¿QUIÉN LLAMÓ A LA CIGÜEÑA?
CAPÍTULO 20
VOLVIENDO A CASA
Decirle a Charlie la verdad fue más difícil de lo que pensaba. ¿Por qué siempre es tan difícil hablar de sexo con tu padre? Mencionar la palabra acostarse, engendrar o hacer el amor, cuestan ser pronunciadas.
Pero al fin, casi como si se tratara de un documental pude contarle como es que me embaracé. Por unos minutos se quedó inmóvil procesando la información. Llegué a pensar que se había convertido en una estatua.
— ¿Entonces ya no va a llevar el apellido Swan?— es todo lo que dijo.
—No lo sé. No le puedo negar su derecho. Edward también la ama.
—Bueno, no puedo culparlo ni obligarlo a nada y eso me hace sentir extraño. Ya eres mayor Bella, decide qué es lo mejor para Liz y para ti. Pero no olvides que siempre estaré allí para ustedes. Son mis chicas.
—Gracias papá.
.
Dos días después, una mañana…
—Buenos días, traigo buenas noticias— Edward entró en mi habitación sonriente. –Liz está lista para irse a casa.
— ¿En serio? ¿Podemos irnos al fin?— me alegré mucho.
—Sí. Todo está en orden. Escribí una larga y extensa lista de cuidados que debes tener— me alcanzó una carpeta. Y como cada vez que entraba, fue directo hacia mi bebita y la tomó en sus brazos. –Hola princesa. Te vas a ir a casa. Y me vas a dejar triste pero no por mucho— sonrió. No entendí a qué se refería. Yo no quería regresar para nada al hospital. Salvo para sus controles.
—No tengo todo lo necesario— le dije al leer una de las anotaciones. "Revisar a diario su frecuencia cardiaca, temperatura y mucosas"
—No te preocupes eso corre por mi cuenta— sonrió. –Ya hablé con Charlie.
—No entiendo.
— ¡Liz! Acá, mira— empezó con uno de sus juegos. Con su mano hacía ruido a fin de que la nuestra hija siguiera con su mirada la mano que se movía. — ¡Eso es! Qué buenos reflejos tienes— yo no entendía lo que hacía pero Edward siempre decía que era muy rápida.
Se había llevado varias veces a su hija con él. Me decía que la bañaría, le cambiaría el pañal, le haría masajes, en fin. Ya me estaba acostumbrando a echarme unas buenas siestas en su ausencia, con la plena confianza que su padre la cuidaría mucho.
Aquí me traían el desayuno, el almuerzo y la cena puntualmente. Alice compró mucha ropita cuando vio que la que tenía ya estaba sucia. Pero en casa voy a tener que trabajar el triple. Allá no tengo quien me cocine o cuide a mi hija. Creo que voy a pasarlo difícil hasta que me acostumbre a la rutina.
Después del almuerzo Jake y Leah pasarían por mí. Papá se había ido a una reunión a Makah y no iba a poder vernos sino hasta la noche. Me sorprendí al ver que Edward venía a preparar a Liz para irnos.
—Déjamela unos minutos. Mi madre ha venido a conocerla— me sonrió. Tragué saliva. ¿Esme aquí? Y obviamente había pedido ver a su nieta sin la molesta de su madre… o sea yo.
—Si claro. Me alistaré y pasaré a buscarla a tu oficina— sonreí, aunque eso no me hacía feliz. Bueno, al menos era mejor que Esme me ignorara a que venga a recriminarme el haber tenido un hijo de Edward.
Leah y Jake llegaron cuando ya estaba lista. Me coloqué la faja que ella me había regalado. Me dijo que era necesario para que mi barriguita, todavía hinchada, regrese a su forma normal.
— ¿Y la beba?— preguntó Jake.
—Se la llevó Edward.
—Se le está haciendo costumbre ¿No?— preguntó mi amigo.
—Es su padre, vas a tener que acostumbrarte Jake. Tu nada más vas a ser el padrino así que calladito te ves más bonito— bromeó Leah con él.
—Pero yo he estado más tiempo con Bella. Me pasé todo el embarazo ayudándola.
—La sangre es la sangre lobito. Y técnicamente él ha estado más cerca de Bella para hacer a esa niña— Leah soltó una carcajada y yo me agaché a recoger mi bolso. Me ruboricé.
