Capítulo 3. Cita de a tres.
La sheriff se encontraba en la cama de la alcaldesa con la espalda descubierta, tapada hasta la cintura con las sábanas preferidas de morena, las de seda púrpura. Los rizos dorados cubrían solo una pequeña porción de la espalda de Emma, de modo que la morena podía observar en detalle cada lunar que la adornaba. La recordaba a la perfección, como si la hubiera observado por horas. En ese momento la rubia se volteó con sus ojos entreabiertos mirando a Regina "Buenos días" le susurraba con una voz un tanto apagada, poco audible pero en un tono muy sensual.
Sólo bastaron esas dos palabras de Emma para que Regina despertara agitada y sudada de ese sueño. Regina puso su mano en su pecho, intentando recuperar su respiración. No sabía si tomar esto como una pesadilla o como un sueño, aunque a juzgar por el calor y la humedad que sentía en su entrepierna, estaba más que claro que aunque en su cabeza intentara negarlo, algo le estaba pasando con la sheriff.
Emma estaba en su cuarto, rodeada de su ropa, no tenía mucha, pero las pocas prendas que poseía estaban tiradas por toda la habitación –uff! Esto no me vale- tiró una camisa al suelo, se le veía bastante desesperada. ¿Cómo podía costarle tanto elegir algo para ponerse? Sólo se trataba de una cena con Regina y con su hijo, no era una cita. Luego de desechar la última camisa de su armario se sentó en el colchón resoplando.
-Estás lista?- oyó a Henry gritar desde otra habitación –hemos quedado a las 8 y sabes que mi madre odia la impuntualidad- el pequeño llevaba media hora preparado, estaba entusiasmado por esta cena. Sus dos madres cenando juntas e intentando llevarse bien por él era todo un evento.
Emma hizo rodar sus ojos, sabía que Henry tenía razón y no quería empezar la velada con mal pie. Se levantó, tomó uno de sus vaqueros y una blusa púrpura del suelo y se los puso. No iba muy distinta de como solía ir en su día a día, pero se miró al espejo complacida.
Un rato después estaban frente a la mansión de la alcaldesa, la rubia tomó aire concienciándose de que tendría que intentar mantener la calma si quería que no hubiera ningún incidente durante la cena. Tocó al timbre y miró a su hijo que le devolvió la mirada con una sonrisa ansiosa. Tan sólo unos segundos después la puerta se abrió y dejó a la vista a Regina con uno de sus mejores trajes –llegas tarde- Emma miró su reloj, sólo habían pasado 5 minutos de las 8, Henry caminó hacia su madre y la abrazó –hola mi amor, la lasaña está casi lista, pasa- el pequeño caminó hacia sala y Regina levantó la vista mirando a la rubia. Un rubor apareció en sus mejillas, pensaba que podría controlarlo, pero era la primera vez que la veía después de ese sueño que la perseguía. Se miraron durante unos segundos que se hicieron eternos hasta que Regina se apartó a un lado para que pasara –quieres una copa de vino?- dijo mientras llegaban al comedor.
-Sí, claro- Emma miró la mesa, estaba todo listo, los platos bien colocados, los cubiertos en perfecto orden… la alcaldesa se había molestado hasta de poner unas flores en el centro. Se preguntó si había usado la magia para ello o simplemente había actuado como una anfitriona normal. Un roce en el brazo la sacó de sus pensamientos, Regina le tendía la copa y la aceptó con una leve sonrisa –gracias- dijo tomando un poco –Necesitas ayuda con algo?-
La morena negó con la cabeza –está todo listo, voy a traer la lasaña, pueden sentarse- Henry, se levantó del sillón y fue a sentarse en la silla de en medio, dejando libres las dos de las esquinas en las que Regina y Emma se quedarían cara a cara. La alcaldesa volvió con una bandeja y la dejó sobre la mesa, empezó a servirles y se sentó frente a la rubia. Empezaron a comer en silencio, sólo se escuchaba el sonido de los cubiertos, Regina bebió un sorbo de vino y carraspeó un poco dispuesta a romper el hielo –cómo están yendo las cosas en la casa feliz de la familia Charming?-
Intentó que sonara irónico, pero Emma notó que la morena estaba haciendo un esfuerzo por ser cordial e interesarse por ellos –todavía estamos intentando adaptarnos al poco espacio, verdad Henry?- El niño asintió con la boca llena de comida.
