Este capítulo es el más largo hasta ahora y también es muy especial :P Espero que lo disfrutéis mucho, sigo aceptando sugerencias o quejas y sobretodo agradezco los reviews que me escribís, me animan y me gustan mucho! Gracias por seguir leyendo :D
Capítulo 9. Quiero más
Emma se despertó con una sonrisa en los labios esa mañana, luego de los acontecimientos del día anterior no podía ocultar su felicidad. Mary Margaret ya estaba en casa, tenía la mano vendada, pero no era nada grave, sólo tendría que ponerse una crema para la quemadura durante unos días. Era fin de semana, y tenían como costumbre recoger comida en Grannys y comer juntos en casa, hoy le tocaba a la sheriff ir a por ella. La rubia sólo podía pensar en ir a casa de la alcaldesa, pero seguro hasta la noche no iba a poder estar libre.
Salió del coche y entró en el restaurante, esperaba que Ruby no estuviera por ahí, no quería más preguntas incómodas, se le daba fatal disimular. Para su suerte, detrás de la barra sólo estaba Granny. Se acercó a ella y ordenó lo de siempre, mientras se lo preparaban sacó su teléfono y volvió a leer esos mensajes que se intercambiaron anoche, le daban escalofríos sólo de pensar en la morena. Se le dibujó una sonrisa idiota, Granny le tendió la comida, dejó de prestar atención a los mensajes solo para pagarle y darle las gracias. Con la bolsa en una mano y el teléfono en otra caminó hacia la salida, pero justamente vio entrar a Ruby, aceleró el paso haciendo como si tuviera prisa y se chocó con ella de frente. Todo lo que llevaba se le cayó al suelo.
–Emma! Cuidado!- dijo la morena mientras se agachaba cogiendo el móvil de la sheriff, la pantalla seguía iluminada y pudo ver un mensaje escrito por la alcaldesa, alcanzó a leer la palabra "lencería". Antes de que pudiera seguir mirando la rubia se lo quitó de las manos
–Disculpa Ruby- dijo con tono serio. Ambas se incorporaron y se quedaron mirándose cara a cara –ya me iba, hablamos en otro momento- dijo Emma rezando para que no hubiera leído nada. Se dio la vuelta y salió de allí rápidamente.
-Emma, Emma! Espera- Ruby salió detrás de ella casi corriendo. La sheriff rodó sus ojos y se dio la vuelta en mitad de la calle –te dejas algo importante- le entregó la bolsa con la comida que se le había caído.
-Oh… gracias- dijo tomándola, estaba nerviosa y torpe, quería irse de ahí cuánto antes.
En la mirada de la morena había duda, algo de enojo, y hasta un poco de miedo. Estaba rogando que fuera una simple equivocación -Qué está pasando? No soy tonta… por qué te escribes con Regina y por qué esta actitud?- se cruzó de brazos sin intenciones de irse hasta recibir una buena respuesta.
Emma suspiró –qué has leído? No te dijeron de pequeña que está mal husmear las cosas de los demás?- se hacía la ofendida porque no sabía cómo iba a salir de esa.
Ruby rodó sus ojos –tengo buena vista, viene en el pack de mujer lobo, por qué te habla Regina de su lencería?- la morena se cruzó de brazos en una postura muy seria.
La rubia abrió mucho sus ojos y carraspeó poniéndose muy nerviosa –No creo que quieras saberlo- sabía que no iba a ser capaz de inventar una buena excusa. Además sabía que los sentidos de la mujer lobo estaban potenciados y tarde o temprano lo sabría.
-No sé si quiero, pero deberías contármelo igual… no creas que me he olvidado aquello en la estación de policía- la morena arqueó una ceja, ese día había creído que su olfato estaba errado, pero luego de esto, estaba más que segura que había acertado.
