Muchas gracias por leer la historia! Todo va tomando sentido de a poco, pero intento que sea interesante aunque sea lento el proceso. Las reviews me animan mucho a seguir, por más que mucha gente lea sin comentar, siempre es lindo saber qué les parece :) Saludos!


Capítulo 5. Delirio de una noche de invierno.

Los días se estaban volviendo cada vez más fríos en Storybrooke. Casi todas las noches nevaba, por lo que las mañanas eran muy frías. Claramente esto le había afectado a la sheriff del pueblo, pues hacía dos días que había cogido una gripe fatal. Se estaba viendo obligada a ir a trabajar una hora más tarde, le costaba mucho levantarse de la cama pero no quería que nadie la reemplazara en su labor.

Su madre le llevó un té a la cama, acarició su cabeza como si fuera una niña pequeña –Por qué no te quedas hoy en casa? Tu padre puede hacerse cargo-

La rubia se incorporó un poco para probar el té –Sólo es una gripe, no es para tanto. En cuanto me levante estaré como nueva- se dio cuenta que sentía mucho frío, tenía fiebre.

Mary Margaret puso su mano sobre la frente de Emma –Estás ardiendo! Quizás Whale pueda venir a verte- la morena estaba muy preocupada.

Emma hizo todo un esfuerzo por sentarse en la cama, con sus pies tocando el suelo –Estoy bien, ya ves? Si me siento mal en la tarde iré con Whale- no pudo evitar estornudar en ese momento, cogió un pañuelo de arriba de su mesa de luz y luego terminó el té. Se levantó y caminó directo a su pila de ropa para buscar que ponerse.

-Por favor abrígate mucho Emma- dijo su madre mirándola mientras buscaba una bufanda para que se pusiera.

-Lo haré, descuida, no tengo 10 años- la rubia sabía que su madre no podía recuperar el tiempo perdido, y no le gustaba que la tratara como una niña cuando ya era toda una mujer.

Las palabras de Emma lastimaban a Mary Margaret. Era consciente de que se había perdido gran parte de la vida de su hija, pero también estaba segura que le había dado su mejor oportunidad, porque sabía que volverían a reunirse. Aun así, le hubiera encantado estar al lado de su hija en su infancia, adolescencia, y en todo momento. La morena de pelo corto cogió la taza de té para volver a la sala –Si necesitas algo sólo tienes que llamarme-

-Está bien, gracias- la rubia terminó de cambiarse, se había puesto muchísima ropa. Un recordatorio sonó en su celular, esa noche tenía la cena en casa de Regina. No sabía si podría ir, aunque eso significaría una gran desilusión para Henry. Se propuso pasar el día dentro de su oficina y salir solo en casos extremos. Se tomó una pastilla y luego partió hacia su trabajo.


Regina estaba hecha un manojo de nervios. Quería que estuviera todo perfecto, cortó una rosas rojas de su jardín, y las puso en la mesa para adornarla. No la convencía ninguno de sus vestidos, quería que esta vez Emma la mirara, más que como la otra madre de su hijo, sino como una mujer. Esto no quería decir que no se pasaba el tiempo sintiendo culpa por los sentimientos hacia la sheriff, o pensando en desistir de todos estos arreglos porque quizás la rubia no sentía nada por ella, incluso tal vez nunca se le habría pasado por la cabeza mirarla de otra manera. Daba vueltas por su cuarto, varios vestidos estaban sobre la cama en perfecto orden, pero no quería ninguno de estos. Estaba dispuesta a usar aquel vestido rojo de tirantes, ubicado en su armario desde el día que se inició la maldición. Nunca se lo había puesto, porque creía que nunca se había presentado la ocasión. Se amoldaba a la perfección en su cuerpo, también se puso unos zapatos negros de taco alto con medias del mismo color. Quizás era demasiado, pero no le importaba, necesitaba saber si aquella mujer podía mirarla de manera especial.

Esta vez no cocinaría lasaña, a pesar de que era su mejor receta, y que estaba segura que nadie podía prepararla mejor que ella, también tenía otras especialidades, como el pollo al horno con papas. Mientras hurgaba en sus cajones buscando servilletas, encontró unas velas. Las colocó en la mesa. Miraba todo varias veces, no quería que se le pasara ningún detalle, aunque de cualquier manera Emma no era una persona detallista, podía invitarla a comer hamburguesas que ella estaría encantada con cualquier comida.