-Saben que aquí hay habitaciones suficientes- Emma levantó la mirada del plato y fijó la vista en Regina, la cual se dio cuenta enseguida de cómo había interpretado sus palabras –digo, para Henry, sus cosas siguen estando aquí-
Emma tragó antes de hablar, realmente la lasaña de la alcaldesa era una placer para el paladar –lo sé, pero de momento nos las arreglamos- siguió comiendo y se sirvió un poco más de vino.
-Me gustaría que habláramos de cómo van a ser las cosas ahora, como quién llevará a Henry a la escuela, quién se ocupará de llevarlo al médico y todas esas tareas que he estado haciendo durante 10 años- Se había propuesto ser medianamente amable, pero el tema Henry le alteraba y no iba a desaparecer de la vida cotidiana de su hijo de la noche a la mañana.
Emma la miró, estaba temiendo que saliera el tema porque sabía que iba a destrozar cualquier atisbo de armonía entre ellas –creo que hasta ahora lo hemos estado haciendo bastante bien nosotros, no está enfermo, no falta a la escuela…-
-Dos semanas siendo madre no te convierten en una. Quiero formar parte de su vida, no quiero perderme nada por un capricho tuyo- empezaba a alza la voz y eso hizo que Emma dejara el cubierto sobre el plato.
-No es ningún capricho Regina!- elevando el tono también –es mi hijo, y él debe estar con su madre y con sus abuelos, no con la bruja malvada- eso último hizo que los ojos de la morena se llenaran de furia, apretó el puño arrugando la servilleta que sujetaba. ¿Cómo se atrevía a tratarla así en su casa, delante de su hijo?
Henry la conocía, vio cómo su rostro cambió y tenía pánico de lo que fuera a pasar en ese momento. Se levantó de la silla y habló alto –Ya paren! No peleen más! No dejan de decir tonterías, no están arreglando nada- ambas madres interrumpieron el contacto visual para mirar a su hijo –no tienen razón ninguna de las dos, yo las quiero y quiero estar con ustedes, no me gusta que discutan por pasar tiempo conmigo. No es justo!- El niño hablaba alterado, casi al borde de las lágrimas y eso rompió el corazón de las dos mujeres, tenía razón y lo sabían, pero eran demasiado orgullosas como para ceder frente a la otra.
Ambas se relajaron y se tomaron unos segundos para pensar –tienes razón chico, lo siento- dijo Emma mientras bebía un poco más. Estaba con la cabeza agachada y fija en el plato, sin ser capaz de mirar ahora a la morena.
Regina sabía que era capaz de destruir a toda la familia Charming y quedarse con su hijo si se lo proponía, pero también sabía que Henry nunca se lo perdonaría. Además, una parte de ella se preguntaba si de verdad sería capaz de hacerles daño, de dañar a Emma… Siguió comiendo y se hizo un silencio incómodo –quieres más lasaña?- dijo acercando el plato a la rubia.
-Sí, gracias- Emma asintió y siguieron cenando, los tres fueron sacando distintos temas de conversación, la escuela, la comida de Granny's.
Henry quería que sus madres se llevaran mejor, que hasta el rato que pasaran juntas sea grato, no por pura obligación y aburrido –Emma, sabías que Archie era así de pequeño?- el niño hizo un gesto con sus manos mostrando el tamaño del hombre que había sido un grillo en un pasado.
La morena no pudo evitar largar una carcajada al recordar lo gracioso que se veía –Lo vi una o dos veces, pero créeme que era más pequeño, y hasta tenía ropa!-
Los tres rieron juntos, Emma aun no terminaba de asimilar todo lo que había pasado en el Bosque Encantado, y creía que algunas cosas eran puros inventos, pero aun así le encantaba oir este tipo de detalles – Y la hermana superiora? Ya sabes, el hada azul… también era tan pequeña?- La rubia sentía que estaba entrando en confianza, hasta parecía muy interesada por escuchar los relatos de la que había sido en aquel entonces la bruja malvada del reino.
