUMBRE

— ¿Qué haces aquí?— pregunté sonriendo.

— ¿Qué haces tú aquí? Yo vine a ayudar a mi hermano— dijo pícaramente.

— ¿Trajeron la sangre?— mi respiración se aceleró y sonreí de alegría.

—Sí. Pero me han dicho que Edward está mal. Papá está con él ¿Sabes qué pasó? Porque la "patilarga" no me quiere decir nada.

—Edward le donó tres unidades de sangre a mi hija…— sonreí al escucharla llamar así a Tanya. Nosotras teníamos la costumbre en la escuela de llamar "patilargas" a las que eran mucho más altas que nosotras.

— ¿Eran para tu hija?

—Sí. Nació hace poco pero mi sangre y la suya…

— ¿Tu hija tiene el mismo tipo de sangre que Edward?— a ella nunca se le pasaba nada.

—Sí. ¿Lo que son las cosas no?

— ¡Ay Bella! Hace tantísimo tiempo que no te veo. ¿Qué ha sido de tu vida? ¿Te casaste con Jake?

—No. No estoy casada, sigo soltera.

—Imagino que pensarás formalizar. Con una hija, deben formar un hogar.

—Mi hija, Liz, no es de Jacob— confesé.

— ¿No? Pero Tanya dijo… que era igualita a él.

— ¿Cuándo les dijo eso?

—No es que sea mi costumbre escuchar las conversaciones telefónicas de la gente pero yo levanté el auricular cuando ella le llamó a mamá. Dijo que tenías una hija igualita a Jacob. Pensé que ya era grande no que recién había nacido.

—Nació hace cinco días. Y no se parece a Jake, no tiene porque.

—Olvídalo entonces, esa siempre tiene la costumbre de hablar demás. Se la pasa diciendo que yo le ayudé a escoger su vestido y lo único que hice es pasarle los catálogos. Lleva años planeando la boda perfecta pero la han postergado al menos 3 veces, al paso que van…

— ¿Tu papá está con Edward entonces?

—Sí. Recibió una llamada de mi hermano diciéndole que si la sangre no llegaba él mismo la iba a donar. El problema no era la sangre sino como pasarla. Por eso me trajo, para despistar en la aduana de Seattle. Armé un numerito tan gracioso que a papá nadie lo revisó. Y apenas entramos nos dijeron que Edward está en cuidados intensivos ¿Qué rayos pasó?

—Dicen que le dio neumonía en la noche.

— ¿Neumonía? ¿Durmió afuera o qué?

—No lo sé. Yo también estoy preocupada— me senté. Estaba cansada.

— ¡Bella! Necesitas arreglarte un poco. Déjame peinarte.

Tomó su bolso mientras yo sonreía. ¿Cuántas veces nos peinamos mutuamente cuando ella se quedaba a dormir conmigo y hacíamos pijamadas? A veces yo me quedaba en casa de los Cullen y pasábamos horas maquillándonos.

Me pasó el cepillo y desenredó algunos mechones sin dejar de parlotear.

—Estudié cosmiatría ¿Recuerdas que quería estudiar diseño de modas? Pues al final me decidí por la belleza. Aún diseño mi ropa pero no profesionalmente. No me va mal, tengo un salón de belleza junto con Rosalie. Ella es estilista. Hace unos peinados preciosos, es especialista en mechas y extensiones. Peina a dos cantantes famosas de Vancouver…

Sonreía a cada tanto al saber cosas que si no fuese por ella jamás me habría enterado.

—Mamá sigue en lo de la decoración. Ahora tiene un catering para eventos sociales. Ella le está ayudando a Tanya con lo del bodorrio. Jasper y Emmett llevan apostando más de dos años a que esa boda no se va a dar. Mi Jasper dice que Edward va a dejar a Tanya y Emmett que Tanya solita dejará a mi hermano cansada de darle tantas largas a la dichosa boda… Yo me casé hace dos años y medio y Rosalie y Emmett hace tres. No nos casamos todos juntos porque yo quería mi boda estilo años veinte y Rose tenía esa fantasía galáctica. Así que las programamos con seis meses de distancia…

—Mi mamá falleció dos años después que se fueron— solté cuando ella tomaba un respiro.