-Vamos a un lugar más tranquilo… no quiero que se entere todo Storybrooke- Ruby asintió, ambas mujeres caminaron hasta el bosque, se sentaron sobre un tronco, era un lugar más que seguro y nadie podría oír lo que Emma tenía para decir –Verás…-la rubia tomó aire y lo largó desde sus pulmones exageradamente –Regina y yo somos… bueno, no sé qué somos aun, pero algo está pasando entre nosotras y surgió por las visitas a su casa en este último tiempo-
-La morena seguía sin entender mucho, necesitaba más detalles –Eres consciente de todo lo que ella nos ha hecho? Sin mencionar que has estado separada de tus padres por 28 años y nosotros aquí hechizados por su culpa?-
Emma bajó la mirada, Ruby tenía razón, la alcaldesa había cometido muchos crímenes en su vida, en el pasado y actualmente. Muchas veces se le olvidaba, cuando Regina le sonreía sinceramente, todo eso desaparecía de su mente y le hacía confiar plenamente en aquella mujer –Lo sé, y no pretendo que me comprendas- la rubia suspiró.
-Y supongo que quieres que guarde el secreto…-dijo la morena inclinando un poco su cabeza en señal de que no estaba de acuerdo pero que seguramente lo haría.
-Sí, sería un grandísimo favor que me harías… mis padres se infartarían si se enteraran- Emma jugaba con una rama entre sus manos nerviosa –Y la verdad es que necesito alguien en quien confiar y poder hablar de todo eso- la rubia no podía estar siendo más sincera.
-Bueno, bueno… creo que eso es demasiado! Déjame asimilar al menos que tú, la hija de Snow y Charming tienes una relación la Bruja Malvada- la morena comenzó a reírse, un poco por los nervios de pensar en su amiga Mary Margaret, que pasaría si se enterara y peor aún, si supiera que su mejor amiga se lo estaba ocultando –Realmente quieres estar con ella?-
La sheriff asintió con su cabeza –Sí… no tengo muy en claro lo que siento pero quiero estar cerca de ella todo el tiempo. Y estoy con la cabeza en cualquier lado porque ella siempre se mete en mis pensamientos-
-No es para menos… se notaba que estabas pensando en alguien hoy, con esa cara de tonta- la morena le pegó una palmada en la espalda a Emma y ambas rieron.
La rubia no podía esconder el color rojo en sus mejillas ante el comentario de Ruby –Tanto se nota? Tendré que aprender a disimular mejor- de un momento a otro la mirada de Emma se tornó triste, el lago que estaba frente a ellas se reflejó en sus ojos del mismo color y la morena lo notó.
-Pasa algo?- Ruby apoyó su mano en el hombro de la sheriff en señal de apoyo. El amor era así, no distinguía entre el bien y el mal, simplemente llegaba, y aunque Emma aun no lo supiera o pudiera admitirlo, ella sabía que se estaba enamorando cada día más, y quizás valiera la pena luchar por eso. Después de todo, cualquiera merecía una segunda oportunidad, incluso Regina –hey, no te preocupes, algo se nos ocurrirá, y cuenta conmigo para cubrirte cada vez que pueda- sonrió como buena amiga.
La sonrisa de Ruby animó un poco a la rubia, alguien la apoyaba en esta loca relación que estaba emprendiendo con la peor enemiga de su madre. Dieron unas vueltas por el bosque en las que Emma le confesó algunos detalles de su situación con la alcaldesa. La morena prometió firmemente no abrir la boca, y Emma le creía, sabía que no iba a ser traicionada por su parte.
Regina daba vueltas por su casa. Tener una sola cosa en la cabeza y que esa cosa fuera Emma, le estaba afectando demasiado. Estaba acostumbrada a tener todo enseguida, servido y cuando ella quisiera, pero la rubia se hacía desear, y más le irritaba que sus encuentros se arruinaran por culpa de sus amigos o sus padres. Parecía que todos ellos querían ganar más y más puntos de su odio.
