¿QUIÉN LLAMÓ A LA CIGÜEÑA?
CAPÍTULO 24
CUANDO NO SEPAS QUÉ HACER
Dos días más pasaron en los que Edward se mantuvo distante y yo en mi cobardía no me atreví a preguntarle si lo que Leah me dijo era verdad. El acercamiento que habíamos tenido se esfumó, podía sentir su melancolía, le costaba sonreír como hace días y ya no bromeaba conmigo. Se limitaba a atender a su hija, nada más.
Salí al parque a pasear a Liz aquella tarde, estaba aburrida en casa, pude sentir las miradas a mis espaldas y los cuchicheos de las madres abnegadas del pueblo, las señoras de bien y las abuelitas adorables. A veces las mujeres tenemos la lengua venenosa para juzgar a otras que creemos, están equivocadas.
"Oh si, la pérfida roba maridos va pasando, abran paso", pensaba mientras caminaba con la frente en alto. No les daré el gusto de verme humillada. Cómo Renée diría ¡A la verga el mundo!
Nos detuvimos en la librería, necesitaba algunas cosas para decorar la habitación de Liz, soy fanática de hacer guirnaldas, móviles, cenefas y pegar maripositas en todos lados. Debilidad de maestra jardinera, quiero todo lleno de color y vitalidad.
Me di cuenta que Liz se había hecho en el pañal y no me daba tiempo de llegar a casa, podía irritarse su delicada piel. Decidí pasar por los servicios del parque que tiene un cambiador de pañales. Entré, no había nadie y me puse manos a la obra, era la primera vez que la cambiaba en la calle. Tomé sus pañitos y me preparé para lo peor, sostuve la respiración como hago siempre que tengo que enfrentarme a un pañal sucio. Y allí estaba, el premio mayor. ¿Por qué justamente hoy tenía que hacer como si no hubiera mañana? ¿Y además muy suelto? Me voy a gastar el paquete completo de toallitas. Hice tripas corazón y empecé la titánica tarea de dejar limpio el culito de mi nena. La tranquilizaba con palabras amorosas y le hacía caras graciosas, eso siempre la distrae.
Estaba tan concentrada en mi labor que no me di cuenta a qué hora entraron tres mujeres, no les di importancia realmente hasta que escuché la voz nasal de alguien hablando de los Cullen, entonces si paré la oreja.
—Es tan ridícula ¿Quién anuncia su embarazo en los diarios?— pude identificar la voz de Lauren Mallory.
—Alguien ardida porque le ganaron el pastel— contestó otra.
—Entonces la hija de Bella Swan es del doctor Cullen ¿No?— preguntó una tercera, una pecosa con el cabello rizado.
—Ya la registraron, es oficial. Bella fue más rápida y sacó un hijo de Edward pero la perra de Tanya no se iba a quedar atrás y también se embarazó.
—Oye que puntería la del doctorcito— se rió la segunda mujer a quien apenas conozco de vista, creo que se llama Esther o algo así. Iba dos o tres años después que nosotros.
—Como dice mi mamá, esto va a acabar mal— Lauren seguía retocándose los labios y haciendo poses frente al espejo.
—¿Entonces con cuál de las dos se va a casar?— preguntó la pecosa, Annabelle. Diabólica tenía que ser como la muñeca que lleva su nombre.
—Corren las apuestas pero la mayoría cree que con la doctora. Era su prometida hasta que Bella se metió, quiso robarle el marido pero le salió el tiro por la culata y se quedó sin soga y sin cabra. Ni Jacob Black la quiere ahora— Lauren soltó una carcajada odiosa.
—Ser madre soltera ya es difícil pero tener que ver como el padre de tu hija de casa con otra, es un castigo— suspiró Anna.
—Eso le pasa por facilona y por zorra— criticó Lauren.
Mis manos estaban a punto de lanzarle el pañal sucio, si no fuera porque soy una dama. Terminé de cambiar a Liz sin dejar de sonreírle, acomodé a mi hija y las demás cosas en el carrito y me dispuse a salir, ellas seguían la mar de bien, hablando de mi persona como si vivieran conmigo y me conocieran de cerca. No les di el gusto de verme afectada, salí con mi sonrisa a flor de labios y les pasé las ruedas de mi carrito por encima de sus zapatos de tacón aguja y para molestarlas más tiré en el tacho de basura el pañal abierto para que haga juego con la inmundicia que sale de sus bocas.