Emma se sentía realmente mal, parecía que el día no pasaba más, y aún faltaba la cena en casa de Regina. No le disgustaba tener que ir, pero preferiría sentirse mejor.

Henry se apareció después de la escuela por la comisaría –hola Emma! Qué tal el día?- se dio cuenta de la cara que traía –no tienes muy buen aspecto-

La rubia estaba con los codos apoyados en la mesa y masajeando sus sienes –no me encuentro muy bien, no sé si voy a estar en condiciones de ir a la cena Henry…-

-Pero tenemos que ir, mi madre nos espera, seguro ya preparó todo!- el pequeño estaba usando ese tono de súplica que Emma ya había escuchado innumerables veces y estaría dispuesta a no ceder ante sus súplicas, pero a ella le apetecía tanto o más que a él ir a la casa de Regina.

La sheriff suspiró –quizás pueda tomar un remedio más fuerte, mientras no tenga fiebre creo que podría aguantar la cena-

-Sí! Genial!- el pequeño no se preocupó en esconder su entusiasmo –podríamos llevar el monopoly y jugar los 3, te parece?- dijo con emoción.

Emma se encogió de hombros –sí, claro, aunque seguro se aprovechan de mi mal estado para ganarme –sonrió un poco y se levantó –anda, vamos a casa a prepararnos. No debemos hacer esperar a la alcaldesa- dijo estas últimas palabras en un tono irónica pero notablemente como una broma.


Regina, su flamante vestido rojo y un rico pollo esperaban a la sheriff y a Henry. Cuando el timbre sonó prácticamente corrió a abrir la puerta y les abrió con una sonrisa –hola- el pequeño se lanzó a abrazarla rápidamente y ella besó su mejilla.

-Emma está enferma, pero no queríamos perdernos la cena- Henry era un niño muy listo y sabía que ese comentario agradaría a su madre y haría que la velada empezara con buen pie.

Cuando la morena escuchó las palabras de su hijo levantó la mirada y miró a la rubia, se notaba que tenía mala cara y aun así había hecho el esfuerzo de venir, Regina no pudo ocultar la sonrisa –Bueno, podríamos haber cenado Henry y yo solos pero aprecio que no hayas cancelado sin más-

La mujer cálida y amable de la otra noche parecía haber vuelto y eso alegró a Emma –no hay problema, me he tomado un remedio que podría curar a un elefante- No puedo evitar mirar a Regina con ese vestido rojo, estaba más hermosa que nunca y sus curvas se marcaban. ¿Por qué la encontraba tan endiabladamente sexy? Pensó que no tenía que significar nada especial, al fin y al cabo una mujer también puede opinar si otra mujer está linda o no. Pasaron los tres dentro y fueron directos a la sala. El rico olor del pollo inundaba toda la habitación –algo me dice que la lasaña no es lo único que sabes cocinar bien-

Henry se sentó a la mesa con una sonrisa, sus madres estaban siendo muy cordiales y Emma ya estaba alabando la comida de la alcaldesa –bueno, cuando lo pruebes podrás decirme si de verdad está bueno- Regina sirvió los 3 platos y se sentó frente a la rubia.

Emma probó el pollo –mmm creo que esto me va a sentar mejor que las medicinas que tomé- se fijó en que Regina sonreía ante sus piropos.

-He traído el monopoly- dijo Henry con la boca llena –luego pienso ganarle a las dos-

-No hables con la boca llena- dijo Regina mientras elegantemente pinchaba un trozo de pollo y se lo comía –y sabes perfectamente que a ese juego no hay quien me gane-

Emma se rio un poco –se nota que nunca has jugado contra mí-

Ante esas palabras la morena levantó una ceja mirando a la sheriff –me estás retando?-

-Sólo digo que ya veremos quién gana- dijo Emma hablando también con la boca llena.