Por un momento pensó en ir a buscarla directo a su casa o a dónde sea que estuviera, pero se dijo a ella misma "recuerda que estás cambiando Regina, no lo hagas", y le envió un mensaje de texto a la rubia. Cuánto tiempo vas a dejarme esperando? Realmente tengo que insistirte? Quiero que vengas a mi casa ahora.
El mensaje fue corto pero muy claro. Una vez que lo envió deseó que la magia pudiera frenar ese proceso porque se dio cuenta que parecía muy desesperada, aunque ciertamente, lo estaba.
Iba de la cocina al gran salón con el móvil en la mano, lo miraba una y otra vez, pero no recibía respuestas de la rubia. Quizás la estaría ignorando. Posiblemente la mujer lobo ya supiera y la haya convencido de que abandone lo suyo. No podía más de la rabia, y cada vez se le metían más ideas en la cabeza, de como cualquiera podría estar evitando su encuentro.
Una hora después, la alcaldesa se rindió. No podía esperar más, y decidió efectuar el primer plan que tenía en mente: ir a buscar a Emma.
Se puso un saco y se subió a su Mercedes dirigiéndose a la estación de policía donde debería estar la rubia en cuestión.
Emma estaba intentando llenar unos papeles, sólo sabía completar la mitad de las cosas. Pero era demasiado terca como para pedirle ayuda a alguien. Mientras se comía la cabeza inventando con qué rellenarlos, apareció su padre en la oficina con una fuente que olía de maravilla, era la especialidad de Mary Margaret: pastel de chocolate, y por supuesto, el preferido de la rubia.
-Vine a traerte esto, y fijarme si necesitabas ayuda…-dijo Charming mientras se acercaba a su escritorio para dejar el pastel encima.
-Oh gracias! Huele fantástico…- enseguida quitó el papel que rodeaba la fuente y probó un trozo. Como siempre, le habló con la boca llena a su padre –Y está mejor de lo que huele!-
David se inclinó un poco sobre los papeles que la sheriff estaba completando –Veo que estás un poco estancada con eso, quieres que te eche una mano?- el rubio sonrió.
-No gracias, puedo sola- al mismo tiempo que seguía comiendo y tirando pastel sobre los papeles –Mierda!- la rubia intentaba limpiar a toda prisa la gran mancha que había dejado.
En ese instante, ocurrió algo inesperado. Se escucharon pasos, pero muy característicos, eran tacos altos. Emma sabía quién estaba entrando, lo presentía, podía sentir la energía fluyendo desde el cuerpo de la morena. Se quedó dura pensando en la situación que se avecinaba, pero las cosas no salieron como ella pensaba.
-Buenos días…- dijo la alcaldesa en un tono muy irónico, mientras le mostraba a padre e hija una amplia sonrisa.
-Regina que estás haciendo aq- Justo cuando el príncipe quiso terminar la frase, la morena levantó su brazo y agitando su mano, hizo que el hombre quedara petrificado.
-Mucho mejor- sacudió sus manos también irónicamente y se acercó al escritorio de la rubia que estaba con la boca abierta al ver tal situación.
-Regina que has hecho! Haz que vuelva a estar normal!- la sheriff se levantó de su silla desesperada mirando a su padre que lucía casi tan duro como una roca.
-No te preocupes, sólo era una pequeña molestia, luego lo solucionaré…- se acercó a la rubia llevándola contra los estantes que contenían algunos expedientes de los habitantes de Storybrooke.
Emma casi ni reaccionó ante la rápido acción de la morena, pero intentó frenarla poniendo sus manos en su pecho –No! No podemos! Dios Regina, está mi padre ahí, como crees que podía…!- puso cara de asco pensando en su padre mirándolas –Regrésalo!- dijo en tono de súplica.
-Él no puede vernos y no recordará nada…- vio que la rubia estaba muy incómoda, por momentos la miraba a ella a los ojos, y luego desviaba la vista hacia su padre.
La sheriff no podía soportar la situación, empujó a Regina y se acercó a su padre tocando un poco su rostro –Esta no es la forma! Por qué siempre tienes que hacer las cosas así!?- dijo en un tono de enfado, la rubia odiaba que la alcaldesa usara su magia para cosas innecesarias.
