Gracias de nuevo por sus comentarios, este capítulo os va a gustar, os lo prometo :) Los reviews siempre ayudan a que fluya antes la imaginación :P
Capítulo 8. Retrasando lo inevitable
Emma estaba jugando con un boli en su mano, intentaba hacerlo girar 360 grados con sus dedos pero antes de conseguirlo siempre se le caía al suelo. Estaban siendo unos días de lo más aburridos para la sheriff, miró la hora, todavía quedaba un rato para la hora del almuerzo. Intentó hacer girar el boli una vez más, cayó al suelo, se agachó a recogerlo y mientras se incorporaba escuchó unos pasos y alguien que se paraba frente a su escritorio. Regina la miraba, se le notaba inquieta, Emma se acomodó en su silla y carraspeó un poco –desea algo señora alcaldesa?- dijo intentando darle un tono sin importancia a sus palabras.
-Vengo a mostrarte algo- dejó a un lado su bolso y se acercó a ella mostrándole la poquita sangre que todavía estaba en su dedo.
La rubia se fijó en el corte, era pequeño, y apenas se veía, miró a la alcaldesa fijo sin comprender nada –no entiendo qué significa esto Regina, el hospital queda en otra parte-
-Me he cortado esta mañana mientras lavaba los platos- la morena empezó a hablar algo atolondrada, Emma pudo notar que estaba nerviosa y que necesitaba contarle lo que había venido a decir- podría haber dado un chasquido con mis dedos y la herida se hubiera cerrado y curado en un segundo. Mi antigua yo lo hubiera hecho sin dudarlo ni un segundo porque sangrar es un signo de debilidad. Mi madre luchó para darme poder, para darme fuerza, , y sus enseñanzas me guiaron durante mi vida… mientras me mostrara impasible y fuerte nada pasaría, no sangraría, no sufriría- hizo una pausa, la rubia no quería interrumpirla, deseaba saber a dónde quería llegar –el poder y la magia son muy tentadores, te dan fuerza, hacen temer a tus enemigos, pero esto tiene un precio, un alto precio que no todo el mundo está dispuesto a pagar- la morena tomó aire y se acercó a ella mirándole a los ojos –tú me haces débil Emma y al igual que el corte podría hacerte desaparecer, podría pagar ese precio que he estado pagando hasta ahora para seguir fuerte. Pero también podría dejar que las cosas sigan su curso, que este corte se cure solo y permitirme mostrarme débil ante ti.
La sheriff escuchó atentamente cada palabra que salía de la boca de Regina. En este tiempo que habían pasado viéndose seguido, había llegado a darse cuenta que estaba siendo sincera. Emma podría seguir ofendida, rechazar a Regina y esperar a que volviera a buscarla. Pero tratándose de la alcaldesa, no era una posibilidad muy grande, quizás Regina se rendiría, ya había pasado una desilusión amorosa muy grande como para arriesgarse a otra. La rubia se sentía realmente atraída por la morena, había aprendido a descifrar cada uno de sus gestos, desde cuando llevaba su boca hacia un costado en señal de que estaba equivocada pero no lo admitiría, hasta su verdadera sonrisa, que se la había dedicado un par de veces. No quería seguir con este juego, quería estar cerca de ella lo más rápido posible. Se levantó de su silla y se acercó a Regina poniendo una mano en su cintura –Quiero que dejes que las cosas sigan su curso, por Dios, me muero porque lo hagas!-
Regina no esperaba que Emma cediera tan rápido luego de la forma en que la había evitado, y mucho menos por los constantes malos tratos de la alcaldesa hacia ella. Sabía que la rubia era una buena persona, a pesar de todas las cosas que ella le había hecho y de que supiera algunas cosas de su pasado se mantenía cerca de ella, lo cual era demasiado luego de más de 28 años de soledad. Esta vez se sentía a gusto con ella, y su corazón parecía querer salir de su pecho cada vez que la tenía cerca. Puso una mano en la nuca de la sheriff y la besó muy tierno.
Emma posó su otra mano en la cintura de Regina correspondiendo su beso. Se sentía como una adolescente en sus primeros besos, y con las hormonas en el cielo… empujó a la morena contra su escritorio haciendo que se sentara sobre éste, abrió sus piernas, la alcaldesa traía una falta muy ajustada así que tuvo que levantársela un poco.
La morena sabía que la temperatura iba subiendo, por lo que dejó entrar la lengua de la sheriff en su boca. Las caricias de Emma en sus piernas la estremecían, pero a la vez se sentía muy nerviosa. Había estado sexualmente solo con Graham, por lo que era raro ahora tener que estar con una mujer. Se desconcentró un poco y la rubia lo notó.
La sheriff se separó un momento al ver que Regina estaba distraída –Pasa algo? Estoy yendo demasiado rápido?- miraba los labios de la alcaldesa con deseo, Emma quería más.
