¿QUIÉN LLAMÓ A LA CIGÜEÑA?
CAPÍTULO 28
VIENTOS DE ESPERANZA
EDWARD POV
En el momento en el que abrí los ojos me sorprendí ver a mi padre. Intenté incorporarme pero me encuentro con respirador, sonda y catéter. Y un fuerte dolor en el pecho que me deja literalmente siN aire. ¿Dónde estoy? ¿Qué me sucedió?
—Tranquilo hijo. Paciencia— me sonríe. –Neumonía fulminante— vuelve a susurrar. –Lo tenemos controlado, estás fuera de peligro. Sólo necesitas tiempo para recuperarte— me dice. ¿Tiempo? Vuelvo a cerrar los ojos pero los abro de golpe al recordar. ¡Liz! ¿Dónde está Elizabeth? Mi padre se da cuenta que algo pasa e intenta tranquilizarme. Tengo que saber, necesito verla.
Las horas pasan por suerte me han cambiado a una habitación, Renata me comenta lo que necesito saber. Mi hija está fuera de peligro y con su madre. Es todo lo que necesitaba, puedo descansar sin preocupaciones. Ahora lo importante es que gane peso y crezca, lo demás, incluso la forma y el lugar donde le diré a mi familia, que tengo una hija, es secundario.
Dormir y desperté varias veces, en muchas ocasiones, Alice estaba a mi lado, en mi mente ya había planeado empezar con la charla familiar a la que estoy obligado apenas me recupere. Sin embargo en mis sueños he visto aquella escena con Tanya llorando desconsoladamente y mi padre recriminando mis acciones.
Las trasfusiones me devolvieron parte de la fuerza que perdí, papá y Alice se turnaban junto a mi cama mientras mis movimientos se hacían más ágiles. Pronto pude sentarme por mí mismo
—Gracias— le dije a Carlisle cuando acomodaba mi almohada.
—De nada hijo. Sé que no es el momento y que quizás quieras compartirnos algo en breve pero solo quiero decirte que la hija de Bella está muy bien atendida.
En sus ojos vi que me estaba ocultando algo, un poco de calor llenó mi rostro. ¿Lo sabía? ¿Pero cómo?
Por la tarde, mientras me daban de comer algo de pudin, Alice entró hecha una furia. Algo no andaba bien, usualmente mi hermana siempre está sonriendo.
—Intentaron echar a Bella del hospital pero papá detuvo a TU novia. La acomodó en otra habitación para que pueda seguir cuidando de su hija— me dijo respirando largamente.
—Necesito hablar con Tanya— le pido.
—Pues se fue luego de que Carlisle la des autorizara. Ya déjala seguro más tarde regresa a buscarte. Por cierto, esta noche te cuido yo, no dejaré que te enfermes... otra vez— me dice cruzándose de brazos. Quizás está pensando lo mismo que yo ¿Cómo es que contraje neumonía tan rápido?
Al día siguiente voy a visitar a mi hija, está tan hermosa que me quedo sin palabras al verla. Su desarrollo es bueno, su piel tiene el tono natural y se le ha quitado esa tonalidad amarilla. Puedo verme cuando me mira, sus ojos son muy parecidos a los míos y me atrevería a decir que su cabello será más claro que mis hebras cobrizas.
Intenté buscar a Tanya para la tan temida conversación que debíamos tener pero me fue difícil hallarla. Podría asegurar que me estaba evitando. Cuando intenté dialogar rompió la calma que aparentaba.
— ¡Me habría gustado que tuvieras los pantalones para decirme que me engañaste!— sollozó. –Tuve que enterarme por esa, con su hija en brazos me contó que tuya— rompió a llorar.
—Las cosas no fueron así, déjame explicar.
—No importa cómo fueron, Edward. ¿En qué cambia? ¿Tienes idea como me siento? Rota. Hace unos días mamá murió y ahora esto, no sabes... ¡Me quiero morir! Quiero dejar de sentir tanto dolor...— sus piernas flaquearon y la tomé en brazos a pesar de estar en una silla de ruedas y no tener la suficiente fuerza. Me dolía verla así y ser el causante de su sufrimiento. Solo pude acariciar su cabello y esperar que se calme.