-No has respondido mis mensajes, por lo menos me hubieras dicho que ya no querías verme!- dijo Regina mientras se cruzaba de brazos mirando hacia un costado, muy ofendida.
La rubia se llevó una mano a la cabeza en señal de no poder creer la situación. Resopló y la miró fijo a los ojos –Olvidé mi móvil en casa! No era para tanto, pensaba ir a verte esta noche. Pero sabes qué? Ahora lo dudo mucho!-
Regina estaba furiosa y Emma podía notarlo. Ahora el camino más fácil era echarle la culpa a Charming, porque claro, ella jamás admitiría que se había equivocado –Y tú sabes qué? Haz lo que quieras! Ya no me importa que vengas o no! Tú te lo pierdes- hizo un pequeño movimiento con su mano y David volvió en sí pero lentamente, dándole tiempo a la morena para huir a su auto rápidamente. Sentía mucha bronca, pero eso no alcanzaba para que dejara de desear a Emma, ahora parecía que quería con más fervor meterla en su cama.
Cuando su padre volvió en sí, Emma tuvo que meterle una excusa muy mala. Le dijo que se había desmayado, pero al hombre le resultaba raro porque no recordaba haberse sentido mal. La rubia insistió en que sí, y luego de un rato logró que se fuera a su casa.
Se quedó en la oficina echando humo, estaba enojada con Regina, no le tenía paciencia, tampoco había dejado la magia, más no la podía hacer enfurecer. Unas horas más tarde, decidió volver a su casa para cenar, pero se sentía inquieta, parecía que había canalizado todo el enojo de un rato atrás en excitación. Se levantó de la mesa disculpándose con lo primero que se le vino a la cabeza -Lo siento, he olvidado terminar con unos papeles, y tienen que estar listos para mañana-
Sus padres y Henry la miraron con asombro. Desde cuando la rubia era tan responsable? Siempre tenían que llamarle la atención porque era un desastre con el papeleo de la ciudad. La notaron tan seria y con tanta convicción que ninguno pensó en preguntarle algo o detenerla.
Emma cogió su saco del perchero y salió corriendo a su auto. Tenía en mente solo una cosa: Regina. No sabía bien que pasaría, si descargaría su furia golpeándola o de otra manera.
Condujo rápidamente pasándose todas las señales de stop y semáforos, y cuando por fin llegó, bajó del pequeño escarabajo haciendo sonar su puerta.
Regina ya estaba con uno de sus camisones, a punto de dormir, o al menos era lo que pensaba intentar, aunque con tanta furia dudaba poder hacerlo. Escucho el timbre de su casa, sonaba insistentemente. Iba a salir a insultar y hechizar a alguien cuando abrió la puerta y vio a la rubia.
En sus ojos se notaba el hambre que la sheriff tenía, hambre de su cuerpo. Sin decir una sola palabra, puso su mano en la puerta empujando a la alcaldesa hacia el interior de la lujosa casa, cerrando la puerta por detrás.
Regina tampoco se atrevió a decir nada, sabía lo que estaba por venir, no tenía dudas. No dejaría que nada las interrumpiera. Aunque estaba enfadada con la rubia, esto podía pasar por encima cualquier enojo. Lo solucionarían luego.
Emma se acercó a ella tomándola de su cabello y la trajo hacia su cuerpo, pegándose la una a la otra. Respiró fuerte en su boca por un momento, haciéndose desear. Rozó los labios de la morena un poco, y cuando menos lo esperó, metió la lengua dentro de su boca. Llevó sus manos a la bata de noche que traía la alcaldesa dejándola caer al suelo. La chimenea estaba encendida, y el primer lugar que pasó por la cabeza de la Emma fue la flamante alfombra que yacía en el suelo junto a ésta. Dejó caer a Regina con cuidado sobre la superficie poco acolchonada, y se posicionó sobre ella. La ropa de la rubia sobraba, así que ella misma se quitó su chaqueta color morado, y la camiseta negra que llevaba debajo, quedándose sólo con su sujetador negro.
