Os dejo nuevo capi, de nuevo gracias por los reviews, creo que vais a estar deseando que llegue el capi 7, así que dejad comentarios así quizás lo suba antes :P


Capítulo 6. Rencores del pasado.

Los primeros destellos de sol comenzaban a asomarse por la ventana de la alcaldesa. Ambas mujeres dormían muy profundo aun con sus manos juntas sobre la almohada.

El reloj biológico de Emma se estaba activando, pues ya se había acostumbrado a madrugar cada día para trabajar. Cuando los rayos de sol dieron en su cara, emitió sus típicos bufidos de no querer levantase, estaba extremadamente cómoda. Abrió sus ojos y lo primero que vio fue el rostro de Regina casi pegado al suyo. La morena descansaba en un pequeño espacio de la cama, y fue entonces cuando Emma se dio cuenta que ella se estaba ocupando todo el resto. Vio sus manos juntas, la alcaldesa tenía que haberlo hecho, su mano estaba sobre la de la sheriff, quizás fue sin querer, pensó. La situación no tenía mucha lógica. Ella no recordaba porqué estaba en esa cama, y mucho menos como habían terminado durmiendo de esa manera, juntas.

Quitó su mano con cuidado de no despertar a Regina, a pesar de que dormía en una delgada porción de la cama, se la veía muy a gusto. Se levantó con cuidado, observando todo alrededor. Su chaqueta roja estaba perfectamente acomodada sobre una silla muy lujosa que la alcaldesa tenía en su cuarto, y sus botas estaban en el suelo justo al lado de la gran cama. Intentaba armar el rompecabezas que le explicaría lo que había sucedido la noche anterior, pero sólo le venía a la mente la voz de la morena, pero en un tono poco habitual, delicado, sensual y por sobre todo amable. Caminó por el pasillo de la espectacular mansión hasta llegar al cuarto de Henry. El niño también dormía sin inmutarse, era sábado, tenía permitido descansar hasta la hora que quisiera. No podía despertarlo, miró la hora en su reloj, eran las 6:30, tampoco podía despertar a Regina, aunque tampoco podía irse sin más y dejar al niño ahí. Rodó sus ojos y volvió al cuarto. Aun le dolía un poco la cabeza y estaba congestionada, pero se sentía bastante mejor, comparado con ayer por lo menos. Se recostó en la cama con cuidado, pero algo separada de Regina. Miraba al techo inquieta.

A la rubia le daba curiosidad la morena, no sabía bien porqué pero tenía la necesidad de acercarse a ella. Se movió un poco en la cama, para quedar cerca de su cara. Vinieron a su cabeza las innumerables peleas que habían tenido, incluso aquella vez que se habían golpeado, y también el momento seguido a cada episodio en que ella la salvaba, que Regina parecía hasta ofendida, como arrepintiéndose de haberle pedido ayuda. A pesar de todo eso, había algo diferente en su rostro, le transmitía paz, no ira o enojo como lo hacía habitualmente. Se acercó aún más, se dio cuenta que tampoco tenía maquillaje, y en ese momento una pregunta vino a su cabeza ¿de esta forma habría sido aquella Regina que salvó a su madre? Quizás nunca lo sabría, pero le gustaba creer que sí.

La alcaldesa acostumbraba a despertar cada mañana escasos minutos antes de las 7. Un momento antes abrir sus ojos, se deleitaba con el alegre sueño que estaba teniendo, sonriendo un poco sin darse cuenta.

Emma sonrió también al verla, y en vez de alejarse de ella porque podría despertar, se mantuvo muy cerca disfrutando de esa inocente sonrisa que provenía de los sueños de la morena.

Luego de la última sonrisa, la morena abrió sus ojos lentamente. Parecía que su sueño estaba continuando al ver a Emma sonriéndole también.