— ¿Y a qué hora la trae?— volvió a preguntar Jake,
—Yo pasaré por ella a su oficina.
Salimos lentamente, mientras bromeábamos sobre mi parto, la comida, las cosas que nos habían pasado llegamos la pequeña sala de espera, casi a la salida del hospital. Presenté los papeles de mi alta y los de mi hija. Ya todo estaba cancelado. Edward no me permitió pagar nada por los gastos que Liz había generado.
—Voy por ella— les dije a ambos y caminé hacia la oficina de Edward.
Llamé a la puerta, Alice me abrió. Como siempre sus ojos se iluminaron.
— ¡Bella! Elizabeth está preciosa— dijo apartándose. Un precioso portabebés estaba sobre el escritorio de Edward. Me fijé que había más gente dentro. Mi corazón se aceleró. Mi hija estaba en brazos de Rosalie, que le sonreía y acariciaba su cabecita. A su lado, con su enorme e imponente tamaño, estaba Emmett. Carlisle estaba sentado al lado de Esme. Y Jasper ocupaba el sillón de Edward mientras buscaba algo en su computadora.
Parecían la familia perfecta. Salvo porque al lado de Edward estaba Tanya.
Al notar mi presencia muchos ojos recayeron en mí y me sentí terriblemente intimidada. Edward se acercó rápidamente dejando a Tanya.
—Ya está lista. Permíteme llevarla a tu auto— sonrió. Esme no dejaba de mirarme, Tanya se acercó a hacerle conversación a Carlisle. Rosalie mi miró pero no dejó de sonreír. Emmett me saludó con la mano y una pícara sonrisa en los labios.
Alice tomó mi mano, dándome valor.
—Yo también iré hasta tu auto. ¿Puedes dejar que vaya a verla todos los días?— preguntó.
—Claro que sí— le sonreí.
Edward tomó a nuestra hija de brazos de Rosalie y la acomodó en su porta bebé. Luego lo tomó del asa y se acercó a mí.
—Está lista— me dijo. Avancé con ellos a mis espaldas. El primer impacto había pasado. Al menos nadie había sido desagradable conmigo.
—Me iré en el auto de Jake— les dije volviéndome. El rostro de Edward cambió.
— ¿No va a venir Charlie por ustedes?— preguntó.
—No— Intenté tomar el porta bebés pero Edward no me lo cedió.
— ¿Ya están listas?— llegó Jake. –Cullen— saludó.
— ¿Qué modelo es tu auto?— le preguntó.
—Bueno. En realidad no he traído mi auto. Tiene mal la caja de cambios. Vine en el auto de Bella— sonrió él.
— ¿Qué? ¿Esa cosa todavía camina?— preguntó.
— ¡Oye! Mi auto está perfectamente— me quejé.
—Pero no tiene asiento trasero. Elizabeth no puede ir en el asiento del copiloto— protestó Edward.
—Tranquilo, manejaré muy despacio. Como a veinte kilómetros por hora— sonrió mi amigo.
—No. Mi hija no puede viajar así.
¡Pero qué pesado! Yo soy la madre y yo decido en que nos vamos.
—Mi hija irá conmigo, a dónde yo vaya— me repliqué.
—Ese auto no es seguro. Charlie estaría de acuerdo conmigo— insistió. Leah llegó en ese momento.
— ¿Qué pasa?— preguntó.
—Cullen no quiere que la bebé de Bella viaje en su camioneta— dijo Jake evidentemente molesto.
—Hola Edward— saludó Leah. Él contestó al saludo con una sonrisa de compromiso.
—Bueno ¿Entonces en qué nos vamos?— suspiró Leah. — ¿Nos llevas o qué?— preguntó a Edward.
— ¿Alice, puedes llevarlos en mi auto?— preguntó el padre de mi hija.
—Claro— sonrió la pequeña de oreja a oreja. –Será un placer.
—Bueno Jake, nos toca ir en la cafetera. Andando— Leah tiró de Jacob.
Edward se adelantó y seguí a Alice sin decir nada. No era lugar para armar escenitas pero Edward iba a escuchar una o dos palabras para dejar en claro que quien manda en mi vida soy yo. Y también quien decide sobre Elizabeth.
Con cuidado, Edward depositó a nuestra bebé en el asiento trasero y aseguró las correas. No estuvo conforme hasta que quedó bien sujeta. Mientras tanto yo me subí por el otro lado del auto. Alice se acomodó al volante.