Pero poco me duró la revancha porque me quedé con la duda de sus palabras. Compré un diario de los que sacan aquí en Forks y me senté unos minutos a leerlo mientras Liz se pegaba una siesta. Sé que debo volver, que los quehaceres se me están acumulando pero no puedo evitar sentir curiosidad. Busqué la parte de sociales y allí estaba, en un octavo de página, un anuncio grande donde el diario felicitaba a la feliz pareja. "Muchas felicidades a los doctores Tanya Denali y Edward Cullen por su embarazo y su próxima boda" luego venía una cita bíblica del libro de Salmos. Lo leí más de diez veces solo para torturarme.
Regresé a casa triste aunque no tengo ese derecho. Hice de comer, lavé mi ropa y la de Charlie, me senté a cortar mis papeles mientras mi cabeza hacía mil y un suposiciones. ¿Qué estará pasando en la vida de Edward? Quisiera saber. Sé que no va a decírmelo pero deseo tanto enterarme. Qué oportuno le viene a Tanya este embarazo, como si lo hubiera planeado, justamente cuando estaban separados y ella iba a irse. Ya Bella, deja de pensar en ellos y dedícate a lo que debes hacer, criar a tu hija, para chismes ya tuvimos suficiente.
Esa tarde Edward viene a ver a Liz, lo veo tan alejado, como si su mente estuviera en otro mundo. Me llamó a la habitación para hablarme y accedí aunque en el fondo no quiero.
Que no me diga que espera un hijo y que se va a casar aquí en Forks. Por favor, por favor...
—Bella en estos días han ocurrido cosas... bueno no sólo en estos días, en estas semanas...— dijo atropelladamente.
—Edward, no es necesario que me expliques nada— contesté despacio. –Tu vida privada es tuya, no sientas que me debes ninguna explicación. ¡Por favor!— insistí.
—Sé que no. Pero yo había decidido otra cosa y ahora... todo ha sucedido tan rápido que no me lo creo— suspira. –Soy una persona de principios o eso creí.
—No te atormentes, sea lo que sea que esté pasando sólo dale tiempo. Ya se arreglará— me encogí de hombros.
—Hay cosas que no se arreglan ni aunque pasen los años— me mira dolido. –No estaba dispuesto a hablar del pasado Bella pero siento que si no lo hago, luego ya no tendré ese derecho.
—Bueno pues, hablemos del pasado, si eso ayuda a tu futuro— le dije para calmarlo. Lo que menos necesitaba él era que le dé problemas, suficiente tiene con una loca histérica en su vida.
—Regresé a Forks porque no podía olvidarte. Te soñé tantas veces, ahora sé que no fue un sueño, al menos uno de ellos. Busqué en internet si había una plaza en el hospital para tener una excusa y el puesto de director estaba vacante así que probé suerte— esboza una leve sonrisa.
—Así que viniste aquí por tus sueños. Deben haber sido muy intensos— le dije a modo de broma y esta vez logré una genuina sonrisa.
—Sí lo eran, aunque no del modo que crees.
—No pero si recuerdas algo de lo que pasó aquella noche seguro que lo eran—me mordí la lengua y mis mejillas se colorearon.
—No lo estás poniendo fácil— suspira entre serio y a punto de reír.
—Vamos Edward, di lo que tengas que decir y ya. No me hagas caso que sólo quiero molestarte— le confesé.
—Tú me dijiste hace días que fui tu única opción y para mí lo fuiste por años Bella, incluso allá en Vancouver, no había día que no pensara en ti. Al principio con rencor, estaba tan dolido, me lastimaste tanto...
—Hey espera, yo no...
—¡Lo sé! Ahora lo sé. Mi madre me lo dijo, Black me lo confirmó. Sé que todo este tiempo he estado alimentando una mentira. Fui orgulloso, me cerré en mi error y dejé pasar el tiempo. Tomé otro camino que nos alejó más pero de pronto un día empezaste aparecer en mis sueños y quise venir. Necesitaba verte. Entonces Tanya quiso acompañarme, también le estaba haciendo daño con mi decisión así que le pedí que se casara conmigo para tener un motivo por el cual poder regresar a Vancouver apenas acabe mi contrato de un año aquí.
