¿QUIÉN LLAMÓ A LA CIGÜEÑA?


CAPÍTULO 22

CONFESIONES INCÓMODAS

Tres semanas habían pasado desde que nació mi gusanito. Cada día estaba más vital, sus piernitas nunca estaban quietas y ahora parecía reparar en las cosas que tenía cerca. Seguía los sonidos y sus manitas trataban de estirarse para tocar los móviles de su sillita.

En cuanto a mí, estaba más tranquila. Empecé a aceptar la ayuda de Esme, Alice y Rose. Dejé que hicieran de comer o trajeran algo preparado como pasteles de queso o lasañas. Y permití que Edward se encargue de lavar la ropa de Liz. Y asee la habitación. En realidad era un poco maniático con eso de la limpieza, desinfectaba el piso, la tina de baño, el cambiador de pañales, incluso una vez lo vi rociando una solución amarillenta sobre el contenedor de basura, en el lavadero del patio.

Me había traído productos para hacerme mi aseo personal, pomadas para la herida de mi cesárea que ya no dolía. En realidad no me habían cosido, nunca tuve que volver a que me retiren los puntos, sólo fui días después para que el doctor Benjamín me revise. Me causó mucha curiosidad mi cicatriz por lo que no pude evitar preguntarle.

—Edward ¿Por qué no tengo puntos en la cicatriz?

—Fue una sutura interna llamada aproximación cutánea, con hilo reabsorvente. Benjamín es muy bueno haciendo eso, estéticamente es lo mejor que tenemos en el hospital— me sonrió.

— ¿Entonces si me cosió?

—Sí pero en las capas internas.

—Le pregunté lo mismo que a ti y me dijo que no era costurero pero no quiso darme detalles— Edward soltó una carcajada.

—Es un fanfarrón. Benjamín recibía mucha atención en Vancouver al respecto. Es muy bueno en su trabajo. ¿Seguro que no has sentido molestias verdad?

—No, al principio me dolía pero luego que pasó, sólo siento picazón. Y ahora no tengo molestias, puedo moverme bien.

—No exageres Bella, siempre hay riesgo. Benjamín no ha hablado contigo porque yo se lo pedí pero quería que vayas a una consulta con nosotros, cuando cumpla un mes tu cesárea— dijo algo nervioso.

— ¿Pasa algo?— me alarmé.

—Quizás sea mejor que yo mismo te lo cuente antes. Siéntate por favor— eso no me sonó bien.

— ¿Me retiraron el útero verdad?— pregunté intuyendo que de esos se trataba, su mirada se hizo más seria. Ojalá que no sea algo más grave.

—No. Perdona por contradecir el diagnóstico de tu ginecóloga de Port Ángeles pero no lo hicimos— suspiró.

— ¿Qué? ¿Eso no es peligroso? Bree Tanner es muy buena ginecóloga, tiene excelentes referencias, ella me dijo que esos quistes y cosas que tengo en al útero y los ovarios podrían incluso volverse cáncer— ahora mi corazón empezó a acelerarse. ¡Qué no sea eso por Dios!

—Yo decidí por ti y asumo el riesgo Bella. Tú sabes que la operación que te realizamos fue de emergencia, sufriste mucho e intentamos ser rápidos pero luego que te durmieras volví para verificar tu diagnóstico. Pedí un legrado para ti. No una histerectomía. El legrado es...

— ¡Sé lo que es un legrado!— dije molesta, no soy una experta pero cuando estudias en una preparatoria dónde muchas compañeras se embarazan y abortan aprendes lo que significa esa palabra.

—En cuanto a tus ovarios, has recibido la medicación adecuada y quizás baste con una laparoscopía para retirarlos.

— ¿Por qué decidiste por mí?— pregunté molesta.

—Porque creo que no estabas bien informada. La extirpación es demasiado invasiva, a mí me formaron con un profundo respeto por el cuerpo humano, tus órganos podían salvarse. Tanto el útero como tus ovarios tenían otra alternativa y opté por ella. Cúlpame por ello pero no me arrepiento, hice lo que creía mejor para ti.

— ¿Van a tener que volver a operarme?— pregunté.

