¿QUIÉN LLAMÓ A LA CIGÜEÑA?
CAPÍTULO 27
YO SIGO SIENDO EL MISMO
EDWARD POV
Los meses han pasado, atrás quedó la enorme sorpresa que me llevé al regresar a Forks y encontrar a Bella embarazada nada menos que de Jacob Black, el muy perro. Es su primer hijo, me sorprendió que no tengan una camada completa. Debo moderar mis pensamientos porque aunque no quiera aceptarlo, me llena de coraje verlos juntos. Sé que no está bien, que no me debe importar en lo absoluto pero el chucho pavonea su paternidad donde puede.
El destino o la casualidad me pusieron en el lugar indicado el día que Bella casi pierde a su bebé, luego de una fuerte caída. Me preocupé mucho por su estado, tanto que tuve pánico aquella noche, entre sueños, mientras hacía mi guardia escuché su voz. Fui a verla, varias veces, me senté un buen rato para contemplar su descanso sin que ella pueda mirarme. Apenas había cambiado, su cabello estaba más corto, lucía pálida y delgada, el pequeño bulto sobre su estómago crecía. Me di cuenta de que ya no había nada de qué hablar con ella. El tiempo ha pasado, llevando nuestros caminos por distintas rutas y es hora de sepultar cualquier rezago de dudas o recuerdos, vine aquí por ella pero ahora que sé que está bien, que pronto será madre, que tiene una familia, aunque no esté casada, debo dedicarme a mis labores en lugar de que mis pensamientos me traicionen.
Me dediqué con ahincó a mejorar la calidad de atención del hospital, solicité unidades para ambulancias, equipos modernos y rediseñé la sala de neonatología con modernas incubadoras. Lamentablemente todo eso toma tiempo, al principio tuve que lidiar con las carencias de un hospital de pueblo, yo, acostumbrado a las comodidades de clínicas y hospitales de ciudad tuve que volver a los libros para poder buscar el mejor modo de atender a los pacientes con poca tecnología. Eso quedó terriblemente demostrado cuando tuve que hacer algunos exámenes de mamografías sin el equipo básico. Aunque soy muy profesional debo confesar que atender a Bella puso a prueba todo mi autocontrol.
Establecerme en Forks no ha sido fácil, la vieja casa en la que viví con mi familia no era habitable por el momento, los años dejaron marca en el hogar de mi adolescencia, así que decidí alquilar un departamento confortable. Tanya llegó un mes después, Benjamín todavía se iba a tardar porque su contrato aun no terminaba. El clima de Forks no le agradó a mi prometida, constantemente se estaba quejando de lo triste que es el pueblo. A mí me gusta el lugar, es un poco melancólico lo sé pero así soy yo también.
Fue un alivio pasarle la consulta de obstetricia a Tanya, auscultar, revisar y hacerle exámenes a Bella me dejaba bastante ofuscado, pierdo mi profesionalismo, el nerviosismo me hace hablar demás. Sólo espero que los meses pasen rápido para poder serenarme y tener una conversación con Bella, aunque he querido muchas veces, no he encontrado la forma ni el momento de hablar con ella. Por diversas razones, usualmente está acompañada de Jacob Black o le ocurren percances que no me dejan tener una conversación sensata con ella. Como esa vez que vomitó sobre mis zapatos.
Investigo el último escándalo que se formó en la clase de profilaxis. Otro dolor de cabeza más, no tengo suficiente con las limitaciones que me pone la dirección de salud, sino que ahora debo preocuparme personalmente sobre los líos de las embarazadas. Estuve presente en la fiesta que organizaron, escuché como una de ellas fue indiscreta pero a cada acusación que hacía me preguntaba de dónde sacó toda esa información. Pude haber parado a esa niña, la tal Kristin, pero por un extraño morbo esperé a que llegara a Bella pues necesitaba escuchar... Sé de quién es el hijo de Bella, Tanya me lo ha mencionado muchas veces, yo sólo quería ver qué oscuro secreto podía guardar. Al menos me enteré que Black bebe, aunque yo jamás lo he visto ebrio.