— ¡No!¡Oh Bella cuanto lo siento!— me abrazó. — ¿Qué pasó? Oh si lo hubiera sabido…

—Fue un accidente. El auto donde iba, camino a Port Ángeles, se volcó.

—Ay no. Renée era tan alegre. Debiste pasarlo fatal.

—Sí, los primeros meses estuve deprimida pero papá y yo lo estamos superando.

— ¿Cómo está Charlie?

—Mejor. Sale con alguien. Aunque decir "sale" es mucho, apenas y va a visitarla, dudo mucho que le haya hablado de sus sentimientos.

— ¿Cómo es tu hijita? ¿Puedo verla?

—Nació amarillita, Edward dice que le dio ictericia pero tuvo una convulsión porque su sangre y la mía eran incompatibles y eso le ocasionó una anemia severa.

— ¡Pobrecita tan chiquita! ¿Me dejas verla?

—Está en neonatología, no creo que nos dejen verla, apenas y me dejaron a mí y eso que rogué varias veces…

—A mí no me pueden negar nada. Soy la hermana del director. ¡Vamos a verla! Por cierto ¿Si Jake no es su padre de quién es?

—De alguien muy especial— sonreí.

— ¿Pero se van a casar? Ya tienen una hijita Bella, tienes que darle una familia.

—No. Él es casado— dije para distraer sus pensamientos. Podía ver que la duda empezaba a formarse en su rostro aunque no muy clara.

—Qué pena Bella.

Sin querer llegamos hasta neonatología, temblé al pensar que Sasha podía estar allí y echarnos sin consideraciones. Pero nos abrió Jane.

— ¿Si?— dijo al vernos.

—Quiero pasar a ver a la hija de mi amiga Bella— contestó Alice muy decidida.

—No es horario de visitas— contestó la rubia pequeña que parecía molesta siempre.

—Lo sabemos. Pero Edward es mi hermano y…

—Déjalas pasar Jane— escuché al fondo la voz de Carlisle. La enfermera se hizo a un lado.

Los ojos del padre adoptivo de Edward me taladraron apenas entramos. Se acercó a saludarme con una misteriosa sonrisa en los labios.

—Mucho gusto de volver a verte Bella— no esperaba que me diera un abrazo.

—Lo mismo digo Carlisle— sonreí.

—Ya terminé la revisión de Liz. Ha mejorado bastante. Tiene el color indicado en su piel y mucosas. Ya no hay rastros de bilirrubina ni de anemia. Tiene unos preciosos ojos verdes— sonrió.

— ¡Yo quiero verla!— saltó Alice. Me acerqué junto a ella atraída por el último comentario de Carlisle. No había notado lo de los ojos y no hacía más de una hora que la había amamantado.

—Carlisle la sacó de la incubadora. Ya no tenía vía. Al sacarla de esa brillante luz pude notar el tono rosado de su piel. Estaba medio dormida así que el cambio la fastidió un poco. La envolví en una manta que Jane me alcanzó. Mi pobrecita bebé estaba sólo en pañal.

Ya en mis brazos me di cuenta que, de alguna forma sus pestañas ya se notaban. Antes parecía que solo tenía pelusitas. Pero ahora no, unas enormes y rizadas pestañas cubrían sus ojos.

— ¡Bebé abre los ojitos, tía Alice quiere verte!— dijo mi amiga tomando su manito.

Como si Liz la oyera abrió sus ojitos. Me quedé pasmada. Eran los mismos ojos verde esmeralda de Edward. Copiados exactamente.

Mi amiga la miró extrañada y luego me vio a mí. Era claro que estaba confundida. Yo no tenía ganas de aclarar nada, sólo besé la frente de mi hija y le susurré lo mucho que la amaba.

Antes que Alice pudiera preguntar nada la puerta se abrió. Era Tanya.

—Carlisle aquí estás. Vamos a pasarlo a una habitación.

—Ya voy— respondió él. Al vernos Tanya sonrió.