—Si pero la laparoscopia no es riesgosa, Benjamín la realizará con sumo cuidado de dejar intactos tus ovarios para que no afecte tu fertilidad...

— ¿Quieres decir que podré tener más hijos?— pregunté asombrada.

—Sí, es probable pero no aconsejable a corto plazo, quizás debas esperar incluso a tener la certeza de que los quistes no regresen, puedes llevar un tratamiento...— no lo dejé continuar y lo abracé. Tanto tiempo me había sentido asustada, primero con la idea de que era mi única y última oportunidad de ser madre, de tener entre mis brazos a un bebé y poder cuidarlo. Luego temí por mi salud, cuando consulté en internet y con otras pacientes que mis quistes podían volverse cáncer el mundo se me fue al piso. Todo este tiempo estuve angustiada, desde que me senté en esa consulta de Port Ángeles, hace casi un año. Y ahora Edward me decía que estaba bien, que sólo necesitaba tratamiento pero que estoy intacta. Bueno quizás otra operación simple pero estoy completa. — ¡Gracias!— dije entre lágrimas. — ¡Gracias por estar aquí!— sentí sus manos en mi espalda haciendo círculos suaves.

—Tranquila, todo estará bien. Tu cicatriz no presenta riesgos, te vas a recuperar completamente. Estarás bien Bella. Debes cuidar de nuestra hija y ser feliz—su voz se tornó más suave, tragó saliva. Al hacer contacto con su pecho, el latido de su corazón, tan conocido en otra época me recibido como si nada hubiera cambiado.

Tantas veces me quejé de ser pequeña, de no haber pasado del metro sesenta y cinco, mientras mi mamá y mi papá eran altos. Pero una vez Edward me dijo que era la estatura perfecta porque mi oído quedaba exactamente a la altura de su corazón. Y ahora volvía a escucharlo, el mismo sonido reconfortante.

—Perdón— dije liberándolo. Creo que soy un manojo de nervios, afectada por mis hormonas.

—Pierde cuidado, espero que me hayas disculpado por haber alterado tu expediente médico. Benjamín estuvo de acuerdo conmigo, decidimos en situ. Sin embargo la doctora Denali no lo aprobó es por ello que pidió no volver a tratarte— dijo algo fastidiado.

—Me parece muy bien, Benjamín es más guapo que Tanya— bromeé haciendo que ese rictus de fastidio abandone su rostro.

—No le digas eso— sonrió. –Inflarás su ego.

Así nuestro trato fue cambiando poco a poco. Ya no me sentía tensa con su presencia, me gustaba verlo cambiarle el pañal a Liz, cantarle para que se durmiera. Solía pedírmela después de amamantarla para sacarle el gas, a riesgo de echar a perder sus camisas. Yo tenía preparado un trozo de tela para ponerlo en su hombro.

Charlie por su parte lo aceptaba como una presencia necesaria. Sin embargo mientras más ganaba Edward mi confianza, Jacob se alejaba de nosotras. Ya no venía por las tardes, se aparecía siempre al medio día, jugaba un rato con mi hija, me ayudaba a limpiar la sala y las escaleras, iba por las comparas al súper y reparaba cualquier cosa que se necesitara. Luego se iba sin aceptarme el almuerzo. Lo notaba distante ya no reía tanto como antes y eso me apenaba. Quisiera hacerlo feliz pero no puedo.

Ángela y algunas amigas del pre escolar pasaron a visitarme un día, vestí a Liz con uno de esos marineros que Alice había dejado. Estaba preciosa, le expliqué que debía portarse bien, que conocería a unas amigas de mamá.

Preparé refrescos y algunas botanas, me arreglé lo mejor que pude sin olvidarme de la faja para no parecer globito desinflado. Lamentablemente la visita no salió cómo lo tenía planeada. Le había dicho a Esme, a Alice y a Rose que tendría visitas pero me olvidé de avisarle a Edward porque él nunca se aparecía a media tarde.

Estábamos conversando amenamente cuando el padre de mi hija entró de pronto a la casa, utilizando su llave. Traía dos paquetes de pañales. Al vernos quedó sorprendido. Saludó con cortesía y me pidió unos minutos para hablarme en privado.