Regina pudo notar que Emma quería continuar, ella también quería, por lo que negó con su cabeza –Por qué paras?- dijo en un tono serio pero con una voz muy sensual. Volvió a pegar a la rubia a ella, tomó sus manos y las guió a su cintura.
Emma le quitó el saco que traía haciendo que cayera al suelo, tocó sus pechos por encima de su camisa. No tenía muy en claro lo que hacía, pero era mujer, sabía lo que le gustaría a Regina.
La alcaldesa emitió un gemido ahogándolo en la boca de la sheriff al sentir como sus manos rozaban sus pezones por encima de su ropa, la conexión que había entre las dos mujeres era increíble, podían lograr que la otra se estremeciera con lo más mínimo.
Cuando por fin Emma se había dispuesto a desprender los botones de la camisa de la morena, ambas escucharon la puerta abrirse y pasos que se acercaban a la oficina de la sheriff.
-Alguien viene!- Regina hizo que la alterada rubia se separara. Se agachó para recoger su saco sin darse cuenta de que algunos botones de su camisa estaban desprendidos.
La rubia se sentó enseguida en su silla y subió sus piernas al escritorio, como solía estar siempre. Tomó aire y acomodó su cabello un poco.
Ruby entró en la oficina –Lo siento Emma, es una emergencia, Leroy se está peleando en Grannys con Gold, ven rápido antes de que sea un caos!- la morena estaba agitada, se notaba que había venido a pie hasta la oficina.
Regina se cruzó de brazos mirando a Emma. En ese momento notó como la mujer lobo miraba su pecho. Su sujetador de encaje negro estaba casi a la vista. Abrochó rápido los botones y decidió hablarle borde a Emma para no levantar sospechas –No piensa hacer su trabajo sheriff?-
La rubia se levantó enseguida de su silla, tiró el lapicero y tuvo que recoger todo rápido. Luego tomó su chaqueta roja y se la puso –Enseguida voy!- aún estaba un poco agitada, y Ruby pudo notarlo.
Parecía que la esbelta morena ya no estaba tan apurada, contemplaba con curiosidad a las dos mujeres que actuaban demasiado raro, estaban nerviosas, algo despeinadas y ni hablar del detalle de la ropa de la alcaldesa –No te preocupes, puedo esperarte-
Regina parecía indignada, no podía creer que Emma la dejara en este estado, y por un momento pensó en hechizar a la mujer lobo para que perdiera la memoria y se fuera del lugar, pero estaba claro que la rubia no estaría de acuerdo con eso –Bueno, evidentemente aquí hay preferencias y se le brinda ayuda a ciertas personas- miró de reojo a la otra morena –Cuando se tome su trabajo en serio, espero que pase por mi casa Miss Swan- era una clara indirecta, la morena quería que Emma fuera a su casa cuanto antes para terminar lo que habían empezado. Sin más reparos, se fue caminando haciendo sonar sus tacos en todo el lugar para luego subirse a su auto y volver a casa.
Emma se quedó mirando a Regina hasta que se fue. No pudo pronunciar una sola palabra porque sabía que metería aún más la pata, no se le daba muy bien eso de actuar como a la alcaldesa –Bueno, vamos!- miró a Ruby arqueando sus cejas y comenzando a caminar hacia la puerta.
La morena caminaba a la par de la sheriff –qué ha sido todo eso?-
La rubia se hizo la desentendida ante la pregunta –A qué te refieres?- ambas subieron al auto patrulla.
-No lo sé, por un momento creí que estaba interrumpiendo algo…- Ruby rodó sus ojos y sonrió un poco de forma divertida. A pesar de lo que había visto, intentaba tomarse esto como una broma porque no podía ser cierto.
Emma frenó de golpe –qué? No! Estás loca!- arrancó y condujo dirección a Grannys.
-Estoy bromeando Emma, no tienes porqué ponerte así…- la morena se rió un poco, aunque la reacción de la rubia la ponía un poco en duda.
Un momento después, llegaron a Grannys. Emma tuvo que mediar entre Gold y Leroy. Resultaba que el enano había tirado encima del Señor Gold media jarra de cerveza en teoría "por accidente", por lo que este último quería hechizarlo de alguna manera cruel. Luego de que todos se calmaran, y Leroy se retirara del lugar, Emma se apresuró para volver a su casa, pues no quería más preguntas de Ruby, la ponían muy nerviosa y era muy mala para mentir.
Cuando llegó a su casa, saludó a Henry que estaba comienzo cereales, y se dirigió a su cuarto para lanzarse en su cama. No podía dejar de pensar en Regina, se sentía como una tonta, y no podía entender como no se había fijado antes en ella, nunca se había sentido atraída por una mujer, o más bien, nunca se había sentido tan atraída por alguien. Quería subirse a su auto e ir a buscarla a su casa, pero la aguda voz de su madre era la señal de que la morena ya había vuelto y en un momento haría la cena. Tenía esa manía de que le gustaba que estuvieran todos en la mesa, y no podía meter a Leroy de excusa nuevamente para irse. Resopló y bajó para ver si necesitaba algo.