Regina rodó los ojos y siguieron comiendo tranquilamente. Cuando terminaron, mientras Regina recogía los platos, Emma y Henry preparaban el juego. La rubia no se sentía muy bien, notaba calor por las mejillas como si le estuviera subiendo la fiebre, había intentado ayudar a la alcaldesa recogiendo la mesa, pero la morena notó su estado y la "obligó" a quedarse con Henry.

Cuando Regina volvió el juego ya estaba preparado, se habían puesto en el sofá grande los dos y Regina acercó el sillón para estar frente a ellos. El tablero, sobre la mesa, estaba en medio y Henry parecía muy entusiasmado por todo esto –me gusta que juguemos juntos-

Ante estas palabras ambas mujeres se miraron, estaba claro que a su hijo le hacía muy feliz que se llevaran bien y que compartieran cosas con él –preparada para perder Miss Swan?- usó el antiguo apelativo de la rubia a propósito.

-No pienses que por estar enferma vas a tener alguna oportunidad- tiró los dados y empezaron la partida. Conforme iba pasando el tiempo Emma se iba sintiendo peor, intentaba jugar sin que se le notara, no quería fastidiar el momento, lo estaban pasando muy bien. Sin olvidar que la rubia era tan competitiva como la propia Regina –SIII!- exclamó levantándose del sillón –GANÉ!- hizo un bailecito ante la mirada atenta de los dos perdedores.

La morena negaba con la cabeza aguantando la risa, aunque le molestaba haber perdido –ha sido pura suerte- de repente Emma se sentó de golpe en el sillón y echó la cabeza hacia atrás –Emma…- Regina se incorporó acercándose a ella –estás bien?- la rubia estaba blanca, llevó una mano a su frente –estás ardiendo!- Henry las miraba preocupado.

-Es… estoy bien es sólo el bajón después de tanta emoción de ser la ganadora- intentó sonreir un poco. Se estaba haciendo la fuerte pero se encontraba realmente mal-

La morena la miró, no tenía buen aspecto y encima estaba lloviendo bastante fuerte –no vas a poder ir así a casa, lo mejor será que descanses aquí y mañana estarás mucho mejor- miró a Henry –te parece bien?-

El niño asintió sorprendido, su madre no era particularmente hospitalaria, y que lo fuera con Emma era bastante increíble. La rubia intentó levantarse –no digas tonterías, estoy bien- con el movimiento le dio un mareo y tuvo que volver a sentarse.

Regina suspiró y pensó en usar su magia, pero sabía que eso no le gustaría a la sheriff, y tampoco es que fuera a morirse, sólo era una gripe –Henry, puedes llevarla al cuarto mientras busco algo para darle?-

-Sí, vale, vamos Emma- la tomó de la mano, la rubia se apoyó un poco en él para poder caminar.

La alcaldesa miró en su armario de medicinas y encontró algo que la ayudaría a dormir, también mojó un paño con agua y subió al cuarto de invitados, pero no los encontró ahí –Henry?- salió por el pasillo.

-Chsss- dijo el niño llevándose un dedo a los labios –está quedándose dormida-

-Pero dónde la llevaste?- preguntó imaginándoselo.

-A tu cuarto, dónde sino?- contestó el niño inocentemente.

-Sabes que tenemos cuarto de invitados!- dijo Regina sin poder creerlo.

Henry se encogió de hombros –en 10 años nunca tuvimos visitas, pensé que no estaría preparado, o que estaría sucio-

La morena negó con la cabeza –anda… ve a tu cuarto a dormir, ya me encargo yo- se agachó para besar su mejilla –me alegra tenerte aquí durmiendo, aunque sea en estas circunstancias-

Su hijo sonrió –a mí también- se dieron las buenas noches con un abrazo y Regina caminó hacia su cuarto, tomó aire antes de abrir la puerta y entrar. Vio a la rubia tumbada, ocupando prácticamente toda la cama, rodó sus ojos y cerró detrás de ella. Caminó hacia Emma y se sentó en el borde –Emma… despierta, te tengo que llevar a otro cuarto- dijo suavemente pero la sheriff no reaccionaba. La morena llevó la mano a su frente y seguía ardiendo, usó el paño mojado y lo colocó ahí.