—Bella, perdona, no sabía que tenías visita. Es sólo que no voy a poder venir esta tarde ni mañana temprano.

—No te preocupes, son mis amigas del trabajo. ¿Vas a viajar?— pregunté.

—Sí. Volveré pronto y te llamaré para preguntar por Liz— sonrió, nos despedimos y se fue.

El problema vino después. Apenas Edward se hubo marchado, Tia, una de las profesoras con la que mejor me llevaba me preguntó por él.

— ¿No era el director del hospital? Atiende a mi sobrino, es su pediatra— dijo sonriendo.

—Sí, es él— suspiré mirando Ángela de reojo.

—No sabía que era de tu familia, Bella— empezó a comentar Kebi. –De haber sabido que tenías un primo así te habría pedido que me lo presentes— bromeó.

—Edward no es su primo— dijo Ángela mirándome fijamente. –Estudiamos juntos en la prepa— se apresuró a intentar aplacar la curiosidad de las demás.

—Ese doctor tiene una novia muy hermosa— volvió Tia a la carga. —Bella ¿Por qué tiene las llaves de tu casa?— preguntó haciéndome temblar. Ya no podría ocultarlo mucho tiempo más.

—Edward es el padre de mi hija— confesé. Ángela se quedó congelada con una empanada a medio comer. Pude ver la expresión en el rostro de cada una. Ángela estaba anonadada. Tia, abrió la boca más de lo debido. Kebi soltó un gemido y Carmen dejó de enviar mensajes de su celular. Creo que había captado la total atención. ¡Maldición!

— ¿No te habías hecho una inseminación?— preguntó Tia, que creo que es la que más al tanto está de los detalles.

—No. Era muy costosa, no lo hice, yo...

— ¿La novia del doctor lo sabe?— volvió a preguntar.

—Sí, lo sabe— suspiré.

—Ahora entiendo por qué están separados— me miró muy feo. La noticia me sorprendió, Ángela que parecía haber pasado por fin su trozo de empanada sonrió.

— ¿Volviste con Edward?— preguntó, todas voltearon a verla. — ¿Qué? Soy amiga de Bella desde niñas, ella y Edward fueron novios durante años.

—O sea ¿Estás diciendo que te embarazaste de un hombre comprometido y se lo robaste a su novia?— preguntó Tia algo más agresiva.

—No le robé nada, fue algo que no creí que tendría repercusiones...

—Bella, un embarazo trae repercusiones. ¿Y qué? ¿Se va a casar contigo? ¿Ya firmó a la niña?

— ¡No!— dije algo alterada. –Se los contaré porque ustedes son mis amigas y no volveré a dar más explicaciones. Me iban a hacer una histerectomía, tenía el útero y los ovarios llenos de quistes y me dijeron que antes de hacerlo podía embarazarme una vez antes de extirparme las entrañas. No tenía dinero para la inseminación ¿Saben cuánto cuesta?

—Y fue más barato meterte a la cama de tu ex— comentó Tia con sarcasmo.

—No fue así. Sí, busqué a Edward, él no lo recuerda, estaba ebrio.

—Bella no juegues, lo que hiciste está mal. La doctora Denali ahora se hospeda en un hotel. Acepta que te metiste en esa relación.

—No me metí, nunca fue mi intensión quitarle nada a Tanya. Yo sólo quería tener un hijo. Fue Edward que regresó de Vancouver por su propio pie.

—No te juzgo pero creo que el doctor Cullen debería ser más hombrecito y casarse contigo— comentó Carmen.

—Si bueno, ya no tienen por qué ocultarlo— volvió Tia a la carga.

—Ya, déjenla en paz. ¿A ustedes que les importa?— Ángela elevó la voz haciéndolas callar.

—Es una situación difícil— dije mirándolas. –Por favor, confío en ustedes, que esto no salga de acá.

— ¿Cómo piensas ocultarlo Bella?— preguntó Carmen. –Mi madre es la directora de la escuela, no va a permitir que regreses a trabajar si sabe que tienes una hija del doctor Cullen y que él tiene prometida además. Tienes todas las de perder, esto sólo se puede tapar si te casas con él. Sino pasarás a ser una roba maridos. Lo siento pero es así, tú sabes cómo es la gente.

