De nuevo gracias por los comentarios, esta vez han habido más y estoy muy contenta, el capítulo 8 ya está en proceso, pero de momento disfrutad de este ;)


Capítulo 7. Ni contigo ni sin ti

Eran casi las 10 de la noche. La alcaldesa no había podido resistirse a la "cita" que le había propuesto la rubia, así que concurrió al lugar a pie y se sentó en uno de los bancos del muelle. Era una noche muy fría, con niebla incluida, pero se prestaba a ser un lugar romántico. La morena miraba su reloj repetidas veces. ¿Emma la habría dejado plantada? Sería una gran desilusión si eso pasara, pero no, el destino esta vez estaría de su lado.

La sheriff luego de una cena silenciosa con sus padres e hijo, metió la excusa de que había recibido un llamado de unos vecinos diciendo que Leroy estaba ebrio y causando problemas como de costumbre. Lo que menos imaginarían es que la rubia estaba mintiendo para poder ir a ver a Regina. No quería llegar tarde, la alcaldesa era extremadamente puntual y no le gustaba esperar, aunque tampoco estaba segura de que se presentaría. Se abrigó mucho y se puso uno de sus gorros de lana en la cabeza. Luego se subió a su auto y condujo hasta el muelle. Por la neblina no podía ver con claridad, pero pudo distinguir la flamante silueta de Regina, que hacía rebotar el taco de sus zapatos contra las maderas del suelo -Viniste... -una sonrisa se dibujó en la cara de la rubia, nunca se había sentido tan ansiosa por verla.

- Pensé que me dejarías plantada o quizás te habías olvidado. No me sorprendería- Regina se giró un poco mirándola a los ojos con sus manos en los bolsillos. La noche no podía ser más fría.

Emma se sentó a su lado escondiendo sus manos entre sus piernas -Ambas pensamos que seríamos plantadas. Por qué será? Alguna especie de complejo amoroso? -la sheriff sonrió un poco. Estaba acostumbrada a que le fuera mal en sus citas y más de una vez la habían dejado esperando sola en un restaurante o hasta en su propia casa.

- Quizás... no estoy acostumbrada a tener citas y menos de este tipo- dijo la morena mirando al frente arqueando sus cejas.

Emma la miró de costado sin entender -A qué te refieres con "de este tipo"?-

Regina volvió a mirarla y suspiro -me refiero a citas con mujeres- Más clara no podría haber sido. Por más que Emma le gustara, la situación no dejaba de ser extraña.

- Ah! Eso... bueno, yo no estoy acostumbrada tampoco pero se podría decir que no me desagrada en este caso- sonrió un poco, aunque le daba vergüenza, estaba coqueteando con la alcaldesa.

La morena se sorprendió. Era lo que estaba deseando hace tiempo, que la rubia se fijara en ella de este modo, aunque no quería que lo supiera tan rápido -A mí tampoco, podría ser peor- dijo despectivamente como si estuviera ahí porque otra no le quedaba.

Emma rodó sus ojos. No sabía si a la morena le gustaba pero por algo estaba ahí. A la vieja Regina le hubiera encantado dejar a Emma esperando sola en ese lugar para que cogiera otra gripe -Gracias por la parte que me toca, igual ya estoy aprendiendo a descifrar tu lenguaje –hizo un pausa ante la desafiante mirada de la morena- Ya sabes! Hacerte la dura y siempre querer hacerme sentir mal. Digamos que ya no te está funcionando como antes porque sé que algo te pasa conmigo-

La morena se giró violentamente para mirarla a los ojos. Hasta le dio un poco de miedo a la rubia -Tu no me conoces en absoluto Emma Swan, y si creíste que estaba aquí porque me gustabas es totalmente un error- No podía decirle "me gustas" "sueño contigo cada noche". Esa no era ella. Había sido de esa forma solo una vez en su vida y con una sola persona, Daniel. No creía que Emma estuviera a ese nivel todavía.