Regina mordía su labio inferior mirando muy perra a la sheriff, haciéndola encenderse aún más sólo con sus expresiones. Clavó sus uñas por el cuerpo de la rubia, tocando su vientre y subiendo a sus pechos por encima de su sujetador. La deseaba, la excitaba demasiado. Quería todo a la vez, tocarla y sentirla.
Emma dejó por unos minutos que la alcaldesa la quemara con el roce de sus dedos, dejaría que lo hiciera por tiempo indefinido, pero era hora de concretar aquello para lo que había venido. Quitó las manos de Regina algo brusco llevándolas por encima de su cabeza, manteniéndolas juntas solo con una de sus manos. Comenzó a besar su pecho, no traía sujetador, por lo que tenía mejor acceso a sus pechos. Los mordió por encima de su camisón, rozando sus dientes contra sus pezones, haciéndola jadear de placer. Notó que Regina estaba tan o más excitada que ella misma, por lo que llevó su mano libre debajo del camisón para levantarlo.
La lencería de la alcaldesa era realmente sexy. Tal cual Emma la imaginaba, prácticamente transparente, en tono negro y con algunos detalles de encaje. Sintió como su entrepierna se humedecía luego de poder observar el sexo de la otra mujer casi a la perfección aunque aún tuviera la ropa interior. Soltó sus manos y la miró muy fijo con sus ojos color esmeralda que estaban teñidos de rojo por la excitación y por el mismo fuego de la chimenea –quiero que dejes tus manos en ese lugar…- Emma parecía dejarle bien en claro a la morena quién mandaría esa noche, y no era para menos, Regina no se atrevía a mover sus manos, ni tampoco quería interferir en los planes que tenía la rubia.
Emma le quitó el camisón por encima de sus brazos, y se pegó aún más a la morena. Notó que su sujetador estorbaba, entonces con una sola mano se dispuso a desabrocharlo, tirándolo a un costado. Rozó sus pezones con los de la morena, mientras la miraba a los ojos.
Regina estaba muy deseosa, quería sentir a Emma en ese mismo instante. Hacía mucho tiempo que esperaba por esto. Tomó la mano de la sheriff y la guió directo a su entrepierna –Tócame Emma…-
La rubia comprendió el mensaje a la perfección, le excitaba tener a una persona tan dura y dominante como Regina a sus pies. No pudo evitar pasar sus dedos por el sexo de la alcaldesa, su ropa interior estaba muy húmeda, y eso hacía que Emma se pusiera a mil. Podría estirar más el juego, pero ambas querían llegar al mismo punto, y no tenía sentido retrasarlo.
Quitó la diminuta tanga que llevaba la alcaldesa, y al fin pudo sentir el sexo palpitante de la mujer.
Regina estaba tan mojada, estaba segura que Graham jamás la había podido llevar a ese punto. Emma era totalmente diferente a él en todo sentido.
La rubia comenzó a mojar sus dedos con los fluidos de la morena, y luego llegó hacia el pequeño pero hinchado botón de placer, comenzando a hacer círculos en él.
La alcaldesa tomó a Emma del cuello trayéndola hacia su boca. No quería gemir alto, pero a juzgar por lo que le estaba haciendo la sheriff, no pudo evitar ahogar esos gemidos en su boca.
Emma se movió queriendo escuchar ese sonido, era música para sus oídos. Sus dedos aumentaban la velocidad, pero Regina necesitaba más. Dos de sus dedos se deslizaron en el interior de la alcaldesa. Relajó su cuerpo sobre el de la morena y comenzó a moverse cada vez más rápido, de manera que la embestía, haciéndola gritar cada vez más de placer.