— ¡Pues si eso quieren creer no es mi problema!— dije molesta.

— ¿Estamos aquí para apoyar a Bella o para criticarla?— me defendió Ángela.

—Lo siento pero yo no puedo apoyarla— Tia se puso de pie. –Mantengo también una amistad con la doctora Denali. Soy novia de Benjamín el ginecólogo del hospital, algunas veces hemos salido en pareja o visitado el departamento de Edward y Tanya. Ellos eran felices hasta hace poco, nunca supinos porqué se separaron, ahora me entero— sin decir más me dio la espalda y salió de la casa. Me sentí tan mal, nunca pensé que sería juzgada como roba maridos por una de mis amigas más cercanas, compañera de trabajo.

Kebi y Carmen se quedaron un momento más pero también se marcharon, me quedé sólo con Ángela que tuvo que soportar mis confesiones y mis lágrimas.

—No quería esto Ang, de verdad. Yo sólo quería tener un bebé. Debí acostarme con Jake o Mike— suspiré.

—Ya no te lamentes, le va a ser daño a Liz si lloras así. Que te resbale lo que digan ellos no saben lo que vives y lo que pasas. Yo te apoyo, sé que no lo hiciste con mala intención, además sé que ustedes terminaron por un mal entendido.

—Yo no quiero volver con Edward, quisiera que se fuera con su novia a Vancouver y que nunca regrese. Sólo necesito a mi hija para ser feliz— hipé.

—Está bien Bella, ya— me abrazó dándome palmaditas. –Vamos a prepararnos un te ¿Sí? Además piensa en los bonitos ojos de Liz, son como los de Edward, hiciste la mejor elección— me sonrió.

Ángela se fue cuando oscureció, prometió venir más seguido. Me dolía saber que ahora sería despreciada por algunas personas. Me van a juzgar y a rechazar por mis decisiones. Realmente no me importa lo que digan de mí, puedo salir adelante sola sin un marido. Lo que me preocupa y de alguna forma sí me duele es saber que mi hija va a ser señalada por mis errores.

Edward regresó al día siguiente, se veía preocupado. Yo no sabía que se había separado de Tanya, ni tenía planeado tocar el tema. Sólo nos unía nuestra hija y por ella haría lo que sea para que él se sienta a gusto, sin presiones de mi parte.

—Bella, no he querido molestarte antes con temas legales pero mientras estuviste en el hospital debías registrar a Liz. Pedí que la asistenta no te molestara con eso, primero por que estabas pasando un momento difícil y luego porque creo que de alguna forma tengo derecho a pedirte que nuestra hija lleve mí apellido— me miró calculando lo que iba a decirle. Sabía que este momento llegaría, habíamos tratado temas sólo relacionados a la crianza de Liz, nada que tenga que ver esto.

—Tienes ese derecho— suspiré. –Pero me gustaría que algún abogado nos asesore, que deje en claro cuáles son tus deberes, derechos y tus planes de visita— dije con timidez.

—Jasper es abogado, si gustas podemos hacer un documento para delimitar mis deberes y sobre la visitas, te ruego que me permitas seguir viniendo cómo hasta ahora. Y cuando Liz tenga un poco más de edad, yo quisiera poder salir con ella, pasear o hacer pequeños viajes juntos— que cara habré puesto que se apresuró a añadir. –Todo previamente conversado Bella, no haré nada que tú no apruebes. No voy a pasar por encima de ti, tendrás la última palabra en todo, te lo prometo— aseguró.

— ¿Cuánto tiempo más crees que tendremos este horario? Liz va a crecer, tú vas a casarte. Sabes, no quiero que se acostumbre a tu presencia si vas a marcharte o alejarte cuando tengas tu propia familia. Tal vez una visita a la semana podrá ser suficiente para mantener tu presencia en su vida.

— ¿Sólo una visita semanal?— dijo dolido.

—Edward no te estoy echando, puedes seguir viniendo cuando quieras sólo debemos acordarlo. Lo que no deseo es ver a mi hija sufrir cuando tengas tus propios niños y la olvides.

