Capítulo 2. Nuevos sentimientos.
Emma miraba la escena como si fuera familiar –y lo era- porque le recordaba a aquel primer encuentro con Regina, el día que vino a Storybrooke para nunca volver a irse con la intención de devolverle a su hijo. Sonrío de costado sin darse cuenta, y cruzó la mirada con Regina, que se notaba agradecida, pero demasiado orgullosa para decirlo. Se acercó un poco a los dos –Podemos pasar? Es mejor que no nos vean aquí…-
Henry sonreía, su madre no había intentado alejar a Emma, quizás ella realmente había cambiado y por fin podrían tener su final feliz en cierta forma –Claro, vamos adentro-
Regina no dijo ni una palabra a Emma, ella estaba concentrada solo en su hijo, en disfrutarlo, porque sabía que esto sólo sería seguramente una visita –No quiero presionarte, pero sabes que tu cuarto y tus cosas están aquí, no se han ido a ningún sitio por si quieres volver-
La rubia levantó una ceja al escuchar esto y no pudo evitar intervenir –Regina… te agradezco, bueno, te agradecemos la oferta, pero por ahora creo que es mejor que se quede con nosotros- Intentó decirlo en el mejor tono posible, no quería hacer enojar a la morena por ningún motivo.
Henry tomó la mano de su madre y luego la de Emma –No puedo pedirte que seas amiga de mis abuelos, pero sí que te lleves bien con mi otra madre, Emma-
A Regina le dolía en el fondo que Henry llamara "madre" a Emma, a la mujer que había aparecido 10 años después, en los cuales ella había cuidado y consentido al niño. Pero por otro lado, qué ganaría ella llevándose mal con Emma nuevamente? No tenía sentido, sin mencionar que la rubia no era una mala persona, la había salvado desinteresadamente innumerables veces, quizás si no fuera por Emma, ella no estaría ahí –Creo que podríamos llegar a un arreglo-
Emma miró muy seria a Regina, se notaba que la morena no estaba del todo conforme, pero se mostraba dispuesta a ceder después de todo –No me parece mal que veas a Henry cuando él quiera venir a visitarte- No le parecía mala idea, de hecho, cuando ella estaba trabajando el niño pasaba tiempo solo o con sus abuelos, y ellos también necesitaban ratos a solas.
Henry asintió con su cabeza sonriendo –Puedo venir a visitarte seguido- En ese momento la mirada de Henry se desvió a algo que brillaba con una leve luz violeta sobre la mesa, el libro de magia oscura. Miró intrigado a su madre –Eso es... magia?- sus ojos se abrieron en señal de asombro, no estaba de acuerdo con que su madre practicara magia oscura, pero no podía negar que todo ese mundo le intrigaba mucho. Se acercó y antes de que ella pudiera detenerlo, cogió el libro entre sus manos y sintió como éste se las quemaba.
Las dos mujeres se alertaron al ver las manos del niño, coloradas e hinchadas. Regina se acercó enseguida y las tomó en las de ella, haciendo que esa sensación de quemarse se aliviara con un poco de magia –No tienes que tocarlo Henry, ya te he dicho que…-
Antes de que pudiera seguir hablando, una furiosa Emma se acercó al libro tomándolo. Ella tenía magia, por lo que el libro no la afectó como al niño –Qué clase de libro es este? No voy a dejar que venga a verte si van a estar estas cosas por la casa- ella abrió el libro viendo muchos símbolos que no conocía, y hasta algunos dibujos espeluznantes.
Regina le quitó el libro de nuevo, no quería que la rubia inexperta cometiera alguna estupidez–Es un libro de magia, pero no va a hacerle daño, lo tengo a buen recaudo- La morena lo cerró sujetándolo entre sus brazos como si se tratara de su posesión más querida.
Emma se fijó en ese gesto e instintivamente puso sus manos sobre los hombros de su hijo a modo de protección –No parece que estuviera a "buen recaudo" encima de la mesa- dijo en un tono de reproche que a Regina le dolió.