—Tanya, todo sigue igual— le dije mientras sostenía su mano. –Te di mi palabra y voy a cumplirla, nos casaremos— prometí una vez más con mucho menos convicción que la primera vez. Tenía muchos sentimientos encontrados, estaba aceptando recién que era padre. Todo es tan rápido, tan intenso.
— ¿Qué va a ser de mí? ¿Cuándo la familia se entere, cuando mis amistades y colegas aquí en Forks lo sepan? ¿Te has puesto a pensar en eso?
—Yo asumiré la culpa, por ahora, por favor, no te pido que lo aceptes pero... dame tiempo para solucionarlo.
— ¿Nos iremos? Sólo así podremos seguir con nuestras vidas y...
—No por ahora. Aún tenemos un contrato y faltan más de cuatro meses para que termine.
—Puedo resistir si me prometes que no te vas a involucrar.
—Ya estoy involucrado, tengo un deber con mi hija.
—Eso lo puedo comprender, incluso aceptarlo. No sería justo que te pida que la dejes o no la veas pero... no me humilles más por favor. Aléjate de Bella, te lo suplico— pidió.
—Haré lo posible pero ahora, por el momento Elizabeth me necesita y no voy a dejarla
Luego de aquella conversación que me dejó con el corazón muy apesadumbrado, decirle a mi familia fue más fácil. Carlisle y Alice ya lo sabían pero mamá y Rose llegaron un día después y tuve que explicarles. Jasper y Emmett fueron informados por sus parejas pero no me salvé de los comentarios en doble sentido de mi hermano más grande y de las miradas de Jasper.
Verla partir del hospital me causó cierta inquietud, ya había hablado con Charlie para preparar un lugar donde Bella y Elizabeth pudieran descansar en su casa, envié un equipo del hospital para que me ayude con aquello.
Yo mismo fui a verlas pero para mí mala fortuna me encontré con Black allí en casa de los Swan, ese muchacho siempre ha sido tan irritante, aún lo culpo de alguna manera por alejarnos. Si él no hubiera... debo olvidar aquello. Han pasado años y ese resentimiento me llena de irritación.
Logro alejarlo pero también me gano el enojo de Bella que me echa de su casa en varias oportunidades. No me daré por vencido, yo debo estar con mi hija, Liz me necesita, aunque cada vez que veo a su madre algo dentro de mí me dice que me quede.
Las semanas pasan y puedo darme cuenta que Bella es una excelente madre, pasa por cosas de las que siempre escuché contar a mis pacientes pero nunca había tenido la suerte de poder experimentarlas de cerca. Ha tenido algunas molestias, casi desarrolla mastitis y la veo cansada, dando lo mejor de sí. Me siento tan orgulloso de ella.
Y mientras sigo dándole prioridad a mi hija, mi relación con Tanya decae. Es cierto que nosotros... desde hace meses que no hemos podido tener una adecuada vida íntima y debido a los sucesos, la muerte de su madre, mi enfermedad, la atención que le doy a mi hija, tampoco hemos dormido juntos pues pernocto en el hospital. Una de aquellas noches, intentando que mi prometida vuelva a sonreír acepto salir con algunos amigos que hemos hecho en Forks, terminamos en un karaoke, bebiendo demasiado y llegamos a casa muy tarde. Me despierto en la cama con Tanya no sé si pasó algo en el estado en el que estábamos, solo me levanto y salgo apresurado pues llegaré tarde a ver a mi hija. Creo que eso fue el detonante para que Tanya me abandone. Mi prometida me deja sin darme explicación alguna. Tomó sus cosas y se fue. Los comentarios llegan, mis padres, hermanos, amigos preguntan y no sé qué decirles porque no hay nada definido. Sería más fácil para mí que Tanya responda mis llamadas y aclaremos de una vez todo. Quizás deba dejarle su espacio, tal vez yo solo deba tener paciencia y dejar que las cosas tomen su lugar.