— ¡Eso no va a pasar!— dijo conteniéndose. –La amo tanto como tú y no le haría daño. Quiero estar en su vida activamente, ella necesita una figura paterna, me necesita también. Y no voy a tener hijos pronto así que no veo aún porqué preocuparse por eso.

—Otro punto que quiero tratar es que no permitiré contacto con tu prometida. Quizás te parezca exagerado pero tengo mis razones para no querer a Tanya cerca de Liz— dije tajantemente.

— ¿Puedo saber esas razones?— preguntó.

—No quisiera crear discordia, Edward.

—Pero yo necesito saberlas, temes que Tanya pueda dañar a nuestra hija y debo saber por qué.

—Quizás algunas razones sólo son provocadas por rencores. O suposiciones mías.

—Insisto. Debo saber cómo ves a Tanya, entender porque le temes.

—No le temo. Pero Liz es pequeña...

—Por favor Bella, dame razones para no dejar que Tanya se acerque a mi hija— insistió.

—Te hablaré de hechos no de opiniones ¿Sí? Tal vez mis pensamientos estén alentados por temores infundados, tal vez no— empecé a hablarle de mis encuentros con Tanya. –La primera vez que hablé con ella fue por teléfono, cuando recién te fuiste llamé a tu casa de Vancouver. Me contestó mal, no quiso pasarme contigo y me aseguró que ya me habías olvidado, porque ella te ayudaba a hacerlo.

— ¿Me llamaste a Vancouver?— preguntó arrugando la frente.

—Y a Seattle, cuando te fuiste. Edward, no debías marcharte así...

—No quiero hablar de eso Bella, no es un pasaje agradable en mi vida— se levantó esquivo. Aún le duele, lo sé. Me pasa igual pero ya debemos dejar eso atrás.

— ¡No te engañé con Jake! Sí, estuve alejada de ti en ese tiempo, intentado alentarte para que aceptes la beca, tus padres me lo pidieron. Pero no tuve ningún amorío con mi amigo. Él me besó, fue sólo eso. ¡Un beso! Porque al tonto de Jake le pareció un momento romántico.

—No necesito explicaciones— me miró sin intentar volver a sentarse.

—Quizás tu no. Pero yo necesitaba decírtelo. Si no me crees está bien, sé que ha pasado mucho tiempo y ya no tiene importancia. Sólo quería que lo sepas.

—Ajá— dijo caminando hacia la puerta. Creí que se marcharía pero pareció reconsiderarlo y volvió sobre sus pasos.

—Acabemos con tus razones. ¿Tienes algún otro motivo para desconfiar de Tanya?— preguntó.

—Sí. Cuando fui a Vancouver, cuando estuve en el hospital en aquella fiesta, me encontré con Tanya en los servicios. Yo estaba escondida allí muerta de miedo, ella llegó porque había sufrido un accidente en su vestido, le mentí diciéndole que era recepcionista y le presté una pañoleta que traía. La había visto cerca de ti pero no sabía que era la misma mujer que me respondió el teléfono en el pasado. Yo sólo la ayudé, no la relacioné contigo hasta que la vi aquí en la consulta. No sé si ella me reconoció en ese momento— suspiré.

— ¿Me estás diciendo que Tanya y tú ya se habían visto antes?

—Exactamente.

— ¿En Vancouver?— preguntó bastante confundido.

—Qué lento— bromeé. –Sí Edward en Vancouver.

—Eso explica muchas cosas pero... ¿Alguna vez hablaron al respecto? Quiero decir. ¿Han tenido algún problema, altercado, discusión?

—No pero sé que cuando tú se lo dijiste ella ya lo sabía. Vino a mi habitación furiosa y me lo confesó. Me dijo que supo que Liz era tu hija cuando yo te lo dije. No sabía que ella estaba contigo en tu oficina, Edward.

— ¡Ella no estaba allí! Estábamos solos. No pudo enterarse en ese momento, quizás sólo ató cabos. O lo supuso por la forma en que decidí intervenir...

—Es lo que me dijo. Y me pidió que desapareciera de sus vidas. Quisiera hacerle caso, yo no deseo que tengas problemas por mi causa, nunca quise crearte dificultades.