Enseguida la rubia sintió vergüenza ante esta situación ¿qué demonios estaba haciendo? Pegada a Regina, la Bruja Malvada, la causante de la infelicidad de su madre por 28 años. Instantáneamente se alejó –Buenos días Regina…-

Al observar la reacción de la rubia, Regina se dio cuenta de que esto no era un sueño, por lo que su rostro se puso serio –Espero que hayas podido descansar, porque te ocupaste todo el espacio-

La rubia rodó sus ojos, no recordaba prácticamente nada de la noche anterior, solo escasas frases o palabras, pero ni siquiera estaba segura de que eran ciertas –Lo siento, no era mi intención hacerlo- arqueó una ceja e hizo una mueca con su boca en señal de confusión –Por qué dormí aquí y no en mi casa? O bueno, en otro cuarto…-

La alcaldesa la miró incorporándose un poco en su cama –Pues porque volabas de fiebre, y aunque no lo creas no soy tan mala persona para dejarte manejar así o en su defecto que caminaras bajo la lluvia-

-Ah…- Emma seguía confusa, esa respuesta no aclaraba todas sus dudas –Y por qué estoy en tu cama? Debes tener cientos de cuartos aquí-

Regina la miró fijo y bajó un poco la mirada resoplando, quería esquivar esa respuesta pero claramente no podría –Bueno, porque Henry te trajo a mi cuarto. No sé qué pasó por su cabeza. Y luego tú no te querías levantar-

¿Henry la había acostado ahí? ¿Tenía coherencia lo que la otra mujer decía? –Lo siento si te he despertado, es que no podía irme sin Henry- la rubia volvió a sentarse en la cama para calzarse sus botas.

Por su parte, Regina se levantó de la cama, abrió su armario y sacó ropa para ponerse. Antes de entrar al baño, se frenó y miró a Emma a los ojos –Recuerdas algo de lo que hablamos en la noche?- Realmente, no sabía si quería que la rubia lo recordara. No le había dado mucha información acerca de su pasado, pero le dicho un detalle muy importante, que por culpa de su madre, Cora había matado a su prometido.

La sheriff se puso su chaqueta roja y miró a la mujer –Bueno… no lo sé, no tiene mucho sentido lo que recuerdo- vino a su cabeza el momento en que le dijo que quería que ella la cuidara. Sus mejillas se pusieron muy coloradas.

La morena notó como el rostro de Emma se teñía de colorado, pero no quería indagar más en ese cuestión -Bueno, no tiene importancia. Puedes usar el baño que está en el pasillo si lo necesitas –

Emma asintió y fue al baño para asearse un poco, luego volvió a la habitación, Regina ya estaba vestida, tan impecable como siempre –tengo que ir a trabajar, pero es muy pronto para despertar a Henry-

-No te preocupes, puede quedarse aquí el tiempo que sea necesario, tú estás en condiciones de trabajar?- preguntó mientras se ponía los pendientes.

La sheriff asintió con la cabeza –sí, me encuentro mucho mejor. Vendré a recogerlo sobre la hora de comer- cogió sus cosas y se quedó mirando a la morena, todo estaba resultando algo incómodo –gracias por dejarme dormir aquí-

-Me vi en la obligación de hacerlo- Emma rodó los ojos, Regina no era capaz ni de aceptar un agradecimiento, pero la estaba empezando a conocer mejor últimamente, y en su rostro pudo ver que apreciaba sus palabras.

Caminaron escaleras abajo y la alcaldesa la acompañó hasta la puerta. Se despidieron y Emma condujo hacia la estación del sheriff.


Mary Margaret caminaba histérica de un lado a otro en su departamento. Hasta esa mañana no se había dado cuenta de que ni Emma ni Henry habían pasado la noche en la casa. El teléfono de su hija no daba señal y aunque sabía que cenarían en casa de Regina no se animaba a llamar a la alcaldesa.

-Relájate, seguro con la lluvia decidieron quedarse a dormir allí, hay muchas habitaciones en esa casa, es lo más coherente- David intentaba tranquilizarla mientras le ofrecía una taza de café.

