Conjunto de viñetas o drabbles inspiradas en videos musicales. Un proyecto que mi musa está encantada de escribir para ustedes.

Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Pairing: Mimato (Mimi Tachikawa x Yamato Ishida)

Canción: Take me to church - Hozier.

Summary: Cuando sus cuerpos se juntaban se sentían tan humanos y a la vez, tan puros. Pue sí, él estaba tan jodido que si ella le pedía su vida él se la entregaba con un cuchillo incluido.

Cantidad de palabras: 400.


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Plegarias de un jodido

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Cuando ella abría las piernas, él comenzaba a invocaba plegarias contra su sexo y sus gemidos era la profecía que el cielo aguardaba. Todo en ella era divino, desde su piel hasta sus labios y sus ojos. Era lo que muchos llamaban impura y eso a ella nunca le pareció importar, pues tenía adeptos que la seguían como perros y él no negaba ser uno de ellos.

Cada vez que él se hacía con su cuerpo se lamentaba del tiempo pasado, pues la hubiese idolatrado desde hace mucho. Los domingos oscuros y sin sentidos cobraban significado cuando ella aparecía, cuando sus ritos en su cuarto tomaban partido y él volvía a creer en algo. Ella era el único cielo al cual él podía llegar y era todo lo que necesitaba.

Sabía que aquello comenzaba a enfermarlo, si es que no nació con ello, pero no le importaba. Ella lo tocaba y él era un salvo más. Y los amenes salían de sus labios cuando ella lo acariciaba o cuando su cuerpo se introducía en ella. Todo parecía quedar más claro, más limpio.

Su cama se volvió el altar que ambos profanaban con cánticos de placer y sus fluidos llenaban el cáliz de su boca. Se volvió un adicto a su cuerpo y a él no le importaba creer en sus mentiras.

Él sólo tenía fe para la diosa que encontraba las noches en su cuarto y que rogaba mantenerla a su lado. Ella buscaba sacrificios. Ella lo buscaba a él. Ella amaba su hambre de fe. Ella amaba ese lado suyo.

─¿Me amas? ─Preguntó la castaña de ojos caramelos cuando sólo se mantenían abrazados tras su fuero de lujuria.

Él se había entregado por completo a ella que hacía tiempo perdió el miedo a morir. No había jerarquía en sus cuatro paredes, no había remordimiento alguno. No había más que una inocencia pecaminosa en los ojos de Mimi Tachikawa.

─¿Qué tan jodido crees que estoy? ─Preguntó Yamato como respuesta y la vio sonreír. Era esa demencia propia en ambos los que permitía que el ritual de sexo sea algo más, que les permitiese ser algo más.

Cuando sus cuerpos se juntaban se sentían tan humanos y a la vez, tan puros. Pue sí, él estaba tan jodido que si ella le pedía su vida él se la entregaba con un cuchillo incluido.

Él sólo quería saberse salvo. Salvo en ella.


Notas de la autora:

No podía faltar mi amado y caliente Mimato :3

Espero que les haya gustado :*

Amores para ustedes~