La morena se acercó a Emma muy desafiante –he estado cuidando de Henry durante 10 años y nunca ha salido herido- recalcó ese "nunca" mientras la señalaba con un dedo –así que no me vengas ahora como la madre protectora-
La rabia de Regina había salido a la luz y eso puso en alerta a Henry, dio un paso hacia delante separándose de Emma y alzó ambas manos –hey, acabamos de decir que van a intentar llevarse bien, por mí- Miró fijo a Regina, sabiendo que si usaba las palabras correctas la tendría en el bolsillo –por favor, no peleen-
Las palabras del pequeño surtieron efecto en la morena que volvió a una posición menos amenazante. Emma aprovechó ese momento para volver a hablar –creo que estoy siendo razonable cuando te pido que te deshagas de ese libro si quieres que venga de visita. No sabemos qué consecuencias tendría la magia en este mundo y nuestra prioridad debe ser mantener a salvo a Henry-
Regina miró a Emma y luego a su hijo que la miraba con ojos esperanzadores deseando que de verdad sus dos madres llegaran a un acuerdo. La alcaldesa no era idiota, sabía que ese libro no podía ser destruido sin más, era demasiado poderoso y valioso como para deshacerse de él. Entonces una pequeña sonrisa se dibujó en su cara –Está bien, lo haré desaparecer si es la condición para ver a Henry- los planes que tenía en mente para el objeto que seguía en sus manos, eran muy distintos, pero eso no tenía por qué saberlo la rubia que ahora la miraba con una leve sonrisa-
-Perfecto- pronunció Emma al ver cómo había conseguido convencerla, miró a Henry que le devolvió la mirada con una enorme sonrisa –entonces quieres quedarte aquí? Puedes ir a tu cuarto unos minutos mientras Regina y yo hablamos?- El niño asintió y la rubia se agachó para abrazarlo –cualquier cosa sólo tienes que llamarme-
Cuando escuchó eso Regina hizo rodar sus ojos –si necesita algo yo estaré para dárselo- se acercó a ellos y puso la mano en el hombro de Henry –Vamos a hacer algo de comer juntos, seguro llevas un buen tiempo sin comer algo decente-
Ante esas palabras Emma se levantó y la miró fijo dispuesta a decirle unas cuantas cosas que sin duda traerían una buena discusión. Pero Henry fue más rápido y tomó la mano de su madre parándola –Si me voy a mi habitación prométanme que no van a pelear- Emma miró a su hijo suspirando y asintió pensando que iba a tener que controlarse mucho para no estar gritando la morena cada cinco minutos. Henry las miró durante unos segundos asegurándose de que no iban a matarse y luego caminó escaleras arriba hacia su antiguo cuarto.
Emma miró a Regina, la morena tenía esa mirada de satisfacción en el rostro y no sabía porqué, pero eso molestaba un poco a Emma, era de alguna manera una batalla perdida. Pero al fin y al cabo ella seguía siendo la que acostaba todas las noches a Henry y la que despertaba con él cada día mientras que la alcaldesa sólo podría disfrutar algunas horas de la compañía de su hijo.
-Y bien Miss Swan, qué es lo que quieres hablar?- dijo mientras caminaba hacia el sofá indicándole a la rubia que la siguiera para sentarse frente a ella-
Emma se acomodó y miró fijo a la morena –Ambas sabemos que has dañado a mi familia, no sé toda la historia de tu pasado con… Mary Margaret y David- todavía no era capaz de llamarles "mis padres" –y la verdad no sé si quiero saberla, pero Henry no debería salir perjudicado de todo esto, creo que ya ha tenido suficiente, él te quiere- el corazón de Regina daba un vuelco cada vez que escuchaba que su hijo al quería, y eso viniendo de Emma era aún mejor –y quiere que intentemos tener una relación cordial-
Regina esperó a que terminara de hablar y asintió –estoy de acuerdo, no te creas que la idea de compartir a mi hijo contigo y con tu… familia me gusta, pero sé que si apartara a Henry de ustedes nunca me lo perdonaría, así que supongo que podemos ser cordiales- dijo utilizando las mismas palabras que la rubia –qué propones?