Luego de tener una conversación con Bella, mi mente se llena de dudas. Me muestra una Tanya que me es imposible de imaginar. Mi prometida no puede ser el monstruo que me pinta, haber saboteado el programa de profilaxis, molestarle con su embarazo, descartar el peligro de la pre eclampsia de Bella, pérdida de sus análisis, atentar contra mi vida y sobre todo, haber estado espiándome para saber la verdad del embarazo de Bella. ¿Cómo Tanya podría saber lo que pasó en Vancouver? ¿Cómo pudo saber conversaciones privadas? Intento no pensar en ello porque quizás logre volverme paranoico y crea que me espía o llevo micrófonos encima. Pero eso no quita que pueda investigar sobre todo el motivo de mi enfermedad, no recuerdo nada de esa noche pero no debía adquirir neumonía dentro del hospital.
Día a día el fastidio de Tanya va en aumento, si bien se porta de manera cariñosa con mi familia, nosotros dejamos hablarnos como antes cuando estábamos en Vancouver, siempre hay silencios incómodos, frases hirientes que no contesto pero que me causan aflicción y hacen que yo no intente arreglar nada. Algo en mí está cambiando. No lo quiero pensar siguiera pero mientras mi corazón late con ansiedad cuando llega la hora de correr donde está mi hija, también puedo sentir que deseo con mucha intensidad ver a su madre.
Yo jamás he dejado de pensar en Bella pero tenía mis ideas claras, mis proyectos y planes a futuro que nada tenían que ver con ella.
Todo es tan caótico que no me detengo a pensarlo, sólo actúo día a día intentando dar lo mejor de mí. Y a pesar de eso, no es suficiente.
El momento de registrar a Liz llega, mis manos tiemblan cuando me dan el comprobante, ver el nombre de mi pequeña junto a mi apellido y el de Bella juntos, me emociona. No me puedo dar el lujo de demostrar cuanto me gusta ser el padre de la hija de Bella Swan y en mi mente queda grabada aquella respuesta que me dio cuando pregunté por qué me eligió a mí. Yo era su única opción. Estuve a punto de besarla, de mandar a volar mis principios, de caer en la más grande tentación de mi vida.
Aquella noche decido poner fin a tanta angustia. No tengo paz, necesito tranquilidad en mi vida, darle a mi hija más que sólo mi escaso tiempo. Quiero hacer las cosas bien y eso solo lo lograré diciendo la verdad. La dura y cruel verdad que me atormenta desde hace varios años.
Amo a Bella Swan. No he podido olvidarla como creí, no pude combatir contra lo que siento.
Tanya acepta esta vez, nos encontramos en un restaurante al que íbamos a comer seguido con los amigos que habíamos hecho aquí en Forks. Sin embargo la veo desmejorada, con los ojos llorosos.
—Antes que digas algo tienes que escucharme— me dice sin atreverse a mirarme directamente. La veo dudar, sus manos tiemblan ¿qué es lo que sucede?
—Te escucho— digo casi en forma automática pensando lo peor. ¿Se irá? ¿Me dejará?
—Edward... yo... No sé cómo decirte— detiene un sollozo antes de mirarme. –Estoy embarazada— confiesa. El aire abandona mis pulmones, me siento extrañamente agitado. Llevamos meses sin tener intimidad... salvo. Una noche que volvimos de una fiesta con sus amigos y no recuerdo mucho porque me pasé de copas. ¡Maldición! No, no debo pensar así, es un hijo. Es un bebé que no estaba planeado pero no puedo rechazarlo. Tan sumido estoy en mis pensamientos que vuelvo a la realidad cuando siento el llanto de Tanya.
—Lo siento— tomo sus manos para tranquilizarla. –Todo va a estar bien— le sonrío haciendo mi máximo esfuerzo por mostrarme tranquilo. –Tendremos un hijo y lo amaremos mucho— suspiro. Me mira como si no pudiera creerme ¿Tanto duda de mí?
—Tú ya tienes una hija— dice fríamente. –No necesitas más. Me iré a Vancouver, espero que aceptes mi renuncia— quita sus manos de entre las mías.
—Tanya no— intento detenerla cuando está por irse. –Las fechas o han sido canceladas, yo no anulé ninguno de los contratos que hicimos con los organizadores de la boda...
—Yo sí. Dejé de hacer la trasferencia mensual desde nuestra cuenta. Pedí el reembolso del 50% de lo que habíamos adelantado. Ya no habrá boda Edward— me confirma.