La sheriff comenzaba a enfurecerse pero no podía negar que este jueguito un poco le gustaba. Si la alcaldesa cambiara de un momento a otro no tendría emoción todo esto. Prácticamente no había escuchado sus últimas palabras, desde hace un momento estaba pensando en qué ocasión podría besarla porque se moría por hacerlo.

- Además que hayas dormido en mi cama no quiere decir nada! Y fue una estúpida idea esta cita- la alcaldesa no paraba de hablar, justo estaba levantándose para irse cuando...

Emma la tomó del brazo evitando que se pare del banco e hizo que la mire fijo a los ojos -Ya cállate- se acercó a ella y sin titubear la besó con muchas ganas. Los labios de la alcaldesa eran una delicia, estaban húmedos y hasta podía oler su perfume al tenerla tan cerca. Posó una mano sobre su pierna para poder inclinarse encima de ella.

La morena correspondió ese beso tan ansiado. Sus labios luchaban con los de Emma, y sentía como sus piernas temblaban. Era mucho mejor e intenso de lo que esperaba. Le recordaba a los besos de Daniel, sólo que en aquel entonces ellos eran más inocentes, pero con Emma había más pasión. Un momento después se separó brusco de la rubia. Se había arrepentido. Nunca funcionaría en ningún aspecto esta relación o lo que sea que fuera -Que demonios está haciendo Miss Swan?-

Emma se separó y la miro con enfado y decepción. Sus labios estaban colorados e hinchados. No era posible que no le hubiera gustado su beso. Ella sentía como si la sangre hubiera vuelto a fluir por sus venas. Desde Neal nadie la había hecho sentir así con un simple beso –obviamente estoy haciendo la idiota- dijo sintiéndose dolida, Regina ni tan siquiera era capaz de aceptar que deseaba ese beso tanto como ella. Se levantó enojada –adiós señora alcaldesa, espero que no se refríe, aunque lo veo difícil, está hecha de hielo puro- comenzó a caminar ligera hasta su coche y se fue sin mirar atrás.

Regina se quedó sentada en el banco, cuando escuchó el coche de la rubia marcharse suspiró y tapó su rostro con ambas manos. Lo había estropeado, una vez más había tirado a la basura la posibilidad de saborear un poquito de felicidad. Le gustaba a la rubia, la había hecho temblar con tan solo un beso y Dios… qué beso! Quiso tomar su auto e ir hacia su casa, decirle que lo sentía y volver a saborear sus labios, pero no podía hacerlo, no importaban sus sentimientos, lo suyo era totalmente imposible.

El frío cada vez era menos soportable, así que tuvo que levantarse y volver a casa. Esa noche no pudo dormir bien, no podía quitarse de la cabeza lo que acababa de pasar.


Habían pasado cinco días desde el beso, Emma había intentado continuar con su vida como si nada, trabajando como sheriff, llevando a su hijo a la escuela y pasando ratos familiares con Mary Margaret y David. Su madre no había vuelto a sacar el tema de Regina y ella tampoco, parecía que volvían a estar en calma.

Lo que no sabía ninguno de ellos es que la rubia había estado evitando a toda costa cualquier contacto con la alcaldesa. No iba al supermercado donde sabía que estaría, iba a Grannys a horas en las que no se la encontraría y si pasaba con el coche delante de su casa aceleraba por si acaso. Sin embargo, Emma temía que se acercara el viernes porque sabía que habían quedado en ir a cenar con Henry.

-Recuerda que hoy vamos a cenar con mi madre, le confirmaste que iríamos verdad?- El pequeño siempre había tenido una memoria envidiable y no dudó en recordárselo a la rubia.