— ¿Algo más? Dime que has supuesto, porque estoy seguro que tienes teorías ¿Verdad?

—Esas son mis pensamientos, Edward— reclamé. Ahora me parecías tonterías mis suposiciones, tontas ideas causadas por algún tipo de envidia que nacía de la pura mala leche que te tenía a la rubia patilarga. Si las decía en voz alta me sentiría ridícula.

—Quiero saberlo todo, dime que más. Dime tus conjeturas, hasta la más mínima duda. Por favor. Yo tengo la mías, quisiera compararla con las tuyas y sacar mis propias conclusiones. No es por nosotros, es porque quiero saber qué es lo mejor para nuestra hija.

—No entiendo en qué le afecta a Liz las cosas que pienso de Tanya pero en fin. Prepárate para escuchar tonterías— le advertí.

—Adelante— me animó volviendo a sentarse muy cerca de mí para mi gusto.

—Yo creo que Tanya ha tratado de sabotearme desde que supo quién era yo. Ya sabes, sabía de mí desde hace años y llegó aquí, me encontró embarazada. Y tu muy cerca. Es cierto que no sabía que mi bebe era tuya pero hizo algunas cosas extrañas. O quizás no y solo yo lo supongo...

—A los hechos, vamos— me animó.

—La odié con todas mis fuerzas cuando me hizo beber esa cosa asquerosa para medir no sé qué cuando estaba embarazada. Nos hizo vomitar a casi todas. Cuando me dijiste que podía tener pre eclampsia se lo comenté al día siguiente y no me prestó atención, dijo que eras exagerado, que lo de los pies hinchados es normal y que sólo necesitaba unos análisis por lo de las lucecitas que veía. Y me hice esos análisis. Pero se perdieron. Tuve que hacerlos nuevamente y por eso pasó el tiempo sin que tomara ninguna medicación para la presión— dije furiosa.

— ¿Cómo que se perdieron? Nada se puede perder en el hospital, es pequeño. Yo no recibí ningún informe de alguna pérdida.

—Y aquí vine lo peor. Me dirás loca pero creo que Tanya es la causante de los problemas que hubo con las asistentes de la profilaxis— dije esperando que se molestara por eso.

—Sustenta eso— pidió.

—No tengo pruebas sólo mis conjeturas. Todas las que íbamos a esa clase teníamos secretos, en una sesión los dijimos a modo de catarsis. Y luego, cuando Kristie empezó a decir aquellas cosas...

— ¿Tu les dijiste que tu bebé era mío?— preguntó.

— ¡No! Sólo dije que me había embarazado de alguien que estaba borracho, todas supusieron que de un alcohólico. Pero ¿Cómo es que Kristie sabía todas esas cosas? Renata me dijo que pudo haberse filtrado información, Kristie no pudo saber cosas que sólo estaban en hojas médicas. Algún médico o enfermera se los pasó. Alguien que quería jugar con nosotras— dije temiendo su reacción negativa.

—Sospeché del personal sí. Pero nunca pude encontrar a Kristie Price para interrogarla.

— ¿Nunca le preguntaste?— dije sorprendida.

—Desapareció, junto con su novio se marcharon, fui al motel dónde vivía y allí nadie me dio razón— me quedé pensando en eso. La misma persona que le dio esa información bien pudo darle dinero para que se vaya. Esto no se iba a quedar así.

—Bueno terminaré mis injurias para con tu novia. Esta es la última y quizás más descabellada pero creo que ella tuvo que ver con que enfermaras la noche que le diste tu sangre a Liz— dije antes de poder arrepentirme.

— ¿Qué te hace pensar eso?— dijo sin molestarse pero se notaba la tensión que le causaba.

—Si Tanya supo la verdad cuando yo te la dije, estaba allí o nos estaba oyendo al menos. Entonces lo sabía. ¿Recuerdas lo que dijiste? "Una hijo vale más que mil novias"

Sus ojos se agrandaron notablemente, dejó de mirarme para clavar la vista detrás de mí. Unos segundos pasaron y él no decía nada, así que tomé valor para disculparme.