—Lo siento. Siempre quise hacer esto— me sonrió cuando hubo terminado de colocar las correas de seguridad. Parte del mal rato se me olvidó al verlo tan dedicado.
— ¿Arreglar un portabebés en el auto?— pregunté.
—En el hospital donde trabajaba, era costumbre atender a los recién nacidos desde que salían de sus madres hasta que abandonaban el hospital. Acompañé muchas veces a los felices padres hasta su auto y los despedí. Siempre vi que demoraban en asegurar esas pequeñas sillitas al auto y me preguntaba si era tan difícil— sonrió.
—Practicaré de ahora en adelante— dije mirando lo bien sujeta que estaba mi bebita.
—No voy a dejarte— dijo él muy seguro de sí mismo.
No quise ahondar el tema, me despedí de él con una sonrisa incómoda.
El viaje fue tan lento cómo Alice pudo manejar. Dos veces puso el altavoz para contestar a su hermano que no dejaba de aconsejarla.
Miré mi casa desde el auto y me sentí mucho mejor. En la calidez de mi habitación, mi pequeña y yo estaríamos bien. Alice me seguía con el portabebés, Jake la alcanzó, ellos llevaban esperándonos hacía unos minutos.
—Gracias por todo Alice— le dije en la puerta. –Puedes venir cuando quieras— sonreí ampliamente antes de darle un abrazo.
—Créeme que te tomaré la palabra— me respondió antes de bajar dando brinquitos los escalones.
—Bienvenida a casa— dijo Jake con Liz en sus brazos.
Abrí la puerta con una sonrisa que se me congeló en cuanto vi en el interior. Muchos arreglos florales y globos estaban en mi sala. Alguien había estado aquí hoy. ¿Pero quién o quiénes? No le di importancia y entramos.
— ¿Crees que puedas subirla a mi habitación?— le pregunté a Jake.
—Bella sería más cómodo si te alojaras en el primer nivel— comentó Leah acercándose a los presentes que estaban sobre la mesita de centro y la mesa del comedor.
—Sí, lo sé pero por ahora nos quedaremos arriba. Quizás este fin de semana pueda acondicionar un espacio— le sonreí acercándome al primer escalón.
—Qué bonitas orquídeas— dijo Leah tocando uno de los ramos.
— ¿Orquídeas?
—Sí, son preciosas. Son de los señores Cullen— afirmó. Me debatí entre subir a ver a mi hija y mi curiosidad. Opté por lo segundo. Liz estaba profundamente dormida.
"Un hijo es un regalo de la vida. La esperanza del futuro que se abre paso. Felicidades Bella.
Esme y Carlisle Cullen"
Me quedé con la boca abierta. Seguí con el siguiente, era un arreglo multicolor grande.
"Las flores tienen un color especial, el sol brilla con nueva fuerza y las estrellas sonríen con un nuevo bebé.
Felicidades Belli Bells.
Emmett y Rosalie"
Sonreí al leer el nombre con el que Emmett solía molestarme.
Cuando toqué el tercer arreglo, que traía un hadita colgando de un columpio, escuché a Jake llamarme.
—Bella, hay un papel en la puerta de tu habitación. Dice que Liz se quedará en el primer piso— dijo molesto.
— ¿Qué? Mi habitación está arriba, allí debe ir Liz— protesté.
—Mira yo no sé. Sólo te digo lo que vi— dejó el portabebés en el sofá. Leah se acercó a mirarla. Hice un gesto para que Jake me acercara el papel donde estaba escrita aquella nota. Sentí mucha indignación, carraspeé y sentí sed. No quería perder los estribos porque no podía soltar mi frustración con Jake, él no tenía nada que ver en esto.
Caminé hacia la cocina por agua, pero me llamó la atención la habitación dónde mi papá guardaba sus cosas. Era un espacio que siempre perteneció a sus armas y sus instrumentos de pesca. Allí se sentaba en una mesa vieja a encerar su rifle.
La cerradura había sido cambiada, tomé el pomo de la puerta y empujé. Me quedé sorprendida al ver todo completamente cambiado. Los aparadores y las vitrinas habían desaparecido. La mesa de madera que fue de mi abuelo ya no estaba más, en su lugar había una cama conectada a una pequeña cuna baja, unidas entre sí. Ambas eran del color natural de la madera. Di un paso hacia adelante para observar. En el lado izquierdo de la habitación, había un armario. Y al costado un estante de color claro dónde estaban ordenados algunos instrumentos médicos. Los pisos habían sido removidos, las paredes y el techo pintados de blanco. Todo era de color claro salvo el sofá en el fondo. ¿De dónde habrá salido?