—Podemos, quizás...— tomo aire para decir lo siguiente. –Podemos casarnos aquí— le ofrezco, no puedo darle menos. Me apoyó como nadie más lo hizo durante años, se volvió mi mejor amiga, mi confidente, mi compañera. Dejó el puesto que tanto había perseguido en Vancouver para seguirme y ha aceptado todos mis problemas desde entonces. No puedo fallarle y abandonarle mucho menos dejarla irse sola llevando un hijo mío en su vientre.
— ¿Lo dices en serio?— mi mira por primera vez con una sonrisa tímida.
—Muy en serio. ¿Te casarías conmigo?— pregunto toando su mano donde meses atrás puse aquel anillo.
—Sabes que sí— me dijo sujetando mis manos con fuerza. –Creí... tenía miedo que no me detuvieras— sollozó.
— ¿No me conoces?— pregunté juguetonamente a modo de reproche. Aunque me era difícil bromear ya que al aceptarme había sellado una promesa. Algo que me separaba del camino que había acariciado recorrer hace tan poco tiempo.
Así Tanya y yo fijamos una nueva fecha, coincidimos que todo sería muy familiar y discreto porque ya teníamos mucha gente hablando a nuestras espaldas.
Intenté decirle a Bella la decisión que había tomado, contarle la verdad pero no pude hasta que mi corazón no soportó más. Sentía que me ahogaba con cada palabra sin embargo ella lo sabía, me lo hizo fácil, me dejó ir sin pedirme nada. Y yo no pude controlarme, no pude aceptar que nunca volvería a ser mía sin robarle unos besos que guardaría en mi corazón.
No es fácil hacer lo correcto, renunciar a quien amas tampoco lo es.
Distraje mi mente trabajando largas horas aquella noche, hice turno de madrugada, avancé estadísticas, arreglé mis historias clínicas, estudié algunos casos, solo para mantenerme en lo más ocupado posible. Me dejé caer luego del cambio de guardia y me retiré a mi despacho a descansar. No tenía intenciones de volver a casa, mis padres preguntarían, por suerte Alice no estaba sino estoy seguro que me iba a torturar.
Me desperté por la tarde, tenía muchas llamadas perdidas y mensajes en mi buzón, olvidé apagar el celular y solo lo puse en silencio.
"Edward llámame, es urgente" decía el primer mensaje de papá. Era de hace menos de una hora. ¿Qué estará pasando? Rosalie también me había escrito y llamado. Salí de mi despacho caminando a prisa mientras intentaba abrir los demás mensajes.
— ¡Doctor Cullen!— era Renata que corrió a mí apenas me vio.
— ¿Qué pasa?— dije asustado.
—Le llamamos muchas veces, el doctor Carlisle lo necesita...
—Dime que sucede— exigí.
— ¡Edward!— escuché la voz de mi hermano. Emmett me miró sin aquella sonrisa que lo caracteriza. –Lo siento mucho, yo no pude... fue tan rápido...— balbuceaba.
— ¿Le pasó algo a Liz?— dije más asustado.
—La bebita está bien ¡Es Bella!— gritó. El alma se me fue en ese momento, me sentí tan desesperado.
— ¿Qué es lo que pasó? ¿Dónde está?— pregunté empezando a caminar y exigiendo respuestas.
—Fue a la casa para dejar a la chiquita, dijo que quería investigar algo y me ofrecí a llevarla. Estaba un poco lejos era un motel. Mientras estacionaba ella se bajó y corrió adentro, la seguí pero cuando llegué ella...
— ¿Ella?— grité al ver que se quedaba callado. Ya estaba llegando a recepción.
—Cayó por las escaleras. Llamé a papá y llegó al rato con la ambulancia, la trajeron rápido pero ella no despierta... estaba muy, muy herida.
— ¿Qué? Corrí hacia emergencias, me salté los saludos de los paramédicos, buscando a mi padre.
—El doctor Cullen está en UCI— me confirmó una de ellas.
Corrí hacia allá, Emmett se quedó en el camino porque al no ser parte del hospital no le dejaron el paso. Usando mis privilegios de director entré en la unidad de cuidados intensivos cuando mi padre estaba saliendo, al verme tomó mi brazo y me alejó de ella. Algo dentro de mí quería pelear para poder acercarme y verla, asegurarme que estaba viva, que estaba bien.
—Edward, hicimos todo lo posible pero...