-No voy a poder ir-dijo Emma disimuladamente mientras fingía que ordenaba los armarios de la cocina –tengo que hacer papeleo del trabajo, pero te llevaré para que cenes ahí y luego te recogeré-

Henry la miró con el entrecejo fruncido, le sorprendían las palabras de su madre –pero si me dijiste que últimamente el trabajo estaba muy tranquilo y que no tenías nada que hacer… además quiero que juguemos los tres juntos, lo pasamos muy bien-

La rubia suspiró, odiaba tener que decepcionar así a su hijo, sabía que disfrutaba mucho de las cenas con ambas, pero no pensaba ver a Regina, al menos no por el momento, le había dolido demasiado su actitud –lo siento chico, de verdad, además seguro que a tu madre le va a gustar pasar tiempo contigo a solas, ya quedaremos de nuevo otro día-

Henry la miró y luego agachó su cabeza con expresión triste –está bien…- caminó hasta su habitación esperando la hora de irse.


Regina corría por las calles oscuras de Storybrooke, miró hacia atrás viendo a sus perseguidores pisándoles los talones. Sus piernas no aguantarían mucho más, iban a alcanzarla en cualquier momento. De repente paró en seco, estaba en un callejón sin salida, no podía correr más… se dio la vuelta, Emma se paró frente a ella, seguida de sus padres y del pequeño Henry.

-Ríndete bruja, ya no tienes escapatoria- la rubia alargó su brazo apuntándola con la punta de la espada y haciendo que casi rozara el cuello de Regina.

-Mátala, es nuestra oportunidad, no tiene magia, el amor la ha hecho débil- Mary Margaret hablaba con odio desde detrás de su hija.

La alcaldesa, con la espalda pegada a la pared, respiraba entrecortadamente y muy agitada luego de haber estado corriendo –no me mates, por favor- dijo mirando fijo a Emma, intentando buscar en ella un atisbo de piedad, pero no la encontró. Miró a su hijo, que estaba junto a su madre –Henry, por favor, ayúdame-

El niño dio un paso hacia ella –tuviste tu oportunidad, ahora ya es tarde- dijo mirándola muy serio.

Las lágrimas recorrían el rostro de la morena, no podía hacer nada. Miró a la rubia una vez más pero ésta se disponía a coger impulso con la espada, Regina cerró los ojos esperando notar cómo atravesaba su cuello…

Regina se despertó sobresaltada en su cama, miró a todos lados asustada e intentó respirar tranquilamente para relajarse. Había pasado cinco días bastante mal, los buenos sueños con Emma se habían transformado en horribles pesadillas. Se sentía idiota y culpable por no haber correspondido a la rubia. Había salido de casa más de lo normal con el único propósito de encontrársela, necesitaba verla aunque fuera a lo lejos, pero ni una sola vez había coincidido con ella. Pensó que lo más seguro era que estuviera evitándola y eso le dolió aunque se lo mereciera.

Por suerte hoy era el día de la cena, iban a verse los tres, pensaba que si se hubiera cancelado la hubieran avisado, así que ese día estaba más animada de lo normal. Seguramente podrían arreglar las cosas, a lo mejor era capaz de abrirse más con Emma y dejar que algo pasara, pero por otro lado seguía pensando que era una locura, algo imposible… su cabeza era un lío y eso no le gustaba. Siempre había tenido muy claro lo que quería, hasta ahora.

A la hora indicada el timbre sonó y fue a abrir, había preparado macarrones con queso, el plato favorito de Emma. La había escuchado decirlo en una de las cenas y sabía que se daría cuenta de ese detalle. Pero detrás de la puerta se encontró sólo a una persona.

-Hola mamá, parece que hoy sólo vas a tener un rival- Henry la miraba desde abajo con una sonrisa y con la caja del monopoly en sus manos.

-Y Emma? No viene?- levantó la mirada buscándola y vio alejarse al pequeño escarabajo amarillo. Suspiró levemente.

-Tenía trabajo, pero no importa, ya vendrá otra vez- Regina lo miró y sonrió levemente, le encantaba eso de pasar tiempo a solas con Henry, pero le hubiera gustado ver a la rubia. Definitivamente la estaba evitando.