Mientras más investigo más convencido estoy que a esa jovencita, la ayudó alguien que tenía acceso a las historias clínicas. Hay algunos datos que eran confidenciales.
Eso ocupaba mi mente y también la preocupación por la presión alta de Bella, sin embargo no puedo preguntarle a Tanya sin que ella sospeche que tengo un interés en su paciente. Me molesta tanto no poder decir lo que quiero pero esta relación es así. Debo cuidar del bienestar de mi novia quien a veces se queja sobre nuestra situación en Forks. Se enfada por el clima, por lo pequeño del pueblo, porque no puede traer el nuevo auto que se compró en Vancouver. Nuestra relación va cada vez peor, incluso nuestros horarios a veces no coinciden y me quedo a descansar en el hospital
Benjamín acaba de llegar, ha tenido problemas en su licencia internacional sin embargo eso no le impide salir a hacer vida social y para eso soy arrastrado a algunos pubs de Forks. No soy de hacer vida nocturna pero Tanya se ve muy feliz mientras más gente conoce. En una de nuestras salidas Benjamín nos presenta un grupo de amigas que acaba de hacer, casi todas son profesoras.
Sin embargo nuestra pequeña estabilidad se ve trastocada cuando llega un mensaje desde Seattle, la madre de Tanya sufrió un accidente. No parecía importante, fue una caída en su casa nadie creyó que tendría gravedad. Tuve que unirme a ella el fin de semana cuando a señora Denali falleció. Dejé muchas instrucciones para que los pacientes sean derivados a otros especialistas en caso de emergencias.
El entierro fue muy triste, sostengo a Tanya para que no caiga, literalmente. Ella y sus hermanas están devastadas. La señora Sasha era joven, relativamente. Apenas un par de años mayor que mi madre. Una de sus tías me reclama que sigamos de novios pudiendo ya ser marido y mujer, que la difunta madre de mi novia ansiaba vernos casados y no le dimos esa alegría. No sé qué responder, me siento culpable. Pronto nos casaremos, solo faltan algunos meses a pesar de los problemas que tenemos, nuestro distanciamiento, la fecha está acordada hace mucho...
—No dejan de llamarme de Forks— me dice Tanya en un arranque de cólera cuando le dije que debíamos sacar los pasajes para volver.
Le llamé a Benjamín para preguntar que pasa pero me contesta Renata, luego de insistir muchas veces.
—¡Doctor Cullen! Estamos preparando a la señora Swan para inducirle al parto— me dice.
—¿Qué?— contesté alterado. Bella aún no llega a término va por la semana 35 o 36.
—Es la pre—eclampsia, hay sufrimiento fetal.
No terminé de contestarle cuando me dirigí donde Tanya para preguntarle.
—Es primeriza, se altera por todo— me dice restándole importancia.
—Ya presentaba presión alta hace unas semanas cuando la revisé.
—Yo también la revisé y estaba normal pero si es una emergencia podemos sacar pasajes para mañana— contesta arreglando su cabello.
— ¿Mañana? Están induciendo al parto en este momento y si eso no funciona...
—Le harán una cesárea, lo sé. Benjamín puede manejarlo solo— dice sin prestar demasiada importancia a su paciente.
—Voy a pedir un vuelo de emergencia— le anuncié.
—Eso nos costará mucho, el hospital no nos reembolsará. Con lo que estamos gastando en la boda no deberíamos...
—Lo pagaré yo— dije antes de empezar a llamar a la agencia de viajes.
El regreso fue muy accidentado, conseguí un par de lugares en un vuelo privado que un comerciante hacía a Seattle en su propio avión, lo que nos ahorró unas horas. Pero tuve que hacerle conversación a este maderero mientras Tanya, aún de luto, estaba molesta y no ocultaba su enojo.