—Entiendo. No contabas con que estuviera embarazada y enterarte que la niña es tuya.
—Eso me dejó tan sorprendido y confundido a la vez. Tanya enloqueció de celos, ya habíamos postergado la boda dos veces, su madre falleció, luego quise venir a ver a mi hija y ayudarte porque sé que los primeros meses la crianza es difícil y tú estás sola. Nuestra relación no soportó esa presión, ella decidió que debíamos separarnos e iba a regresar a Vancouver pero entonces se dio cuenta que estaba embarazada...
—Vaya. Bueno, todos lo saben ahora, salió en los diarios— me encogí de hombros y él pasó sus manos por su cabello. Creo que eso no le agradó
—Aunque tengo un dilema moral al respecto debo cumplir. Vamos a casarnos...
— ¿Aquí en Forks?— pregunté.
—Si. Le pedí una ceremonia íntima pero parece que no se va a poder. No tienes idea de los problemas que esto me causa. Lo que dice la gente, lo que cuchichean a mis espaldas...
—Ah no, sí tengo idea. Hoy casi le aviento un pañal sucio a Lauren Mallory por hablar pestes de mí.
—Sé que no es fácil Bella.
—Nada es fácil, nada lo ha sido desde que te fuiste. He tenido que aprender a callarme lo que siento e intentar que nada pasa. Quise ser madre y te busqué, tuve suerte de encontrarte ebrio y me aproveché de tu estado. Regresé pensando que podría hacerle creer a todo mundo que me hice una inseminación, que criaría a mi hija tranquila, que tú serías solo un recuerdo.
—No debí volver ¿Verdad?— me tomó de las manos mirándome intensamente.
—No— contesté con seguridad. –No debiste pero igual regresaste, no deberías haberte enterado que Liz es tuya pero las cosas se salieron de control. No deberías estar aquí Edward y lo sabes— susurré con la voz quebrada.
—Tampoco debería hacer esto pero ya que me voy a ir al infierno— besó una de mis manos y se acercó a mis labios, mi respiración se paralizó en el instante en que su boca hizo contacto con la mía. Esperaba un beso suave, tierno pero la agitación de nuestros corazones no ayudó a actuar con delicadeza. Su boca se prendió de la mía con voracidad y le devolví beso por beso todo lo que había guardado. Al principio me tomó por sorpresa, no lo esperaba. Luego de unos segundos me di cuenta que no era un sueño, era real, cerré los ojos y me dejé llevar por el deseo de probar esos labios, de saborear la miel de su boca y verme fundida en su aliento. Nos besamos hasta que nuestras respiraciones alcanzaron un nivel de sofoco que fue necesario separarnos. Sin embargo eso no aplacó nuestras ansias, volvimos a hurgar en nuestras bocas, con cada movimiento yo sentía que mi corazón explotaría.
El llanto de nuestra hija fue lo que nos hizo volver a la realidad, con los labios hinchados y los cabellos revueltos, nos miramos con cierta complicidad que no dejaba lugar a remordimientos. Me hubiera gustado seguir pero el arrepentimiento hubiera sido superior. Él me alcanzó a Liz, instintivamente la tomé en brazos y empecé a amamantarla con las manos aún temblorosas y mis pensamientos más revueltos que mi cabellera.
¿Por qué hizo eso justamente ahora? ¿Es acaso una despedida?
Mirar a Liz tampoco ayudaba, ella me devolvía una mirada verde esmeralda igual a la de su padre, mis ojos se humedecieron imaginando que ella es todo lo que voy a tener de Edward desde ahora y para siempre. Debo dejarlo ir de una buena vez, empujarlo a que cumpla con su deber y siga con su vida al lado de esa patilarga. Liz y yo estaremos bien, nos tenemos la una a la otra, saldremos adelante.
—Creo que debo marcharme— Edward no dejaba de mover sus manos y ver su reloj.
—Debes hacerlo— dije acomodando a Liz en mi hombro.
—Espera, déjame hacerlo a mí— le ayudé a tomarla en sus brazos, entre sus manos y las mías creo que le hicimos cosquillas porque escuchamos una pequeña carcajada. Ambos nos miramos sonrientes, él la acomodó en su hombro y la abrazó mientras le hacía círculos para lograr sacarle los gases. –Hacer lo correcto no siempre te hace feliz— murmuró cerrando los ojos.