Entraron ambos y Henry se alegró al ver el plato que comerían, su madre no solía preparar esas cosas tan simples, pensó que seguramente lo había hecho para alegrarlos a ellos. Hablaron de la escuela y de cómo había ido la semana, pero llegó un momento en el que Regina se atrevió a preguntar por la rubia disimuladamente.

-Y Emma está bien? Ya se recuperó de la gripe?- bebió un poco de vino mientras miraba a su hijo.

Henry asintió mientras tragaba –sí, ya está bien, aunque la noto un poco rara… por cierto me dijo que te dijera que si quieres puedes ir un día a la semana a recogerme al colegio y que si tenías algo que comentarle me dieras a mí una nota para que se la dé-

Regina levantó las cejas incrédula, la rubia estaba usando a Henry como mensajero, no era capaz ni de hablar con ella cordialmente aunque fuera por su hijo.

-Vale… y por qué dices que la notas un poco rara?- carraspeó un poco mientras siguió comiendo aunque tuviera el estómago cerrado.

El pequeño se encogió de hombros –no sé, está como seria, distraída… va a Grannys a horas distintas- la morena escuchaba sus palabras atenta. Parecía que ella no era la única afectada estos días.

Henry notó que Emma no era la única que actuaba extraño, pero no hizo ningún comentario al respecto. Siguieron cenando y luego Regina sacó el postre, jugaron al monopoly hasta que se hizo tarde.

-Me tengo que ir ya, Emma me iba a esperar a esta hora fuera- el niño se levantó poniéndose su abrigo y la alcaldesa le dio sus cosas.

-La semana que viene iré a recogerte a la escuela, vale?- se agachó abrazándolo y dándole un beso, luego lo acompañó hasta la puerta y desde el rellano pudo ver a la rubia en el coche.

La sheriff la miró desde lo lejos, sintiendo que llevaban una eternidad sin verse y suspiró levemente, Henry abrió la puerta del auto haciendo que apartara la vista de la morena –hey chico-

El niño entró poniéndose el cinturón y miró por la ventana diciendo adiós a su madre con la mano. Emma se puso en marcha y la dejaron atrás –lo pasaste bien?- dijo bastante seria pero intentando disimular que le había afectado verla.

-Sí, mucho, comimos macarrones con queso, tu plato favorito y le gané al monopoly- dijo sonriendo triunfante.

La rubia se quedó sorprendida, Regina no parecía una mujer que cocinara el típico plato de macarrones y estaba segura de que sabía que era su comida preferida ¿lo había hecho por ella? El corazón le dio un vuelco al pensarlo. Al rato llegaron a casa pero le costó demasiado dormirse.


Al día siguiente Regina se despertó, hizo su rutina diaria que consistía en vestirse, desayunar y organizar un poco la casa. Sabía que con la magia podría olvidarse de muchas de sus tareas, pero llevaba tanto tiempo viviendo como una mujer normal que ya estaba acostumbrada. Además estar ocupada le ayudaba a no pensar en cosas que le hacían mal.

Pero ese día ni las tareas de casa ni nada de lo que hiciera podían quitarle de la cabeza a una persona: Emma Swan. Verla anoche, aunque fuera desde el porche había causado efecto en ella. Tuvo impulsos de correr hacia el auto y decirle que lo sentía, que odiaba ser así de cruel a veces, pero que no podía evitarlo y luego la hubiera tomado por la cintura para besar sus labios una vez más.

Estaba tan furiosa consigo misma que sin darse cuenta tiró una de las tazas del desayuno al suelo haciendo que se rompiera. Suspiró y se agachó para cogerla con tan mala suerte que se cortó un poco el dedo –Auch!- exclamó llevándoselo a la boca para calmar el dolor. Luego se dispuso a hacer un movimiento con la otra mano para curarse el pequeño corte, pero en vez de eso se quedó mirando la pequeña gota de sangre que salía. Algo le vino a la mente, caminó hacia la entrada, tomó su bolso y fue hacia su coche. Una vez dentro condujo hacia su destino: la oficina de la sheriff.