Charlie no pudo hacer algo como esto, de eso estaba segura. Esta no era obra de mi papá, aquí había alguien que se dedicó a arreglar la habitación para que quedara como una habitación de hospital. Podía oler rastros de desinfectante en el ambiente. Y sólo alguien podía ser el culpable de haber transformado el cuarto de herramientas de Charlie en una habitación tan limpia como la del hospital de Forks.
Suspiré dándome por vencida.
—Oye que lugar tan genial— Leah entro y depositó mi maletín en el piso inmaculado. –Mira tiene un cambiador y un lavadero con agua caliente— se acercó a un lado, yo aún no había divisado esa parte.
—Sí parece que pensó en todo— dije con una mezcla de sentimientos.
— ¿Quién pensó en todo?— escuché la voz de Jake detrás de mí.
— ¿Quién te parece?— volví a suspirar.
—Cullen—masculló él a mis espaldas.
Dejé de intentar pensar cómo y cuándo fue que Edward hizo estos cambios y si mi papá le ayudó. Me volví y busqué el portabebés de mi Liz y lo llevé a la nueva habitación.
—Bienvenida a casa pequeña— dije antes de acomodarla sobre la cama.
—Aquí tienes todo lo que necesitas Bella, estarás bien— me sonrió Leah. — ¿Quieres que nos quedemos un rato contigo?— preguntó amablemente.
—Quisiera dormir un poco estoy cansada— les dije sonriendo.
—Cómo gustes, nos vemos luego— se despidió mi amiga con un fuerte abrazo. — ¿Te quedas?— le preguntó a Jake, él sólo asintió sin decir palabra.
Cuando ella se marchó él me miró fijamente.
— ¿Le dejarás que se meta tanto en tu vida?— pregunto visiblemente ofuscado.
—No está metiéndose en mi vida Jake. Lo hace en la de Liz. Y tiene derecho, yo no puedo reprochárselo.
—Entonces le dejarás que le ponga su apellido…
—Liz es su hija, tiene derecho al apellido Cullen.
—No puedo creer lo que dices Bella. Él era un extraño hasta hace poco. ¿Y ahora tiene derecho a meterse en tu casa, cambiar lo que quiera, decirte cómo debes viajar y cómo debes criarla?
—Jake, es su padre, no quiero discutir sobre eso. Necesito descansar, dormir un poco— dije agotada.
—Está bien. Me quedaré en la sala. Prepararé algo de comer para cuando despiertes— me sonrió. Avanzó hacia mí y me besó en la frente.
Me cambié la ropa por una cómoda bata, saqué casi todo de mi maletín y lo deposité en el cesto de ropa sucia. Había uno grande y otro pequeño. Sonreí y eché la ropa de Liz en el de color rosa. Coloqué a mi hija en la pequeña cuna para luego deslizarme dentro de las cobijas. Recosté mi cabeza en la almohada y al instante mi subconsciente echó a un lado los pensamientos, las preguntas y la dudas. Estiré mi mano hasta alcanzar la de mi Liz y cerré los ojos para descansar.
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El sonido ahogado de unas voces me despertó, mi bebita estaba jugando con sus manitas, ya había oscurecido. Apenas me llegaba la luz suave de una lámpara de pie en la que no había reparado. Me senté para agudizar mi oído. Podía distinguir dos voces. Edward y Jacob parecían discutir en voz baja desde la sala. Me levanté, mis pies hicieron contacto con una alfombra que antes no vi. Y al lado había unas pantuflas blancas. Me quedé mirándolas no porque me interesaran mucho sino porque las atenciones de Edward me tenían abrumada. Era mucho más fácil cuando no estaba en nuestras vidas. Deseché ese pensamiento al instante, si él no hubiera estado mi hija quizás no habría sobrevivido.
Sin embargo sus cuidados y la manera cómo de pronto estaba presente en todo, me desconcertaba. Sé que ama a su hija, lo veo, lo siento pero yo… me confunde. Me hace daño. No puedo negar que cuando él sonríe siento en mi interior la necesidad de devolverle un poco de la alegría que transmite. Me quedo mirando sin querer cómo juega con Liz. Lo dedicado que es con ella. Y siento una punzada de tristeza que me asalta.