— ¿Qué?— mi cuerpo se congeló en ese momento.
—Calma... tuvimos que inducirla al coma...
— ¿Sin consultarme?— me exasperé.
—Te llamé y no contestabas, ella llegó muy golpeada y... tiene una severa lesión frontal. Hay que operar cuanto antes...
Me dejé caer en la silla más cercana antes de darme contra el piso. Sentía mi cuerpo muy pesado.
— ¿Tan mal está?— pregunté intentando no dejar caer mis lágrimas. Sentía que mi pecho fallaría en cualquier momento.
—Sí Edward. Llamé a un colega neurólogo para que venga a apoyarnos. Necesito tu ayuda ahora mismo— fui con él a revisar las placas, análisis y a debatir cual sería nuestra primera intervención. Explicamos a Charlie el riesgo de la operación que debíamos realizar y procedimos cuanto antes en tratar a Bella.
Cada mañana estoy aquí, me siento unos minutos junto a su cama esperando que abra sus hermosos ojos chocolate. En casa la situación es bastante difícil. Por un lado Tanya en un inicio se negó a hacerse cargo de mi hija, claro que nadie se lo había pedido. Cuando mi madre y Rosalie supieron del accidente, trajeron a Elizabeth con la esperanza que ella pudiese ayudar a su madre en su recuperación pero Bella estaba muy golpeada, la operación que le hicimos fue exitosa, ahora ya dependía de ella su recuperación. Al ver que los días pasaban e iba a tardar en sanar, mi prometida bastante molesta decidió irse de la casa pues Liz ahora dormía conmigo. Rosalie asumió por completo el cuidado de mi pequeña mientras yo venía a trabajar.
Veo a Tanya aquí porque aún mantiene su puesto de trabajo pero su trato se ha vuelto distinto, quizás sean las hormonas del embarazo, la veo tranquila, de buen humor pero sigue sin querer regresar a la casa de mis padres.
—Edward, necesito que me entiendas, son celos. Tengo a un bebé dentro de mí, desarrollándose y por más que quisiera no dejo de ver a tu hija con celos. Esa hija debió ser mía, no sé si me entiendes, yo debí dártela no Bella. Fue muy bajo de su parte hacer obligarte a...
—No me ha obligado a nada, Tanya lo hemos hablado y no hay salida en esto por favor...— intento razonar.
—Es que tus padres me miran como si me culparan por no aceptarla y ¿Qué puedo hacer? No voy a fingir. Me molesta la situación, no la niña. Ella es hermosa como su padre. Pero entiéndeme.
—Lo intento y está bien, si lo que necesitas es alejarte está bien— no quiero presionarla.
—No es eso, yo solo me protejo. Las emociones negativas le afectan a nuestro hijo, yo soy sensible, Edward, no soy de piedra, no tengo un corazón duro, también sufro y no quiero pasarle esos sentimientos tristes a nuestro bebé.
—Yo debo quedarme en casa, no puedo acompañarte por las noches.
—Lo sé. Sé que Liz necesita de ti ahora que su madre está así de mal. Lo entiendo. Dame tiempo ¿Sí? Es demasiado, Edward. Cuando nos casemos iré a vivir con ustedes, no espero que me pidas más de lo que puedo dar pero sé que podemos ser una familia después de todo
—Te doy la razón en eso, Tanya. Mientras Bella esté así yo debo cuidar y proteger a mi hija. Gracias por comprender, no te pediré que intentes ser una madre para Elizabeth, ella me tiene a mí, a mi madre y a Rose.
Pero Bella no despierta. Carlisle redujo la dosis de los fármacos que la mantenían dormida, poco a poco dejaron de dárselos pero ella no reaccionó como se esperaba. Sus heridas están sanando, la fractura de su pierna está mejor, su rostro ya no presenta aquellas magulladuras... Sigue sin abrir esos hermosos ojos. He llevado a Liz para que la escuche, para que la sienta. Nada parece funcionar. Ya casi hace un mes que está así y no encuentro la forma de traerla regreso con nosotros.