-No sé cómo puedes estar tan tranquilo, al menos podrían haber avisado, además, la casa no está tan lejos, hubiera preferido que vinieran aún con la lluvia. Pero quedarse a dormir con ella…- la morena bebió un sorbo de café y dejó el resto sobre la mesada –voy a ir a la oficina de Emma, a esta hora debería estar ahí y espero que Henry esté con ella- tomó su bolso y caminó rápido hacia la puerta antes de que a su marido le diera tiempo de decir algo más.


Emma llegó al trabajo con bastante dolor de cabeza, abrió su cajón y tomó una pastilla, los síntomas de la gripe estaban desapareciendo pero aún sentía bastante malestar. Se sentó en la silla frente al escritorio y apoyó la cabeza en sus manos intentando despejarse antes de empezar con el papeleo del día.

-Espero que tengas una buena excusa para esto!- la voz gritona de Mary Margaret la sobresaltó haciendo que levantara la cabeza asustada.

-Eh… buenos días, qué pasa?- Emma estaba confundida, la morena estaba frente a ella mirándola muy seria y con los brazos cruzados.

-Cómo que qué pasa?- su voz se había vuelto dos tonos más aguda –no pasan la noche en casa ninguno de los dos y ni tan siquiera una llamada para avisar y… ¿dónde está Henry?

-Está bien, está durmiendo en casa de Regina, pasamos allí la noche, estaba lloviendo y yo estaba enferma, no es para tanto!- a la rubia le empezaba a molestar la actitud de Mary Margaret, vale que quisiera recuperar el tiempo perdido y que para ella era como una niña pequeña, pero pensaba que se estaba pasando más de lo que debía.

-Sí que lo es Emma! Estás cogiendo demasiada confianza con ella, cómo sabes que ahora mismo no se está llevando a Henry a cualquier lugar o peor, embrujándolo!- estaba alzando mucho la voz y eso irritaba a la sheriff.

-No se lo está llevando ni está haciéndole nada! Deja de ponerla como la bruja del cuento, es sólo una mujer intentando vivir su vida con Henry- Emma se estaba alterando también y hasta ella se sorprendía de estar defendiendo tanto a la alcaldesa.

-Ella nos odia! Nos ha estado intentando hacer daño desde siempre!- Mary Margaret sentía impotencia por no poder hacerle ver a su hija la situación.

-Algo tuviste que hacer para que sea así y te odie tanto como dices, no me creo que se le haya antojado de la noche a la mañana!- dijo eso y notó el cambio en el rostro de su madre. Ya no parecía furiosa, parecía que estaba a punto de llorar. Emma se quedó callada mirándola, esperando su reacción.

-Yo sólo era una niña, no sabía las consecuencias que iba a tener- dijo al borde de las lágrimas.

La rubia abrió un poco la boca, sorprendida y sin saber bien a lo que se refería –qué quieres decir?-

-Yo… tuve algo que ver con la muerte de Daniel, ella me confesó que se iban a casar y… su madre fue amable conmigo, se lo confesé y ella… ella lo mató, porque yo traicioné la confianza de Regina- las lágrimas recorrían sus mejillas mientras hablaba. Hacía mucho tiempo que no hablaba de esa historia y ahora estaba ahí, frente a su hija, contándole algo que la perseguía desde siempre.