— ¿Podrías por favor comportarte como un adulto?— le pedí al bajar en Port Ángeles y rentar un coche para llegar lo más rápido posible a Forks.
—No me jodas Edward. ¡Acabo de perder a mi mamá! Lo último que quiero es volver a ese pueblo de los infiernos— me contestó de muy mala manera.
Sin replicarle manejé a toda velocidad, ganándome algunos regaños de parte de Tanya.
—Nos vamos a matar y así no podremos ayudar a tu Bella— me dijo en tono sarcástico.
Al llegar al hospital descendimos con rapidez, a Bella ya le habían llevado al quirófano. Benjamín y Fred el anestesiólogo estaban dentro. Nunca me pareció más lento el ritual de ponerme la bata y esterilizarme.
Me sobrecogió mucho verla allí, lista para la operación, mi primer impulso fue tocarla pero sabía que no podía hacer eso pero le pedí a Renata que le tocara el pie para verificar que la anestesia haya hecho efecto. La reacción que obtuve me indicó que aún estaba sintiendo y traté de detener a Tanya pero Benjamín me pidió que los deje trabajar. En realidad yo no debería estar allí todavía. Al menos no con ellos, mi labor es preparar lo necesario para la llegada del bebé y llevarlo conmigo a neonatología.
— ¡Doctor Cullen!— me llamaron, entonces pude darme cuenta que Bella aún podía sentir. En mi pecho algo se estrujó al saber que estaba siendo torturada de esta forma. Luego de ponerle rápidamente algo para dormirla miré a Tanya que tuvo el atrevimiento de reclamarme en mi puesto.
La pequeña niña nació baja de peso, lo normal debido a la pre eclampsia y a que no completó su ciclo de maduración. Pero luego de hacerle el Apgar me di cuenta que está en perfecto estado, salvo por la coloración amarillenta en los globos oculares.
Dejé que Sacha se lleve a la niña a neonatología para que sea aseada, pues Benjamín me pidió acercarme.
—Edward, necesito hacerte una consulta— me dijo con un tono de voz que intuí debía tener alguna duda.
— ¿Qué es lo que pasa?
—La historia clínica dice que la paciente necesita una histerectomía pero yo creo que...
—Él cree que puede hacerlo mejor— escuché murmurar a Tanya.
—No es necesario extraerle todo el útero, podemos hacerle un legrado y luego darle otro tratamiento.
—Si eso es posible, debemos intentarlo.
— ¿Van dejar de lado las instrucciones que lleva?— reclamó Tanya acercándose a nosotros.
—Vamos a hacer lo mejor para la paciente— respondí.
—Entonces háganse cargo, yo no estoy de acuerdo— nos dijo antes de retirarse de la sala. Puse sentir la mirada de Benjamín sin embargo no me preguntó nada incómodo y continuamos con la intervención. Me sentí bastante incómodo cada vez que recordaba que era Bella la que estaba ayudando a operar. Me alegré cuando Benjamín terminó realizando uno de sus trabajos más destacados.
—Así no le quedará ninguna cicatriz— me dijo antes de poner la cinta adhesiva sobre el abdomen de Bella.
— ¿Es seguro verdad?— nunca antes le cuestioné ninguno de sus cirugías.
—Claro que sí, está cocido por dentro pero sé que las cesáreas pueden ser todo un problema a la larga para las pacientes. Las mujeres son hermosas y una cicatriz así les baja la autoestima. Con esto, mi querido Edward, la señora podrá lucir incluso un hilo dental sin que se note que tuvo una operación de cesárea— me sonríe, lo sé porque sus ojos están iluminados.
Luego de asegurarme que Bella está bien me dediqué completamente al cuidado de Elizabeth, su hija. Tenemos en este momento solo tres bebés en neonatología y quizás pronto uno más ya que hay una joven en trabajo de parto. Es una bebé pequeña, coloración amarillenta en mucosas, manos y pies enrojecidos. Yo mismo le coloco sus pequeñas prendas sin dejar de hablarle. Suelo ser muy comunicativo con los bebés, sé que no entienden pero pueden sentir las emociones de la gente y en este momento soy muy feliz al ver un pequeño milagro entre mis manos. Sus ojos son oscuros aunque puede deberse a la bilirrubina. Ya se le pasará cuando se alimente.