—Lo lamento Edward, de veras, ojalá no tomes en cuenta mis conjeturas, son todas quizás causadas por la paranoia de ser madre, de querer proteger a mi hija. Solo, nunca la dejes cerca de Tanya, no quiero que esté ni a un kilómetro de ella, sé que no puedo hacer nada cuando la tenga que llevar al hospital para sus controles o para mi última consulta de alta.

—Yo le haré sus controles aquí, no tienes que llevarla. Y si eso pasa, me la dejas en mi oficina, personalmente la cuidaré, no voy a dejar que nadie la lastime.

—Es todo lo que pido. Tu familia puede venir a verla cuando quieran, sé que la aman. Y con respecto a darle tú apellido, sé que tienes derecho pero primero escúchame— lo miré rogando.

— ¿Qué es lo que sucede?

— ¿No podría registrarla con mis apellidos?— pregunté tentando mi suerte.

— ¿No deseas que lleve el mío?

—No es eso. ¿Pero te imaginas los chismes en el pueblo? Forks no es una gran ciudad, no es Seattle o Vancouver. Y yo soy la hija del jefe de la policía, la profesora del pre escolar. Todos me conocen, han estado especulando muchos meses sobre quien es el padre de mi hijo. Muchos creen que es Jake...

— ¿Y quieres que sigan pensando eso?— preguntó molesto.

— ¡No! Pero lo prefiero a que sepan que es tuyo.

— ¿Así que Jacob es mejor padre para Liz?

— ¡No he dicho eso! ¡Pero no quiero tener mala fama! ¿Sabes que piensan mis amigas? Que soy una roba marido, que me metí en tu cama para separarte de tu novia. Y no me importa ¡No me importa que todo el puto pueblo crea eso de mí! ¿Pero Liz? ¿Te has puesto a pensar que van a decir de ella?

Se quedó en silencio meditando mis palabras, se frotó el puente de la nariz y luego cerró los ojos.

— ¡No voy a optar por lo más fácil! Es mi hija le pese a quien le pese y no voy a renunciar a ella. Tiene derecho a su apellido, es parte de nuestra familia también. Yo daré las explicaciones respectivas, Bella.

— ¿Y qué vas a decir? ¿La verdad? ¿Qué me metí en tu cama cuando estabas ebrio? ¿Qué me aproveché de ti? ¡Porque eso es lo que hice!

—No tengo que dar detalles de cómo la hicimos ¿No? Eso es algo que nos compete sólo a nosotros.

—Pero es la única forma de librarte de responsabilidades.

— ¡Yo no quiero que me libres de ninguna responsabilidad!

—Si no lo hago, todos pensarán que engañaste a tu prometida conmigo. ¡Y así no fue!

—Entonces que lo piensen. Bella, no sería el primer infiel, todos los hombres tenemos fama de perros y nos lo perdonan. Que piensen mal de mí, prefiero eso.

— ¡Pero esa no es a verdad!

— ¿Y vas a ir casa por casa de toda la buena gente de Forks para contarles?

— ¡No! Claro que no.

—Entonces déjalos que crean lo que quieran y que hablen hasta cansarse. Liz no tiene edad para saberlo y cuando la tenga se lo explicaremos.

—Suena fácil...

—Nada es fácil Bella. Yo no he tenido nada fácil desde que me fui de Forks— me miró triste. Liz empezó a llorar y fui por ella a nuestra recámara, la tomé en brazos.

—Ya bonita, ya. ¿Tienes hambre?

—Parece que si— la voz suave de Edward a mi espalda me hizo sentir tan bien. — ¿Cuándo la llevamos a registrar?— preguntó.

— ¿Mañana?— pregunté, abriendo mi blusa para darle el pecho. Ya no tenía vergüenza darle de comer a mi hija con su padre presente.

—Con respecto a su nombre...

—Puedes agregarle uno más si quieres pero será el segundo— sonreí mientras que nuestra bebita tomaba mi pecho con fuerza y nos miraba. Edward había recostado levemente su barbilla en mi hombro.


¡Malas amigas! Cuando pasas un problema recién te enteras quien es tu verdadero amigo.

Por fin Bella comparte lo que piensa de Tanya, espero que Edward tome en cuenta sus palabras.

Gracias por leer y por esperarme :D

PATITO