Emma no daba crédito a lo que escuchaba, esto era una pieza clave en el rompecabezas que se había convertido la historia de Regina, el odio hacia su madre, hacia toda su familia, de ahí venía –por qué no me lo habías contado?- dijo con un tono de voz mucho más bajo-

-Es algo de lo que no me enorgullezco- Mary Margaret agachó la cabeza, ambas se habían pasado de la raya, nunca se habían gritado así –será mejor que vaya a casa y que hablemos después tranquilamente…-

La sheriff asintió y su madre salió de allí luego de despedirse. Emma suspiró tapando su rostro con ambas manos, tenía que asimilar tanta información: Regina salvó a su madre, estaba a punto de casarse con el amor de su vida, era una joven buena, pero la pequeña Snow la traicionó de alguna manera haciendo que Daniel muriera. Intentó pensar en ese momento, en cómo la vida de la alcaldesa se tuvo que derrumbar de la noche a la mañana al ver a su propia madre asesinando a la persona que amaba. Sintió pena por ella, y por un momento comprendió el odio que sentía hacia Mary Margaret. No justificaba el daño que la morena había causado a lo largo de su vida, pero sí podía entenderla.

Pasaron unas cuantas horas, ya estaba llegando la hora de volver a casa, pero no había trabajado apenas, su mente estaba demasiado ocupada pensando en otras cosas. Los últimos días le habían hecho ver a una Regina distinta de la que conocía, había tenido momentos con ella que le daban escalofríos de sólo pensarlo, no recordaba siquiera la última vez que se sintió así con alguien. Además, se había interesado por su pasado, por preguntar más allá de la información que tenía e incluso había discutido con su madre por defenderla. Recordó lo que había pasado esa mañana, cómo se había despertado al lado de la morena y cómo había disfrutado del momento… No podía negarlo más, en su interior estaban aflorando sentimientos hacia la alcaldesa.

Se levantó, recogió sus cosas y se fue, había decidido que haría una parada antes de volver a casa.


Regina estaba sentada en su sillón, con una copa en la mano, ensimismada en sus pensamientos. Un golpe en la puerta la hizo volver a la realidad, dejó la copa en la mesita y se levantó para ir a abrir. Al otro lado se encontró a la rubia que la miraba con una media sonrisa.

-Si vienes a por Henry que sepas que tu querido padre se lo llevó hace unas horas, habían quedado en ir a los establos- si el niño no hubiera estado tan emocionado por ir a montar a caballo Regina hubiera intentado retenerlo, al menos hasta la hora de la cena.

Emma negó con la cabeza –ya me avisaron de que no estaría aquí, no vengo por eso- la sheriff estaba nerviosa y la morena lo notó.

-Pasa algo? Por qué vienes entonces?- Regina la miró esperando algo.

-Bueno, me preguntaba si querías que nos viéramos más tarde en la noche, podríamos dar una vuelta, a esas horas no hay nadie en la calle y se está muy tranquilo –lo soltó todo de golpe, como si al hacerlo así fuera menos vergonzoso.

La morena la miró fijo, estudiando su rostro, sin comprender mucho –te parece buena hora para que Henry esté por ahí?-

Emma sonrió un poco ante la aparente inocencia de Regina –no, me refiero a ti y a mí-

-Oh- dijo Regina abriendo un poco la boca, no podía creer que la rubia le estuviera pidiendo salir de noche juntas y a solas. Quizás ella lo estuviera malinterpretando, o dándole más importancia de la que tenía, quizás la sheriff sólo quería hablar de algo sobre Henry a solas. Pero aun así, sintió un cosquilleo y tuvo que costarle mucho disimular para no sonreír como una idiota –bueno, algunas noches no puedo dormir y me gusta pasear, así que si hoy no tengo nada que hacer a lo mejor estoy en uno de los bancos frente al puerto-

Emma volvió a sonreír, Regina no era capaz de decir un simple "sí" pero sabía que la propuesta le había gustado –bueno, quizás, nos vemos por ahí, digo, si no tienes nada que hacer, claro- dijo en un tono un poco irónico.

-Sí, ya veremos… Bueno, tengo la cena en el horno, ya nos vemos Emma- dijo poniendo la mano en la puerta dispuesta a despedirse.

-Hasta luego Regina- Emma se giró y comenzó a caminar hacia su coche ante la atenta mirada de la alcaldesa que todavía no podía salir de su asombro. Sonrió para sí misma pensando que acababa de pedirle una cita a una mujer.