— ¡Alice! Lo siento, apenas pude saludarte— se acercó. Pero al ver a Liz sus ojos se agrandaron más de la cuenta. En un acto reflejo escondí a mi hija de la mirada de Tanya. –Qué bueno ya que está fuera de peligro— me sonrió Tanya.

—Voy contigo— Carlisle y ella salieron sin decir más. Pero Tanya no me quitó la vista de encima.

— ¿Cómo es que pasó esto? ¿Cuándo?— susurró Alice mirando a Liz.

— ¿Qué?— pregunté.

—No te hagas Bella. Esa bebita es hija de mi hermano.

Su mirada alegre había desaparecido. Se veía desconfiada, como si tratara con una mentirosa.

Decidí que ya no podía callar esto. Debía explicarle mis razones. Pero no quería dejar a Liz sola. Miré hacia atrás para ver si Jane estaba aún por allí. Afortunadamente en ese momento ella salió llevando una bolsa consigo.

—Hace unos meses me diagnosticaron una enfermedad en el útero. Iban a quitármelo así que mi ginecóloga sugirió salir embarazada para no perderme la oportunidad de ser madre. Y pensé en Edward— dije intentando sonreír.

—Sí pero nadie hace un hijo con el pensamiento…

—Yo fui a Vancouver con la esperanza… encontré a tu hermano en una fiesta, él se estaba cayendo de borracho. No lo recuerda, él no sabía nada.

— ¿Entonces por qué vino a Forks?— preguntó recelosa.

—No lo sé.

—Su decisión de volver fue extraña para todos. De un día para el otro dijo que regresaba aquí. Nadie lo entendió, allá tenía mejores oportunidades en su especialidad. Iba a viajar a Paris a hacer un doctorado. Y de pronto se le metió la idea de Forks. Mamá trató de persuadirlo. Papá estaba asombrado y Tanya… armó varios numeritos. Retrasaron su boda y Edward se salió con la suya. Y todos teníamos un solo nombre en la cabeza… el tuyo.

—No puedo responder a eso. Pero estoy segura que Edward no recordaba. Ayer cuando se lo dije…

— ¡Entonces lo sabe!

—Se lo dije porque mi hija se moría…

—Y él le dio dos unidades más de sangre quedando al bode de la muerte… muy de Edward.

—Sí. Él la salvó.

— ¿Y ahora?

— ¿Ahora qué?

— ¿Qué van a hacer?

— No vamos a hacer nada. Liz es mía, lo que tu hermano haga con su vida no me interesa. Yo sólo quiero llevarme a mi hija a casa.

—Como si él fuera a dejarte hacer eso— dijo sarcásticamente.

—Pues tiene que hacerlo. Yo no quiero nada de Edward, puede continuar con su vida, casarse y tener sus propios niños con Tanya.

—Pero no lo va a hacer. Edward no va a abandonarte con una hija suya.

— ¡Yo no quiero nada Alice! ¡Nada!. Ojalá regrese a Vancouver y…

— ¿Qué son esos gritos?— Sasha había entrado y nos miraba como si fuéramos dos bichos.

—Lo siento yo…— intenté excusarme.

— ¿Qué hace fuera de la incubadora ese bebé?— se acercó a mí con la clara intención de quitármela pero reaccioné más rápido y me puse detrás de Alice.

—El doctor Cullen se la acaba de entregar a su madre— le contestó Alice.

—Eso es imposible. El doctor Cullen está inconsciente en este momento.

—El otro doctor Cullen. Mi padre. Que vino a reemplazar a mi hermano mientras se repone.

Sasha arrugó la frente y me miró directamente. Su mirada se suavizó al ver a mi hija.

—Necesito pesarla y tallarla otra vez antes de dársela. Si ya no tiene vía se la llevaré en cuanto el nuevo doctor Cullen me firme su salida de neonatología.

—Vamos Bella, te acompaño a tu habitación. Tenemos mucho de qué hablar— pidió Alice.

Tuve que poner mucho de mi parte para poder dejar a mi hijita allí. Quería estar con ella todo el tiempo.

— ¿Te das cuenta en la situación que va a estar Edward cuando se recupere?— preguntó mi amiga.