Me levanté cuando escuché a Jake elevar un poco más la voz.
— ¿Puedes madurar?— fue lo primero que oí claramente. Era Edward que susurraba.
—Puedes decidir sobre tu hija pero no sobre Bella— le respondió mi amigo.
— ¿Decidir qué?— pregunté.
Edward me sonrió, no sé si Jake también yo solo me quedé observando cómo algo parecía divertir al padre de mi hija.
—Jacob no soporta mis críticas sobre su comida— se cruzó de brazos sin dejar de sonreír. Miré a Jake.
—Dice que no puedes comer mi estofado porque lo condimenté demasiado— Jacob parecía a punto de reventar. No pude evitar sonreír por los gestos infantiles que hacía.
—Pero puedo probarlo— le dije acercándome y pasando mi mano sobre su brazo intentando que se relaje.
— ¿Mi hija está despierta?— preguntó Edward con menos entusiasmo.
—Sí— le sonreí. No me miró, ya estaba de camino a la habitación.
—No podrás comerlo, el "doctor" no lo aprueba— dijo Jake haciendo énfasis en el título de Edward.
— ¿Qué tiene de malo?— pregunté tirando de él hacia la cocina.
—Pimienta. Dice que necesitas una comida baja en sal y sin condimentos— se quejó.
Busqué en el cajón de cubiertos y saqué una cuchara, destapé la olla y probé un poco del estofado que me había cocinado. Estaba delicioso y sentí que se me abría el apetito. Mi estómago rugió.
—Está riquísimo— dije sonriendo. Saqué un plato y me serví una porción pequeña del potaje, fui por unas rebanadas de pan y me senté al lado de Jake en la mesa de la cocina.
—Ahora me siento como si yo fuera un extraño aquí— me dijo visiblemente fatigado.
—No eres un extraño, eres mi mejor amigo y serás un excelente padrino para Liz— traté de animarlo.
—No sé si eso sea una buena idea— dijo todavía triste. –No le consultaste al papa doctor— sonrió sarcásticamente.
—Vamos, no tengo que consultar todo. Es mi hija Jake, además él se casará y tendrá sus propios hijos— intenté sonreírle pero no me salió.
— ¿Y tú qué? ¿Te quedarás sola? ¿Me darás otra oportunidad alguna vez?— acarició mi mentón.
—Jake…
—Bella, quisiera mostrarte la manera correcta de bañar a Liz— Edward me llamó desde la habitación. Terminé de comer y fui a rápidamente, Jacob me dijo adiós con la mano antes de marcharse.
Cuando entré, Edward tenía a Liz dentro de la bañera. Me sonrió cuando llegué apresurada.
—La temperatura del agua debe estar a su temperatura corporal. Entre 35 y 37 grados centígrados. Tengo un termómetro de baño en el maletín que está en aquella repisa— me indicó. Lo miré maravillada cómo la tomaba con las manos y la movía de un lado al otro mientras ella visiblemente cómoda disfrutaba su baño. Las palabras suaves de su padre parecían relajarla.
—Debes arroparla con una de las toallas que hay en aquel armario— me indicó. Fui por ella. –Segundo cajón— dijo mientras aún jugaba con Liz. –Extiéndela— indicó. Me la entregó y la acurruqué en mis brazos.
—Edward ¿Por qué hiciste todo esto?— pregunte señalando la habitación cuando estábamos terminado de cambiarla.
—Para que estén cómodas. Bella, te recuperas de una cesárea, no es bueno que subas y bajes escaleras. Charlie me facilitó este espacio y lo acondicionamos. Tiene todo lo que necesitas a mano, incluyendo esta cuna colecho— miró hacia la cama.
— ¿Colecho?
— ¿Cómo pensabas criar a Liz? ¿Dónde iba a dormir?— preguntó.
—Arriba en mi recámara. Al lado de mi cama, en un moisés que le regaló Jake.
— ¿Y cuándo creciera?
—Pensaba comprarle una cuna— confesé algo apenada. El dinero no me había alcanzado, tenía previsto el pago al hospital por eso me medí en los gastos.
— ¿Has considerado dormir con ella por un tiempo?— volvió a preguntar.