Regina había estado todo el camino odiando a Ruby, más que por interrumpirlas, por si se había dado cuenta de algo y tratara de intervenir entre ellas dos. Seguro Emma le haría caso. Llegó a su casa y respiró profundo intentando canalizar su odio en la cocina como solía hacer muchas veces. Lo haría con magia, pero sabía que a la rubia no le gustaba que la practicara, y no quería hacer nada que la pudiera hacer enfadar ¿qué tenía Emma Swan que la estaba cambiando tanto?
La alcaldesa no podía dejar de mirar la hora, ¿cuándo vendría la sheriff a visitarla? ¿y si no venía? No, pensaba, vendrá, después de lo que había pasado esa mañana estaba segura de que la rubia la deseaba tanto como ella. Cenó algo ligero, no tenía mucha hambre, estaba con mariposas en el estómago como una adolescente que recién empieza una relación. Suponía que Emma estaba esperando a que sus padres se fueran a dormir, no querría despertar sospechas y aunque Regina ya se estaba impacientando, prefería la discreción por el momento.
No pudo evitar sonreír un poco imaginando la cara que se le quedaría a Mary Margaret si llegara a saber lo que estaba a punto de ocurrir. Una vez que había terminado de la lavar los platos de la cena se quedó mirándose en el espejo de su habitación, llevaba la misma ropa que en la mañana. Miró la hora, aún era pronto para dormir, hasta para los "Charmings", tenía tiempo de prepararse. Se metió en la ducha, se enjabonó con un gel de vainilla que sabía que le gustaría a la rubia y luego seleccionó su lencería más sexy, aquella que rara vez había usado en los últimos años. Estuvo tentada de ponerse uno de sus trajes diarios, pero optó por dejarse llevar y se puso un camisón de encaje negro. Cuando abriera la puerta a Emma quería dejarla boquiabierta. Se miró al espejo sonriente y justo escuchó sonar su teléfono.
-Auch!- escuchó Emma detrás de sí mientras ponía la mesa, se dio la vuelta asustada. Mary Margaret se sujetaba la mano con expresión de dolor, fue enseguida a su lado intentando socorrerla.
-Qué pasa?- tomó la mano de su madre y la vio roja.
-Me he quemado con el horno, cogí mal la bandeja- dijo entre quejidos.
Henry y David, que miraban la televisión, fueron hacia ellas asustados al escuchar el grito –estáis bien?- preguntó el rubio.
-Se ha quemado, no parece grave pero habrá que llevarla al hospital para que le eche un ojo Whale
El marido atento abrió el congelador tomando un par de hielos con un trapo y lo acercó a la mano de su mujer –esto te calmará- miró a Emma –yo la llevo, quédate con Henry-
La rubia asintió mientras sus padres caminaban hacia la puerta –llamen con cualquier novedad- se despidieron y salieron de la casa. La sheriff se dio la vuelta y se quedó mirando a Henry –se pondrá bien, no es más que una leve quemadura- de repente le vino a la cabeza la cita con la alcaldesa, no iba a poder ir, no podía dejar solo en casa a Henry. Suspiró levemente, la cena seguía en el horno, al menos no tendría que cocinar –termina de poner la mesa chico, tengo que coger una cosa de mi habitación-
El niño asintió y Emma fue hacia su cuarto, tomó el teléfono y decidió mandarle un mensaje a la alcaldesa, no quería correr el riesgo de que su hijo las escuchara hablar. Cambio de planes, tengo que quedarme con Henry, Mary Margaret y David están en el hospital por un accidente doméstico. Nos vemos mañana?
La rubia esperó unos segundos la contestación de Regina, estaba nerviosa, no quería que la morena se molestara o se pensara cualquier cosa. Para su suerte contestó enseguida. Espero por su propio bien que no sea una mentira. Se va a perder un conjunto de lencería muy interesante, Miss Swan.
A Emma le dio un escalofrío por todo el cuerpo cuando leyó el mensaje, la alcaldesa la estaba llamando de usted pero simplemente como un juego de seducción. Sonrió fantaseando. Créame señora alcaldesa que no preferiría estar en un lugar distinto que en su cama ahora mismo.
-Emma!- la llamó Henry desde la cocina haciendo que la sonrisa idiota se le borrara de la cara. Recibió respuesta mientras caminaba hacia donde estaba su hijo, no podía soltar el teléfono de sus manos. Espero que mañana sepa compensarlo, no me gusta que me hagan esperar.
La rubia sonrió de nuevo. Algo me dice que va a quedar gratamente satisfecha.
-Emma… Emma!- dijo Henry moviendo la mano delante de la cara de su madre –estás ahí? Con quién hablas?-
-Eh?- dijo levantando la cabeza –con nadie, estaba revisando mi email- dejó el teléfono a un lado, la morena tendría que esperar –bueno, vamos a cenar que me muero de hambre- y era cierto, pensó, moría de hambre en muchos sentidos.