—Alice, te juro que yo no quise ponerlo en ninguna situación. Nunca planeé decirle la verdad. Esperaba dar a luz de forma normal, salir y verlo en los controles hasta que él y su novia se marcharan de Forks.

—Pero ahora eso no es posible. Edward no va a dejar a su hija.

— ¿Qué hago? No quiero ser la culpable de arruinar una relación.

—Yo no soy fan de Tanya, ni siquiera me cae bien. Pero ella se ha esforzado mucho por conseguir el amor de mi hermano. La he visto, año tras año, trabajando para hacerse un lugar en su corazón. Ella tiene derecho a saber, Bella.

— ¿Crees que deba decirle?

—No. Tu no. Debe ser Edward pero luego tú debes hablar con ella. Esto va a ser un lío.

—Yo le explicaré, le diré que Edward no tuvo culpa alguna, la única culpable soy yo. Y no quiero nada, ni mantención, ni apellido… ¡nada!

— ¿No conoces a mi hermano? ¿Crees que él va a dejar a su hija así como así, largarse a Vancouver, casarse y olvidarla?

—Pues…

—Eso no pasará ni en un millón de años. No podemos hacer nada hasta que él despierte.

Dos horas después me trajeron a mi hija. Gianna estaba muy feliz también, le habían dado la noticia que podía hacer de mama canguro de su pequeño. Sin embargo no tenía noticias de Edward. Tampoco motivos para salir a deambular y preguntar.

Esa noche dormí preocupada.

A la mañana siguiente, el doctor Benjamín vino a darme el alta. Ya podía irme del hospital pero mi hija no. Mientras Edward no firme su alta, Liz no podía salir. Así que me negué a irme. De este hospital no salía sin mi bebé.

—Puede venir a amamantarla pero vamos a necesitar la cama— me dijo Sasha mientras la pesaba.

—No me voy a ir sin mi hija— dije firmemente.

—Eso lo decide el hospital. La doctora Tanya firmó su alta, debe ceder su lugar a alguien que lo necesite.

No le contesté porque ella no tenía ninguna autoridad. De aquí no me sacaban ni a la fuerza.

Después del almuerzo la patilarga en persona se presentó.

—Está de alta mamita, puede irse cuando quiera— me sonrió. Noté cierta dureza en su mirada.

—Por favor, quiero quedarme. A mi hija aun no le dan de alta, no quisiera dejarla…

—Ella no estará sola. En neonatología la pueden cuidar mejor que nadie. Estará cómoda en la incubadora mientras terminan de hacerle el tratamiento. No será por mucho tiempo.

— ¡No por favor!— rogué.

—Yo puedo firmar el alta de tu hija, mamita. Si te vas de inmediato— sus ojos me taladraron. Instintivamente me levanté. Liz dormía plácidamente entre sus cobijas.

— ¿Y si recae?

—Tendrás que arriesgarte— aquella eterna sonrisa había desaparecido.

—No me iré sin que Edward le dé de alta.

—Necesitamos la cama para otra mamita— me tendió la hoja de mi alta. Antes de salir me miró volviendo a sonreír. –Dejaré otra hoja de alta en el puesto de guardia de seguridad. Tienes hasta las 4 de la tarde mamita.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Iban a obligarme a dejar a Liz otra vez. Si Edward estuviera aquí…

Papá entró, junto a Jake y a Leah. Los tres se quedaron callados cuando me vieron llorar. Papá se acercó a Liz pero ella seguía dormida. Aun así él acarició la mantita en la que estaba envuelta

— ¿Qué te pasa Bella?— Leah fue la primera en llegar a consolarme.

—Me dieron de alta pero a Liz no. Y ahora me piden que deje el hospital porque necesitan la cama.

—No pueden hacer eso. Todo hospital tiene un área familiar para que la madre pueda quedarse mientras su bebé sigue internado. No creo que aquí tengan las "salas familiares" pero deberían facilitarte una cama si no es aquí en algún otro lugar. ¿No se puede hablar con el director?— preguntó.

—No. Él está enfermo— suspiré.

—Hija, no pueden echarte, éste es un hospital público— intervino Charlie.