—Tranquila princesa— le sonrío cuando hace gestos de fastidio. Creo que tiene hambre, sé que Bella no podrá alimentarla hasta que pase los exámenes para descartar secuela de la pre eclampsia que tuvo. Así que busco una fórmula especial que reservo para los prematuros y la alimento un poco aunque parece que no es de su agrado.
—Me quedaré esta noche de guardia, mañana te llevaremos con tu mami ¿Sí?— me despido de la pequeña que se ha quedado dormida.
Horas después estaba desayunando en la cafetería del hospital cuando me alcanzó Benjamín. Tanya llegó minutos después y se sentó con nosotros a comer. Parecía de mejor humor del que se fue.
— ¿Cómo está la bebita Swan?— me pregunta mi amigo.
—Estable aunque presenta ictericia, no me gusta— expresé.
—Es su raza Edward, es oscura, no es como los bebés caucásicos normales. Las de la tribu tienen a sus hijos en la reserva por eso no puedes comparar con los demás niños.
—Traté algunos niños Haislas mientras hacía prácticas— digo pensando. Elizabeth no tiene las manchas propias de las razas aborígenes.
—Es quileute por donde se le mire ¿No Benjamín?— dice pidiendo apoyo.
—Podría ser ictericia, podría ser su raza pero ¿Están seguros que el padre es Quileute?— nos mira. La verdad es que Bella no lo registró como padre de su hija, no están casados ni tienen ningún vínculo legal.
—Claro que sí, la señora Swan siempre viene con su marido a las consultas, son una pareja adorable. Tienen una unión libre o quizás están unidos según rituales de su tribu que no podemos entender— contesta Tanya.
—Tengo que regresar a neo— les digo levantándome.
— ¿Hoy en la noche podemos salir?— pregunta Benjamín. Es cumpleaños de Tía, vamos— pregunta animado.
— ¡Me apunto!— le confirma Tanya.
—Si todo va bien y no hay ninguna...
—Ya empiezas— mi prometida me corta con aquel gesto con el que siempre me calla. Se levanta y se marcha sin acabar su café.
—Lo lamento— dice Benjamín. —Sé que no debió ser fácil para ella dejar a sus hermanas y a su familia con la muerte de su madre tan reciente— suspira.
—Hay que darle tiempo— digo antes de regresar a neo con mis pequeños pacientes. Tengo turno de esta mañana en pediatría sino yo mismo le haría los análisis a Elizabeth. Si sigue progresando con normalidad se los pediré a Bella por la tarde.
Cuando regreso de mis consultas estoy cansado, esos niños son adorables pero algunos están muy mimados. He tenido que luchar con uno para ponerle una vacuna, la madre tampoco ayudaba.
—Doctor Cullen, es hora de llevarle a la señora Swan a su recién nacida— me anuncia Renata. La miro pensativo.
—Llama primero a laboratorio, necesito una prueba de sangre, no me gusta esa coloración— le hago la orden para el análisis y me voy a almorzar. Quisiera tomar una siesta, estoy molido.
Logro escabullirme a mi oficina, tengo una camilla en un rincón, la desplegué con dificultad, no recuerdo haberla atado con cables. Me echo una siesta de la que despierto sobresaltado. Vi mi reloj, ya casi eran las seis de la tarde, no tenía guardia nocturna pero quiero dejar a mis pacientes chequeados antes de irme a casa, eso me recuerda que encargué unos análisis a la pequeña Elizabeth. Me dirigí a neo a verla pero al llegar encontré a Sasha evidentemente preocupada.