—Dale tiempo— escucho a mi espalda. –Voy a cambiarla— Rosalie toma a Liz entre sus brazos. –Edward, ten fe, ella va a volver, tenemos aquí a su tesoro, estoy segura que de un momento a otro despertará— dice antes de marcharse. Sé que despertará lo que me preocupa es en qué condiciones. Si volverá a ser la misma, si mantendrá todas sus funciones o el accidente le dejará secuelas. Quizás sea paranoico pero no quise dejar esto impune, con la información que tenía mandé el caso a un investigador de Port Ángeles que está tras los pasos de la jovencita que le causó el accidente a Bella. Estoy seguro que no se cayó sola por esas escaleras, Bella es torpe a veces pero sé que esto no fue un simple accidente.
Los días siguen pasando, Charlie está cada vez más preocupado, puedo verlo por las tardes cuando viene a hacerle compañía a su hija. Aprovecho para que también vea a su nieta ya que yo tengo la custodia en este momento al estar su madre incapacitada para cuidarla. Agradezco al jefe Swan por no ponerme trabas al respecto y tener que solicitar ayuda de la asistenta social.
— ¿Se porta bien?— me pregunta mientras mira a Liz empezar a jugar con sus manitas.
—Bastante bien, duerme tranquila, al principio tuvimos problemas para encontrar la fórmula que le caiga bien pero después de eso todo en orden. Mi hermana Rosalie es la que la cuida cuando tengo consultas pero solo estoy a medio tiempo en el hospital, papá tiene casi toda la responsabilidad en este momento— le aclaro, no quiero que piense que no me encargo de mi hija.
— ¿Cuándo te vas a casar?— pregunta.
—Está planeado para dentro de quince días— suspiro. No le doy más vueltas al asunto, no puedo echarme para atrás a pesar que una parte de mí está muriendo con Bella. Demasiadas veces he pospuesto mi boda con Tanya, no sería correcto ni caballeroso que ahora que está esperando un hijo mío vuelva a hacer lo mismo. No puedo jugar así con sus sentimientos.
— ¿Y Qué harás con mi nieta?— me pregunta. Estaba esperando esto.
—Se quedará unos días con mi familia, sólo tres. Luego de eso, seguiremos viviendo en casa pero...
— ¿Te la vas a llevar no es así?— me clava los ojos con una mirada acusador.
—Charlie, mi contrato vence en dos meses, ya no podré quedarme en este puesto espero que Bella despierte en este tiempo para reorganizarlo todo. Pero no, no voy a irme si ella sigue así. No me llevaré a Elizabeth lejos de su madre, jamás.
— ¿Y si mi Bella no despierta?— me pregunta mientras voltea la mirada porque está sofocando las emociones que pugnan por salir.
—Lo hará, lo sé.
—Pero ¿Si no lo hace pronto?
—Entonces seguiremos esperando hasta que vuelva con nosotros— le dije bastante convencido. Yo seguiré aquí, a su lado, esperándola.
A pocos días de la boda, Tanya ha vuelto a casa, tomó la habitación de invitados la cual está decorando a su gusto. No me había fijado que ha ganado peso, me gustaría decirle que controle lo que ingiere pero ella más que nadie sabe lo que es correcto en su estado.
—Estoy gorda ¿No?— pregunta sonrojada mientras me atrapa mirándola.
—No, claro que no.
—No mientas, Edward. Sé que debo cuidarme más que debería mantener mi peso, apenas tengo 9 semanas de embarazo pero tengo bastante antojo de dulces y he estado comiendo demasiados pasteles. Es algo que no puedo controlar, nunca antes me sentí así— dice con una sonrisa nerviosa.
—Está bien, no te culpes por ello.
—Edward...— me mira preocupada.
— ¿Pasa algo?
— ¿Vamos a quedarnos aquí en Forks?— pregunta nuevamente. Ya habíamos dejado en claro mi postura. —Es solo... es que creo que debemos tomar decisiones.
— ¿Decisiones?
—Nos casaremos en tres días pero estamos estancados aquí. Nuestro contrato con el hospital vence pronto...
—Lo sé y lo hablamos ya.
—Yo pienso que podemos tomar decisiones por el bien de los cuatro— dice llevando sus manos a su vientre. — Tú eres el padre de Elizabeth, está registrada como hija tuya, tienes derecho a decidir su futuro. Lo que sea mejor por el bien de todos.
—Liz tiene a su madre.
— ¿Y si tarda años en despertar? ¿Vamos a estar aquí esperando por siempre?