— ¿Dónde está Cullen? A buena hora se viene a enfermar—criticó Jake.

— ¿Edward Cullen es el director del hospital? ¿Ese Edward con el que salías?— preguntó Leah mirándome como si intentara sonsacarme algo.

—Edward está enfermo por… porque le dio sangre a Liz—dije intentando dejar de llorar. Recordar aquello me ponía peor.

— ¿Es su mismo tipo?— otra vez la mirada inquisitiva de Leah se posó en mí.

— ¿Puedo cargarla?— preguntó Charlie.

—Claro que sí papá— la tomé con cuidado y la puse en los brazos de papá. Él sonrió tiernamente.

—Bueno. Si Liz tiene que quedarse, entonces tendremos que turnarnos para traerte cada dos horas o cuando tengas que darle el pecho. Ahora que recuerdo mi amigo Wayland vive en la calle de enfrente. Él renta habitaciones a las enfermeras. Si quieres le pido una para ti y estarás cruzando la calzada.

— ¿En serio papá? No se me había ocurrido— dije limpiando mis últimas lágrimas.

—Lo importante es que estés lo más cerca posible— me sonrió elevando su bigote. Cómo amaba a mi padre, nunca se hacía problemas de nada.

Liz se removió en brazos de su abuelo y abrió los ojos. Apenas Jake la miró, su frente se arrugó. Miró al piso y me lanzó una mirada extraña.

— ¡Qué bonitos ojos tiene!— exclamó Leah.

—Son hermosos, mira esa boquita— papá rió cuando la pequeña bostezó.

—Es tan linda como su madre— agregó Jake todavía con esa mirada acusadora.

Los tres se turnaron para cargar a mi pequeña, el tiempo pasó rápido mientras les contaba todo lo que sufrí con el parto y la hospitalización de mi hija. Ya eran las tres y media cuando entraron Sasha y Jane.

—Debemos llevarnos a la niña para realizarle algunos análisis— dijo Jane. No quería entregarla, sabía que me desalojarían en media hora y este sería el adiós. Luego de eso tendría que rogar y deambular por el hospital para que me dejen verla.

Hice tripas corazón y le di a mi bebé esforzándome por no llorar. No quería culpar a nadie pero la imagen de Tanya me vino a la mente y la odié con todas mis fuerzas.

Cuando se llevaron a Liz tomé mi maletín que estaba al pie de mi cama. Papá me lo había traído ayer pero no le había agradecido. Ni siquiera recordaba haber hablado con él, creo que me la pasé dormida o deambulando por el hospital. Fui al baño a darme una ducha y cambiarme de ropa. Lavé mi enmarañado cabello y me puse un vestido holgado sin mangas.

Cuando salí sólo estaba Jake. Papá y Leah habían salido.

—Han ido a reclamar para que te quedes— me dijo.

—Ojalá se pueda, sino iré directamente a la casa del señor Wayland para pedirle alojamiento.

—Bella… contéstame con la verdad y no me mientas. ¿Liz es hija de Edward?— no pude evitar sorprenderme. Mis mejillas se tiñeron de rubor. Estaba perdida.

—Si— dije sin poder mirarlo a los ojos.

—Lo de la inseminación fue puro cuento ¿No?

—No quería que supieran…

—Qué bien lo han ocultado, podría jurar que él no sabía.

— ¡Y no lo sabía!

— ¿Cómo no va a saberlo? Esas cosas son bastante intensas ¿Sabes?

— ¡No fue así! Yo, estuve con él cuando estaba mareado. Lo busqué en Vancouver y aproveché una fiesta de su hospital para meterme en su cama— lo miré muy seria. Ya sólo faltaba que Charlie lo supiera y ni vuelta que darle al asunto.

— ¿Te fuiste hasta Vancouver para embarazarte de él, teniéndome a mí a la mano?

— ¡Jake! Ya te dije…

—Conmigo todo hubiera sido más fácil Bella. No tendrías que estar pasando por esto. ¿Ya le dijiste a Cullen o todavía lo ignora?

—Ya se lo dije. Por eso donó tanta sangre, pero ya se la repusieron, esta mañana llegaron Alice y Carlisle.