-Bueno, era un poco más grande, siempre fue una molestia total… nunca me cumplió ningún deseo. Pero si se los cumplía todos a tu madre- Regina levantó sus cejas al recordar eso, ahora quizás le causaba gracia y podía tomarlo como una broma, pero en aquel entonces era muy triste no ser oída como el resto. Sonrió un poco y terminó su copa de vino.
Emma notó una cierta melancolía en la mirada de Regina, rara vez la había visto de esa forma, quizás solamente cuando se trataba de Henry, pero este era un tema aparte. Intento cambiar de conversación y la morena fue por el postre.
Después del postre Henry sonreía, no podía creer que estuvieran cenando tranquilamente, como cualquier familia. Sabía que sus madres no eran malas personas, y en futuro tal vez podrían ser amigas, o eso al menos creía él. Mientras Regina recogía la mesa con la ayuda de Emma, se levantó y fue a sentarse en el sillón pequeño, bostezó, no quedaría mucho para que se durmiera.
Regina lavaba los trastos, mientras Emma se había dispuesto a guardar algunas cosas en la heladera que estaban arriba de la mesada. Cuando la morena terminó su labor, abrió la heladera para ver que todo estuviera en orden, ya conocía a la sheriff
Emma la miró dejando caer las palmas de sus manos sobre sus piernas, haciendo ruido intencionalmente –Oh vamos! Tampoco es que no pueda dejar las cosas en orden ahí dentro!
La alcaldesa intentó sonreir irónicamente, pero no pudo. Le estaba regalando a la rubia de rizos dorados una sonrisa de las buenas –Bueno, quería asegurarme, pero no está nada mal-
La sheriff sonrió también, un alago de Regina era mucho. Ambas se miraron por un momento sonriendo. La morena había podido disfrutar pocas y contadas veces sonrisas de Emma dirigidas especialmente a ella, como la noche que se conocieron. Un ruido interrumpió el momento. El niño se había quedado dormido y se le había caído un chocolate que traía en el bolsillo. La casa de la alcaldesa era tan grande, que un pequeño sonido se podía escuchar mucho más alto que en cualquier lugar. Emma volteó mirando a Henry que estaba dormido en el sillón de la sala –Creo que deberíamos irnos…-
Regina se dio cuenta de lo que acababa de pasar, y sabía que probablemente era más de su parte que de la rubia, pues la que había soñado con la sheriff era ella –Podrías llevarlo a su cuarto un momento, sabes cuánto le molesta que lo despierten- claramente no sabía por qué le estaba diciendo esto. Tener a Henry dormido era motivo suficiente para terminar con la visita, pero ni siquiera ella misma podría reconocer que quería pasar tiempo a solas con Emma.
-Bueno, pero sólo un momento…- Era curioso, Emma no quería irse. Estaba claro que mientras no estaban peleando, era muy agradable estar cerca de Regina. No pensaba decirle nada a sus padres acerca de que se estaba llevando un poco mejor con ella, no quería alertarlos en lo más mínimo, conocía los sentimientos que ellos tenían hacia la morena. La rubia se dirigió a la sala y tomó al niño entre sus brazos, subió las escaleras, sabía dónde estaba el cuarto de Henry porque lo había conocido aquella vez que había tenido que buscarlo junto a Graham y la alcaldesa. Lo dejó en su cama y lo arropó un poco. Luego bajó las escaleras, algo nerviosa, no le tenía miedo en sí a Regina, le parecía inofensiva en este momento, aunque lo que realmente temía era llevarse bien con ella, eso iba a suponer a futuro muchos problemas, pues todo el pueblo la odiaba, principalmente Mary Margaret y David.
Emma caminó hacia la sala, Regina la esperaba de pie junto al sofá –ponte cómoda- la rubia asintió y se sentó, justo después, la alcaldesa se acomodó a su lado –No te ofrezco más alcohol porque tienes que conducir hasta casa con Henry-
-Qué poco hospitalaria señora alcaldesa, pensaba que me ofrecerías una habitación si me pasaba con la bebida- Emma se rio ante la mirada sorprendida de Regina –sólo bromeo, si no me encuentro bien iremos caminando- aclaró. Era raro que hiciera chistes con ella, pero estar a solas con la morena la ponía nerviosa y eso mezclado con las copas de vino que había tomado durante la cena hacía que la sheriff sacara a la luz una faceta que Regina no estaba acostumbrada a ver.