—No...
—Sé que tiene fe pero eso no es suficiente, sabes bien que en estos casos no hay muchas esperanzas. Lo hemos visto tantas veces. Yo no creo en milagros, tal vez ella despierte y tenga secuelas, tal vez no pueda hacerse cargo de su hija. ¿Has pensado que las lesiones neurológicas podrían dejarle un tipo de parálisis?
—Es posible...— susurro por primera vez. Ideas cruzaron por mi cabeza antes y las descarté porque me es muy doloroso pensar siquiera que Bella pueda...
— ¿Vas a permitir que Rosalie, Alice y Esme dejen de lado sus proyectos para cuidar de tu hija?— pregunta causándome un profundo dolor. Sé que Rose está viviendo por el momento del trabajo de Emmett, Alice abrió un negocio de estética pero no cuenta con mucha clientela. Hasta mi madre ha hablado del poco movimiento comercial de Forks. Sí es un pueblo, no una ciudad.
—No. Yo me haré cargo de mi hija— respondo pensando que es momento que libere a mi familia de esta carga que les he impuesto.
— ¿Y tu trabajo?
—Lo reduciré. Iré sólo medio tiempo, hasta que el contrato termine y luego tal vez ponga una consulta o busque trabajo en la clínica... o contrataré a alguien que la cuide medio día.
— ¿Y yo Edward? ¿Qué hay conmigo? ¿Y nuestro matrimonio? Tenemos planes juntos ¿O piensas atarme aquí? Mientras esté embarazada puedo seguirte pero me gustaría que nuestro hijo naciera en un lugar mejor. Dónde yo pueda trabajar también y no depender de ti.
—Tanya por favor, trata de comprender.
—Lo intento, claro que lo intento. No puedes decirme que no he sido tolerante en este problema.
—Lo siento no puedo hacer nada por ahora, tengo las manos atadas— la cabeza estaba empezando a darme punzadas.
—Podemos adoptar a Elizabeth— dijo suavemente, la miré asombrado
— ¿Qué?
—Podemos registrarla como nuestra y llevárnosla a Vancouver con nosotros y la familia— No pude contestar porque en ese momento la puerta se abrió de par en par.
— ¡Eres una perra!—Rosalie entró furiosa, ella estaba a cargo de mi hija esta tarde.
— ¿Rose?— se sorprendió Tanya.
— ¡No puedes pensar siquiera en quitarle su bebé a Bella!— gritó.
—No es esa mi intensión— se defendió mi prometida. Pero no sabemos si despertará y en qué condiciones lo hará...
— ¡Es su hija! Bella debe estar luchando por ella. Y tú intentando alejarla de sus brazos. Edward no lo permitas— me miró asustada.
—Liz se queda aquí hasta que Bella despierte— dije saliendo a paso raudo de allí. Escuché murmuraciones, pequeños gritos pero no les hice más caso, no podía ya era demasiado.
Bajé tomé mi auto y sin pensarlo conduje al hospital, nadie me impidió el paso pues aún puedo ostentar el título de director del hospital. Llegué hasta la habitación de Bella, entré y sin pensarlo tomé su mano y me dejé vencer a su lado.
—Despierta por favor— susurré mientras dejaba que mis lágrimas mojen su bata. –Te necesito, vuele a mí Bella, vuelve. Yo... te amo, siempre te he amado... ya no puedo soportar verte así. ¡Por favor! ¡Por favor!— supliqué mientras dejaba salir todo lo que estaba sintiendo. Ya no resistía la presión, la tristeza, aquella desesperación que se acumulaba en mi pecho. Presioné con un poco más de fuerza sus manos mientras mi cuerpo temblaba producto de los sollozos que no podía contener.
Fue en ese momento en el que sentí muy levemente que la presión en mi mano me era devuelta, me quedé estático mirando sus dedos, su rostro, la pantalla del monitor de latidos cardiacos. Todo seguía igual, nada había cambiado. Tal vez fue mi imaginación... ¡No! Lo sentí, apretó mi mano.
— ¿Bella?— pregunté mirándola. –Dime que fuiste tú, amor— sollocé.
Volví a sentir un leve movimiento en los dedos de su mano derecha, tan suave que parecía involuntario pero eso encendió mis esperanzas.