— ¿Y ahora qué Bella? ¿Cullen va a dejar a su prometida para casarse contigo?

— ¡No!— quise llorar.

—Díselo a Charlie. Leah ya se dio cuenta pero tu papá es bastante despistado.

—Lo haré.

—Déjame llevarte la maleta.

Caminamos hacia los elevadores. Todavía no podía avanzar tan rápido como quisiera pero ya estaba más erguida. La herida no dolía.

Llegamos al primer piso, antes que pudiera dar dos pasos Alice estaba delante de mí.

— ¿Te vas? ¿Y mi… y Liz?— preguntó al ver que estaba acompañada.

—No le han dado de alta.

—El hospital no deja que Bella se quede— añadió Jake.

— ¡No pueden echarte!

—Ya lo hicieron— intenté sonreír.

—Claro que no. ¡Ni se te ocurra irte!— amenazó y salió corriendo.

Vi a papá en el puesto de vigilancia del hospital, hablaba con el encargado. Alice no tardó mucho en regresar con Carlisle.

—Bella no tienes que abandonar el hospital— me dijo el padre de Edward.

—Me dijeron que dejarían mi hoja de alta en el puesto de vigilancia y que debía desocupar mi cama a las cuatro a más tardar— respondí enrojeciendo. Podía notar que Carlisle sabía la verdad.

Mi papá llegó hasta nosotros en ese momento.

—Dice que tiene órdenes de pedirte que dejes la habitación— dijo papá.

— ¿Órdenes de quién?— preguntó Carlisle.

—De la obstetra— contestó papá.

—Ven conmigo Bella— pidió el médico.

Papá me dijo que me esperaría, Jake estaba sentado metros más allá con Leah. Alice me tomó de un brazo y caminamos hacia la oficina de Edward. Por el camino Carlisle llamó por teléfono.

No tardamos en llegar, me ofrecieron asiento, recordé la última conversación con Edward y mi corazón latió con fuerza. Escuché la puerta abrirse y me asusté.

— ¿Llamaste Carlisle?— era Tanya.

—Sí. Pasa. ¿Quería preguntarte porque diste órdenes de desalojar a Isabella Swan del hospital?— cuando Tanya me miró su sonrisa decayó.

—Así que vino a quejarse— dijo.

—No se ha quejado, yo llamé a mi padre porque ella se iba sin su bebé— reclamó Alice.

—Necesitamos la cama. Otra paciente está en labor de parto ¿Dónde colocaré a mi nueva mamita?— intentó excusarse utilizando esa forma de hablar que tenía. Melosa y llena de falsa ternura.

—Hay espacio. Otras habitaciones no están ocupadas.

—Las de obstetricia sí. Pero si puedes acomodarla es cosa tuya Carlisle— respondió la rubia.

—Gracias Tanya. Pero te recuerdo que soy el director provisional, consulta conmigo cuando quieras echar del hospital a algún paciente— le sonrió Carlisle. No pude evitar una sonrisa de satisfacción que disimulé con mi cabello.

—Lo tendré en cuenta— la rubia se fue rápidamente.

—Puedes quedarte en la habitación 201. Está muy cerca de neonatología, ya mandé a hacer los arreglos— me sonrió Carlisle.

—Gracias— dije intentando no llorar.

—Los análisis ya fueron practicados en la bebé. Enviaré a Sasha a que te la lleve, debe estar hambrienta— sonrió.

—Les agradezco mucho, de verdad. Estaba muy triste…

— ¡Tanya lo sabe!— dijo Alice. La miré asustada.

—No lo creo. Y si así fuera no debemos tocar el tema, no nos corresponde. Edward despertó hace una hora pero todavía no está lo suficientemente fuerte para hablar— me miró Carlisle. Eso me confirmaba que él sabía. —Yo mismo haré guardia esta noche, ve a vigilarlo y no lo dejes sólo— se dirigió a Alice.

— ¿Vigilarlo?— pregunté.

—La neumonía que tiene mi hijo se debió a una ventana que dejaron abierta. La que estaba justamente a su lado. No fue casual, alguien lo hizo a propósito.