Regina rodeó el cuerpo de la sheriff con las piernas. Miró a Emma muy agitada –Quiero más…- sus ojos la miraban deseosos de más placer y la rubia no fue capaz de negarle lo que ansiaba. Agregó un dedo más en el interior de la alcaldesa y los metió hasta el fondo moviéndolos más rápido.
Sus gemidos sonaban por toda la habitación, sus cuerpos se rozaban con cada embestida. Regina no podía soportarlo, necesitaba tocarla, necesitaba usar sus manos, las llevó a la espalda de Emma y la pegó aún más contra sí.
La rubia bajó por el cuello de la alcaldesa besando su piel caliente, dándole pequeños mordiscos mientras no dejaba de entrar y salir de su interior. Notaba como el cuerpo de Regina temblaba y se estremecía, estaba a punto de llegar y deseaba verle alcanzar el éxtasis. Dejó de besarla, para concentrarse simplemente en ver sus expresiones de placer –me vengo Emma, me vengo!- dijo la alcaldesa gimiendo mientras movía sus caderas agitada.
La sheriff tomó una de las manos de la morena y entrelazó sus dedos por encima de sus cabezas, se miraron muy fijo. Podía notar sus uñas clavadas en la espalda, su interior contrayéndose alrededor de sus dedos y finalmente la alcaldesa gimió fuerte llegando al orgasmo.
Emma se quedó quieta sobre la morena, sólo se escuchaba la respiración agitada de ambas, salió con cuidado de su interior y se bajó de ella colocándose a su lado. Regina miraba al techo, intentando recuperarse de lo que acababa de pasar y sin ser consciente aún de la situación, no recordaba la última vez que había disfrutado tanto. Giró su cabeza y se encontró con la mirada fija de la sheriff, sonrió levemente –voy a tener que hacerte enfadar más a menudo…- se puso de costado también.
-Era esto o pegarte un puñetazo- se rio un poco aunque estaba demasiado caliente como para tener una conversación decente. Podía notar la humedad entre sus piernas, quería que Regina la tocara. Y pareció que la alcaldesa leyó su mente porque se acercó a ella y pasó su dedo entre los pechos de la rubia bajándolo hasta su vientre. A Emma le dio un escalofrío, la miró dándose cuenta de cómo la morena estaba estudiando cada detalle de su cuerpo.
Llevó sus manos al botón de su pantalón desabrochándolo y entre las dos hicieron que se deslizara por las piernas de la rubia. Ahora Emma sólo llevaba puesto la ropa interior, la alcaldesa puso su mano en su cuello y la acercó para besarla con ganas. La sheriff gimió, su cuerpo se estremecía al estar en contacto con la otra mujer, estaba al borde del éxtasis y ni siquiera la había tocado todavía.
Regina metió su mano por debajo de la tanga de la rubia rozando apenas su clítoris, movió un poco sus dedos sobre él dibujando círculos. El cuerpo de Emma tembló y echó su cabeza hacia atrás gimiendo. Alcanzó el orgasmo. La morena se quedó quieta mirándola, no esperaba que la sheriff reaccionara así sin apenas darle tiempo a hacerle nada.
Emma se separó un poco sin ser capaz de mirarla, su respiración estaba agitada, y moría de vergüenza por haberse venido con apenas un roce, pero llevaba tanto tiempo conteniéndose que no podía soportarlo ni un segundo más. Se incorporó y empezó a coger su ropa –debería irme ya, es tarde-
Regina se incorporó también mirándola –pero…- no fue capaz de decir nada más, no entendía nada, pero tampoco quería hacerle pensar que no quería que se fuera. Al fin y al cabo no tenía sentido retenerla, habían tenido lo que buscaban, sexo.
En apenas unos segundos la sheriff estaba de pie poniéndose la chaqueta mientras Regina seguía sentada en el suelo, desnuda –ya nos veremos- dijo la rubia mirándola. La alcaldesa no dijo nada, Emma se dio la vuelta y caminó hacia la puerta saliendo de la casa y dejándola más confusa que nunca.