—Bueno, tal vez si ella no quisiera dormir en su cuna yo la llevaría conmigo.
—Colecho no es sólo compartir la cama con el bebé. Es un modo de crianza, genera apegos y seguridad en el niño. Sé que en muchos lugares aquí te aconsejan que el bebé debe dormir aparte pero en mi experiencia en Vancouver vi que era beneficioso. Es más –sonrió— hice mi tesis sobre los beneficios del colecho en los recién nacidos. Y esta cuna adosada es la mejor formada de hacerlo. No hay riesgo de sofocarla. Además los niños que duermen cerca de sus madres lloran menos en las noches y pueden tener un sueño profundo lo que les ayuda en su desarrollo neuronal…
—Ok entiendo Edward, capto la idea— lo interrumpí. —De hecho me parece muy bien, dormimos tomadas de las manos y ella se despertó sin llorar.
—Eso me alegra— sonrió. –Estaré pendiente de su crecimiento si no tienes inconvenientes. En realidad estaré bastante pendiente— dijo algo avergonzado.
— ¿Qué tanto?— quería preguntar con qué frecuencia vendría a ver a su hija.
—Me quedaré aquí algunas noches— me miró fijamente. –Ese sofá al fondo es para mí— confesó.
— ¿Qué?— mi voz sonó algo elevada. Liz se quedó quieta y me buscó con la mirada.
—Estás cansada, quisiera estar pendiente de ella unas cuantas noches más— dijo más serio.
— ¿Cómo cuántas?
—Sólo un par de semanas. Bella, ella se despertará frecuentemente en las madrugadas durante el primer mes. Vas a tener que levantarte a lactar, cambiarle el pañal y pasearla hasta que se duerma. Yo puedo ayudarte con eso— vaciló ante mi mirada furiosa.
—No. Creo que hasta aquí puedes llegar Edward. Tus atenciones médicas acaban cuando el niño abandona el hospital. Soy su madre y creo que puedo hacerme cargo— dije firmemente.
—Está bien. No esperaba que aceptaras tan fácil. Pero hay algo que olvidas, mis atenciones con Liz no acabaron cuando dejó el hospital. Y no van a acabar. Si mi presencia te incomoda yo puedo ajustar mis horarios para estar cuando necesites descanso.
—No necesito descanso.
—Estás sola Bella, alguien va a tener que ayudarte. Tu alimentación, la de Liz, la ropa, la comida, el aseo. Son cosas en la que necesitarás ayuda.
—No estoy sola, tengo a Charlie y a Jake.
— ¿Jacob te lavará la ropa y te hará de comer?
—Puede hacerlo, hoy me preparó la cena.
—Si sigues comiendo así enfermarás. Aún no estás totalmente recuperada y además das pecho, esa comida llena de grasa y condimento puede afectarle a mi hija…— no lo dejé terminar. Me llené de sentimientos negativos al escucharlo, estaba inmiscuyéndose demasiado. Eso no era bueno.
—No te necesito Edward— le sostuve la mirada. Pareció afectarle un poco, bajó sus largas y hermosas pestañas antes de volver a mirarme.
—Sé que me necesitarás. Mi número está anotado en la repisa, junto con el del hospital, el de mi papá, de Alice y el de mi casa. Llama para lo que necesites, lo que sea. Volveré mañana para la revisión diaria de Liz— fingió una sonrisa y salió sin decirme nada más.
Ahora yo me sentía fatal. No debí decirle eso. ¿Pero qué tan difícil puede ser este angelito? Mañana repartiré deberes entre Charlie, Jake y le pediré también a Leah que me ayude algunos días. Ella es una especie de enfermera-partera. Debe saber sobre crianza de un recién nacido. Sé que será duro al principio pero toda madre sale adelante aunque esté sola.
Ay Bella, tú no abes que es criar un recién nacido. Ya aprenderás.
Amigas, aquí estoy de vuelta, no dejaré este fic abandonado. Lo terminaré, sólo necesito un poquito de tiempo. Recién estoy volviendo a la escritura, había estado alejada del fandom por problemas familiares pero ya estoy de vuelta.
Gracias por leer.
PATITO
PD. Hago un llamado a mi amiga Belli Bells, si lees esto amiguita, usé tu nombre para mi fic, espero que no te incomode, intenté contactarme contigo pero creo que ya no estás en facebook. De todas formas te doy los créditos ^_^