-Bueno… había pensado en cenar juntos, los tres- esperó la reacción de Regina, la cual abrió los ojos muy sorprendida –tampoco me agrada la idea, pero sé que a Henry sí y deberíamos hacerlo- quería ver con sus propios ojos cómo iba a ser el trato de la alcaldesa con su hijo, si iba a pasar tanto tiempo con ella quería estar totalmente segura. Sinceramente dudaba de que Regina fuera capaz de hacerle el mínimo daño al pequeño, pero no sabía hasta qué punto, la mujer que tenía en frente, estaba desesperada.
Regina estudió el rostro de Emma durante unos segundos, no parecía una broma, pero no dejaba de sorprenderle que la sheriff quisiera cenar con ella, bueno, con ella y con Henry, pero al fin y al cabo con ella –está bien, qué día? –Ahora la sorprendida era Emma, había aceptado más rápido de lo que imaginaba-
Las dos mujeres continuaron la conversación en la cocina, Regina quería preparar algo para Henry, y pudieron acordaron qué día en la semana cenarían los tres juntos. De acuerdo a como fuera esa cena, planearían repetirla nuevamente.
Ambas se habían quedado mirándose, había una cierta tensión en el aire, parecida a la de estos meses que habían pasado, pero más pura, ya no encontraban motivos por los cuales discutir, lo cual era bastante raro y sorprendente en cuanto a hablar de Emma Swan y Regina Mills. Un rato después Henry bajó de su cuarto con algunas cosas en una mochila, extrañaba sus pertenencias y prefería llevarse lo más valioso al que ahora era su nuevo hogar.
Regina al escuchar que su hijo estaba bajando las escaleras comenzó a prepararle algo para comer rápido. Sacó unas galletas de manzana de la alacena y le preparó una gran taza de chocolate caliente. En el momento que se volteó para darle la taza no se percató de que la rubia se encontraba justo detrás de ella, por lo que se la tiró encima de tu chaqueta roja, haciendo que incluso la camiseta blanca que llevaba de bajo se manchara –Miss Swan! Siempre tiene que estar en el medio!- Regina indignada, aunque sabía que no era culpa de la rubia, no iba a pedirle disculpas.
Emma dio un salto, la leche estaba bastante caliente –Regina ten cuidado! Estuve todo el tiempo aquí!- La rubia tenía la costumbre de no usar sujetador muchas veces, hacía frío en Storybrooke por lo que no tenía intenciones de quitarse su abrigo en la vía pública. Pero en este caso se quitó la chaqueta roja enseguida, sentía como su piel se quemaba.
Henry vio toda la situación y le dio un trapo mojado para aliviarla un poco –Emma! Toma!-
-Henry, espérame en tu cuarto, en un momento nos vamos!- La rubia se puso de espaldas a su hijo, le daba un poco de pudor que la viera de esta forma, pero con Regina no debería haber ningún inconveniente, ambas eran mujeres.
Regina se puso muy firme y Emma volteó para mirarla. La camiseta blanca se le había pegado en la piel de su pecho. A pesar de que Emma era una mujer, se mantenía muy bien, quizás demasiado bien. Regina había tenido oportunidad de observar su cuerpo en otras ocasiones. Aún conservaba el recuerdo de aquel día en que Emma podó su manzano, que la hizo enfurecer tanto –Con magia quizás pueda solucionarlo- la morena lo veía como la solución más rápida y efectiva.
La rubia la miró con desconfianza. Ni loca dejaría que Regina hiciera magia en ella, quizás hasta provocaba que su cuerpo se incendiara –No gracias, quizás podrías prestarme una camisa, sólo eso- dijo Emma al mismo tiempo que bajaba su mirada para ver la gran mancha que tenía sobre sus pechos.