Recordé lo que una de las enfermeras me dijo… Tanya estaba de guardia esa noche. ¡Fue ella! Pero… ¿Por qué? Si sabía que Liz era hija de Edward lo hizo en venganza. Pero si no lo sabe… ¿Por qué? ¿Por qué él le dio su sangre a mi hija aun a costa de su salud?

Quisiera salir y preguntarle cuál es su maldito problema. Me contuve y acepté lo que Carlisle me ofrecía. Me acompañó a mi habitación y se aseguró que quede bien instalada.

—He hablado con Edward, Bella. No quiere que te vayas hasta que él se recupere. Pero van a ser días difíciles. Esme llega mañana. Es mi esposa y no pude evitar comentarle lo de la bebe. Ya todos sabemos que es de Edward. Rosalie y Emmett también vienen. No sé cómo va a quedar esto, tú sabes que mi hijo está comprometido…

—Lo siento— fue lo primero que pude decir. –No era lo que yo quería. Sólo deseaba un hijo. No quiero problemas, sólo deseo llevarme a mi bebé y vivir tranquilas.

—Sería lo ideal pero no habrá manera de convencer a mi hijo de eso. Las dejo descansar, debo ir a verlo.

.

Había pasado toda mañana tranquila, las enfermeras de neonatología llegaron a pesar y tallar a Liz. Como yo estaba de alta, ni Tanya ni el doctor Benjamín vinieron a verme. Me alegraba eso, mientras las lejos esa patilarga de mi hija, mejor.

Era casi medio día cuando la puerta se abrió. Era Edward, Alice empujaba su silla de ruedas. Al verme sonrió buscando con sus ojos a mi bebe. Yo la había acomodado detrás de mí, ella estaba dormida.

—Gracias Alice— dijo Edward, mi amiga me sonrió y se marchó.

—Hola— saludé.

— ¿Cómo está? Déjame verla por favor— pidió. Me levanté y la tome en mis brazos. Pensaba mostrársela pero él me tendió sus manos para recibirla. Vacilé un poco pero los ojos ansiosos de Edward me hicieron darme cuenta de cuanto la extrañaba. La miraba como si viera un ángel o algo parecido.

—Está muy bien. Gracias por lo que hiciste por ella— apenas la tuvo entre sus brazos la besó en al frente. Aspiro su aroma y la acunó en su pecho. Nunca había visto una demostración de afecto de un padre. Al menos no de esa forma.

— ¿Ha ganado peso? ¿Está lactando bien?

—Sí. Ya pesa dos kilos con cincuenta gramos. Y es siempre está hambrienta aunque no toma mucho.

—Insiste en que tome más. Todavía tiene lanugo, cuando pueda levantarme voy a darle un buen baño y a aplicarle una crema para su piel. Le diré a papa que te dé una de las que tengo en mi oficina, debes echarle constantemente, no quiero que su piel se agriete — parecía tan entusiasmado hablando de su hija.

—Gracias.

Me miró fijamente pero no hizo ningún intento de regresarme a mi hija.

—No sé a qué acuerdo llegaremos Bella. Sólo de pido, te ruego, que no me separes de Elizabeth, por favor.

—No lo haré, sé que la amas, puedo verlo.

—No tienes idea de cuánto. Pero no soy libre, tengo un compromiso, he dado mi palabra. Nada será fácil de ahora en adelante.

—Edward, quiero que me disculpes por lo que hice…

— ¡No! No digas que los sientes porque es como si te arrepintieras. El resultado de eso fue este pequeño milagro y no te permito que digas que fue un error.

—No iba a decir eso. Sólo quiero pedir disculpas… o perdón. No quería causarte problemas.

—No me importan los problemas ya. Puedo ceder en muchas cosas de ahora en adelante, menos en una. Nadie me va a separar de mi hija.

—No pondré objeción en que vengas a verla a casa siempre y cuando lo hagas sólo. No tengo nada en contra de tu novia pero…

—Jamás expondría a Liz a una presencia dudosa. No voy a acercarla a nadie de quien no esté convencido que la quiera. Sé que puedo llevar a Alice. ¿Verdad?