— ¡Doctor Cullen!— me dijo apenas entré. –Justamente iba a traer a la bebé Swan, la dejamos con su madre hace unas horas pero los análisis que usted pidió...— me alcanzó el papel. Respiré hondo al saber el peligro que corría la pequeña.
—Yo mismo voy a traerla— dije. –Prepárame la incubadora tres. Y ve haciendo una orden para pedir el tipo de sangre a Seattle— digo un poco sorprendido al ver el grupo sanguíneo de la pequeña Liz, como Bella quiere llamarla. Es mi tipo de sangre, vamos a tener problemas si se complica su anemia.
Me dirigí hacia la habitación de Bella, pensando en la mejor forma de explicarle el estado de salud de su hija y pedirle que me permita cuidarla. Si fuese una paciente normal sería sencillo enviar a una enfermera pero...
Al verlas así dormidas me asalta un sentimiento de ternura, su postura protectora me dice que será una buena madre. Despacio y con calma intento explicarle los peligros que corre Elizabeth sin darme cuenta que mi pequeña paciente empieza a convulsionar. Todo pasó muy rápido, preocupado por la bebé, tengo casi que forzar a Bella que me la entregue, la llevo conmigo para reanimarla, me encontraba nervioso, asustado pero con los cuidados apropiados Elizabeth reaccionó bien. Y antes que vuelva a recaer pido que me hagan un análisis de sangre rápido para hacerle la transfusión.
He llamado varias veces a Seattle pero no hay respuesta sobre la sangre, en Port Ángeles no hay. Decidí llamar a papá explicándole la emergencia. Rápidamente hablamos sobre el riesgo que corro pero estoy dispuesto a todo por salvar a Elizabeth.
Me quedé a cuidarla la noche entera, está estable sin embargo un nuevo conteo en su sangre me advierte que necesita otra transfusión. Evalúo si darle otra unidad de la mía pero debo estar fuerte para ello. No he dormido y estoy algo débil. Debo beber y comer bien antes. Decidí llamar al jefe Swan para pedirles que tanto él como el padre de la niña vengan a hacerse análisis para saber si pueden ser donantes. Incluso me atreví a decirle a Black que tal vez sus amigos de la reserva pudieran pasar por aquí. Sé que algunos quileute no aprueban los métodos modernos pero es una emergencia y necesitamos salvar a Elízabeth.
Pasé la mañana entera hablando por teléfono y en el laboratorio por si encontrábamos algún otro donante. Sin embargo las horas pasaban y no hallábamos a alguien compatible. Me senté a comer, abundante y bebí más de lo necesario. Si la sangre no llega esta noche debo darle al menos media unidad más para que se mantenga estable.
De regreso a mi oficina, Bella viene a buscarme, está completamente distinta. Parece un alma en pena, me parte el alma verla así, desesperada, llorosa.
— ¡Es tu hija Edward!— me gritó luego de una breve conversación donde rogaba por su pequeña niña. Aquellas palabras me dejaron pasmado, de pie pero en un estado de shock del que apenas pude salir porque algo en mi mente se negaba a creerlo. No puede ser cierto, ella y yo no... a menos...
Y entonces las imágenes borrosas de un sueño llegaron a mi mente, aquella noche de festividad en mi antiguo hospital. El sueño por el que decidí volver a Forks. Entonces ya no tengo dudas, aunque le reclamo por ocultarme la verdad, en el momento en que dejo a Bella en su cama prometiéndole que cuidaría a Liz, la verdad me golpea otra vez.
¡No puedo dejar que mi hija corra más peligro! Es mía y debo salvarla.
Decidido, sin prestar atención a Benjamín que viene a buscarme para ir a cenar, a las miradas y susurros de las enfermeras y al consejo de mi padre diciéndome que ya estaba en camino, vuelvo a darle sangre a mi pequeña Liz. Pero no consigo llegar a ver los nuevos análisis porque mi cuerpo ha llegado a su límite y se niega a dejarme seguir al lado de mi hija.
Gracias por leer
PATITO