Regina se cruzó de brazos, no le gustaba que rechazaran sus ofertas. Cuando la rubia bajó la mirada a sus pechos, ella no pudo evitar realizar la misma acción. Emma se dio cuenta que la estaba mirando, no sabía cómo tomar esto. La morena aclaró su garganta y se hizo la distraída como que no había visto nada –Creo que puedo tener algo que te sirva…- Regina dio media vuelta y fue hacia su cuarto para buscarle algo a Emma. Esta situación había sido bastante extraña, en su cabeza reaparecía lo que había observado con tanto detalle recién. El pecho de Emma, los brazos bien marcados de Emma… simplemente Emma. Sacó lo primero que vio en el armario, una camisa negra que ella usaba seguido. Bajó las escaleras y se acercó a Emma –Esta es de tu agrado?- le habló en un tono bastante irónico, por supuesto que no dejaría elegir a la rubia qué ponerse. La morena estiró su brazo acercándole la camisa a Emma, mientras tanto miraba a un costado, como si luchara con ella misma para no volver a mirarla.
La rubia de rizos dorados levantó una ceja, notó a Regina tensa, más de lo común –Está perfecta, te la devolveré mañana mismo- se dio vuelta porque notó cierta incomodidad, o quería creer que sólo fuera eso, en los ojos de la morena, como si no quisiera verla, o como si quisiera verla demasiado, en su defecto.
La morena no pudo evitar mirar la espalda de la rubia. No sabía si la sensación que sentía al ver a Emma así era por el simple hecho de que hacía mucho tiempo que no tenía oportunidad de ver a alguien con tan poca ropa, o porque algo más le provocaba. Ella extrañaba el contacto físico, lo deseaba. Había pasado años al lado de Graham, y aunque no lo amaba, por lo menos tenía a alguien con quien compartir su cama cuando ella lo requería. Negó con su cabeza sin darse cuenta luego de navegar en sus pensamientos por un momento. Vale que cada vez que analizaba si había una persona con la que podía estar en Storybrooke las opciones eran casi nulas, no podía estar justamente fijándose en Emma Swan, la hija de Snow White, la mujer que le había traído problemas durante tantos meses y hasta le hizo perder a su hijo, y por sobre todo, la rubia era una mujer.
Antes de que Emma terminara de abrochar todos los botones de la camisa, Regina se agachó para comenzar a limpiar todo el desastre que habían hecho, intentando pensar en otra que no sea el cuerpo de Emma. Estos sentimientos, o quizás sensaciones, que sentía al verla le preocupaban mucho, así que estaba decidida a borrarlos de su cabeza –Por lo que veo la merienda de Henry se arruinó, hazle algo decente en tu… casa- le dijo sin mirarla a los ojos, casi enojada, como si todo hubiese sido culpa de Emma.
La rubia la miró cruzada de brazos –No te preocupes, sé cómo atender a mi hijo-
Regina se levantó del suelo y dejó el trapo en el fregadero. No pudo evitar hablar casi susurrando –Lo dudo-
Emma rodó sus ojos, ya estaba acostumbrada a este tipo de comentarios de parte de la morena –Vamos a casa Henry!- alzó su voz para llamar al niño que no tardó mucho tiempo en bajar.
El niño se calzó bien su mochila en la espalda mirando a las dos mujeres –Bueno, nos veremos en la cena…-
Cada cosa que pasaba con Regina hacía a Emma dudar acerca de esas cenas. Tenían que mejorar su relación, pero la morena parecía que no ponía nada de su parte –Eso ya lo vere-
Antes de que pudiera terminar la frase, Regina sonrió ampliamente mirando a su hijo, no quería suspender esas cenas por nada del mundo, ni perder la oportunidad de ver a su hijo aunque sea unos momentos más, aunque allí estuviera Emma –Por supuesto que nos veremos en la cena, voy a preparar lasaña, como a ti te gusta-
Henry le devolvió la sonrisa a su madre, sabía que aunque le costaba, estaba haciendo mucho esfuerzo, él la conocía muy bien, en otros tiempos no hubiera aceptado una cena con Emma ni en broma –Nos vemos luego entonces-
Ambos se fueron en ese momento. Emma ni se percató de que había dejado su ropa sucia ahí.
Espero que os esté gustando, gracias por los comentarios y sigo abierta a sugerencias :)