—Sí. Alice ya la ama.

— ¿Quién podría no amarla?— Liz eligió ese momento para despertarse. Se removió entre los brazos de Edward como si estuviera en los míos. Él sonrió.

—Hola pequeña gatita. Lloras como un minino ¿sabes?— tocó la punta de su nariz con un dedo. Luego dejó que su manito se cerrara en su dedo. –A ver ¿qué tan fuerte estas?— intentó hacer que ella se levante un poco apretando su mano. Ella lo soltó de inmediato y empezó a chuparse el dedo. — ¿Tienes hambre? ¿Quieres que mami te alimente?— sonreí al ver que Liz hizo un pucherito y luego su carita se contrajo.

—Creo que si tiene hambre— dije soltando una pequeña carcajada cuando ella empezó a chillar.

—Bueno, ve a comer. Luego vendré a jugar contigo ¿Sí?— mientras me arreglaba para darle el pecho Edwards seguía pensativo sin apartar los ojos de su hija.

—Supe que te estaban echando del hospital. Por favor no tomes en cuenta eso. Voy a hablar con Tanya en este momento sobre Liz. Voy a decirle la verdad.

—Entiendo. Suerte con eso. Si me necesitas, yo le puedo explicar que…

—No te preocupes. No tengo porque mentirle pero si no me cree es problema suyo. Nadie te va a incomodar con preguntas necias. La verdad se dice una vez quien no puede aceptarlo no merece tu tiempo.

Por alguna extraña razón su respuesta no me convenció. Y no porque no le creyera, yo sabía que Edward es bastante correcto, es un hombre de palabra. El problema radicaba en Tanya. Aquella rubia no me inspiraba confianza, ojalá me equivoque.

Edward se fue, no pasó mucho tiempo, en realidad ni diez minutos, todavía no terminaba de amamantar a Liz cuando la mismísima rubia en la que estaba pensando entró.

—Así que sigues aquí. Te voy a poner las cosas fáciles. ¡Desaparece! Hice todo mi esfuerzo para mantenerte al margen de nuestras vidas pero creo que eres necia. ¿Crees que Edward va a volver contigo porque le diste una hija?

Me quedé helada ante su repentina llegada y aquella confesión.

— ¿Desde cuándo lo sabías?— pregunté.

—Desde el día en que se lo dijiste. Antes de eso creía que tu hija era de ese amigo nativo que tienes. Si hasta nació morena la niña— soltó una falsa risotada.

—Estaba amarilla no morena— dije entre dientes.

— ¿Querías un hijo o un marido?

—No pienso hablar pelear contigo Tanya.

— ¡Entonces lárgate de nuestras vidas! Ya ha sido una tortura luchar contra tu recuerdo para que ahora lo eches a perder. ¡Lo hiciste apropósito! Querías recuperar a Edward y te metiste en su cama aprovechándote que él no estaba sobrio. Porque si no hubiera tomado jamás te habría tocado. Él es mío. Duerme conmigo, me hace el amor cada noche. Me ama.

—Pues que bueno— respondí adolorida. Ella tenía razón en algo. Ellos vivían juntos y eran pareja. Pero yo no hice esto apropósito para volver con Edward. Sólo quería un hijo.

—Puede que no quiera regresar a Vancouver, puede que se encariñe con tu hija. Pero no va dejarme. Yo soy su prometida, su mujer y voy a jugar todas mis cartas ahora. Así que te pongo a sobre aviso porque de ahora en adelante voy a pelear con uñas y dientes por él. ¡No me voy a rendir!

Se fue dando un portazo.

Esta era una batalla que no pensaba pelear. Luché por mi hija hasta quedarme sin fuerzas y ahora la tengo conmigo. No pienso tentar más al cielo. No voy a interponerme en una relación ni a forzar a Edward a elegirme. Mucho menos utilizar a mi hija en mi beneficio. Mis sentimientos los guardaré para mí, ya he sido bendecida con esta preciosa criatura.


¡Bella no piensa luchar! Bueno es comprensible, él está comprometido.

Gracias por leer.

PATITO