La alcaldesa se permitió a sí misma sonreír ante las palabras de Emma y se levantó para volver segundos después con dos copas de whisky. Le tendió una y se volvió a sentar –me divierte la idea de imaginarme al cara de Snow si nos viera a ti y a mi tomando una copa de alcohol y hablando cordialmente- dio un sorbo mirando a la rubia.
-Creo que la época de regañarme por salir con personas inadecuadas se le pasó cuando dejé de ser adolescente- bebió también y sonrió.
Regina se rio un poco y Emma no pudo evitar pensar que tenía una linda sonrisa –bueno, de todas formas estamos haciendo esto por Henry- dejó la copa en la mesa del centro y se quitó los tacones –me vas a perdonar, pero me están matando- los dejó a un lado y acomodó las piernas encima del sofá –uff, mucho mejor- volvió a coger la bebida y dio un largo trago.
Emma la estudió con la mirada sonriendo, hasta ahora la Regina que conocía parecía fría y recta, no la imaginaría nunca descalza, tranquila en su sofá con una copa en la mano mientras hablaba como si nada con ella. Quizás sólo era el alcohol, pero Emma no iba a quejarse en absoluto –creo que necesitamos más –dijo mientras bebía lo poco que le quedaba. Se levantó ágilmente y fue a por la botella, llenó ambas copas hasta arriba y se bebió casi la mitad –dios mío, dónde compras este whisky? Es realmente bueno-
-De verdad quieres saberlo?- Emma asintió –digamos que… tener magia tiene sus ventajas- Regina soltó una risita y la rubia rio también.
-Vale, creo que no quiero saber cómo sigue esa historia- tomó el resto de la copa y la dejó sobre la mesa. La rubia apartó un mechón rizado de su cara y ese movimiento hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Regina. No pudo evitar acordarse de esa espalda desnuda que la acompañó en sueños. La morena agachó la mirada porque notó el rubor en sus mejillas y carraspeó un poco –pasa algo?- preguntó Emma.
Regina negó con su cabeza, no podía permitirse sentirse así por un simple movimiento. Dejó su copa, todavía medio llena, en la mesa y bajó las piernas al suelo –creo que deberíais iros ya, es tarde- su tono había cambiado completamente, volvía a ser la fría mujer de siempre.
Emma la miró sin comprender, estaban hablando tranquilamente, se atrevía a decir que lo estaban pasando bien la una con la otra y de repente ese cambio de actitud –está bien…- se levantó del sofá, notaba el efecto del alcohol, su cuerpo estaba más pesado. Caminó escaleras arriba y al rato bajó con un Henry somnoliento de la mano. El pobre niño bostezaba mientras se rascaba uno de los ojos.
La morena se acercó a él y besó su frente –lo he pasado muy bien Henry, hablamos pronto para volver a vernos- el niño sólo pudo asentir y Emma tuvo que tirar de él para que caminara hacia la puerta.
Salieron fuera y antes de que Regina cerrara, la rubia la miró –gracias por la cena y por… la copa. Tenemos que repetirlo pronto…- dijo con una sonrisa esperando que la mujer con la que hablaba antes volviera a salir a la luz-
La morena miró a Emma fijo, queriendo decir algo amable, como que había disfrutado de la visita, pero no pudo hacerlo –quizás la próxima vez podría estar a solas con él-
Emma la observó muy seria sin apartar la mirada y decidió que no iba a contestar a ello, al menos no ahora que ambas tenían varias copas de más –mañana vendré a por mi coche, adiós Regina- se dio la vuelta y empezó a caminar de la mano con Henry.
La alcaldesa los observó hasta que estuvieron lejos –adiós Emma…- dijo en un susurro antes de volver a meterse en la casa. Subió las escaleras, el whisky le había afectado más de lo que pensaba. Se quitó la ropa poniéndose un camisón y se metió en la cama sin saber que después del sueño que iba a tener esa noche, una espalda desnuda sería el menor de sus problemas…