—Sigue así, puedo sentirte— susurré.
Me quedé un par de horas así, esperando pero nada más volvió a pasar, me llamaron de casa, Rosalie y Emmett iban a salir esa noche y yo me haría cargo de Liz. No quería dejarla pero era necesario tengo que cumplir mi deber con mi hija. Antes de irme le dejé a Renata indicado que fuera a revisar a Bella casa hora porque tenía tantas esperanzas.
Al llegar a casa, mis padres no estaban, Alice había dicho que llegaba en una hora, Rosalie y Emmett me esperaban en la sala, ya vestidos y con Liz en sus brazos.
—Llegó papá— sonrió Rose. –Edward— me miró con una sonrisa de tristeza. Lo sé, debo verme terrible.
—Lo lamento, yo...
—No te preocupes hermano— Emmett me abrazó. –Nuestra Belli va a despertar pronto, ya lo verás— me dio ánimos. Tomé a mi hija y me senté en el sofá. Mis hermanos se fueron, me dediqué a jugar un poco con mi pequeña.
Mi celular vibró cuando Tanya estaba bajando las escaleras, se veía algo fastidiada, no tenía intenciones de soportar otra discusión.
— ¡Doctor Cullen!— escuché un grito.
— ¿Qué es lo que sucede Renata?— dije de inmediato.
—La señora Swan, Bella, acaba de despertar, venga pronto— mi corazón se detuvo un instante y al siguiente volvió a latir con una fuerza que me dolió el pecho.
— ¿Qué? ¡Voy para allá!— dije mirando en todas direcciones. Mis padres y hermanos no estaban, Alice llegaría en cualquier momento y sólo estaba Tanya pero no era opción.
—Edward...— pude escuchar a Tanya. –Edward me duele— dijo apretando su cintura.
— ¿Te sientes mal? ¿Qué síntomas tienes?
—Sólo me duele— se detuvo para intentar sentarse. No me había sado cuenta que había engordado tanto, no parecía de 9 semanas, tal vez tenía algún problema hormonal pero no estaba subiendo de peso de forma adecuada.
—Tanya debo ir al hospital en este momento— dije apresurado buscando la bolsa de salir de Liz. Donde están sus pañales, mantita, su mamila, la cuales están preparadas en la cocina. También debo abrigarla y sacar el asiento del auto.
— ¿Me dejarás sola?— preguntó triste.
—Acompáñame— pedí. –Vamos juntos, es que...
— ¡No! Ve tú sólo, yo puedo esperar, siempre es así, yo soy la última rueda del coche, anda ve. — dijo encendiendo el televisor. No pude detenerme a hacerla cambiar de opinión, no ahora. Cinco minutos después estaba sujetando las correas del asiento trasero para bebés de Liz, de inmediato me puse al volante esperanzado.
—Vas a ver a tu mami— le sonreí a mi hija que se había quedado dormida.
Estaba por arrancar cuando otra llamada me sorprendió.
— ¡Edward! ¡Estoy sangrando!— Era Tanya, miré hacia la casa asustado. No sabía qué hacer, correr a auxiliar a mi prometida, dejar a mi hija sola en el coche. Debía revisar a Tanya lo antes posible y llevarla a urgencias tal vez no sea grave. Me debatía qué hacer cuando escuché el auto azul de Jasper. Corrí hacia ellos.
— ¡Alice!— grité. Ella se bajó de pronto asustada. –Por favor, Tanya está adentro, no sé qué le pasa, tengo que ir al hospital, Bella ha despertado— su sonrisa se extendió y dio un saltito de emoción.
—Yo me hago cargo de Tanya, ve— me dio un ligero empujón hacia mi auto, de inmediato sin pensarlo salí de allí, con algo de culpa por dejar a mi prometida en problemas pero con la esperanza latiendo en mi corazón al saber que mi Bella por fin había vuelto.
Go Edward, go!
Holis, ya seguramente hasta se olvidaron de este fic, si pues soy muy mala persona abandonando proyectos pero es que a veces la inspiración literal se marcha y no hay quien pueda hacerle entender, me siento seca y no me sale nada. Pero ahora parece que ya se mudó de vuelta a casa y tendrán actualizaciones más seguidas.
Gracias por leer
PATITO