—Pero te ayudará a dormir con la conciencia tranquila— respondí sin pensármelo mucho.
—Yo no he dormido tranquilo desde hace mucho tiempo— contestó. Quisiera tanto poder ayudarlo, poder calmar sus tormentos, no puedo ni imaginarme la angustia que está sintiendo ahora, si yo misma estoy dividida entre abrazarlo muy fuerte y no dejarlo ir o darle fuerzas para que pueda cumplir con lo que él cree que es su deber.
—Edward— lo llamo antes que se marche. –Mamá decía... Cuando no sepas que hacer, detente y respira... Cuando no sepas que es lo que estás sintiendo, para y observa a tu alrededor... Cuando estés perdido, desesperado... escucha a tu corazón.
—Mi corazón te quiere a ti, Bella. Nunca olvides eso— dijo antes de atravesar la puerta y marcharse. "Mi corazón también te ama" respondo mentalmente
¿Por qué siento que no lo volveré a ver? Es una sensación horrible que me ahoga.
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—Yo no quería decirte esto pero el pueblo es un hervidero de chismes— dice papá cuando nos hemos sentado a la mesa.
—Lo sé— respondí.
—Cullen se va a casar con su prometida ¿No es así?— me preguntó incómodo.
—Dice que ella está embarazada— dije sin poder esconder mi tristeza.
—Que ya no venga. Sé que tiene derecho por la bebé pero te hace daño, Bella— aconsejó.
—Se lo diré.
—¿Dónde anda Jake?— cambió la conversación.
—No ha venido ni ayer ni hoy. Debe tener algún trabajo importante— me encogí de hombros al recordar que mi mejor amigo apenas ha pasado por aquí las últimas semanas. Eso me hace sentir fatal, los chismosos han metido su nombre también en el enredo que se ha armado. Le dije que dejara en claro que Liz no era suya pero no me hizo caso.
—Hace tiempo me pediste que averigüe a una de tus compañeras de tus clases de profilaxis— comentó sacando un papel de su bolsillo, mi tristeza se esfumó ante su comentario.
—¡Sí! Kristie Price ¿Tuviste noticias de ella?— le pregunté muy interesada.
—Ayer recibimos una llamada denunciando al motel Huckleberry, envié a una patrulla, todo estaba bien pero me llamó la atención ese nombre...
—¿Era ella? — pregunté agitada.
—No sé, el reporte sólo decía Kris Price, le saqué una fotografía— dice buscando su celular, casi se lo arranqué de las manos porque hasta que Charlie consiga mostrarme su galería de fotos iba a pasar buen rato, él demora en encontrar las aplicaciones. Pude ver que efectivamente el papel decía Kris Price ¡Debe ser ella! Tiene que serlo ¿Qué estará haciendo para que los vecinos se quejen? ¿Desde cuándo habrá regresado? Tengo que ir a verla, tengo que sacarle la verdad. Quiero saber si fue Tanya quien le pasó toda esa información que usó en nuestra contra. Pero Edward tiene tantos problemas ahora mismo. Le llamaré a Jake o a Leah para que me acompañen y si no pueden, al menos a uno de los Cullen, me da miedo ir sola hasta allá.
—Quizás sea ella— intenté que papá creyera que había perdido el interés.
—¿Quieres que le haga una visita?— preguntó.
—Si es posible, sí papá.
—Está bien, el viernes tengo que patrullar, me daré una vuelta— me sonrió.
—Gracias— respondí preocupada. De aquí al viernes son tres días, tal vez Kristie vuelva a escurrirse sin darme respuestas. Creo que esta vez seré yo misma quien vaya a satisfacer mis dudas.
Nuevo capítulo amigas, gracias por la espera y por la lluvia de ideas que me dieron muchas para continuar, estaba bloqueada en esta historia pero ya he retomado el hilo de los eventos que continúan. Pronto tendrán un nuevo capítulo.
Ah y bueno no me maten voy a subir un par más de fanfics que he estado avanzando en estos meses que no he publicado nada, ya están casi terminados y son cortos, así que espero que se den una vuelta por mi perfil.
Gracias por leer
PATITO