El contacto con el paño frío hizo que Emma se despejara un poco y entreabrió los ojos –qué pasa?-

Regina aprovechó ese momento de lucidez para hacer que se incorporara un poquito –toma esto- le dio la pastilla con un vaso de agua y la rubia se la llevó a la boca –te vas a sentir mejor- Emma volvió a apoyar la espalda en el colchón –no! Tienes que levantarte- intentó moverla, pero no había manera. Se quedó mirándola resignada, parecía que iba a tener que dormir ahí, se fijó en que llevaba puesta una chaqueta y que se veía incómoda con ella. Con algo de esfuerzo logró quitársela.

-Intentas desnudarme?- dijo Emma, parecía que hablaba en sueños porque tenía los ojos cerrados y hablaba con dificultad-

Regina hizo rodar sus ojos de nuevo y se metió al baño para ponerse un camisón, se lavó los dientes y volvió con la rubia –a lo mejor te haces la enferma sólo para compartir cama conmigo- dijo mientras acomodaba una manta encima de Emma. Luego caminó hacia su lado de la cama, no tenía mucho espacio ya que la rubia estaba bastante extendida, pero se hizo un huequito y se metió debajo de la manta.

-Admite que un poquito bien te caigo, aunque sea más que mi madre- pronunció la rubia.

La alcaldesa se puso de costado mirándola, todavía no podía creer que estuviera compartiendo cama con ella, ¿cómo habían llegado a esta situación? O mejor dicho ¿cómo había permitido que esto pasase? –Quizás… pero no te emociones mucho, tampoco hay que hacer mucho para que alguien me caiga mejor que tu madre-

-Yo creo que nunca se han entendido bien- cuando hablaba a Regina le recordaba a la sensación de alguien borracho –le dije que si supiera tu historia completa capaz comprendería-

La morena la miró sorprendida, había estado hablando de ella con Mary Margaret y encima cosas a su favor –a qué te refieres con mi historia completa?- parecía que el hecho de que la rubia estuviera delirando le iba a ayudar a sacarle información.

-Está claro que no naciste mala, te pasaron cosas malas que te hicieron cambiar- seguía con los ojos cerrados y hablaba muy lento, pero Regina la escuchaba con paciencia quedándose sorprendida con cada afirmación –debió ser duro ver a tu prometido morir a manos de tu propia madre-

El corazón de Regina dio un vuelco cuando escuchó a Emma hablar de Daniel –bueno, si tu madre hubiera mantenido esa boca cerrada todo hubiera sido distinto- se puso boca arriba mirando al techo mientras rememoró los acontecimientos de aquel día.

-Qué pasó luego? No me creo que ese sea el único motivo de tus actos- la rubia se estaba pasando con sus preguntas y Regina no estaba contenta con tanto cuestionario.

-Voy a terminar llevándote con Whale para que te cuide él y dejes de molestar con tanto interrogatorio- que Emma se hubiera cuestionado cosas sobre ella y que pensara así le afectaba bastante. ¿Significaría algo? Quizás le daba miedo que la rubia supiera toda la verdad y este buen trato se terminara.

-Noo… prefiero que me cuides tú- Emma se puso de costado quedando cerca de Regina. La morena giró su rostro mirándola y no pudo evitar sonreír.

-Anda… duérmete, necesitas descansar, además seguro mañana no recuerdas tus delirios y no te va a servir de nada todo esto- alargó la mano apagando la luz

-Buenas noches Regina- dijo Emma con la voz casi apagada, estaba claro que iba a caer en un sueño bien profundo.

La alcaldesa la miró, estudiando su rostro tranquilo –buenas noches Emma- dijo flojito antes de cerrar los ojos también. Una hora después, seguía sin poder dormirse. La rubia dormía profundamente, por lo que no pudo resistirse a ponerse de costado quedando cerca de su rostro. La mano de Emma se posaba sobre la almohada, Regina la observaba con detalle, estaba oscuro pero la luz de la luna que se asomaba por la ventana era suficiente para que pudiera contemplar su rostro. Esta situación era similar a la de sus sueños, el simple hecho de que Emma estuviera en su cama la estremecía. Estiró un poco su mano y acarició suavemente la se la sheriff. Sonrió un poco dejando su mano en esa posición y unos minutos después, finalmente pudo conciliar el sueño.